"Es obvio, estúpida inconsciente" me dije a mí misma mientras cargaba el extintor bajo mi brazo izquierdo, y sacaba la pistola para defenderme de los no muertos que habían reparado en mi presencia. Los disparos quedaban amortiguados por el agudo sonido de la alarma que había saltado tras romper los cristales de la vitrina de seguridad.
Retrocedí, no sería buena idea permanecer allí, sobre todo teniendo en cuenta la que había armado en tan poco tiempo. Vi que los militares se habían movilizado, y mientras buscaban qué era lo que había activado la alarma, y aproveché entonces para escabullirme. Podrían seguir perfectamente mi rastro por el par de cadáveres que había dejado cerca de donde me encontraba, pero dudaba que fuesen tan precisos como para dar conmigo antes de que lo hiciese yo con ellos.
Cuando estuve de vuelta con el resto del grupo, vi que Fabio me miró extrañado, y aunque sereno, parecía que en cualquier momento iba a estallar en un ataque de pánico:
- ¿Qué ha sucedido? -me preguntó, levantando la voz lo suficiente para que le pudiese escuchar-.
- Hay un grupo de unos cuantos soldados en la entrada atrincherados, no sé muy bien qué hacen ahí, pero si pasamos nos van a ver y nos van a acribillar a balazos, así que he buscado la forma de pasar sin que nos vean, que sería lo ideal.
- ¿Has activado la alarma para distraerles?
- No, verás, he visto un extintor, y pensaba usarlo para crear confusión y así poder pasar... Pero no había reparado en que aquí hay todavía electricidad y que, como era costumbre, estas cosas estaban protegidas con una alarma de seguridad.
- Bueno, de todos modos distraer seguro que se han distraído -apoyé el extintor en el suelo, y me agaché para recuperarme-. ¿Quieres tomarte un descanso? Puedo ir yo a mirar si quieres.
- No te preocupes -le respondí-, estoy bien. Una cosa, ¿por dónde sale el personal médico a la calle con las camillas?
- ¿Eh? Pues no sé, ¿te refieres a por dónde salen con los cuerpos? -asentí enérgicamente-. Ah, van por la puerta trasera, por la que tú entraste, creo.
- ¿Y es segura? Quiero decir, si alguien ha salido por ahí, ¿crees que ahora corre mucho riesgo?
- Ahora mismo todos corremos bastante peligro por desgracia, Tacii. Lamento decirte que no puedo estimar esa cifra, me resulta prácticamente imposible imaginar cómo estará eso ahora. ¿Por qué lo preguntas?
- Ah, ¿yo? Por nada, era simple curiosidad...
- La gente que la suele usar se la conoce, y saben aprovecharla, así que si las cosas se han puesto muy feas por allí, esa gente se sabrá manejar bien -oír aquello me tranquilizó bastante, y Fabio lo sabía, probablemente fue por eso por lo que lo dijo-. Seguro que tu chico estará bien.
- Eso espero...
- Estamos muy cerca de nuestro objetivo, en breves vamos a salir, y podrás ir a ver si están por allí, tal vez incluso siguen ocultos por el colegio -hizo una breve pausa-. Lo primero es salir de aquí, así que vamos a ello.
- Vale, vamos -cogí de nuevo el arma y el extintor, y volví a mi escondite anterior-.
Me asomé, y vi que los soldados habían acabado con todos los zombis que estaban allí. Por suerte no se habían movido demasiado de su sitio, pero si me asomaba un poco más de la cuenta uno de ellos, que era el que más adelantado estaba, me vería perfectamente, así que procuré mantenerme lo más pegada a la pared posible, y doblar la esquina solo cuando estuviese absolutamente segura de lo que iba a hacer.
Cuando hablé con Fabio parecía que lo tenía claro, pero cuando me planté allí mil y un dudas me asaltaron, y de repente me di cuenta de que no sabía qué hacer. Podía moverme con sigilo y hacer un ataque sorpresa a aquellos tipos, pero era muy difícil que algo así saliese bien, solo en las películas era buen plan; también podía abrir el extintor, y crear una nube con el producto para cegar a los soldados, pero ni siquiera sabía cómo iba a reaccionar ni si iban a cegarse. Entonces, ¿para qué había cogido aquella pesada botella? En mi cabeza al principio parecía una buena idea al menos.
