He de hacer esta pequeñísima reflexión antes de empezar otra vez a escribir, no me veo ya capaz de hacer lo que antes hacía, a pesar de que me gustaría, las ganas las sigo teniendo, pero me cuesta volver a hacerlo por falta de motivación. Ya no soy la misma persona que escribía antes, o al menos de momento, espero recuperar mi regularidad ahora que estoy libre, pero de momento me enfrento a una batalla que aparentemente no puedo ganar.
Simplemente estoy muy confusa, me encuentro en una espiral de duda existencial que me lleva a callejones sin salida de forma constante, y a veces me desespero, y me gustaría compartir esta sensación con vosotros, como lectores del blog o visitantes repentinos (bienvenidos sois todos).
Trataré de ponerme al día cuanto antes, y es muy probable que termine muchas historias que dejé a medias, al menos para darles un final digno y no dejarlas inacabadas teniendo un final previsto (sí, antes de pensar la historia en sí ya sé cómo va a acabar, aunque con el progreso de la misma termino cambiando alguna cosa, mínima por otra parte).
Me gustaría saber si vosotros, como lectores o visitantes repentinos que veis esto por primera vez, tenéis algún interés en que oriente el blog en una dirección concreta, del tipo "Música", o "Historias sobre zombies" (es un ejemplo que puede o no tomarse como referencia, estoy abierta a sugerencias), o simplemente sigo haciendo lo que hasta el momento, es decir, variar historias con temas de diversa índole.
Así que bueno, después de esta breve entrada poniendo un poco al día el blog, nos veremos por aquí pronto, ¡un saludo!
lunes, 5 de junio de 2017
jueves, 16 de marzo de 2017
Tornado of Souls-Cap.62: In Cold Blood
Tommy
Continué
totalmente inmerso en mis pensamientos cuando escuché que algo se
precipitaba contra el suelo. Pears y yo nos giramos ese instante, al
unísono, para comprobar qué era lo que había producido aquel
estruendo, y cuando vimos a Tacii desplomada en el suelo, ambos
fuimos a levantarla. Le pedí a Pears que la sujetase mientras
controlaba sus signos vitales:
-¿Ha
recaído? -preguntó Pears, asustado-.
-Eso
parece, aunque no estoy del todo seguro. Voy a tomarla el pulso y
comprobaré su temperatura -tras revisarla, procedí a dar mi pobre
diagnóstico-. Tiene una temperatura corporal muy alta, y su corazón
late más rápido que de costumbre. Coinciden los resultados con las
anteriores veces que se puso enferma, así que lo mejor es llevarla
al hospital. Si quieres la llevo yo, ha sido un día muy duro, y
sobre todo para ti, que eres el encargado...
-No
te preocupes Tommy, voy con vosotros. Estoy preocupado por Tacii, a
pesar de que se recupera, parece que esto es algo con lo que va a
tener que vivir, y no creo que se pueda vivir así...
-¿Insinúas
que debería acabar con su vida?
-No,
no me malinterpretes, simplemente quiero saber si existe la
posibilidad de que haya una cura para ello. Jamás la mataría...
-Perdón,
estoy un poco tenso todavía por lo que había pasado antes.
Pongámonos rumbo al hospital lo antes posible.
El
camino se me hizo mucho eterno, no veía el momento de llegar y
comprobar la salud de Tacii. No me había parado a pensar en que
Tacii ya había caído enferma 3 veces, y era más que posible que
siguiese así. Se había liberado una lucha incansable entre el virus
zombie y el sistema inmunitario de Tacii, y al entrar en contacto con
los "caminantes", esa lucha se intensificaba, pues la
cantidad de antígeno era mayor, y al ser así, la actividad del
sistema inmunitario aumentaba considerablemente para hacerle frente a
la amenaza. Pero su cuerpo, al igual que el del resto de seres vivos,
tiene un límite, y exponerse a una amenaza constante le pasaría
factura.
Temí
por su vida más de lo que acostumbraba cuando pasaban aquel tipo de
cosas, no entendía cómo no había pensado en las consecuencias que
aquello tendría a largo plazo, si seguía siendo constante.
Finalmente
llegamos al hospital, y pedí a Pears que me esperase mientras
buscaba una sala libre para llevar a Tacii e ingresarla de urgencia.
Por el camino me crucé a Gladis:
-¿Y
esas prisas, joven?
