lunes, 10 de septiembre de 2018

Tornado of Souls - Cap.77: Agony Is My Name



Mi objetivo era llegar hasta la puerta principal, dar con un vehículo amplio y seguro que estuviese en buenas condiciones y volver con el grupo, parecía simple.

A causa de mi lesión, iba más despacio de lo que quería, pero también aquello me beneficiaría, ya que si había algún peligro, al ir más despacio, lo divisaría antes. Iba con la pistola en la mano para protegerme, realmente no tenía intención de disparar porque provocaría más ruido y llamaría la atención de los zombis que estuviesen merodeando por el perímetro del colegio, era simplemente por intimidar.

Me había ido apenas hacía un minuto y ya estaba deseando darme la vuelta. Quería desesperadamente volver a casa, echaba de menos a Alison, y necesitaba saber cuál era el estado de mi grupo, sobre todo el de Pears.

Justo cuando doblé la esquina, pude divisar el lugar donde uno de los vehículos que nos pertenecían había estado aparcado, eran los del coche que se habían desviado cuando llegábamos. Resultaba tranquilizador saber que al menos ese coche se lo habrían llevado, así que alguien habría sobrevivido, y conociendo a mi amigo, tenía mis esperanzas puestas en que uno de los supervivientes fuese él.

Me centré en mi situación actual, no podía distraerme demasiado ni entretenerme con mis pensamientos, tenía que estar constantemente en alerta por si algo sucedía, estaba muy cerca de la libertad, tan cerca que casi podía tocarla con mis dedos... Saborear la victoria una vez más y así poder volver a nuestro hogar, resulta increíble lo mucho que me había terminado acomodando, incluso si todo se viniese abajo, no sabía si podría sobrevivir, al menos como lo había hecho cuando todo empezó.

Recorrí el lateral del edificio, esquivando cuerpos inertes de zombis, y algún que otro de gente tanto de mi bando como del de los militares, y no reconocí a ninguno, salvo a a aquella zorra que había disparado después de que ella intentase matar a Tommy. Antes de doblar la esquina para dar a la zona principal, me agaché y me oculté tras un pequeño arbusto que recordaba haber visto cuando Tommy y yo corrimos para aquel mismo sitio cuando el día anterior habíamos llegado. Asomé ligeramente la cabeza, y en la zona central pude ver a un grupo de soldados atareados luchar contra unos pocos muertos. Estaban un poco alejados de la entrada, supuse que se apartaron cuando la bomba detonó. "Ojalá les hubiese dado, así tendría menos trabajo" pensé, pero en fin, no podía pedir mucho, estaba viva, que ya era demasiado.

Desde mi sitio divisé un par de vehículos blindados que parecían perfectos cualquiera de ellos para llevarnos hasta nuestro destino. Una vez tuve localizado mi objetivo, tenía que estar pendiente de los militares que estaban en la entrada, me tenía que deshacer de ellos, y esta vez tenía que andarme con más cuidado que la anterior, en la que casi me cuesta la vida, por no hablar del resto del grupo.

Tenía tiempo para pensar, y contaba con la ventaja de que no me habían visto, y si era necesario podría acercarme a ellos para atacar dado el estado de la zona, llena de cuerpos y barricadas fallidas. No pude evitar fijarme en los cuerpos de suelo, tratando de ver si reconocía a alguno, y tras asegurarme, lo cual realmente no significaba nada, me sentía mucho más tranquila. Por otra parte, también contaba con el ruido, los soldados estaban disparando y hablando con tono alto para oírse, así que no tendría ningún tipo de problema en acercarme a ellos. El problema era ¿realmente quería yo eso? Lo más sensato en aquella situación era distraerles, eran muchos más que yo, sería un suicidio ir a por todos.

Entonces, tenía dos opciones: la primera era matarlos a todos y coger el coche e irme, lo cual haría que la huida fuese más calmada, y el segundo plan era distraerles, meterme en el coche de la mejor forma posible, e intentar irme sin que dañen demasiado el coche. El segundo plan, aunque parecía el más adecuado, también resultaba el más peligroso a la hora de huir, así que, finalmente, y en contra de mi voluntad, finalmente me decanté por ejecutarlos a todos e irnos. 

