lunes, 18 de enero de 2016
Tornado of Souls-Cap.58: Welcome home
La noche fue muy tranquila, demasiado como para considerar el hecho de que estábamos en el exterior, expuestos a los peligros que aquello suponía, como ataques repentinos de hordas de zombies o de humanos rabiosos. Al levantarme comprobé que los cachorros estuviesen bien, les había improvisado una cunita con una manta, y al parecer seguían dormidos profundamente. La gran mayoría de mis compañeros se habían levantado ya, y aprovechando que uno de ellos era Pears, fui a hablar con él:
-¿Qué tal la noche?
-Tranquila, se nota la ausencia de peligro -respondió, con tono calmado-. ¿Cómo estás?
-Bien, me duele bastante el mordisco, pero si no me he convertido ya, no lo voy a hacer ahora -sonreí, y me fijé en que Pears llevaba su brazo pegado al cuerpo-. ¿Y tu brazo?
-No lo puedo mover desde lo de ayer, no sé muy bien si es una fractura o rotura, pero todo salió bien, así que me no puedo quejar.
-Gracias, literalmente te rompes los huesos por mí -se rió-.
-Es mi obligación como hermano -sonrió-. En breve recogeremos el campamento, revisaremos el perímetro e intentaremos volver. No sabemos cómo nos vamos a encontrar los coches, en caso de nadie se los haya llevado, así que los planes que plantee de ahora en adelante no serán seguros. ¿Algo que decir?
-No, estoy de acuerdo con tus propuestas. Además, creo que deberíamos de despertar a los que quedan ya, cuanto antes lleguemos mejor, los cachorros tendrás hambre, y lo único que les pude dar fue agua.
-Vale, aunque no solo lo dices por los cachorros, ¿me equivoco? -sonreí, y le di la razón-. Bueno, voy a hacerte caso y voy a despertar al resto de holgazanes.
Pears se puso a dar golpes con dos piedras para armar jaleo y despertar a los que quedaban para recoger e irnos, y pareció funcionarle. White sabía exactamente cómo ir hacia el lugar ne el que se encontraban los coches, y nosotros nos limitamos a seguirle. Nos advirtió que la caminata sería considerablemente larga, pero segura, y no nos ocasionaría ningún problema.
A medida que avanzábamos dejábamos atrás aquel área desierta para volver a la zona de carretera, aunque esta estaba obstaculizada, lo cual fue el motivo por el que dejamos atrás los coches. Pears estaba preocupado por el estado en el que se encontrarían nuestros vehículos, eran nuestra única forma de llegar seguros hasta la ciudad, ya que a pesar de poder ir andando, el trayecto sería eterno, y tardaríamos más de un día (entero) en llegar, en caso de que no hubiese ningún contratiempo.
Tras 3 horas de caminata intensiva, llegamos al lugar en el que estaban nuestros coches, y por suerte nadie los había cogido, y seguían en el mismo estado que cuando los dejamos:
-Parece que el destino nos ha sonreído -dijo White, intentando animar un poco el ambiente-. ¿Hacemos como cuando vinimos, capitán?
-Sí, yo llamaré a la torre y les diré que cuiden de nuestro alrededor mientras llegamos. Ah, no puedo conducir, no estoy en condiciones... -respondió Pears, que tenía el brazo en cabestrillo y su forma se notaba que no era, ni mucho menos, la normal.
-Puedo conducir yo si queréis -les dije-. No es que sea una gran conductora, pero sé lo básico, y tengo experiencia, no me importa.
-Claro, si quieres, ¿por qué no ibas a hacerlo? -respondió Pears-. No os preocupéis chicos, la conozco y es de fiar, confiadla vuestras vidas -añadió, en broma-.
Nos subimos a los coches, y White se puso en cabeza con el suyo. Me mantuve todo el camino atenta a la carretera, y siguiendo todas las instrucciones que me iban dando. Estaba relativamente nerviosa, no era una persona con un gran sentido de la orientación, y temía meter la pata e ir por donde no debía, pero las explicaciones fueron breves y precisas, a la par que claras. Cuando vi que ya habíamos llegado me sentí satisfecha, lo había hecho bien. Nos abrieron la puerta, aparcamos los coches en su sitio y Pears hizo un recuento final. Todo había salido bien, incluso teníamos a dos pequeños amigos para incorporar a la gran familia. Según todo termino, hablé con Pears, estaba preocupada, su cara había empeorado considerablemente a lo largo del viaje:
-Oye, ¿has tomado algún aniinflamantorio? -le pregunté, preocupada por su salud-.
-Debería de haberlo hecho ayer, pensé que no sería necesario, y claramente me equivocaba. Pensaba en ir al hospital ahora, pero no puedo -suspiró, resignado-.
-¿Por qué?
-Porque tengo que darle el informe a Ralph sobre cómo ha ido la expedición, modificar el mapa con las zonas restringidas, señalar puntos dónde hemos hallado peligros, y bueno, demás cosas.
-¿Desde cuando el trabajo es más importante que la salud?
-Desde que estamos rodeados de zombies, ganarse un sitio en un lugar seguro es de las cosas más preciadas que podemos tener hoy en día.
-Ya, pero si empeoras no podrás trabajar hasta que te recuperes de lo que podrías haber evitado; en cambio, si vas al médico e inviertes, yo qué se, dos o tres horas, puede que no sea para tanto y la mejora se note de inmediato. No puedes forzarte, bastante lo has hecho hasta ahora.
-No puedo Tacii, entiéndelo.
-¿Quieres que vaya yo en tu lugar? Si lo que le tengo que contar es lo que tú me has dicho, puedo hacerlo perfectamente.
-No, muchas gracias, si he aguantado un día, por un ratito más no pasa nada. Deberías de ir a alimentar a los cachorros y a dar la noticia de que ya estás aquí. Y no te preocupes, que iré al médico hoy sin falta.
-Muy bien, al menos he conseguido algo -me reí-. ¿Hablamos luego, cuando vuelvas?
-Me parece buena idea, bueno, me voy, cuanto antes acabe el trabajo antes podré ocuparme del brazo.
-Vale, hasta luego.
Me despedí, y me fui hacia casa con los perrillos en brazos. Estaba emocionada, tenía tantas ganas de ver a Alison y a Tommy que estaba impaciente cual niño el día de Reyes. Llamé a la puerta para ver si había alguien, y estaba Doro:
-Vaya, qué alegría verte -miró a los perros que llevaba en brazos-. ¡Oh, qué cosas más monas!
-Sí, los encontramos cuando estábamos investigando la zona, al parecer...habían matado a su madre. Voy a hacer una especie de leche con todo lo que necesitan estos pequeños para crecer sanos y fuertes. Para algo me sirve haber estudiado veterinaria.
-¿Te puedo ayudar? He tenido muchas mascotas en casa, sobre todo perros.
-Claro. De hecho, si no te importa, ahora, cuando acabe de darles de comer, ¿podrías quedarte con ellos? Quiero ir a por Alison, la echo de menos.
-No me importa, me alegro de que confíes en mí para cuidarlos.
Mientras preparaba la comida para los pequeños Doro los acunó y acarició con sumo cuidado, como si se tratase de el elemento más delicado del mundo. Tuve un ápice de esperanza, la humanidad todavía tenía probabilidades de salir adelante. Usé un biberón viejo de Alison para darles de comer a los perros, y pareció funcionar. Doro se ofreció a terminar la tarea, y aproveché para ducharme y ponerme presentable. Aquello era todo un lujo, y apreciaba poder tener la oportunidad de hacerlo en cualquier momento, me sentía muy afortunada, como todos los que estábamos en la ciudad. Salí del piso, y subí para ver a Alison y a Tommy. Llamé a la puerta, y me abrió Dave, que parecía no inmutarse por el hecho de que había vuelto viva:
-Ah, has vuelto -dijo, totalmente inexpresivo-. Vienes a por Alison, ¿no?
