lunes, 30 de julio de 2018

Tornado of Souls - Cap.71: Scales of Justice



Me sentía incómoda en aquella situación. Sabía que callarme no me iba a ayudar, pero no sabía qué decirle a Tommy, estaba muy cortada, y cada vez que él me intentaba decir algo, yo le respondía gesticulando únicamente con la cabeza. 

Estaba sentada en el sillón, acurrucada en u lado, mientras Tommy estaba en la habitación. Cuando vino, se sentó a mi lado, esperando entablar una conversación conmigo, a lo cual yo no me veía capaz:

- ¿Quieres algo? -me dijo, con tono suave-.

- No, gracias, estoy bien.

- Oye, ¿has comido? -me preguntó, preocupado-.

- No, no he comido nada hoy.

- Tacii, sabes que eso es muy malo, deberías cenar algo, yo te preparo lo que quieras, ¿vale?

- Es que no tengo hambre, te lo agradezco, pero ahora mismo no tengo apetito...

- Me da igual, te tienes que obligar a comer, aunque sea un poco, o te vas a caer redonda en cualquier momento, y más teniendo en cuenta el día que has tenido.

- Yo es que... -agaché la cabeza, queriendo ocultarme, no quería hablar, simplemente quería dejar de existir-.

- Venga, te voy a preparar un vaso de sopa, y tómate un poco, ¿vale? -asentí para complacerle, pero realmente no tenía intención de hacerlo-.

- Gracias por cuidarme.

- No me tienes que agradecer nada -me dio un abrazo y un beso en la frente-. ¿Quieres dormir un poco mientras? Puedes irte a la habitación, ya está recogida, así que vas a poder estar a gusto.

- Sí, creo que me vendrá bien -Tommy me ayudó a levantarme y me acompañó hasta la habitación-.

- ¿Prefieres que te avise cuando esté lista la cena, o cuando te despiertes te la tomas?

- Mejor despiértame, no me gustaría quedarme dormida mucho tiempo, solo lo justo para descansar un poco por ahora.

- Está bien -me dio un abrazo, apagó la luz, y cerró la puerta de la habitación-.


Cerré los ojos, me sentía segura en aquel sitio, pero como ya había aprendido, la sensación de seguridad no brillaba precisamente por su duración, sabía que en cualquier momento tendría que volver a enfrentarme con Jerry, y no me veía capacitada para ello.

"Me desperté, estaba en el ayuntamiento, que se veía ligeramente distinto, y no había nadie, solo se veía una luz, proveniente del despacho que reconocí como el de Jerry, aunque no sabía por qué. Comencé a escuchar ciertas voces, y me decidí a entrar. Estaban Pears, Tommy y Alison amordazados, tratando de zafarse de sus ataduras, y nada más entrar yo también estaba atada de pies y manos, pero alejada del resto. Jerry, satisfecho, con su típica sonrisa lasciva, paseaba alrededor de sus tres víctimas con una pistola en una mano, y un cuchillo afilado en la otra. Empezó con Pears, y yo intentaba librarme de las cuerdas, pero no podía, parecía que, según me intentaba liberar, se ceñían más, impidiéndome prácticamente respirar. Dejó a Pears, no sabía que le había ocurrido, y se fue directamente a por Alison. Con todas mis fuerzas grité e intenté salir y ayudarla, pero no podía...".

Sentí que alguien me llamaba y me agitaba. Abrí los ojos, y suspiré aliviada, había sido una pesadilla. Tommy había acudido en cuanto me oyó gritar:

- ¿Qué ha pasado? -me preguntó-.

- Nada, ha sido una pesadilla, solo eso.

- Tacii -se sentó a mi lado-, por favor, estate tranquila, te puedo garantizar que no le va a pasar nada a nadie, y menos a Alison, por encima de mi cadáver, te lo juro -me dio un abrazo-. Sé que es muy duro lo que ha pasado, y que te va a costar sobrellevarlo precisamente por lo complicado que es, pero voy a estar a tu lado para ayudarte. Es cierto que no sé mucho del tema, no me puedo poner en tu lugar, pero te puedo asegurar que imaginar cómo te sientes me mata. Así que, te repito, tú tranquilízate, porque mientras esté en mis manos, Alison va a estar bien, y Pears y yo nos sabemos cuidar -me volvió a abrazar, esta vez fue más largo y cálido-.

- Gracias cariño, no sabes cuánto aprecio tu apoyo y tu ayuda, yo espero volver a ser la de siempre lo antes posible.

- Me da igual lo que tardes en recuperarte, que ojalá sea pronto, pero es un proceso que durará lo que tenga que durar, y no temas por ello, porque tú siempre serás la Tacii de siempre -su comentario me hizo sonreír-. Y ahora vamos al salón, que casi está lista la cena, y espero que aunque sea un poco, tomes algo.

- Está bien -lo dije convencida, él solo miraba por mi bien, y si no hacía por ayudarme a mí misma y me dejaba, me iba a resultar mucho más duro asimilar todo lo que había sucedido-.

Pasé la noche metida en mis pensamientos. Tras tomar un poco de sopa me senté en el sillón y pensé en qué haría al día siguiente. Sabía que no volvería con Jerry, pero temía que hiciese alguna locura, y matarle no era una opción, porque como ya me dijo, si no se encargaba él del asunto, lo haría su hermano, que encima trabaja en el hospital, muy cerca de Tommy.

Vi por el rabillo del ojo que Tommy se acercaba al sillón mientras yo andaba encerrada en mis pensamientos, tratando de encontrar la solución más adecuada para aquella situación, porque hasta el momento consideraba que siempre había una solución óptima, pero aquella era la primera vez que no daba con una que no implicase correr un riesgo desmesurado. Tommy se sentó a mi lado, y se giró hacia mí:


- Estás muy callada, ¿en qué piensas?

- No sé qué voy a hacer mañana, Tommy...

- Tú no te preocupes, ahora tómatelo con calma y descansa, tú déjalo en mis manos, no pienses en ello más.

- Está bien -a pesar de que sonaba tranquilizador, sus palabras no lograron apaciguar mis nervios-. ¿Crees que se lo debería decir a Pears?

- Sinceramente sí, a parte de por ser una de las personas implicadas, es prácticamente tu hermano, y él te va a poder ayudar también, cuantos más apoyos tengas, más fácil te va a resultar superarlo.

- Es que no me veo capaz de decírselo, me pasa lo mismo que contigo, lo quiero contar, pero me cuesta mucho encontrar las palabras adecuadas para decirlo, y exponerle el caso me va a llevar a volver a revivir el suceso, y eso tampoco me apetece...

- A ver, si no te importa se lo puedo decir yo. Ya sé que no es lo mismo, pero comprendo lo que me dices, y entiendo que a ti te resulte complicado.

- No, es que te meto en un gran compromiso, porque soltar algo así de gordo no es fácil, y por ejemplo Thomas no es la primera vez probablemente que haya presenciado una situación así, y para él es más fácil, y...

- Bueno, pues deja eso también en mis manos, tú no te preocupes en absoluto, ¿vale?

- No puedo dejar todo en tus manos, bastante carga tienes conmigo.

- Tú no eres una carga, y lo que ha pasado es un hecho, hay que afrontarlo, y si yo te puedo ayudar, sabes que lo voy a hacer. Así que pon final a esos pensamientos trágicos tuyos y relájate. ¿Quieres que vaya a por Alison, o prefieres que se quede con Dave?

- Me encantaría estar con ella, pero ahora mismo siento lo suficientemente bien como para hacerme cargo, además, estoy tranquila, porque sé que con Dave también va a estar bien.

- Creo que es una buena decisión -se acercó a mí y me pasó el brazo por alrededor de los hombros-. Ahora cierra los ojos y tranquilízate, no me voy a ir, ¿vale?

- Vale Tommy, gracias -apoyé la cabeza sobre su hombro y cerré los ojos-.


Noté un libero bamboleo en un momento determinado, pero no le hice demasiado caso, tal vez incluso eran imaginaciones mías.

Me desperté, al parecer había conseguido dormir bien, cosa que desde que empezaron los episodios de violencia no había sucedido. Miré a mi alrededor, Tommy ya se habría ido a trabajar, así que me levanté para prepararme para ir al trabajo. Al ver la hora me sobresalté, era muy tarde, por mucho que corriese iba a llegar extremadamente tarde. Fui a toda prisa hacia el salón para llamar al puesto y decir que iba en seguida, antes de que se preocupasen o me pusiesen una falta.

Al abrir la puerta del salón descubrí a Tommy, que estaba sentado en el sillón leyendo, con Alison a su lado jugando con su peluche. Estaba muy confusa:

- ¿Qué pasa? -le pregunté a Tommy, extrañada-.

- He llamado al trabajo y he pedido un día libre por asuntos familiares, me corresponden tres, así que por pedir hoy uno no me van a decir nada, y he llamado a tu trabajo y he dicho que estabas mala. También he hablado con Pears, y le he dicho que le tenía que contar una cosa importante, que se pasase cuando saliese del trabajo.

- ¿Le has dicho que tenga cuidado?

- Tacii, cariño, Pears tiene más conocimientos militares que la gran mayoría de personas que se refugian aquí, y me arriesgo a decir que incluso más que ese desgraciado que pretende ir a por nosotros -Alison se dio cuenta de que estaba allí, y vino corriendo a darme un abrazo-. Por cierto, cuando me he levantado he ido a por Alison, que tenía ganas de verte.