Contaba con una pistola, balas limitadas, y un escondite temporal. Respiré profundamente, apunté, y antes de disparar, el sonido de otra pistola disparándose me despistó. El disparo se produjo desde el lado contrario al que estaba yo, y mi primer acto-reflejo fue agacharme para esquivar la bala, que ni siquiera había ido a parar a mí. Cuando levanté la vista, pude comprobar que uno de los soldados se había desplomado. O alguien me estaba ayudando o daba la causalidad que teníamos enemigos comunes. Miré detenidamente al origen del disparo, y cómo los soldados se armaban e iban allí. Pude distinguir a dos figuras, pero a tanta distancia no podía identificarlas, ni siquiera sabía si les conocía.

Aproveche el momento de distracción para moverme, y como estaban de espaldas, yendo par el lado contrario, era mi oportunidad, era ahora o nunca. Apunté con la pistola a la cabeza del que más cerca tenía, y disparé, y antes de que reaccionasen, rápidamente disparé a otro. Ambos cayeron al suelo, y los que quedaban estaban desconcertados, aunque sabiendo de dónde habían venido los disparos no tardarían en darse la vuelta y venir.

Efectivamente, así lo hicieron, tres de ellos se dirigieron hacia mi escondite. Miré a mi alrededor rápidamente, buscando un nuevo escondite. La suerte me sonrió cuando cerca de donde me hallaba escondida me topé con una caja de madera vacía tirada en un lado. Era bastante grande, por lo que sabría dentro de ella, y no llamaría su atención, así que no dudé ni un instante y me metí en la caja tan rápido y silenciosa como pude.

Mientras yo estaba en la caja, nuevamente escuché disparos, parecían proceder del mismo sitio que los primeros que había escuchado, así que entendí que se trataría de las mismas personas. Más disparos. De fondo pude escuchar pisadas, los militares se estaban acercando, pero no alcanzaba a oír nada más, no sabía si estaban diciendo algo, si tal vez se preguntaban "si había algo en la caja de madera". Por suerte parecía que no se habían fijado, y no tardé en escuchar cómo redirigían sus pasos al lugar en el que habían estado anteriormente.

Un par de disparos más, seguidos de otros dos. Los últimos que había escuchado parecían sonar muy cerca de donde yo me encontraba, y me plantee la posibilidad de que algún militar se hubiese quedado allí y me hubiese escuchado respirar, o simplemente me hubiese descubierto. Salí de golpe sin llamar demasiado la atención, y apunté en dirección al origen del disparo cercano.

Cuando vi de quién se trataba no sabía si darle un abrazo o un puñetazo. Era Tommy, que con un aspecto cadavérico sujetaba una pistola. No tuvimos tiempo de decirnos nada, y cuando vimos que los militares se acercaban, les disparamos tan rápido como pudimos, sin recibir ningún disparo de vuelta. Oteé el escenario, no quedaban demasiados, eran seis militares en pie. Me giré para ver a Tommy, y este me hizo señales para que me acercase:

- ¿Estás loco? -le dije, dándole un abrazo-.

- No podíamos dejar que vinieses tú aquí sola, tal y como estás, y siempre que esté en mi mano, va a ser así.

- Eso ya lo discutiremos más tarde, pero ¿habéis venido más? Entiendo que son los disparos que se escuchan al otro lado.

- Sí, Sharon y el doctor Sebastian -me sorprendí al escuchar su nombre, no me había dado por preguntárselo cuando tuve ocasión-. Quedan pocos, así que vamos a hacerlo.

- Pero Tommy, estás muy mal, en cualquier momento te vas a desplomar, deberías volver.

- Sin ti no voy a volver -aquellas palabras me llegaron directas al corazón-.

- Sé que no te voy a convencer, así que nos encargamos rápido de estos que quedan, y tú te vas al blindado, ¿queda claro?

- Está bien, cielo -se dio finalmente por vencido-.

