domingo, 22 de febrero de 2015
Unchain Portal-Cap.2: A new dimension
Me había echado un rato en mi cama, y me había quedando mirando fijamente el techo, esperando a que me informasen sobre mi nuevo trabajo. No me entusiasmaba la idea, y menos sabiendo que se trataba de un trabajo peor del que tenía antes. No sabía qué hacer, estaba aburrida, y además desmoralizada, pues no hacía nada más que pensar en las palabras que me habían dicho. Nunca e había llegado a sentir así de inútil. Me sobre salté al ver que aparecía una escena en mi portal, al parecer ya estaba configurado. Me levanté, y no dude ni un segundo en cruzar el espejo para al menos despejar mis dudas sobre el trabajo que iba a desempeñar ahora. Antes de cruzar el portal me di cuenta de que desprendía un olor horrible, no me esperaba nada bueno detrás del espejo, aunque no me quedaba más remedio que cruzarlo.
Todo estaba oscuro al otro lado, no se veía nada. Por suerte me habían dejado una linterna y unos guantes. De verdad que estaba literalmente deseosa de saber qué me deparaba, pero no se veía nada. Noté que hacía muchísimo frío, pero no tenía nada para abrigarme, me iba a tocar tener que aguantarme. Al fin llegué al que parecía ser mi nuevo oficio: decenas de cubos de basura, y tras ver aquel panorama, la voz detrás del altavoz habló:
-Voilà! A partir de ahora trabajarás clasificando la basura, reciclando. Ya sabes, aquí es primordial el reciclaje, para que veas que tienes un trabajo importante -dijo con voz sarcástica-. Espero que estés agradecida, ahora sí que empezarás a trabajar de verdad, ya no tendrás tiempo para pensar en las estupideces en las que piensas con frecuencia. Así espabilas. En aquella mesa que está a tu vista tienes un dossier con todo lo que tienes que hacer diariamente, y si no lo cumples el castigo será mayor que al que estás acostumbrada, pues esto es algo muy serio. ¿Queda claro? -asentí, con la finalidad de gastar la mínima cantidad de palabras posibles-. Bien, pues ya puedes empezar. Por ser el primer día, no he sido tan duro, pero te espera una dura jornada por delante aún así. Me despido.
Suspiré, no me quedaba nada más que hacer, simplemente cumplir con las órdenes si no quería que me castigasen. Además, no me daba muy buena espina que el castigo ahora fuese peor, no me imaginaba que podían llegar a hacerme si no cumplía. Aunque haría lo mismo de siempre, haría todo lo que estuviese a mi alcance, y si no podía cumplir aún así las expectativas que tenía fijadas, me tendría que comer la penalización con patatas.
Dejé mis pensamientos de lado y me puse manos a la obra, bueno, mejor dicho, manos a la basura. Antes de nada tomé el documento que debía de leer para saber qué diantres tenía que hacer. Clasificar basura, bien, eso estaba entendido. Tenía una jornada de 16 horas, y si no cumplía con mi objetivo diario, que era reciclar toda la basura producida por toda la gente diaria no tendría ninguna paga, y me quitarían mi límite de palabras por una semana. No sabía quién había redactado aquello, pero debía de ser alguien que estaba de muy mal humor, o al menos, que me odiaba con toda su alma. Me puse los guantes y me metí directamente dentro del contenedor. Tenía que coger cada cosa y echara en el contenedor correspondiente, no era tan difícil como parecía, aunque aguantar el olor era lo más costoso. Mientras clasificaba algunas cosas de la basura, me encontré una cosa extraña, como una réplica de una mujer, pero en pequeña. Pensé que se trataba de un cadáver de una mujer miniatura, pero no respondía, de hecho, parecía estar hecha de plástico. Me quedé sorprendida al ver aquella extraña figura, y pensé en guardármela. Me preguntaba, "¿De dónde venía aquella maravilla?". Salté del cubo y fui hacia el portal, lo crucé y dejé la criatura en mi cuarto. La guardaría tan bien como pudiese con tal de que no me la quitasen. El hecho de tener un objeto propio sin que me penalizasen por ello me producía un cosquilleo curioso en el estómago, no me sentía mal después de todo. Volví a mi contenedor, el cual sería como mi segundo hogar a partir de ahora, pero tuve la mala suerte de cae sobre un lecho de cristales, y me hice un corte muy profundo en el brazo. Tenía clavado un cristal entre el codo y la mano, y algunos pequeños me habían penetrado en la parte superior, al lado del hombro. ¿Qué podía hacer ahora? Nunca me había pasado algo parecido, en el laboratorio nunca me hacía ni un rasguño, por esa razón que estuviese dubitativa. Por un momento me planteé la posibilidad de comunicarme con el superior, pero lo descarté en seguida, no quería que se metiese más conmigo. Me acerqué al portal, normalmente allí había configuraciones determinadas para el portal por si pasaba algo. Miré el cartel: apagar fuego, robo, pelea, heridas. Bien, tenía que poner la configuración de heridas, no tenía que seguir leyendo, pues era eso. Parecía que estaba muy alejado de mi zona, demasiado, pues tardé una eternidad en llegar. Intenté extraerme el trozo de cristal que tenía clavado, pero me salía mucha sangre, y me estaba empezando a marear, lo que no me convenía. Estaba muy preocupada, no solo por mi percance, sino por lo que pasaría si no cumplía con mi objetivo de hoy. Me dio un escalofrío, tenía ganas de vomitar y empezaba a sentirme muy débil, pero intenté aguantar como pude, diciéndome "Lo tienes que hacer, es tu obligación". Si no hubiese sido tan torpe no me habría cortado, y mis actos no tendrías consecuencias. Al fin llegué. Crucé el portal y vi que era una sala no muy grande, y totalmente blanca. Miré alrededor mía, intentando averiguar que era lo próximo que tenía que hacer para curarme. Me sobresaltó ver que venía alguien, tenía miedo de que fuese algún mandado del superior para castigarme, así que me oculté tan bien como pude. Era una figura extraña, no sabía de qué se trataba, no era una persona, de eso estaba segura:
-Seas quien seas, no te escondas -dijo aquella criatura, así que salí de tu escondite-.