-Efectivamente -se metió al piso, sin decirme nada, y tras unos segundos salió con la pequeña en brazos, y con su bolsa-.
-Pensé que serían uno o dos días, pero visto lo visto, deberías de quedarte con ella tres días seguidos, si no me equivoco -comentó, indiferente-.
-Si, Dave, no te preocupes, me quedo con ella lo que sea necesario -dije, mostrando mi enfado-.
-¿He dicho algo malo o qué?
-No, no has dicho nada malo, pero permíteme decirte que me siento ciertamente ofendida, porque ya sé que tú y yo ya no seguimos juntos, pero al menos podías mostrar un poco de preocupación.
-¿Para qué? Tú misma lo has dicho, ya no hay ningún lazo que nos huna.
-Si te parece poco, tenemos una hija en común. Mira, no voy a perder más tiempo contigo, no merece la pena. ¿Está Tommy?
-No -cerró la puerta en mis narices-.
Me propuse no enfadarme, estaba sana y salva de vuelta, con la gente que me quería. Me paré para arropar a Alison, si Tommy no estaba en casa tenía que estar trabajando, y pensaba ir al hospital a preguntar. Miré a la la pequeña, parecía que hacía una eternidad que no la veía. Me sonrió, al parecer ella se alegraba de mi vuelta. "Yo también me alegro de estar contigo otra vez, Ali", la dije. Sabía que no me entendía, pero me hacía sentir mejor decirla aquello. Una vez preparada me puse rumbo al hospital, y el camino de ida se me hizo muy largo. Al fin llegué, y me acerqué a recepción para preguntar por él, pero no había nadie. Podía dar vueltas por el hospital y buscarle, pero el guarda me dijo que sin permiso no podía. Recordaba que fue el mismo que en otra ocasión me echó del hospital por "molestar". Por suerte, Gladis apareció por mi lado, y me saludo:
-Hola Tacii, ¡qué alegría volver a verte!
-Lo mismo digo -sonreí-.
-Tengo entendido que te va muy bien en el trabajo, ¿no?
-Sí, no me puedo quejar. Hace un rato volví de una expedición, y estoy de una pieza -sonreí-. ¿Cómo te van a ti las cosas, Gladis?
-En general me va bien, pero me aburro un poco, no hay nadie que necesite rehabilitación. Me alegro por ello, claro, pero ahora me toca hacer de enfermera y recepcionista, así hasta que salga algo de lo mío.
-Bueno, me alegro de haberte vuelto a ver, y que la pierna ya pueda sostener mi peso de nuevo.
-Fue un placer ayudarte. Estoy segura de que tu pequeñina también se alegrará de que su mamá esté bien de nuevo.
-Sí, aunque me alegro yo más que ella, me habría costado mucho salir adelante con una pierna. Por cierto, ¿sabes dónde está Tommy?
-Claro, hoy le tocaba pasar consulta, si quieres te acompaño.
-Te lo agradecería, no estoy muy familiarizada con el hospital -la sonreí, agradecida-.
Me condujo hasta una sala vacía, parecía sacada de una película de terror:
-Aquí es, cielo -me señaló hacia la puerta, y tuve un atisbo de desconfianza, pero al instante recordé que era buena persona y podía fiarme de su palabra-.
-Muchas gracias Gladis, ¿podrías hacerme otro favor? Es cuestión de un segundo -asintió-. ¿Podrías quedarte con Alison un segundo? Quiero dar una sorpresa a Tommy.
-Ningún problema, me quedaré en recepción con ella.
Gladis recogió a Alison, y vi como se iba con ella hacia donde dijo. Pensé en entrar de golpe, pero me decanté por pegarle un susto. Llamé a la puerta, y pequé la oreja para comprobar si había alguien. Desde dentro alguien dijo "Adelante", y reconocí la voz de Tommy. Sonreí, ya sabía lo que iba a hacer. Volví a llamar, esta vez con golpes más fuertes, y oí a través de la puerta sus pasos, así que me oculté detrás de la columna que había en la sala. Vi como se abría la puerta, y aparecía tras ella Tommy con su bata de médico. Miró hacia los dos lados, y cuando hizo el amago de darse la vuelta para volver gruñí como si fuese un zombie, y se dio cuenta de que había algo detrás de la columna:
-¿Quién eres? -se hizo el silencio, y se empezó a acercar hacia mí-. Sal de ahí -dijo, levantando la voz-.
Cuando sentí que estaba suficientemente cerca de la columna como para verme, salté y le sorprendí:
-¡Eres estúpida! -me dijo, sonriendo y se acercó para abrazarme-. Me alegro de que hayas vuelto.
-Mi intención era asustarte, no he cumplido con mi misión -me reí-.
-El susto me lo habría llevado si no hubieses vuelto- sonrió-.
-Jajajaja, yo también te echaba de menos -se acercó más a mí y nos empezamos a besar apasionadamente-.
-Buenas, ¿hay alguien aq...? -era Pears, se había asomado y nos dio un susto terrible-. Perdón, he aparecido en el momento menos adecuado posible, qué orgulloso me siento -dijo, con sarcasmo-.
-¿Ahora vienes? Ya te vale. Debería de darte vergüenza, no lo digo porque hayas aparecido de repente, sino porque tenías que haber venido antes, mierda.
-¿Qué ocurre? -preguntó Tommy a Pears, sin saber el motivo de su aparición-.
-Me hice daño en el brazo cuando estábamos fuera. La recepcionista me dijo que viniese aquí para el diagnóstico, pero puedo volver más tarde.
-No, ni en broma, entra, ahora voy y miro qué te ha pasado, aunque tiene pinta de una rotura de clavícula -Pears entró en la sala-. Me encantaría estar contigo, espero que no te ofenda que vaya a mirar qué le pasa.
-Por supuesto que no me molesta, es tu trabajo, y bueno, él el prácticamente mi hermano. Se hizo daño tratando de salvarme -Tommy sonrió al oír aquello-.
-Se lo agradezco, y también te agradezco que seas paciente. Oye, ¿nos vemos mañana?
-¿Por qué no nos vemos luego? Tengo que contarte algunas cosas, y una de ellas es muy importante.
-Hoy salgo a las tres de la mañana, lo siento...
-No hace falta que te disculpes, sé que no es algo que dependa de ti. Pues nos vemos mañana entonces -le sonreí, aunque me entristeció el hecho de no poder estar con él-.
Me despedí de Tommy y de Pears y me fui a recoger a la pequeña. de la cual Gladis había cuidado mientras tanto. Cogí a la pequeña y me fui a casa, resignada. El resto del día lo pasé cuidando a los perros y a la niña, y se me ocurrió ir a contarle lo de los cachorros a Ralph, estaba segura que sería necesario hacérselo saber, aunque para cuando me percaté ya era demasiado tarde, y alguien llamó a la puerta. Fui a abrir, y me alegré al ver que era Pears:
-Bueno, dime cuál es el veredicto.
-Pues como ya predijo Tommy, tengo la clavícula rota, y tardará bastante tiempo en soldar, pero bueno, gajes del oficio -sonrió-.
-Me alegro de que lo lleves tan bien, sé que no es fácil estar así, pero eres un tipo fuerte, y seguro que es cuestión de uno o dos meses.
-Gracias por al apoyo y la comprensión. Por cierto, siento lo de antes, te juro que no lo hice a posta.
-Ya lo sé, y no pasa nada, deja de martirizarte por ello, si no iba a poder estar con Tommy igualmente.
-¿Por qué dices eso? ¿Habéis discutido o algo?
-No, nada más lejos de la realidad, es que hoy trabajaba hasta tarde, y no sé muy bien qué pasará mañana, a lo mejor tampoco le veo.