Prestamos atención al movimiento de los soldados, estaban muy alterados y perdidos, y habían decidido centrarse en la zona donde Sharon y el doctor debían estar, aunque un par de ellos no le quitaban ojo a nuestro lado, e iban lo suficientemente bien armados como para emprender acciones contra nosotros si nos divisaban. Tuve el descuido de asomarme demasiado, y uno de ellos terminó viéndome. "Allí" dijo el hombre que me debió ver, y empezaron a disparar contra nuestro escondite. Nos movimos rápido, y ayudé a Tommy, porque a pesar de que había conseguido llegar hasta allí estaba demasiado débil como para enfrentarse solo a la situación.

Tommy se asomó para disparar, y justo en ese momento uno de los soldados que se había acercado disparó. Me abalancé sobre él para evitar que le diese el disparo, cayendo encima de él. Sabía que aquel golpe le habría hecho bastante daño, pero al menos seguía con vida. Mientras él reaccionaba e intentaba enderezarse, cogí la pistola y disparé al tipo más cercano, y al que tenía al lado, no sin que ellos me disparasen a mí primero. No sabía si era cuestión de suerte, o que eran una panda de ineptos, pero no habían conseguido acertarme ni un disparo, ni a Tommy tampoco. Los del otro lado también dispararon, aunque esta vez el número de tiros que escuché era menor al que había escuchado antes, pero no le di importancia. Quedaban tres en pie, y justo cuando me asomé, dos. Vi que alguno de ellos aún se arrastraba por el suelo, los disparos no habían llegado a matarlos, y antes de que resultasen una potencial amenaza, les disparé, acabando con sus miserables vidas.

Me acerqué al centro, cubriéndome con cualquier especie de barricada con la que me topaba, y acabamos con los que quedaban.

Por un lado me sentía mal, no era nunca plato de buen gusto matar a un ser humano, pero en parte me había inmunizado, y si no hubiésemos acabado con ellos, ellos lo habrían hecho con nosotros. Lo primero que hice fue ir a ver cómo estaba Tommy, a causa del golpe tenía que estar peor de lo que ya estaba:

- Perdona por lo de antes -le dije, dedicándole una mirada lastimera-.

- Me has salvado la vida, así que lo último que tienes que hacer es disculparte -me respondió, mientras me acariciaba la mejilla-.

- ¿Te he hecho daño? -le pregunté, preocupada-.

- Sí, pero eso es normal, no te preocupes, al menos ya hemos terminado con todos y nos podremos ir a casa. Tú tranquila, yo estoy bien -dijo con un aspecto más que preocupante-.

- Ahora te acompaño para el blindado si quieres -asintió débilmente, y le ayudé a levantarse-.

Mientras nos poníamos en pie, vi a lo lejos que alguien se aproximaba, y a medida que se acercaba vi que era Sharon. Venía ella sola, y por la cara que tenía, supe al momento qué había ocurrido:

- Lo siento, chicos -dijo ella, disgustada-. Sebastian no lo ha logrado...

- Joder... -dijo Tommy, prácticamente sin voz-.

- No teníais que haber venido ninguno de vosotros -les dije-. No estoy menospreciando vuestra ayuda, todo lo contrario, pero hemos arriesgado demasiado, y aunque finalmente lo hemos conseguido, nos ha costado la vida del doctor, y casi alguna más -miré de reojo a Tommy-.

- Bueno, tenemos que continuar lo antes posible, hay zombis merodeando la zona, y el ruido, a parte de atraerlos a ellos, va a llamar la atención de otros tantos -añadió sabiamente Tom-.

- Cierto, vamos a darnos prisa. Sharon, ve si puedes a buscar gente para que se venga en un vehículo, y el resto que se queden en el otro. Tommy y yo nos quedaremos aquí, cuando consiga abrir el coche le subiré, y esperaré aquí al grupo que hayas seleccionado.

- Vale.

- Otra cosa, ¿sabes conducir?

- Sí, aunque hace mucho que no conduzco.

- Vale, pues llevarás tú el otro coche, y yo este. Iré en primer lugar, y así tú me podrás seguir, y bueno, iremos hacia la ciudad -hice una pausa-. Espero que al ver los blindados no disparen contra nosotros.

