martes, 20 de diciembre de 2016

Once Human- Cap.1: Liar

Proyecto XR
Registro de datos Diana
Sujeto nº3
Sexo femenino
Código 0300761834-6Z
Día 1


Hoy me ha despertado una alarma, no era distinto a otros días, pero aquel día había un evento programado, empezaría nuestro "entrenamiento", según nos dijo el encargado del proyecto.
No nos habían comentado a dónde iríamos concretamente, pero nos pidieron que a partir del día de hoy empezásemos a registrar todos los datos, fuesen o no relevantes para la investigación sobre la conducta humana, la supresión de emociones y el efecto en el ámbito productivo.
Las únicas instrucciones nos las comunicaron por megafonía, antes de que se cerrasen las habitaciones y llegase el momento de oscuridad.
Por el momento me había propuesto hacer un pequeño esquema con todo lo que ocurría en el día, y al terminar el mismo, lo dejaría todo redactado, lo cual me recordó al lema de nuestro superior, "Eficiencia ante todo".

Nos reunimos todos en la sala de preparación, donde el instructor nos mostraría qué habríamos de hacer a continuación: cada uno de los sujetos nos íbamos a ir con un miembro de la corporación a visitar unas casas para comprobar la eficiencia de nuestro entrenamiento.
Me asignaron a un hombre joven, trajeado y con un peinado muy cuidado. Me quedé un rato mirándole, sin saber por qué, pero rápidamente volví a la realidad y me centré en mis quehaceres, no podía salirme del programa, iba en contra de la normativa estipulada “No se debe mirar a una persona más de tres segundos si no es para dialogar con la misma”. Había sanción directa si se violaba el código establecido.

Me separé del resto de sujetos, y el hombre me llevó hasta una casa unifamiliar con una decoración simple, no parecía que los habitantes, en caso de que hubiesen, tuviesen un gran poder adquisitivo:

-¿Qué miras, Diana? -me preguntó el hombre trajeado-.

-La casa.

-¿Te produce algún sentimiento?

-No.

-¿Algún recuerdo?

-Tampoco.

-Bien, pues ahora procede a llamar a la puerta y a hablar con los inquilinos. Habla con todos ellos y pregunta por la familia nuclear completa. Esperaré aquí.

-Entendido.


Salí del coche, y me dirigí hacia la entrada. Llamé la puerta con los nudillos, el timbre brillaba por su ausencia. Al cabo de unos segundos una mujer mayor me abrió la puerta:


-Hola, buenas -dijo la mujer, mirándome con incredulidad-.

-Buenos días -me fijé con más detenimiento en la mujer, era pelirroja, aunque su cabellera tiraba a canosa-. ¿Puede usted hablarme de su familia?

-Pero, ¿quién eres, jovencita?

-No estoy autorizada a darle esa información. ¿Puede proceder a responder a la pregunta?

-Eh...bueno, adelante, pasa -me abrió la puerta, lo que me dejó ver más a fondo cómo era la casa-. ¿Quieres beber algo?

-Agua sin gas si es tan amable.

-Muy bien, sígueme -la mujer empezó a caminar y me llevó hasta una especie de sala de espera en la que primaba el desorden-. Siéntate aquí, ahora mismo vuelvo con el vaso de agua -me senté en la silla que la señora me ofreció, y esperé a su vuelta-. Aquí tienes.

-Gracias. Ahora puede resolver mi pregunta, tengo más cosas que hacer.

-Sí, claro, pero me gustaría saber a qué se debe ese interés por mi familia.

-Si me dice usted lo que le pido le aseguro que se lo haré saber.

-Vale, está bien -la mujer tomó asiento y se aclaró la voz antes de comenzar su historia-. Esta es mi residencia, y aquí vivo con mi esposo Leonard...

-¿Me los puede presentar?

-Ahora mismo mi marido se encuentra ausente, está trabajando, y viene por la noche.

-Cuénteme más cosas sobre su familia.

