jueves, 16 de marzo de 2017

Tornado of Souls-Cap.62: In Cold Blood

                 
                         
Tommy

Después de todo lo que había ocurrido, me sentía desfallecido, e imaginaba que Tacii y Pears estarían igual o peor. Quería hablar con ellos sobre lo que acababa de pasar, y más con Tacii, me había salvado la vida...


Continué totalmente inmerso en mis pensamientos cuando escuché que algo se precipitaba contra el suelo. Pears y yo nos giramos ese instante, al unísono, para comprobar qué era lo que había producido aquel estruendo, y cuando vimos a Tacii desplomada en el suelo, ambos fuimos a levantarla. Le pedí a Pears que la sujetase mientras controlaba sus signos vitales:

-¿Ha recaído? -preguntó Pears, asustado-.

-Eso parece, aunque no estoy del todo seguro. Voy a tomarla el pulso y comprobaré su temperatura -tras revisarla, procedí a dar mi pobre diagnóstico-. Tiene una temperatura corporal muy alta, y su corazón late más rápido que de costumbre. Coinciden los resultados con las anteriores veces que se puso enferma, así que lo mejor es llevarla al hospital. Si quieres la llevo yo, ha sido un día muy duro, y sobre todo para ti, que eres el encargado...

-No te preocupes Tommy, voy con vosotros. Estoy preocupado por Tacii, a pesar de que se recupera, parece que esto es algo con lo que va a tener que vivir, y no creo que se pueda vivir así...

-¿Insinúas que debería acabar con su vida?

-No, no me malinterpretes, simplemente quiero saber si existe la posibilidad de que haya una cura para ello. Jamás la mataría...

-Perdón, estoy un poco tenso todavía por lo que había pasado antes. Pongámonos rumbo al hospital lo antes posible.


El camino se me hizo mucho eterno, no veía el momento de llegar y comprobar la salud de Tacii. No me había parado a pensar en que Tacii ya había caído enferma 3 veces, y era más que posible que siguiese así. Se había liberado una lucha incansable entre el virus zombie y el sistema inmunitario de Tacii, y al entrar en contacto con los "caminantes", esa lucha se intensificaba, pues la cantidad de antígeno era mayor, y al ser así, la actividad del sistema inmunitario aumentaba considerablemente para hacerle frente a la amenaza. Pero su cuerpo, al igual que el del resto de seres vivos, tiene un límite, y exponerse a una amenaza constante le pasaría factura.
Temí por su vida más de lo que acostumbraba cuando pasaban aquel tipo de cosas, no entendía cómo no había pensado en las consecuencias que aquello tendría a largo plazo, si seguía siendo constante.

Finalmente llegamos al hospital, y pedí a Pears que me esperase mientras buscaba una sala libre para llevar a Tacii e ingresarla de urgencia. Por el camino me crucé a Gladis:


-¿Y esas prisas, joven?

-Necesito ayuda Gladis.

-Claro, dime, ¿qué necesitas?

-Necesito una sala con camilla y material quirúrgico, aunque no sé si este último será necesario, mejor prevenir que curar. Es urgente.

-Por supuesto, hace poco se ha quedado una libre. ¿Para qué la necesitas?

-Tacii se ha puesto enferma.

-En seguida voy.


Vi a Gladis alejarse a toda prisa, agradecía que hubiese gente amable aún en aquel hospital de trepas y enchufados. Volví al lugar en el que había dejado a Pears con Tacii, y casi de inmediato vi a Gladis acercarse corriendo con una camilla, con la angustia reflejada en su rostro. Tumbamos a Tacii y  nos dirigimos rápidamente hacia la habitación, no veía el momento de llegar y poder revisarla.
Pedí a Gladis y a Pears que lo dejasen en mis manos.
Tras varias pruebas, me aseguré de que se trataba de una recaída. Lo único que podía hacer en aquella situación fue dejarla reposar y ponerla un trapo húmedo en la frente.
Mientras tanto, continué investigando la sangre que le había extraído, tenía que encontrar algo para terminar con todo aquello, no podía consentir que volviese a recaer, era más que suficiente con lo que había tenido.
Pasaba el tiempo, y las constantes de Tacii terminaron por estabilizarse antes de que la mañana llegase. Con un poco de suerte, recuperaría el sentido en cuestión de minutos, y no estaba equivocado. Permanecí a su lado hasta que estuvo totalmente consciente.


