lunes, 9 de julio de 2018

Tornado of Souls - Cap.69: Runaway



Salí del despacho cabizbaja, sin querer pensar en lo que acaba de suceder. Estaba más que avergonzada de mí misma, cuanto antes me alejase de aquel sitio mejor.

Pensaba ducharme cuando llegase a casa varias veces, me sentía sucia, y me lavaría los dientes otro tanto de veces, hasta que considerase que es suficiente.

Llegué al edificio, y como siempre, lo primero que hice fue ir a buscar a Alison. Parecía muy animada cuando la fui a buscar, pero no podía responderle de la misma forma, me era imposible esbozar una sonrisa, al menos en aquel momento.

Pero daba igual lo que hubiese sucedido, lo importante era que mi familia, por así decirlo, estaba bien.

Me aseé tanto como pude, y de paso duché a Alison. Miré la hora, esperando que fuese pronto para así ir a buscar a Tommy al hospital, pero yendo con la niña sabía que, con la hora que era, no llegaría, así que me quedé en casa.

Me puse a limpiar la casa mientras Alison jugaba con su osito de peluche, al menos así me entretendría un rato. Terminé y me puse a leer, con la misma intención con la que limpié.

Fui sorprendida cuando la puerta se abrió de repente, resultó ser Tommy, ni siquiera había mirado qué hora era. Alison fue a saludar, y yo me quedé en mi sitio, inmóvil, lo único que quería era estar sola:

- Qué entusiasmo -dijo Tommy mientras abría los brazos para abrazar a la pequeña-. Hola, amor, ¿cómo estás? -se acercó para darme un beso, y forzada para que no sospechase nada, giré la cabeza para recibirlo-.

- Estoy bien. ¿Y tú?

- También, tenía ganas de llegar a casa, además, este fin de semana lo tengo libre, así que oficialmente ya estoy en mi tiempo libre -me sonrió, y no pude evitar sonreirle de vuelta, realmente me alegraba, pero me sentía muy mal a su vez-. Por cierto, Thomas me ha dicho antes que llegará sobre las ocho -había olvidado por completo que venía a cenar-.

- Ah, vale. ¿Qué vamos a hacer de cenar?

- No lo sé, ahora echo un vistazo a ver, voy a cambiarme, y limpiamos un poco la casa si te parece bien.

- Por eso no te preocupes, ya he limpiado yo antes cuando he llegado.

- Oh, bueno, en ese caso me voy a duchar directamente -se sentó a mi lado en el sillón-. ¿Cómo tienes las contusiones?

- Mejor, esta mañana me he tomado las pastillas, y luego por la noche me las volveré a tomar.

- Me alegro de que estés mejor -me dio un abrazo y se fue a la habitación-.

Sentía que la culpabilidad crecía en mi interior a medida que pasaba más tiempo con Tommy, sentía como si le hubiese traicionado, engañado, y decepcionado al mismo tiempo, y lo peor de todo era que ni siquiera yo quería hacer aquello, pero tenía miedo de negarme y que algo a Pears, a Alison y a él mismo les pudiese pasar, son demasiado valiosos para mí como para tentar a la suerte.

Oí el grifo encendido, y bastó para espabilarme. Me levanté, miré lo que había en la nevera y pensé que podríamos cocinar para la cena. Alison me siguió con ganas, y como me estuvo ayudando a sacar cosa de la nevera, le di una galleta, la cual se guardó y se la fue a comer al sillón con su osito.

"¿Qué haces?" me dije a mí misma. No iba a conseguir nada pensando en lo que había sucedido antes en el ayuntamiento, tenía que dejar de pensar en ello, me negaba a reconocerlo, pero realmente era algo en lo que no había dejado de pensar desde que sucedió.

Tommy salió de la ducha, y nos pusimos a preparar la cena. Thomas no tardó en llegar, llamó a la puerta sobre las siete y media de la tarde, y traté de poner mi mejor cara y ser la misma Tacii de siempre:

- Hola chicos -dijo Thomas en la puerta de la casa-.

- Ya te echaba de menos -le dijo Tommy en broma, y le invitó a pasar-.

- Hola Thomas -le di dos besos, y la pequeña le saludó desde el sillón, donde aún seguía chupeteando la galleta-.

- Si quieres puedes sentarte en el sillón en esto que preparamos la cena -dijo amablemente Tommy-.

- ¿No queréis que os ayude? No soy un maestro culinario, pero al menos seremos más.

