sábado, 30 de julio de 2016

Vídeos musicales CON MERY


-"Fear of The Dark" de Iron Maiden: Este vídeo fue el que me inició en el mundo del METAL. Recuerdo haberlo visto unas 10 veces seguidas, y sigue resultándome fascinante cada vez que lo veo, como si fuese la primera. Muy, muy recomendado.

-"Sweet Child O' Mine" de Guns N' Roses: Un vídeo que tuvo un gran impacto en mí (es una historia muy larga).

-"Never Gonna Give You Up" de Rick Astley: Una canción mítica con un vídeo bastante simpático. No es grandioso, ¡pero mirad ese movimiento de caderas del zanahorio! Yo aprendía  bailar con ese vídeo, no digo más.

-"Gates Of Horn and Ivory" de The Agonist: (el vídeo lo dice todo)





-"I Speak Astronomy" de Jinjer: Un escenario muy currado, y los efectos, personalmente, me parecen preciosos.



-"Angels Don't Kill" de Children of Bodom:  Un concierto espectacular, y creo que es más conocida esta versión live que la original. Y es que ver a los maestros en acción da gusto, ¿a que sí?

-"Sing To Me" de Delain (ft. Marco Hietala):  A parte de ser una colaboración magnífica, la forma en la que se presenta el vídeo (para ser la simple letra de la canción) es tan bonita <3 Las caras de Marco Hietala son para enmarcarlas, si es que es muy grande este hombre.

-"Fighter" de In This Moment: El vídeo es muy simple, pero es también muy diferente a lo que la banda había hecho hasta el momento.

-"Confrontation" de OTEP: El primer vídeo que vi de la banda, y mi favorito hasta el momento. Es un vídeo bastante realista (respecto a lo que muestra, que va de la mano con el significado de la canción).



-"Before The Fall" de September Mourning: La historia que cuenta, ese es el motivo por el cual se halla este vídeo aquí (simple, ¿verdad?).

-"Thunderstruck" de AC/DC: ¿Hace falta que lo explique? ¡Es Thunderstruck!

-"Stars" de Hear N' Aid : Un vídeo conmovedor, por la intención con la que fue hecho, y por la cantidad de músicos reunidos para la causa. Es pura epicidad, un vídeo que hay que ver sí o sí antes de morir.

-"Draconian Love" de Avantasia (ft. Herbie Langhans): tengo un crush muy grande con Herbie. Y el vídeo también me gusta, sí.

-"You Give Love A Bad Name" de Bon Jovi: Uno de los vídeos más representativos del hard rock de finales de los años 80, y con razón.

-"Celebrate" de Doro Pesch:  Esta versión concreta, ¡esta! Se me saltan las lágrimas de verlo.

-"Unleashed" de Epica: (me quedo sin palabras). ¡Paranoia!

-"Walking on Water" de Jorn Lande y Trond Holter: La ambientación está genial, pero lo mejor es Jorn, un apasionado de su trabajo, un maestro, ¡un genio!

-"March of Mephisto" de Kamelot: Aunque no esté en HD, todo en este vídeo es perfecto, y ya está (que me perdone el señor Karevik porque he pecado y no he escogido uno en el que él saliese).

-"The Beautiful People" de Marilyn Manson: Considerado como políticamente incorrecto, criticado por millones de personas, he aquí este controvertido vídeo: una obra de arte para unos, un horror para otros. ¿Simbolismos? No, para nada...


-"Nothing Else Matters" de Metallica:  Obra maestra. A llorar toca.

-"A Tour Le Monde" de Megadeth: Un vídeo muy simbólico, sobre todo para nuestro Mustaine, que por aquellos tiempos estaba pasando una muy mala racha.

-"I Don't Beliebe In Love" de Queensrÿche: Uno de los vídeos que probablemente más he visto. Muy, muy bueno, y muy cierto.

-"Highwire" de The Rolling Stones: No es que sea un clásico, pero son los Rolling. No tengo nada más que decir, señoría, es un vídeo muy animado y el escenario me encanta.

-"Paradise (What About Us)" de Within Tempation: Buena puesta en escena, buena ambientación, buenos efectos especiales, buena historia y buenas actrices. ¿He abusado de la palabra "buena"? Pues id a comprobar si lo que digo es cierto.

-"You Will Know My Name" de Arch Enemy: Un vídeo simple, pero el talento interpretativo de Alissa es deslumbrante.

-"Rising Force" de Rising Force (o simplemente de Yngwie Malmsteen): Un directo apasionante en el que el mago de la guitarra, Yngwie, nos muestra su talento.