- Gracias -me acerqué y le di un beso-. Pero ¿mañana qué vamos a hacer?

- Pues ya lo veremos, tú no te preocupes por eso, disfruta del día. Por cierto, me ha llamado Thomas también, que al ver que no estaba en el trabajo, pensaba que te podía haber sucedido algo, le he dicho que luego le llamaría y le diría qué tal estás, o bueno, si lo prefieres, puedes hacerlo tú misma, seguro que es mucho mejor así.

- Está bien, me voy a relajar un rato.

Pasé toda la mañana a lado de Alison, me sentía mucho mejor a su lado, ella era la única de las tres personas que estaban bajo en punto de mira de Jerry que no se podía defender, la más inocente e indefensa de ellos, con diferencia. La observaba, a pesar de todo lo que había sucedido fuera era era muy feliz, y se estaba desarrollando correctamente. No sabía cuánto duraría aquella situación, ojalá que para siempre, y pudiese crecer segura y disfrutar de la vida. Tal vez yo, con mi derrumbe emocional, había acabado con todo aquello, y nos tocaría volver a luchar por seguir un día más vivos. No lo sabía, ojalá me estuviese equivocando.

La mañana pasaba rápido. Por acto reflejo miraba constantemente al reloj, esperando a que llegase la hora de ir al ayuntamiento, me costaba creer que ya había roto con aquello. Y por dentro me sentía libre, aliviada, e incluso segura. Quién sabe hasta dónde podría haber llegado Jerry, me había provocado una lesión grave, y probablemente si hubiese seguido me habría terminado matando. Quién sabe, tal ves me acababa matando igualmente.

El sonido del timbre me sacó de mis pensamientos. Tommy, que estaba lavando los platos, se dirigió rápidamente a abrir, y tras esta pude ver a Pears, que parecía preocupado, lo cual consideraba que era normal, después de lo que Tommy le había dicho por teléfono:

- Hola chicos, ¿está todo bien? -preguntó mientras entraba-. Esta mañana, cuando no te he visto en el trabajo, me he preocupado, porque sé que no es normal en ti, Tacii, así que tiene que haber algo serio entre medias -estaba acelerado, se le notaba verdaderamente nervioso-.

- Hay una cosa que te tenemos que contar, bueno, lo haré yo, pero porque es mejor así -dijo Tommy, mientras se acercaba a mí-. Oye cielo, ¿prefieres estar tú presente, o no?

- Creo que esta vez no, me quedaré con Alison en el dormitorio. No tengo ganas de volver a la misma situación de ayer.

- Está bien, si necesitas lo que sea avísame, ¿vale?

Asentí, y me metí en la habitación con Alison. Aquella experiencia no quería volver a vivirla de nuevo, me costó un horror estar presente mientras Thomas le contaba a Tommy lo que había sucedido, a parte de por vivir el hecho de nuevo, no me gustaba ver su reacción, aunque sabía que era lo correcto porque era precisamente algo relativo a mí.

No quise interrumpir en ningún momento, les oía hablar, no muy alto, así que no podía entender qué era lo que estaban diciendo. Por otra parte, mejor, tampoco quería saberlo, Pears tenía que conocer lo que había sucedido, y no implicaba que yo lo escuchase todo de nuevo.

En un momento determinado, Tommy llamó a la puerta y entró en la habitación:

- Ya se lo he contado -me dijo, con aire serio-. ¿Quieres salir y hablar con él, o prefieres dejarlo estar?

- Si te soy sincera no quiero hablar de ello, pero creo que la situación lo merece.

- Tacii, si ahora mismo no te sientes lo suficientemente bien como para hacerlo, no lo hagas, ya lo hablaréis en otro momento...

- No, me esforzaré un poco e intentaré mantener la compostura. Ya que al menos no le he podido contar lo que ha sucedido, que menos que, ahora que lo sabe, me hable al respecto y yo también.

- Está bien, en ese caso ve cuando quieras, yo también voy a ir, y me voy a quedar con esta pequeña señorita -dijo, mientras cogía en brazos a Alison y se iba para el salón con ella-.

Respiré hondo, me levanté de la cama, en la cual me hallaba sentada con las piernas estiradas, y crucé la puerta. En aquel momento empecé a sentir cierta ansiedad, como cuando abría la puerta del despacho de Jerry. No, otra vez no, o mejor dicho, ya nunca más.

Vi que Pears estaba sentado en el sillón, con una particular gesto que jamás había visto en él, parecía en estado catatónico. Me senté a su lado, y me quedé mirándole un poco, esperando a que, de alguna forna, empezasen las preguntas:

- ¿Cómo estás? -fue lo primero que me preguntó-.

- Bueno, estoy mejor que ayer, ¿y tú?

- Francamente mal, la verdad. Ya venía con la idea de que alguna cosa había ocurrido, pero desde luego que no de semejante calibre. No sabes cuánto lamento lo que te ha sucedido, y que yo no haya podido hacer nada para evitarlo -me dijo, mientras me daba un largo y cálido abrazo-.

- No tienes que lamentar nada, Pears, tampoco podías haber hecho nada para evitarlo, y por encima de todo, no ha sido culpa tuya.

- Lo sé, pero cuando Tommy me lo estaba contando no me lo podía creer, y a pesar de que te conozco muy bien, no me esperaba que pudieses aguantar tanto algo así, has sido muy fuerte, pero no le tenías que haber dejado que te hiciese absolutamente nada, ni mirarte.

- Pero era eso o jugármela y que matase a las personas que más quiero, y sinceramente, en un mundo que se ha venido abajo, vosotros sois los que me dais ganas de seguir adelante y luchar por sobrevivir.

- Oh, pero mira que eres -me respondió Pears mientras me aplastaba entre sus brazos-. La verdad es que no sé qué decirte al respecto, lo único que se me ocurre es que sabes que puedes confiar en mí, y para lo que necesites, voy a estar ahí, pero literalmente, ahí -dijo, señalando hacia la puerta, a lo cual yo me reí-. Te queremos mucho, enana, y vamos a estar contigo tanto para lo bueno como para lo malo, así que a seguir luchando.

- Vale Pears, gracias -le sonreí-.

- Por cierto, esta mañana nos han dado ya las instrucciones para la salida.

- ¿Cuál? -había estado tan distraída con mis temas personales que, a lo largo de toda la semana no me había enterado de nada de lo que había sucedido-.

- ¿No te acuerdas? Pues lo del asentamiento de los militares que estamos vigilando, vamos a ir allí a hablar con ellos, y a ver cuáles son sus intenciones.

- Ah, vale, ya recuerdo. Y, ¿qué habéis decidido?

- Mas que "qué hemos decidido", lo que "ellos" han decidido, el comité miliciano. Ya han organizado la incursión, vamos a ir unos pocos soldados de cada departamento, y del nuestro, a parte de alguno que aún tengo que sopesar, de los seguros vas a estar tú.

- ¡¿Yo?! -dije, sorprendida-.

- A ver, no sabía lo que te había ocurrido, además, me lo había planteado, no voy a obligarte a ir si no quieres.

- No, si sí quiero ir, es que me ha sorprendido, no me lo esperaba. Y, ¿cuándo va a ser?

- En un par de días. Mañana y pasado nos vamos a dedicar a prepararlo todo bien y dejarlo listo, pero si necesitamos más tiempo, pues saldremos más tarde.

- Ah, vale, la verdad es que reo que me va a venir muy bien.

- Pero eso no es todo, como va a ser algo importante, que incluso va a venir Ralph, necesitamos no solo soldados, y un buen equipo médico creo que nos va a venir muy bien, y claro, como yo conozco al menos a uno bueno...

- Eso creo que no lo hemos hablado -dijo Tommy, al captar la indirecta-.

- Ya lo sé, era para que no te diese tiempo a pensarlo o me echases de casa -nos reímos con la contestación de Pears-. Te digo lo mismo que a ella, puedes venir si quieres, o lo elegimos tipo sorteo, no quiero condicionarte.

- No te preocupes, no tienes que esperar a mi decisión, voy a ir -me alegré al oír aquello, tener a Tommy cerca me iba a ayudar mucho, sobre todo a sentirme segura-.

- Muchas gracias, entonces, ¿os apunto a los dos? -asentimos prácticamente al unísono-. Muy bien, esto va a ser como los viejos tiempos.

- Espero que no -dije-. Oye, ¿por qué va a venir Ralph? Se supone que tenemos que ir a ver qué pasa con ese grupo...

- Ya, yo tampoco lo entiendo demasiado, le pregunté precisamente al respecto, pero me dijo que quería estar presente porque era importante, además, él es el responsable de este sitio, así que supongo que quiere quedar bien con los "ciudadanos". Bueno, chicos, no quiero entreteneros más, voy a irme a casa a preparar algunas cosas para mañana -se puso en pie-. Y si necesitas lo que seas, ya sabes Tacii, o incluso si cambias de opinión respecto a lo de ir, vas a tener opción de elegir en todo momento, hasta el mismo día que nos vayamos a ir.

- Muchas gracias, Pears -me puse en pie para acompañarle a la puerta, y una vez lo hice, me dio un gran abrazo-.

