domingo, 15 de marzo de 2015
Tornado of Souls- Cap.32: On the road
Slash, Marty, Steven y yo observamos la escena detenidamente: Melisse y los suyos nos habían tendido una trampa para acabar con nosotros, pero no les iba a ser tan fácil. Los que estábamos fuera teníamos la ventaja de poder atacar por detrás a nuestros enemigos, y eso sería lo que hiciésemos. No llevábamos muchas armas, las justas para defendernos en caso de que algún caminante apareciese, por ello teníamos que pensar algo rápido y que no fuese muy escandaloso, además de que no pusiese en peligro a los nuestros, al menos más de lo que ya había:
-¿Ahora qué hacemos? Los tienen rodeados -dijo Steven-.
-No lo sé, estoy intentando pensar algo que pueda ser útil, pero somos muy pocos -respondió Marty, sin dejar de mirar en dirección a el hotel-.
-A ver, nos han tenido una trampa, eso es un hecho, pero no puede cundir el pánico tan fácilmente, tenemos que mantenernos fríos para poder afrontar la situación. Contamos con el factor de que ellos no saben dónde estamos, puede que hayan caído en que falta gente, pero no de dónde estamos, así que tenemos que pensar algo rápido -comenté-.
-Se me ocurre una cosa, pero tal vez sea una tontería... -dijo Steven, con vierta inseguridad-.
-Dila -le pedimos todos-.
-Bien, pues sería la siguiente: somos cuatro, y si nos quedamos todos en el mismo sitio, es mucho más probable que nos descubran que si nos separamos, por lo que deberíamos de alejarnos, al menos un poco, los unos de los otros. Después, la persona que tenga mejor puntería tendrá que arriesgarse un poco, acercarse con una pistola y disparar a Melisse, que es la que lleva la voz cantante. Si todo sale bien, sus solados estarían descolocados por el giro inesperado, así que aprovechamos y entramos todos, los matamos y ya está.
-Pues no era una tontería, la verdad, es lo mejor que podemos hacer, al menos en mi opinión -respondí-. Pero hay un pequeño inconveniente: si la persona encargada de la pistola falla, estará muerta.
-Simplemente tengamos fe en que funcione, y sino, improvisaremos, al fin y al cabo es lo que hemos estado haciendo desde que empezó toda esta mierda de los caminantes-añadió Marty-.
-Bueno chicos, como parece que el plan es el mejor que se nos ha ocurrido hasta el momento, será el que pongamos en marcha, y todos sabemos quién es la que mejo puntería tiene con armas de fuego -todos me miraron a mí tras las palabras de Slash-.
-Eh, no, ni en broma, que no soy tan buena como para acertar algo tan complicado.
-Tacii, eres la que mejor puntería tiene, al menos de los que estamos aquí, y si no hacemos algo pronto los nuestros morirán, porque dudo que Melisse y sus gorilas les pongan a cantar y a comer piruletas ahora que puede vengarse de lo que les hicimos cuando nos escapamos de su campamento -dijo Slash-.
-Está bien, lo haré. Dame la pistola y veamos que pasa.
-Sólo quedan tres balas, no las malgastes -añadió Slash-.
-Ya sé que andamos escasos de munición, sólo dispararé si es necesario, a parte de cuando ya haya pegado un tiro a esa loca de Melisse.
Aquellas palabras fueron las últimas que intercambiamos antes de iniciar el plan. Cada uno se fue a una esquina, salvo yo, que me quedé donde estaba planeando cómo acercarme sin que nadie me viese. Tenía una presión tremenda con respecto al disparo, si fallaba, todo se iba al garete, por lo que tenía que poner especial atención a mi puntería, pues dependía directamente de ella el plan. Por si las moscas, me puse a pensar en qué hacer si salía mal, aunque con los nervios mi mente no estaba tan despejada como podía haberlo entado, y entonces si podría haber pensado algo mejor.