Tacii

Abrí los ojos despacio, acostumbrándome a la luz que había en aquel lugar en el que me encontraba. Tardé unos segundos en averiguar que estaba en el hospital, y al girarme vi que Tommy estaba conmigo:


-¿Cómo te encuentras?

-Un poco mareada...¿Qué pasó?

-Volvíamos con Pears de recuperar el control por la intromisión de un numeroso grupo de caminantes en el perímetro de la ciudad, y te desmayaste.

-¿Es por aquello que ya hablamos?

-Sí, es lo mismo.

-Ah, menos mal.

-¿Cómo que "menos mal"? Exponerte a unas circunstancias tan extremas no te hace precisamente bien, Tacii, tienes que plantearte que todo eso te va a pasar factura.

-No quiero agobiarme, sé que es algo malo, pero no lo puedo evitar, no tiene solución, y si me tengo que acabar muriendo, pues así será, supongo. Suerte he tenido de aguantar después de que un zombie me contagiase.

-No digas eso Tacii, estoy seguro de que hay una solución, y voy a intentar encontrarla, te lo aseguro. Si no te convertiste, es que aún hay tiempo.

-¿Insinúas que vas a encontrar una cura?

-Algo así, y no lo insinúo, lo afirmo. Me quedaré por las noches en el hospital, en mi despacho, investigando la muestra de sangre que te cogí. No me voy a rendir, y mucho menos cuando es tu salud la que está en juego. No quiero ver cómo te marchitas.

-¿Y si simplemente no hay solución? He sido afortunada al no convertirme, igual nuestro cuerpo está acostumbrado al virus y es capaz de hacerle frente mejor de lo que lo hacía cuando todo empezó y era totalmente desconocido.

-Puede que tengas razón, pero no voy a rendirme, y tú tampoco deberías. Al menos yo no te voy a dejar.

-¿Me vas a obligar?

-Sin duda -sonrió, aunque no entendí si era una sonrisa sarcástica o sincera-. Voy a esperar un poco, y después me voy a ver si hay más pacientes, ¿vale?

-Claro...Por cierto, ¿le dijiste algo a Pears?

-Sí, le he llamado hace un par de horas, cuando tú entrabas, y le dije que te estabas recuperando. Si quieres puedes llamarle ahora, se alegrará de oírte, estaba muy preocupado.

-En un rato le llamo, me siento mareada aún...

-¿Aún? Lo voy a apuntar -se dirigió hacia la mesa en la que estaba trabajando, y de pronto llamaron a la puerta, y fue a abrir, y vi a un hombre con bata de médico, parecía un compañero de trabajo de Tommy-. Oh, buenos días James...

-¿Por qué no estás en tu puesto de trabajo? -le preguntó, furioso-.

-Estoy en mi puesto de trabajo...

-No, en la sala de espera tienes un paciente, lleva esperando cuarenta y cinco minutos.

-Estoy trabajando, ¿no lo ves?

-Veo que no estás en tu puesto de trabajo, eso veo. A no ser que seas el hermano gemelo del Dr. Karevik, en cuyo caso le debería una disculpa.

-¿Cómo lo tengo que decir? Trabajo como médico, ahora estoy ejerciendo como médico, ¿es difícil de entender?

-Muy bien, tú comportarte así, y tu estancia en esta ciudad durará poco.

-Como quieras, puedes llamar al jefe y decírselo tú mismo, "Oh, querido jefe, Tommy no hace exactamente lo que yo digo". Que yo sepa en ningún momento me exigieron que siguiese ninguna norma a la hora de atender pacientes, de hecho el único criterio establecido es tiempo y urgencia, y este caso es urgente.

