Lo comprobaron, se trataba de un suicidio de una joven, aunque sus iniciales no ayudaron a su identificación, y el cuerpo no se llegó a encontrar. Debido a la falta de datos se abandonó la investigación, aunque el correo se hizo público, el caso quedó grabado en la mente de muchas personas, bajo el nombre de "Dead poet". La autora al menos tuvo su última voluntad cumplida.
“Escribo esto para dejar claro que ya
no aguanto más. Desde que nací he sido un error, y todavía sigo
planteándome por qué he tenido que existir.
Nací de manera espontánea, nadie se
esperaba mi llegada, se puede decir que causé una “gran sensación”
entre mi familia, pero no fue positiva. Fui la menor de una familia
de 6 hijos, y heredé todo de mis hermanos, menos el cariño de mis
padres, especialmente de mi padre, que abuso de mí. La inocencia me
produjo una falsa sensación de seguridad en mí misma, llegué a
pensar que era algo circunstancial y que en algún momento alguien me
tendría en cuenta. Mis hermanos de vez en cuando jugaban conmigo al
escondite, y siempre ganaba, porque nunca les encontraba, pero mis
padres me aclararon que ellos se iban fuera de casa a jugar. Sin
importarme demasiado, me intenté refugiar en el colegio, busqué
amistades y la aprobación de los profesores, así que mis compañeros
me empezaron a llamar pelota y niña rara, aunque no cambiaron su
repertorio habitual en cuanto a insultos sobre mi decrépito estado
físico. Yo era una niña, y no le dí tampoco gran importancia,
aunque sabía que aquello tendría muy fuertes repercusiones en el
futuro. Los años pasaron, y la adolescencia llegó, lo que hizo que
pasase de ser una niña a una mujer, y conocí a gente, mucha, tanta
que me llegué a ver rebosante de felicidad, y me empecé a sentir
querida, era una sensación maravillosa. Todo aquello hasta que mis
amigos me dejaron de lado porque ya no tenían ningún interés en
relacionarse con alguien como yo, y posteriormente conocí gente a
más gente que sólo estaba a mi lado por aburrimiento, en realidad
no era nadie para ellos, un simple juguete que podían usar y tirar
cuando quisiesen, porque sabían que estaría siempre a su
disposición. También tuve mis intereses amorosos, fueron mucho peor
que las amistades. Deseaba mi muerte, pero era muy cobarde como para
suicidarme en aquel momento.
A partir de ese momento estuve
totalmente sola, aislada del mundo, empecé a dar clases por
Internet, y por suerte saqué la nota más alta posible, lo que me
permitió acceder a los estudios que quisiese, me ofrecieron
numerosas becas, pero no acepté ninguna, aunque no dejé los
estudios, ni tenía intención de hacerlo. Me interesé en la
robótica, un tema que desde que era pequeña me fascinaba, y me metí
de lleno a estudiar una ingeniería informática. Un día, al ir a un
taller a por componentes tuve un terrible accidente de coche por un
choque con un conductor que iba borracho y en dirección contraria.
Mis piernas quedaron totalmente destrozadas a causa de la colisión,
eran un amasijo de carne y huesos sanguinolentos, y los médicos no
tuvieron más remedio que amputármelas. Desde la silla de ruedas a
mi propio mantenimiento me lo tuve que pagar yo.
Ya no tenía tanta fe en que las cosas
fuesen a salir bien, y si seguía adelante tampoco sabía por qué,
lo cual me lleva a mi momento actual, la encrucijada ante la que me
encuentro. Soy más que consciente de que no formo parte de nada.
Nunca me he llegado a sentir bien conmigo misma, y cuando he pedido
ayuda lo único que he tenido es desprecio y engaño, y ya no sé
cómo combatir con ello. Ojalá fuese como un robot.
Esta es mi carta de despedida, e
imagino que tampoco te importará mucho lo que he contado, pero me
gustaría pensar que al menos alguien se acordado de mí después de
mi muerte. Gracias.
Firmado:
A.J.
Me encanta <3, perdona por la tardanza xd
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