viernes, 19 de enero de 2024

Un mal necesario

Debería aprender a ser mala. A qué todo y todos me den igual y hacer lo que yo quiera. A pensar en mí y priorizarme siempre, y no sentirme mal cuando me decepcionan, me engañan o se ríen de mí. Encajar mejor los golpes, a no confiar nunca.

Debería aprender a desvincularme y saber que solo puedo confiar en mí, porque por la boca muere el pez y es demasiado fácil decir cosas que no pensamos o creemos.

Mi única esperanza es que algún día olvidaré como me he sentido. Pero, si algo sé, es que no puedo seguir así ni sr así, es un problema. Hacer las cosas sin maldad hace que todo duela el doble, que las cosas sean mucho más duras de procesar y que sea una constante de sufrimiento.

Intento hacer las cosas lo mejor que puedo, pero la vida me recuerda con amarga decepción que de nada de sirve, que haga lo que haga las cosas no van a mejorar, y que mi destino ya está escrito como fracaso. Y cada despertar pierde más el sentido.

Supongo que tengo que aprender a ser el enemigo y a hacer el mal, un mal necesario. 

martes, 16 de enero de 2024

La vida es una locura, supera a la ficción con creces. Hay cosas buenas de por medio, pero el porvenir que tenemos es penoso, y cada día empeora. Guerras, muerte y destrucción, pobreza, crisis, violencia, mentiras... 

Cada día hay algo nuevo, se añade un nuevo lastre con el que tenemos que convivir, con el que tenemos que aprender a seguir adelante, porque nos dicen que hay que seguir adelante, siempre luchando. ¿Con esta premisa? ¿Quién quiere liderar la batalla?

Si tuviésemos que estar constantemente mentalizados de lo que está por venir, nadie querría seguir adelante, no merece la pena a largo plazo.

Pero hay cosas bonitas, pequeños grandes momentos por los que sí merece la pena hacerlo. Y lo malo no desaparece, va a seguir estando ahí probablemente hasta que acabemos con nosotros mismos. Pero ya que estamos aquí, habrá que disfrutar de lo bueno, intentar sentir esos momentos de felicidad, esos chispazos de alegría. Es decir, tendremos que, efectivamente, seguir adelante y dejarnos ser y sentir.

Es muy difícil encontrar esos momentos, y esas fuentes de producción, cada día todo sube un nivel de dificultad y lo que hace escasos años era más sencillo, ahora es una odisea. Pero no por ello es imposible, y he descubierto que merece totalmente la pena el recorrido; sufrimiento el dolor y la tristeza (entre otras cosas) cuando lo encuentras. 

Pueden ser cosas muy simples, que ante ojos de otros no llamen la atención, como al aleteo de una mariposa en primavera, o recibir los primeros rayos de sol de la mañana. 

Personalmente, soy consciente de esas pequeñas cosas que me hacen feliz, cada día descubro alguna nueva y alguna que ya estaba cambia. Pero me considero extremadamente afortunada de haber ido más allá y haber encontrado algo (o, mejor dicho, alguien) que hace que todo eso se multiplique por mil. 

No me lo esperaba, supongo que no son cosas que uno pueda ver venir. Que aparezca alguien y te rompa todos los esquemas, haga que tu camino se ilumine y te acompañe a recorrerlo. Sigo sin ser consciente, y a veces me hallo incrédula al respecto. 

Y como decía antes, lo malo no va a desaparecer, pero la vida se ve de otra manera. Los malos momentos seguirán, así como las rachas difíciles, no todo va a ser un camino de rosas. Pero yendo de la mano de esa persona acompañada sé que va a ser muchísimo más llevadero. 

Y resulta que eras tú, has sido siempre tú.



sábado, 13 de enero de 2024

Don't say a word

El poder de las palabras es tanto que no hay cifra real que pueda reflejarlo. Pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte, la alegría y la tristeza, el júbilo o la desesperación, el amor o el odio.

Y son tan sencillas, tan fáciles, que muchas veces las usamos sin pensar, las sacamos de nosotros como si de ropa se tratasen. Y así acaban muchas veces quedando desvirtuado el mensaje que nos transmiten. "Las palabras se las lleva el viento", y así es.

De qué sirven si lo que decimos no es realista, ni somos sinceros. Sería mejor no decirlas a la ligera, obviamente, pero por mucha conciencia que haya de ello nada va a cambiar. No va a cambiar nada, las cosas con fortuna van a seguir igual o van a ir empeorando paulatinamente, que es lo más factible.

Somos cada vez menos humanos y más animales, aunque más quisiéramos, tenemos en realidad mucho que aprender de ellos. No sabemos transmitir mensajes, no sabemos lo que sentimos, ni entendemos lo que decimos, y parece tampoco importarnos, mucho menos, cómo pueden resonar en los demás. Las repercusiones no entran ya en el catálogo de intereses ajenos, tal vez los más afortunados podamos ser conscientes, pero no consecuentes. Cada día que pasa esa capacidad la vamos perdiendo, se va mermando hasta tal punto que dejará de existir.

Entonces las palabras ya no nos harán daño. Porque ya no habrá nada que romper, nada que destruir, nada que cuidar ni por lo que luchar.

Mientras tanto, aquí seguimos. Promesas rotas, verdugos, víctimas y castigo.