- Podíamos poner una especie de signo para demostrar que no vamos con malas intenciones, como una bandera blanca -dijo Sharon-.

- Sí, es buena idea, buscaré algo. Venga, vamos a ello.

Nos pusimos todos en marcha. A pesar de que lo más difícil estaba hecho, estaba nerviosa, y no muy segura de que aquello fuese a salir bien, hacía poco que había caído en la cuenta que, al ver los vehículos enemigos, lo primero que harían sería atacarnos. No estaba segura ni lo más mínimo de que, si llevábamos algo que mostrase nuestras intenciones, lo tuviesen en cuenta, pero al menos era algo.

Dejé mis pensamientos a parte, y me dirigí hacia el primero de los coches, el que más cerca estaba. Tommy por su parte se quedó sentado cerca de donde yo estaba investigando, no podía aguantar demasiado de pié, y le vendría bien tomarse un descanso después de todo lo que había ocurrido.

Probé suerte, sería demasiada casualidad que alguna de las puertas estuviese abierta, y efectivamente, todas las puertas estaban cerradas a cal y canto. Conociendo la naturaleza de los vehículos, que eran blindados, me resultaría imposible hacerme paso a través de cualquiera de sus cristaleras, me resultaría más fácil perforar el cuerpo en todo caso, e igualmente era una barbaridad y una locura. Como alternativa, me acerqué al otro coche, y me encontré exactamente la misma situación. Teníamos dos coches, y ninguno de ellos lo podíamos usar. Me planteé la posibilidad de intentar romper el cristal, pero sabía que no iba a resultar, no obstante, cogí una piedra considerablemente grande y la estrellé con todas mis fuerzas contra la ventanilla del conductor, y como ya sabía, mis esfuerzos fueron en vano.

Estábamos atascados de nuevo, tenía que pensar algo para conseguir abrir el coche. "Claro, si tuviese la llave abrirlo y ponerlo en marcha sería coser y cantar" pensé, era lo más lógico, pero tenía que intentarlo. Me tocaba buscar la llave.

Me acerqué a Tommy para comentarle lo que iba a hacer, pos si Sharon aparecía que le pudiese informar si me encontraba ausente:

- Hola amor, ¿cómo estás? -le pregunté, preocupada también por su situación-.

- Estoy bien, ahora un poco más tranquilo -me sonrió débilmente-. ¿Va todo bien?

- Pues no me veo capaz de abrir un coche por la fuerza, así que voy a ver si encuentro las llaves.

- ¿Vas a buscar las llaves? -puso cara de sorpresa-. Pero eso es una locura, ¿cómo vas a encontrarlas? ¿Y si están dentro del edificio? No te vas a arriesgar a entrar a ese edificio tal y como está...

- No lo sé, si no me queda más remedio lo voy a tener que hacer. Es que no nos queda otra alternativa, no nos es suficiente con un coche para llevarnos a todos hasta allí, y hacer varios viajes es peligroso.

- Tacii, cariño, escúchame, no lo hagas, yo si quieres te ayudo a buscar por aquí fuera, y si hace falta intento yo romper las ventanillas o lo que sea, pero no entres en el colegio.

- Lo tengo como ultimísima opción, te prometo que por el momento no lo voy a hacer -sonrió-. ¿Así te quedarás más tranquilo?

- No del todo, pero bastante -me cogió de la mano-. Ten mucho cuidado.

- Lo mismo te digo -le solté la mano y me alejé un poco-. Y si necesitas algo o pasa cualquier cosa, dame un toque, ¿vale?

- No lo dudes, lo haré -me dedicó una última sonrisa antes de que me diese la vuelta y me alejase-.

Si podían estar en algún sitio de por allí las llaves, sería en la zona en la que se habían atrincherado de la parte delantera los soldados, o ellos mismos la portarían, lo cual quería decir que, a parte de registrar exhaustivamente la zona, iba a tener que ir revisando cada cadáver, tanto de los que habíamos derribado recientemente como los que habían caído cuando los zombis entraron en el colegio.