-Necesito
ayuda Gladis.
-Claro,
dime, ¿qué necesitas?
-Necesito
una sala con camilla y material quirúrgico, aunque no sé si este
último será necesario, mejor prevenir que curar. Es urgente.
-Por
supuesto, hace poco se ha quedado una libre. ¿Para qué la
necesitas?
-Tacii
se ha puesto enferma.
-En
seguida voy.
Vi a
Gladis alejarse a toda prisa, agradecía que hubiese gente amable aún
en aquel hospital de trepas y enchufados. Volví al lugar en el que
había dejado a Pears con Tacii, y casi de inmediato vi a Gladis
acercarse corriendo con una camilla, con la angustia reflejada en su
rostro. Tumbamos a Tacii y nos dirigimos rápidamente hacia la
habitación, no veía el momento de llegar y poder revisarla.
Pedí
a Gladis y a Pears que lo dejasen en mis manos.
Tras
varias pruebas, me aseguré de que se trataba de una recaída. Lo
único que podía hacer en aquella situación fue dejarla reposar y
ponerla un trapo húmedo en la frente.
Mientras
tanto, continué investigando la sangre que le había extraído,
tenía que encontrar algo para terminar con todo aquello, no podía
consentir que volviese a recaer, era más que suficiente con lo que
había tenido.
Pasaba
el tiempo, y las constantes de Tacii terminaron por estabilizarse
antes de que la mañana llegase. Con un poco de suerte, recuperaría
el sentido en cuestión de minutos, y no estaba equivocado. Permanecí
a su lado hasta que estuvo totalmente consciente.
Tacii
Abrí
los ojos despacio, acostumbrándome a la luz que había en aquel
lugar en el que me encontraba. Tardé unos segundos en averiguar que
estaba en el hospital, y al girarme vi que Tommy estaba conmigo:
-¿Cómo
te encuentras?
-Un
poco mareada...¿Qué pasó?
-Volvíamos
con Pears de recuperar el control por la intromisión de un numeroso
grupo de caminantes en el perímetro de la ciudad, y te desmayaste.
-¿Es
por aquello que ya hablamos?
-Sí,
es lo mismo.
-Ah,
menos mal.
-¿Cómo
que "menos mal"? Exponerte a unas circunstancias tan
extremas no te hace precisamente bien, Tacii, tienes que plantearte
que todo eso te va a pasar factura.
-No
quiero agobiarme, sé que es algo malo, pero no lo puedo evitar, no
tiene solución, y si me tengo que acabar muriendo, pues así será,
supongo. Suerte he tenido de aguantar después de que un zombie me
contagiase.
-No
digas eso Tacii, estoy seguro de que hay una solución, y voy a
intentar encontrarla, te lo aseguro. Si no te convertiste, es que aún
hay tiempo.
-¿Insinúas
que vas a encontrar una cura?
-Algo
así, y no lo insinúo, lo afirmo. Me quedaré por las noches en el
hospital, en mi despacho, investigando la muestra de sangre que te
cogí. No me voy a rendir, y mucho menos cuando es tu salud la que
está en juego. No quiero ver cómo te marchitas.
-¿Y
si simplemente no hay solución? He sido afortunada al no
convertirme, igual nuestro cuerpo está acostumbrado al virus y es
capaz de hacerle frente mejor de lo que lo hacía cuando todo empezó
y era totalmente desconocido.
-Puede
que tengas razón, pero no voy a rendirme, y tú tampoco deberías.
Al menos yo no te voy a dejar.
-¿Me
vas a obligar?
-Sin
duda -sonrió, aunque no entendí si era una sonrisa sarcástica o
sincera-. Voy a esperar un poco, y después me voy a ver si hay más
pacientes, ¿vale?
-Claro...Por
cierto, ¿le dijiste algo a Pears?
-Sí,
le he llamado hace un par de horas, cuando tú entrabas, y le dije
que te estabas recuperando. Si quieres puedes llamarle ahora, se
alegrará de oírte, estaba muy preocupado.
-En
un rato le llamo, me siento mareada aún...
-¿Aún?
Lo voy a apuntar -se dirigió hacia la mesa en la que estaba
trabajando, y de pronto llamaron a la puerta, y fue a abrir, y vi a
un hombre con bata de médico, parecía un compañero de trabajo de
Tommy-. Oh, buenos días James...
