martes, 5 de julio de 2016

Holy Company-Cap.1

Sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo mientras contemplaba el otoñal paisaje de la zona en la que me encontraba. Parecía mentira que en cuestión de pocos días mi vida hubiese cambiado tanto: de ser un gran detective a ser un impío, infame e incompetente, transladado de mi país natal por acusaciones del cuerpo religioso por motivos de diferencias "ideológicas". Cada vez que lo pensaba más me encendía, me resultaba ridículo de creer. Cerré la cortina, y miré en dirección a mi acompañante, Robert, mi jefe, le cual me acompañaba con la simple finalidad de cerciorarse de que cumplía con su palabra:


-En breves llegaremos -anunció de buena gana-.

-En algún momento ocurrirá, no me importa cuándo -respondí, molesto, aún le seguía dando vueltas al asunto-.

-Señor Hammet, por favor, no se tome a mal todo esto, ha sido una simple acción que no tendrá ninguna repercusión en su empleo -respondió, escrutando mis ropajes-. Además, es usted un profesional, un poco suelto, pero hará bien su trabajo.

-¿Disculpe? Para empezar, esto ya ha cambiado mi vida, me tengo que ir de mi propio país por razones ridículas, está cerca de ser tan malo como un despido. Y no soy una persona, como usted insinúa, "suelta".

-No nos pongamos a la defensiva, Thomas, los dos sabemos que no va a llevarte a ningún sitio. ¿He de recordarte el motivo por el cual estamos haciendo este viaje?

-Preferiría saber por qué no respetan mis decisiones como yo respeto las de los demás.

-¡Porque no puede convertirse en un apóstata, es un crimen contra el Rey y contra Dios! Declararse como agnóstico es un crimen en sí, y si tanto le molesta todo esto, debería haberlo pensado dos veces.

-Me parece esto ridículo, y no me cansaré de decirlo. Supongo que no servirá de nada.
-En eso le doy a usted la razón -respondió con un tono indiferente, prácticamente el mismo en el que se había dirigido a mí todo el rato-. Oh, antes de que se me olvide, quería mencionarle que este carruaje nos llevará hasta el pueblo colindante al que usted está destinado.

-Eso es lo que menos me importa en estos momentos.

-Le recomiendo que haga callar a su orgullo unos instantes, puede que le salga caro hablarme así, a fin de cuentas, aún sigo siendo su superior.

-Ya -contesté, fingiendo reírme-. Bueno, ¿y qué se supone que debo hacer en Havenhill?

-Simplemente ejercer su cargo como detective. Además, lo tendrá muy fácil, el pueblo tiene muy pocos habitantes, si hay algún tipo de misterio que resolver la cantidad de sospechosos será muy baja -emitió una sonora carcajada al terminar su comentario-.

-¿Puedo hacerle otra pregunta? -Robert me miró, aún riéndose por su propia gracieta de mal gusto, y asintió-. ¿Por qué me mandan allí? Imagino que habrían otras opciones más...cercanas.

-Pues en verdad le mandamos porque es un sitio tranquilo, y allí podrá reflexionar sobre todo lo que ha ocurrido en este último mes. Y conocerá...cosas nuevas.

-Creo que podía hacer lo mismo en mi país.

-No, no es lo mismo, ¡no me cuestiones, joven!-se tomó una breve pausa para aclararse la garganta, y continuó-. Y, otra cosa que olvidaba, al llegar a Havenhill le recibirá el párroco del pueblo, el padre Isbel. Es un hombre muy agradable, y le ayudará a orientar su mente hacia unos pensamientos menos...radicales.

-Oh, estupendo, después de esta supervisión innecesaria voy a tener niñera.

-No es que no nos fiemos de usted, pero es el protocolo, si para mi es usted como un hijo.

-Ya, sí, por supuesto...Creo que soy mayorcito como para cuidarme por mí mismo.

-Aún no ha conocido al padre, ¡ya verá lo bien que se llevan! Es una eminencia en su cargo, y en el pueblo él es sin duda la figura más famosa -continuó, ignorando mis palabras-. Y le presentará el pueblo, que aunque es pequeño, tiene sus cosillas. Le gustará, ya verá.