Tomé la pistola, y apunté varias veces en dirección a Melisse. El problema era que no sabía si iba a tener el rango suficiente como para darla, tenía que acercarme tanto como pudiese para asegurarme de que no fallaría. La zona estaba muy despejada a causa de la explosión, lo que significaba que si salía de mi escondite quedaba automáticamente expuesta a cualquier amenaza, pero tenía que arriesgarme. Me agaché y empecé a aproximarme al lugar de la explosión, y antes de prepararme para apuntar observé la situación: todo nuestro grupo estaba organizado, y estaban rodeados por el grupo de Melisse, incluyéndola a ella. Pude ver a Pears, que estaba hablando, probablemente le habían preguntado algo. Era el momento perfecto, cogí la pistola, y sin dudarlo dos veces, disparé tan bien como pude, sin ignorar el tembleque de mi brazo. El sonido del disparo retumbó, hasta ahogarse en el silencio, seguido por un descontrol total del grupo de Melisse. Me intenté fijar bien, y la vi allí, en perfectas condiciones, al parecer había fallado lo único importante que tenía que hacer y que nos podía haber salvado. Me intenté ocultar, pero ya era demasiado tarde:
-Vaya, parece que algunos perros de la manada están fuera...Me lo imaginaba -dijo Melisse tan alto que fui capaz de entenderla-. No creo que quieras volver a intentar atacarme, o haremos explotar la otra carga que tenemos colocada. No diré dónde, pero sólo añado que empeorará mucho más las cosas para vosotros. Ahora acercaros y hablemos, que hace mucho que no nos vemos.
-Al parecer, a pesar de no haber estado en contacto tú has estado muy interesada en nosotros -la dije, mientras me acercaba a ella y miraba a mi alrededor, intentando ver a los otros que estaban conmigo-. Rose os ayudó mucho, ¿verdad?
-¿Para qué negar lo obvio? -respondió aquella ruja, riéndose como si de un chiste se tratase-. Sí, fue muy útil, aunque ya no la necesitamos, os tenemos en nuestras manos.
-Bien, pues dinos qué es lo que quieres de nosotros -la dije una vez que ya estaba con el resto del grupo y los invasores-.
-Queremos que vengáis con nosotros, sé que os encantará, aunque la última vez no fue muy bien. Bueno, en realidad os queremos para que trabajéis para nosotros.
-¿Quieres decir algo así como esclavos? -preguntó Pears, que parecía impactado por las palabras de Melisse-.
-Sí, pero no con esas palabras, que suena muy duro -Melisse se volvió a reír-.Todos vosotros vendréis con nosotros, sí sólo sí queréis seguir con vida.
Entonces me di cuenta de que Marty, Steven y Slash se habían acercado, así que disimuladamente tiré la pistola a un lugar en el que la pudiesen coger sin llamar la atención de el grupo de soldados. Para cuando se dieron cuenta de que yo no era la única que estaba fuera ya era tarde. Me uní a ellos y empezamos a pelear con ellos, lo que a Melisse la pilló desprevenida. Slash la disparó en un brazo, y dijo:
-Más te vale irte y no volver o te pegaré un tiro, y te aseguro que no tendremos compasión por ti.
-Pues dispara ya si tienes valor -le respondió, con su mirada de psicópata-. Total, si no me matas ahora, me matarás después. De hecho, te animo a hacerlo, así al menos tendré una excusa.
-¿Excusa? ¿Para qué? -pregunté-.
Entonces sonó un estruendo tremendo, y el hotel empezó a arder y algunos trozos de pared se desprendieron. Había puesto explosivos dentro de nuestro refugio, y ahora ya no había nada, sólo un montón de escombros en llamas, donde estaban todas nuestras cosas, y ahora ya no quedaba nada. Cogí la pistola que llevaba Pears, también escasa de balas, y ya disparé en sus extremidades:
-¿Por qué no me matas?¿No tienes agallas o qué? -me preguntó Melisse, provocándome-.