-Venga Tacii, no te desmoralices, tiene que hacerlo. Además, si te sirve de consuelo, me preguntó cómo fue la expedición mientras me escayolaba, y también cómo te había ido. No le dije nada de los del mordisco, supuse que ya se lo contarías tú. El caso es que estaba preocupado por ti, y se le notaba decepcionado por no poder estar contigo.
-Ya, si eso lo entiendo perfectamente, pero no puedo evitar sentirme decaída, le echaba de menos y tenía ganas de estar con él... Bueno, da igual. ¿Cómo te sientes?
-Bastante bien, me tomé un calmante hace rato y siento como que voy flotando, aunque sin llegar al punto de drogado. ¿Y tú?
-Me miré el hombro antes, cuando me duché. Me lo desinfecté lo mejor que pude, no parecía estar infectado, es una herida normal y corriente. Oye, mañana había pensado en ir a hablar con Ralph y contarle lo de los perros. No sé, considero importante contarlo.
-A ver, no lo veo algo necesario, pero es buena idea, por prevenir problemas en todo caso. Dudo que te ponga alguna pega por haber traído a los perros, pero no es mala idea, hazlo, no pierdes nada. Por cierto, te puedes tomar el día de mañana libre.
-Eh, no es necesario, gracias -le sonreí-. Tengo que trabajar, no puedo debilitarme por una salida de nada.
-¿Bromeas? Has hecho un gran trabajo, y después de todo te lo mereces. Hazme caso, por favor, como jefe y como hermano.
-Vale, pero con la condición de que mañana por la tarde vayamos a tomar algo. ¿Trato?
-Por supuesto, hace mucho que no me tomo algo con mi hermanita -nos reímos-. Me voy a ir, siento que los calmantes están alcanzando el grado de droga, y puede que acabe diciendo algo inapropiado -se rió-.
-Nos vemos mañana -se fue, y cerré la puerta-.
Estaba alegre, al menos mañana tendría un día tranquilo, y podría aprovechar para dar una vuelta por la ciudad y conocerla mejor, no es que supiese mucho de lo que había, más allá del hospital y el piso no conocía gran cosa, era como un mundo por conocer para mí.
Llegó la noche, y aprovechando que la pequeña se había dormido, salí con ella en brazos al rellano a esperar a Tommy, al menos le desearía buenas noches. Tras muchas horas esperando, a las 4 de la mañana oí pasos que venían de las escaleras, y efectivamente era él:
-Hola cielo, ¿qué haces aquí? -me preguntó, mientras me ayudaba a levantarme del suelo-. Es tardísimo.
-Te quería desear buenas noches -me miró y sonrió tímidamente-.
-No tenías que haber hecho esto, tienes que estar agotada después de haber estado fuera. De verdad, te agradezco en el alma que hayas hecho esto por mí, pero no quiero que esto te perjudique a ti.
-Mañana tengo el día libre, y no me importaba de todos modos esperarte y verte -me abrazó-. Tenía ganas de hablar contigo, perdona.
- Debería de enfadarme por haberme pedido perdón, ¡pero si has hecho esto por estar conmigo! Me halaga mucho -noté como mis mejillas cambiaban de color, al final Tommy me había pegado la timidez-.
-Sueles ser muy mona, pero cuando te pones roja más -nos besamos-.
-Oye, te tengo que contar algo muy importante, pasa -le invite a entrar a casa-.
-¿Qué pasa? No me asustes, por favor -puso cara de pena-.
-No es necesario asustarse a estas alturas -me reí para mis adentros-. Verás, ¿Pears te contó que me quedé sola en el bosque y que tuvo que venir él a buscarme porque me había perdido?
-Sí, me contó lo que viste y lo del bicho inteligente. La verdad, era de esperar que esas masas de carne muertas desarrollaran algo de inteligencia. Solo era cuestión de tiempo... ¿Era eso lo que me ibas a decir?
-No. Verás... -me quité la camiseta para enseñarse la mordedura de zombie que tenía en el hombro, pero él se tapó los ojos-.
-¿A qué viene eso?
-¡No seas idiota, por favor! Si me miras sin camiseta no se te van a quemar las reinas ni nada por el estilo, además, llevo una camiseta interior.
-Perdona por ser un caballero y respetarte -dijo, mientras se quitaba las manos de los ojos y miraba el mordisco, aterrorizado-. T-tacii, ¿esto es lo que yo creo?
-Si crees que soy inmune al virus, estás en lo cierto.
-Vaya, es increíble -se quedó contemplándome un rato, sorprendido por lo que le acaba de contar-. No es broma, ¿no? -lo negué-. Tengo que analizar esa herida. ¡Oye!
-¿Qué? -le pregunté, sorprendida por su cambio de actitud-.
-¿Por que no me dijiste esta mañana lo del mordisco? Te podría haber dado los puntos necesarios para que se te cerrara antes.
-Es que no quería molestar...
-El día que tu molestes los cerdos volarán -me reí-. Por favor, si te vuelves a hacer daño, ven inmediatamente y dímelo, no seas tonta, ¿vale?
-De acuerdo.
-Y bueno, con respecto al hecho de que seas inmune, ¿te importa venir mañana la hospital para que te eche un vistazo?
-Por la tarde quedé con Pears, ¿te importaría que fuese por la mañana?
-Cuando puedas y quieras.
-Mmm, haré un esfuerzo y estaré contigo -se rió-.
-Espero que eso sea sarcasmo.
-¿Sarcasmo? ¿Qué es eso? -nos reímos-. Claro que lo es, aunque me tengas que sacar sangre no me importa estar contigo, me gusta.
-Jajaja, gracias, a mí también me gusta estar contigo. Entonces nos vemos mañana, ¿no?
-Por supuesto. Oye, ¿te quieres quedar a dormir? Así tengo algo que golpear mientras duermo.
-Es un detalle, sin duda, que te acuerdes de mí para golpearme -se rió-. Claro, si quieres me quedo.
-Sí, pero no te asustes, que me voy a poner una bata, soy una descocada, voy enseñando el cuello por favor.
-¿Estás enfadada por lo de antes? No lo entiendo, si no te he mirado no ha sido porque no me gustes, es por respeto.
-Era broma -me empecé a reír-.
-Qué cruel puedes llegar a ser a veces -respondió, sonriendo, por lo que no me lo tomé en serio-. Voy a por mis cosas a mi piso y ahora vuelvo.
-Genial, te espero.
Me sentía tranquila con Tommy al lado, no sabía si era porque confiaba plenamente en él o por el hecho que anteriormente me había salvado la vida, pero estar a su lado me propiciaba una paz extraordinaria.
Cuando abrí los ojos estaba sola y me asusté, tal vez había pasado algo y Tommy se tenía que marchar corriendo. Por suerte encontré una nota que me había dejado: "Siento irme sin decir nada, pero no quise molestarte. Espero que hayas descansado, recuerda que luego nos tenemos que ver. Te quiero". No estaba firmada, pero sabía que era suya. Me levanté y me alarmé al ver la hora que era, había dormida mucho. La pequeña tenía los ojos abiertos, aunque no había pedido aún el biberón, y los perritos intentaban caminar. Les di de comer a todos y le pedí a Doro que se quedase con los perros si podía mientras yo estaba fuera, y aceptó encantada. Lo primero que tenía pensado hacer era ir a hablar con Ralph sobre los perros, y después iría al hospital. Me puse en marcha al instante para recuperar algo del tiempo que había usado para dormir. El hogar de aquel tipo no estaba muy retirado del piso, y no tardé mucho en llegar. Llamé a la puerta, y me abrió él, directamente:
-Oh, si no recuerdo mal tú eres Tamy, ¿no?
-Bueno, casi, soy Tacii. Venía a contarle algo que encontramos cuando fuimos a la última expedición que se llevó a cabo.
-¿Es lo del zombie inteligente? Pears me dio información detallada sobre él, aunque me dijo que el que los vio fuiste tú, si quieres puedes darme más detalles, así podremos estar preparados ante ellos.