-Porque es la tía a la que te tiras, ¿no? Ya veo el tipo de "criterios" que usas.

-No me hables así, creo que ya he tenido suficiente impertinencia por hoy. Puedes irte e informar al superior, haz lo que quieras.

-Te arrepentirás de haber dicho eso.

-Sean cuales sean las circunstancias, no me voy a arrepentir.

El tipo se marchó tal cual llegó. Me hubiese gustado intervenir a favor de Tommy, pero era más que consciente que no le iba a ayudar:


-Creo que es mejor que vayas -le comenté, incómoda por la situación anterior-.

-No, no le voy a dejar ganar dándole la razón porque no la tiene. Es un cretino y un envidioso, no merece la pena amargarme por eso. Es lo de siempre.

-¿No has pensado en decirle nada a Ralph? Ya que tiene poder, podía emplearlo para erradicar ese tipo de comportamientos.

-Ralph es su suegro, dudo que le vaya a penalizar, de hecho, dada su incompetencia me creería que no es ni médico, y simplemente está ahí por ser quien es.

-Uf, entre los vivos y los muertos la cosa esta muy difícil. Si queremos vivir más o menos seguros tenemos que sacrificarnos psicológicamente, y si no nos conformamos con tener un techo bajo el que vivir mientras somos explotados, pues nos vamos a matar caminantes de nuevo. Ni en un sitio ni en otro se puede estar -hice una breve pausa-. A ver, por poder se puede, pero si es el progreso lo que buscamos, no veo dónde hallarlo.

-Todo esto es una forma de progreso, lo único que no muy favorable para nosotros... No creo que podamos hacer nada al respecto. Mira, llámame cobarde, pero quiero conservar mi vida, y si tengo que aguantar esto todos los días, mientras no vaya a más, encantado lo sobrellevaré.

-Ya, sé que no nos queda otra...Me gustaría pensar que esto no es lo que nos espera hasta que haya algún progreso con respecto a la pandemia.

-Tacii, cielo, no podemos ver las cosas así. La realidad se ha vuelto más dura, y si nos quedamos con esos pensamientos vamos a terminar suicidándonos -se aclaró la garganta y prosiguió-. Recuerdo cuando perdí a todo mi grupo cuando una horda de zombies irrumpió en la sala en la que nos refugiábamos. Aquello, junto a la reciente muerte de Jolee me hundió, estaba solo, asustado, y no quería continuar con aquel sufrimiento, pero por algún motivo seguí adelante, y mira, aquí estoy. No sabes la de cosas que me habría perdido, y las vueltas que da la vida, que aunque los muertos caminan entre nosotros eso no ha cambiado.

-No quiero rendirme, pero tampoco resignarme a esto.

-¡Y dale! Tenemos que llevarlo lo mejor que podamos, ser positivos.

-Lo intentaré -suspiré-. Tengo una duda, ¿cuándo voy a poder salir de aquí?

-Estoy analizando los resultados, tienes que quedarte hasta por la tarde, ¿vale?

-Eso es mucho...¿Por qué me tengo que quedar tanto? Las otras veces me recuperé rápido, y yo ahora me encuentro más o menos bien.

-Ya lo sé, pero siendo que el antígeno aún se puede encontrar en el ambiente, mejor asegurarnos de que no vuelvas a entrar en contacto con él, caer dos veces tan seguidas puede ser mortal. Por lógica acabará contigo. Tienes que ser prudente.

-Vale Tommy -le sonreí, y recordé lo que había ocurrido aquella noche-. Eh...¿tú estás bien?

-Sí, claro, ¿por? ¿Ocurre algo, Tacii?

-No, no pasa nada, simplemente me siento...desorientada.

-Tú quédate aquí, descansa, y cuando te encuentres bien me avisas, ¿vale? Le pediré a Gladis que se quede contigo un rato, así al menos no te aburres, y si te duermes otro rato, ella te cuidará mientras tanto. La diré dónde me puede encontrar por si acaso, ¿vale?