-Porque así morirás, pero tardarás más, lo que significa que sufrirás. Había pensado en llevarte con unos amigos tuyos que seguro que agradecen tu visita, pues llevarán un tiempo sin comer y ya tendrán hambre -me miró con un rostro diferente al que tenía hace un segundo, podía ver reflejado hasta miedo-. No te preocupes, si te conviertes yo te mataré.
Los soldados salieron corriendo, pensé que se quedarían para defender a su jefa, pero al parecer preferían salvarse ellos y dejarla a ella a cambio. Comprobé que estábamos todos sanos y salvos, que nadie se había quedado en el hotel antes de la explosión, y por suerte todos estábamos bien, aunque aún se respiraba cierta tensión en el ambiente:
-¿Todos bien? -preguntó Pears mientras examinaba los restos del hotel-.
-Aparentemente sí, pero nos hemos quedado sin nada, y a lo lejos se acerca una horda de unos 30 caminantes. Deberías de darnos prisa en movernos, o nos los cruzaremos, y podríamos matarlos sin problemas, pero nos queda muy poca munición, y las armas que llevamos no creo que ayuden demasiado -respondí, intentando no enrollarme mucho-.
-Lo que nos faltaba -comentó Junior, con tono de preocupación-. Creo que primero deberíamos de ir a observar los restos del edificio, a ver si hay algo que se pued salvar, y después nos vamos a buscar nuestros vehículos, a ver si encontramos una zona cerca que nos sirva como refugio, al menos por ahora.
-Vaya, Junior se nos hace mayor, si hasta tiene buenas ideas y todo -añadió Dave, que llevaba en brazos a la pequeña Alison-.
Dejamos atrás a Melisse, que estaba inconsciente en el suelo, no sabíamos si estaba viva o no, pero tampoco nos importaba, ella había destruido nuestro hogar, y esto es una lucha por la supervivencia, no podíamos permitirla seguir, y fuimos a buscar entre los escombros del hotel. Era todo un caos, no había nada que pidiésemos hacer, todo se había reducido a nada. Y pensar que hace menos de un día habíamos estado dentro del hotel, gozando de la falsa seguridad que este nos ofrecía. Pero como todo lo bueno, se acabó, ahora nos tocaba encontrar otro lugar en el que vivir, no podíamos estar yendo de un lado a otro, como hacen los propios caminantes, y menos con dos niñas pequeñas, que necesitaban tener ciertos descansos, pues no tenían la misma energía que nosotros.
Me aparté de mis pensamientos para centrarme en lo siguiente que haríamos. Probablemente Pears ya había pensado adónde podríamos ir, aunque nadie decía nada, estábamos mirando las ruinas de nuestro hogar como si una parte de nosotros hubiese muerto con él. Rompí el incómodo silencio que nos invadía:
-Venga, chicos, tenemos que mantenernos firmes, al menos podemos salir adelante, tenemos posibilidades, y lo que es más importante, nos tenemos los unos a los otros...
-Coincido contigo, Tacii -respondió Pears-, pero nos hemos quedado sin nada, no solo hemos perdido un hogar, sino que también nos hemos quedado sin recursos, es decir, comida, bebida, medicamentos y armas. No es que tuviésemos gran cosa, pero ahora no tenemos nada, y algunos podremos sobrevivir unos cuantos días sin comida, pero Kinzie y tu hija no. Por eso, al menos yo, me siento triste, y trato de mantenerme firme, pero soy débil. No puedo mostrar frialdad ante la destrucción de nuestro hogar, porque no son esos escombros que ves ahí por lo que siento pena, sino por esa seguridad y "semi-vuelta" a la vida normal, cuando no había zombies hambrientos por las calles. Extraño mi vida antes de esta mierda...
-No sé qué decir, la verdad... -me había quedado sin palabras-.
-Lo mejor es que busquemos un sitio al que ir y hablar allí de qué hacer de aquí en adelante, ¿no? -preguntó Marty-.