-No era eso, aunque se lo puedo contar igual. No pude analizar la situación muy bien, estaba un tanto asustada, pero verá, lo que vi me dejó impactada. Cuando llegamos al punto de investigación encontramos a un zombie que parecía imitar a un humano desorientado, ocultando su rostro muerto. Cuando nos vio, lo primero que hizo en vez de abalanzarse sobre nosotros fue emitir un ruido, una especie de aviso o señal, y entonces fue cuando huí en dirección contraria al grupo y me oculté. Allí fue donde vi al zombie grande, al cual llamamos bot, controlando al zombie que habíamos visto antes, el que había gritado. Es todo lo que sé, y ahora quería dec...
-Vaya, interesante, cosas así no se oyen todos los días. Tendremos que programar otra salida para ver si esto ocurre en las demás zonas.
-Disculpe, pero yo venía aquí para decirle que, cuando salimos, encontramos a dos cachorros, y decidí traerlos...su madre había muerto.
-Oh, pero eso está muy bien, los animales nos vienen bien para devolvernos un poco de alegría y humanidad de la que teníamos antes. Puedes llevarlos a la granja si quieres, seguro que los cuidarán estupendamente allí.
-No, la verdad es que creo que puedo cuidarles, por el momento, claro. Un momento...¿aquí hay granja?
-Sí, está un poco alejada, pero puedo llevarte a verla si quieres, es increíble el trabajo que hacen.
-Y, ¿por qué no me mandó a trabajar allí en vez de guardiana? A pesar de que mi trabajo me gusta, me habría encantado trabajar junto a animales, y estoy mucho más cualificada para ello.
-Es una pena, no caí en la cuenta. Como ya sabes, no se pueden tener dos salarios, iría en contra de la ley.
-¿Qué ley? -le pregunté, curiosa-.
-La de la ciudad, hay una serie de leyes, aquellas que la hacen funcionar a la perfección, y me enorgullezco de haberlas creado -hubo un silencio incómodo-. Se me ocurre una cosa si quieres ir a la granja -esperé su respuesta-. Puedes ir de voluntaria, a los abuelos les vendría genial. Tienen a su cargo a una cantidad indecente de animales, y dos personas mayores, como son Herb y Nana no tienen suficientes energías para hacer todo el trabajo.
-Me encantaría poder ayudar. ¿Cuando puedo ir de voluntaria?
-De acuerdo con una de las leyes establecidas, en la sección de voluntariado, especifico que no se te pagará nada por el trabajo extra, ya que los dobles salarios están prohibidos aquí. Además, el voluntariado es como un trabajo, hay que cumplir el horario y trabajar las horas necesarias.
-Es decir, que es como trabajar para nada.
-Has dicho que querías ser voluntaria, ¿no¿
-Sí, lo dije, pero no me refería a tener un horario como el de mi propio trabajo. Yo quería ir, pues no sé, dos o tres veces por semana, y una hora como mucho, tengo cosas que hacer a parte de trabajar, y también quiero estar con mi familia.
-¿Qué te parece si vamos a la granja y te lo piensas?
-Me parece una oferta ridícula, pero bueno, quiero ver la granja, eso que me llevo.
Estaba muy molesta, ¿se pensaba que era tonta? Tenía muchas cosas que hacer como para pluriemplearme y esclavizarme ante aquel mequetrefe. Le seguí hasta llegar a un coche, nos subimos y me llevó a la granja, la cual estaba bastante lejos de la zona en la que yo vivía, aunque el tiempo de espera merecía la pena: era un sitio increíble. Era cierto que aquellos ancianos hacían un trabajo muy duro, todo estaba impoluto, los animales se veían muy bien cuidados, y parecían felices. Me acerqué a hablar con ellos, y estuve un rato charlando sobre el trabajo de la granja y los animales que tenían. Me contaron que muchos animales habían muerto, y tenían unos cuantos enfermos, y que les vendría muy bien tener a alguien que supiese del cuidado animal con ellos. Cuando les conté que yo era veterinaria se les iluminó la mirada, y me llevaron a revisar a algunos de los enfermos.
Me sentía muy feliz, aquello era a lo que me quería haber dedicado en mi vida anterior...Me empezó a rondar por la mente la idea de ayudar a aquellos ancianos, sabía que nos beneficiaría a todos, aunque a mí no tanto. Ralph me dijo que ya teníamos que volver, él tenía cosas que hacer. Estaba maravillada por todos los animales que había visto, y por haber recordado mi verdadera profesión:
-Bueno, ¿ya te lo has pensado?
-Es sitio me encanta, y los animales también, pero no tengo tiempo, lo siento...
-Una lástima, la verdad, te vi un gran potencial, pero es cosa tuya desaprovechar lo que sabes, no puedo obligarte -se me estaba haciendo muy difícil negarme más-.
-¿No podría ser suficiente con una hora al día? Es lo máximo que puedo ofrecer de mi tiempo libre.
-Es muy amable por tu parte, pero eso no basta para ayudar a esos dos pobres ancianos trabajadores, que se dejan la vida para cuidar a los inocentes animalillos de la granja.
-Mmmmmmm -me quedé pensativa un rato-. Está bien, acepto el voluntariado -dije finalmente, resignada y decepcionada conmigo misma-.
Sabía que me iba a arrepentir de aquella decisión, de hecho ya lo estaba haciendo, pero al menos mi conciencia estaría tranquila. En cuanto llegamos, me fui directamente al hospital, se me había hecho muy tarde con todo lo de la granja. Llegué, y pregunté en recepción dónde estaba Tommy, y fui para allá tan rápido como pude, no tenía tiempo que perder. Llamé a la puerta, y me abrió:
-Hola, ¿qué tal? -me preguntó, sonriendo-.
-Bien. Bueno, ¿empezamos ya?
-¿Tienes prisa? Si es así simplemente te curaré, no quiero molestarte.
-Ni tengo prisa ni me molestas -sonreí para no parecer que estaba inquieta-. ¿Me va a doler?
-Eres una chica fuerte, no creo. Para que te quedes más tranquila, lo que voy a hacer va a ser sacarte sangre y darte puntos en el mordisco -me senté en un taburete-. Oye, ¿te pasa algo?
-No, estoy...bien. ¿Cómo te está yendo el día? -le pregunté, no me apetecía hablar-.
-Por el momento no me puedo quejar, ha venido una señora mayor que se había caído, un chico con fiebre y tú. No he tenido problemas, y tampoco he discutido con nadie, así que me lo tomo como una victoria momentánea -me quedé pensativa un momento-. Tacii...
-¿Qué ocurre?
-¿Seguro que no pasa nada? Es que te veo muy rara, normalmente eres habladora, y estás muy callada. No quiero parecer desconfiado, pero sólo quiero decirte que si pasa algo puedes confiar en mí.
-Y lo hago. Ah, ahora que recuerdo te tenía que decir que voy a ser voluntaria en una granja.
-¿Hay granja aquí?
-Sí, yo también me sorprendí al saberlo.
-Pues es genial, me alegro de que vayas a poder realizarte como veterinaria. Oye, ahora te voy a coser, ¿quieres un calmante?
-Bueno, no te digo que no, sé que la sensación de ser cosida no va a ser muy divertida.
-Vale, voy a por la jeringa -se marchó, y al poco tiempo volvió-. ¿Puedes estirar el brazo, por favor?
-Sí, claro -alargué el brazo, sentí un ligero pinchazo-.
-Supongo que ya recuerdas como funciona la cosa -sonrió-. Cuando te sientas adormilada o mareada avísame.
-Recuerdo que la última vez que me dijiste eso tenía la pierna destrozada -le devolví la sonrisa-.
-Yo también me acuerdo...Me alegro de haberte podido ayudar.
-Eh, eh, eh. no des tu tarea por finalizada, estoy segura de que me tendrás que ocuparte de mí por mucho, mucho tiempo.
-Me tomo eso como algo bueno porque eres tú, sino me daría un poco de miedo -nos reímos-.