- No te preocupes, nosotros nos apañamos bien -dijo Tommy mientras me miraba y me sonreía-.

Tommy charlaba con Thomas mientras cocinábamos. No tenía mucho que decir, a penas estaba prestando atención a la conversación, ni siquiera a lo que estaba haciendo, por lo que Tommy me avisó varias veces. De no haber sido así, probablemente nos habríamos quedado sin cena.

Cuando terminamos, Thomas nos ayudó a poner la mesa, y nos sentamos todos, incluyendo la pequeña, para cenar. Fue de las cenas más largas que había tenido desde que los muertos resurgieron, y probablemente estuvo bien, pero me cortó disfrutarla. La misma sensación de embotamiento que había experimentado mientras preparábamos la cena era la que me acompañaba durante la misma, y me preguntaron varias veces si estaba bien, siendo yo misma consciente de que no lo estaba, pero a pesar de ello les decía que sí.

Cuando terminamos de cenar Tommy insistió en recoger la mesa y limpiar los platos, quedándonos Thomas y yo solos en la mesa, lo cual nos llevaría más que seguro a conversar, tarea para la cual yo no estaba en condiciones:

- No veas como estaba esta mañana Tommy con lo de la cena, me lo ha recordado unas cinco veces -se rió, y me reí yo también sin ganas, para no levantar más sospechas-.

- Sí, tenía muchas ganas...

- Se pasa todo el día hablándome de que vivís juntos, de los planes que tiene en el futuro y esa cosas, se le ve muy ilusionado.

- Quién diría cuando nos conocimos él y yo que llegaríamos a estar así.

- Todo esfuerzo tiene su recompensa, ¿no es así? -asentí, distraída-. Oye Tacii, me gustaría hablar contigo sobre una cosa -me alarmé cuando cambió el tono, esperaba que no supiese nada de lo que estaba pasando en el ayuntamiento-.

- ¿Sobre qué? -pregunté, yendo con cautela-.

- Sobre ti -le fui a interrumpir, pero él pudo más que yo y siguió hablando-. Verás, Tacii, es que durante la cena no he podido evitar observar tu comportamiento, y a pesar de que te hemos preguntado nos has dicho que estás bien -hizo una breve pausa-. Estabas reflexiva, distraída e incluso pesadumbrada, a parte de lo que se veía, tu mirada, los gestos, y demás signos que me han llevado a esa conclusión, no creo que no te pase nada -no quise intervenir porque sabía que no serviría de nada-. Ya sé que desconfías de contarme lo que pasa porque Tommy y yo hablamos mucho y somos buenos amigos, pero en calidad de tu amigo, que también lo soy, y de profesional, si tienes algún problema me lo puedes contar a mí.

- No es nada, Thomas, te agradezco la preocupación -dije, intentando contener las lágrimas,  justo en ese momento apareció Tommy-.

- Oye cariño, ¿qué pasa? -dijo, mirándome con cara de preocupación, esperando mi respuesta-.

- Nada Tommy, estoy bien, ya te lo he dicho -no parecía convencido con mi respuesta-.

- Es que estábamos hablando de cuando Tacii perdió a su mejor amiga, y no ha podido contener las lágrimas -mintió Thomas, salvándome por completo, y Tommy se acercó y me dio un abrazo-. Bueno parejita, creo que me voy a ir yendo, que mañana tengo que trabajar, no como otros, ¿eh, Tom?

- Para un fin de semana entero que tengo libre -se rieron-. Nos vemos el lunes entonces.

- Más te vale, que allí solo tanto tiempo no tengo intención de estar.

Nos despedimos de Thomas, y entonces se fue. Aprovechando la hora que era, fui a acostar a Alison, que parecía estar ya cansada, y yo tampoco tardaría en irme a dormir, estaba muy cansada. Me senté en el sillón cuando terminé de leer un cuento a Alison, y me puse a leer, o más bien a intentarlo, era incapaz de centrarme en lo que estaba haciendo. Vi que Tommy se había ido a la habitación, y al cabo de un rato volvió al salón y se sentó a mi lado:

- ¿Estás mejor? -me dijo, con una extraña sonrisa en la cara-.

- Sí, es que verás, yo antes pues...pues eso, que me he acordado de Anne y no he podido contenerme.

