Vi a
mucha gente, y al principio me sentí aliviada, pero al mirarles con
más detenimiento pude ver graves heridas en diferentes partes del
cuerpo, algunas eran visibles, y parecían mordeduras.
A
partir de ahí, las cosas empezaron a ir mucho más rápido. Por el
rabillo del ojo pude ver que tres personas heridas se acercaban hacia
mí con una actitud hostil, enseñando los dientes. No eran muy
rápidos, así que seguí corriendo, y esta vez no podría parar.
No
sabía qué hacer a continuación, ¿debía volver a casa o buscar a
Logan?
Si
volvía a casa tendría complicaciones por el camino, pero era la
opción más segura, pues ir a buscar a Logan no me aseguraba
encontrarle, al fin y al cabo no sabía qué había sido de él desde
el accidente, ni siquiera sabía si seguía vivo. ¿Y si se
encontraba agonizando y mi ayuda le pudiese salvar la vida?
Decidí
ir a por Logan, él habría hecho lo mismo que yo en mi lugar, él
venía a salvarme. y ahora me tocaba a mí.
En la
calle cundía el pánico, la gente estaba tan alterada que no iba
mirando por dónde andaba, probablemente ni siquiera supiesen a dónde
se dirigían, simplemente se movían, huían de algo.
Con
la alarma de fondo, me puse en marcha hacia la carretera por la que
debía haber ido mi amigo.
A
medida que avanzaba me topaba con menos gente, pero a su vez con más
coches, lo que hacía de las carreteras vías inservibles. Miré el
teléfono mientras aminoraba la marcha, pero no había señales de
vida, aunque aún había cobertura. Primero marqué el teléfono de
Logan, con la esperanza de obtener respuesta, después a mi compañera
de piso y después a mi madre, aunque muy en el fondo sabía que no
iba a poder. Probablemente las líneas estuviesen colapsadas, cuando
ocurre algo la gente entra en pánico y a todo el mundo se le ocurre
llamar a sus seres queridos, o a alguna vidente que les diga qué
ocurrirá a continuación. Suspiré y me guardé el teléfono en el
bolsillo para que me fuese más accesible en caso de que alguien me
llamase.
Todo
estaba desolado, parecía que todo el mundo se había puesto de
acuerdo en ir al mismo sitio, y yo estaba yendo aparentemente al
contrario. Por el camino me encontré algunos vehículos que habían
sido abandonados de forma espontánea, dejando las puertas abiertas
en la mayoría de casos. Otros no habían tenido la misma suerte, y
me topé con algunos accidentados, que aún se hallaban humeante.
Temía
encontrar a Logan muerto, pero también temía no encontrarlo, no
sabía qué era peor.
Estaba
agobiada, no sabía qué hacer, por más que andaba, parecía como si
no avanzase, el panorama era el mismo: coches accidentados, algunos
mal estacionados, otros pocos con las puertas abiertas, y ni un
ruido, como si hubiese una fiesta a la que yo no estaba invitada.
¿Qué se supone que estaba ocurriendo? No hacía falta ser un lince
para saber que era algo relacionado con lo que acababa de ocurrir en
el supermercado, algo así como que la gente se había vuelto loca.
Tenía muchas preguntas, mientras caminaba y examinaba los coches en
busca de un rostro familiar, intentaba encontrar el motivo de por qué
había ocurrido aquello, exactamente qué había ocurrido, y cómo,
etc.
Estaba
aturdida, cansada, y veía como la luz del día se iba desvaneciendo
para dar paso a la noche. La oscuridad no me sería de ayuda para
encontrar a mi compañero, ni siquiera sería capaz de encontrar su
coche.
Tenía
dos opciones: volver a casa y esperar a que las cosas se calmasen un
poco y pedir ayuda, o seguir buscando y hacer uso de la linterna del
móvil y de la poca batería que ya me quedaba. Opté por la segunda,
más arriesgada, pero estaba segura de que si esperaba podría ser
tarde.
Aproveché
el tener el teléfono móvil a mano y probé a llamar a mi compañera
de piso, pero no había señal, tal vez las líneas seguían
saturadas.
La
noche cayó, eran las diez, y no se veía ni un alma por las calles.
Seguía marchando por las carreteras, iba por la mitad del camino que
Logan debería haber seguido para llegar hasta el súper. Sentí
cierta esperanza al identificar un coche parecido al que buscaba: era
un Ford gris, un modela antiguo que compró de segunda mano y
conservaba muy bien para sus años. No veía la matrícula y lo que
había dentro, estaba aún muy lejos, pero a medida que me acercaba
mis ansias crecían. Vi un gran impacto por el lateral del coche, y
el que le había golpeado se había marchado. Suspiré de alivio al
ver que era el coche de Logan, y que él no estaba allí, lo cual
significaba que sea lo que sea lo que haya pasado él se había
movido. Examiné el coche por dentro, esperaba encontrar alguna pista
o señal de a dónde podía haber ido. Me quedé horrorizada al
contemplar las numerosas manchas de sangre y tejidos que había en la
parte del conductor, aunque me calmé pensando que él estaba bien,
se habría ido a buscar ayuda o alguien le habrá llevado al
hospital, o...
Empecé
a sollozar, no sabía qué hacer, estaba perdida y me había
equivocado al ir a buscar a mi amigo, lo mejor hubiese sido volver a
casa y esperar a que las cosas se calmasen, o al menos ver qué era
lo que estaba sucediendo.
Pero
ya era tarde para eso, lo único que me quedaba por hacer era volver
a pie hasta mi piso.