-No sé si estoy borracha o es el calmante...¿Habré bebido? Uf, si no me acuerdo -me empecé a reír-.
-Estupendo, el calmante ya te ha hecho efecto.
Sentía como si estuviese dando vueltas en un lugar que no podía identificar, parecía la nada. Flotaba, y sentía un leve cosquilleo en el hombro, como si se me estuviese durmiendo. Poco a poco recobré la conciencia, y me acordé de que estaba en el hospital, y vi a Tommy a un lado con el microscopio:
-Hola -dije, aclarándome la voz-.
-Vaya, hola, ¿cómo te encuentras?
-Bien, creo que los calmantes han hecho efecto, no me ha dolido nada. Una vez más, gracias -le abracé-.
-De nada. De todos modos, es mi trabajo, no pienses que hago favoritismos...
-Eso es sarcasmo, ¿verdad?
-En parte sí. aunque es mi trabajo.
-Bueno, me voy a casa con Alison -la llevaba conmigo en una bolsa para transportar bebés-.
-¿Quieres que quedemos luego? Hoy salgo pronto -sonrió-.
-Vale...si no te importa que también esté Pears, había quedado esta tarde con él para tomar algo.
-Si no os molesta, por mí bien.
-Pues nos vemos luego.
-Adiós Tacii.
-¡Hasta luego!
Salí, quería haber hablado con Pears sobre el tema del voluntariado y lo de las leyes en privado, si se enterase Tommy se enfadaría conmigo por ser tan manipulable. Fui a casa y esperé a que viniese Pears. Al final Tommy llamó y me dijo que no iba a poder venir porque había surgido una emergencia. Al poco tiempo, Pears apareció:
-Bueno, vamos, ¿no?
-Sí, mientras no te importe que me lleve a Alison. Dave insistió en que me quedase con ella los tres días que le debo.
-Por mí bien, aunque yo que tú no le permitiría ser tan autoritario, no te fuiste porque quisiste, no tiene derecho alguno a exigirte nada.
-Ya, pero tampoco me apetecía discutir con él, y además quería estar con la pequeña, aunque no sea todavía consciente, puede que me haya echado de menos.
-No lo dudes. Bueno, vámonos antes de que empecemos un debate aquí.
¡Gracias por haber leído!
sábado, 2 de enero de 2016
Tornado of Souls-Cap.57: Evolution
Reaccioné tarde, para cuando había sacado el arma aquel caminante ya me había mordido en el hombro. Acabé con su vida de un flechazo con la ballesta, y en cuanto revisé que no hubiese nada más me senté a ver cómo tenía el hombro. El mordisco no era muy superficial, pero suficiente para contagiarme...Me iba a convertir. No esperaba que mi historia fuese a acabarse de una manera tan absurda, estaba asustada y confusa, no sabía qué era lo que tenía que hacer a continuación.
Me quedé sentada en la orilla del lago, esperando a que apareciesen los del grupo. Tenía pensado contarles lo que me había pasado de inmediato, antes de que fuese tarde. No sabía cuánto se tardaba en convertirse exactamente, por experiencia había visto a gente transformarse en aproximadamente dos horas. Ojalá los chicos llegasen antes de que cambiase, quería despedirme de ellos, al menos darles una explicación de lo que había pasado. Me sobresalté al oír el walkie sonar:
-¿Hola? -reconocí la voz de Pears-. ¿Estás ahí, Tacii?
-Siento no haber podido responderte antes, perdóname -se hizo un silencio muy incómodo, Pears esperaba que le diese una respuesta a mi tardanza-.
-¿Pasa algo?
-No, no -quería decirlo en persona, no sabía si alguien nos podía estar escuchando por el walkie-.
-Ah, te notaba extraña. Te llamaba para decirte que en muy poco voy a estar allí, le pedí a White que me representase le recorrido en el mapa para ir yo solo, así voy más rápido y con más cuidado, y él se ha quedado al cargo del resto del grupo, intentan contactar con la torre, pero no da señal, probablemente nos hemos alejado demasiado de la zona, espero que podamos volver cuanto antes, tiene pinta de que va a haber una tormenta.
-Entonces, ¿ya vienes?
-Sí, llevo media hora de camino, en otra media hora, creo, ya estaré allí. Si te ves en peligro, no dudes en moverte aunque este sea el sitio de reunión, lo primero es la seguridad, y ya cuando podamos nos reencontraremos. Nos vemos, voy a seguir andando.
-Hasta luego...
Noté que Pears estaba preocupado, tenía una voz muy seria. Tal vez se habría enfadado por algo que pasó antes de venir, pero me extrañaba siendo que él no era así. Estaba muy asustada, cada vez me sentía peor, y no podía dejar de pensar en la mordedura que tenía en el hombro y sus consecuencias.
Me concentré en qué decir y qué hacer antes de acabar con mi vida, quería dejar todo claro y zanjado, al menos, algo haría bien. Oí pasos detrás mía, y me giré estrepitosamente, pero por suerte se trataba de Pears, que ya había llegado:
Me concentré en qué decir y qué hacer antes de acabar con mi vida, quería dejar todo claro y zanjado, al menos, algo haría bien. Oí pasos detrás mía, y me giré estrepitosamente, pero por suerte se trataba de Pears, que ya había llegado:
-¡Al fin nos volvemos a encontrar! -me levanté y le di un abrazo-. Vaya, si que me echabas de menos...
-Tengo que contarte una cosa, Pears...
-Sabía que te pasaba algo, por eso no respondías antes. A ver, cuenta.
-Es difícil...
-¿Te va a dar ahora corte contarme algo? Somos prácticamente familia, me ofende que dudes de mí. Venga, dime lo que pasa y mientras regresamos con el resto, así matamos dos pájaros de un tiro,...
-Me han mordido.
-...que se va a hacer de noche y...¡¡¿¿QUÉ??!! ¿Es broma, no? -Pears se había parado súbitamente-.
-No, por desgracia no lo es... No sé cuánto tiempo me queda, supongo que será una hora.
-Tacii, a pesar de que te hayan mordido no te puedo matar, lo siento -parecía muy abatido-. Es que...¿estás segura?
-¡Claro que estoy segura! -vi que Pears se había callado-. Lo siento, tenía que haberte hecho caso desde un principio. Soy una idiota y nunca aprendo.
-No digas eso Tacii, no eres idiota, lo que hiciste lo hiciste por ayudarnos. Has hecho siempre lo mejor para todos, creo que nunca has llegado a pensar de verdad en ti misma, y eso te ha pasado factura. De verdad, has hecho unas cosas increíbles, no te insultes.
-No es cierto, Pears, lo sabes. Podría estar ahora sin preocupación de convertirme en una de esas cosas, pero por mi temeridad todo ha salido mal...
-Ya, eso no te lo discuto, fuiste demasiado valiente, pero tu actitud es admirable, créeme, que trabajo con gente que se ha dedicado a cosas de este tipo y no te llegan ni a la suela del zapato, y no lo sigo por el hecho de que seas mi mejor amiga, mi familia, sino porque te he visto como actuar en todo tipo de situaciones, y a pesar de pequeños fallos que todos, recalco, todos tenemos, de verdad, un honor tenerte cerca -le abracé para ocultar que iba a llorar-.
Aquel abrazo duró muy poco, esperaba que fuese eterno. Miré a Pears y tenía los ojos humedecidos, parecía que él también estaba afectado:
-Sigo sin poder asumir que esto haya pasado... -comentó-.
-¿Puedo pedirte un último favor? -le pregunté, tratando de no parecer decaída, como si nada hubiese pasado-.
-Claro, dime.
-Pégame un tiro ahora, antes de que el resto se entere de lo que ha ocurrido.
-¡Ni loco! No pienso matarte. ¿Por qué no esperamos la hora que falta? Si vamos relativamente tranquilos hasta encontrarnos con el resto de grupo tardaremos aproximadamente una hora y media, tiempo suficiente para que se manifieste el virus.
