domingo, 4 de mayo de 2014

Wings of Destiny-Cap.4: Spit it Out





Guardé la carta en mi armario, junto a la espada, bien oculto, para que nadie pudiese descubrirla y leer cuáles eran mis intenciones. Si quería reunirme con mi hermano y Zyra, tenía que intentar aliarme, aunque fuese solo por un rato, con aquellos dos elementos en los que no iba a confiar ni loca. Intenté girar el pomo, pero la puerta aún seguía cerrada, y suponía que tendría que esperar hasta el día siguiente para poder salir de allí. Era lo que me había ganado.

Hice varios intentos, a pesar de que era obvio que no se iba a abrir, y finalmente me fui a dormir. Desperté por el sonido de mi puerta abriéndose. Me levanté, me peiné un poco, me puse el uniforme de los Osbourne y me dispuse a iniciar mi jornada laboral. Llevar aquel atuendo me hacía sentir sucia y culpable, pero por mi familia no tenía que cometer ninguna locura. Fui a la sala de instrumentos, y limpié lo más rápido que pude, pero había olvidado un importante detalle. Cuando yo acababa alguien entró:

- Vaya, Kayle, ¿dónde te habías metido? -me giré y vi que era Joan la que me hablaba-.

-He estado ausente mentalmente. Han prendido fuego a mi aldea, mi madre a muerto, y hay cosas que aún no entiendo. No me encuentro con ánimos de tocar ningún instrumento -resoindí-.

-Oh, lo siento. Ya me dijo mi padre algo de prender fuego a algo, pero no sabía que sería para matar a inocentes aldeanos -no sabía si estaba usando el sarcasmo o era su forma de expresarse-. Si quieres hablo con mi hermano para que te deje unos días de descanso.

-No, te lo agradezco, pero no necesito tiempo de descanso, sino a mi familia...Me parece que estoy pidiendo demasiado.

-¡No te desesperes, mujer! En un futuro estarás casada, con hijos...

-¿Quieres que vomite? ¡Antes prefiero morir en combate! Ya tengo más que asumido que voy a morir sola, no le doy importancia, ni siquiera contaba con que eso fuese a ser posible. Seguiré con mi trabajo, que en estos momentos es lo que más necesito.

-Vale, como quieras. Pero si necesitas algo de ayuda, no tienes más que pedírmelo, haré lo que pueda.

-Gracias Joan. Yo me marcho ya a servirle el desayuno al señor Mustaine.

-¡Oh, lo olvidaba! También tienes que servirla el desayuno a la futura princesa Simone Simons.

-¿Se ha hospedado aquí?

-No, de momento sólo se ha quedado esta noche con mi hermano. Por lo menos ya tienen una fecha para contraer matrimonio -dijo Joan, totalmente despreocupada-. Bien, te dejaré seguir con tu trabajo, espero que te recuperes pronto.

-Ah, vaya... Eh, adiós.

Una vez finalicé la limpieza de la sala, fui a la cocina a preparar dos desayunos en vez de uno, como solía ser habitual. Con desgana todo lo preparé, y fui a la habitación a dejarlo. La conmovedora escena de ambos abrazándose me provocó ganas de vomitar, pero contuve y volví a mi trabajo antes de que se despertasen y se pusiesen melosos. Todo estaba normal, continué con mis tareas, y por suerte, pronto acabé, así que fui a buscar a las dos personas con las que necesitaba hablar. Encontré a Haru, que era una de ellas:

-¿Puedo hablar un momento contigo, Haru? -pregunté poniendo cara de buena-.

-Sí, claro. Pero será mejor que lo hagamos en privado, porque aquí las paredes tiene oídos, y no nos conviene que alguien nos oiga -fue caminando hasta una sala llena de libros, el paraíso, y la cerró-. Cuéntame.

-He decidido aceptar vuestra ayuda. Sé que no me comporté bien al principio, pero no estoy como para fiarme de cualquiera. Siento haberos causado tantas molestias -intenté sonreír para añadirle credibilidad al asunto-.

-Supongo que has querido aceptar la propuesta por algún interés tuyo, ¿me equivoco?

-No (sí). Quiero poder defenderme por mis propios medios y salir viva de aquí, aunque tarde años...