- No pasa nada, cielo, no te tienes que lamentar de nada. Bueno, pues ya que estás mejor, ¿podrías hacerme un favor? -asentí, expectante-. ¿Puedes cerrar los ojos? -asentí, y cerré los ojos sin dudarlo, aún sin saber qué era lo que iba a hacer-.

Sentí que me cogía de la mano y me ponía algo en el dedo, un ¿anillo?

- Ya puedes abrirlos -me dijo, y abrí los ojos, se trataba obviamente de un anillo muy bonito, con una forma de espiral en el centro-.

- ¿Y esto? -le pregunté, no entendía el motivo-.

- No es que te esté pidiendo matrimonio, ¿eh? Al menos ahora -se rió-. Ese anillo era de mi abuela, luego se lo dio a mi madre, y el siguiente en tenerlo fui yo, es un objeto que ha ido pasando "de generación en generación", y ahora me gustaría que lo tuviese la siguiente persona que forma parte de mí, que eres tú -sonreí-.

- Eso es muy bonito, pero, ¿estás seguro?

- Desde luego, no hay otra cosa que me haga más ilusión que te quedes tú ese anillo, Además, temía que no te fuese a quedar bien de talla, y como mi madre, lo tuvieses que llevar colgado en una cadenita, pero te queda perfecto -me cogió de la mano-.

- ¿Y por qué me lo has dado ahora?

- Esperaba dártelo en un momento especial, y bueno, después de decidir irnos a vivir juntos y yo tener más que claro que quiero estar contigo, pues estaba buscando el momento para hacerlo.

- Pues es muy bonito Tommy, gracias -nos besamos-.

Seguimos charlando un rato en el sillón, y me fui a dormir antes que él, estaba cansada, y no sabía cómo sentirme. El anillo no hizo sino que me sintiese más culpable aún, y las palabras fueron la puntilla. Me sentía muy agradecida por tenerle a mi lado, pero muy mal por tener que estar pasando por esta situación, parecía que con los zombis no había tenido suficiente.

Me despertó Tommy, a pesar de que le había dicho que me iba sola a trabajar. No quería ir, tal vez si decía que estaba enferma podría ausentarme, pero de lo que realmente huía no me serviría para nada. Había hablado con Dave y acordamos que estos días que Tommy estaba libre nos quedaríamos todo el día con la pequeña, así que mientras yo me iba a trabajar Tommy cuidaba de Alison.

Ambos me acompañaron al trabajo, y nos topamos con Pears de camino, hacía tiempo que no hablábamos:

- Hola familia -dijo Pears, cuando nos cruzamos con él-.

- ¿Qué hay, Pears? -dijo Tommy, sonriente como siempre-.

- Hacía tiempo que nos os veía, cómo se nota que estos habéis estado liados con la mudanza. ¿Qué tal estáis?

- Pues bien, estoy muy contento con mi compañera de piso -dijo Tommy mientras me sonreía-.

- Vas a tener que sacar mucha paciencia, te lo digo yo, que he vivido con ella un tiempo y cuando quiere es terrible -mencionó Pears, divertido, y ambos se rieron, haciendo que yo fingiese una falsa risa para no resultar fuera de contexto-.

- No te preocupes, no creo que estemos hablando de la misma persona, esta compañera mía de piso es un auténtico cielo.

- Awwww, qué bonito, a ver si te vas a enamorar de ella -dijo Pears en broma-.

- Bueno, cotorras, ¿nos ponemos en marcha? Que seas el jefe no te exime de currar, Pears -le dije, en broma, tratando de dejar de lado mis pensamientos-.

- Doña Diplomacia ha llegado, qué bien, y tiene ganas de trabajar. ¿A que te pongo a desmontar y limpiar todas las armas?

- Uy, qué miedo. ¿A que se me escapa por accidente un tiro y te acierto en la entrepierna?

- Para lo que la uso, tampoco iba a perder gran cosa... - nos reímos, haciendo sentir ciertamente culpable por el comentario-. Pero oye, no lo hagas de todas formas, que sé que eres bromista, pero también violenta, y te veo un día limpiando la escopeta y volándome los genitales -no pude evitar reírme de nuevo con aquella macabra imagen, que habría sido producto de alguna de nuestras conversaciones anteriores-.

- Las joyas de la corona están a salvo, no te preocupes -le dije, aún riéndome-.

- Por si acaso no te pondré a limpiar las armas por el momento... -nos reímos todos, y seguimos andando finalmente-. Bueno, ¿ya habéis terminado la mudanza?