- Recuerda que te quiero mucho, ¿eh? Bueno, más bien, que te queremos mucho -dijo, señalando hacia el sitio en el que estaba Tommy sentado con la pequeña al lado-.

- Lo mismo digo -le sonreí, y le acompañé a la puerta-.

Una vez se fue, me sentí más aliviada, tras habernos sincerado estaba mucho más calmada, lo que me había sucedido había sido una realidad, algo que tenía que hacer frente y superar cuanto antes. Sentía que si seguía así, podría superarlo y volver a ser la misma de siempre.

Decidí volver a sentarme en el sillón, y Tommy vino, con Alison, a hacerme compañía, pero sabía que, a parte de eso, quería hablar:

- Bueno, ¿cómo estás? -me preguntó, mientras ponía su mano sobre la mía-.

- Creo que bastante mejor, además, me va a venir bien tomarme un respiro, aunque voy a echar de menos a mi niña -dije, mientras estiraba el brazo para llamar su atención, pero parecía más interesada en su sonajero-.

- Lo sé, por eso cuando me lo dijo Pears, después de que le contase lo que te sucedió, le animé a decírtelo, porque al principio no estaba muy seguro -me sonrió e hizo una breve pausa-. Yo también voy a echar de menos a Ali, pero va a estar en buenas manos, eso seguro.

- Sí, también tendré que hablar con esas buenas manos para decirle que se tiene que hacer cargo de ella mientras nosotros no estemos. Oye, una cosa, ¿Pears no te había dicho nada antes de que tenía pensado que tú también vinieses al reconocimiento?

- Puedes creerme, no sabía nada. ¿Y esa pregunta?

- Es que casi antes de que él te dijese nada tú ya parecías seguro de tu decisión.

- Pero eso es porque estaba seguro, y además, voy a estar contigo, y como sé que si estoy contigo, sea donde sea voy a estar bien, me ha importado menos aún decir que sí -le sonreí-. ¿Le convence la explicación a mi "Madame"?

- Qué bobo -me reí, y nos besamos-.


Las cosas parecían ir mejor, y sentía que iba a poder con todo lo que me había ocurrido gracias a que contaba con unas personas maravillosas a mi alrededor que no me iban a dejar hundirme lo más mínimo. Y era por aquello por lo cual sabía que si era necesario dar la vida por ellos lo haría sin dudarlo dos veces.

Tal vez ese momento estaba más cerca de lo que pensaba. 

lunes, 16 de julio de 2018

Tornado of Souls - Cap.70: Dead Horse



Una semana después 

Estaba destrozada. Creía que podría aguantar, que era fuerte, pero era todo una mentira que yo misma había creado y tratado de tragarme. La situación a lo largo de la semana transcurrida ha empeorado con respecto a mi situación anterior.

Creía que tal vez Jerry se había enfadado conmigo y que el resto de días sería más suave, pero no, tenía que demostrar su superioridad todos los días, que él era el jefe, el que podía dominar lo que quisiese. En alguna ocasión incluso me hizo tanto daño que pensé en ir al hospital de urgencias, pero sabía que no mejoraría mi situación, me automedicaba para mitigar el dolor y que Tommy no sospechase nada, aunque sabía que él no se fiaba de mí, con razón, cuando le decía que estaba bien y lo fingía. Aún así, habíamos mantenido más discusiones a lo largo de esta semana que a lo largo de toda nuestra relación de pareja.

Aquel día estaba especialmente dolida, notaba un agudo pinchazo en el estómago, probablemente a causa de una patada que me propinó Jerry cuando recogí mis cosas del suelo. Salí del baño, y allí estaba Tommy, que acababa de llegar del trabajo. Alison se estaba echando la siesta, así que fui a recibirle yo sola:

- Hola Tom -le dije, mientras me acercaba y le daba un abrazo-.

- Hola Tacii -me rodeó con sus brazos y me dio un beso-. ¿Qué tal hoy el día?

- Bien, no he hecho nada fuera de lo habitual. ¿Y tú?

- También bien, las cosas en el hospital han estado tranquilas. Querían que me quedase esta noche a hacer inventario, pero les he dicho que no, hoy no me tocaba. Qué cara tienen...-miró por el salón, parecía estar buscando algo-.  ¿Y Alison?

- Se ha quedado dormida, le han dado ganas de siesta hoy -vi que Tommy iba a la habitación de Alison, y sonrió al verla dormida-.

- Parece un angelito, como su mamá -se fue a cambiar a la habitación, y no tardó en salir-. Oye Tacii, ahora que Ali se ha dormido, me gustaría hablar contigo.

- Claro. ¿De qué quieres que hablemos? -vi que tomaba asiento en una de las sillas de la mesa-.

- ¿Te hace feliz que vivamos juntos?

- Sí, ¿por qué lo preguntas?

- Porque desde que vivimos juntos te veo anímicamente muy diferente a cómo estabas antes. A ver, lo que quiero decir es que no me molesta que me lo digas, tal vez es demasiado pronto, o nos hemos precipitado...El caso es que si no estás cómoda con ello debería volverme con Dave.

- ¿Pero de dónde has sacado esa conclusión?

- ¿Qué conclusión?

- Pues que estoy mal porque vivimos juntos.

- No sé, tal vez porque te pregunto todos los dichosos días si te pasa algo, esperando a poder ayudarte y recuperar a la Tacii de siempre, pero obtengo como respuesta un "No, estoy bien", y como los hechos me demuestran lo contrario, no sé lo que creer. Comprendo que consideres oportuno no revelarme determinada información, pero si es algo que te afecta tanto como para hundirte, me gustaría que confiases en mí.

- Tommy, por favor, llevamos más de un año juntos, ¿y me vienes ahora con la confianza? ¿A caso crees que no confío en ti?

- Si me preguntas hace un par de semanas te habría contestado indudablemente que no, pero ahora lo estoy dudando...

- ¿Puedes decirlo con tus propias palabras? -parecía que el tormento del ayuntamiento no iba a ser lo único hoy-.

- Desde luego -me miró a los ojos-. Tacii, pienso que no confías en mí -me apartó la mirada, rápidamente-. Mira, no creo haberte dado razones para que no confíes en mí, pero tus motivos tendrás.

- ¡Confío en ti!

Esperé en su respuesta, pero no dijo nada más.

El resto de la tarde fue infernal, fuimos cada uno por nuestro lado y no nos dirigimos la palabra. Jamás habíamos tenido una discusión tan fuerte.

Me encerré en el baño, y mientras me duchaba, aproveché para llorar. Estaba cansada, dolida, me sentía humillada, sucia, infiel, cobarde, estúpida, ridícula, patética...

Deseaba ir a disculparme con Tommy y contarle todo, pero no quería ponerle en peligro. Quería darle un beso y decirle que le quería, pero sabía que por ahora no iba a poder. Había sido muy paciente y bueno conmigo, ni siquiera se había planteado mi ausencia de lívido o me lo había echado en cara, y se preocupaba por mí. Y yo, por otra parte, no podía decirle que me sentía mal, que estaba sufriendo constantes agresiones sexuales por parte del tipo que nos había gestionado la mudanza, porque iba a tener un precio muy caro que no estaba dispuesta a pagar.

Estuve un rato con Alison cuando se despertó de la siesta, pero era como si yo no estuviese allí. Parecía que me veía desde fuera, como si fuese una película. Era un monigote que estaba ahí, sin hacer ni decir nada, con la mirada perdida, ojos vidriosos y aspecto inexpresivo, como si fuese incapaz de gesticular el más mínimo gesto en mi cara. Era horrible. Incluso notaba que Alison estaba preocupada, y cada vez que me distraía se acercaba y me daba un abrazo. De vez en cuando notaba que Tommy me miraba de reojo, él quería hablar, y yo en parte también, no quería estar así con él, pero sabía que aquello, al menos por ahora, no iba a poder ser posible, así que preferí darme un día para aclarar las ideas.

Me fui a dormir relativamente pronto, últimamente me sentía muy cansada, y parecía que el número de horas que durmiese no importaba, me levantaría igual de cansada que cuando me iba a dormir. Estuve despierta un rato hasta que me dormí, esperando a ver si Tommy venía o hacía algo, pero se limitó a quedarse donde estaba. Quise levantarme y contarle todo, pero algo superior a mí me empujó fuertemente contra la cama, haciendo que de repente mi cuerpo pesase una tonelada y no me pudiese mover. Finalmente, me di por vencida y me dormí.

Cuando me desperté con el despertador, noté que la parte de la cama que correspondía a Tommy estaba como antes de irme a dormir, estaba más que segura de que no había dormido conmigo y había preferido quedarse en el sillón. Lo que me faltaba, que la discusión alcanzase semejantes magnitudes...

Hice lo mismo de siempre por las mañanas. Cada vez me costaba más despertarme, había llegado un par de veces tarde al trabajo, y si no me daba prisa, hoy también me pasaría. Llevé a Alison con Dave y me fui a trabajar.

Notaba que había gente a mi alrededor, incluso Pears, que durante el trabajo me hablaban, pero yo no les podía prestar atención. Estaba muy preocupada, en cuestión de días me había hundido, y me encontraba como en un estado de letargo mezclado con pocas ganas de seguir adelante.