-Vale -dije, mientras salía, intentando no llamar más la atención, que suficiente había hecho ya-.
Cuando me vio, se quedó mirándome, como si no hubiese visto nunca jamás a una persona. Me eché para atrás, insegura, no sabía que pretendía aquel ser.
-¿Qué eres? -me preguntó-.
-Una persona -me hizo el símbolo de espera y se fue-.
Al poco tiempo volvió con papel y dos bolígrafos. Entendía que lo hacía para no gastar palabras, al parecer también tenía un límite. Entonces empezamos a escribir en el papel:
-Ya sé lo que eres, eres una mujer -leí lo que había puesto, y me sorprendió leer aquello, así que procedí a responderle-.
-Pues claro, ¿qué iba a ser sino?
-Vaya, que ignorantes sois las mujeres. ¿Crees que yo soy un marciano o algo parecido?
-No lo sé, pero lo único a lo que yo venía era por mi brazo...
-Supongo que te habrás equivocado al poner el comando del médico, este es sólo para hombres, aunque viendo lo mal que estás, creo que lo mejor es que te quite ese cristal y te vea la herida, probablemente te tenga que poner puntos y hoy no podrás trabajar.
-No me digas eso, por favor, tengo que trabajar o sino me espera una larga temporada sin comer ni hablar.
-Ven, ponte en esta silla, que te voy a mirar el brazo.
Me senté en la silla y aguanté el dolor mientras me sacaba el cristal. Me había quedado pensativa tras haber hablado con aquella "persona", pues me había dicho demasiadas cosas que no me cuadraban. Dijo algo de "hombres", y yo tenía oído que eran una especie extinta, pero sabía que no era una mujer, así que tenía sentido. Entonces, si nos habían mentido con eso, ¿qué otras mentiras nos habrán contado a parte de esta? Vivíamos en una mentira, y lo peor es que no podíamos hacer nada para remediarlo.
-¡AY! -grité cuando me echó alcohol en la herida-.
-Lo siento -respondió el hombre-.
Estuvo un rato manipulando mi brazo, me cosió el corte y al fin me sentí mejor, aunque la situación me resultaba de lo más incómoda. Cogí el papel, no me quería ir sin preguntarle algunas cosas que no me habían quedado claras:
-Oye, ¿por qué me he equivocado?
-Porque las mujeres tenéis otro médico diferente. No sé si lo sabes o si alguna vez te lo dijeron, pero a los hombres nos dicen que las mujeres ya no existen, y lo mismo pasa con las mujeres, y eso lo hacen porque no quieren que nos relacionemos. Es complicado...
-Ah, vaya, no tenía ni idea, gracias por contármelo. ¿Nos volveremos a ver? No es que tenga muchas amigas...
-No sé, no creo que volvamos a coincidir, de hecho, lo más seguro es que si nos descubren aquí comunicándonos nos apliquen condena perpetua, así que lo mejor es que no nos volvamos a ver. Aún así, encantado de conocerte, a lo mejor en un futuro nos volvemos a ver. Y por cierto, yo sería tu amigo, no tu amiga -sonrió cuando vio que lo había leído-.
-Vale, adiós.
Dejé el papel en su mesa y me fui. Me dio un poco de pena, era la primera persona con la que hablaba con alguien desde hace 6 meses, y me sentí bien al hacerlo. No entendía muy bien la razón por la que no dejaban a los hombres y las mujeres relacionarse, no tenía mucho sentido. Crucé el portal, que me llevó directamente hasta mi trabajo, aunque no me encontraba en condiciones como para darlo todo separando basura. Aún así continué, con cuidado de no volver a cometer el error de caer en los cristales. Miré la hora, aún me quedaba muchísimo trabajo, y muy poco tiempo, así que me quedé hasta que terminé, y me di cuenta de que sólo iba a dormir 2 horas, por haber perdido tanto tiempo por el maldito accidente. Me fui a la cama agotada, había sido un día demasiado ajetreado para lo que estaba acostumbrada. Me eché, y empecé a dar vueltas, ni siquiera podía conciliar el sueño, me era imposible, no hacía nada más que pensar en lo que aquel chico me había dicho, y en haberle conocido, había sido el suceso más raro de toda mi vida, y el caso es que esperaba volver a verle, estaba casi segura de que en un futuro no muy lejano nos encontraríamos. Y empecé a hacer planes en mi cabeza, ya no tenía sueño.
Ha sido un capítulo corto, pero no voy ha hacer los capítulos de esta novela muy largos, porque sino no durará ni 3. Gracias por haber leído.
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