-¿Por
qué no estás en tu puesto de trabajo? -le preguntó, furioso-.
-Estoy
en mi puesto de trabajo...
-No,
en la sala de espera tienes un paciente, lleva esperando cuarenta y
cinco minutos.
-Estoy
trabajando, ¿no lo ves?
-Veo
que no estás en tu puesto de trabajo, eso veo. A no ser que seas el
hermano gemelo del Dr. Karevik, en cuyo caso le debería una
disculpa.
-¿Cómo
lo tengo que decir? Trabajo como médico, ahora estoy ejerciendo como
médico, ¿es difícil de entender?
-Muy
bien, tú comportarte así, y tu estancia en esta ciudad durará
poco.
-Como
quieras, puedes llamar al jefe y decírselo tú mismo, "Oh,
querido jefe, Tommy no hace exactamente lo que yo digo". Que yo
sepa en ningún momento me exigieron que siguiese ninguna norma a la
hora de atender pacientes, de hecho el único criterio establecido es
tiempo y urgencia, y este caso es urgente.
-Porque
es la tía a la que te tiras, ¿no? Ya veo el tipo de "criterios"
que usas.
-No
me hables así, creo que ya he tenido suficiente impertinencia por
hoy. Puedes irte e informar al superior, haz lo que quieras.
-Te
arrepentirás de haber dicho eso.
-Sean
cuales sean las circunstancias, no me voy a arrepentir.
El
tipo se marchó tal cual llegó. Me hubiese gustado intervenir a
favor de Tommy, pero era más que consciente que no le iba a ayudar:
-Creo
que es mejor que vayas -le comenté, incómoda por la situación
anterior-.
-No,
no le voy a dejar ganar dándole la razón porque no la tiene. Es un
cretino y un envidioso, no merece la pena amargarme por eso. Es lo de
siempre.
-¿No
has pensado en decirle nada a Ralph? Ya que tiene poder, podía
emplearlo para erradicar ese tipo de comportamientos.
-Ralph
es su suegro, dudo que le vaya a penalizar, de hecho, dada su
incompetencia me creería que no es ni médico, y simplemente está
ahí por ser quien es.
-Uf,
entre los vivos y los muertos la cosa esta muy difícil. Si queremos
vivir más o menos seguros tenemos que sacrificarnos
psicológicamente, y si no nos conformamos con tener un techo bajo el
que vivir mientras somos explotados, pues nos vamos a matar
caminantes de nuevo. Ni en un sitio ni en otro se puede estar -hice
una breve pausa-. A ver, por poder se puede, pero si es el progreso
lo que buscamos, no veo dónde hallarlo.
-Todo
esto es una forma de progreso, lo único que no muy favorable para
nosotros... No creo que podamos hacer nada al respecto. Mira, llámame
cobarde, pero quiero conservar mi vida, y si tengo que aguantar esto
todos los días, mientras no vaya a más, encantado lo sobrellevaré.
-Ya,
sé que no nos queda otra...Me gustaría pensar que esto no es lo que
nos espera hasta que haya algún progreso con respecto a la pandemia.
-Tacii,
cielo, no podemos ver las cosas así. La realidad se ha vuelto más
dura, y si nos quedamos con esos pensamientos vamos a terminar
suicidándonos -se aclaró la garganta y prosiguió-. Recuerdo cuando
perdí a todo mi grupo cuando una horda de zombies irrumpió en la
sala en la que nos refugiábamos. Aquello, junto a la reciente muerte
de Jolee me hundió, estaba solo, asustado, y no quería continuar
con aquel sufrimiento, pero por algún motivo seguí adelante, y
mira, aquí estoy. No sabes la de cosas que me habría perdido, y las
vueltas que da la vida, que aunque los muertos caminan entre nosotros
eso no ha cambiado.
-No
quiero rendirme, pero tampoco resignarme a esto.
-¡Y
dale! Tenemos que llevarlo lo mejor que podamos, ser positivos.
-Lo
intentaré -suspiré-. Tengo una duda, ¿cuándo voy a poder salir de
aquí?
-Estoy
analizando los resultados, tienes que quedarte hasta por la tarde,
¿vale?
-Eso
es mucho...¿Por qué me tengo que quedar tanto? Las otras veces me
recuperé rápido, y yo ahora me encuentro más o menos bien.