Terminaba el  trabajo, y como todos los días, me tenía que ir al ayuntamiento. Hacía unos pocos días que había descartado la posibilidad de que aquello acabara, lo cual probablemente terminaría conmigo. Intentaba aguantar, sabía que podía, pero me estaba engañando a mí misma, realmente no era ni de lejos lo suficientemente fuerte como para asimilarlo y seguir adelante sin dejar que aquello repercutiese no solo en mí, sino en los demás.

A pesar de todo, ya no me resultaba tan atroz, simplemente iba, desconectada, y me volvía a casa, para mí aquello se había reducido a ese ciclo. Ni siquiera llamé a la puerta, entré de golpe:

- Oye, ¿y esos modales? -me dijo, sonriéndome lascivamente-. Podías haber llamado a la puerta. ¿Qué pasó con esa Tacii que llamaba amablemente a la puerta y cuando yo lo decía, entraba? - "Para ti esa Tacii no va a volver" quise decir, pero me limite a mirarle, inexpresiva-. Bueno, ahora vas a salir y a volver a entrar como una persona civilizada, o sino sabes lo que pasará -se puso en pie, con la botella en la mano, e hice lo que él me ordenó sin rechistar, no tenía intención de comprobar qué se le pasaba por su sucia y retorcida mente de enfermo-. Buena chica -se acercó a mí y me dio un beso en la boca-. ¿Qué pasa?

- Nada.

- Ah, vale, como no dices nada, pensaba que igual tu cabecita estaba maquinando algo. ¡Más te vale que no sea así, porque tengo muy mal pronto y si alguien no acata mis órdenes se lo hago pagar.

- No estoy pensando nada.

- Bien, pues vamos a ello -dijo, mientras se acercaba a mí con aquella sonrisa tan característica-.

Puse la mente en blanco y traté de abandonar mi cuerpo.


Una hora más tarde

Abrí los ojos y miré hacia todos los lados, tratando de situarme. Había perdido el conocimiento, y no sabía por qué. Ni siquiera recordaba qué era lo que había sucedido. 

Me puse en pie, sintiendo un fortísimo dolor abdominal, y un ardor insoportable en mis genitales. Justo delante de mí, sentado en una silla, vi a Jerry, que me sonreía de oreja a oreja:

- Ya te vale, mira que terminar así... -me dijo, mientras meneaba la cabeza con falsa indignación-. Recuerda lo que hablamos el primer día, no digas nada a nadie. Puedes tomarte algo y curarte tú misma, así que no vayas al médico. Y ahora vete, que tengo que recoger este estropicio.

Me froté los ojos, aún despistada por la situación. Seguía sin recordar qué había pasado, pero reconocí la barra de hierro, me resultaba vagamente familiar. La vi en el suelo, al lado de donde yo había estado inconsciente. Y también vi algo de sangre. ¿Era mía? 

Salí corriendo de aquel despacho, siendo el centro de atención de mucha gente que me veía con el rostro descompuesto. Fui al baño, y pude observar, con espanto, que la sangre era mía, manaba de mi entrepierna. Horrorizada traté de pensar en qué había pasado, y a pesar de que no podía ir al hospital, debía hacerlo, me encontraba en un estado lamentable, y no parecía que fuese a dejar de sangrar. Lo único que esperaba era no cruzarme con Tommy, o sino tendría que darle más de una explicación.

Me costó una barbaridad llegar, me dolía tanto que cada poco tenía que parar a descansar y recuperarme. Traté de cubrirme lo mejor posible para evitar que se viese la sangre, aunque no estaba segura de si lo había hecho bien, las imágenes se me hacían difusas a medida que avanzaba.

Entré en el hospital, y dando tumbos, pedí al recepcionista ayuda urgente con una hemorragia. Me tuve que dirigir hacia una sala bastante alejada, y mientras iba, trataba de ocultarme lo mejor posible para que Tommy no me pudiese ver si aún seguía por allí. Me topé con Gladis, a la cual hacía mucho tiempo que no veía, y a pesar de tener unas ganas tremendas de hablar con ella y darle un abrazo, traté de disimular mi estado:

- Vaya, hola Tacii, cuánto tiempo -me dijo, acercándose a mí para darme un abrazo, pero no pude evitar proferir un aullido de dolor-. ¿Qué te pasa? 

- No te preocupes, es que me duele un poco el estómago -se fijó en la sangre y me miró, desconcertada-.

- Tú no estás bien, Tacii, te voy a acompañar a urgencias. ¿Quieres que llame a Tommy?

- No, por favor, no le digas nada, sino se va a preocupar mucho.

- Está bien. Pero, ¿qué te ha pasado?

- He tenido un accidente, pero no quiero hablar de ello.

- Tienes razón, no es el mejor momento, ahora te voy a llevar para que te miren, ¿vale? Cuando te deje me voy a ocupar de unas cosas que tengo pendiente, pero te voy a ver enseguida. 

Lo que ocurrió a continuación no lo recuerdo muy bien, pero cuando abrí los ojos vi a un tipo alto, moreno, con gafas, mirándome atentamente:

- ¿Cómo se encuentra, señorita Hale? -me preguntó el hombre, preocupado-.

- Mejor. ¿Qué ha pasado? 

- Le trajo aquí uno de nuestros miembros del personal porque se encontraba indispuesta. 

-  ¿Y tiene mi diagnóstico?

- Sí, ahora mismo se lo iba a decir. Verá, señorita Hale, presenta un fuerte hematoma en el estómago, pero lo que más me preocupa es el desgarro muscular de su zona genital, es un desgarro mayor, considerablemente grave. Ya ha sido tratada y la débil hemorragia que tenía ha cesado, pero tiene que tener reposo en cuanto a sus actividades íntimas unas tres semanas más o menos.

- Oh, vaya. Pero, por el resto de cosas, ¿puedo hacer mi vida normal?

- Desde luego, siempre que no implique mantener relaciones, pero procure descansar, y tomarse la medicación que le voy a recetar -hizo una breve pausa-. Por cierto, ¿cómo se lo ha hecho?

- No lo recuerdo muy bien, además, ahora no me gustaría pensar en ello, me duele mucho la cabeza.

- Disculpe, comprendo su situación. Cuando quiera puede irse a casa, si nota alguna molestia, no dude en volver.

- Muchas gracias, doctor... -miré su chapa- Ortiz.

- Usted recuerde, descanse y tómese las cosas con calma, le ayudará mucho a recuperarse.

Me dio en un sobre marrón el historial, diagnóstico y la receta para pedir las pastillas. Traté de doblarlo lo mejor posible para poder guardármelo y que Tommy no lo viese. Miré la hora, alarmada,  eran las ocho de la tarde, probablemente le extrañaría verme llegar tan tarde. 

Fui a casa de Dave para preguntarle si se podía quedar con la niña también por la noche, así podría hablar con Tommy y luego vendría a por ella. Me dijo que sí sin dudarlo, y me preguntó si me había pasado algo por el hecho de haberme retrasado tantas horas. Le dije que había tenido lío y que me había retrasado, pero que no volvería a pasar.

Ahora venía la parte más complicada: ir a casa. No quería tener que darle explicaciones a Tommy, y se las debía, estas y otras muchas. Abrí la puerta suavemente, me asomé y lo vi todo oscuro. Las luces estaban apagadas, todo seguía como cuando me había levantado, lo cual significaba que allí no había nadie. Absoluto silencio, absoluta oscuridad. Por un lado quería saber dónde estaba Tommy, temía que se hubiese enfadado tanto conmigo que no quisiera ni verme, pero otra parte, tenía un momento perfecto para desahogarme.

Me apoyé contra la pared, y pensé en lo que no había caído antes: por las recomendaciones del médico, no iba poder seguir yendo a "visitar" a Jerry, lo cual sería terrible. Tendría que ir y hacer lo que él me dijese, a pesar de que no fuese lo que más me convenía. Me dolía mucho, pero podría aguantar. "No vas a poder, mentirosa" me dije a mí misma, igual que no había podido soportar lo que me había estado haciendo. Me puse a llorar en silencio, notaba como las lágrimas manaban abundantemente de mis ojos. En ese momento, un ruido me sobresaltó, y vi una luz salir de la habitación. Se trataba de Tommy, que estaba en la habitación, y al oír el ruido se asomó. Perfecto, ¿y ahora qué iba a hacer? Tenía que encontrar una explicación rápida para todo:

- Hola -me dijo, serio-. 

- Eh...hola Tommy. ¿Qué hacías ahí? -no obtuve su respuesta, simplemente me miraba, extrañado-.

- ¿Estás llorando? -dijo, mientras encendía la luz del salón y se acercaba a mí, preocupado-.

- No, yo es que...

Entonces no pude evitarlo, simplemente estalle en llanto. Mis piernas flojearon y estuve a punto de caerme, pero Tommy llegó a cogerme antes de precipitarme contra el suelo. Sabía que me estaba hablando, pero no podía escucharle, estaba tan alterada que lo único que podía hacer era llorar, sin parar.

Tommy me ayudó a sentarme en el sillón, y me estuvo hablando hasta que por fin me vi capaz de hablar:

- Tommy, yo lo siento, yo... -me abrazó, pasando su mano suavemente por mi pelo, tratando de calmarme-.

- Tacii, no te tienes que disculpar, pero por favor, dime qué te pasa.