"Piensa rápido, maldita sea, no has armado todo esto para rendirte ahora, que acabas de empezar" me dije para animarme, aunque solo sirvió para ponerme más nerviosa. Miré atrás y vi a Fabio, que parecía extrañado por mi falta de iniciativa. Me estaba haciendo señas por si necesitaba ayuda, pero la rechacé, me había comprometido a librarme de ellos, y eso sería lo que haría.
Yendo en sigilo, me fui acercando a la zona en la que se encontraban aquellos tipos, que aún seguían buscando el origen del estruendo que había provocado minutos antes.
A través de una serie de cajas de madera, pude llegar a acercarme a uno de ellos, y sin pensármelo dos veces, me puse en pie tan rápido como pude, y le descargué un fuerte golpe en la cabeza con el extintor. Como ya era tarde para huir, se me pasó por la cabeza un disparate que tal vez podría funcionar: rociar una nube de la sustancia contenedora del extintor para despistar, y lo hice.
No me entretuve, a medida que corría iba echando espuma blanca, y aunque me podían ver relativamente, no llegaron a acertar ningún disparo. Mi plan había salido bien, y cuando el recipiente quedó vacío, lo tiré al suelo mientras corría, y saqué el arma. Aún me tenía que librar de lo que parecían ser cinco soldados bien armados. Todos me habían visto dirigirme a mi escondite, así que ellos tenían ventaja, y yo, en adición, tenía la desventaja de que, por haber avanzado, no sabía ni qué me iba a encontrar, ni dónde ir. Pero iba a haber una explosión, y si no me daba prisa, mucha gente iba a morir por mi culpa.
Me oculté tras una fuente de agua que parecía llevar mucho tiempo sin ser usada. Al asomarme vi que tres de ellos me habían seguido, y aunque me habían perdido la pista, sabía que no podía andar muy lejos. Tres contra uno, tenía todas las de perder, pero al fondo vi que no solo ellos se habían movido, sino que mi grupo también había avanzado. Vi que que salía una de las figuras del amasijo de personas, y se dirigía al lugar en el que habían debido quedar los dos militares restantes.
Sin darme cuenta, había estado prestando tanta atención a lo que sucedía en el otro lado que uno de ellos me sorprendió, iluminándome con una potente interna directamente en la cara. Sabía lo que iba a hacer a continuación, así que me alejé todo lo que pude de la fuente, precipitándome sobre mi costado derecho, y disparé el arma contra el hombre. No sabía si le había matado, pero al menos aquello le entretendría un rato.
Mientras tanto, los soldados que habían ido con él a buscarme, en cuanto oyeron el primer disparo, se pusieron en alerta, y cuando vieron a su compañero tirado en el suelo, y a mí corriendo en dirección contraria, empezaron a disparar sin control.
Por mucho que lo intenté, no pude esquivar sus disparos, y uno me rozo en el brazo, pero lo peor fue cuando uno impactó directamente en el gemelo de la pierna izquierda. Proferí un audible "Ay", pero no podía deternerme, y a pesar de que me dolía, no paré de correr. Escuché dos disparos seguidos, y algo desplomarse a mis espaldas. Giré levemente, y vi que aquellos hombres no estaban. Paré, sofocada y dolorida, y traté de entender qué era lo que había sucedido.
Cuando me di la vuelta por completo, vi a Fabio y Sharon empuñando cada uno una pistola:
- Si necesitabas ayuda nos lo tenías que haber dicho -replicó Fabio, mientras me ayudaba a levantarme-.
- Vamos a darnos prisa, sino vas a perder mucha sangre.
- ¿Cómo lo habéis hecho? -les pregunté, mientras me esforzaba por no quejarme a causa del agudo dolor que sentía en la pierna izquierda-.
- Sharon y yo éramos los únicos, a parte de ti, que teníamos arma, y decidimos tomar parte en el asunto. Como unos cuantos guardias te habían seguido a ti, y solo quedaban dos en la barricada, fuimos a por ellos cuando los otros militares te detectaron. Y cuando nos deshicimos de ellos, vinimos a ayudarte a ti.
