Tú. Sí, tú, no mires a los lados, estoy hablando contigo. Sabes que hay algo mal en ti, o que estás haciendo algo mal, hay algo que no te gusta y te está atormentando. No sé cuánto tiempo llevas soportándolo, tal vez siempre ha sido así y no te habías dado cuenta, pero ya va siendo hora.
La verdad es que pensaba que habías roto todo lo que podías y que la única salida era rendirse, pero resulta que no, no es tarde, y hay cosas que no se pueden reparar. Tal vez hay cosas que nunca cambiarán, pero puedes parar esto, porque no estás bien.
He intentado estar bien contigo, respirar profundo, cerrar los ojos y contar hasta tres, y mantener la calma, pero ese control se te ha escapado de las manos demasiadas veces, y no estaba segura de lo que serías capaz. Pero mírate, has llegado hasta aquí, y aún te queda mucho, más de lo que esperas.
Demasiado tiempo intentando borrarte, desaparecer, dejar todo lo que ha sido y has sido atrás, pero sabes que no puedes hacer eso, y no lo harás. Hay demasiado en juego, y aún queda mucho que hacer y ver.
No hace falta que finjas una sonrisa para que nadie se dé cuenta, o que silencies lo que sientes, solo déjate ser y sentir. Todo va a pasar, la vida es un constante devenir de situaciones y circunstancias, y tú eres parte de ellas, pero no causante de todas.
Sientes que tal vez no eres suficiente, y dudas, tienes miedo y desconfías constantemente de lo que significas para ti y para el resto, pero eso tú no lo sabes aunque crees hacerlo. Te reafirmas en ideas distorsionadas y sesgos que tu propia cabeza crea para aliviar ese sufrimiento de entenderlo y poder controlarlo todo. Pero la realidad es demasiado compleja como para reducirla de ese modo, aunque tu cabeza no te deje ver más allá.
No puedes seguir así.
Para.
Deja todo lo que estés haciendo, y piensa. No puedes vivir toda una vida basada en una exorbitante inseguridad, que domine tu vida, te dicte lo que hacer y te amargue con pensamientos que desconoces su veracidad. Ya bien sea por indicios o paranoias ocasionadas por esa desconfianza o por sospechas realistas, no aportan nada positivo, solo te hacen daño, acaban con lo bonito que vives porque centran todos tus esfuerzos pensando en que acabará, que no es real o que no es algo que mereces. Déjalo, en serio, suéltalo.
Mira hasta dónde has llegado, lo que has conseguido, eso desmiente que no seas suficiente, y tampoco puedes desconfiar siempre a pesar de lo que has vivido y el daño que te han hecho. Lo estás haciendo bien, y si necesitas ayuda está bien que la pidas, deja que alguien entre y te reconforte, te ayuda y te entienda. El mundo es un lugar hostil, pero no todas las personas lo son.
Respira profundo y cuenta hasta tres. Sigue adelante, estarás bien.