martes, 25 de julio de 2023

Separate Ways

La vida no es estable, si no que es la sucesión de una serie de eventos, la concatenación de muchas circunstancias, ya sean buenas o malas. Podemos estar de acuerdo la mayoría en que no podemos predecir lo que va a pasar, podemos hacernos una idea y plantear diferentes posibilidades, pero la realidad es demasiado compleja como para reducirla de ese modo. 

No obstante, hay también constantes, que son independientes y únicas de cada vida en particular, de tal modo que hay aspectos que siempre van a estar ahí, tanto positivas como negativas, y con las que vamos a tener que contar. Y llega un momento, tarde o temprano que, haciendo un análisis de la situación y un balance de circunstancias, nos damos cuenta de cuáles son esas variables que se repiten en nuestra ecuación vital.

Una habitual y muy normalizada, por desgracia, es una mala relación. Un lazo, un vínculo tóxico, independientemente de la índole que sea, que lastra y quema tanto que nos puede marcar de por vida. Y en mi caso, pensándolo, he llegado a ser totalmente consciente de esa persona que hay en mi vida que cumple con estas características. 

Es una verdadera lástima reconocerlo, pero una persona a la que quiero sé que no puede estar en mi vida, que tenemos que tomar caminos separados. Hay demasiadas cosas que tenemos en común, pero en dos polos totalmente opuestos, y ello ocasiona constantes choques y enfrentamientos, y vivir así es un castigo. Es insostenible tener cosas dentro que nunca vas a poder sacar ni expresar a esa persona porque sabes que te va a ocasionar mucho más sufrimiento que alivio por su externalización. 

Resulta doloroso ver como, a pesar de los constantes esfuerzos (incluso por ambas partes en ocasiones), una relación no se puede mantener, siempre acaba saltando. Son tan breves y agradables esos momentos de paz y tranquilidad que cualquier esfuerzo parece que merece la pena, incluso poniendo en riesgo la salud física y mental propia. Pero cuando llega el momento de la caída, del choque, se pasa a la destrucción del ego y a un profundo sentimiento de culpa y tristeza, de impotencia y decepción. 

Tras mucho tiempo sacrificándolo y con una venda en los ojos, finalmente lo reconozco, y me doy por vencida. Ese vínculo va a seguir ahí eternamente, y pondré de mi parte para que sea lo más funcional posible, pero he comprobado que es un caso perdido, una causa por la que no se puede luchar más.



No hay comentarios:

Publicar un comentario