- Pues menos mal que no habéis llegado más tarde, porque sino probablemente me habrías encontrado haciéndoles compañía en el suelo -esbocé una sonrisa amarga-.
- Ya, pero ese no ha sido el caso, así que vamos a continuar, que ya estamos muy cerca, doblamos la esquina, y en un par de minutos vamos a poder sentir el aire de nuevo -comentó Fabio, lo cual me animó un poco-. Voy a avisar al resto para que vengan, que ya está todo despejado -ambas asentimos y pudimos ver como se apresuraba hacia el grupo-.
- Oye Tacii, siento lo de antes, en realidad si me quería ir con vosotros, lo he tenido muy claro, pero hay una cosa por la que no lo he hecho...
- No te culpo, cada uno tiene su vida y sus motivos para actuar, y eres humana, al menos conservas tu humanidad, que ya es mucho más de lo que unos cuantos de nosotros han preservado...
- Gracias por entenderme -me dijo, con la mirada ausente-.
- No tienes que agradecer nada...
Nos quedamos en silencio, esperando a que llegasen todos los miembros del grupo.
Y fue entonces cuando un estruendo nos derribó a todos al suelo. Me levanté, con apenas capacidad auditiva, me pitaban los oídos, y a causa del golpe, me había despistado bastante. Ayudé a otras personas a levantarse, y por la cara de Fabio supe que algo terrible había ocurrido: la explosión.
Me giré, y vi que una parte del edificio se había venido abajo, y en la que nos encontrábamos no tardaría en hacerlo. Astillas de diversos materiales habían saltado, y seguían haciéndolo a nuestro paso.
Todos íbamos asustados detrás de Fabio, que nos guiaba hacia la salida. Tras un interminable camino, y tras esquivar numerosos socavones que se interponían en nuestro camino, llegamos a los baños de chicas, en los que confiábamos plenamente que estaría la salida, incluso pude ver un atisbo de esperanza en los ojos de Sharon.
Ambas estábamos detrás de Fabio, como cobertura, pero en un momento dado se paró:
- Esperad un momento, por favor, necesito un segundo para reposar el pie. Creo que me lo he torcido con la explosión.
- ¿Necesitas ayuda? -le pregunté-.
- No, no te preocupes, es que lo he cargado demasiado, enseguida voy.
- Está bien -le dijo Sharon-.
A pesar de que nos dijo que esperásemos, Sharon estaba tan ansiosa por salir que se adelantó. No me di cuenta de que había recuperado aquella gran bolsa de gimnasio con la que cargaba cuando nos encontramos todos para huir. Aquel detalle fue suficiente para distraerme, y cuando Sharon abrió la puerta, se encontró de frente con un militar. Este, sin dudarlo dos veces, sacó el arma para disparar, y sabía que ella no iba a tener tiempo, y por desgracia, yo tampoco lo iba a tener.
Otra vez todo pasó a cámara rápida, prácticamente mi día había sido una película macabra acelerada.
De pronto vi a Fabio aparecer, como si de una película se tratase, y apartó a Sharon, recibiendo él el disparo justo entre los ojos. Yo tampoco dudé, y disparé contra el soldado antes e que él tuviese tiempo a volver a hacerlo.
Después de aquello todos nos quedamos en silencio, no sabía si era porque no habíamos asumido lo que acababa de ocurrir, por el horror, o simplemente porque no sabíamos que decir, y no queríamos romper el silencio. Sharon estaba llorando desconsoladamente por el alma caída, que había dado su vida por ella. Yo no le conocía lo suficiente como para llorar, me había insensibilizado considerablemente desde que todo esto empezó, pero para nada le deseaba un final como aquel después de todo lo que había hecho, y había conseguido.
Pero teníamos que seguir adelante, o el colegio se haría trizas con nosotros dentro, así que fui yo la que cogió las riendas para acabar lo que Fabio había empezado.