-Ya
lo sé, pero siendo que el antígeno aún se puede encontrar en el
ambiente, mejor asegurarnos de que no vuelvas a entrar en contacto
con él, caer dos veces tan seguidas puede ser mortal. Por lógica
acabará contigo. Tienes que ser prudente.
-Vale
Tommy -le sonreí, y recordé lo que había ocurrido aquella noche-.
Eh...¿tú estás bien?
-Sí,
claro, ¿por? ¿Ocurre algo, Tacii?
-No,
no pasa nada, simplemente me siento...desorientada.
-Tú
quédate aquí, descansa, y cuando te encuentres bien me avisas,
¿vale? Le pediré a Gladis que se quede contigo un rato, así al
menos no te aburres, y si te duermes otro rato, ella te cuidará
mientras tanto. La diré dónde me puede encontrar por si acaso,
¿vale?
-Pero...
-justo se marchó-.
La
inseguridad fue creciendo como si se estuviese apoderando de mí.
Parecía que necesitaba una pequeña muestra de lo frágiles que
somos para desmoronarme.
Se
dio la situación de que Tommy estuvo a punto de ser mordido, y yo
estaba allí para ayudarle. Pero podía no haberme dado cuenta, o no
haber estado allí...
Me
puse en pie, no quería seguir en la cama, aunque la sensación de
malestar y mareo había aumentando y sabía que en cualquier momento
me caería.
Ni
siquiera sabía por qué me había levantado, pero tenía que hacer
algo, o hablar con alguien, estaba desorientada y confusa.
Al
salir de la habitación me topé con Gladis, y me condujo de nuevo al
interior de la habitación y me hizo una señal para que me sentase:
-¿A
dónde vas, jovencita?
-No
me puedo quedar aquí, tengo que irme.
-¿Cómo
que irte? Tommy me dijo que permanecieses aquí hasta que él
volviese.
-Ah,
¿y tengo que hacer lo que él dice?
-Sí
Tacii, porque lo dice como médico, no como si le pertenecieses.
Tienes que aclararte y ser razonable, que ya tienes edad para ello
-suspiré y dejé el tema de lado, no tenía intención de enzarzarme
en una discusión absurda-.
-¿Me
puedo ir entonces o no?
-No,
no te puedes ir hasta que no te den el alta. Que, por cierto, ¿se
sabe qué te pasó exactamente?
-No...
-disimulé lo mejor posible la mentira-. Supongo que entre el
cansancio y la conmoción, me he vuelto a poner mala.
-¿Te
sientes débil? Igual deberías volver a rehabilitación, a lo mejor
lo de la pierna no fue lo único. Fue hace mucho, tal vez te quedó
alguna lesión que pasó por alto.
-Sí,
será eso...me haré una revisión en cuanto pueda...-tras un breve
silencio, la puerta se abrió, y apareció un hombre mayor acompañado
por Tommy-.
-¿Es
esta la zorra problemática de la que me habló James?
-No
le hables así -le dijo Tommy, haciéndole retroceder
violentamente-. Es una paciente, como el resto, y no hago preferencia
porque tenga algún tipo de lazo sentimental con ella. ¿Qué
quieres, que la deje morirse en una esquina?
.-¿Crees que no me doy cuenta? -se zafó de las garras de Tommy y se acercó a mí, dedicándome una mirada despectiva -. Ya me han informado de su presencia varias veces, estoy harto de que viva aquí, este es un sitio en el que la gente enferma se trata y se recupera, no el picadero personal de nadie
-¡No
está aquí por gusto! Está enferma, y tiene el mismo derecho que
los demás a estar aquí. Puedes revisar sus constantes si crees que
estoy mintiendo, aún se está recuperando. Tiene un moratón en el
codo derecho a causa del desmayo repentino que sufrió, puedes
comprobarlo si quieres.
-Me
da igual. No figura en ningún documento que requiera nuestros
servicios constantemente.
-No
tenemos nada más que hablar.
-Ya
veremos -el hombre se marchó dando un portazo-.
-¿Cómo
estás?
-Yo
bien, ¿y tú?
-Yo
no he sido el que se ha desplomado, estoy bien -sonrió-. ¿Cómo se
está portando, Gladis?
-Bien,
no esperaba menos de ella. Os dejo un rato solos, yo esperaré fuera
-abrió la puerta y salió, haciendo a penas ruido-.
-¿Qué
les pasa a esos médicos?