-"Zombie" de The Cranberries: este vídeo se sale, mi vídeo favorito. El vídeo es una preciosidad, una gozada, una maravilla.

-"I Want to Break Free" de Queen: Descripción gráfica de "épico".
-"Stairway To Heaven (tributo)" de Led Zeppelin: Una grandiosa actuación en honor de unos grandiosos músicos. Emotivo, espectacular, te deja sin palabras.


Espero que os haya gustado ;)

jueves, 28 de julio de 2016

...est mihi in salutem

No la hagas caso, puedes con todo.
Las cosas no son fáciles, y nunca lo serán, pero eres fuerte y puedes con ello, no la escuches, sólo te hará daño, y tú y yo sabemos muy bien que es suficiente.
Tienes que quererte, pues no eres un monstruo, y aunque no es mucha la gente que te tiene en cuenta, es más valiosa que todo el oro del mundo. Los quieres. Ellos son uno de tus motivos para seguir adelante.
No eres una cobarde, el verdadero reto es seguir, no dejar de luchar.
No lo haces todo mal, errar es humano, y así es como se llega a la perfección (o algo parecido, pues a pesar de la existencia del término, nada es perfecto).
No das vergüenza, eres una persona peculiar, y a pesar de tus dificultades, te mantienes, algo admirable.
No te dejes llevar por tus demonios, ellos no saben nada de ti aunque estén en tu cabeza. Demuéstrales que están equivocados, sigue luchando y no te dejes embaucar con su palabrería inútil. Niega su existencia, y quédate.
Para mí es un orgullo estar contigo, y espero que siga así para siempre.


Me Daemonia

¡Eh, tú! Sí, tú, María, ¿qué miras? Muérete de una vez, engendro.
 No vales nada, no le aportas nada a nadie, ¿por qué sigues aquí? Nadie te quiere, nadie te necesita, no sabes hacer nada.
Y lo poco que intentas lo haces mal. Eres un absoluto desastre en todos los aspectos posibles. Muérete de una vez.
Eres una abominación, no hay por dónde cogerte. Das vergüenza ajena, eres una payasa, y aquí no eres bienvenida.
En este mundo sobras. Y en el resto de mundos y realidades alternativas si existiesen, eres prescindible.
Has sido un error, y lo sabes. Y eres tan cobarde que ni siquiera eres capaz de quitarte del medio. Ojalá alguien lo haga pronto y nos libres a los demás de tu bochornosa presencia. Te odiamos, y aunque unos pocos digan lo contrario, quédate con lo primero.
No te aferres a nada, porque no tienes nada a lo que agarrarte. Vete y no vuelvas.
Ojalá no estuviese en tu cuerpo, lo detesto.
Te detesto.
Eres una desgracia. Quítate del medio.

martes, 12 de julio de 2016

Stairway to Heaven-Cap.1

Sus ojos se parecían a los de la mujer que, en aquellos instantes, había dejado de luchar contra mi compañera. Se hallaba en el suelo, inerte, sin duda estaba muerta.
Establecimos un perímetro de seguridad con respecto a aquel hombre. Parecía que quería hablar, pero en su lugar emitía un sonido profundo y espeluznante. No sabíamos qué hacer, y mientras pensábamos en cuál sería nuestro siguiente movimiento, el hombre se encaminó hacia el grupo más cercano, los más curiosos, y se abalanzó sobre ellos como si se tratase de su presa. O tal vez no sólo se trataba de su presa y era algo más. Todo sucedía a cámara lenta: la gente gritaba, unos activaban los cierres para subirlos y poder huir, y mientras otros estaban paralizados del terror. Yo formaba parte del último grupo.
Como medida preventiva a lo que pudiese suceder a continuación, me oculté en el vestuario del que acababa de salir. A nadie parecía que se le hubiese ocurrido aquello, era tan simple que incluso me cuestioné por qué no lo había hecho antes. Cerré la puerta de inmediato, y me senté en una silla que había allí. ¿Qué iba a hacer ahora?

Desde dentro oí como la gente de fuera intentaba abrir el cierre manualmente, estruendo acompañado por gente gritando, unos de agonía y otros por puro terror. Y yo seguía sin saber qué hacer, quería ayudar, pero sin ideas no hacía más que los que estaban parados contemplando el caos que se había creado por una señora que no había salido de la tienda.

Me acordé de Logan, no le había visto desde que empezamos a trabajar por la mañana, tal vez se había ido. Quería pensar que se había marchado de allí antes de que la locura estallase. Entreabrí la puerta para ver si le veía, pero lo único que pude observar fue una escena dantesca, daba igual al lado al que mirase, todo eran sangre y cuerpos desmembrados. ¿Qué demonios estaba pasando?
Estaba perpleja por la carnicería que se había formado en cuestión de minutos, pensaba en cuál podía ser el motivo, pero no lo comprendía, ¿qué clase de explicación lógica se le podría dar a algo tan grotesco y surrealista?