- Sí, tampoco había muchas cosas que colocar, y Tommy ya tenía algunas cosas en la casa, así que en un par de días lo hicimos todo.

- Vaya, me alegro un montón. Pues habrá que celebrar eso, ¿no? Podíamos quedar por la tarde para tomar algo.

- Me parece una idea magnífica -respondió con ganas Tommy-. Eso sí, va a ser en nuestra casa. No me puedes decir que no, Pears.

- Por mí perfecto. ¿Qué opina de todo esto mi querida "hermana"?

- Pues lo mismo, me parece estupendo, pero yo saldré un poco más tarde, es que tengo un voluntariado al salir del trabajo.

- No pasa nada, cuando os venga mejor, antes de irte si quieres dime a qué hora estoy allí, si total, mi puerta está en frente de la tuya, tarde no voy a llegar -se rió-.

- ¿Sobre las seis y media de la tarde, por ejemplo?

- Perfecto, a esa hora estaré en vuestra casa.

- ¿Tú qué dices, Tom?

- Por mí puede venir cuando quiera, yo hoy tengo el día libre, así que la decisión que ha adoptado mi novia me parece correcta -le sonreí-.

Seguimos charlando por el camino, Pears nos contó que había conocido a una chica y que habían quedado un par de veces. Me alegraba mucho por él, al menos era consciente de que lo que estaba haciendo no era nada malo, que Anne falleció, y él tenía que seguir adelante y para ello tenía que pasar página. Todo el mundo lo tiene que hacer, pase lo que pase, y eso me incluye también a mí. Debería dar un golpe en la mesa hoy cuando fuese al despacho de Jerry, y me pasaría el resto de la jornada pensando en cómo hacerlo.

Llegamos a nuestro puesto de trabajo. Me despedí de Tommy y de la pequeña, y mientras les veía alejarse, fui a la torre, últimamente había estado yendo con mucha frecuencia, sobre todo para evitar que me mandasen dar alguna clase a los novatos que se estaban entrenando, simplemente no me sentía lo suficientemente bien como para darles clase.

El tiempo pasaba despacio, pero no todo lo despacio que a mí me hubiese gustado, y llegó la hora de ir al ayuntamiento. Me crucé con Pears antes de irme, y me despedí rápidamente de él para no llegar tarde, además, no tenía ganas de hablar con nadie.

De nuevo aquella sensación. Ya estaba en el ayuntamiento, y me sentía sofocada, como si no pudiese respirar, me estaba mareando. Me paré unos segundos y respiré profundamente, hoy le plantaría cara, hoy sería el último día.

Llamé a la puerta, y seguidamente entré. Jerry me esperaba con una sonrisa, pero rápidamente se le borró de la cara cuando me vio aproximarme a él decidida, con los mismos aires amenazadores que él mismo se gastaba:

- Quiero que me escuches bien, creo que ya ha sido más que suficiente, lo de ayer fue lo último que vas a tener de mí -vi que me observaba atentamente-. ¿Me has oído?

- Claro que sí, muñequita, te he oído, y te he dejado hablar porque me caes bien. Entonces, por eso que has dicho, entonces que esas tres personas que tanto te importan mueran te da igual, ¿no?

- No me da igual, pero sé que no vas a ser capaz de ello.

- Bueno, igual cambias de idea luego -dijo mientras dibujaba una siniestra sonrisa en su rostro-. Además, ayer me permití el lujo de hacer mis pinitos como cineasta, creo que voy a poder montar mi propia película -sacó de su cajón una cámara, y mientras el la sujetaba, reprodujo un vídeo que había grabado, me horroricé al escucharlo, fue de ayer-. Sí, la protagonista eres tú, e imagino que sabes cómo acaba. Tengo unas cuantas copias, y bueno, seguro que tu Tommy no sabe cómo acaba, tal vez le interese verla...

- No serás capaz -sabía que sí lo sería, pero apelaba al mero atisbo de humanidad que quedase en él-.

- Tal vez esa imagen sea la última que él vea antes de morir tu novio. Y al militar también le gustará ver lo chupa pollas que es su querida amiguita -me llevé las manos a la cara, estaba llorando de rabia e impotencia, no podía más con aquello, me estaba ganando, y al final iba a tener que sucumbir a su vil chantaje de nuevo-.

- ¿Por qué haces esto?