Me metí en el baño, y dejé la puerta abierta para que los demás pudiesen entrar. Revisé todos los baños, y tras una breve inspección individual, di con el que ocultaba tras de sí la calle. Me costó moverlo a causa del estado en el que me encontraba, pero estábamos muy cerca, demasiado. Cuando conseguí desplazarlo para dejarnos paso, una bocanada de aire fresco me dio en la cara, siendo la sensación más agradable que había tenido el placer de experimentar últimamente.
Les hice una señal a todos que sabía que entenderían, y una vez todos salieron, lo hice yo, no sin antes arrastrar el cuerpo de Fabio, por deseo de Sharon, fuera. No merecía quedarse allí con aquellos monstruos.
Una vez estuvimos fuera, tenía más que claro lo que hacer, tenía que encontrarme con el doctor y con Tommy, si es que habían conseguido salir... Me acerqué a Sharon para comentárselo, no me podía ir así:
- Sharon, sé que esto ha sido muy duro, pero tengo que ir a buscar a mi compañero...
- No te preocupes, ya estamos fuera, y parece que por aquí no hay zombis, estaremos bien.
- ¿Qué vais a hacer? -le pregunté-.
- Pues lo que sea para salir de aquí. No sé dónde iremos ni qué haremos, pero supongo que eso ya se verá cuando llegue el momento.
- Tal vez esto no te convenza, pero cuando encuentre a mi compañero vamos a buscar un vehículo en condiciones para salir de aquí y volver a nuestra casa. Y bueno, allí hay sitio de sobra para vuestro grupo...
- Sería un placer, al menos allí no nos van a tratar como a basura.
- Estupendo, entonces quedaros por aquí cerca para que os pueda localizar cuando sepa algo. Y si no vuelvo, pues buscad un coche e iros.
- No te preocupes, Tacii, te vamos a esperar -me dedicó una ligera sonrisa-.
- ¿Por dónde está la puerta trasera?
- Verás, tienes que seguir todo recto, y girar, y bueno, es la única puerta que da a la parte trasera del colegio, así que no hay pérdida.
- Gracias -la dije, y me fui directamente-.
- ¡Espera! -grito Sharon, frenando mi avance-. Deberías hacer algo con la herida...
- Da igual, ahora no hay tiempo que perder, puede esperar a que vuelva.
- No, Tacii, se te puede infectar, y si entras en contacto con un muerto, con más probabilidades, incluso puedes infectarte -lo que decía no sabía hasta que punto se aplicaría a mí por la especie de "inmunidad" al virus que había desarrollado, pero tampoco me quería arriesgar-.
- Tienes razón -saqué el cuchillo de la bota, donde lo tenía guardado, y rajé el pantalón alrededor de la herida de bala, y justo cuando toqué la zona fue cuando me di cuenta de lo mucho que me dolía-. ¿Alguien tiene un trozo de tela o algo que usar como vendaje?
- Espera un momento -me dijo Sharon, mientras se giraba y rebuscaba en su bolsa-. Toma, le he echado un poco de agua oxigenada para que te desinfecte un poco la herida también.
- Vale, gracias -cogí la tela, me la enrollé alrededor de la pierna, como si de un torniquete de tratase, y tras sentir el escozor del agua oxigenada haciendo efecto, me puse en pie-. Ahora sí que me voy...
No veía la forma de despedirme, además, no tenía tampoco la necesidad, nos veríamos cuando volviese con Tommy... Ojalá fuese así, aunque una parte de mí sabía que lo que pedía, tal y como habían salido las cosas, era demasiado.
Me dirigí directamente a la puerta trasera, siguiendo las indicaciones que Sharon me había dado, lo último que me faltaba era perderme.
El paisaje era desolador, había cuerpos por todas partes, pero a medida que me acercaba a la puerta trasera, se veían menos, todo debía haber ocurrido por la zona delantera del edificio.