Oteé a ambos lados de nuevo, esperando encontrar la mirada de alguien vivo, pero todos habían caído. Me atreví a salir, pero antes de dar el segundo paso me lo pensé, y retrocedí. Lo que me hizo decidirme a volver al vestuario fue ver a uno de los cuerpos moverse: era la mujer con la que había hablado aquella mañana, yacía tendida sobre un charco de sangre suya, con una parte de la garganta seccionada de tal manera que se la ponían ver los músculos, y la sangre aún manar de estos. Sentí la necesidad de vomitar, pero primero entré y me calmé, todo era demasiado raro, y probablemente fuese producto de mi imaginación. Aquello no podía ser real. No debía serlo. No lo era. Me abofeteé la cara, esperando a despertar de la pesadilla con un espasmo, pero todo seguía igual.

¿Se había ido el mundo a la mierda? Era posible, barajaba aquella posibilidad a la par que me planteaba qué sería lo siguiente que haría. Había visto a aquella mujer hacer el amago de moverse a pesar del estado en el que se encontraba. O estaba loca, o algo muy grave estaba pasando.
Atranqué la puerta con la fregona que había en la sala, y esperé a que algo se me ocurriese, sabía que la situación no iba a mejorar.
Mi siguiente movimiento fue llamar a la policía, pero al marcar el número comunicaba. Me centré en el ambiente y en escuchar lo que había fuera. Podía oír casualmente sirenas de policía sonar muy cerca de la zona en la que se localizaba el supermercado, aunque dudaba con creces que aquello me fuese a suponer ayuda de algún tipo. Retomé la idea de pedir ayuda, esta vez llamé a mi compañera de piso, sin resultado, y a la desesperado marqué a Logan, y parece que fue lo único que salió bien hasta el momento. Dio señal a la primera, y esperé a que respondiese, exitosamente:


-¿Sí? -reconocí su voz, algo quebrada-.

-Hola Logan, soy Kate, necesito ayuda -respondí con un tono casi inaudible-.

-¿Qué ocurre? Estaba durmiendo...¿Y por qué hablas tan bajo?

-Ha pasado una cosa muy extraña en el centro cuando cerrábamos, y ahora estoy encerrada, necesito que vengas a ayudarme. Por favor -al oír mi propia voz me di cuenta de estaba aterrorizada-.

-Pero, ¿qué ha pasado exactamente? Si no me lo explicas, no voy a poder ayudarte.

-Mira...íbamos a cerrar y una señora atacó a uno de los trabajadores, y la situación se descontroló, mucho, ni te imaginas cuanto. No estoy segura, pero creo que soy la única viva aquí.

-Suena muy chungo, espera, ya voy para allá.

-Ten cuidado, no sé qué está pasando, las cosas se han puesto muy raras.

-Sí, estoy oyendo sirenas constantemente, parece que todo ha cambiado desde que me he quedado dormido. ¿Dónde estás exactamente?

-Encerrada en la sala de estar, donde nos cambiamos. El cierre está echado, tienes que traer la llave para abrir. Y ve con cuidado.

-Vale, pesada. Cuando esté en el coche, de camino, te llamo. Ponlo en silencio por si acaso.

-Entendido, nos vemos -colgué, y de inmediato puse el teléfono en silencio-.

Me pegué a la pared de la sala, esperando a oír algo nuevo. Al principio lo único que podía percibir era el sonido de las numerosas sirenas que estaban pasando por la zona, algo de dimensiones muy grandes estaba ocurriendo. Pero, al agudizar el oído, escuché pasos fuera. Mi primer impulso fue abrir y comprobar si había alguien más vivo en aquella sala, pero al escuchar un sonido gutural precediendo a más pisadas, decidí que era mejor opción mantenerme callada y aguantar lo mejor que pudiese. Tenía que mantenerme en todo momento atenta, no podía despistarme por si oía algo que ayudase a mi amigo a acceder al edificio fácilmente.
Al volverme a mirar al móvil, me di cuenta de que la pantalla se estaba iluminando. Tenía 3 llamadas perdidas de Logan, y le devolví las llamadas antes de que fuese tarde:

-¿¡Qué mierda estabas haciendo!? -estaba muy agotado, no sabía que responder, y me quedé en silencio-. ¿Hola?