-Pero... -justo se marchó-.

La inseguridad fue creciendo como si se estuviese apoderando de mí. Parecía que necesitaba una pequeña muestra de lo frágiles que somos para desmoronarme.
Se dio la situación de que Tommy estuvo a punto de ser mordido, y yo estaba allí para ayudarle. Pero podía no haberme dado cuenta, o no haber estado allí...

Me puse en pie, no quería seguir en la cama, aunque la sensación de malestar y mareo había aumentando y sabía que en cualquier momento me caería.
Ni siquiera sabía por qué me había levantado, pero tenía que hacer algo, o hablar con alguien, estaba desorientada y confusa.

Al salir de la habitación me topé con Gladis, y me condujo de nuevo al interior de la habitación y me hizo una señal para que me sentase:


-¿A dónde vas, jovencita?

-No me puedo quedar aquí, tengo que irme.

-¿Cómo que irte? Tommy me dijo que permanecieses aquí hasta que él volviese.

-Ah, ¿y tengo que hacer lo que él dice?

-Sí Tacii, porque lo dice como médico, no como si le pertenecieses. Tienes que aclararte y ser razonable, que ya tienes edad para ello -suspiré y dejé el tema de lado, no tenía intención de enzarzarme en una discusión absurda-.

-¿Me puedo ir entonces o no?

-No, no te puedes ir hasta que no te den el alta. Que, por cierto, ¿se sabe qué te pasó exactamente?

-No... -disimulé lo mejor posible la mentira-. Supongo que entre el cansancio y la conmoción, me he vuelto a poner mala.

-¿Te sientes débil? Igual deberías volver a rehabilitación, a lo mejor lo de la pierna no fue lo único. Fue hace mucho, tal vez te quedó alguna lesión que pasó por alto.

-Sí, será eso...me haré una revisión en cuanto pueda...-tras un breve silencio, la puerta se abrió, y apareció un hombre mayor acompañado por Tommy-.

-¿Es esta la zorra problemática de la que me habló James?

-No le hables así -le dijo Tommy, haciéndole retroceder violentamente-. Es una paciente, como el resto, y no hago preferencia porque tenga algún tipo de lazo sentimental con ella. ¿Qué quieres, que la deje morirse en una esquina?

.-¿Crees que no me doy cuenta? -se zafó de las garras de Tommy y se acercó a mí, dedicándome una mirada despectiva -. Ya me han informado de su presencia varias veces, estoy harto de que viva aquí, este es un sitio en el que la gente enferma se trata y se recupera, no el picadero personal de nadie

-¡No está aquí por gusto! Está enferma, y tiene el mismo derecho que los demás a estar aquí. Puedes revisar sus constantes si crees que estoy mintiendo, aún se está recuperando. Tiene un moratón en el codo derecho a causa del desmayo repentino que sufrió, puedes comprobarlo si quieres.

-Me da igual. No figura en ningún documento que requiera nuestros servicios constantemente.

-No tenemos nada más que hablar.

-Ya veremos -el hombre se marchó dando un portazo-.

-¿Cómo estás?

-Yo bien, ¿y tú?

-Yo no he sido el que se ha desplomado, estoy bien -sonrió-. ¿Cómo se está portando, Gladis?

-Bien, no esperaba menos de ella. Os dejo un rato solos, yo esperaré fuera -abrió la puerta y salió, haciendo a penas ruido-.

-¿Qué les pasa a esos médicos?

-El que acaba de entrar es el jefe, el que “controla” todo esto, y ha venido por el chivatazo de antes. No sé qué les pasa, pero son una panda de comemierdas.

-Sabes lo que te voy a decir.

-Que lo hable con Ralph, ya, ¿crees que no lo había pensado antes? Prácticamente desde que llegamos aquí, pero son enchufados, no iba a hacer nada al respecto, todo lo contrario, si ve que critico a los suyos, igual se deshace de mí. Y también sé qué vas a decir, así que, como no me apetece discutir, cambiemos de tema.