Sabía que me daría unos minutos para pensar. La verdad es que no quería contarle todo lo que había pasado, no me encontraba en condiciones de explicarme, pero sabía de alguien que podría ayudarme a calmarme, y a contarle todo lo que había ocurrido a Tommy.

- ¿Me puedes hacer un favor? 

- Desde luego, ¿qué puedo hacer por ti? -me preguntó, mientras me miraba atentamente-.

- Necesito hablar con Thomas.

- Está bien, ahora le llamo, a ver si puede venir, o si hace falta te llevo donde él este.

Quise decirle que no se molestase, pero para cuando se lo quise mencionar, ya estaba llamando por teléfono. A pesar de que él me había reconfortado, seguía llorando, no podía parar. Vi que tras terminar su conversación por teléfono, se sentó a mi lado y volvió a acurrucarme en sus brazos, lo cual agradecía:

- Me ha dicho que en quince minutos está aquí, ¿vale? -asentí-. ¿Quieres comer o beber algo? -negué con la cabeza, no tenía ganas realmente de nada, simplemente quedarme allí, con él-. Si quieres voy a hablar ahora con Dave y recojo a la pequeña.

- No hace falta, lo hemos hablado ya.

- Te voy a hacer una pregunta, pero no me respondas si no quieres, ¿vale? -asentí-. ¿Es todo por lo mismo? -volví a asentir-.

- Perdóname, yo sé que...

- No es momento para disculpas, ya hablaremos de lo que pasó ayer en otro momento, ahora tranquilízate.

Estuve un rato absolutamente quieta, con los ojos cerrados, sollozando en silencio mientras Tommy me abrazaba. A pesar de cómo habían ido las cosas, él seguía siendo igual que siempre conmigo. Al cabo de unos diez minutos, alguien llamó a la puerta, y Tommy me apartó con cuidado para ir a abrir:

- Hola, Tommy, ¿qué ha pasado? Me dijiste que era urgente.

- Sí, es Tacii, se ha puesto a llorar sin parar cuando ha llegado a casa, y me ha dicho que quería hablar contigo -vi que Thomas se acercaba a mí y me daba un abrazo-.

- ¿Es sobre lo que te dije cuando vine a cenar?

- Sí, necesito tu ayuda -me limpié las lágrimas y respiré profundamente-.

- Yo no entiendo nada... -dijo Tommy, confuso por la situación-.

- Todo a su tiempo -le dijo-. Bueno, Tommy, ¿podrías dejarnos solos un rato a Tacii y a mí para hablar?

- Eh, sí... ¿Me puedo quedar en el pasillo?

- Sí, claro -le dije, aún limpiándome las lágrimas-.

Vi como Thomas y Tommy se decían algo en voz muy baja, lo cual no pude entender, y vi a Tommy salir de la casa, no sin antes echar una última mirada atrás. Thomas se sentó en una silla en frente de mí, dándome espacio:

- Tómate el tiempo que necesites, Tacii, hasta que sientas que estás mejor para que hablemos, ¿vale?

- Estoy mejor, ya puedo hablar -dije, con la voz aún rota-.

- ¿Qué ha sucedido, Tacii? Cuéntamelo como quieras, yo te voy a escuchar atentamente, y si necesitas parar en algún momento, no dudes en hacerlo -asentí, suspiré, y empecé a contar mi historia-.

- Desde hace dos semanas Tommy y yo vivimos juntos, y como sabes, tuve que ir a gestionarlo con una persona en el ayuntamiento -volví a suspirar-. Pues bien, esa persona me amenazó con matar a Pears, Tommy y Alison si no hacía lo que él decía -hice una breve pausa, mientras observaba a Thomas, que parecía sorprendido y estaba puntando algunas cosas en una libreta que llevaba-. Al principio se limitaba a humillarme, me hacía limpiarle el despacho y hacer su trabajo, pero a los pocos días, creo que a los tres o cuatro, la cosa fue a más y... -tuve que parar, el llanto me volvió-.

- Tranquila, cuéntalo a tu ritmo.

- Pues él...él me llegó a violar, y lo de hoy incluso me cuesta recordarlo -le di el sobre que traía del hospital-. Parece que usó una barra metálica para hacerme más daño hoy, y he tenido que ir al hospital para que me parasen la hemorragia -sin darme cuenta noté que estaba llorando mientras hablaba-. Él me dijo que si se lo decía a alguien, mataría a las tres personas que tenía en el punto de mira, y por eso no le he dicho nada a Tommy. Pensaba que podría aguantar, pero no sabía lo débil que era...

- No eres débil, Tacii. Ese hombre ha hecho algo indescriptible, y te ha hecho sentir muy mal. Estoy más que seguro de que estos días te has sentido muy sola, y especialmente vulnerable por no poderte defender -asentí-. No tenías que haberle consentido hacerte nada de esto, porque desde el momento que accediste, le diste esa ventaja de la que ha estado gozando todo este tiempo. No te estoy culpando, aclaro, simplemente quiero decir que desde que el momento que el vio que podía dominarte, cada vez fue incrementando más el sufrimiento y dolor que te provocaba, y si hubieses seguido, probablemente te habría matado. No voy a decir que tu decisión sea mala, porque realmente todas las decisiones conllevaban un riesgo, lo mejor hubiese sido decírselo a alguien cuando empezó, pero asumir el riesgo de que Pears, Tommy y Alison estuviesen en peligro es demasiado grande, sobre todo si no sabes hasta dónde puede llegar esa persona, pero después de lo que te ha hecho, tu decisión fue más que valiente por salvar a los tuyos.

- No me quedaba más remedio, no estaba dispuesta a comprobar de lo que él era capaz...

- No hace falta que me cuentes más si no quieres, creo que tenemos suficiente información por el momento. Si te parece bien, a partir de ahora te voy a estar tratando una temporada para ayudarte a sobrellevarlo, porque es muy duro, y a pesar de que eres una chica muy fuerte, necesitas un apoyo externo, a parte del que te proporciona tu entorno. Bueno, ¿se lo quieres contar a Tommy, lo hago yo, no se lo quieres contar...?

- Sí, se lo quiero contar, pero no creo que yo lo pueda hacer, me voy a derrumbar si me toca decírselo.

- Está bien, se lo contaré yo. ¿Quieres estar tú presente? -dura decisión, no estaba segura-.

- Creo que sí, aunque no pueda decírselo quiero estar ahí, a lo mejor me quiere consultar algo.

- Vale -Thomas se puso en pie-. Voy a llamarle para que entre, y ya sabes, si en algún momento no te sientes cómoda, te puedes ir, o pedirme que haga una pausa.

- Está bien. Por favor, Thomas, hazlo con mucho tacto...Y déjale claro que lo mejor es que por el momento no haga nada.

- No te preocupes, es, o al menos fue, mi trabajo, y bueno, aunque tenga intención, voy a hacer lo posible para convencerle y que te escuche.

Vi a Tommy aparecer cuando Thomas abrió la puerta. Le invitó a pasar, y a que se sentase. Le hice una señal para que se sentase en el sillón conmigo, me sentía reconfortada teniéndole al lado:

- Hola Tommy, mira, hemos estado hablando mientras estabas fuera sobre lo que ha ocurrido, y Tacii me ha dicho que quiere que te lo cuente yo, porque ella no se ve capaz, pero va a estar presente de todas formas, ¿vale? -Tommy asintió-. Desde hace aproximadamente dos semanas, cuando estabais organizando la mudanza, Tacii tuvo que reunirse con el chico que os llevaba el trámite en varias ocasiones, unas dos o tres si no recuerdo mal -hizo una breve pausa, probablemente pensando cómo seguiría-. Esta persona amenazó a Tacii en la última cita, en la que os autorizaron la mudanza. Ese tipo le dijo que, si no hacía lo que él quería, acabaría con sus seres queridos, enumerando específicamente a tres: Pears, Alison y tú, así que por temor a que os pasase algo, ella accedió.

- ¿Por qué no me dijiste nada? -me dijo Tommy, con una mezcla de preocupación y lástima, a lo cual ni siquiera me vi capaz de responder-.

- La advirtió de que si avisaba a alguien, las cosas serían peores, y al principio ella pensó que aguantaría. Los primeros días la estuvo humillando sin cesar, pero le pareció poco, así que cada vez fue más duro y cruel con ella -vi que Tommy me volvía a mirar, y no pude evitar derramar más lágrimas, ni siquiera era capaz de escuchar aquello sin venirme abajo, y vi que él se acercó y me rodeó con sus brazos-.

- No me lo puedo creer, Tacii...

- Ese hombre ha llegado a agredirla sexualmente reiteradas veces, incluso usando objetos para provocarla más dolor -Thomas le pasó mi historial a Tommy para que pudiese comprobar de primera mano lo que había ocurrido aquel día-.

- ¿Desgarro vaginal? ¿Ese hijo de puta te ha hecho esto? -asentí, sin poder calmarme-.

- Usó una barra de metal, pero no me acuerdo de nada, me desperté y todo me daba vueltas -dije, entre sollozos-. He tenido que ir al hospital al salir de allí porque no dejaba de sangrar y me dolía mucho -mientras decía aquello, vi como Tommy también tenía los ojos vidriosos, y volvía a estrecharme entre sus brazos-.