-El
que acaba de entrar es el jefe, el que “controla” todo esto, y ha
venido por el chivatazo de antes. No sé qué les pasa, pero son una
panda de comemierdas.
-Sabes
lo que te voy a decir.
-Que
lo hable con Ralph, ya, ¿crees que no lo había pensado antes?
Prácticamente desde que llegamos aquí, pero son enchufados, no iba
a hacer nada al respecto, todo lo contrario, si ve que critico a los
suyos, igual se deshace de mí. Y también sé qué vas a decir, así
que, como no me apetece discutir, cambiemos de tema.
-Me
parece bien, pero no lo dejes de lado.
-Vivo
con ello, aunque quiera no voy a poder -suspiró-. Antes de
encontrarme con ese gilipollas, he llamado a Pears para preguntar
cómo iban las cosas por allí, y me ha contado que va a haber una
reunión, pero que ya han decidido lo que van a hacer. Van a salir a
dar una vuelta por el perímetro y a limpiar.
-Bueno,
está bien. ¿Han caído muchos?
-No
lo sé, pero parecía muy preocupado cuando estaba hablando con él,
y estoy seguro de que era más por lo que podría ocurrir que por lo
que ha ocurrido.
-Ojalá
que las cosas no empeoren.
-La
vida es así, Tacii, qué le vamos a hacer, tendremos que vivir con
ello, al igual que lo hicimos cuando todo esto empezó -hizo una
breve pausa para aclararse la garganta-. Por cierto, me ha dicho que
si estás mejor, puedes ir con ellos. Hay un grupo que va a por
provisiones también, y él va con ellos.
-¿Cuándo?
-Pasado
mañana. Tienes tiempo para pensártelo. Eso sí, si vas, tienes que
llevar una máscara para evitar el contacto con el antígeno.
-Hum...
Tenía
clara la decisión que iba a tomar, pero no sabía lo equivocada que
estaba en aquel momento.
miércoles, 1 de marzo de 2017
Stairway to Heaven- Cap.2
Vi a
mucha gente, y al principio me sentí aliviada, pero al mirarles con
más detenimiento pude ver graves heridas en diferentes partes del
cuerpo, algunas eran visibles, y parecían mordeduras.
A
partir de ahí, las cosas empezaron a ir mucho más rápido. Por el
rabillo del ojo pude ver que tres personas heridas se acercaban hacia
mí con una actitud hostil, enseñando los dientes. No eran muy
rápidos, así que seguí corriendo, y esta vez no podría parar.
No
sabía qué hacer a continuación, ¿debía volver a casa o buscar a
Logan?
Si
volvía a casa tendría complicaciones por el camino, pero era la
opción más segura, pues ir a buscar a Logan no me aseguraba
encontrarle, al fin y al cabo no sabía qué había sido de él desde
el accidente, ni siquiera sabía si seguía vivo. ¿Y si se
encontraba agonizando y mi ayuda le pudiese salvar la vida?
Decidí
ir a por Logan, él habría hecho lo mismo que yo en mi lugar, él
venía a salvarme. y ahora me tocaba a mí.
En la
calle cundía el pánico, la gente estaba tan alterada que no iba
mirando por dónde andaba, probablemente ni siquiera supiesen a dónde
se dirigían, simplemente se movían, huían de algo.
Con
la alarma de fondo, me puse en marcha hacia la carretera por la que
debía haber ido mi amigo.
A
medida que avanzaba me topaba con menos gente, pero a su vez con más
coches, lo que hacía de las carreteras vías inservibles. Miré el
teléfono mientras aminoraba la marcha, pero no había señales de
vida, aunque aún había cobertura. Primero marqué el teléfono de
Logan, con la esperanza de obtener respuesta, después a mi compañera
de piso y después a mi madre, aunque muy en el fondo sabía que no
iba a poder. Probablemente las líneas estuviesen colapsadas, cuando
ocurre algo la gente entra en pánico y a todo el mundo se le ocurre
llamar a sus seres queridos, o a alguna vidente que les diga qué
ocurrirá a continuación. Suspiré y me guardé el teléfono en el
bolsillo para que me fuese más accesible en caso de que alguien me
llamase.