Lo primero que hice fue revisar la zona. Todo estaba destruido, desolado, y no había ni rastro de nada valioso, lo único que encontré fueron casquillos de bala a mansalva, rastros de sangre y partes de miembros que habían abandonado a su legítimo dueño. Nada más, solo eso, no encontré nada parecido a las llaves. Pensé en ir a buscar en la zona interior del colegio, donde también había un grupo de soldados al que habíamos reducido antes de salir del colegio, pero no quería aún entrar, solo lo haría si no me quedase más remedio, y a pesar e las circunstancias, aún tenía mucho que revisar.

La segunda parte fue bastante más desagradable que la primera, y no me imaginé que sería tan horrible como realmente fue. Antes de comprobar cualquier cadáver, me aseguraba de que estuviese muerto, no quería llevarme ningún susto. Comprobaba bolsillos del pantalón y de la chaqueta (tanto por dentro como por fuera de esta), y la bolsa que algunos llevaban. Aquello me llevaría bastante tiempo, no podía estimar exactamente cuanto, pero si no encontraba rápido la llave, nos daría la noche, y la oscuridad siempre jugaba en nuestra contra, pero en ese momento aún más. Atraídos por el sonido, veía que algunos zombis se acercaban, y sabía que no tardarían en llegar otros tantos, y entonces sí que íbamos a tener un problema. Me puse muy nerviosa, y revisaba todo muy rápido, aunque intentaba no dejarme nada, pero sabía que me sería imposible, al ritmo que iba, comprobarlo todo perfectamente. Confiaría en mis habilidades como superviviente.

En un momento dado, al ir a registrar uno de los cuerpos, dio un ligero espasmo, y me quedé paralizada del susto. No sabía si se iba a convertir o no, pero le estrellé una piedra en la cabeza, y dejó de moverse. No quería sustos, lo único que quería era encontrar la llave e irme de allí inmediatamente.

Me giraba de vez en cuando para observar el estado de Tommy, parecía estar bien, aunque no sabía si se le habían vuelto a abrir los puntos, y en ese caso iba contrarreloj, cuanto más tardase menos probabilidades tenía de que él sobreviviese.

La sensación de presión iba aumentando en mí de forma constante, creciente, incluso llegué a sentir alguna gota cayendo por la sien. Tenía que haber pedido ayuda, pero mi orgullo de lobo solitario me había llevado a hacer la tarea a mí misma, y a haber rechazado lo que mis compañeros me habían ofrecido desde un principio. "Tu estúpida actitud nos va a llevar al fracaso Tacii, y lo sabes, no es la primera vez que esto ocurre, ¿a que no?" me dije a mí misma, mi parte más irónica, mordaz y para nada sutil.

Una vez terminé de registrar los cuerpos de los soldados que habían caído recientemente, me quedaban dos alternativas, aunque en realidad eran tres, pero la tercera no la asumiría hasta que no quedase más remedio: podía coger y buscar en el resto de cuerpos que yacían inmóviles en el suelo, o tenía la opción de entrar a lo que quedaba de colegio y buscar las llaves allí dentro.

Lo primera era lo menos arriesgado, pero también lo más duro, eran muchos cuerpos, y si tenía que registrar hasta el último de ellos, me iba a topar de frente con la noche, y unos cuantos muertos con ganas de probarnos. Me debatí entre si hacerlo yo sola o avisar a Sharon, pero las cartas ya estaban echadas, ya había tomado la decisión cuando decidí aventurarme sola a hacer lo del coche. Sabía que si se lo pedía, Tommy me ayudaría, pero tal y como estaba las cosas irían aún peor.

En medio de mis catastróficos pensamientos, me topé con varias llaves, pero debían ser del interior del edificio, no obstante, las estuve depositando en el mismo sitio. Aunque no las fuese a usar, al menos tenía todo organizado para saber qué era lo que había registrado, y si necesitaba alguna de esas llaves, sabría dónde la podría encontrar.

Avancé en el registro de cuerpos bastante, batí mi récord anterior, y lejos de sentirme orgullosa, estaba repugnada, cansada, asustada y débil. Se me empezaba a ir la cabeza, tal vez se me había infectado el balazo que había recibido, o la falta de descanso, o la ausencia de comida y bebida... O todo. Me reí para mis adentros, para tener tan poco dentro de mí, mi cabeza aún funcionaba a todo trapo, eso sí, para perjudicarme y complicarme más la situación, impidiéndome centrarme en buscar mi objetivo.

Mientras buscaba en el bolsillo de un soldado corpulento, que debía haber caído el día anterior por su estado, mis manos se toparon con algo frío, metálico. Lo saqué a toda prisa, y prácticamente sin parpadear lo observé durante el suficiente tiempo como para que me llorasen los ojos. Era una llave, pero no una cualquiera, debía de tratarse de la llave de un coche por su forma. No podía nada, y no vi ninguna pista que me dijese a qué coche pertenecían aquellas llaves, pero me decidí a comprobarlo de inmediato, esprintando como una posesa hasta el vehículo que, una vez más, estaba más cerca de mi posición.

Comprobé con esperanza si aquel coche sería el que funcionaría con las llaves, pero cuando las accioné, no sucedió nada. Respiré profundamente y me fui al otro, no sabía cuán probable era que aquellas llaves no perteneciesen a ninguno de los coches que allí estaban estacionados, pero supuse que lo mejor sería no pensar en ello demasiado para no desesperarme antes de tiempo.

Me acerqué al otro vehículo, que no estaba muy lejos del anterior, y contuve la respiración antes de probar las llaves, me sentía como si fuese a desactivar una bomba. Le di, y un sonido mágico deleitó mis oídos. Con un sonoro "click" las luces del vehículo me iluminaron, y no pude contener mi alegría cuando aquello sucedió. Me alegraba de que mis catastróficos pensamientos estuviesen más que desencaminados. Pero ahora queda otra parte importante: comprobar el estado del blindado. No sabía cómo me lo iba a encontrar, ni siquiera si iba a funcionar o no, pero al menos nuestras probabilidades de sobrevivir habían aumentado. No quise decir nada a nadie por el momento, aunque Tommy lo vio todo, por si había que hacer alguna operación más con el vehículo antes de usarlo.

Me monté, introduje la llave, y un escalofrío recorrió mi espina dorsal cuando traté de arrancar y el motor tosió. Comprobé los niveles, y sorprendentemente todo estaba bastante correcto, el único posible problema sería la gasolina en un momento dado, pero para movernos un poco teníamos suficiente. Esperaba que el problema no fuese mecánico, porque no tenía ni idea al respecto. Volví a intentar arrancar sin éxito, crispándome por momentos. O el blindado se ponía en marcha, o nos quedábamos más tirados que una colilla. Me sobresalté cuando vi que alguien abría la otra puerta y se subía. Era Tommy, que con su color tornándose cada vez más blanquecino, había decidido unirse a mi causa:

- ¿Cómo vas? -me preguntó-.

- Si me llegas a preguntar unos minutos antes te habría dicho sin duda que bien, pero ahora estoy estancada -suspiré-. Verás, el coche no arranca, y todo está bien en principio, así que no sé dónde está el fallo, ni cómo arreglarlo porque no tengo ni la más remota idea de mecánica...

- Tranquila Tacii, es cuestión de paciencia, inténtalo todas las veces que creas conveniente, y si ves que no pasa nada, podemos ir a ver si alguien del otro grupo nos puede ayudar. A muy malas hacemos un viaje con una parte del grupo en el blindado que funciona, y luego llevamos al resto.

- Puf, eso es un lío, y es demasiado arriesgado. Creo que de momento voy a seguir intentándolo, cuando llegue el momento ya me llevaré las manos a la cabeza -dije, con poco ánimo-.

- Está bien, yo me voy a quedar aquí, si no te importa.

- Claro, si esto funciona, vamos a tener que irnos, y si estás ya dentro, mejor -le dediqué una leve sonrisa-.

- Va a salir bien, estoy seguro de ello.

- Ojalá yo lo tuviese tan claro como tú.

En aquel momento no lo tenía claro, pero debido a los sucesos que acontecieron, lo confirmaría. 

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