- Siento muchísimo que hayas tenido que pasar por esto, cariño, soy un capullo por haber pensado que estabas así porque no querías que viviésemos juntos -noté por su tono que él también estaba llorando-.

- No pude aguantar más, y no quería que os hiciese nada. Le dejé hacerme lo que quiso, y me sentía muy mal, porque te estaba engañando. Por favor, perdóname.

- Has hecho todo esto por nosotros, Tacii, en todo somos nosotros los que nos tenemos que disculpar. Amor, de verdad, es que no me creo que te hayan hecho esto... Voy a ir ahora mismo a por ese pedazo de hijo de perra y le voy a enseñar lo que está bien y lo que está mal -rápidamente vi a Tommy levantarse, seguido de Thomas-.

- No, no hagas eso, lo mejor es esperar a que Tacii se recupere emocionalmente, no puede pasar por más situaciones estresantes.

- No quiero que lo hagas Tommy, no porque no se lo merezca, sino porque no quiero que te haga nada, es un desequilibrado, y por poco que pase, no quiero que te suceda nada. Quiero que te quedes conmigo -vi que se volvía a sentar y me abrazó, pasándome la mano de arriba a abajo por la espalda-.

- ¿Quieres consultarle algo a Tacii, Tommy?

- Creo que de momento necesito asimilar lo que ha sucedido -dijo, con voz apagada-.

- Está bien. ¿Queréis que os deje solos? -ambos asentimos al unísono-. Si necesitáis cualquier cosa llamadme, estoy disponible para vosotros las veinticuatro horas del día.

- Muchas gracias -le dije a Thomas, mientras le daba un abrazo en agradecimiento-.

- Mañana te dejaré descansar, pero pasado mañana te espero en la consulta, ¿eh? -asentí. esbozando una ligera sonrisa-.

Al final no lo había podido aguantar, me había superado, había podido conmigo.

Después de todo, ¿qué sucedería ahora? ¿Jerry sería capaz de poner en práctica su amenaza?

lunes, 9 de julio de 2018

Tornado of Souls - Cap.69: Runaway



Salí del despacho cabizbaja, sin querer pensar en lo que acaba de suceder. Estaba más que avergonzada de mí misma, cuanto antes me alejase de aquel sitio mejor.

Pensaba ducharme cuando llegase a casa varias veces, me sentía sucia, y me lavaría los dientes otro tanto de veces, hasta que considerase que es suficiente.

Llegué al edificio, y como siempre, lo primero que hice fue ir a buscar a Alison. Parecía muy animada cuando la fui a buscar, pero no podía responderle de la misma forma, me era imposible esbozar una sonrisa, al menos en aquel momento.

Pero daba igual lo que hubiese sucedido, lo importante era que mi familia, por así decirlo, estaba bien.

Me aseé tanto como pude, y de paso duché a Alison. Miré la hora, esperando que fuese pronto para así ir a buscar a Tommy al hospital, pero yendo con la niña sabía que, con la hora que era, no llegaría, así que me quedé en casa.

Me puse a limpiar la casa mientras Alison jugaba con su osito de peluche, al menos así me entretendría un rato. Terminé y me puse a leer, con la misma intención con la que limpié.

Fui sorprendida cuando la puerta se abrió de repente, resultó ser Tommy, ni siquiera había mirado qué hora era. Alison fue a saludar, y yo me quedé en mi sitio, inmóvil, lo único que quería era estar sola:

- Qué entusiasmo -dijo Tommy mientras abría los brazos para abrazar a la pequeña-. Hola, amor, ¿cómo estás? -se acercó para darme un beso, y forzada para que no sospechase nada, giré la cabeza para recibirlo-.

- Estoy bien. ¿Y tú?

- También, tenía ganas de llegar a casa, además, este fin de semana lo tengo libre, así que oficialmente ya estoy en mi tiempo libre -me sonrió, y no pude evitar sonreirle de vuelta, realmente me alegraba, pero me sentía muy mal a su vez-. Por cierto, Thomas me ha dicho antes que llegará sobre las ocho -había olvidado por completo que venía a cenar-.

- Ah, vale. ¿Qué vamos a hacer de cenar?

- No lo sé, ahora echo un vistazo a ver, voy a cambiarme, y limpiamos un poco la casa si te parece bien.

- Por eso no te preocupes, ya he limpiado yo antes cuando he llegado.

- Oh, bueno, en ese caso me voy a duchar directamente -se sentó a mi lado en el sillón-. ¿Cómo tienes las contusiones?

- Mejor, esta mañana me he tomado las pastillas, y luego por la noche me las volveré a tomar.

- Me alegro de que estés mejor -me dio un abrazo y se fue a la habitación-.

Sentía que la culpabilidad crecía en mi interior a medida que pasaba más tiempo con Tommy, sentía como si le hubiese traicionado, engañado, y decepcionado al mismo tiempo, y lo peor de todo era que ni siquiera yo quería hacer aquello, pero tenía miedo de negarme y que algo a Pears, a Alison y a él mismo les pudiese pasar, son demasiado valiosos para mí como para tentar a la suerte.

Oí el grifo encendido, y bastó para espabilarme. Me levanté, miré lo que había en la nevera y pensé que podríamos cocinar para la cena. Alison me siguió con ganas, y como me estuvo ayudando a sacar cosa de la nevera, le di una galleta, la cual se guardó y se la fue a comer al sillón con su osito.

"¿Qué haces?" me dije a mí misma. No iba a conseguir nada pensando en lo que había sucedido antes en el ayuntamiento, tenía que dejar de pensar en ello, me negaba a reconocerlo, pero realmente era algo en lo que no había dejado de pensar desde que sucedió.

Tommy salió de la ducha, y nos pusimos a preparar la cena. Thomas no tardó en llegar, llamó a la puerta sobre las siete y media de la tarde, y traté de poner mi mejor cara y ser la misma Tacii de siempre:

- Hola chicos -dijo Thomas en la puerta de la casa-.

- Ya te echaba de menos -le dijo Tommy en broma, y le invitó a pasar-.

- Hola Thomas -le di dos besos, y la pequeña le saludó desde el sillón, donde aún seguía chupeteando la galleta-.

- Si quieres puedes sentarte en el sillón en esto que preparamos la cena -dijo amablemente Tommy-.

- ¿No queréis que os ayude? No soy un maestro culinario, pero al menos seremos más.

- No te preocupes, nosotros nos apañamos bien -dijo Tommy mientras me miraba y me sonreía-.

Tommy charlaba con Thomas mientras cocinábamos. No tenía mucho que decir, a penas estaba prestando atención a la conversación, ni siquiera a lo que estaba haciendo, por lo que Tommy me avisó varias veces. De no haber sido así, probablemente nos habríamos quedado sin cena.

Cuando terminamos, Thomas nos ayudó a poner la mesa, y nos sentamos todos, incluyendo la pequeña, para cenar. Fue de las cenas más largas que había tenido desde que los muertos resurgieron, y probablemente estuvo bien, pero me cortó disfrutarla. La misma sensación de embotamiento que había experimentado mientras preparábamos la cena era la que me acompañaba durante la misma, y me preguntaron varias veces si estaba bien, siendo yo misma consciente de que no lo estaba, pero a pesar de ello les decía que sí.

Cuando terminamos de cenar Tommy insistió en recoger la mesa y limpiar los platos, quedándonos Thomas y yo solos en la mesa, lo cual nos llevaría más que seguro a conversar, tarea para la cual yo no estaba en condiciones:

- No veas como estaba esta mañana Tommy con lo de la cena, me lo ha recordado unas cinco veces -se rió, y me reí yo también sin ganas, para no levantar más sospechas-.

- Sí, tenía muchas ganas...

- Se pasa todo el día hablándome de que vivís juntos, de los planes que tiene en el futuro y esa cosas, se le ve muy ilusionado.

- Quién diría cuando nos conocimos él y yo que llegaríamos a estar así.

- Todo esfuerzo tiene su recompensa, ¿no es así? -asentí, distraída-. Oye Tacii, me gustaría hablar contigo sobre una cosa -me alarmé cuando cambió el tono, esperaba que no supiese nada de lo que estaba pasando en el ayuntamiento-.

- ¿Sobre qué? -pregunté, yendo con cautela-.

- Sobre ti -le fui a interrumpir, pero él pudo más que yo y siguió hablando-. Verás, Tacii, es que durante la cena no he podido evitar observar tu comportamiento, y a pesar de que te hemos preguntado nos has dicho que estás bien -hizo una breve pausa-. Estabas reflexiva, distraída e incluso pesadumbrada, a parte de lo que se veía, tu mirada, los gestos, y demás signos que me han llevado a esa conclusión, no creo que no te pase nada -no quise intervenir porque sabía que no serviría de nada-. Ya sé que desconfías de contarme lo que pasa porque Tommy y yo hablamos mucho y somos buenos amigos, pero en calidad de tu amigo, que también lo soy, y de profesional, si tienes algún problema me lo puedes contar a mí.

- No es nada, Thomas, te agradezco la preocupación -dije, intentando contener las lágrimas,  justo en ese momento apareció Tommy-.

- Oye cariño, ¿qué pasa? -dijo, mirándome con cara de preocupación, esperando mi respuesta-.

- Nada Tommy, estoy bien, ya te lo he dicho -no parecía convencido con mi respuesta-.

- Es que estábamos hablando de cuando Tacii perdió a su mejor amiga, y no ha podido contener las lágrimas -mintió Thomas, salvándome por completo, y Tommy se acercó y me dio un abrazo-. Bueno parejita, creo que me voy a ir yendo, que mañana tengo que trabajar, no como otros, ¿eh, Tom?

- Para un fin de semana entero que tengo libre -se rieron-. Nos vemos el lunes entonces.

- Más te vale, que allí solo tanto tiempo no tengo intención de estar.

Nos despedimos de Thomas, y entonces se fue. Aprovechando la hora que era, fui a acostar a Alison, que parecía estar ya cansada, y yo tampoco tardaría en irme a dormir, estaba muy cansada. Me senté en el sillón cuando terminé de leer un cuento a Alison, y me puse a leer, o más bien a intentarlo, era incapaz de centrarme en lo que estaba haciendo. Vi que Tommy se había ido a la habitación, y al cabo de un rato volvió al salón y se sentó a mi lado:

- ¿Estás mejor? -me dijo, con una extraña sonrisa en la cara-.

- Sí, es que verás, yo antes pues...pues eso, que me he acordado de Anne y no he podido contenerme.

- No pasa nada, cielo, no te tienes que lamentar de nada. Bueno, pues ya que estás mejor, ¿podrías hacerme un favor? -asentí, expectante-. ¿Puedes cerrar los ojos? -asentí, y cerré los ojos sin dudarlo, aún sin saber qué era lo que iba a hacer-.

Sentí que me cogía de la mano y me ponía algo en el dedo, un ¿anillo?

- Ya puedes abrirlos -me dijo, y abrí los ojos, se trataba obviamente de un anillo muy bonito, con una forma de espiral en el centro-.

- ¿Y esto? -le pregunté, no entendía el motivo-.

- No es que te esté pidiendo matrimonio, ¿eh? Al menos ahora -se rió-. Ese anillo era de mi abuela, luego se lo dio a mi madre, y el siguiente en tenerlo fui yo, es un objeto que ha ido pasando "de generación en generación", y ahora me gustaría que lo tuviese la siguiente persona que forma parte de mí, que eres tú -sonreí-.

- Eso es muy bonito, pero, ¿estás seguro?

- Desde luego, no hay otra cosa que me haga más ilusión que te quedes tú ese anillo, Además, temía que no te fuese a quedar bien de talla, y como mi madre, lo tuvieses que llevar colgado en una cadenita, pero te queda perfecto -me cogió de la mano-.

- ¿Y por qué me lo has dado ahora?

- Esperaba dártelo en un momento especial, y bueno, después de decidir irnos a vivir juntos y yo tener más que claro que quiero estar contigo, pues estaba buscando el momento para hacerlo.

- Pues es muy bonito Tommy, gracias -nos besamos-.

Seguimos charlando un rato en el sillón, y me fui a dormir antes que él, estaba cansada, y no sabía cómo sentirme. El anillo no hizo sino que me sintiese más culpable aún, y las palabras fueron la puntilla. Me sentía muy agradecida por tenerle a mi lado, pero muy mal por tener que estar pasando por esta situación, parecía que con los zombis no había tenido suficiente.

Me despertó Tommy, a pesar de que le había dicho que me iba sola a trabajar. No quería ir, tal vez si decía que estaba enferma podría ausentarme, pero de lo que realmente huía no me serviría para nada. Había hablado con Dave y acordamos que estos días que Tommy estaba libre nos quedaríamos todo el día con la pequeña, así que mientras yo me iba a trabajar Tommy cuidaba de Alison.

Ambos me acompañaron al trabajo, y nos topamos con Pears de camino, hacía tiempo que no hablábamos:

- Hola familia -dijo Pears, cuando nos cruzamos con él-.

- ¿Qué hay, Pears? -dijo Tommy, sonriente como siempre-.

- Hacía tiempo que nos os veía, cómo se nota que estos habéis estado liados con la mudanza. ¿Qué tal estáis?

- Pues bien, estoy muy contento con mi compañera de piso -dijo Tommy mientras me sonreía-.

- Vas a tener que sacar mucha paciencia, te lo digo yo, que he vivido con ella un tiempo y cuando quiere es terrible -mencionó Pears, divertido, y ambos se rieron, haciendo que yo fingiese una falsa risa para no resultar fuera de contexto-.

- No te preocupes, no creo que estemos hablando de la misma persona, esta compañera mía de piso es un auténtico cielo.

- Awwww, qué bonito, a ver si te vas a enamorar de ella -dijo Pears en broma-.

- Bueno, cotorras, ¿nos ponemos en marcha? Que seas el jefe no te exime de currar, Pears -le dije, en broma, tratando de dejar de lado mis pensamientos-.

- Doña Diplomacia ha llegado, qué bien, y tiene ganas de trabajar. ¿A que te pongo a desmontar y limpiar todas las armas?

- Uy, qué miedo. ¿A que se me escapa por accidente un tiro y te acierto en la entrepierna?

- Para lo que la uso, tampoco iba a perder gran cosa... - nos reímos, haciendo sentir ciertamente culpable por el comentario-. Pero oye, no lo hagas de todas formas, que sé que eres bromista, pero también violenta, y te veo un día limpiando la escopeta y volándome los genitales -no pude evitar reírme de nuevo con aquella macabra imagen, que habría sido producto de alguna de nuestras conversaciones anteriores-.

- Las joyas de la corona están a salvo, no te preocupes -le dije, aún riéndome-.

- Por si acaso no te pondré a limpiar las armas por el momento... -nos reímos todos, y seguimos andando finalmente-. Bueno, ¿ya habéis terminado la mudanza?

- Sí, tampoco había muchas cosas que colocar, y Tommy ya tenía algunas cosas en la casa, así que en un par de días lo hicimos todo.

- Vaya, me alegro un montón. Pues habrá que celebrar eso, ¿no? Podíamos quedar por la tarde para tomar algo.

- Me parece una idea magnífica -respondió con ganas Tommy-. Eso sí, va a ser en nuestra casa. No me puedes decir que no, Pears.

- Por mí perfecto. ¿Qué opina de todo esto mi querida "hermana"?

- Pues lo mismo, me parece estupendo, pero yo saldré un poco más tarde, es que tengo un voluntariado al salir del trabajo.

- No pasa nada, cuando os venga mejor, antes de irte si quieres dime a qué hora estoy allí, si total, mi puerta está en frente de la tuya, tarde no voy a llegar -se rió-.

- ¿Sobre las seis y media de la tarde, por ejemplo?

- Perfecto, a esa hora estaré en vuestra casa.

- ¿Tú qué dices, Tom?

- Por mí puede venir cuando quiera, yo hoy tengo el día libre, así que la decisión que ha adoptado mi novia me parece correcta -le sonreí-.

Seguimos charlando por el camino, Pears nos contó que había conocido a una chica y que habían quedado un par de veces. Me alegraba mucho por él, al menos era consciente de que lo que estaba haciendo no era nada malo, que Anne falleció, y él tenía que seguir adelante y para ello tenía que pasar página. Todo el mundo lo tiene que hacer, pase lo que pase, y eso me incluye también a mí. Debería dar un golpe en la mesa hoy cuando fuese al despacho de Jerry, y me pasaría el resto de la jornada pensando en cómo hacerlo.

Llegamos a nuestro puesto de trabajo. Me despedí de Tommy y de la pequeña, y mientras les veía alejarse, fui a la torre, últimamente había estado yendo con mucha frecuencia, sobre todo para evitar que me mandasen dar alguna clase a los novatos que se estaban entrenando, simplemente no me sentía lo suficientemente bien como para darles clase.

El tiempo pasaba despacio, pero no todo lo despacio que a mí me hubiese gustado, y llegó la hora de ir al ayuntamiento. Me crucé con Pears antes de irme, y me despedí rápidamente de él para no llegar tarde, además, no tenía ganas de hablar con nadie.

De nuevo aquella sensación. Ya estaba en el ayuntamiento, y me sentía sofocada, como si no pudiese respirar, me estaba mareando. Me paré unos segundos y respiré profundamente, hoy le plantaría cara, hoy sería el último día.

Llamé a la puerta, y seguidamente entré. Jerry me esperaba con una sonrisa, pero rápidamente se le borró de la cara cuando me vio aproximarme a él decidida, con los mismos aires amenazadores que él mismo se gastaba:

- Quiero que me escuches bien, creo que ya ha sido más que suficiente, lo de ayer fue lo último que vas a tener de mí -vi que me observaba atentamente-. ¿Me has oído?

- Claro que sí, muñequita, te he oído, y te he dejado hablar porque me caes bien. Entonces, por eso que has dicho, entonces que esas tres personas que tanto te importan mueran te da igual, ¿no?

- No me da igual, pero sé que no vas a ser capaz de ello.

- Bueno, igual cambias de idea luego -dijo mientras dibujaba una siniestra sonrisa en su rostro-. Además, ayer me permití el lujo de hacer mis pinitos como cineasta, creo que voy a poder montar mi propia película -sacó de su cajón una cámara, y mientras el la sujetaba, reprodujo un vídeo que había grabado, me horroricé al escucharlo, fue de ayer-. Sí, la protagonista eres tú, e imagino que sabes cómo acaba. Tengo unas cuantas copias, y bueno, seguro que tu Tommy no sabe cómo acaba, tal vez le interese verla...