Todo
estaba desolado, parecía que todo el mundo se había puesto de
acuerdo en ir al mismo sitio, y yo estaba yendo aparentemente al
contrario. Por el camino me encontré algunos vehículos que habían
sido abandonados de forma espontánea, dejando las puertas abiertas
en la mayoría de casos. Otros no habían tenido la misma suerte, y
me topé con algunos accidentados, que aún se hallaban humeante.
Temía
encontrar a Logan muerto, pero también temía no encontrarlo, no
sabía qué era peor.
Estaba
agobiada, no sabía qué hacer, por más que andaba, parecía como si
no avanzase, el panorama era el mismo: coches accidentados, algunos
mal estacionados, otros pocos con las puertas abiertas, y ni un
ruido, como si hubiese una fiesta a la que yo no estaba invitada.
¿Qué se supone que estaba ocurriendo? No hacía falta ser un lince
para saber que era algo relacionado con lo que acababa de ocurrir en
el supermercado, algo así como que la gente se había vuelto loca.
Tenía muchas preguntas, mientras caminaba y examinaba los coches en
busca de un rostro familiar, intentaba encontrar el motivo de por qué
había ocurrido aquello, exactamente qué había ocurrido, y cómo,
etc.
Estaba
aturdida, cansada, y veía como la luz del día se iba desvaneciendo
para dar paso a la noche. La oscuridad no me sería de ayuda para
encontrar a mi compañero, ni siquiera sería capaz de encontrar su
coche.
Tenía
dos opciones: volver a casa y esperar a que las cosas se calmasen un
poco y pedir ayuda, o seguir buscando y hacer uso de la linterna del
móvil y de la poca batería que ya me quedaba. Opté por la segunda,
más arriesgada, pero estaba segura de que si esperaba podría ser
tarde.
Aproveché
el tener el teléfono móvil a mano y probé a llamar a mi compañera
de piso, pero no había señal, tal vez las líneas seguían
saturadas.
La
noche cayó, eran las diez, y no se veía ni un alma por las calles.
Seguía marchando por las carreteras, iba por la mitad del camino que
Logan debería haber seguido para llegar hasta el súper. Sentí
cierta esperanza al identificar un coche parecido al que buscaba: era
un Ford gris, un modela antiguo que compró de segunda mano y
conservaba muy bien para sus años. No veía la matrícula y lo que
había dentro, estaba aún muy lejos, pero a medida que me acercaba
mis ansias crecían. Vi un gran impacto por el lateral del coche, y
el que le había golpeado se había marchado. Suspiré de alivio al
ver que era el coche de Logan, y que él no estaba allí, lo cual
significaba que sea lo que sea lo que haya pasado él se había
movido. Examiné el coche por dentro, esperaba encontrar alguna pista
o señal de a dónde podía haber ido. Me quedé horrorizada al
contemplar las numerosas manchas de sangre y tejidos que había en la
parte del conductor, aunque me calmé pensando que él estaba bien,
se habría ido a buscar ayuda o alguien le habrá llevado al
hospital, o...
Empecé
a sollozar, no sabía qué hacer, estaba perdida y me había
equivocado al ir a buscar a mi amigo, lo mejor hubiese sido volver a
casa y esperar a que las cosas se calmasen, o al menos ver qué era
lo que estaba sucediendo.
Pero
ya era tarde para eso, lo único que me quedaba por hacer era volver
a pie hasta mi piso.
Me di
la vuelta y traté de trazar un plano más o menos realista de por
dónde debería ir a casa, aunque dada mi vaga experiencia y los
nervios, no recordaba muy bien cómo había llegado hasta allí.
Necesitaba un mapa para aclararme, o alguien que me llevase hasta
allí...
Iba
sin rumbo, no había hecho ni una cosa bien desde que empezó el día.
De repente, unos gritos me sacaron de mis pensamientos. Me giré en
todas las direcciones hasta que di con su origen: era una mujer, se
encontraba asomada por la puerta del portal de un edificio, y estaba
tratando de llamar mi atención por algún motivo. Me apresuré a ver
qué quería, estaba dudosa de cuáles serían sus intenciones,
aunque parecía amigable:
-¿Qué
haces aquí? -me preguntó la mujer, tirando de mi camiseta y
metiéndome dentro del portal, lo que me pilló totalmente por
sorpresa-.
-Eh,
¡¿qué cojones estás haciendo?! -dije mientras me alejaba de la
mujer y me disponía a irme-.
-No,
no, no me malinterpretes, espera, si lo que te cuento no te convence
te podrás ir, no me opondré a ello, pero me tienes que escuchar.