-Me parece bien, pero no lo dejes de lado.

-Vivo con ello, aunque quiera no voy a poder -suspiró-. Antes de encontrarme con ese gilipollas, he llamado a Pears para preguntar cómo iban las cosas por allí, y me ha contado que va a haber una reunión, pero que ya han decidido lo que van a hacer. Van a salir a dar una vuelta por el perímetro y a limpiar.

-Bueno, está bien. ¿Han caído muchos?

-No lo sé, pero parecía muy preocupado cuando estaba hablando con él, y estoy seguro de que era más por lo que podría ocurrir que por lo que ha ocurrido.

-Ojalá que las cosas no empeoren.

-La vida es así, Tacii, qué le vamos a hacer, tendremos que vivir con ello, al igual que lo hicimos cuando todo esto empezó -hizo una breve pausa para aclararse la garganta-. Por cierto, me ha dicho que si estás mejor, puedes ir con ellos. Hay un grupo que va a por provisiones también, y él va con ellos.

-¿Cuándo?

-Pasado mañana. Tienes tiempo para pensártelo. Eso sí, si vas, tienes que llevar una máscara para evitar el contacto con el antígeno.

-Hum...



Tenía clara la decisión que iba a tomar, pero no sabía lo equivocada que estaba en aquel momento. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

Stairway to Heaven- Cap.2

Vi a mucha gente, y al principio me sentí aliviada, pero al mirarles con más detenimiento pude ver graves heridas en diferentes partes del cuerpo, algunas eran visibles, y parecían mordeduras.

A partir de ahí, las cosas empezaron a ir mucho más rápido. Por el rabillo del ojo pude ver que tres personas heridas se acercaban hacia mí con una actitud hostil, enseñando los dientes. No eran muy rápidos, así que seguí corriendo, y esta vez no podría parar.

No sabía qué hacer a continuación, ¿debía volver a casa o buscar a Logan?
Si volvía a casa tendría complicaciones por el camino, pero era la opción más segura, pues ir a buscar a Logan no me aseguraba encontrarle, al fin y al cabo no sabía qué había sido de él desde el accidente, ni siquiera sabía si seguía vivo. ¿Y si se encontraba agonizando y mi ayuda le pudiese salvar la vida?

Decidí ir a por Logan, él habría hecho lo mismo que yo en mi lugar, él venía a salvarme. y ahora me tocaba a mí.

En la calle cundía el pánico, la gente estaba tan alterada que no iba mirando por dónde andaba, probablemente ni siquiera supiesen a dónde se dirigían, simplemente se movían, huían de algo.

Con la alarma de fondo, me puse en marcha hacia la carretera por la que debía haber ido mi amigo.
A medida que avanzaba me topaba con menos gente, pero a su vez con más coches, lo que hacía de las carreteras vías inservibles. Miré el teléfono mientras aminoraba la marcha, pero no había señales de vida, aunque aún había cobertura. Primero marqué el teléfono de Logan, con la esperanza de obtener respuesta, después a mi compañera de piso y después a mi madre, aunque muy en el fondo sabía que no iba a poder. Probablemente las líneas estuviesen colapsadas, cuando ocurre algo la gente entra en pánico y a todo el mundo se le ocurre llamar a sus seres queridos, o a alguna vidente que les diga qué ocurrirá a continuación. Suspiré y me guardé el teléfono en el bolsillo para que me fuese más accesible en caso de que alguien me llamase.

Todo estaba desolado, parecía que todo el mundo se había puesto de acuerdo en ir al mismo sitio, y yo estaba yendo aparentemente al contrario. Por el camino me encontré algunos vehículos que habían sido abandonados de forma espontánea, dejando las puertas abiertas en la mayoría de casos. Otros no habían tenido la misma suerte, y me topé con algunos accidentados, que aún se hallaban humeante.

Temía encontrar a Logan muerto, pero también temía no encontrarlo, no sabía qué era peor.