-Confiaré en tu palabra, espero que no me estés mintiendo. Bueno, pues te voy a dar una pequeña lección, que es fundamental para que te orientes. Las personas podemos ser de dos tipos: luchadores o magos/brujas. Esto es algo con lo que se nace, no se hace, es decir, si naces mago, con algún tipo de poder especial, por mucho que lo intentes, no puedes ser luchador (usar la fuerza como ataque). Aunque hay una leyenda que dice que hay una persona en estas tierras que es capaz de dominar ambos territorios, pero se trata de una simple leyenda. Una ves sepas eso, tendría que saber qué eres tú, porque, en caso de que seas luchadora, yo no podré ser tu sensei. Te haré una serie de preguntas, ¿vale? -asentí-. Bien, esta es la primera: ¿Qué haría si te intentan robar?

-¿Esa pregunta va a contribuir a saber qué soy? Pues bueno, si me intentan robar me defiendo a golpes. No es que sea violenta, es que ya lo han hecho tantas veces que es la costumbre.

-Vale. La siguiente, ¿crees que tienes algún poder?

-No, pero si me pongo seguro que desarrollo alguno. En caso de que sea bruja, claro. Por el momento no tengo ninguna cualidad buena...

-Qué mentalidad tan pesimista tienes, Kayle. Bueno, ahí va la última, ¿crees en los elfos y dragones?

-He oído muchas cosas acerca de ambos, pero creo que son sólo seres mitológicos. Mi hermano me contaba muchas historias sobre ellos cuando yo era pequeña, y la verdad que me fascinaban.

-Bueno, no es que me hayas puesto las cosas muy fáciles. Sólo he podido sacar en claro que tienes un gran alboroto en tu mente, un colapso que te impide ver quién eres realmente. Sin que tú sepas quién eres, no puedo darte ningún veredicto. Por el momento, tanto Gund como yo te daremos clase, y hasta que muestres notables mejoras con uno de los dos. ¿Te parece bien?

-Sí, claro, cuantas más cosas sepa mejor. Y, ¿hay algún modo de salir de aquí? No lo digo para marcharme, sino para echar un vistazo a mi aldea... o lo que queda de ella.

-No sé... Eres nueva, supongo que no.

-¿De verdad? Y si me oculto y salgo sin que nadie se entere, ¿Podre?

-No, sería algo muy arriesgado. ¿Para qué quieres salir? -preguntó Haru-.

-Sólo era curiosidad, nada más... -traté de disimular lo máximo posible-. Bueno, pues me voy a mi habitación, que luego tendréis que hablar Gund y tú sobre lo de mis clases.

-Vale. Cuando sepamos algo, te avisaremos.


Me marché  toda prisa. Tenía que pensar un nuevo plan, no pude sacar ninguna conclusión. estaba como al principio. Si la princesa Simone se marchaba, entonces yo podría aprovechar la distracción para escabullirme, pero aún seguían habiendo problemas, ¿cómo volvería sin que se diesen cuenta? La verdad, era muy complicado, pero tenía que hacerlo, o mi única familia pensaría que estoy muerta, y no nos volveríamos a ver jamás.

Cambié el rumbo de la marcha, fui hacia la puerta y se quedé un rato contemplando el panorama: había una gran cantidad de soldados, la mayoría de parte de la casa Rhapsody, y si me metía de por medio, iba a tener serios problemas. Miré por la ventana y vi que el el sol apenas se veía, estaba ocultado por una espesa niebla, pero aún así supe que ya era hora de comer. Fui a al cocina a preparar el almuerzo para Lord Rattlehead y su señora princesa. Por una vez me salió bien la comida, y me evité una bronca que ya estaba esperando. No pude evitar quedarme a escuchar la conversación de Dave con uno de sus soldados:

-Sí, Lord Rattlehead, al parecer, los piratas han aprovechado para tomar algunas de las calles del sur, y vienen hacia el castillo, "a reclamar lo que es suyo", dice. Son tan rastreros como los anarquistas -dijo el soldado-.