-Está
bien, pero pos si acaso mantengamos las distancias.
-Desde
luego -dio varios pasos hacia atrás hasta toparse con la escalera-.
¿Mejor? -asentí, y esperé a que la mujer me contase su historia-.
Aún no se sabe el por qué, pero algunas personas han perdido el
conocimiento y al volver en sí se han convertido en...cómo
decirlo...¿caníbales? Han atacado a mucha gente, y claro, ha
cundido el pánico y la gente se ha marchado de la ciudad tan pronto
como han podido. Yo estaba aquí con mi hija y algunos vecinos
esperando noticias del exterior, pero sólo salen alertas de que
permanezcamos en nuestras casas, no nos dicen ni qué está pasando
ni cómo actuar.
-Entiendo...
Intenté
procesar toda aquella información en el mínimo tiempo posible. No
estaba segura de si la mujer estaba diciendo la verdad o se estaba
quedando conmigo, aunque si tomaba su testimonio como verdadero lo
que había ocurrido en el súper tenía sentido, lo que le había
pasado a aquella mujer de extrañas pintas y después a mis
compañeros de trabajo. Pero era una locura, ¿cómo iba a ser verdad
algo así? ¿Podía ser algo así posible?
-Bueno,
pues supongamos que te creo... -le dije, mirándole fijamente a los
ojos para detectar alguna anomalía-. ¿Qué quieres de mí?
-Vi a
alguien que parecía humano a lo lejos, y pensé que necesitarías
cobijo para la noche. No sabemos que peligros acechan por ahí, pero
sean lo que sean sin luz no van a ser menos amenazantes o peligrosos,
todo lo contrario, cuentan con el factor nocturno y...
-Espera,
espera, me estás tomando el pelo, ¿a que sí? Esto suena a película
mala de zombies. ¿Qué va a ser lo próximo, que aparezca la típica
pareja de adolescentes cachondos y les devoren en nuestras narices?
¡Venga ya!
-No
gano nada mintiéndote, por favor, créeme, si quieres pueden venir a
ver el aviso que está puesto en bucle en la televisión o en la
radio.
-No
voy a ir a ningún sitio, de hecho, me voy de aquí ya. Qué tengáis
suerte.
-Tú
la vas a necesitar más que nosotros...Ya sabes, si cambias de idea,
puedes volver aquí. Cuando quieras.
Sin
decir nada más ni mirar atrás me marché. Al principio parecía que
lo que aquella mujer me había contado podía ser posible, pero
resultaba ilógico, no, no podía ser y punto.
Fuera
ya estaba muy oscuro, así que recurrí a la linterna del móvil,
aunque me quedaba muy poca batería , esperaba al menos poder pasar
la parte más oscura del tramo, y ya luego me las apañaría con
cualquier otra cosa, lo importante era avanzar sin detenerme, aunque
no fuese en la dirección correcta.
A
medida que caminaba me arrepentía más de haber negado haberme
quedado en el edificio con aquella extraña mujer, aunque me hubiesen
querido como cena al menos habría tenido un sitio tranquilo en el
que estar.
Tras
haber caminado más de tres horas seguidas, decidí parar, necesitaba
sentarme un poco para recuperarme y así poder continuar. Al menos la
oscuridad había cedido y la visibilidad era mejor, podría seguir
sin preocuparme de los “peligros” que acechan las sombras.
Me
senté en el borde de la carretera para poder apartarme a tiempo si
algún vehículo pasaba por allí. La ciudad estaba desolada, las
calles parecían sacadas de una novela de terror, y los sonidos no
hacían más que acentuar su siniestro aspecto.
Al
centrarme en los edificios que se veían desde yo estaba sentada,
escuché unos ruidos que se asemejaban a pasos, ¡pasos! No estaba
sola, lo cual no sabía si me beneficiaría o todo lo contrario. Me
levanté y me acerqué lo más sigilosa posible, y me quedé
petrificada al fijarme en la persona: era Logan. ¿Cómo había
llegado tan lejos estando herido? Me apresuré a decirle algo,
cuando al pisar una lata él mismo fue el que se giró.
Pero
aquel no era Logan, ni siquiera era humano.
Me
quedé horrorizada contemplando la escena, y pensé rápido. Pensé
en correr tan lejos de allí como pudiese.
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