-Perdona, estaba pensando. No te he cogido el teléfono antes porque estaba intentando escuchar qué pasaba ahí fuera, disculpa. ¿Cómo vas?

-Te he llamado justo cuando salía de casa para advertirte de cómo están las cosas -hizo una breve pausa para recuperar el aliento-. Es una locura, la gente corre descontrolada por las calles, todo el mundo va armado, incluso me han llegado a apuntar, pero ni siquiera me he molestado en saber por qué. Y ahora estoy en el coche, en un atasco acojonante. Estoy barajando la posibilidad de ir andando, creo que llegaré antes.

-No sé si es seguro, tú mismo lo has dicho, las cosas están muy, muy mal. La gente se ha vuelto loca.

-Ya, pero no hago nada estando aquí. Un momento...tengo una idea. Te dejo, llamaré en cuanto me sea posible.

-Vale. Ten cuidado.

-Lo mismo te digo.


Colgué el teléfono, esperando a que aquella no fuese la última vez que escuchase la voz de mi amigo.
Esta vez cogí el teléfono, y lo mantuve de tal manera que pudiese verlo en todo momento.
Volví a pegarme a la puerta, y lo que oí esta vez me dejó sin palabras. Había bastante ruido fuera, pero lo peor fueron los golpes. Alguien empezó a golpear la puerta repetidamente, ¿había algún superviviente allí fuera?
Me levanté, decidida abrir, pero en cuanto acerqué la mano al picaporte, dudé y retrocedí. Necesitaba algo para defenderme, no sabía qué era lo que había tras la puerta. Busqué entre las cosas que quedaban, y lo máximo que encontré fue una barra metálica, suficiente.
Me acerqué cautelosamente, y giré el pomo lo más despacio que pude. La abrí un poco, y antes de continuar, paré y me asomé. Justo en el momento en el que me aproximé para ver qué estaba pasando fuera, un brazo sanguinolento emergió del exterior, y de inmediato, al ver la amenaza, traté de cerrar, pero fuera quien fuese quien estaba ejerciendo una fuerza que me era difícil superar. No veía el momento para que Logan llegase, y como si de magia se tratase, la pantalla de mi móvil se iluminó. No dudé un instante en responder a su llamada:

-¡Vas a flipar, no te vas a creer lo que ha pasado! -exclamó Logan, impaciente por contar su historia-.

-¿Qué ocurre?

-¡La gente se ha vuelto totalmente loca! He preferido ir en coche, y a las puertas una señora me ha amenazado para que la diese mis llaves a cambio de unas latas de sopa. ¿Te lo puedes creer? -oí el claxon sonar tan cerca que parecía que estaba a mi lado-. ¡Por el otro carril, imbécil!

-¿Estás conduciendo mientras hablamos?

-Sí, no creo que pueda hablar contigo antes de llegar, las carreteras están hechas un desastre, hay coches que cortan el paso, y otros que simplemente van en dirección contraria. Esto es caótico, pero ya voy para allá, estoy muy cerca. ¿Cuál es la amenaza, Kate?

-La gente se comporta de una forma extraña, son hiperviolentos. ¿Traes algo para defenderte?

-Espero que sean paranoias tuyas, no llevo nada, espero que mis puños sean suficientes. De todos modos creo que...


Justo en aquel momento oí una colisión al otro lado del teléfono. Mi ritmo cardíaco aumentó al comprobar que en el choque estaba implicado mi amigo. Tras varios minutos que se hicieron eternos esperando una respuesta, colgué, dando por hecho que mi única vía de escape estaba probablemente muerta.
Las lágrimas empezaron a brotar, no sabía qué hacer, estaba preocupada por mi familia, y por mis amigos sobre todo por Logan, si no daba señales de vida estaba claro que el accidente había sido de magnitudes considerables. No me había dado cuenta de que la puerta había dejado de ser embestida, aunque ya nada importaba, la probabilidad de que saliese de aquel lugar era tan remota que ni yo misma desde mi punto de vista positivo daba nada por conseguirlo. Pegué la oreja a la puerta, pero el silencio había vuelto. No estaba segura si aquello era una buena o mala señal, pero el hecho de salir de la sala empezaba a revolotear por mi mente como idea. No sabía que me encontraría fuera, pero era la única opción que me quedaba, y si moría en el intento, pues como decían en los videojuegos, "game over".
Entreabrí la puerta, y me aseguré de que el perímetro era seguro, no quería ponerme en peligro a la mínima. Salí en absoluto silencio, con cautela de no tropezar con nada que hubiese en el suelo, lo cual no resultó fácil, pues durante el fragor de la batalla habían sido muchos los productos que habían acabado caídos. Me apresuré a avanzar hacia la estantería más cerca para ocultarme, me daría ventaja para poder ver en qué situación se encontraba la tienda, y ver cómo poder salir sin problemas.
Me puse en cuclillas y permanecí todo lo quieta que mis tensos músculos me permitieron, y me concentré en lo que me rodeaba: estaba en medio de las estanterías de conservas y refrescos, por lo que mi visión de la tienda era más reducida de lo que pensaba. Oía algunos ruidos que venían de la zona en la que se había producido el incidente con la misteriosa mujer, y preferí no asomarme, no me daba buena espina, la loca podía seguir viva, aunque juraría haberla visto más que muerta antes de haberme encerrado en la sala de descanso. Sabía que existía una salida de emergencia, pero al salir emitía una alarma (precisamente para alertar a la gente de que había algún peligro en el local o simplemente para delatar al graciosillo de turno). Independientemente de las consecuencias que aquel acto tuviesen, era mi única escapatoria, pues era la única parte que aún no se había cerrado del súper, y tenía que ayudar a Logan, no lo hacía sólo por mí.
Me levanté con las piernas temblorosas, y sin pensármelo dos veces y no mirar atrás, corrí hacia la puerta como alma que lleva el diablo.  No sabía que en cuestión de segundos, con el sonido de la alarma de fondo, descubriría el motivo del enloquecimiento de la población.