"No he llegado todavía y ya sé que no me gusta", pensé para mis adentros. Decidí callarme, y esperar a que mi superior también lo hiciese, no deseaba intercambiar una sola palabra más con aquel ser falso e hipócrita, había conseguido enervarme más de lo que imaginaba. Al poco de hacerse el silencio el carruaje se detuvo, y miré por fuera por si había sido cuestión de un contratiempo, pero ya había llegado mi hora. No sabía si sentir miedo o alivio, estaba anímicamente muy despistado. Me giré para esperar al miserable de mi jefe:


-¿Qué? -me dijo, como si no supiese qué era lo que venía a continuación-.

-Se supone que ya hemos llegado, así que... -respondí, muy inquieto-.

-Ya, sé que hemos llegado, pero yo me voy en el carruaje de vuelta. ¿No decía que era usted mayorcito? Creo que sabrá llegar a su destino sin problema, ¿no ve que es una zona sencilla? No me sea usted crío ahora.

-Está bien -estaba seguro de que sería mejor así-. Pero, ¿no tiene un mapa al menos?

-¿Mapa? ¿Para qué? -se rió-. Adiós, páselo bien.


Ni siquiera espero a que respondiese, ni miró atrás. Valiente miserable.
Me sentí mareado, no sabía qué hacer a continuación, me encontraba demasiado alterado como para llegar a tener una idea. Tomé mi maleta, me aparté del camino, y me quedé en un lado, aprovechando para conocer un poco el paisaje, aunque no vi nada que mereciese la pena destacar, todo estaba apagado. Comencé a andar, no sabía hacia dónde tenia que ir, pero lo que me hizo ponerme en marcha fue ver una pequeña taberna, la cual parecía abierta. Allí me podrían indicar cómo ir a Hellsong.
Por fuera estaba el local estaba en la ruina, daban más ganas de irse a toda prisa de aquel lugar más que de entrar y tomar algo, pero visto que no había nada más que me pudiese ayudar a orientarme, decidí entrar. Antes de entrar, un gato tuerto se interpuso en mi camino, y esperé a que se retirase pacíficamente, no quería buscarme más problemas, tenía suficientes por el momento. Abrí la puerta suavemente, esperando encontrarme la típica escena de bar en medio de la nada: un grupo de hombres fornidos en un lado de la barra, terminando con todas las existencias de cerveza, unos forajidos tomándose un descanso mientras son perseguidos por la justicia, y unas pocas jóvenes buscando dar placer a cambio de oro. Pero todo aquello eran imaginaciones, pues para mi sorpresa, al entrar en aquel lugar de mala muerte lo único que encontré fue soledad, ni siquiera había un tabernero llevando el local. Me sentí muy decepcionado, y al darme la vuelta sentí una presencia a mis espaldas, justo al otro lado de la barra. Me volví, esta vez con cautela, y me fijé en que no estaba solo:


-No se preocupe, el gato no le hará nada -dijo el misterioso hombre, aún oculto entre las sombras, impidiéndome verlo-. 

-Es-estupendo. Perdone, ¿podría decirme dónde se encuentra Havenhill?

-Va en contra de la normativa que se hagan preguntas al tabernero sin hacer previamente una consumición -se acercó a la barra, dejando ver su rostro envejecido y oscuro-. ¿Qué le pongo, buen hombre?

-Lo que le dé más rabia, supongo que me viene bien tomarme algo, aunque sea veneno -suspiré-.

-Le pondré una cerveza nacional que le encantará. Si de algo estoy seguro después de tanto tiempo trabajando como camarero es que no hay nada mejor para un forastero que un buen trago de este elixir dorado -me sirvió la jarra con una rapidez increíble, y me fijé en que el gato ahora se hallaba tumbado a un lado de la barra-. Parece que mi gato le llama la atención, ¿no? -no sabía si lo decía a buenas o a malas, lo cual me puso muy nervioso, y me hizo tardar más de lo que quería en dar una respuesta-.

-Eh, no, para nada, es que esto está muy vacío, y hacía tiempo que no veía un gato, y... -no se me ocurría como seguir, agradecí que el tabernero tomase la palabra-.

-No se sobresalte, joven, es normal que te resulte llamativo, no se ven muchos gatos tuertos por la zona.

-¿Está tuerto? No me había fijado...

-Claro, mire usted -dijo, mientras cogía al gato y me lo mostraba-. Es una gata excelente, pero contrajo una enfermedad que la llevó a perder un ojo. Doy gracias a Dios porque sólo fue eso, y ahora está sana. Oh, disculpe mi grosería, no me he presentado, mi nombre es Edgar. ¿Podría saber el suyo?

