Sus ojos se parecían a los de la mujer que, en aquellos instantes, había dejado de luchar contra mi compañera. Se hallaba en el suelo, inerte, sin duda estaba muerta.
Establecimos un perímetro de seguridad con respecto a aquel hombre. Parecía que quería hablar, pero en su lugar emitía un sonido profundo y espeluznante. No sabíamos qué hacer, y mientras pensábamos en cuál sería nuestro siguiente movimiento, el hombre se encaminó hacia el grupo más cercano, los más curiosos, y se abalanzó sobre ellos como si se tratase de su presa. O tal vez no sólo se trataba de su presa y era algo más. Todo sucedía a cámara lenta: la gente gritaba, unos activaban los cierres para subirlos y poder huir, y mientras otros estaban paralizados del terror. Yo formaba parte del último grupo.
Como medida preventiva a lo que pudiese suceder a continuación, me oculté en el vestuario del que acababa de salir. A nadie parecía que se le hubiese ocurrido aquello, era tan simple que incluso me cuestioné por qué no lo había hecho antes. Cerré la puerta de inmediato, y me senté en una silla que había allí. ¿Qué iba a hacer ahora?
Desde dentro oí como la gente de fuera intentaba abrir el cierre manualmente, estruendo acompañado por gente gritando, unos de agonía y otros por puro terror. Y yo seguía sin saber qué hacer, quería ayudar, pero sin ideas no hacía más que los que estaban parados contemplando el caos que se había creado por una señora que no había salido de la tienda.
Me acordé de Logan, no le había visto desde que empezamos a trabajar por la mañana, tal vez se había ido. Quería pensar que se había marchado de allí antes de que la locura estallase. Entreabrí la puerta para ver si le veía, pero lo único que pude observar fue una escena dantesca, daba igual al lado al que mirase, todo eran sangre y cuerpos desmembrados. ¿Qué demonios estaba pasando?
Estaba perpleja por la carnicería que se había formado en cuestión de minutos, pensaba en cuál podía ser el motivo, pero no lo comprendía, ¿qué clase de explicación lógica se le podría dar a algo tan grotesco y surrealista?
Oteé a ambos lados de nuevo, esperando encontrar la mirada de alguien vivo, pero todos habían caído. Me atreví a salir, pero antes de dar el segundo paso me lo pensé, y retrocedí. Lo que me hizo decidirme a volver al vestuario fue ver a uno de los cuerpos moverse: era la mujer con la que había hablado aquella mañana, yacía tendida sobre un charco de sangre suya, con una parte de la garganta seccionada de tal manera que se la ponían ver los músculos, y la sangre aún manar de estos. Sentí la necesidad de vomitar, pero primero entré y me calmé, todo era demasiado raro, y probablemente fuese producto de mi imaginación. Aquello no podía ser real. No debía serlo. No lo era. Me abofeteé la cara, esperando a despertar de la pesadilla con un espasmo, pero todo seguía igual.
¿Se había ido el mundo a la mierda? Era posible, barajaba aquella posibilidad a la par que me planteaba qué sería lo siguiente que haría. Había visto a aquella mujer hacer el amago de moverse a pesar del estado en el que se encontraba. O estaba loca, o algo muy grave estaba pasando.
Atranqué la puerta con la fregona que había en la sala, y esperé a que algo se me ocurriese, sabía que la situación no iba a mejorar.
Mi siguiente movimiento fue llamar a la policía, pero al marcar el número comunicaba. Me centré en el ambiente y en escuchar lo que había fuera. Podía oír casualmente sirenas de policía sonar muy cerca de la zona en la que se localizaba el supermercado, aunque dudaba con creces que aquello me fuese a suponer ayuda de algún tipo. Retomé la idea de pedir ayuda, esta vez llamé a mi compañera de piso, sin resultado, y a la desesperado marqué a Logan, y parece que fue lo único que salió bien hasta el momento. Dio señal a la primera, y esperé a que respondiese, exitosamente:
-¿Sí? -reconocí su voz, algo quebrada-.
-Hola Logan, soy Kate, necesito ayuda -respondí con un tono casi inaudible-.