martes, 5 de julio de 2016

Holy Company-Cap.1

Sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo mientras contemplaba el otoñal paisaje de la zona en la que me encontraba. Parecía mentira que en cuestión de pocos días mi vida hubiese cambiado tanto: de ser un gran detective a ser un impío, infame e incompetente, transladado de mi país natal por acusaciones del cuerpo religioso por motivos de diferencias "ideológicas". Cada vez que lo pensaba más me encendía, me resultaba ridículo de creer. Cerré la cortina, y miré en dirección a mi acompañante, Robert, mi jefe, le cual me acompañaba con la simple finalidad de cerciorarse de que cumplía con su palabra:


-En breves llegaremos -anunció de buena gana-.

-En algún momento ocurrirá, no me importa cuándo -respondí, molesto, aún le seguía dando vueltas al asunto-.

-Señor Hammet, por favor, no se tome a mal todo esto, ha sido una simple acción que no tendrá ninguna repercusión en su empleo -respondió, escrutando mis ropajes-. Además, es usted un profesional, un poco suelto, pero hará bien su trabajo.

-¿Disculpe? Para empezar, esto ya ha cambiado mi vida, me tengo que ir de mi propio país por razones ridículas, está cerca de ser tan malo como un despido. Y no soy una persona, como usted insinúa, "suelta".

-No nos pongamos a la defensiva, Thomas, los dos sabemos que no va a llevarte a ningún sitio. ¿He de recordarte el motivo por el cual estamos haciendo este viaje?

-Preferiría saber por qué no respetan mis decisiones como yo respeto las de los demás.

-¡Porque no puede convertirse en un apóstata, es un crimen contra el Rey y contra Dios! Declararse como agnóstico es un crimen en sí, y si tanto le molesta todo esto, debería haberlo pensado dos veces.

-Me parece esto ridículo, y no me cansaré de decirlo. Supongo que no servirá de nada.
-En eso le doy a usted la razón -respondió con un tono indiferente, prácticamente el mismo en el que se había dirigido a mí todo el rato-. Oh, antes de que se me olvide, quería mencionarle que este carruaje nos llevará hasta el pueblo colindante al que usted está destinado.

-Eso es lo que menos me importa en estos momentos.

-Le recomiendo que haga callar a su orgullo unos instantes, puede que le salga caro hablarme así, a fin de cuentas, aún sigo siendo su superior.

-Ya -contesté, fingiendo reírme-. Bueno, ¿y qué se supone que debo hacer en Havenhill?

-Simplemente ejercer su cargo como detective. Además, lo tendrá muy fácil, el pueblo tiene muy pocos habitantes, si hay algún tipo de misterio que resolver la cantidad de sospechosos será muy baja -emitió una sonora carcajada al terminar su comentario-.

-¿Puedo hacerle otra pregunta? -Robert me miró, aún riéndose por su propia gracieta de mal gusto, y asintió-. ¿Por qué me mandan allí? Imagino que habrían otras opciones más...cercanas.

-Pues en verdad le mandamos porque es un sitio tranquilo, y allí podrá reflexionar sobre todo lo que ha ocurrido en este último mes. Y conocerá...cosas nuevas.

-Creo que podía hacer lo mismo en mi país.