-Sabes de sobra que me voy a acabar convirtiendo, retrasar lo inevitable no va a hacerlo mejor. Por favor, es lo único que te puedo pedir. Eres la persona en la que más confío, eres mi familia, mi hermano, y sé que harás lo mejor para mí.
-Por eso te digo que esperemos. ¿qué más da? Si te -se aclaró la garganta, parecía que se había atragantado- mato, pues da igual dónde sea. Y no vamos a esperar a lo inevitable, es que no puedes rendirte aún. ¿Y si tenemos suerte y sigues viva?
-¡Eso es imposible! Deja de decir tonterías, si no lo haces tú lo acabaré haciendo yo.
Se hizo el silencio, Pears sabía que dijese lo que dijese no me iba a hacer cambiar de idea. No quería transformarme, que le pillase por sorpresa y que se acabase convirtiendo él también. Sin darme cuenta seguimos andando, yo le seguía, sin prestar demasiada atención a lo que pasaba a mis alrededores, tampoco me importaba demasiado. Recordé aquella ocasión en la que me puse mala, cuando, según Tommy, estuve a punto de morir, y me dijo que parecía que mi cuerpo estaba reaccionando al virus... Tal vez Pears tenía razón y no era necesario llegar a acabar con mi vida antes de tiempo. Le paré, y se asustó:
-¿Qué pasa? -me preguntó, alejándose de mí-.
-Todavía no ha pasado nada, no te preocupes. Te quería contar algo, pero prométeme antes que no se lo dirás a nadie, esto solo lo sabemos Tommy y yo por el momento.
-Te prometo que no diré nada, sea lo que sea. Venga, cuéntame y no me dejes con la duda.
-¿Recuerdas aquella ocasión en la que enfermé y estuve ingresada en el hospital? Te dije que me había puesto mala por un resfriado.
-Ah, sí, eso fue hace poco. ¿Qué ocurre con eso?
-Pues que Tommy analizó mi sangre, y parecía que mi cuerpo estaba reaccionando al virus...
-¿Eso quiere decir lo que yo creo? -avisté esperanza en sus ojos, lo cual me alegró, aunque no llegase a ser verdad ver a mi mejor amigo alegre era una de las mejor imágenes que me podía llevar como último recuerdo-.
-Sí. Todavía no lo sabemos seguro, pero parece que desde que me fui a la base militar sola, cuando me quedé echa mierda, mi cuerpo está creando como "anticuerpos" contra el virus. Recalco que no es nada seguro, por eso no pensaba decir nada.
-Espera, ¿querías que te matase aún sabiendo que tenías posibilidades?
-No, no me había acordado de la posibilidad que tenía. He hecho bien en hacerte caso y no acabar con mi vida.
-Me gustaría que fuese así y que sigas con nosotros mucho tiempo.
-Lo único que nos queda es esperar. Pero antes, por si acaso, permíteme que le escriba una despedida a Tommy y a Alison en caso de que al final no fuese cierto.
-Vaya, penaba que también te querrías despedir de mí.
-No seas tonto, por favor, no sé si te has percatado de que te tengo delante, si noto que me pongo mal pues ya me pongo sentimental. Tienes que esperar si quieres que te diga que te aprecio y eres mi hermanote -me reí-.
-El hecho de que me lo dijeses sería lo raro, aunque si decírmelo significa que te vas a morir, prefiero que... -antes de terminar la frase vi que Pears se quedó sorprendido mirando en una dirección concreta, y antes de comprobar lo que el estaba observando sentí un fuerte golpe-.
Pears me había derribado, y solo al levantar la mirada vi de aquello de lo que nos había salvado: era un bot, probablemente el mismo con el que me había encontrado antes, el que iba acompañado de un zombie. Pears se levantó, pero parecía que se había hecho daño, y salió corriendo, y le seguí. El monstruo nos perseguía, parecía no cansarse, aunque no nos iba a alcanzar si no bajábamos el ritmo.
Estaba preocupada, nuestra situación era pésima, no había posibilidad de que nos salvásemos, estábamos siendo perseguidos por una máquina creada para matar cualquier ser, independientemente de que estuviese vivo o muerto. Al final le cogimos algo de ventaja, pero nos estábamos cansando.
De repente, el bot cayó. Nos quedamos sorprendidos, no nos lo esperábamos para nada. Vimos a un hombre con un rifle escondido detrás de unos árboles, y nos acercamos a hablar con él, al parecer él había sido el que nos había salvado:
Estaba preocupada, nuestra situación era pésima, no había posibilidad de que nos salvásemos, estábamos siendo perseguidos por una máquina creada para matar cualquier ser, independientemente de que estuviese vivo o muerto. Al final le cogimos algo de ventaja, pero nos estábamos cansando.
De repente, el bot cayó. Nos quedamos sorprendidos, no nos lo esperábamos para nada. Vimos a un hombre con un rifle escondido detrás de unos árboles, y nos acercamos a hablar con él, al parecer él había sido el que nos había salvado:
-Por poco, ¿eh? Tenéis suerte de que os he salvado -dijo el desconocido con cierto aire de arrogancia-.
-Sí, eh...gracias -dijo Pears en nombre de los dos-. No creo que este sea el lugar adecuado, pero no hay muchos sitios seguros por aquí, así que, ¿cómo te llamas?
-Me llamo Jason, ¿y vosotros?
-Somos Pears y Tacii. Por el momento no te podemos dar más datos sobre nosotros, tenemos que saber más cosas sobre ti antes de decir demasiado.
-Perdonad, pero eso también lo podría decir yo de vosotros, no sé cuáles con vuestras intenciones.
-Así no vamos a ir a ningún sitio, si no confías en nosotros no podremos ayudarte.
-¿En algún momento ha parecido que necesitaba ayuda? Soy Jason, por favor, nunca he necesitado ayuda.
-Por lo menos podías intentar fiarte, dudo que por muy bueno que seas sobreviviendo el aislamiento te afecta igual que a todos.
-Me basto y me sobro conmigo mismo, para todo, repito, para todo, cubro mis necesidades por mí mismo.
-Suficiente información. ¿Quieres quedarte aquí? Estoy segura de que a los zombies les encantará -aquel tipo se acercó a mí-.
-Oye, pelirroja, ¿quieres que me vaya contigo? No estarás acostumbrada a ver hombres como yo frecuentemente, ¿eh?
-Vámonos -le dije a Pears, intentando ignorar la insinuación de aquel ridículo individuo-.
-¡Eh! ¿No sigue en pie que me vaya con vosotros?
-Tenemos prisa, así que si nos vas a contar algo hazlo ya. Si creemos conveniente, te vendrás con nosotros.
-Ajá, así que mi destino depende de vuestra percepción, interesante. Bueno, mi nombre lo sabéis, y no creo que se os olvide. Llevo bastante tiempo por Canadá, pero no tengo un rumbo fijo. Me he quedado unos días por esta zona porque no habían demasiados zombies de los que preocuparme. Si necesitáis a un buen tirador, aquí está.
-No es que seas un ejemplo moralmente correcto, pero tienes buenas habilidades, y no creo que nos sobren precisamente buenos tiradores -dijo Pears-. Espera un momento, tengo que hablar con mi compañera -nos fuimos a hablar en privado. Bien, ¿qué hacemos?
-Lo odio, no creo que sea una buena opción... No es por el hecho de que lo aborrezca, sino porque tiene una actitud que no va a ayudar a nadie. Va a provocar más pérdidas que muertes, créeme, yo seré una de ellas.
-No digas esas cosas. ¿Y si le damos una oportunidad?
-Pues que es demasiado. Si tenemos que echarle, ¿qué harías? Él ya sabría dónde estamos, y podría intentar vengarse de nosotros. No es buena idea...