Me di
la vuelta y traté de trazar un plano más o menos realista de por
dónde debería ir a casa, aunque dada mi vaga experiencia y los
nervios, no recordaba muy bien cómo había llegado hasta allí.
Necesitaba un mapa para aclararme, o alguien que me llevase hasta
allí...
Iba
sin rumbo, no había hecho ni una cosa bien desde que empezó el día.
De repente, unos gritos me sacaron de mis pensamientos. Me giré en
todas las direcciones hasta que di con su origen: era una mujer, se
encontraba asomada por la puerta del portal de un edificio, y estaba
tratando de llamar mi atención por algún motivo. Me apresuré a ver
qué quería, estaba dudosa de cuáles serían sus intenciones,
aunque parecía amigable:
-¿Qué
haces aquí? -me preguntó la mujer, tirando de mi camiseta y
metiéndome dentro del portal, lo que me pilló totalmente por
sorpresa-.
-Eh,
¡¿qué cojones estás haciendo?! -dije mientras me alejaba de la
mujer y me disponía a irme-.
-No,
no, no me malinterpretes, espera, si lo que te cuento no te convence
te podrás ir, no me opondré a ello, pero me tienes que escuchar.
-Está
bien, pero pos si acaso mantengamos las distancias.
-Desde
luego -dio varios pasos hacia atrás hasta toparse con la escalera-.
¿Mejor? -asentí, y esperé a que la mujer me contase su historia-.
Aún no se sabe el por qué, pero algunas personas han perdido el
conocimiento y al volver en sí se han convertido en...cómo
decirlo...¿caníbales? Han atacado a mucha gente, y claro, ha
cundido el pánico y la gente se ha marchado de la ciudad tan pronto
como han podido. Yo estaba aquí con mi hija y algunos vecinos
esperando noticias del exterior, pero sólo salen alertas de que
permanezcamos en nuestras casas, no nos dicen ni qué está pasando
ni cómo actuar.
-Entiendo...
Intenté
procesar toda aquella información en el mínimo tiempo posible. No
estaba segura de si la mujer estaba diciendo la verdad o se estaba
quedando conmigo, aunque si tomaba su testimonio como verdadero lo
que había ocurrido en el súper tenía sentido, lo que le había
pasado a aquella mujer de extrañas pintas y después a mis
compañeros de trabajo. Pero era una locura, ¿cómo iba a ser verdad
algo así? ¿Podía ser algo así posible?
-Bueno,
pues supongamos que te creo... -le dije, mirándole fijamente a los
ojos para detectar alguna anomalía-. ¿Qué quieres de mí?
-Vi a
alguien que parecía humano a lo lejos, y pensé que necesitarías
cobijo para la noche. No sabemos que peligros acechan por ahí, pero
sean lo que sean sin luz no van a ser menos amenazantes o peligrosos,
todo lo contrario, cuentan con el factor nocturno y...
-Espera,
espera, me estás tomando el pelo, ¿a que sí? Esto suena a película
mala de zombies. ¿Qué va a ser lo próximo, que aparezca la típica
pareja de adolescentes cachondos y les devoren en nuestras narices?
¡Venga ya!
-No
gano nada mintiéndote, por favor, créeme, si quieres pueden venir a
ver el aviso que está puesto en bucle en la televisión o en la
radio.
-No
voy a ir a ningún sitio, de hecho, me voy de aquí ya. Qué tengáis
suerte.
-Tú
la vas a necesitar más que nosotros...Ya sabes, si cambias de idea,
puedes volver aquí. Cuando quieras.
Sin
decir nada más ni mirar atrás me marché. Al principio parecía que
lo que aquella mujer me había contado podía ser posible, pero
resultaba ilógico, no, no podía ser y punto.
Fuera
ya estaba muy oscuro, así que recurrí a la linterna del móvil,
aunque me quedaba muy poca batería , esperaba al menos poder pasar
la parte más oscura del tramo, y ya luego me las apañaría con
cualquier otra cosa, lo importante era avanzar sin detenerme, aunque
no fuese en la dirección correcta.
A
medida que caminaba me arrepentía más de haber negado haberme
quedado en el edificio con aquella extraña mujer, aunque me hubiesen
querido como cena al menos habría tenido un sitio tranquilo en el
que estar.
Tras
haber caminado más de tres horas seguidas, decidí parar, necesitaba
sentarme un poco para recuperarme y así poder continuar. Al menos la
oscuridad había cedido y la visibilidad era mejor, podría seguir
sin preocuparme de los “peligros” que acechan las sombras.
Me
senté en el borde de la carretera para poder apartarme a tiempo si
algún vehículo pasaba por allí. La ciudad estaba desolada, las
calles parecían sacadas de una novela de terror, y los sonidos no
hacían más que acentuar su siniestro aspecto.
Al
centrarme en los edificios que se veían desde yo estaba sentada,
escuché unos ruidos que se asemejaban a pasos, ¡pasos! No estaba
sola, lo cual no sabía si me beneficiaría o todo lo contrario. Me
levanté y me acerqué lo más sigilosa posible, y me quedé
petrificada al fijarme en la persona: era Logan. ¿Cómo había
llegado tan lejos estando herido? Me apresuré a decirle algo,
cuando al pisar una lata él mismo fue el que se giró.
Pero
aquel no era Logan, ni siquiera era humano.
Me
quedé horrorizada contemplando la escena, y pensé rápido. Pensé
en correr tan lejos de allí como pudiese.
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