-No, no es lo mismo, ¡no me cuestiones, joven!-se tomó una breve pausa para aclararse la garganta, y continuó-. Y, otra cosa que olvidaba, al llegar a Havenhill le recibirá el párroco del pueblo, el padre Isbel. Es un hombre muy agradable, y le ayudará a orientar su mente hacia unos pensamientos menos...radicales.

-Oh, estupendo, después de esta supervisión innecesaria voy a tener niñera.

-No es que no nos fiemos de usted, pero es el protocolo, si para mi es usted como un hijo.

-Ya, sí, por supuesto...Creo que soy mayorcito como para cuidarme por mí mismo.

-Aún no ha conocido al padre, ¡ya verá lo bien que se llevan! Es una eminencia en su cargo, y en el pueblo él es sin duda la figura más famosa -continuó, ignorando mis palabras-. Y le presentará el pueblo, que aunque es pequeño, tiene sus cosillas. Le gustará, ya verá.


"No he llegado todavía y ya sé que no me gusta", pensé para mis adentros. Decidí callarme, y esperar a que mi superior también lo hiciese, no deseaba intercambiar una sola palabra más con aquel ser falso e hipócrita, había conseguido enervarme más de lo que imaginaba. Al poco de hacerse el silencio el carruaje se detuvo, y miré por fuera por si había sido cuestión de un contratiempo, pero ya había llegado mi hora. No sabía si sentir miedo o alivio, estaba anímicamente muy despistado. Me giré para esperar al miserable de mi jefe:


-¿Qué? -me dijo, como si no supiese qué era lo que venía a continuación-.

-Se supone que ya hemos llegado, así que... -respondí, muy inquieto-.

-Ya, sé que hemos llegado, pero yo me voy en el carruaje de vuelta. ¿No decía que era usted mayorcito? Creo que sabrá llegar a su destino sin problema, ¿no ve que es una zona sencilla? No me sea usted crío ahora.

-Está bien -estaba seguro de que sería mejor así-. Pero, ¿no tiene un mapa al menos?

-¿Mapa? ¿Para qué? -se rió-. Adiós, páselo bien.


Ni siquiera espero a que respondiese, ni miró atrás. Valiente miserable.
Me sentí mareado, no sabía qué hacer a continuación, me encontraba demasiado alterado como para llegar a tener una idea. Tomé mi maleta, me aparté del camino, y me quedé en un lado, aprovechando para conocer un poco el paisaje, aunque no vi nada que mereciese la pena destacar, todo estaba apagado. Comencé a andar, no sabía hacia dónde tenia que ir, pero lo que me hizo ponerme en marcha fue ver una pequeña taberna, la cual parecía abierta. Allí me podrían indicar cómo ir a Hellsong.
Por fuera estaba el local estaba en la ruina, daban más ganas de irse a toda prisa de aquel lugar más que de entrar y tomar algo, pero visto que no había nada más que me pudiese ayudar a orientarme, decidí entrar. Antes de entrar, un gato tuerto se interpuso en mi camino, y esperé a que se retirase pacíficamente, no quería buscarme más problemas, tenía suficientes por el momento. Abrí la puerta suavemente, esperando encontrarme la típica escena de bar en medio de la nada: un grupo de hombres fornidos en un lado de la barra, terminando con todas las existencias de cerveza, unos forajidos tomándose un descanso mientras son perseguidos por la justicia, y unas pocas jóvenes buscando dar placer a cambio de oro. Pero todo aquello eran imaginaciones, pues para mi sorpresa, al entrar en aquel lugar de mala muerte lo único que encontré fue soledad, ni siquiera había un tabernero llevando el local. Me sentí muy decepcionado, y al darme la vuelta sentí una presencia a mis espaldas, justo al otro lado de la barra. Me volví, esta vez con cautela, y me fijé en que no estaba solo:


-No se preocupe, el gato no le hará nada -dijo el misterioso hombre, aún oculto entre las sombras, impidiéndome verlo-. 

-Es-estupendo. Perdone, ¿podría decirme dónde se encuentra Havenhill?

-Va en contra de la normativa que se hagan preguntas al tabernero sin hacer previamente una consumición -se acercó a la barra, dejando ver su rostro envejecido y oscuro-. ¿Qué le pongo, buen hombre?

-Lo que le dé más rabia, supongo que me viene bien tomarme algo, aunque sea veneno -suspiré-.

-Le pondré una cerveza nacional que le encantará. Si de algo estoy seguro después de tanto tiempo trabajando como camarero es que no hay nada mejor para un forastero que un buen trago de este elixir dorado -me sirvió la jarra con una rapidez increíble, y me fijé en que el gato ahora se hallaba tumbado a un lado de la barra-. Parece que mi gato le llama la atención, ¿no? -no sabía si lo decía a buenas o a malas, lo cual me puso muy nervioso, y me hizo tardar más de lo que quería en dar una respuesta-.