-Sí, me llamo Thoman Hammet, encantado -le tendí la mano, pero no se mostró receptivo, y rápidamente la retiré-. Y bien, ¿me podría decir cómo llegar a Havenhill?

-¿Havenhill? -tosió varias veces, y tomó un trago-. Disculpe, hacía tiempo que no oía ese nombre. ¿Va usted a ese lugar?

-Sí, por motivos personales me han mandado a trabajar allí. ¿Me puede indicar cómo llegar? Nadie me ha facilitado esa información, y si me demoro demasiado estoy seguro de que mi superior se molestará...más.

-La gente de Hellsong es muy apática, sin duda, y es probable que a estas horas muchos estén en sus casas a punto de cenar, le agradezco que confíe en mí para que le diga dónde se encuentra Havenhill, pero antes debo advertirle.

-¿Advertirme? ¿De qué?

-¿No ha oído usted nada acerca de ese maldito pueblo?

-Intenté recopilar información cuando me dijeron mi nuevo destino, pero por más que busqué y pregunté, no fui capaz de encontrar nada.

-Claro, joven, usted no buscó bien -Edgar se rió-. Se te ve hombre noble e inocente, te recomiendo sacar esa idea tuya de la cabeza, ir a Havenhell es una condena.

-¿Eh? ¿Havenhell?

-Así es, Havenhell. En sus inicios, el pueblo era tan pequeño que nadie se molestó en bautizarlo con un nombre. Sus habitantes lo nombraron como "Havenhell" por su situación, además de por la maldición.

-¿Maldición? -tragué saliva, esperando que aquel hombre estuviese bromeando-.

-Es la mejor parte de todo, es muy conocida, aunque no es algo que la gente mencione muy a menudo. En sus inicios, el pueblo, que aún no contaba con un nombre digno, recibió la visita inesperada de un hombre misterioso, un mendigo anciano, probablemente estaba en sus últimos días. Pues bien, pidió a la gente del pueblo algo de comida para poder aguantar un día más, y tras una dura discusión entre los habitantes, le negaron al hombre lo que pedía, además de que lo echaron de mala manera, justificándose a través de la apariencia del hombre. Le llamaron "ladrón sinvergüenza", y el mendigo, como respuesta, maldijo a todos los pueblerinos con terribles deformaciones.

-¿C-como, "deformaciones"?

-Deformaciones físicas... -tomó una breve pausa y continuó-. Aquella gente había mostrado una gran superficialidad, habían juzgado al hombre equivocado, pues a pesar de no tener un techo bajo el que vivir, ese hombre era un brujo, y no uno cualquiera, un maestro de la magia negra. Y bueno, tras la marcha del mago, los habitantes del pueblo sin nombre continuaron con sus vidas, hasta que hubo un suceso que movilizó a todos y cada uno de ellos: el nacimiento de un bebé, el cual tenía cara de pez.
A los pocos días murió -se frotó la barbilla-. Y el resto de niños que nacieron desarrollaron demás rasgos esperpénticos, aunque algunos siguen vivos.

-Vaya, veo que mi jefe tenía razón, voy a conocer...cosas nuevas -traté de tomármelo con humor, pero me temblaba hasta el alma de solo pensar en lo que me estaba punto de meter-.

-Tras aquellos incidentes, mucha gente se fue, dejando el pueblo prácticamente desierto, Y bueno, desde aquel momento lo empezaron a llamar "Havenhell", aunque con el tiempo, para evitar espantar más a la gente, lo modificaron a "Havenhill". Recuerdo que aún se seguía llamando Havenhell cuando yo todavía era un chiquillo.

-Pero, eso es todo, ¿no?

-¿Te parece poco? -se rió-. Estos jóvenes de hoy en día, no se sorprenden con nada. Bueno, hay poca gente, pero cada uno tiene su gran peculiaridad, y ninguna de las personas que han pasado por aquí buscando Havenhill han regresado.

-¿Cómo lo sabe? Puede que no se pasasen porque no era necesario.

-Les pedí que a la vuelta se pasase por aquí para contarme la experiencia, y ninguno pareció ponerme pegas. Les prometí una bebida bien fría a cambio, pero éstas aún siguen esperando.