-¿Qué ocurre? Estaba durmiendo...¿Y por qué hablas tan bajo?
-Ha pasado una cosa muy extraña en el centro cuando cerrábamos, y ahora estoy encerrada, necesito que vengas a ayudarme. Por favor -al oír mi propia voz me di cuenta de estaba aterrorizada-.
-Pero, ¿qué ha pasado exactamente? Si no me lo explicas, no voy a poder ayudarte.
-Mira...íbamos a cerrar y una señora atacó a uno de los trabajadores, y la situación se descontroló, mucho, ni te imaginas cuanto. No estoy segura, pero creo que soy la única viva aquí.
-Suena muy chungo, espera, ya voy para allá.
-Ten cuidado, no sé qué está pasando, las cosas se han puesto muy raras.
-Sí, estoy oyendo sirenas constantemente, parece que todo ha cambiado desde que me he quedado dormido. ¿Dónde estás exactamente?
-Encerrada en la sala de estar, donde nos cambiamos. El cierre está echado, tienes que traer la llave para abrir. Y ve con cuidado.
-Vale, pesada. Cuando esté en el coche, de camino, te llamo. Ponlo en silencio por si acaso.
-Entendido, nos vemos -colgué, y de inmediato puse el teléfono en silencio-.
Me pegué a la pared de la sala, esperando a oír algo nuevo. Al principio lo único que podía percibir era el sonido de las numerosas sirenas que estaban pasando por la zona, algo de dimensiones muy grandes estaba ocurriendo. Pero, al agudizar el oído, escuché pasos fuera. Mi primer impulso fue abrir y comprobar si había alguien más vivo en aquella sala, pero al escuchar un sonido gutural precediendo a más pisadas, decidí que era mejor opción mantenerme callada y aguantar lo mejor que pudiese. Tenía que mantenerme en todo momento atenta, no podía despistarme por si oía algo que ayudase a mi amigo a acceder al edificio fácilmente.
Al volverme a mirar al móvil, me di cuenta de que la pantalla se estaba iluminando. Tenía 3 llamadas perdidas de Logan, y le devolví las llamadas antes de que fuese tarde:
-¿¡Qué mierda estabas haciendo!? -estaba muy agotado, no sabía que responder, y me quedé en silencio-. ¿Hola?
-Perdona, estaba pensando. No te he cogido el teléfono antes porque estaba intentando escuchar qué pasaba ahí fuera, disculpa. ¿Cómo vas?
-Te he llamado justo cuando salía de casa para advertirte de cómo están las cosas -hizo una breve pausa para recuperar el aliento-. Es una locura, la gente corre descontrolada por las calles, todo el mundo va armado, incluso me han llegado a apuntar, pero ni siquiera me he molestado en saber por qué. Y ahora estoy en el coche, en un atasco acojonante. Estoy barajando la posibilidad de ir andando, creo que llegaré antes.
-No sé si es seguro, tú mismo lo has dicho, las cosas están muy, muy mal. La gente se ha vuelto loca.
-Ya, pero no hago nada estando aquí. Un momento...tengo una idea. Te dejo, llamaré en cuanto me sea posible.
-Vale. Ten cuidado.
-Lo mismo te digo.
Colgué el teléfono, esperando a que aquella no fuese la última vez que escuchase la voz de mi amigo.
Esta vez cogí el teléfono, y lo mantuve de tal manera que pudiese verlo en todo momento.
Volví a pegarme a la puerta, y lo que oí esta vez me dejó sin palabras. Había bastante ruido fuera, pero lo peor fueron los golpes. Alguien empezó a golpear la puerta repetidamente, ¿había algún superviviente allí fuera?
Me levanté, decidida abrir, pero en cuanto acerqué la mano al picaporte, dudé y retrocedí. Necesitaba algo para defenderme, no sabía qué era lo que había tras la puerta. Busqué entre las cosas que quedaban, y lo máximo que encontré fue una barra metálica, suficiente.