Estaba agobiada, no sabía qué hacer, por más que andaba, parecía como si no avanzase, el panorama era el mismo: coches accidentados, algunos mal estacionados, otros pocos con las puertas abiertas, y ni un ruido, como si hubiese una fiesta a la que yo no estaba invitada. ¿Qué se supone que estaba ocurriendo? No hacía falta ser un lince para saber que era algo relacionado con lo que acababa de ocurrir en el supermercado, algo así como que la gente se había vuelto loca. Tenía muchas preguntas, mientras caminaba y examinaba los coches en busca de un rostro familiar, intentaba encontrar el motivo de por qué había ocurrido aquello, exactamente qué había ocurrido, y cómo, etc.
Estaba aturdida, cansada, y veía como la luz del día se iba desvaneciendo para dar paso a la noche. La oscuridad no me sería de ayuda para encontrar a mi compañero, ni siquiera sería capaz de encontrar su coche.

Tenía dos opciones: volver a casa y esperar a que las cosas se calmasen un poco y pedir ayuda, o seguir buscando y hacer uso de la linterna del móvil y de la poca batería que ya me quedaba. Opté por la segunda, más arriesgada, pero estaba segura de que si esperaba podría ser tarde.

Aproveché el tener el teléfono móvil a mano y probé a llamar a mi compañera de piso, pero no había señal, tal vez las líneas seguían saturadas.

La noche cayó, eran las diez, y no se veía ni un alma por las calles. Seguía marchando por las carreteras, iba por la mitad del camino que Logan debería haber seguido para llegar hasta el súper. Sentí cierta esperanza al identificar un coche parecido al que buscaba: era un Ford gris, un modela antiguo que compró de segunda mano y conservaba muy bien para sus años. No veía la matrícula y lo que había dentro, estaba aún muy lejos, pero a medida que me acercaba mis ansias crecían. Vi un gran impacto por el lateral del coche, y el que le había golpeado se había marchado. Suspiré de alivio al ver que era el coche de Logan, y que él no estaba allí, lo cual significaba que sea lo que sea lo que haya pasado él se había movido. Examiné el coche por dentro, esperaba encontrar alguna pista o señal de a dónde podía haber ido. Me quedé horrorizada al contemplar las numerosas manchas de sangre y tejidos que había en la parte del conductor, aunque me calmé pensando que él estaba bien, se habría ido a buscar ayuda o alguien le habrá llevado al hospital, o...

Empecé a sollozar, no sabía qué hacer, estaba perdida y me había equivocado al ir a buscar a mi amigo, lo mejor hubiese sido volver a casa y esperar a que las cosas se calmasen, o al menos ver qué era lo que estaba sucediendo.

Pero ya era tarde para eso, lo único que me quedaba por hacer era volver a pie hasta mi piso.

Me di la vuelta y traté de trazar un plano más o menos realista de por dónde debería ir a casa, aunque dada mi vaga experiencia y los nervios, no recordaba muy bien cómo había llegado hasta allí. Necesitaba un mapa para aclararme, o alguien que me llevase hasta allí...

Iba sin rumbo, no había hecho ni una cosa bien desde que empezó el día. De repente, unos gritos me sacaron de mis pensamientos. Me giré en todas las direcciones hasta que di con su origen: era una mujer, se encontraba asomada por la puerta del portal de un edificio, y estaba tratando de llamar mi atención por algún motivo. Me apresuré a ver qué quería, estaba dudosa de cuáles serían sus intenciones, aunque parecía amigable:

-¿Qué haces aquí? -me preguntó la mujer, tirando de mi camiseta y metiéndome dentro del portal, lo que me pilló totalmente por sorpresa-.

-Eh, ¡¿qué cojones estás haciendo?! -dije mientras me alejaba de la mujer y me disponía a irme-.

-No, no, no me malinterpretes, espera, si lo que te cuento no te convence te podrás ir, no me opondré a ello, pero me tienes que escuchar.

-Está bien, pero pos si acaso mantengamos las distancias.