-Sí, vayamos a por los vehículos. El coche irá delante de la caravana. En el coche irán los mejores luchadores, por si tenemos algún problema en la carretera, y en el autobús irán los más fuertes, que defenderán a los más vulnerables, que serán los pequeños, a los que cuidarán. Eso de momento. Y si por el camino veis algo raro, no dudéis en decirlo, aunque sea el detalle más insignificante, no sabemos dónde están establecidos los secuaces de Melisse, y probablemente si nos ven vendrán a por nosotros. Recordad, ellos tienen formación militar.
- Y tú también, Pears, además, no necesitamos ser expertos en combate para ganarlos. Sino no habríamos salido vivos del campamento de Earl -dijo Dave-.
No tardamos en ponernos en marcha. Nuestros vehículos no estaban muy lejos, pero sí lo suficiente como para que oscureciese. Por el camino nos encontramos algunos zombies en grupos pequeños, aunque me tranquilizó bastante, si habían caminantes por aquella zona significaba que por allí no estaba el grupo de Melisse, y no nos podrían tender una trampa. Nos dimos prisa, y no tardamos en llegar demasiado, aunque era inevitable que hubiese anochecido. Me metí en el coche con Junior, Slash, Pears, Nick y Steven. A pesar de habernos organizado tan bien como pudimos, el la caravana iban un poco justos de espacio, pues éramos un número considerable de personas, pero también habíamos perdido a muchas, de hecho, éramos menos. Suspiré al recordar a todos los que habían muerto y los que se habían ido, pero sobre todo por los primeros. Era cierto, echaría de menos aquel sitio...
Tras unas pocas horas conduciendo sin problemas, llegamos a una gasolinera ciertamente pequeña, aunque era suficiente para pasar la noche. Estaba llena de caminantes, pero los deshicimos de ellos, no nos quedaba más remedio si queríamos estar a salvo, al menos por un rato. Quedaba muy poca gasolina en aquel lugar, pero la justa para que pudiésemos ir con tranquilidad en nuestro próximo viaje. Echamos un vistazo a la tiendecilla, al parecer alguien ya la había saqueado con antelación, aunque quedaban algunas cosas, como barritas o caramelos, nada que alimentase en general. Nos sentamos en círculo, y Pears sacó un mapa de Long Beach:
-A ver, nosotros estamos aquí -dijo, señalando-. No nos interesa seguir avanzando en esta dirección, porque adentrarnos más implica encontrarnos con hordas más numerosas, así que iremos en dirección contraria e iremos al puerto. Había pensado en coger un barco, si queda alguno, e ir a Canadá, a ver si la plaga allí ha sido menos devastadora. Pero antes tenemos que reunir recursos para aguantar el viaje, y además poder salir adelante cuando lleguemos, en caso de que la situación sea peor que la de aquí, o aunque sea la misma, necesitaremos comida antes de poder encontrar allí más. Por ello que, en estos días, nos iremos moviendo en busca de comida, medicamentos y armas, y cuanto antes tengamos de las tres cosas, antes podremos disfrutar de unos días de tranquilidad que nos brindará el mar. Si la cosa sigue mal en Canadá, sólo tendremos que volver al barco y buscar más. Espero que en tres días podamos hacernos con todo, supongo que es suficiente. Por lo que, hasta que no tengamos todo, pasaremos el día en la carretera, y la noche en gasolineras o zonas en las que podamos descansar, nada fijo, hay que moverse constantemente. ¿Qué os parece?
Todos asentimos, era muy buen plan, y si salía bien nos libraríamos de zombies por un tiempo, a menos que supiesen nadar. Pero de lo que no nos libraríamos sería de nuestros mayores enemigos: nosotros mismos, los seres humanos.
Y ya está, este es el capítulo. Espero que os haya gustado, hace mucho tiempo que quería subir Tornado, pero con los exámenes y demás contratiempos no pude dedicarle tiempo, Espero que os haya gustado, gracias por haber leído, se avecina un capítulo muy salseante :3
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario