domingo, 16 de septiembre de 2018

Reflexión - El que quiera entender que entienda...

Qué difícil es escribir una introducción, llevo un rato escribiendo y borrando al instante porque nada me convence, así que supongo que esto es lo que se va a quedar.

En fin, voy a empezar autojustificando brevemente por qué me voy a tomar con más tranquilidad mi afición por la escritura, la cual he retomado hace unos pocos meses. Simplemente ahora no me siento con ánimos, y si me obligo a escribir en vez de tomármelo con más tranquilidad, voy a terminar dejando de escribir otro año, como ya me pasó cuando desaparecí de Novelasrockeras en 2017.


Y ahora, otro asunto. Últimamente me ronda mucho por la cabeza el tema del autoestima. No me resulta una revelación que, por ejemplo, yo me pinto los labios y me siento mejor conmigo misma porque, por así decirlo, me da cierta seguridad. A todos nos gusta sentirnos bien con nosotros mismos, pero por desgracia no solo depende de nosotros, aunque no debería ser así. Si tú eres el que se tiene que sentir bien, entonces tú tienes que decidir qué hacer, cómo ser, en definitiva, quién ser.

En esta sociedad tan "moderna" sin embargo, se nos impone un estándar, un patrón que la mayoría cumple, y que por consiguiente, al resto también se le tiene que poder aplicar. Si no cumples ese patrón, eres "raro", ya sea por tu color de piel, identidad, género, peso, altura, religión, etc. Es una lástima que las cosas sigan siendo así, y que se siga viendo a lo que se sale de lo normal como una amenaza, tal vez nos tendríamos que parar a pensar sobre qué es lo que estamos haciendo e interesarnos por aquello que resulta diferente.

Todos elegimos nuestra forma de ser, configuramos quiénes somos desde que somos niños hasta que alcanzamos la edad adulta, y nos encontramos a nosotros mismos. ¿Qué más da cómo seas? Si eres feliz y no perjudicas a nadie, ¿por qué alguien te va a decir cómo tienes que ser? Lógicamente los padres y los amigos juegan un papel muy importante en este plano emocional, y pueden buscar lo mejor para ti, pero no puede ir en contra de lo que tú eres. Ni ellos ni nadie, el único determinante aquí eres tú mismo. 

No me sé explicar bien, pero con todo lo que he dicho anteriormente, en varios párrafos y de forma muy distinta, pertenece en realidad a un mismo pensamiento. Aclaro que lo "normal" no me parece mal, en realidad no me parece mal nada, pero me gustaría que el término "normal" se emplease en estadística, y no cuando nos referimos a como difiere alguien por presentar determinadas características.

Tampoco quiero decir con todo esto que tengas que buscar ser diferente o ser normal, lo que quiero es que apartemos esas etiquetas, que pueden llegar a ser muy estigmatizantes, y que seamos nosotros mismos.

Recopilamos: sigue tu camino, sé como quieras ser y no dejes que nadie te diga lo contrario, y si lo hacen, ignóralo. No busques ser normal, ni diferente, busca ser quien eres, encuéntrate, porque tarde y temprano, si eres fiel a ti mismo, lo vas a hacer.

Yo he tardado más de lo que debí porque me puse muchos peros y no quise darme cuenta, pero a día de hoy estoy bien conmigo misma porque, en la medida de lo posible, estoy siendo como quiero ser (lo que no quita que no me arrepienta de cosas, es algo humano equivocarse). La experiencia me ha hecho ser quien soy ahora, y espero que la experiencia me siga acompañando en mi camino.  

He de decir algo importante, y es que estoy muy orgullosa de un amigo que se ha encontrado a sí mismo, porque entiendo que ha sido una gran experiencia darse cuenta y para nada fácil, así que le doy las gracias porque ha sido mi inspiración para escribir esto, por haberlo compartido con el orgullo que se merece, y por eso te lo dedico a ti, Neo, ¡que te queremos mucho, bello!


Y este tema tan inspirador, de regalo, por el mensaje que transmite, The World is Yours de Arch Enemy. 

lunes, 10 de septiembre de 2018

Tornado of Souls - Cap.77: Agony Is My Name



Mi objetivo era llegar hasta la puerta principal, dar con un vehículo amplio y seguro que estuviese en buenas condiciones y volver con el grupo, parecía simple.

A causa de mi lesión, iba más despacio de lo que quería, pero también aquello me beneficiaría, ya que si había algún peligro, al ir más despacio, lo divisaría antes. Iba con la pistola en la mano para protegerme, realmente no tenía intención de disparar porque provocaría más ruido y llamaría la atención de los zombis que estuviesen merodeando por el perímetro del colegio, era simplemente por intimidar.

Me había ido apenas hacía un minuto y ya estaba deseando darme la vuelta. Quería desesperadamente volver a casa, echaba de menos a Alison, y necesitaba saber cuál era el estado de mi grupo, sobre todo el de Pears.

Justo cuando doblé la esquina, pude divisar el lugar donde uno de los vehículos que nos pertenecían había estado aparcado, eran los del coche que se habían desviado cuando llegábamos. Resultaba tranquilizador saber que al menos ese coche se lo habrían llevado, así que alguien habría sobrevivido, y conociendo a mi amigo, tenía mis esperanzas puestas en que uno de los supervivientes fuese él.

Me centré en mi situación actual, no podía distraerme demasiado ni entretenerme con mis pensamientos, tenía que estar constantemente en alerta por si algo sucedía, estaba muy cerca de la libertad, tan cerca que casi podía tocarla con mis dedos... Saborear la victoria una vez más y así poder volver a nuestro hogar, resulta increíble lo mucho que me había terminado acomodando, incluso si todo se viniese abajo, no sabía si podría sobrevivir, al menos como lo había hecho cuando todo empezó.

Recorrí el lateral del edificio, esquivando cuerpos inertes de zombis, y algún que otro de gente tanto de mi bando como del de los militares, y no reconocí a ninguno, salvo a a aquella zorra que había disparado después de que ella intentase matar a Tommy. Antes de doblar la esquina para dar a la zona principal, me agaché y me oculté tras un pequeño arbusto que recordaba haber visto cuando Tommy y yo corrimos para aquel mismo sitio cuando el día anterior habíamos llegado. Asomé ligeramente la cabeza, y en la zona central pude ver a un grupo de soldados atareados luchar contra unos pocos muertos. Estaban un poco alejados de la entrada, supuse que se apartaron cuando la bomba detonó. "Ojalá les hubiese dado, así tendría menos trabajo" pensé, pero en fin, no podía pedir mucho, estaba viva, que ya era demasiado.

Desde mi sitio divisé un par de vehículos blindados que parecían perfectos cualquiera de ellos para llevarnos hasta nuestro destino. Una vez tuve localizado mi objetivo, tenía que estar pendiente de los militares que estaban en la entrada, me tenía que deshacer de ellos, y esta vez tenía que andarme con más cuidado que la anterior, en la que casi me cuesta la vida, por no hablar del resto del grupo.

Tenía tiempo para pensar, y contaba con la ventaja de que no me habían visto, y si era necesario podría acercarme a ellos para atacar dado el estado de la zona, llena de cuerpos y barricadas fallidas. No pude evitar fijarme en los cuerpos de suelo, tratando de ver si reconocía a alguno, y tras asegurarme, lo cual realmente no significaba nada, me sentía mucho más tranquila. Por otra parte, también contaba con el ruido, los soldados estaban disparando y hablando con tono alto para oírse, así que no tendría ningún tipo de problema en acercarme a ellos. El problema era ¿realmente quería yo eso? Lo más sensato en aquella situación era distraerles, eran muchos más que yo, sería un suicidio ir a por todos.

Entonces, tenía dos opciones: la primera era matarlos a todos y coger el coche e irme, lo cual haría que la huida fuese más calmada, y el segundo plan era distraerles, meterme en el coche de la mejor forma posible, e intentar irme sin que dañen demasiado el coche. El segundo plan, aunque parecía el más adecuado, también resultaba el más peligroso a la hora de huir, así que, finalmente, y en contra de mi voluntad, finalmente me decanté por ejecutarlos a todos e irnos. 

Contaba con una pistola, balas limitadas, y un escondite temporal. Respiré profundamente, apunté, y antes de disparar, el sonido de otra pistola disparándose me despistó. El disparo se produjo desde el lado contrario al que estaba yo, y mi primer acto-reflejo fue agacharme para esquivar la bala, que ni siquiera había ido a parar a mí. Cuando levanté la vista, pude comprobar que uno de los soldados se había desplomado. O alguien me estaba ayudando o daba la causalidad que teníamos enemigos comunes. Miré detenidamente al origen del disparo, y cómo los soldados se armaban e iban allí. Pude distinguir a dos figuras, pero a tanta distancia no podía identificarlas, ni siquiera sabía si les conocía.

Aproveche el momento de distracción para moverme, y como estaban de espaldas, yendo par el lado contrario, era mi oportunidad, era ahora o nunca. Apunté con la pistola a la cabeza del que más cerca tenía, y disparé, y antes de que reaccionasen, rápidamente disparé a otro. Ambos cayeron al suelo, y los que quedaban estaban desconcertados, aunque sabiendo de dónde habían venido los disparos no tardarían en darse la vuelta y venir.

Efectivamente, así lo hicieron, tres de ellos se dirigieron hacia mi escondite. Miré a mi alrededor rápidamente, buscando un nuevo escondite. La suerte me sonrió cuando cerca de donde me hallaba escondida me topé con una caja de madera vacía tirada en un lado. Era bastante grande, por lo que sabría dentro de ella, y no llamaría su atención, así que no dudé ni un instante y me metí en la caja tan rápido y silenciosa como pude.

Mientras yo estaba en la caja, nuevamente escuché disparos, parecían proceder del mismo sitio que los primeros que había escuchado, así que entendí que se trataría de las mismas personas. Más disparos. De fondo pude escuchar pisadas, los militares se estaban acercando, pero no alcanzaba a oír nada más, no sabía si estaban diciendo algo, si tal vez se preguntaban "si había algo en la caja de madera". Por suerte parecía que no se habían fijado, y no tardé en escuchar cómo redirigían sus pasos al lugar en el que habían estado anteriormente.

Un par de disparos más, seguidos de otros dos. Los últimos que había escuchado parecían sonar muy cerca de donde yo me encontraba, y me plantee la posibilidad de que algún militar se hubiese quedado allí y me hubiese escuchado respirar, o simplemente me hubiese descubierto. Salí de golpe sin llamar demasiado la atención, y apunté en dirección al origen del disparo cercano.

Cuando vi de quién se trataba no sabía si darle un abrazo o un puñetazo. Era Tommy, que con un aspecto cadavérico sujetaba una pistola. No tuvimos tiempo de decirnos nada, y cuando vimos que los militares se acercaban, les disparamos tan rápido como pudimos, sin recibir ningún disparo de vuelta. Oteé el escenario, no quedaban demasiados, eran seis militares en pie. Me giré para ver a Tommy, y este me hizo señales para que me acercase:

- ¿Estás loco? -le dije, dándole un abrazo-.

- No podíamos dejar que vinieses tú aquí sola, tal y como estás, y siempre que esté en mi mano, va a ser así.

- Eso ya lo discutiremos más tarde, pero ¿habéis venido más? Entiendo que son los disparos que se escuchan al otro lado.

- Sí, Sharon y el doctor Sebastian -me sorprendí al escuchar su nombre, no me había dado por preguntárselo cuando tuve ocasión-. Quedan pocos, así que vamos a hacerlo.

- Pero Tommy, estás muy mal, en cualquier momento te vas a desplomar, deberías volver.

- Sin ti no voy a volver -aquellas palabras me llegaron directas al corazón-.

- Sé que no te voy a convencer, así que nos encargamos rápido de estos que quedan, y tú te vas al blindado, ¿queda claro?

- Está bien, cielo -se dio finalmente por vencido-.

Prestamos atención al movimiento de los soldados, estaban muy alterados y perdidos, y habían decidido centrarse en la zona donde Sharon y el doctor debían estar, aunque un par de ellos no le quitaban ojo a nuestro lado, e iban lo suficientemente bien armados como para emprender acciones contra nosotros si nos divisaban. Tuve el descuido de asomarme demasiado, y uno de ellos terminó viéndome. "Allí" dijo el hombre que me debió ver, y empezaron a disparar contra nuestro escondite. Nos movimos rápido, y ayudé a Tommy, porque a pesar de que había conseguido llegar hasta allí estaba demasiado débil como para enfrentarse solo a la situación.

Tommy se asomó para disparar, y justo en ese momento uno de los soldados que se había acercado disparó. Me abalancé sobre él para evitar que le diese el disparo, cayendo encima de él. Sabía que aquel golpe le habría hecho bastante daño, pero al menos seguía con vida. Mientras él reaccionaba e intentaba enderezarse, cogí la pistola y disparé al tipo más cercano, y al que tenía al lado, no sin que ellos me disparasen a mí primero. No sabía si era cuestión de suerte, o que eran una panda de ineptos, pero no habían conseguido acertarme ni un disparo, ni a Tommy tampoco. Los del otro lado también dispararon, aunque esta vez el número de tiros que escuché era menor al que había escuchado antes, pero no le di importancia. Quedaban tres en pie, y justo cuando me asomé, dos. Vi que alguno de ellos aún se arrastraba por el suelo, los disparos no habían llegado a matarlos, y antes de que resultasen una potencial amenaza, les disparé, acabando con sus miserables vidas.

Me acerqué al centro, cubriéndome con cualquier especie de barricada con la que me topaba, y acabamos con los que quedaban.

Por un lado me sentía mal, no era nunca plato de buen gusto matar a un ser humano, pero en parte me había inmunizado, y si no hubiésemos acabado con ellos, ellos lo habrían hecho con nosotros. Lo primero que hice fue ir a ver cómo estaba Tommy, a causa del golpe tenía que estar peor de lo que ya estaba:

- Perdona por lo de antes -le dije, dedicándole una mirada lastimera-.

- Me has salvado la vida, así que lo último que tienes que hacer es disculparte -me respondió, mientras me acariciaba la mejilla-.

- ¿Te he hecho daño? -le pregunté, preocupada-.

- Sí, pero eso es normal, no te preocupes, al menos ya hemos terminado con todos y nos podremos ir a casa. Tú tranquila, yo estoy bien -dijo con un aspecto más que preocupante-.

- Ahora te acompaño para el blindado si quieres -asintió débilmente, y le ayudé a levantarse-.

Mientras nos poníamos en pie, vi a lo lejos que alguien se aproximaba, y a medida que se acercaba vi que era Sharon. Venía ella sola, y por la cara que tenía, supe al momento qué había ocurrido:

- Lo siento, chicos -dijo ella, disgustada-. Sebastian no lo ha logrado...

- Joder... -dijo Tommy, prácticamente sin voz-.

- No teníais que haber venido ninguno de vosotros -les dije-. No estoy menospreciando vuestra ayuda, todo lo contrario, pero hemos arriesgado demasiado, y aunque finalmente lo hemos conseguido, nos ha costado la vida del doctor, y casi alguna más -miré de reojo a Tommy-.

- Bueno, tenemos que continuar lo antes posible, hay zombis merodeando la zona, y el ruido, a parte de atraerlos a ellos, va a llamar la atención de otros tantos -añadió sabiamente Tom-.

- Cierto, vamos a darnos prisa. Sharon, ve si puedes a buscar gente para que se venga en un vehículo, y el resto que se queden en el otro. Tommy y yo nos quedaremos aquí, cuando consiga abrir el coche le subiré, y esperaré aquí al grupo que hayas seleccionado.

- Vale.

- Otra cosa, ¿sabes conducir?

- Sí, aunque hace mucho que no conduzco.

- Vale, pues llevarás tú el otro coche, y yo este. Iré en primer lugar, y así tú me podrás seguir, y bueno, iremos hacia la ciudad -hice una pausa-. Espero que al ver los blindados no disparen contra nosotros.

- Podíamos poner una especie de signo para demostrar que no vamos con malas intenciones, como una bandera blanca -dijo Sharon-.

- Sí, es buena idea, buscaré algo. Venga, vamos a ello.

Nos pusimos todos en marcha. A pesar de que lo más difícil estaba hecho, estaba nerviosa, y no muy segura de que aquello fuese a salir bien, hacía poco que había caído en la cuenta que, al ver los vehículos enemigos, lo primero que harían sería atacarnos. No estaba segura ni lo más mínimo de que, si llevábamos algo que mostrase nuestras intenciones, lo tuviesen en cuenta, pero al menos era algo.

Dejé mis pensamientos a parte, y me dirigí hacia el primero de los coches, el que más cerca estaba. Tommy por su parte se quedó sentado cerca de donde yo estaba investigando, no podía aguantar demasiado de pié, y le vendría bien tomarse un descanso después de todo lo que había ocurrido.

Probé suerte, sería demasiada casualidad que alguna de las puertas estuviese abierta, y efectivamente, todas las puertas estaban cerradas a cal y canto. Conociendo la naturaleza de los vehículos, que eran blindados, me resultaría imposible hacerme paso a través de cualquiera de sus cristaleras, me resultaría más fácil perforar el cuerpo en todo caso, e igualmente era una barbaridad y una locura. Como alternativa, me acerqué al otro coche, y me encontré exactamente la misma situación. Teníamos dos coches, y ninguno de ellos lo podíamos usar. Me planteé la posibilidad de intentar romper el cristal, pero sabía que no iba a resultar, no obstante, cogí una piedra considerablemente grande y la estrellé con todas mis fuerzas contra la ventanilla del conductor, y como ya sabía, mis esfuerzos fueron en vano.

Estábamos atascados de nuevo, tenía que pensar algo para conseguir abrir el coche. "Claro, si tuviese la llave abrirlo y ponerlo en marcha sería coser y cantar" pensé, era lo más lógico, pero tenía que intentarlo. Me tocaba buscar la llave.

Me acerqué a Tommy para comentarle lo que iba a hacer, pos si Sharon aparecía que le pudiese informar si me encontraba ausente:

- Hola amor, ¿cómo estás? -le pregunté, preocupada también por su situación-.

- Estoy bien, ahora un poco más tranquilo -me sonrió débilmente-. ¿Va todo bien?

- Pues no me veo capaz de abrir un coche por la fuerza, así que voy a ver si encuentro las llaves.

- ¿Vas a buscar las llaves? -puso cara de sorpresa-. Pero eso es una locura, ¿cómo vas a encontrarlas? ¿Y si están dentro del edificio? No te vas a arriesgar a entrar a ese edificio tal y como está...

- No lo sé, si no me queda más remedio lo voy a tener que hacer. Es que no nos queda otra alternativa, no nos es suficiente con un coche para llevarnos a todos hasta allí, y hacer varios viajes es peligroso.

- Tacii, cariño, escúchame, no lo hagas, yo si quieres te ayudo a buscar por aquí fuera, y si hace falta intento yo romper las ventanillas o lo que sea, pero no entres en el colegio.

- Lo tengo como ultimísima opción, te prometo que por el momento no lo voy a hacer -sonrió-. ¿Así te quedarás más tranquilo?

- No del todo, pero bastante -me cogió de la mano-. Ten mucho cuidado.

- Lo mismo te digo -le solté la mano y me alejé un poco-. Y si necesitas algo o pasa cualquier cosa, dame un toque, ¿vale?

- No lo dudes, lo haré -me dedicó una última sonrisa antes de que me diese la vuelta y me alejase-.

Si podían estar en algún sitio de por allí las llaves, sería en la zona en la que se habían atrincherado de la parte delantera los soldados, o ellos mismos la portarían, lo cual quería decir que, a parte de registrar exhaustivamente la zona, iba a tener que ir revisando cada cadáver, tanto de los que habíamos derribado recientemente como los que habían caído cuando los zombis entraron en el colegio.

Lo primero que hice fue revisar la zona. Todo estaba destruido, desolado, y no había ni rastro de nada valioso, lo único que encontré fueron casquillos de bala a mansalva, rastros de sangre y partes de miembros que habían abandonado a su legítimo dueño. Nada más, solo eso, no encontré nada parecido a las llaves. Pensé en ir a buscar en la zona interior del colegio, donde también había un grupo de soldados al que habíamos reducido antes de salir del colegio, pero no quería aún entrar, solo lo haría si no me quedase más remedio, y a pesar e las circunstancias, aún tenía mucho que revisar.

La segunda parte fue bastante más desagradable que la primera, y no me imaginé que sería tan horrible como realmente fue. Antes de comprobar cualquier cadáver, me aseguraba de que estuviese muerto, no quería llevarme ningún susto. Comprobaba bolsillos del pantalón y de la chaqueta (tanto por dentro como por fuera de esta), y la bolsa que algunos llevaban. Aquello me llevaría bastante tiempo, no podía estimar exactamente cuanto, pero si no encontraba rápido la llave, nos daría la noche, y la oscuridad siempre jugaba en nuestra contra, pero en ese momento aún más. Atraídos por el sonido, veía que algunos zombis se acercaban, y sabía que no tardarían en llegar otros tantos, y entonces sí que íbamos a tener un problema. Me puse muy nerviosa, y revisaba todo muy rápido, aunque intentaba no dejarme nada, pero sabía que me sería imposible, al ritmo que iba, comprobarlo todo perfectamente. Confiaría en mis habilidades como superviviente.

En un momento dado, al ir a registrar uno de los cuerpos, dio un ligero espasmo, y me quedé paralizada del susto. No sabía si se iba a convertir o no, pero le estrellé una piedra en la cabeza, y dejó de moverse. No quería sustos, lo único que quería era encontrar la llave e irme de allí inmediatamente.

Me giraba de vez en cuando para observar el estado de Tommy, parecía estar bien, aunque no sabía si se le habían vuelto a abrir los puntos, y en ese caso iba contrarreloj, cuanto más tardase menos probabilidades tenía de que él sobreviviese.

La sensación de presión iba aumentando en mí de forma constante, creciente, incluso llegué a sentir alguna gota cayendo por la sien. Tenía que haber pedido ayuda, pero mi orgullo de lobo solitario me había llevado a hacer la tarea a mí misma, y a haber rechazado lo que mis compañeros me habían ofrecido desde un principio. "Tu estúpida actitud nos va a llevar al fracaso Tacii, y lo sabes, no es la primera vez que esto ocurre, ¿a que no?" me dije a mí misma, mi parte más irónica, mordaz y para nada sutil.

Una vez terminé de registrar los cuerpos de los soldados que habían caído recientemente, me quedaban dos alternativas, aunque en realidad eran tres, pero la tercera no la asumiría hasta que no quedase más remedio: podía coger y buscar en el resto de cuerpos que yacían inmóviles en el suelo, o tenía la opción de entrar a lo que quedaba de colegio y buscar las llaves allí dentro.

Lo primera era lo menos arriesgado, pero también lo más duro, eran muchos cuerpos, y si tenía que registrar hasta el último de ellos, me iba a topar de frente con la noche, y unos cuantos muertos con ganas de probarnos. Me debatí entre si hacerlo yo sola o avisar a Sharon, pero las cartas ya estaban echadas, ya había tomado la decisión cuando decidí aventurarme sola a hacer lo del coche. Sabía que si se lo pedía, Tommy me ayudaría, pero tal y como estaba las cosas irían aún peor.

En medio de mis catastróficos pensamientos, me topé con varias llaves, pero debían ser del interior del edificio, no obstante, las estuve depositando en el mismo sitio. Aunque no las fuese a usar, al menos tenía todo organizado para saber qué era lo que había registrado, y si necesitaba alguna de esas llaves, sabría dónde la podría encontrar.

Avancé en el registro de cuerpos bastante, batí mi récord anterior, y lejos de sentirme orgullosa, estaba repugnada, cansada, asustada y débil. Se me empezaba a ir la cabeza, tal vez se me había infectado el balazo que había recibido, o la falta de descanso, o la ausencia de comida y bebida... O todo. Me reí para mis adentros, para tener tan poco dentro de mí, mi cabeza aún funcionaba a todo trapo, eso sí, para perjudicarme y complicarme más la situación, impidiéndome centrarme en buscar mi objetivo.

Mientras buscaba en el bolsillo de un soldado corpulento, que debía haber caído el día anterior por su estado, mis manos se toparon con algo frío, metálico. Lo saqué a toda prisa, y prácticamente sin parpadear lo observé durante el suficiente tiempo como para que me llorasen los ojos. Era una llave, pero no una cualquiera, debía de tratarse de la llave de un coche por su forma. No podía nada, y no vi ninguna pista que me dijese a qué coche pertenecían aquellas llaves, pero me decidí a comprobarlo de inmediato, esprintando como una posesa hasta el vehículo que, una vez más, estaba más cerca de mi posición.

Comprobé con esperanza si aquel coche sería el que funcionaría con las llaves, pero cuando las accioné, no sucedió nada. Respiré profundamente y me fui al otro, no sabía cuán probable era que aquellas llaves no perteneciesen a ninguno de los coches que allí estaban estacionados, pero supuse que lo mejor sería no pensar en ello demasiado para no desesperarme antes de tiempo.

Me acerqué al otro vehículo, que no estaba muy lejos del anterior, y contuve la respiración antes de probar las llaves, me sentía como si fuese a desactivar una bomba. Le di, y un sonido mágico deleitó mis oídos. Con un sonoro "click" las luces del vehículo me iluminaron, y no pude contener mi alegría cuando aquello sucedió. Me alegraba de que mis catastróficos pensamientos estuviesen más que desencaminados. Pero ahora queda otra parte importante: comprobar el estado del blindado. No sabía cómo me lo iba a encontrar, ni siquiera si iba a funcionar o no, pero al menos nuestras probabilidades de sobrevivir habían aumentado. No quise decir nada a nadie por el momento, aunque Tommy lo vio todo, por si había que hacer alguna operación más con el vehículo antes de usarlo.

Me monté, introduje la llave, y un escalofrío recorrió mi espina dorsal cuando traté de arrancar y el motor tosió. Comprobé los niveles, y sorprendentemente todo estaba bastante correcto, el único posible problema sería la gasolina en un momento dado, pero para movernos un poco teníamos suficiente. Esperaba que el problema no fuese mecánico, porque no tenía ni idea al respecto. Volví a intentar arrancar sin éxito, crispándome por momentos. O el blindado se ponía en marcha, o nos quedábamos más tirados que una colilla. Me sobresalté cuando vi que alguien abría la otra puerta y se subía. Era Tommy, que con su color tornándose cada vez más blanquecino, había decidido unirse a mi causa:

- ¿Cómo vas? -me preguntó-.

- Si me llegas a preguntar unos minutos antes te habría dicho sin duda que bien, pero ahora estoy estancada -suspiré-. Verás, el coche no arranca, y todo está bien en principio, así que no sé dónde está el fallo, ni cómo arreglarlo porque no tengo ni la más remota idea de mecánica...

- Tranquila Tacii, es cuestión de paciencia, inténtalo todas las veces que creas conveniente, y si ves que no pasa nada, podemos ir a ver si alguien del otro grupo nos puede ayudar. A muy malas hacemos un viaje con una parte del grupo en el blindado que funciona, y luego llevamos al resto.

- Puf, eso es un lío, y es demasiado arriesgado. Creo que de momento voy a seguir intentándolo, cuando llegue el momento ya me llevaré las manos a la cabeza -dije, con poco ánimo-.

- Está bien, yo me voy a quedar aquí, si no te importa.

- Claro, si esto funciona, vamos a tener que irnos, y si estás ya dentro, mejor -le dediqué una leve sonrisa-.

- Va a salir bien, estoy seguro de ello.

- Ojalá yo lo tuviese tan claro como tú.

En aquel momento no lo tenía claro, pero debido a los sucesos que acontecieron, lo confirmaría. 

sábado, 8 de septiembre de 2018

Reflexión - There's a reason...

Como es costumbre, suelo fijarme mucho en las letras de las canciones, y en bastantes ocasiones también me inspiran a reflexionar sobre determinados temas. Además, la experiencia, conversaciones, y demás hechos me animan a hacerlo más, y sin necesidad de excusa, aquí planto una cavilación que ronda por mi cabeza.

La canción en cuestión es "Reason to believe" de Arch Enemy (muy recomendada), y el mensaje que transmite, ya solo por el título, queda más que claro.



"Sigue adelante, no te pares nunca, ni siquiera para coger carrerilla" o "Tantas veces como te caigas, levántate" son algunos de los mensajes que transmite. 

Cierto es que la experiencia no siempre respalda esto, y es nuestro principal problema. Puede que el concepto quede claro, pero en realidad las cosas son muy complicadas, son muchos los factores que nos animan a lo contrario, a rendirnos, a dejar de lado aquello que queremos porque nos convencen de que imposible o que no merece la pena dada nuestra condición.

También es cierto que hay cosas imposibles, pero intentarlas, aunque no salgan bien es algo muy satisfactorio, y si la vida consiste en descubrir la fórmula de la felicidad y exprimir cada gota de esta, ¿por qué no hacerlo, "aunque no sea a lo que aspiro, o lo que se me da bien"? Suena muy cursi, casi pretencioso, pero es bueno escuchar al corazón (en el sentido metafórico), es decir, no guiarse por lo que se puede hacer, sino por lo que quieres, como dice el dicho "Hace más el que quiere que el que puede". Tal vez en alguna ocasión las películas de Disney no han estado tan mal encaminadas.

Tras esta ligera desviación del tema, retomo la canción, el mensaje y la experiencia. Sería muy hipócrita por mi parte decir "No pienses nunca que no puedes", porque a pesar de que sería lo ideal, no vivimos en una realidad idílica, y esto es algo que cualquier persona, en mayor o menor medica, va a experimentar y sentir, incluida yo, y sé que en el futuro me pasará más veces. 

Pero esto no es una reflexión sobre como ser siempre positivo, feliz, tener siempre las cosas claras y ser un luchador nato, porque dudo que eso sea posible. Todo esto viene de una conversación y una canción como excusa.

Lo que quiero decir es, en resumidas cuentas, que nunca te rindas, jamás, aunque todo el mundo te anime a ello, porque si de verdad tienes claro lo que quieres, aunque aparentemente no puedas, ve a por ello. Nunca es demasiado tarde, la vida tiene una continuidad, no hay una edad a partir de la cual queden determinadas actividades vetadas, ni hay excusa que valga, porque tal vez, cuando te quieras dar cuenta, sí que será demasiado tarde. Vive feliz, sé fuerte siempre, y siempre ve a corriente de tus pensamientos, no de los demás. 

La vida es muy dura, a todos nos dan palos tarde o temprano, y lo importante no solo es estar bien, sino superar todas las adversidades que se te planteen, porque estas conformarán quién eres. Eres fuerte.

No te achantes en situaciones en las que te veas vulnerable o inferior. Eres valiente.

Y demuestra siempre lo que vales, no dejes que nadie te diga que no vales, eso solo puede ir por tu cuenta. Si alguien tiene que hacer una valoración sobre tu vida, el único que tiene validez como perito eres tú. Eres tú mismo.
"Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo" (Ortega y Gasset, 1914).
Y con esta cita cierro la breve reflexión. Os animo a nunca rendiros y a luchar, y me animo también a mí misma a hacerlo.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Tornado of Souls - Cap.76: La cantata del Diablo



"Es obvio, estúpida inconsciente" me dije a mí misma mientras cargaba el extintor bajo mi brazo izquierdo, y sacaba la pistola para defenderme de los no muertos que habían reparado en mi presencia. Los disparos quedaban amortiguados por el agudo sonido de la alarma que había saltado tras romper los cristales de la vitrina de seguridad.

Retrocedí, no sería buena idea permanecer allí, sobre todo teniendo en cuenta la que había armado en tan poco tiempo. Vi que los militares se habían movilizado, y mientras buscaban qué era lo que había activado la alarma, y aproveché entonces para escabullirme. Podrían seguir perfectamente mi rastro por el par de cadáveres que había dejado cerca de donde me encontraba, pero dudaba que fuesen tan precisos como para dar conmigo antes de que lo hiciese yo con ellos.

Cuando estuve de vuelta con el resto del grupo, vi que Fabio me miró extrañado, y aunque sereno, parecía que en cualquier momento iba a estallar en un ataque de pánico:

- ¿Qué ha sucedido? -me preguntó, levantando la voz lo suficiente para que le pudiese escuchar-.

- Hay un grupo de unos cuantos soldados en la entrada atrincherados, no sé muy bien qué hacen ahí, pero si pasamos nos van a ver y nos van a acribillar a balazos, así que he buscado la forma de pasar sin que nos vean, que sería lo ideal.

- ¿Has activado la alarma para distraerles? 

- No, verás, he visto un extintor, y pensaba usarlo para crear confusión y así poder pasar... Pero no había reparado en que aquí hay todavía electricidad y que, como era costumbre, estas cosas estaban protegidas con una alarma de seguridad.

- Bueno, de todos modos distraer seguro que se han distraído -apoyé el extintor en el suelo, y me agaché para recuperarme-. ¿Quieres tomarte un descanso? Puedo ir yo a mirar si quieres.

- No te preocupes -le respondí-, estoy bien. Una cosa, ¿por dónde sale el personal médico a la calle con las camillas?

- ¿Eh? Pues no sé, ¿te refieres a por dónde salen con los cuerpos? -asentí enérgicamente-. Ah, van por la puerta trasera, por la que tú entraste, creo.

- ¿Y es segura? Quiero decir, si alguien ha salido por ahí, ¿crees que ahora corre mucho riesgo?

- Ahora mismo todos corremos bastante peligro por desgracia, Tacii. Lamento decirte que no puedo estimar esa cifra, me resulta prácticamente imposible imaginar cómo estará eso ahora. ¿Por qué lo preguntas?

- Ah, ¿yo? Por nada, era simple curiosidad...

- La gente que la suele usar se la conoce, y saben aprovecharla, así que si las cosas se han puesto muy feas por allí, esa gente se sabrá manejar bien -oír aquello me tranquilizó bastante, y Fabio lo sabía, probablemente fue por eso por lo que lo dijo-. Seguro que tu chico estará bien.

- Eso espero...

- Estamos muy cerca de nuestro objetivo, en breves vamos a salir, y podrás ir a ver si están por allí, tal vez incluso siguen ocultos por el colegio -hizo una breve pausa-. Lo primero es salir de aquí, así que vamos a ello.

- Vale, vamos -cogí de nuevo el arma y el extintor, y volví a mi escondite anterior-.

Me asomé, y vi que los soldados habían acabado con todos los zombis que estaban allí. Por suerte no se habían movido demasiado de su sitio, pero si me asomaba un poco más de la cuenta uno de ellos, que era el que más adelantado estaba, me vería perfectamente, así que procuré mantenerme lo más pegada a la pared posible, y doblar la esquina solo cuando estuviese absolutamente segura de lo que iba a hacer. 

Cuando hablé con Fabio parecía que lo tenía claro, pero cuando me planté allí mil y un dudas me asaltaron, y de repente me di cuenta de que no sabía qué hacer. Podía moverme con sigilo y hacer un ataque sorpresa a aquellos tipos, pero era muy difícil que algo así saliese bien, solo en las películas era buen plan; también podía abrir el extintor, y crear una nube con el producto para cegar a los soldados, pero ni siquiera sabía cómo iba a reaccionar ni si iban a cegarse. Entonces, ¿para qué había cogido aquella pesada botella? En mi cabeza al principio parecía una buena idea al menos.

"Piensa rápido, maldita sea, no has armado todo esto para rendirte ahora, que acabas de empezar" me dije para animarme, aunque solo sirvió para ponerme más nerviosa. Miré atrás y vi a Fabio, que parecía extrañado por mi falta de iniciativa. Me estaba haciendo señas por si necesitaba ayuda, pero la rechacé, me había comprometido a librarme de ellos, y eso sería lo que haría.

Yendo en sigilo, me fui acercando a la zona en la que se encontraban aquellos tipos, que aún seguían buscando el origen del estruendo que había provocado minutos antes. 


A través de una serie de cajas de madera, pude llegar a acercarme a uno de ellos, y sin pensármelo dos veces, me puse en pie tan rápido como pude, y le descargué un fuerte golpe en la cabeza con el extintor. Como ya era tarde para huir, se me pasó por la cabeza un disparate que tal vez podría funcionar: rociar una nube de la sustancia contenedora del extintor para despistar, y lo hice.

No me entretuve, a medida que corría iba echando espuma blanca, y aunque me podían ver relativamente, no llegaron a acertar ningún disparo. Mi plan había salido bien, y cuando el recipiente quedó vacío, lo tiré al suelo mientras corría, y saqué el arma. Aún me tenía que librar de lo que parecían ser cinco soldados bien armados. Todos me habían visto dirigirme a mi escondite, así que ellos tenían ventaja, y yo, en adición, tenía la desventaja de que, por haber avanzado, no sabía ni qué me iba a encontrar, ni dónde ir. Pero iba a haber una explosión, y si no me daba prisa, mucha gente iba a morir por mi culpa.

Me oculté tras una fuente de agua que parecía llevar mucho tiempo sin ser usada. Al asomarme vi que tres de ellos me habían seguido, y aunque me habían perdido la pista, sabía que no podía andar muy lejos. Tres contra uno, tenía todas las de perder, pero al fondo vi que no solo ellos se habían movido, sino que mi grupo también había avanzado. Vi que que salía una de las figuras del amasijo de personas, y se dirigía al lugar en el que habían debido quedar los dos militares restantes.

Sin darme cuenta, había estado prestando tanta atención a lo que sucedía en el otro lado que uno de ellos me sorprendió, iluminándome con una potente interna directamente en la cara. Sabía lo que iba a hacer a continuación, así que me alejé todo lo que pude de la fuente, precipitándome sobre mi costado derecho, y disparé el arma contra el hombre. No sabía si le había matado, pero al menos aquello le entretendría un rato. 

Mientras tanto, los soldados que habían ido con él a buscarme, en cuanto oyeron el primer disparo, se pusieron en alerta, y cuando vieron a su compañero tirado en el suelo, y a mí corriendo en dirección contraria, empezaron a disparar sin control.

Por mucho que lo intenté, no pude esquivar sus disparos, y uno me rozo en el brazo, pero lo peor fue cuando uno impactó directamente en el gemelo de la pierna izquierda. Proferí un audible "Ay", pero no podía deternerme, y a pesar de que me dolía, no paré de correr. Escuché dos disparos seguidos, y algo desplomarse a mis espaldas. Giré levemente, y vi que aquellos hombres no estaban. Paré, sofocada y dolorida, y traté de entender qué era lo que había sucedido. 

Cuando me di la vuelta por completo, vi a Fabio y Sharon empuñando cada uno una pistola:

- Si necesitabas ayuda nos lo tenías que haber dicho -replicó Fabio, mientras me ayudaba a levantarme-. 

- Vamos a darnos prisa, sino vas a perder mucha sangre.

- ¿Cómo lo habéis hecho? -les pregunté, mientras me esforzaba por no quejarme a causa del agudo dolor que sentía en la pierna izquierda-.

- Sharon y yo éramos los únicos, a parte de ti, que teníamos arma, y decidimos tomar parte en el asunto. Como unos cuantos guardias te habían seguido a ti, y solo quedaban dos en la barricada, fuimos a por ellos cuando los otros militares te detectaron. Y cuando nos deshicimos de ellos, vinimos a ayudarte a ti.

- Pues menos mal que no habéis llegado más tarde, porque sino probablemente me habrías encontrado haciéndoles compañía en el suelo -esbocé una sonrisa amarga-.

- Ya, pero ese no ha sido el caso, así que vamos a continuar, que ya estamos muy cerca, doblamos la esquina, y en un par de minutos vamos a poder sentir el aire de nuevo -comentó Fabio, lo cual me animó un poco-. Voy a avisar al resto para que vengan, que ya está todo despejado -ambas asentimos y pudimos ver como se apresuraba hacia el grupo-.

- Oye Tacii, siento lo de antes, en realidad si me quería ir con vosotros, lo he tenido muy claro, pero hay una cosa por la que no lo he hecho...

- No te culpo, cada uno tiene su vida y sus motivos para actuar, y eres humana, al menos conservas tu humanidad, que ya es mucho más de lo que unos cuantos de nosotros han preservado...

- Gracias por entenderme -me dijo, con la mirada ausente-.

- No tienes que agradecer nada...

Nos quedamos en silencio, esperando a que llegasen todos los miembros del grupo. 

Y fue entonces cuando un estruendo nos derribó a todos al suelo. Me levanté, con apenas capacidad auditiva, me pitaban los oídos, y a causa del golpe, me había despistado bastante. Ayudé a otras personas a levantarse, y por la cara de Fabio supe que algo terrible había ocurrido: la explosión.

Me giré, y vi que una parte del edificio se había venido abajo, y en la que nos encontrábamos no tardaría en hacerlo. Astillas de diversos materiales habían saltado, y seguían haciéndolo a nuestro paso. 

Todos íbamos asustados detrás de Fabio, que nos guiaba hacia la salida. Tras un interminable camino, y tras esquivar numerosos socavones que se interponían en nuestro camino, llegamos a los baños de chicas, en los que confiábamos plenamente que estaría la salida, incluso pude ver un atisbo de esperanza en los ojos de Sharon.

Ambas estábamos detrás de Fabio, como cobertura, pero en un momento dado se paró:

- Esperad un momento, por favor, necesito un segundo para reposar el pie. Creo que me lo he torcido con la explosión.

- ¿Necesitas ayuda? -le pregunté-.

- No, no te preocupes, es que lo he cargado demasiado, enseguida voy.

- Está bien -le dijo Sharon-.

A pesar de que nos dijo que esperásemos, Sharon estaba tan ansiosa por salir que se adelantó. No me di cuenta de que había recuperado aquella gran bolsa de gimnasio con la que cargaba cuando nos encontramos todos para huir. Aquel detalle fue suficiente para distraerme, y cuando Sharon abrió la puerta, se encontró de frente con un militar. Este, sin dudarlo dos veces, sacó el arma para disparar, y sabía que ella no iba a tener tiempo, y por desgracia, yo tampoco lo iba a tener. 

Otra vez todo pasó a cámara rápida, prácticamente mi día había sido una película macabra acelerada.
De pronto vi a Fabio aparecer, como si de una película se tratase, y apartó a Sharon, recibiendo él el disparo justo entre los ojos. Yo tampoco dudé, y disparé contra el soldado antes e que él tuviese tiempo a volver a hacerlo.

Después de aquello todos nos quedamos en silencio, no sabía si era porque no habíamos asumido lo que acababa de ocurrir, por el horror, o simplemente porque no sabíamos que decir, y no queríamos romper el silencio. Sharon estaba llorando desconsoladamente por el alma caída, que había dado su vida por ella. Yo no le conocía lo suficiente como para llorar, me había insensibilizado considerablemente desde que todo esto empezó, pero para nada le deseaba un final como aquel después de todo lo que había hecho, y había conseguido.

Pero teníamos que seguir adelante, o el colegio se haría trizas con nosotros dentro, así que fui yo la que cogió las riendas para acabar lo que Fabio había empezado.

Me metí en el baño, y dejé la puerta abierta para que los demás pudiesen entrar. Revisé todos los baños, y tras una breve inspección individual, di con el que ocultaba tras de sí la calle. Me costó moverlo a causa del estado en el que me encontraba, pero estábamos muy cerca, demasiado. Cuando conseguí desplazarlo para dejarnos paso, una bocanada de aire fresco me dio en la cara, siendo la sensación más agradable que había tenido el placer de experimentar últimamente. 

Les hice una señal a todos que sabía que entenderían, y una vez todos salieron, lo hice yo, no sin antes arrastrar el cuerpo de Fabio, por deseo de Sharon, fuera. No merecía quedarse allí con aquellos monstruos.

Una vez estuvimos fuera, tenía más que claro lo que hacer, tenía que encontrarme con el doctor y con Tommy, si es que habían conseguido salir... Me acerqué a Sharon para comentárselo, no me podía ir así:

- Sharon, sé que esto ha sido muy duro, pero tengo que ir a buscar a mi compañero...

- No te preocupes, ya estamos fuera, y parece que por aquí no hay zombis, estaremos bien.

- ¿Qué vais a hacer? -le pregunté-.

- Pues lo que sea para salir de aquí. No sé dónde iremos ni qué haremos, pero supongo que eso ya se verá cuando llegue el momento.

- Tal vez esto no te convenza, pero cuando encuentre a mi compañero vamos a buscar un vehículo en condiciones para salir de aquí y volver a nuestra casa. Y bueno, allí hay sitio de sobra para vuestro grupo...

- Sería un placer, al menos allí no nos van a tratar como a basura.

- Estupendo, entonces quedaros por aquí cerca para que os pueda localizar cuando sepa algo. Y si no vuelvo, pues buscad un coche e iros.

- No te preocupes, Tacii, te vamos a esperar -me dedicó una ligera sonrisa-.

- ¿Por dónde está la puerta trasera?

- Verás, tienes que seguir todo recto, y girar, y bueno, es la única puerta que da a la parte trasera del colegio, así que no hay pérdida.

- Gracias -la dije, y me fui directamente-.

- ¡Espera! -grito Sharon, frenando mi avance-. Deberías hacer algo con la herida...

- Da igual, ahora no hay tiempo que perder, puede esperar a que vuelva.

- No, Tacii, se te puede infectar, y si entras en contacto con un muerto, con más probabilidades, incluso puedes infectarte -lo que decía no sabía hasta que punto se aplicaría a mí por la especie de "inmunidad" al virus que había desarrollado, pero tampoco me quería arriesgar-.

- Tienes razón -saqué el cuchillo de la bota, donde lo tenía guardado, y rajé el pantalón alrededor de la herida de bala, y justo cuando toqué la zona fue cuando me di cuenta de lo mucho que me dolía-. ¿Alguien tiene un trozo de tela o algo que usar como vendaje?

- Espera un momento -me dijo Sharon, mientras se giraba y rebuscaba en su bolsa-. Toma, le he echado un poco de agua oxigenada para que te desinfecte un poco la herida también.

- Vale, gracias -cogí la tela, me la enrollé alrededor de la pierna, como si de un torniquete de tratase, y tras sentir el escozor del agua oxigenada haciendo efecto, me puse en pie-. Ahora sí que me voy...

No veía la forma de despedirme, además, no tenía tampoco la necesidad, nos veríamos cuando volviese con Tommy... Ojalá fuese así, aunque una parte de mí sabía que lo que pedía, tal y como habían salido las cosas, era demasiado.  

Me dirigí directamente a la puerta trasera, siguiendo las indicaciones que Sharon me había dado, lo último que me faltaba era perderme.

El paisaje era desolador, había cuerpos por todas partes, pero a medida que me acercaba a la puerta trasera, se veían menos, todo debía haber ocurrido por la zona delantera del edificio.

Me quedé paralizada al ver la situación de la puerta trasera. Se había venido abajo, como parte del edificio, y había algún que otro cuerpo en el suelo. Revisé que ninguno de ellos fuese Tommy, aunque no me sentí aliviada, y menos cuando vi una camilla de hospital volcada cerca de la puerta. "No te pongas nerviosa, sigue buscando" me dije a mi misma, ya con lágrimas en los ojos. ¿Y si se había convertido? ¿Y si no había llegado a salir? Eran cientos las escenas macabras que se podían haber presentado las que se me pasaban por la cabeza, y en cuestión de segundos noté como por mi mejilla corrían dos frías lágrimas, seguidas por otras tantas. Giré, tal vez se encontraba en el otro lado, escondido, pero tampoco. Ni siquiera había rastro del médico...¿Y si nos la había jugado y se había cargado a Tommy, o le dejó tirado? Se me pusieron los pelos de punta el pensar en aquello, y quise borrarlo de mi mente, aunque era una posibilidad, las probabilidades de que eso sucediese no eran altas, o al menos eso esperaba.

Tras un rato de dar vueltas, me estaba empezando a dar por vencida, si hacía falta saldría y buscaría fuera, tal vez se habrían alejado, aunque era más que improbable que no, sabiendo cómo estaban las cosas...