-Desde luego -dio varios pasos hacia atrás hasta toparse con la escalera-. ¿Mejor? -asentí, y esperé a que la mujer me contase su historia-. Aún no se sabe el por qué, pero algunas personas han perdido el conocimiento y al volver en sí se han convertido en...cómo decirlo...¿caníbales? Han atacado a mucha gente, y claro, ha cundido el pánico y la gente se ha marchado de la ciudad tan pronto como han podido. Yo estaba aquí con mi hija y algunos vecinos esperando noticias del exterior, pero sólo salen alertas de que permanezcamos en nuestras casas, no nos dicen ni qué está pasando ni cómo actuar.

-Entiendo...


Intenté procesar toda aquella información en el mínimo tiempo posible. No estaba segura de si la mujer estaba diciendo la verdad o se estaba quedando conmigo, aunque si tomaba su testimonio como verdadero lo que había ocurrido en el súper tenía sentido, lo que le había pasado a aquella mujer de extrañas pintas y después a mis compañeros de trabajo. Pero era una locura, ¿cómo iba a ser verdad algo así? ¿Podía ser algo así posible?

-Bueno, pues supongamos que te creo... -le dije, mirándole fijamente a los ojos para detectar alguna anomalía-. ¿Qué quieres de mí?

-Vi a alguien que parecía humano a lo lejos, y pensé que necesitarías cobijo para la noche. No sabemos que peligros acechan por ahí, pero sean lo que sean sin luz no van a ser menos amenazantes o peligrosos, todo lo contrario, cuentan con el factor nocturno y...

-Espera, espera, me estás tomando el pelo, ¿a que sí? Esto suena a película mala de zombies. ¿Qué va a ser lo próximo, que aparezca la típica pareja de adolescentes cachondos y les devoren en nuestras narices? ¡Venga ya!

-No gano nada mintiéndote, por favor, créeme, si quieres pueden venir a ver el aviso que está puesto en bucle en la televisión o en la radio.

-No voy a ir a ningún sitio, de hecho, me voy de aquí ya. Qué tengáis suerte.

-Tú la vas a necesitar más que nosotros...Ya sabes, si cambias de idea, puedes volver aquí. Cuando quieras.


Sin decir nada más ni mirar atrás me marché. Al principio parecía que lo que aquella mujer me había contado podía ser posible, pero resultaba ilógico, no, no podía ser y punto.

Fuera ya estaba muy oscuro, así que recurrí a la linterna del móvil, aunque me quedaba muy poca batería , esperaba al menos poder pasar la parte más oscura del tramo, y ya luego me las apañaría con cualquier otra cosa, lo importante era avanzar sin detenerme, aunque no fuese en la dirección correcta.

A medida que caminaba me arrepentía más de haber negado haberme quedado en el edificio con aquella extraña mujer, aunque me hubiesen querido como cena al menos habría tenido un sitio tranquilo en el que estar.

Tras haber caminado más de tres horas seguidas, decidí parar, necesitaba sentarme un poco para recuperarme y así poder continuar. Al menos la oscuridad había cedido y la visibilidad era mejor, podría seguir sin preocuparme de los “peligros” que acechan las sombras.

Me senté en el borde de la carretera para poder apartarme a tiempo si algún vehículo pasaba por allí. La ciudad estaba desolada, las calles parecían sacadas de una novela de terror, y los sonidos no hacían más que acentuar su siniestro aspecto.
Al centrarme en los edificios que se veían desde yo estaba sentada, escuché unos ruidos que se asemejaban a pasos, ¡pasos! No estaba sola, lo cual no sabía si me beneficiaría o todo lo contrario. Me levanté y me acerqué lo más sigilosa posible, y me quedé petrificada al fijarme en la persona: era Logan. ¿Cómo había llegado tan lejos estando herido? Me apresuré a decirle algo, cuando al pisar una lata él mismo fue el que se giró.


Pero aquel no era Logan, ni siquiera era humano.


Me quedé horrorizada contemplando la escena, y pensé rápido. Pensé en correr tan lejos de allí como pudiese.