-En parte tienes razón, pero el que no arriesga no gana. Es buen tirador, y podemos soportar su actitud egocéntrica y bajarle los humos.
-Eres tú el que manda -dejé la conversación, se estaba haciendo tarde y no era conveniente quedarse-.
-¿Qué habéis decidido? -dijo Jason-.
-Vendrás con nosotros, pero queremos que te comportes, y con "comportarse" quiero decir bajar los humos.
-No os preocupéis, no os daré ningún problema.
Reanudamos la marcha, esta vez con uno más. Miré hacia el cielo, el Sol estaba cayendo, y en breve sería de noche. Debía de quedar poco para convertirme, en caso de que me fuese a llegar la hora. Pears me tocó en el brazo, quería hablar conmigo:
-¿Cómo te encuentras? -me preguntó, impaciente por oír mi respuesta-.
-Bien -me toqué la herida, la cual llevaba tapada con un trapo-. Todo sigue igual, no sé muy bien qué pasará al final.
-Me parece que va a ir bien, veo que... -antes de que Pears pudiese acabar la frase, nuestro acompañante disparó su arma-. ¿Por qué has disparado?
-He visto algo -dijo, sin siquiera parecer arrepentirse de lo que había hecho-.
-Nunca se debe de disparar si se desconoce la amenaza, entre otras cosas porque no se sabe si eso era una amenaza -dijo Pears, acercándose al foco al que Jason había disparado, a lo que yo le seguí-. Además, esto es innecesario, y atraerá a algún caminante que haya por aquí.
-Perdona, pero eso antes os ha salvado.
-¡Son dos cosas distintas, ahora has disparado a algo no identificado!
Pears y yo nos aproximamos, a Jason ni le importaba ver qué era a lo que había disparado. Sentí que se me refrenaba y paraba el corazón al ver el objetivo de aquel desalmado: era un pobre perro, al cual había disparado limpiamente. Le intenté encontrar el latido, pero no había,lo había matado en el acto. Me entró una rabia interna tan grande que sentí impulsos de abalanzarme sobre él y apuñalarle, pero mi amigo me detuvo, y me dijo "Mira". Señaló al lado del cuerpo inerte de la madre a un par de cachorros que yacían a la vera de su difunta madre:
-Te conozco, y sé lo que vas a hacer -me dijo, mirándome con lástima-.
-Me da igual lo que pienses, si te guste o no.
-En realidad me parece buena idea. Vamos a llevarnos a estos pequeños y a cuidarlos, es lo que su madre habría querido.
Recogí con cuidado a los cachorrillos, y los envolví entre mis brazos para darles calor. Ambos temblaban, y miraban a su madre, sabían que sería la última vez que la verían. Me olisqueaban, y sentí una felicidad momentánea, hacía muchísimo tiempo que no veía a un perro. Enterramos antes de irnos el cuerpo, y al regresar vimos a Jason suspirando:
-¿Qué ha pasado? -preguntó, sin parecer demasiado preocupado-.
-Has matado a un perro -le dije, con desdén-.
-Ah, entonces no hay problema...
-¡¿Cómo que no?!¡Que es un ser vivo, imbécil! ¿Quién te crees que eres para... -Pears me sujetó cuando me preparé para golpear a aquel cretino-.
-Deberíamos de irnos ya, Tacii -sabía por qué me lo decía, recordé la mordedura que tenía, y me entraron las prisas-. Vamos a tener que pasar la noche aquí, no podemos volver en plena noche, y para cuando lo tengamos todo listo no nos va a dar tiempo a irnos antes -empezamos a caminar, y Jason se quedó allí, quieto-. ¿No vienes?
-No creo que nos llevemos bien, deberías de controlar un poco a la pelirroja -me mordí la lengua-.
-Creo que es lo mejor -dijo Pears, sin darle mucha importancia, y seguimos con lo nuestro-.
Me encontraba regular, me sentía un poco mareada por la pérdida de sangre, aunque no había sido mucha, la suficiente para que, junto al cansancio y la incertidumbre, me afectase más. Pears cada rato me preguntaba cómo me encontraba, y lo extraño era que no notaba ninguna diferencia, lo cual generaba incertidumbre en mí, ¿qué era exactamente lo que me tenía que ocurrir para saber si me estaba convirtiendo o no? Pears se había parado, y me di cuenta cuando me había alejado un poco de él:
-¿Pasa algo? -le pregunté, preocupada-.
-Llevamos un buen rato caminando en completo silencio...
-Ah, ¿y? Pensaba que nuestra prioridad era llegar tan pronto como pudiésemos a reunirnos con los otros.
-No, no me refería a eso. Ya ha pasado más de una hora desde que te mordió ese zombie.
-Y estoy bien...¡Estoy viva! -le di un abrazo a Pears-. No me lo creo, esto es increíble. ¿Crees que podré contribuir con algo? Debería...¿no?
-Eso depende sólo de ti, yo no entro ahí. Puedes callarte o decirlo, y tienes tiempo para pensártelo.
-Tommy me recomendó que no dijese nada, pero no lo sé...Podría solucionar muchos problemas, a lo mejor la situación se normaliza. No tengo ni la menor idea de qué hacer.
-Es que tienes que plantearte todos los aspectos, positivos y negativos de cada opción. Venga,vamos a seguir, en breve llegaremos -suspiró-. Oye, siento parecer tan borde, es que esta expedición no me parece que haya servido para nada, y en ese caso me voy a comer una buena bronca de Ralph.
-Venga, no te desanimes, lo hiciste por una buena causa. Que yo sepa hemos investigado la zona y nadie ha muerto, ¿eso tiene algo de malo? Lo has hecho muy bien, has controlado todo -le sonreí, y pareció que aquello le calmo un poco-. Y mira, hemos salvado a dos pequeñines -dije, mientras señalaba a los perrillos que llevaba en mis brazos-.
Finalmente llegamos con el resto del grupo. Se alegraban de nuestra vuelta, y al parecer todo seguía igual. Me toqué por encima de la chaqueta la herida, y sentí un dolor agudo. Le pedí al encargado de las medicinas que me dejase la bolsa para desinfectarme, y me fui a un rincón para que nadie me viese, no quería alarmar al resto y terminar mal. Decidimos acampar fuera aquel día también, se haría de noche mientras volviésemos a la ciudad, y aunque hubiesen pocos zombies, seríamos presa más fácil para ellos en la oscuridad. Improvisamos un campamento colocando las tiendas de campaña, y mientras algunas personas del grupo revisaron el perímetro. Pears hizo una llamada a la torre, y mientras me puse a revisar mi equipaje. Sonreí cuando encontré el sobre que Tommy me había dado, pensé en abrirlo, y eso hice:
"Hola Tacii, si estás leyendo esto, probablemente yo ya estaré muerto. Es broma. Sé que parece raro que te haya escrito una carta, nos vamos a ver en breve de nuevo, pero lo hago para que, pase lo que pase, sepas que te quiero. Llevamos relativamente poco tiempo juntos, pero lo suficiente como para saber que eres una persona increíble, y estar a tu lado me hace muy feliz (espero que a ti también). Alison y yo estamos muy orgullosos de lo que haces, y si en algún momento te sientes triste o sola, recuerda que te queremos mucho, y que puedes con todo lo que se te ponga por delante, no te rindas nunca".
Al leer aquella carta sentí unas ganas tremendas de volver con ellos, les echaba mucho de menos. Mañana.
¿Qué es esto? ¿Un nuevo capítulo? ¿Se ha propuesto Jane hacer algo al fin? ¡Pues sí! Soy consciente de que he tardado una eternidad en subir capítulo, pero a penas tengo tiempo para escribir, y la inspiración se me va. De todas formas, aunque no sea regular, no pienso dejar de escribir, aunque termine Tornado con 80 años. Bueno, como siempre, espero que os haya gustado el capítulo, gracias por leer y FELIZ 2016 rattleheads :3
-En parte tienes razón, pero el que no arriesga no gana. Es buen tirador, y podemos soportar su actitud egocéntrica y bajarle los humos.