- No serás capaz -sabía que sí lo sería, pero apelaba al mero atisbo de humanidad que quedase en él-.

- Tal vez esa imagen sea la última que él vea antes de morir tu novio. Y al militar también le gustará ver lo chupa pollas que es su querida amiguita -me llevé las manos a la cara, estaba llorando de rabia e impotencia, no podía más con aquello, me estaba ganando, y al final iba a tener que sucumbir a su vil chantaje de nuevo-.

- ¿Por qué haces esto?

- La verdadera pregunta en todo caso sería por qué no hacerlo. Mira, aquí me aburro, y me viene una tía buena cachonda, ¿crees que voy a desaprovechar la oportunidad? Nadie lo haría, y tienes suerte, porque aún sigues viva, cualquiera que te pille de daría por todos los lados y te dejaría muerta en cualquier rincón. Además, seguro que a tu médico no le moleste que te tome prestada -me mantuve callada, pensando en cuál sería mi próximo movimiento-. Bueno, tú decides, ¿vas a seguir o no? -no dije nada, y rápidamente se acercó a mí, y me puso la mano en el cuello-. ¡Te he hecho una pregunta!

- S-sí, seguiré.

- Perfecto. Me has enfadado, que lo sepas, así que hoy lo vas a pagar bien pagado -hizo una pausa, bebió directamente de la botella y me sonrió-. Bueno, ya se me ocurre como puedo perdonarte por tu mal comportamiento de hoy. Has sido una chica mala, así que ahora vas a tener que hacer lo que yo te diga.

"Por favor, que no me obligue a hacer lo mismo de ayer" recé para mis adentros. Podría soportar incluso que me pegase o me hiciese limpiar el suelo con la lengua, pero el contacto íntimo con él me resultaba tan repulsivo que la simple idea me provocaba fuertes arcadas:

- ¿Y esa cara? No me gusta esa cara que estás poniendo, deberías cambiarla, o te aseguro que va a ser peor... Bueno, lo primero que quiero es que te quites la ropa, y antes de que hagas el numerito de que no te quieres quitar la interior, te lo ahorro, sin ropa completamente -me empecé a quitar la ropa despacio, dejándola con cuidado a un lado, tratando de perder el máximo tiempo posible-. ¿Qué haces? -me dijo, con expresión de enfado-.

- Lo que me has dicho...

- Hazlo todo lo despacio que quieras, pero te recuerdo que hasta que no acabes lo que tienes que hacer no te vas a ir de aquí, y no me gusta esperar, soy muy impaciente -terminé de quitarme la ropa rápidamente, y me puse a mirar a todos los lados menos a su cara hasta que me dijese qué era lo que iba a tener que hacer ahora, sólo esperaba que no fuese nada sucio-. Muy bien, así me gusta. Ahora me vas a desabrochar el pantalón y...

- Por favor, no -supliqué mientras una lágrima recorría mi mejilla-.

- Si no me lo desabrochas tú lo voy a tener que hacer yo, y me voy a enfadas más.

Seguí sus órdenes. Cuando terminé, vi qué tiraba todo lo que había en la mesa, incluso la botella, haciéndola estallar en mil pedazos. De un empujón me hizo chocar con la mesa. Me tumbó, violentamente sobre esta y me abrió las piernas. Cerré los ojos, no quería ver el resto de la escena, pero me obligó a abrirlos y a mirar.

Me dolió mucho, tanto que no pude evitar emitir un grito de dolor, y el siguió más fuerte. Estuve a punto de vomitar, pero me limité a llorar en silencio y a mirar para otro lado siempre que pudiese. Cuando terminó me obligó a recoger todo lo que había tirado al suelo y volver a ponerlo en la mesa y a limpiar.

Cuando fue suficiente para él me dejó ir. No quería pensar en lo que acababa de suceder.

Antes de salir del ayuntamiento fui un momento al baño a recomponerme, necesitaba un poco de tranquilidad para calmarme. Cuando me noté relativamente mejor, salí disparada de allí. Al salir pude ver a dos figuras familiares que reconocí rápidamente: eran Tommy y Alison. Justo lo que me faltaba en aquel momento. Obviamente agradecía el gesto, Tommy siempre era así conmigo, pero dadas las circunstancias no me encontraba precisamente en mi mejor forma como para hacer como que nada había pasado. Tendría que hacerlo lo mejor posible, al menos hasta llegar a casa.

Al verme Alison vino corriendo hacia mí, y la di un gran abrazo. Me dio la mano, y muy contenta me saludó. Tommy se acercó, sonriendo por la escena:

- Hola amor -me dijo, mientras se acercaba y me besaba, era una sensación tan cálida que quise alargarlo lo máximo posible-. 

- Mira que te dije que no hacía falta que vinieses -le dije-.

- Ya, sé que me lo dijiste, pero imaginaba que te gustaría que viniésemos. Que si prefieres que no vengamos no pasa nada, cariño, pero mientras puedas, me encanta poder venir. 

- No voy a negar que me guste porque es cierto -aunque no quería que fuesen, me había tranquilizado mucho verles, pero no me gustaba que estuviesen tan cerca de Jerry-. Bueno, vamos para casa, ¿no?

- No -dijo rotundamente la pequeña, con una mueca de enfado-.

- Es que hemos quedado en que la llevaría al parque ahora, pero de todas formas, si quieres ve tú a casa, y me la llevo yo, que imagino que estarás cansada.

- Sí, me gustaría ir a casa, espero que no te importe.

- Esto lo hemos hablado mil veces, Tacii, sé que Alison no es mi hija, pero su madre es mi pareja, por lo que es como si lo fuese, es mi "hijastra", aunque suene feo, y no creo que a ella le importe.

- Está bien, tú ganas, pero si pasa cualquier cosa venid para casa.

- Que sí -dijo, mientras me achuchaba-.

Me acompañaron hasta casa, y desde allí se fueron al parque. Al menos iba a tener un momento de tranquilidad y sobre todo, para reflexionar.

Recordé mi conversación con Thomas, tal vez debía hablar con él. Pero a pesar de lo que me había dicho, si le contaba lo que me estaba sucediendo, no se lo iba a callar, obviamente, yo en su lugar tampoco lo haría, y se lo diría a Tommy. Pondría a mucha gente en peligro inconscientemente. Me reconforté con el pensamiento de que en algún momento Jerry se cansaría, era lo único a lo que podía esperar, porque volvía a tener miedo de actuar, no quería decir nada porque sabía que entonces, lo que me había sucedido a mí sería lo de menos.

Me duché y me lavé los dientes, pero me seguía sintiendo sucia, y la culpabilidad aumentaba por momentos. Respiré profundamente, y me tumbé en la cama, esperando a que la próxima vez que abriese los ojos todo hubiese pasado.

Me despertó el sonido de la puerta. Me levanté sobresaltada, para ver de quién se trataba, y eran Tommy y Alison, que llegaban del parque:

- Parece que mamá ha estado descansando un rato -me dijo Tommy mientras sonreía-.

- Me he quedado un poco transpuesta y bueno...

- No tienes que darme explicaciones, puedes seguir durmiendo si quieres, está toda la casa impecable, así que yo no voy a hacer ruido.

- Si es que no me he dado cuenta, pero ya me he despertado, no creo que me vuelva a dormir. Bueno, ¿y vosotros?

- Pues nada, Alison se ha pegado una buena paliza a corretear y a revolcarse por la arena, se lo ha pasado muy bien, pero necesita un baño, creo que lleva medio arenero en el pañal -nos reímos-. Ah, por cierto, he visto a un amigo tuyo, se ha acercado y me ha dado saludos.

- ¿Ah, sí? ¿Y quién era?

- No me acuerdo de su nombre, era un tipo alto, rubio, con pelo largo, ojos azules -al escuchar aquella descripción esperaba que Tommy se hubiese equivocado en algo-.

- ¿Un tal "Jerry"?

- ¡Eso! -me quedé paralizada-. ¿Estás bien?

- Sí, sí, es que estaba tratando de recordar si había cogido una cosa del trabajo, pero sí, sí, la tengo... Y, ¿qué os ha dicho exactamente?

- Nada, que te diésemos recuerdos de nuestra parte. Y ha saludado también a Alison, ¿a que sí? -la pequeña asintió, sonriente-.

- Ah, genial...

¿Nos había estado siguiendo? Tal vez aquel tipo aprovecharía a la mínima de cambios para hacer daño a Alison, o a Tommy, o a los dos. Y quién sabe, a lo mejor también había visitado a Pears.

Fue en ese momento en el que comprendí la gravedad de la situación. Estaba, por desgracia, segura de que si no hacía lo que Jerry me decía, haría que las tres personas más importantes para mí abandonasen este mundo.

Fui corriendo al baño a vomitar.

Tommy vino a ver qué me pasaba. Me preguntó si estaba bien, y yo obviamente le tuve que mentir, a estas alturas y después de lo que había visto no pensaba decir nada de lo que estaba ocurriendo. Aguantaría hasta el último momento.

Durante la cena a penas hablé, y no toqué la comida, no tenía nada de hambre. Llevaba un par de días con el estómago revuelto, y comía lo mínimo y necesario para no caerme en cualquier momento por falta de nutrientes.

Lo único que quería era que todo aquello acabase.