-No sé con quién creen que están tratando. El ejército de Osbourne es el más temido y difícil de derrotar, ni aunque nos duplicasen en número, o incluso triplicasen. Son una panda de vagos que lo único que sabes hacer es saquear las ciudades, dejarlas en la ruina, y manchar el prestigio de la zona. La verdad, si esos piratas y anarquistas se aliasen, haría una guerra sólo para acabar con la bandos y poder mantener a la gente tranquila. Odio escuchar las súplicas de las madres, que quieren "comida para sus hijos".

-Señor, puede que si ambas fuerzas se aliasen nos derrocasen.

-¡¿Qué?! -dijo Dave, totalmente incrédulo-. Está claro que os pago demasiado, mejor será que os baje el jornal y os suba las horas de trabajo, ¿no? -el soldado se quedó totalmente tenso-. Si mi señor padre hubiese oído eso que has dicho, ya estarías muerto, tienes suerte de que yo sea una persona piadosa. Y ahora márchate, que quiero comer tranquilo.

Aproveché para marcharme, antes de que Dave me echase la bronca a mí también. Durante ese periodo de transición había trazado un nuevo plan: me escaparía cuando Simone se marchase, iría a ver a Per y a Zyra, y después buscaría a los piratas para unirme a su tripulación y salir de este horror de sitio. Al fin y al cabo, por muy malos que fuesen, mejor que estar encerrada en un castillo, trabajando como sirvienta sería. Esperé pacientemente al lado de la puerta principal, limpiando la zona para disimular. Me había asegurado de coger mi espada antes de marcharme, era lo único que tenía de valor, y no pensaba dejarlo allí, y podía suponer un peligro, ya que el rey podía ordenar que trajesen mi cabeza al castillo por ser una amenaza para éste. Los guardias me miraban extrañados, aún no caía en la cuenta de por qué, pero no vi otra opción que moverme. Se oyeron unas voces aproximándose, parecían ser Simone y Dave. ¡Al fin se marchaba, y yo sería libre! Ninguno de los dos se percató de mi presencia, así que fui avanzando hacia el numeroso ejército de la princesa y me oculté entre ellos, con mi capa y mi espada, lista para defenderme en caso de que fuese necesario. Muchas cosas podían salir mal, pero estaba tan emocionada pensando que al menos me quedaba alguien, que no tenía en cuenta ni siquiera perecer en el camino. Tardaron un largo rato en despedirse, parecía que nunca llegaría la hora, pero por fin se decidieron:

-Mi querido príncipe, la próxima vez que nos veamos será para ir al altar -dijo Simone con su adorable cara-.

-Y estoy impaciente por ello, mi hermosa flor. Espero que no te aguarde ningún peligro por el camino. Vas a partir demasiado tarde, pero me he asegurado de que mis mejores soldados te acompañen hasta tus tierras. Bueno, todos menos el cabecilla, que no sé dónde demonios está.

-Me reconforta tener a sus fornidos hombres al lado. No será como tenerle a usted, pero con eso me conformo. Deles recuerdos a todos sus criados. Adiós -se arrimó a los soldados, y la puerta se abrió-.

Ahora procedía la parte primordial del plan: tenía que avanzar con cautela para que no me descubriesen, y una vez fuera del castillo, correr hacia el amplio bosque que lo rodea y perderles de vista. Me junté tanto como pude, me oculté el rostro con la capa, que por desgracia tenía el emblema de la dinastía Osbourne, por lo que luego tendría que deshacerme de ella para evitar levantar sospechas. Vi como se bajaba el puente, y pudimos pasar por él sin problemas. Nadie se había percatado de lo que estaba intentando hacer. El tiempo pasaba demasiado despacio, me parecía que llevaba demasiado para cruzar un simple puente, que suponía la puerta de mi libertad.
Totalmente metida en mis pensamientos, no me di cuenta de que ya lo habíamos pasado, y que me había alejado demasiado de mi objetivo, el bosque. Iba siguiendo a los soldados, tenía que marcharme antes de que me llamasen la atención, pero a aquellas alturas era ya algo muy difícil. Tomé un paso más ligero e intenté desviarme:

-¡Eh, tú!, ¿qué haces? -me preguntó uno de los soldados-.