-Eh, no, para nada, es que esto está muy vacío, y hacía tiempo que no veía un gato, y... -no se me ocurría como seguir, agradecí que el tabernero tomase la palabra-.

-No se sobresalte, joven, es normal que te resulte llamativo, no se ven muchos gatos tuertos por la zona.

-¿Está tuerto? No me había fijado...

-Claro, mire usted -dijo, mientras cogía al gato y me lo mostraba-. Es una gata excelente, pero contrajo una enfermedad que la llevó a perder un ojo. Doy gracias a Dios porque sólo fue eso, y ahora está sana. Oh, disculpe mi grosería, no me he presentado, mi nombre es Edgar. ¿Podría saber el suyo?

-Sí, me llamo Thoman Hammet, encantado -le tendí la mano, pero no se mostró receptivo, y rápidamente la retiré-. Y bien, ¿me podría decir cómo llegar a Havenhill?

-¿Havenhill? -tosió varias veces, y tomó un trago-. Disculpe, hacía tiempo que no oía ese nombre. ¿Va usted a ese lugar?

-Sí, por motivos personales me han mandado a trabajar allí. ¿Me puede indicar cómo llegar? Nadie me ha facilitado esa información, y si me demoro demasiado estoy seguro de que mi superior se molestará...más.

-La gente de Hellsong es muy apática, sin duda, y es probable que a estas horas muchos estén en sus casas a punto de cenar, le agradezco que confíe en mí para que le diga dónde se encuentra Havenhill, pero antes debo advertirle.

-¿Advertirme? ¿De qué?

-¿No ha oído usted nada acerca de ese maldito pueblo?

-Intenté recopilar información cuando me dijeron mi nuevo destino, pero por más que busqué y pregunté, no fui capaz de encontrar nada.

-Claro, joven, usted no buscó bien -Edgar se rió-. Se te ve hombre noble e inocente, te recomiendo sacar esa idea tuya de la cabeza, ir a Havenhell es una condena.

-¿Eh? ¿Havenhell?

-Así es, Havenhell. En sus inicios, el pueblo era tan pequeño que nadie se molestó en bautizarlo con un nombre. Sus habitantes lo nombraron como "Havenhell" por su situación, además de por la maldición.

-¿Maldición? -tragué saliva, esperando que aquel hombre estuviese bromeando-.

-Es la mejor parte de todo, es muy conocida, aunque no es algo que la gente mencione muy a menudo. En sus inicios, el pueblo, que aún no contaba con un nombre digno, recibió la visita inesperada de un hombre misterioso, un mendigo anciano, probablemente estaba en sus últimos días. Pues bien, pidió a la gente del pueblo algo de comida para poder aguantar un día más, y tras una dura discusión entre los habitantes, le negaron al hombre lo que pedía, además de que lo echaron de mala manera, justificándose a través de la apariencia del hombre. Le llamaron "ladrón sinvergüenza", y el mendigo, como respuesta, maldijo a todos los pueblerinos con terribles deformaciones.

-¿C-como, "deformaciones"?

-Deformaciones físicas... -tomó una breve pausa y continuó-. Aquella gente había mostrado una gran superficialidad, habían juzgado al hombre equivocado, pues a pesar de no tener un techo bajo el que vivir, ese hombre era un brujo, y no uno cualquiera, un maestro de la magia negra. Y bueno, tras la marcha del mago, los habitantes del pueblo sin nombre continuaron con sus vidas, hasta que hubo un suceso que movilizó a todos y cada uno de ellos: el nacimiento de un bebé, el cual tenía cara de pez.
A los pocos días murió -se frotó la barbilla-. Y el resto de niños que nacieron desarrollaron demás rasgos esperpénticos, aunque algunos siguen vivos.

-Vaya, veo que mi jefe tenía razón, voy a conocer...cosas nuevas -traté de tomármelo con humor, pero me temblaba hasta el alma de solo pensar en lo que me estaba punto de meter-.

-Tras aquellos incidentes, mucha gente se fue, dejando el pueblo prácticamente desierto, Y bueno, desde aquel momento lo empezaron a llamar "Havenhell", aunque con el tiempo, para evitar espantar más a la gente, lo modificaron a "Havenhill". Recuerdo que aún se seguía llamando Havenhell cuando yo todavía era un chiquillo.

-Pero, eso es todo, ¿no?