Me acerqué cautelosamente, y giré el pomo lo más despacio que pude. La abrí un poco, y antes de continuar, paré y me asomé. Justo en el momento en el que me aproximé para ver qué estaba pasando fuera, un brazo sanguinolento emergió del exterior, y de inmediato, al ver la amenaza, traté de cerrar, pero fuera quien fuese quien estaba ejerciendo una fuerza que me era difícil superar. No veía el momento para que Logan llegase, y como si de magia se tratase, la pantalla de mi móvil se iluminó. No dudé un instante en responder a su llamada:
-¡Vas a flipar, no te vas a creer lo que ha pasado! -exclamó Logan, impaciente por contar su historia-.
-¿Qué ocurre?
-¡La gente se ha vuelto totalmente loca! He preferido ir en coche, y a las puertas una señora me ha amenazado para que la diese mis llaves a cambio de unas latas de sopa. ¿Te lo puedes creer? -oí el claxon sonar tan cerca que parecía que estaba a mi lado-. ¡Por el otro carril, imbécil!
-¿Estás conduciendo mientras hablamos?
-Sí, no creo que pueda hablar contigo antes de llegar, las carreteras están hechas un desastre, hay coches que cortan el paso, y otros que simplemente van en dirección contraria. Esto es caótico, pero ya voy para allá, estoy muy cerca. ¿Cuál es la amenaza, Kate?
-La gente se comporta de una forma extraña, son hiperviolentos. ¿Traes algo para defenderte?
-Espero que sean paranoias tuyas, no llevo nada, espero que mis puños sean suficientes. De todos modos creo que...
Justo en aquel momento oí una colisión al otro lado del teléfono. Mi ritmo cardíaco aumentó al comprobar que en el choque estaba implicado mi amigo. Tras varios minutos que se hicieron eternos esperando una respuesta, colgué, dando por hecho que mi única vía de escape estaba probablemente muerta.
Las lágrimas empezaron a brotar, no sabía qué hacer, estaba preocupada por mi familia, y por mis amigos sobre todo por Logan, si no daba señales de vida estaba claro que el accidente había sido de magnitudes considerables. No me había dado cuenta de que la puerta había dejado de ser embestida, aunque ya nada importaba, la probabilidad de que saliese de aquel lugar era tan remota que ni yo misma desde mi punto de vista positivo daba nada por conseguirlo. Pegué la oreja a la puerta, pero el silencio había vuelto. No estaba segura si aquello era una buena o mala señal, pero el hecho de salir de la sala empezaba a revolotear por mi mente como idea. No sabía que me encontraría fuera, pero era la única opción que me quedaba, y si moría en el intento, pues como decían en los videojuegos, "game over".
Entreabrí la puerta, y me aseguré de que el perímetro era seguro, no quería ponerme en peligro a la mínima. Salí en absoluto silencio, con cautela de no tropezar con nada que hubiese en el suelo, lo cual no resultó fácil, pues durante el fragor de la batalla habían sido muchos los productos que habían acabado caídos. Me apresuré a avanzar hacia la estantería más cerca para ocultarme, me daría ventaja para poder ver en qué situación se encontraba la tienda, y ver cómo poder salir sin problemas.
Me puse en cuclillas y permanecí todo lo quieta que mis tensos músculos me permitieron, y me concentré en lo que me rodeaba: estaba en medio de las estanterías de conservas y refrescos, por lo que mi visión de la tienda era más reducida de lo que pensaba. Oía algunos ruidos que venían de la zona en la que se había producido el incidente con la misteriosa mujer, y preferí no asomarme, no me daba buena espina, la loca podía seguir viva, aunque juraría haberla visto más que muerta antes de haberme encerrado en la sala de descanso. Sabía que existía una salida de emergencia, pero al salir emitía una alarma (precisamente para alertar a la gente de que había algún peligro en el local o simplemente para delatar al graciosillo de turno). Independientemente de las consecuencias que aquel acto tuviesen, era mi única escapatoria, pues era la única parte que aún no se había cerrado del súper, y tenía que ayudar a Logan, no lo hacía sólo por mí.
Me levanté con las piernas temblorosas, y sin pensármelo dos veces y no mirar atrás, corrí hacia la puerta como alma que lleva el diablo. No sabía que en cuestión de segundos, con el sonido de la alarma de fondo, descubriría el motivo del enloquecimiento de la población.
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