-¿Yo? -miré a los lados, buscando un lugar que estuviese a mi alcance, pero no iba a poder llegar a tiempo-. Pues... iba a hacer mis necesidades y a buscar algo para comer.

-¿Eres del ejército Osbourne? -asentí, sin pensarlo dos veces, aquel malentendido me podía salvar la vida por el momento-. Oh, acabamos de salir del castillo, pero si es muy urgente, que no se haga esperar. Les diré a los demás que esperan, ¿vale?

-No, no es necesario. Agradezco su bondad, pero la verdad es que soy bastante rápido, y por mucho que tarde los alcanzaré igualmente. O si me extravío, les aseguro que volveré aquí, no es necesario preocuparse, ahora lo principal es la seguridad de la princesa.

-Bien, entonces, nos veremos -dijo el soldado italiano mientras retomaba el paso con desgana-.

Me había salvado aquel malentendido, pero a la par me sentía ofendida... ¿Nadie había notado que era una chica? Me planteé cambiar mi aspecto cuando tuviese oportunidad, ya a bordo de una gran navío. No quería que todos pensasen que era un hombre por mi aspecto.

Corrí libre por el bosque, una vez di con él, y cuando consideré que había avanzado bastante, me quité la capa, y aunque así mostraba mi rostro, y a la vez mi identidad, me había deshecho de la prueba que más me preocupaba para me localizasen. No recordaba muy bien en qué dirección estaba ami aldea, y ahora que había sido arrasada, nadie podría ayudarme. A medida que me adentraba, veía más gente de otros feudos intentando cazar o tocando algo de música para animar el ambiente.

Le pregunté a uno de esos individuos dónde se hallaba mi aldea, y supo decírmelo, al parecer no estaba todo perdido. Miré al cielo, y vi que la noche se iba a apoderar pronto de todo el ambiente, a´si que tenía que apresurarme antes de que esta cayese y no pudiese ni moverme, y en ese momento recordé también que Zyra y Per me estarían esperando, no podía hacerme esperar o se acabarían yendo, y mi marcha habría resultado en vano. Corrí como alma que lleva el diablo hacia la dirección que el hombre al que pregunté me había indicado, y respiré aliviada al ver que no me había equivocado de lugar. Salí del bosque para ver el estado de la aldea, y era peor de lo que me esperaba: todo había sido reducido a cenizas, pero eso no era lo peor. Los bienes que habían resistido estaban siendo robados por una panda de ladrones que se había apoderado de la zona. Volví sobre mis pasos, no quería arriesgarme a que aquellos criminales me interceptasen y estableciesen una lucha conmigo, haciéndome perder tiempo. Fui recorriendo todo el sendero gritando el nombre de mi hermano, pero no daba resultado. Esta vez me alejé un poco más, y por suerte pude dar con dos personas que estaban escondidas en los matorrales. Cogí mi espada, y con cautela descubrí a aquellos individuos. Respiré tranquila cuando vi que eran ellos:

-¡Kayle! -dijo mi hermano mientras se levantaba de su escondite y me daba un abrazo, al que Zyra se unió-. Ya pensé que no vendrías.

-No quería tenerte en ascuas por mi ausencia. Arriesgué mucho para llegar hasta aquí, y me alegro de haberlo logrado -añadí-.

-Nosotros también nos alegramos mucho de verte, pero tenemos que decirte una cosa. El incidente de la aldea ha atraído a muchos criminales a estas tierras: ladrones, asesinos, estafadores... y algunos piratas despiadados, y te recomiendo que te alejes lo máximo posible de aquí. ¿Estabas segura en el castillo? -me preguntó Per-.

-Sí, no había ningún problema allí, ¿por?

-Porque si es así, yo me quedaría más tranquilo si te quedas allí por un tiempo, hasta que esta mala racha acabe y podamos volver a reunirnos.

-¡¿Cómo?! Yo tenía pensado hacerme pirata -dije totalmente resignada-.

-¿Estás loca? Hacerte pirata es una locura, hasta yo he descartado esa idea. El mar se está embraveciendo por momentos, y no te recomiendo intentar dominarlo cuando no sabes nada de navegación. Sería una condena a muerte.