-Pues...no sé qué quieres saber, me gustaría poder ayudarte, de verdad, pero no sé qué decirte… A ver -la mujer se quedó pensativa un largo rato- mi marido tiene 50 años, trabaja en la construcción, y su sueldo apenas nos da para vivir, aunque somos felices con lo que hay; mi hija tiene 16 años, y está en el colegio ahora, pero es una muchachita muy buenal. Ahora que me doy cuenta -la mujer se aproximó a mí y me miró fijamente-, tú te pareces mucho a ella, seguro que la caerías muy bien.

-Es normal que haya parecidos entre personas. ¿Qué hay de usted?

-Pues...yo antes trabajaba en una panadería, pero el negocio se arruinó y ahora me dedico a las tareas del hogar. Quería arreglar la casa también, pero no doy para más, aunque seguro que lo haré en algún momento -parecía inquieta, lo cual me producía una extraña sensación-. ¿Necesitas más información?

-Quiero hablar con su marido ahora mismo, no puedo perder más tiempo, tengo más cosas que hacer.

-Ya te lo he dicho jovencita, ahora no está en casa. Puedes esperar aquí si quieres hasta que venga.

-¿Cómo le tengo que decir que no tengo tiempo? Quiero verle ya mismo.

-No sé cómo decir que no puede, si me das tu número de teléfono yo te aviso cuando esté en casa, te lo aseguro.

-Llámele ahora -saqué de mi bolsillo una pequeña pero potente pistola-.

-V-vale, en seguida -la mujer se fue corriendo hacia la cocina, y marcó temblorosa un teléfono-. Eh...hola cariño, necesito que vengas a casa ahora mismo, una chica quiere hablar contigo -se hizo una breve pausa-. Sí, sí, cuanto antes, por favor, es urgente -otra pausa-. Vale, te quiero, ahora nos vemos -se giró hacia mí-. Ya viene mi marido, pero dime antes, ¿para qué quieres hablar con mi marido?

-Eso no es asunto suyo, le recomiendo que permanezca callada por el momento.


-¿Nos vas a hacer daño?


-No, sólo quiero recopilar información, no tengo intención de herirles, pero si sigue siendo tan entrometida, voy a tener que empezar a poner orden.


-Eh...vale, vale -dijo la mujer, retirándose despacio de mi lado-. Mi marido llegará en breve, si quieres te pongo algo para picar mientras tanto.


-No tengo hambre, gracias.



La mujer se marchó un rato a la cocina, y permaneció allí hasta que unos golpes en la puerta le sacaron de su trance. Oí pasos, y en pocos segundos tuve en frente a su marido:


-Hola, buenas, ¿quién eres? -dijo el hombre, canoso, con los ojos abiertos y con una sonrisa forzada-.


-Estoy haciendo un estudio, tiene que hablarme de su familia. Los motivos no se los puedo facilitar debido a la confidencialidad del mismo.


-Vaya, jovencita, eres una chica muy bien hablada. Bueno, pues no sé qué decirte, a ver -permaneció en silencio unos breves instantes-. Me llamo Leonard, y trabajo como conductor desde que tenía 16 años. Con 24 me casé, y tuvimos...eh, como te iba diciendo...


-Un momento -dije-, ¿a qué se debe esa pausa? ¿qué iba usted a contar? -miré a la mujer-. Si no me dicen la verdad por voluntad propia, tendré que buscar otro método que me lo permita.


-Esperábamos un bebé, pero hubo problemas. A partir de entonces empezamos a tener muchos problemas, sobre todo de índole económica, aunque hasta el momento hemos podido seguir adelante, eso sería todo.


-Muy bien -dije, finalmente-. No costaba tanto, ¿verdad? -me levanté, y me puse a caminar lentamente por la sala-. ¿No les queda nada más que contarme?


-No, se lo juramos, nosotros no... -de repente se oyó un fuerte estruendo-.



El ruido procedía de la entrada. El hombre fue corriendo a ver cuál era la causa, y de repente apareció mi supervisor:



-Tengo que hablar contigo, ven aquí -me dijo, y me acerqué-.


-Oiga, pero ¿quién es usted? -dijo la mujer, con la mandíbula temblorosa y mirada-.