-Eres tú el que manda -dejé la conversación, se estaba haciendo tarde y no era conveniente quedarse-.
-¿Qué habéis decidido? -dijo Jason-.
-Vendrás con nosotros, pero queremos que te comportes, y con "comportarse" quiero decir bajar los humos.
-No os preocupéis, no os daré ningún problema.
Reanudamos la marcha, esta vez con uno más. Miré hacia el cielo, el Sol estaba cayendo, y en breve sería de noche. Debía de quedar poco para convertirme, en caso de que me fuese a llegar la hora. Pears me tocó en el brazo, quería hablar conmigo:
-¿Cómo te encuentras? -me preguntó, impaciente por oír mi respuesta-.
-Bien -me toqué la herida, la cual llevaba tapada con un trapo-. Todo sigue igual, no sé muy bien qué pasará al final.
-Me parece que va a ir bien, veo que... -antes de que Pears pudiese acabar la frase, nuestro acompañante disparó su arma-. ¿Por qué has disparado?
-He visto algo -dijo, sin siquiera parecer arrepentirse de lo que había hecho-.
-Nunca se debe de disparar si se desconoce la amenaza, entre otras cosas porque no se sabe si eso era una amenaza -dijo Pears, acercándose al foco al que Jason había disparado, a lo que yo le seguí-. Además, esto es innecesario, y atraerá a algún caminante que haya por aquí.
-Perdona, pero eso antes os ha salvado.
-¡Son dos cosas distintas, ahora has disparado a algo no identificado!
Pears y yo nos aproximamos, a Jason ni le importaba ver qué era a lo que había disparado. Sentí que se me refrenaba y paraba el corazón al ver el objetivo de aquel desalmado: era un pobre perro, al cual había disparado limpiamente. Le intenté encontrar el latido, pero no había,lo había matado en el acto. Me entró una rabia interna tan grande que sentí impulsos de abalanzarme sobre él y apuñalarle, pero mi amigo me detuvo, y me dijo "Mira". Señaló al lado del cuerpo inerte de la madre a un par de cachorros que yacían a la vera de su difunta madre:
-Te conozco, y sé lo que vas a hacer -me dijo, mirándome con lástima-.
-Me da igual lo que pienses, si te guste o no.
-En realidad me parece buena idea. Vamos a llevarnos a estos pequeños y a cuidarlos, es lo que su madre habría querido.
Recogí con cuidado a los cachorrillos, y los envolví entre mis brazos para darles calor. Ambos temblaban, y miraban a su madre, sabían que sería la última vez que la verían. Me olisqueaban, y sentí una felicidad momentánea, hacía muchísimo tiempo que no veía a un perro. Enterramos antes de irnos el cuerpo, y al regresar vimos a Jason suspirando:
-¿Qué ha pasado? -preguntó, sin parecer demasiado preocupado-.
-Has matado a un perro -le dije, con desdén-.
-Ah, entonces no hay problema...
-¡¿Cómo que no?!¡Que es un ser vivo, imbécil! ¿Quién te crees que eres para... -Pears me sujetó cuando me preparé para golpear a aquel cretino-.
-Deberíamos de irnos ya, Tacii -sabía por qué me lo decía, recordé la mordedura que tenía, y me entraron las prisas-. Vamos a tener que pasar la noche aquí, no podemos volver en plena noche, y para cuando lo tengamos todo listo no nos va a dar tiempo a irnos antes -empezamos a caminar, y Jason se quedó allí, quieto-. ¿No vienes?
-No creo que nos llevemos bien, deberías de controlar un poco a la pelirroja -me mordí la lengua-.
-Creo que es lo mejor -dijo Pears, sin darle mucha importancia, y seguimos con lo nuestro-.
Me encontraba regular, me sentía un poco mareada por la pérdida de sangre, aunque no había sido mucha, la suficiente para que, junto al cansancio y la incertidumbre, me afectase más. Pears cada rato me preguntaba cómo me encontraba, y lo extraño era que no notaba ninguna diferencia, lo cual generaba incertidumbre en mí, ¿qué era exactamente lo que me tenía que ocurrir para saber si me estaba convirtiendo o no? Pears se había parado, y me di cuenta cuando me había alejado un poco de él:
-¿Pasa algo? -le pregunté, preocupada-.
-Llevamos un buen rato caminando en completo silencio...
-Ah, ¿y? Pensaba que nuestra prioridad era llegar tan pronto como pudiésemos a reunirnos con los otros.
-No, no me refería a eso. Ya ha pasado más de una hora desde que te mordió ese zombie.
-Y estoy bien...¡Estoy viva! -le di un abrazo a Pears-. No me lo creo, esto es increíble. ¿Crees que podré contribuir con algo? Debería...¿no?
-Eso depende sólo de ti, yo no entro ahí. Puedes callarte o decirlo, y tienes tiempo para pensártelo.
-Tommy me recomendó que no dijese nada, pero no lo sé...Podría solucionar muchos problemas, a lo mejor la situación se normaliza. No tengo ni la menor idea de qué hacer.
-Es que tienes que plantearte todos los aspectos, positivos y negativos de cada opción. Venga,vamos a seguir, en breve llegaremos -suspiró-. Oye, siento parecer tan borde, es que esta expedición no me parece que haya servido para nada, y en ese caso me voy a comer una buena bronca de Ralph.
-Venga, no te desanimes, lo hiciste por una buena causa. Que yo sepa hemos investigado la zona y nadie ha muerto, ¿eso tiene algo de malo? Lo has hecho muy bien, has controlado todo -le sonreí, y pareció que aquello le calmo un poco-. Y mira, hemos salvado a dos pequeñines -dije, mientras señalaba a los perrillos que llevaba en mis brazos-.
Finalmente llegamos con el resto del grupo. Se alegraban de nuestra vuelta, y al parecer todo seguía igual. Me toqué por encima de la chaqueta la herida, y sentí un dolor agudo. Le pedí al encargado de las medicinas que me dejase la bolsa para desinfectarme, y me fui a un rincón para que nadie me viese, no quería alarmar al resto y terminar mal. Decidimos acampar fuera aquel día también, se haría de noche mientras volviésemos a la ciudad, y aunque hubiesen pocos zombies, seríamos presa más fácil para ellos en la oscuridad. Improvisamos un campamento colocando las tiendas de campaña, y mientras algunas personas del grupo revisaron el perímetro. Pears hizo una llamada a la torre, y mientras me puse a revisar mi equipaje. Sonreí cuando encontré el sobre que Tommy me había dado, pensé en abrirlo, y eso hice:
"Hola Tacii, si estás leyendo esto, probablemente yo ya estaré muerto. Es broma. Sé que parece raro que te haya escrito una carta, nos vamos a ver en breve de nuevo, pero lo hago para que, pase lo que pase, sepas que te quiero. Llevamos relativamente poco tiempo juntos, pero lo suficiente como para saber que eres una persona increíble, y estar a tu lado me hace muy feliz (espero que a ti también). Alison y yo estamos muy orgullosos de lo que haces, y si en algún momento te sientes triste o sola, recuerda que te queremos mucho, y que puedes con todo lo que se te ponga por delante, no te rindas nunca".
Al leer aquella carta sentí unas ganas tremendas de volver con ellos, les echaba mucho de menos. Mañana.
¿Qué es esto? ¿Un nuevo capítulo? ¿Se ha propuesto Jane hacer algo al fin? ¡Pues sí! Soy consciente de que he tardado una eternidad en subir capítulo, pero a penas tengo tiempo para escribir, y la inspiración se me va. De todas formas, aunque no sea regular, no pienso dejar de escribir, aunque termine Tornado con 80 años. Bueno, como siempre, espero que os haya gustado el capítulo, gracias por leer y FELIZ 2016 rattleheads :3
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