-Quieres decir que ahora debo de volver al lugar del cual me he escapado, ¿no? -asintió-. No creo que eso pueda hacerlo, si descubren que me he escapado me matarían, y es imposible que no se den cuenta.

-Es la única solución que se me ha ocurrido. Sé que no te gusta estar allí, pero estás a salvo, tienes una cama en la que dormir, y comida para llenar tu tripa cuando es necesario. Intenta seguir con ello, regresa al castillo y di que alguien te secuestró.

-No creo que esa mentira vaya a colar. El señor Osbourne ha vivido mucho tiempo, el suficiente como para igualarse con el diablo. No es fácil engañar a alguien que probablemente tenga mucha más experiencia que yo en el tema. ¿No puedo ir con vosotros?

-No, no puedes, querida Kayle -dijo Zyra, que hasta el momento no había abierto la boca-. Allí a donde Per y yo vamos es muy arriesgado llevarte.

-Sí, el simple hecho de que ella y yo vayamos a ir ya es un gran peligro -comentó Per, angustiado-. Pero si conseguimos llegar, estaremos bien allí por un tiempo. Te pido un plazo de dos años. Tú espérame aquí, en este mismo sitio, y nos veremos de nuevo. Si cumplimos con nuestra plazo, sabremos que todo nos ha ido bien. ¿Vale?

-Sí, si me parece muy bien, pero, ¿qué voy a hacer yo ahora? No puedo volver al castillo así, sin más. Necesito algo que me sirva para volver...

-Está oscureciendo, así que lo mejor será que cada uno emprenda su camino. Eres mi hermana, Kayle, y confío en que todo te va a ir bien. Mucha suerte -nos volvimos a abrazar, y nos separamos definitivamente-.

Cuando mi hermano y Zyra se hubieron alejado lo suficiente, caí de rodillas al suelo y estuve largo y tendido pensando en qué podría hacer. No me había planteado la posibilidad de volver al castillo, y no pensaba hacerlo, era un suicidio. Regresé a lo que quedaba de aldea, vi que había una taberna que, por suerte, no había sido dañada por el fuego y quise entrar, pero después de la advertencia de mi hermano, temí hacerlo y me alejé. Quería encontrar a unos piratas, me daba igual de qué tripulación, con tal de que alguno me aceptase, pero no era nada más que una inútil niña, por lo que me iba a resultar algo complicado llevar a cabo mi tarea. Pregunté a unos hombres que iban formando un gran escándalo por las calles, pero ni siquiera eran piratas. Algunos se habrían cobijado en el bosque, así que volví de nuevo. Unas voces me alertaron de que había alguien cerca, ya que la oscuridad se había apoderado de la escena. Noté que alguien desenvainaba su espada, y yo hice lo mismo para protegerme. Fui corriendo a una zona más iluminada, y vi que un hombre me había estado siguiendo para atacarme, pero por suerte me pude defender con lo que mi hermano me había enseñado.

Nuestro enfrentamiento era demasiado largo, ya me estaba cansando. Le lancé una estocada que le hizo retroceder, y se marchó. Me sentí aliviada por un momento, hasta que noté el frío acero atravesando mi estómago. Al principio pensé que era una alucinación, una paranoia, pero cuando miré en dirección al suelo, vi que un charco de sangre se estaba formando a mi alrededor, y con el gélido viento de mi parte, caí al suelo.





Y este ha sido el capítulo, fin (esta vez no he puesto lo de contar e's porque sólo lo hacía una persona, a la cual debo creo que 3 o 4 dulces TwT). Espero que os haya sido llevadero, porque me ha costado bastante escribirlo y aún así me parece muy corto. Y ahora ya podré recuperar horas de sueño, ¡bieeeeeeeeeen!
Servidora se despide hasta el próximo cap. de la próxima historia, que probablemente sea Superhuman o Risk. Mierda, leed la sección de "Dedico canciones", que está entretenida :v RECUERDO QUE SI ME CONOCES YA APARECES




1 comentario:

  1. ¿¿¿¿CÓMO ERES CAPAZ DE MATAR A LA PROTA???? Si no resucita te buscaré, te torturaré y te asesinaré.

    P.D.: Te quiero mucho, tete girl ;)

    ResponderEliminar