Me quedé paralizada al ver la situación de la puerta trasera. Se había venido abajo, como parte del edificio, y había algún que otro cuerpo en el suelo. Revisé que ninguno de ellos fuese Tommy, aunque no me sentí aliviada, y menos cuando vi una camilla de hospital volcada cerca de la puerta. "No te pongas nerviosa, sigue buscando" me dije a mi misma, ya con lágrimas en los ojos. ¿Y si se había convertido? ¿Y si no había llegado a salir? Eran cientos las escenas macabras que se podían haber presentado las que se me pasaban por la cabeza, y en cuestión de segundos noté como por mi mejilla corrían dos frías lágrimas, seguidas por otras tantas. Giré, tal vez se encontraba en el otro lado, escondido, pero tampoco. Ni siquiera había rastro del médico...¿Y si nos la había jugado y se había cargado a Tommy, o le dejó tirado? Se me pusieron los pelos de punta el pensar en aquello, y quise borrarlo de mi mente, aunque era una posibilidad, las probabilidades de que eso sucediese no eran altas, o al menos eso esperaba.
Tras un rato de dar vueltas, me estaba empezando a dar por vencida, si hacía falta saldría y buscaría fuera, tal vez se habrían alejado, aunque era más que improbable que no, sabiendo cómo estaban las cosas...
Fuera del recinto solo podía ver zombis dispersos, no había indicios de que alguien hubiese salido. Suspiré profundamente, y me senté en el suelo, finalmente derrotada. Después de aproximadamente una hora buscando, no había encontrado nada sobre el paradero de Tommy y el médico, lo único que había divisado era la camilla, que no tenía porqué ser la de Tommy, pero era de las pocas cosas que me podían indicar algo al respecto. Me volví a poner de pié, y me acerqué a la camilla, a ver si encontraba algo más, o era simple casualidad. Al acercarme, pude ver algunas manchas de sangre que empezaban y acababan allí mismo, no formaban ningún rastro. Pero lo peor de todo fue cuando me fijé en la camilla, y vi un documento a los pies sujeto con una pinza cuando le di la vuelta. En el papel figuraba la fecha del día anterior, y la herida "disparo limpio en el abdomen". Me tambaleé al leer aquello, debía ser su camilla, y si había sangre era porque algo malo le había pasado, y si no estaba allí era porque...
Me senté al lado de la camilla, y a pesar de que me intenté controlar, me puse a llorar desconsoladamente. "Se ha convertido" me dije, entre sollozos. Lo mejor sería volver, pero no me encontraba lo suficientemente bien como para hacerlo, necesitaba unos minutos, u horas, o días...
En mi ataque de tristeza, sentí un golpe en el hombro y lo ignoré, ya me daba igual de lo que se tratase, pero a continuación escuché algo, y paré de llorar para poder escuchar:
- Te dije que nos volveríamos a ver -al escuchar aquella voz, una ola de confusión y felicidad se abalanzó sobre mí-. Vamos, este sitio no es seguro -levanté la cabeza despacio, esperando no equivocarme, pero no demasiado ilusionada por si me había confundido, pero cuando le vi me levanté inmediatamente y le abracé-.
- Pensaba que te había pasado algo -dije, tranquila-.
- Tuvimos algún contratiempo, pero al final lo conseguimos.
- ¿Dónde estabais?
- Nos escondimos en uno de los vehículos que estaban abiertos, por fuera.
- ¿Esa no es tu camilla? -le pregunté, extrañada-.
- Sí, verás, lo que pasó fue que salimos, y había algún que otro militar cabreado, así que tuvimos que salir por patas y defendernos hasta llegar a algún sitio en el que nos pudiésemos esconder. Se me abrieron un par de puntos, pero el médico ya me ha atendido, y he estado semiinconsciente hasta hace poco, que ha sido cuando te he visto. Siento no haber podido venir antes -me dijo Tommy, con aire triste-.
- Para nada, no tienes que disculparte, me alegro de que estés bien y que mis presentimientos se alejasen de lo que realmente ocurrió -me acerqué más para besarle-. ¿Y el doctor?
- Esta en el blindado. Me ha dicho que no fuese, que vendría él a buscarte, pero sinceramente prefería venir yo -me devolvió el beso-.
- Me encanta que hayas venido tú, pero tal y como estás te deberías haber quedado descansando -le sonreí-. ¿Cómo estás?
- Pues me encuentro fatal, me siento muy débil, pero al menos ahora que nos hemos encontrado estoy mucho mejor. ¿Y tú?
- No me puedo quejar, sigo viva... He recibido un disparo en la pantorrilla, pero no es nada grave.