- La verdadera pregunta en todo caso sería por qué no hacerlo. Mira, aquí me aburro, y me viene una tía buena cachonda, ¿crees que voy a desaprovechar la oportunidad? Nadie lo haría, y tienes suerte, porque aún sigues viva, cualquiera que te pille de daría por todos los lados y te dejaría muerta en cualquier rincón. Además, seguro que a tu médico no le moleste que te tome prestada -me mantuve callada, pensando en cuál sería mi próximo movimiento-. Bueno, tú decides, ¿vas a seguir o no? -no dije nada, y rápidamente se acercó a mí, y me puso la mano en el cuello-. ¡Te he hecho una pregunta!

- S-sí, seguiré.

- Perfecto. Me has enfadado, que lo sepas, así que hoy lo vas a pagar bien pagado -hizo una pausa, bebió directamente de la botella y me sonrió-. Bueno, ya se me ocurre como puedo perdonarte por tu mal comportamiento de hoy. Has sido una chica mala, así que ahora vas a tener que hacer lo que yo te diga.

"Por favor, que no me obligue a hacer lo mismo de ayer" recé para mis adentros. Podría soportar incluso que me pegase o me hiciese limpiar el suelo con la lengua, pero el contacto íntimo con él me resultaba tan repulsivo que la simple idea me provocaba fuertes arcadas:

- ¿Y esa cara? No me gusta esa cara que estás poniendo, deberías cambiarla, o te aseguro que va a ser peor... Bueno, lo primero que quiero es que te quites la ropa, y antes de que hagas el numerito de que no te quieres quitar la interior, te lo ahorro, sin ropa completamente -me empecé a quitar la ropa despacio, dejándola con cuidado a un lado, tratando de perder el máximo tiempo posible-. ¿Qué haces? -me dijo, con expresión de enfado-.

- Lo que me has dicho...

- Hazlo todo lo despacio que quieras, pero te recuerdo que hasta que no acabes lo que tienes que hacer no te vas a ir de aquí, y no me gusta esperar, soy muy impaciente -terminé de quitarme la ropa rápidamente, y me puse a mirar a todos los lados menos a su cara hasta que me dijese qué era lo que iba a tener que hacer ahora, sólo esperaba que no fuese nada sucio-. Muy bien, así me gusta. Ahora me vas a desabrochar el pantalón y...

- Por favor, no -supliqué mientras una lágrima recorría mi mejilla-.

- Si no me lo desabrochas tú lo voy a tener que hacer yo, y me voy a enfadas más.

Seguí sus órdenes. Cuando terminé, vi qué tiraba todo lo que había en la mesa, incluso la botella, haciéndola estallar en mil pedazos. De un empujón me hizo chocar con la mesa. Me tumbó, violentamente sobre esta y me abrió las piernas. Cerré los ojos, no quería ver el resto de la escena, pero me obligó a abrirlos y a mirar.

Me dolió mucho, tanto que no pude evitar emitir un grito de dolor, y el siguió más fuerte. Estuve a punto de vomitar, pero me limité a llorar en silencio y a mirar para otro lado siempre que pudiese. Cuando terminó me obligó a recoger todo lo que había tirado al suelo y volver a ponerlo en la mesa y a limpiar.

Cuando fue suficiente para él me dejó ir. No quería pensar en lo que acababa de suceder.

Antes de salir del ayuntamiento fui un momento al baño a recomponerme, necesitaba un poco de tranquilidad para calmarme. Cuando me noté relativamente mejor, salí disparada de allí. Al salir pude ver a dos figuras familiares que reconocí rápidamente: eran Tommy y Alison. Justo lo que me faltaba en aquel momento. Obviamente agradecía el gesto, Tommy siempre era así conmigo, pero dadas las circunstancias no me encontraba precisamente en mi mejor forma como para hacer como que nada había pasado. Tendría que hacerlo lo mejor posible, al menos hasta llegar a casa.

Al verme Alison vino corriendo hacia mí, y la di un gran abrazo. Me dio la mano, y muy contenta me saludó. Tommy se acercó, sonriendo por la escena:

- Hola amor -me dijo, mientras se acercaba y me besaba, era una sensación tan cálida que quise alargarlo lo máximo posible-. 

- Mira que te dije que no hacía falta que vinieses -le dije-.

- Ya, sé que me lo dijiste, pero imaginaba que te gustaría que viniésemos. Que si prefieres que no vengamos no pasa nada, cariño, pero mientras puedas, me encanta poder venir. 