-¿Te parece poco? -se rió-. Estos jóvenes de hoy en día, no se sorprenden con nada. Bueno, hay poca gente, pero cada uno tiene su gran peculiaridad, y ninguna de las personas que han pasado por aquí buscando Havenhill han regresado.

-¿Cómo lo sabe? Puede que no se pasasen porque no era necesario.

-Les pedí que a la vuelta se pasase por aquí para contarme la experiencia, y ninguno pareció ponerme pegas. Les prometí una bebida bien fría a cambio, pero éstas aún siguen esperando.

-Ya veo -un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba a abajo, como cuando llegábamos a Hellsong-. ¿Algo más que...deba saber?

-Nunca me he acercado a ese pueblo maldito, todo lo que sé es de oídas, rumores que han circulado entre la población el suficiente tiempo como para considerarlas reales, pero no tengo más información que ofrecerte, lo siento joven. Espero que al menos lo que te he contado te sirva para hacerte una idea de cómo es el lugar al que te diriges.

-Sí, le agradezco enormemente su ayuda, es usted muy amable -saqué unas monedas y se las di, no sabía cuánto era la bebida, pero si aquellos iban a ser mis últimos instantes de calma, quería saldar la deuda y pensar en que las cosas no podían ir tan mal como el extraño hombre me había dicho-. ¿Podría decirme cómo llegar entonces?

-Claro muchacho -hizo una breve pausa mientras rebuscaba tras la barra-. Pareces valiente, te deseo toda la suerte del mundo -se agachó, y por un instante pensé que sacaría un arma y me dispararía-. Bien, al fin lo he encontrado -se incorporó con un mapa que parecía ser de Hellsong-. Mire, la taberna está exactamente aquí -señaló con su huesudo dedo el lugar correspondiente-. Y, quiere llegar a Havenhill tendrá que andar aproximadamente treinta o cuarenta minutos, dependiendo de la prisa que se dé, y siempre y cuando no se encuentre con algún infortunio por el camino. Bien, en cuanto salga verá una gran colina, Havenhill, y el pueblo al que usted va se encuentra ensombrecido por su grandeza.

-¿Ensombrecido?

-Sí, parece que no se ha fijado mucho cuando ha llegado, pero la colina es muy alta, un reto para los osados aventureros de la zona. El pueblo está...¿cómo decirlo?...anexo a la colina, y por ello el día dura mucho menos que la noche, empieza a oscurecer sobre las seis de la tarde, aunque si me apura y hablamos de invierno a las cuatro el pueblo está sumido en las tinieblas. Bien, pues cuando aviste la colina, vaya hacia ella de frente, y cuando se le presente la opción de elegir entre dos caminos, siga el de la derecha, el de la izquierda le llevará a la zona pesquera, aunque ya no hay nada que pescar...animal.

-¿Por qué?

-Algo devoró a los numerosos peces, y desde hace más de veinte años nadie se atreve a acercarse al mar. Le recomiendo que no lo haga, si nadie lo ha hecho hasta entonces será por algo -hizo una pausa, y continuó con las indicaciones-. Si no ha encontrado ningún peligro en su "travesía", atravesará un bosque con abundantes secuoyas, robles y abetos secos. Simplemente siga por el camino, y sabrá que está llegando cuando aviste la niebla de Havenhill.

-¿También hay niebla? Genial, esto parece una historia de terror, espero poder aguantar...

-Está a tiempo de echarse atrás, yo lo haría, pero yo ya soy mayor y no estoy para aventuras.

-No voy por placer, me han obligado, y presiento que haga lo que haga, voy a salir mal, así que mejor asumo mi destino y dejo de lamentarme, no me va a hacer las cosas más fáciles.

-Como le dije antes, joven, le deseo mucha suerte, no se fíe de nadie, y vaya con cuidado.

-Lo intentaré -suspiré, y me despedí de Edgar y de su gato-.


Al salir del bar, una sombra llamó mi atención: se trataba de aquel dichoso gato otra vez. ¿Cómo había salido? Todo era muy raro, y si Hellsong estaba haciendo que sacase lo peor de mí, temí por mi vida al recordar lo que hacía un segundo había olvidado: Havenhill.

Encontré la colina con facilidad, al parecer Edgar me había sido totalmente sincero, lo cual me agradaba por su parte, pero me hacía sentir débil con respecto a lo que tendría que afrontar a continuación.

Las campanas Hellsong empezaron a sonar. Eran las campanas del infierno, anunciando mi llegada.


Quiero dar las gracias, a parte de a la gente que lo haya leído, a mi buen amigo Gonzalo, mi co-escritor. Team for the win! Espero que os haya gustado :3