- ¿Y me dices tú a mí que soy yo el que debería descansar?
- En realidad creo que los dos nos merecemos un descanso -nos volvimos a abrazar-. Oye cariño, tengo que volver a buscar al grupo con el que he venido, así que si quieres ahora voy a por ellos y vuelvo.
- Vale, pero ¿ellos qué van a hacer?
- Se van a venir con nosotros. Creo que con un par de coches será suficiente para todos, no somos demasiados, y estos coches tienen mucha capacidad. En el que estáis vosotros, ¿tenéis la llave?
- Sí, con este vehículo podemos contar. ¿Necesitas que vaya a ayudarte?
- No te preocupes, tú descansa mientras tanto, si no tardo nada en ir a por ellos. Ahora vuelvo.
- Vale, ten mucho cuidado.
Le solté la mano y me fui. Me sentía tan feliz y aliviada al verle que me había olvidado de lo de la pierna, y cuando la volví a apoyar vi las estrellas.
Me apresuré para reunirme con el grupo, no tenía la certeza de que aún siguiesen allí, les había dicho que si tardaba demasiado se fuesen, pero mientras me fuese posible, les buscaría.
Tardé muy poco en llegar, iba a paso ligero, y además me había acostumbrado al ardor que sentía en la pierna. Me quedé paralizada de la alegría cuando vi allí al grupo aún, y fui corriendo a buscarles:
- ¡Qué alegría, pensábamos que no ibas a volver! -me dijo Sharon, sonriendo-.
- Yo también me alegro mucho de haber vuelto -le respondí, sin poder evitar acercarme a ella y darle un fuerte abrazo, no me había dado cuenta de lo que me había unido a ella en tan poco tiempo-.
- ¿Le has encontrado? Quiero decir, a tu compañero.
- Sí, está bien, están en un blindado, así que solo tenemos que encontrar otro para salir de aquí -miré al grupo por completo-. Creo que somos más o menos diez, doce con los el blindado, pero son grandes, así que de sobra nos vamos a poder meter todos.
- Blindados hay unos cuantos, pero no sé qué es lo que nos vamos a encontrar, y tampoco cómo los vamos a arrancar.
- Nos las vamos a apañar, si hemos salido con vida después de todo lo que ha ocurrido... -hice una breve pausa, no todos habíamos salido con vida- mejor dicho, los que estamos aquí hemos llegado muy lejos, y no nos vamos a echar atrás ahora.
- Tienes razón, tendré que ser más optimista. Además, si todo sale bien vamos a ser vecinas, ¿no? -me dijo, con cierta alegría-.
- Desde luego, y vamos a hacer lo posible para que así sea. De momento vamos a ir al vehículo en el que se encuentran el médico y mi compañero, y os quedaréis ahí hasta que encuentre otro coche en buenas condiciones.
- No Tacii, en todo caso vamos cualquiera de nosotros, tú estás herida, y no dudo que lo vayas a conseguir, me has demostrado que hasta lo poco probable es posible si lo das todo por ello, pero te beneficiaría descansar, tomarte un respiro, Fabio y tú habéis tenido una enorme carga al habernos defendido y conducido hasta la salida de este lugar, creo que ahora nos toca a nosotros.
- Para mí no resulta ningún suplicio ni nada por el estilo hacerlo, y si quieres venir o queréis venir más, no voy a negarlo, porque cuantos más seamos mejor, pero también llamaremos más la atención, y no sabemos cómo están las cosas por ahí delante, que es donde seguramente siga habiendo aún acción. Comprende que quiera ir yo, si os ven os van a reconocer y no van a dudar en disparar, yo puedo pasar desapercibida.
- Está bien -dijo, finalmente, sin estar convencida de su respuesta-.
Sin decir ni una palabra más, para aprovechar el tiempo antes de que anocheciera, los llevé hasta el blindado en el que estaban Tommy y el médico. Les dejé allí, y sin pensármelo dos veces, me fui, sin mirar atrás.
Disfrutaría de la poca tranquilidad que el tiempo y el desconcierto me concederían hasta llegar a mi destino. Si algo tenía claro era que ahora me iba a tocar una parte difícil, y estaba sola para hacerle frente.