- No voy a negar que me guste porque es cierto -aunque no quería que fuesen, me había tranquilizado mucho verles, pero no me gustaba que estuviesen tan cerca de Jerry-. Bueno, vamos para casa, ¿no?

- No -dijo rotundamente la pequeña, con una mueca de enfado-.

- Es que hemos quedado en que la llevaría al parque ahora, pero de todas formas, si quieres ve tú a casa, y me la llevo yo, que imagino que estarás cansada.

- Sí, me gustaría ir a casa, espero que no te importe.

- Esto lo hemos hablado mil veces, Tacii, sé que Alison no es mi hija, pero su madre es mi pareja, por lo que es como si lo fuese, es mi "hijastra", aunque suene feo, y no creo que a ella le importe.

- Está bien, tú ganas, pero si pasa cualquier cosa venid para casa.

- Que sí -dijo, mientras me achuchaba-.

Me acompañaron hasta casa, y desde allí se fueron al parque. Al menos iba a tener un momento de tranquilidad y sobre todo, para reflexionar.

Recordé mi conversación con Thomas, tal vez debía hablar con él. Pero a pesar de lo que me había dicho, si le contaba lo que me estaba sucediendo, no se lo iba a callar, obviamente, yo en su lugar tampoco lo haría, y se lo diría a Tommy. Pondría a mucha gente en peligro inconscientemente. Me reconforté con el pensamiento de que en algún momento Jerry se cansaría, era lo único a lo que podía esperar, porque volvía a tener miedo de actuar, no quería decir nada porque sabía que entonces, lo que me había sucedido a mí sería lo de menos.

Me duché y me lavé los dientes, pero me seguía sintiendo sucia, y la culpabilidad aumentaba por momentos. Respiré profundamente, y me tumbé en la cama, esperando a que la próxima vez que abriese los ojos todo hubiese pasado.

Me despertó el sonido de la puerta. Me levanté sobresaltada, para ver de quién se trataba, y eran Tommy y Alison, que llegaban del parque:

- Parece que mamá ha estado descansando un rato -me dijo Tommy mientras sonreía-.

- Me he quedado un poco transpuesta y bueno...

- No tienes que darme explicaciones, puedes seguir durmiendo si quieres, está toda la casa impecable, así que yo no voy a hacer ruido.

- Si es que no me he dado cuenta, pero ya me he despertado, no creo que me vuelva a dormir. Bueno, ¿y vosotros?

- Pues nada, Alison se ha pegado una buena paliza a corretear y a revolcarse por la arena, se lo ha pasado muy bien, pero necesita un baño, creo que lleva medio arenero en el pañal -nos reímos-. Ah, por cierto, he visto a un amigo tuyo, se ha acercado y me ha dado saludos.

- ¿Ah, sí? ¿Y quién era?

- No me acuerdo de su nombre, era un tipo alto, rubio, con pelo largo, ojos azules -al escuchar aquella descripción esperaba que Tommy se hubiese equivocado en algo-.

- ¿Un tal "Jerry"?

- ¡Eso! -me quedé paralizada-. ¿Estás bien?

- Sí, sí, es que estaba tratando de recordar si había cogido una cosa del trabajo, pero sí, sí, la tengo... Y, ¿qué os ha dicho exactamente?

- Nada, que te diésemos recuerdos de nuestra parte. Y ha saludado también a Alison, ¿a que sí? -la pequeña asintió, sonriente-.

- Ah, genial...

¿Nos había estado siguiendo? Tal vez aquel tipo aprovecharía a la mínima de cambios para hacer daño a Alison, o a Tommy, o a los dos. Y quién sabe, a lo mejor también había visitado a Pears.

Fue en ese momento en el que comprendí la gravedad de la situación. Estaba, por desgracia, segura de que si no hacía lo que Jerry me decía, haría que las tres personas más importantes para mí abandonasen este mundo.

Fui corriendo al baño a vomitar.

Tommy vino a ver qué me pasaba. Me preguntó si estaba bien, y yo obviamente le tuve que mentir, a estas alturas y después de lo que había visto no pensaba decir nada de lo que estaba ocurriendo. Aguantaría hasta el último momento.

Durante la cena a penas hablé, y no toqué la comida, no tenía nada de hambre. Llevaba un par de días con el estómago revuelto, y comía lo mínimo y necesario para no caerme en cualquier momento por falta de nutrientes.

Lo único que quería era que todo aquello acabase.

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