Fuera del recinto solo podía ver zombis dispersos, no había indicios de que alguien hubiese salido. Suspiré profundamente, y me senté en el suelo, finalmente derrotada. Después de aproximadamente una hora buscando, no había encontrado nada sobre el paradero de Tommy y el médico, lo único que había divisado era la camilla, que no tenía porqué ser la de Tommy, pero era de las pocas cosas que me podían indicar algo al respecto. Me volví a poner de pié, y me acerqué a la camilla, a ver si encontraba algo más, o era simple casualidad. Al acercarme, pude ver algunas manchas de sangre que empezaban y acababan allí mismo, no formaban ningún rastro. Pero lo peor de todo fue cuando me fijé en la camilla, y vi un documento a los pies sujeto con una pinza cuando le di la vuelta. En el papel figuraba la fecha del día anterior, y la herida "disparo limpio en el abdomen". Me tambaleé al leer aquello, debía ser su camilla, y si había sangre era porque algo malo le había pasado, y si no estaba allí era porque...

Me senté al lado de la camilla, y a pesar de que me intenté controlar, me puse a llorar desconsoladamente. "Se ha convertido" me dije, entre sollozos. Lo mejor sería volver, pero no me encontraba lo suficientemente bien como para hacerlo, necesitaba unos minutos, u horas, o días...

En mi ataque de tristeza, sentí un golpe en el hombro y lo ignoré, ya me daba igual de lo que se tratase, pero a continuación escuché algo, y paré de llorar para poder escuchar:

- Te dije que nos volveríamos a ver -al escuchar aquella voz, una ola de confusión y felicidad se abalanzó sobre mí-. Vamos, este sitio no es seguro -levanté la cabeza despacio, esperando no equivocarme, pero no demasiado ilusionada por si me había confundido, pero cuando le vi me levanté inmediatamente y le abracé-.

- Pensaba que te había pasado algo -dije, tranquila-.

- Tuvimos algún contratiempo, pero al final lo conseguimos.

- ¿Dónde estabais?

- Nos escondimos en uno de los vehículos que estaban abiertos, por fuera.

- ¿Esa no es tu camilla? -le pregunté, extrañada-.

- Sí, verás, lo que pasó fue que salimos, y había algún que otro militar cabreado, así que tuvimos que salir por patas y defendernos hasta llegar a algún sitio en el que nos pudiésemos esconder. Se me abrieron un par de puntos, pero el médico ya me ha atendido, y he estado semiinconsciente hasta hace poco, que ha sido cuando te he visto. Siento no haber podido venir antes -me dijo Tommy, con aire triste-.

- Para nada, no tienes que disculparte, me alegro de que estés bien y que mis presentimientos se alejasen de lo que realmente ocurrió -me acerqué más para besarle-. ¿Y el doctor?

- Esta en el blindado. Me ha dicho que no fuese, que vendría él a buscarte, pero sinceramente prefería venir yo -me devolvió el beso-.

- Me encanta que hayas venido tú, pero tal y como estás te deberías haber quedado descansando -le sonreí-. ¿Cómo estás?

- Pues me encuentro fatal, me siento muy débil, pero al menos ahora que nos hemos encontrado estoy mucho mejor. ¿Y tú?

- No me puedo quejar, sigo viva... He recibido un disparo en la pantorrilla, pero no es nada grave.

- ¿Y me dices tú a mí que soy yo el que debería descansar?

- En realidad creo que los dos nos merecemos un descanso -nos volvimos a abrazar-. Oye cariño, tengo que volver a buscar al grupo con el que he venido, así que si quieres ahora voy a por ellos y vuelvo.

- Vale, pero ¿ellos qué van a hacer?

- Se van a venir con nosotros. Creo que con un par de coches será suficiente para todos, no somos demasiados, y estos coches tienen mucha capacidad. En el que estáis vosotros, ¿tenéis la llave?

- Sí, con este vehículo podemos contar. ¿Necesitas que vaya a ayudarte?

- No te preocupes, tú descansa mientras tanto, si no tardo nada en ir a por ellos. Ahora vuelvo.

- Vale, ten mucho cuidado.

Le solté la mano y me fui. Me sentía tan feliz y aliviada al verle que me había olvidado de lo de la pierna, y cuando la volví a apoyar vi las estrellas.

Me apresuré para reunirme con el grupo, no tenía la certeza de que aún siguiesen allí, les había dicho que si tardaba demasiado se fuesen, pero mientras me fuese posible, les buscaría.

Tardé muy poco en llegar, iba a paso ligero, y además me había acostumbrado al ardor que sentía en la pierna. Me quedé paralizada de la alegría cuando vi allí al grupo aún, y fui corriendo a buscarles:

- ¡Qué alegría, pensábamos que no ibas a volver! -me dijo Sharon, sonriendo-.

- Yo también me alegro mucho de haber vuelto -le respondí, sin poder evitar acercarme a ella y darle un fuerte abrazo, no me había dado cuenta de lo que me había unido a ella en tan poco tiempo-.

- ¿Le has encontrado? Quiero decir, a tu compañero.

- Sí, está bien, están en un blindado, así que solo tenemos que encontrar otro para salir de aquí -miré al grupo por completo-. Creo que somos más o menos diez, doce con los el blindado, pero son grandes, así que de sobra nos vamos a poder meter todos.

- Blindados hay unos cuantos, pero no sé qué es lo que nos vamos a encontrar, y tampoco cómo los vamos a arrancar.

- Nos las vamos a apañar, si hemos salido con vida después de todo lo que ha ocurrido... -hice una breve pausa, no todos habíamos salido con vida- mejor dicho, los que estamos aquí hemos llegado muy lejos, y no nos vamos a echar atrás ahora.

- Tienes razón, tendré que ser más optimista. Además, si todo sale bien vamos a ser vecinas, ¿no? -me dijo, con cierta alegría-.

- Desde luego, y vamos a hacer lo posible para que así sea. De momento vamos a ir al vehículo en el que se encuentran el médico y mi compañero, y os quedaréis ahí hasta que encuentre otro coche en buenas condiciones.

- No Tacii, en todo caso vamos cualquiera de nosotros, tú estás herida, y no dudo que lo vayas a conseguir, me has demostrado que hasta lo poco probable es posible si lo das todo por ello, pero te beneficiaría descansar, tomarte un respiro, Fabio y tú habéis tenido una enorme carga al habernos defendido y conducido hasta la salida de este lugar, creo que ahora nos toca a nosotros.

- Para mí no resulta ningún suplicio ni nada por el estilo hacerlo, y si quieres venir o queréis venir más, no voy a negarlo, porque cuantos más seamos mejor, pero también llamaremos más la atención, y no sabemos cómo están las cosas por ahí delante, que es donde seguramente siga habiendo aún acción. Comprende que quiera ir yo, si os ven os van a reconocer y no van a dudar en disparar, yo puedo pasar desapercibida.

- Está bien -dijo, finalmente, sin estar convencida de su respuesta-.

Sin decir ni una palabra más, para aprovechar el tiempo antes de que anocheciera, los llevé hasta el blindado en el que estaban Tommy y el médico. Les dejé allí, y sin pensármelo dos veces, me fui, sin mirar atrás.

Disfrutaría de la poca tranquilidad que el tiempo y el desconcierto me concederían hasta llegar a mi destino. Si algo tenía claro era que ahora me iba a tocar una parte difícil, y estaba sola para hacerle frente.