-¿Cómo ha entrado a nuestra casa? -preguntó el hombre, empleando un gesto para ello semejante al de su mujer-.


-¿Qué? -le pregunté, esperando a que reaccionase-.


-Hay una parte de la tarea que se me olvidó contarte: tienes que matar a la familia.


-¿Por qué? -empecé a sentir frío de repente-.


-Son órdenes de los de arriba, y ya sabes que las órdenes hay que cumplirlas.


-Sí, pero...


-¿Qué es eso que noto? -dijo, acercándose más a mí-. ¿No estarás pensando en no hacerlo, verdad? Porque eso no está en el programa, y lo sabes.


-Ya lo sé, no soy nueva. Pero sólo quiero saber por qué.


-Es una prueba para evaluar los resultados del tratamiento, para comprobar la efectividad que ha tenido en cada uno de los sujetos. Y ya no te voy a decir más, deberías haber hecho ya el trabajo, es tarde, y probablemente el resto ya hayan regresado.


-Vale -dije, tragando saliva-. ¿Cómo lo hago? ¿Hay alguna forma de operar concreta?


-No, vas a tener el privilegio de poder elegir la forma, aunque espero que sea algo rápido, tengo prisa.


-Con la pistola.


-Perfecto. Quiero 3 tiros limpios, uno por cabeza, tienes 5 minutos. El papeleo ya está arreglado, casi nos lo han agradecido por quitar a esta escoria del medio.


-¿Cómo que 3 tiros, uno por cabeza? Son dos.


-No, tienen una hija.


-Me informaron de que su bebé había muerto.


-Pues fabuloso, una menos. Que sea rápido, te espero en el coche.



Desapareció al instante, y empecé a experimentar una extraña sensación: mis manos estaban frías, pero sudorosas, y mientras por el resto el cuerpo sentía calor, incluso cierto temblor se apoderó de mi cuerpo. Sin pensarlo dos veces, saqué la pistola, y apunté a la pareja, que se hallaba en un rincón de la sala, abrazada, como si supiese lo que iba a ocurrir:



-Estoy obligada, lo siento.



Y disparé. Dos veces. Salí de la casa como si nada hubiese ocurrido. Me dirigí hacia el coche, y al girarme para mirar aquella destartalada casa por última vez, vi que un autobús amarillo se paraba en la puerta, y de él salía una niña, de unos 8 años, parecía que aquel era su lugar...Me habían mentido, su hija estaba viva. Noté un toque en el hombro, y me sobresalté, girándome inmediatamente para ver qué ocurría:


-¿A qué esperas? Ya te dije que todo el papeleo está arreglado, no te vana meter en la cárcel, de hecho, estamos haciendo una labor social, sobre todo a ellos, eran unos miserables, lacra.


-Sí... -respondí, con la voz entrecortada, no le iba a contar nada sobre la niña-.


-¿Por qué no te mueves?


-Disculpa, estaba distraída ya voy para allá.


Nos montamos en el coche, y yo seguí dándole vueltas al tema. Estaba incumpliendo una norma fundamental, tenía que decir siempre la verdad y seguir las instrucciones tal cual son dadas, pero algo en mi interior me impedía decirlo:


-Ahora que ya lo has hecho, te puedo explicar más. Verás, esa prueba era para comprobar la efectividad del tratamiento, como ya te dije, y has matado a tus padres. Enhorabuena.


-¿Cómo?


-Tú eras la niña de la que hablaban. La realidad es que no te podían mantener, y te "donaron" a la ciencia para que pudieses tener una vida digna, según le dijeron al Jefe. Lo raro es que no cambiasen el registro, en teoría debieron hacerlo en su debido momento, pero bueno, es la administración, qué me espero a parte de lentitud y desorganización por su parte. Volvemos a casa.



Recree varas veces en mi cabeza la escena durante el trayecto, hasta que perdí el control de la situación, como si me hubiese desmayado. Cuando volví a ser consciente de mí misma, estaba en la cama, y sentí un dolor muy agudo en la sien. Me fui a mirar al espejo, y al verme me vinieron un cúmulo de imágenes borrosas a la cabeza. 

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