-Ya veo -un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba a abajo, como cuando llegábamos a Hellsong-. ¿Algo más que...deba saber?

-Nunca me he acercado a ese pueblo maldito, todo lo que sé es de oídas, rumores que han circulado entre la población el suficiente tiempo como para considerarlas reales, pero no tengo más información que ofrecerte, lo siento joven. Espero que al menos lo que te he contado te sirva para hacerte una idea de cómo es el lugar al que te diriges.

-Sí, le agradezco enormemente su ayuda, es usted muy amable -saqué unas monedas y se las di, no sabía cuánto era la bebida, pero si aquellos iban a ser mis últimos instantes de calma, quería saldar la deuda y pensar en que las cosas no podían ir tan mal como el extraño hombre me había dicho-. ¿Podría decirme cómo llegar entonces?

-Claro muchacho -hizo una breve pausa mientras rebuscaba tras la barra-. Pareces valiente, te deseo toda la suerte del mundo -se agachó, y por un instante pensé que sacaría un arma y me dispararía-. Bien, al fin lo he encontrado -se incorporó con un mapa que parecía ser de Hellsong-. Mire, la taberna está exactamente aquí -señaló con su huesudo dedo el lugar correspondiente-. Y, quiere llegar a Havenhill tendrá que andar aproximadamente treinta o cuarenta minutos, dependiendo de la prisa que se dé, y siempre y cuando no se encuentre con algún infortunio por el camino. Bien, en cuanto salga verá una gran colina, Havenhill, y el pueblo al que usted va se encuentra ensombrecido por su grandeza.

-¿Ensombrecido?

-Sí, parece que no se ha fijado mucho cuando ha llegado, pero la colina es muy alta, un reto para los osados aventureros de la zona. El pueblo está...¿cómo decirlo?...anexo a la colina, y por ello el día dura mucho menos que la noche, empieza a oscurecer sobre las seis de la tarde, aunque si me apura y hablamos de invierno a las cuatro el pueblo está sumido en las tinieblas. Bien, pues cuando aviste la colina, vaya hacia ella de frente, y cuando se le presente la opción de elegir entre dos caminos, siga el de la derecha, el de la izquierda le llevará a la zona pesquera, aunque ya no hay nada que pescar...animal.

-¿Por qué?

-Algo devoró a los numerosos peces, y desde hace más de veinte años nadie se atreve a acercarse al mar. Le recomiendo que no lo haga, si nadie lo ha hecho hasta entonces será por algo -hizo una pausa, y continuó con las indicaciones-. Si no ha encontrado ningún peligro en su "travesía", atravesará un bosque con abundantes secuoyas, robles y abetos secos. Simplemente siga por el camino, y sabrá que está llegando cuando aviste la niebla de Havenhill.

-¿También hay niebla? Genial, esto parece una historia de terror, espero poder aguantar...

-Está a tiempo de echarse atrás, yo lo haría, pero yo ya soy mayor y no estoy para aventuras.

-No voy por placer, me han obligado, y presiento que haga lo que haga, voy a salir mal, así que mejor asumo mi destino y dejo de lamentarme, no me va a hacer las cosas más fáciles.

-Como le dije antes, joven, le deseo mucha suerte, no se fíe de nadie, y vaya con cuidado.

-Lo intentaré -suspiré, y me despedí de Edgar y de su gato-.


Al salir del bar, una sombra llamó mi atención: se trataba de aquel dichoso gato otra vez. ¿Cómo había salido? Todo era muy raro, y si Hellsong estaba haciendo que sacase lo peor de mí, temí por mi vida al recordar lo que hacía un segundo había olvidado: Havenhill.

Encontré la colina con facilidad, al parecer Edgar me había sido totalmente sincero, lo cual me agradaba por su parte, pero me hacía sentir débil con respecto a lo que tendría que afrontar a continuación.

Las campanas Hellsong empezaron a sonar. Eran las campanas del infierno, anunciando mi llegada.


Quiero dar las gracias, a parte de a la gente que lo haya leído, a mi buen amigo Gonzalo, mi co-escritor. Team for the win! Espero que os haya gustado :3

1 comentario:

  1. Uuuuh, al fin la ansiada nueva novela está lista!!! Pues me ha gustado,aunque sé que vas a marcarte un George R.R.Martin y te vas a cargar a to dios. Menos al gato.
    #prayforcat

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