jueves, 28 de junio de 2018

Tornado of Souls - Cap.68: Predator and Prayer



Una vez terminamos de colocarlo todo, fue cuando verdaderamente me di cuenta de que Tommy y yo ya estábamos viviendo juntos.

Tommy se puso a jugar con Alison mientras yo estaba leyendo. Dejé incluso de leer para contemplar aquella escena, era tan enternecedor que lo único que deseaba era que aquello durase para siempre. No quería interrumpirles porque se les veía muy a gusto, y yo también lo estaba.

Mientras ellos seguían jugando yo me fui a dar una ducha, y cuando salí, Tommy estaba preparando la cena. No habíamos acordado nada de cómo nos apañaríamos, pero me gustaba saber que él se mostraba comprometido:

- ¿Te apetece cocinar? -le pregunté, mientras me acercaba a él-.

- A Alison le ha entrado hambre, y ya que hago su cena, también la nuestra. Por cierto, Thomas me ha dicho esta mañana que hoy no podía venir a cenar porque tenía que madrugar mañana, y hemos quedado en que venga el viernes si a ti te parece bien.

- Por supuesto, Thomas es más que bienvenido aquí -hice una breve pausa-. Oye Tommy, ¿tú cómo te sientes?

- ¿Yo? -me miró extrañado por la pregunta-. Pues muy bien, ¿por qué?

- No, nada, era solo por preguntar.

- ¿Y tú? Quiero decir, ¿cómo te sientes tú?

- Bien también, estoy aún asimilando que vivimos juntos -sonreí-. ¿Vas a ser capaz de aguantarme?

- Solo si tú me prometes que me aguantarás a mí -nos reímos-.

- Es que si te soy sincera es la primera vez que convivo en serio con una pareja, y bueno, no estoy muy acostumbrada a ello.

- Bueno, no te preocupes, no hace falta que lo hayas hecho para poder adaptarte y acostumbrarte.

- Creo que me voy a poder acostumbrar muy bien -le sonreí, y él me devolvió la sonrisa-.

- ¿Eso es porque cocino bien?

- Naturalmente -nos reímos-. Yo creo que después de lo que hemos pasado no va a resultar difícil.

- Parece mentira que hace más de un año que nos conocimos.

- Y las circunstancias en las que nos conocimos -recordé lo mal que lo había pasado con la pierna-.

- Me alegro de haberme encontrado contigo, sinceramente, y de haberte podido ayudar. Y más aún de que ahora estemos así y aquí.

- Esto es algo que nunca te he preguntado y que cuando me besaste en el barco me planteé. ¿Por qué te gustaba yo?

- ¿Me lo preguntas a estas alturas? -asentí-. Fuiste muy amable conmigo, y me transmitías muy buenas sensaciones. Aunque no supiese demasiado sobre ti, sabía lo suficiente, me parecías una chica fantástica.

- ¿Te parecía? -le quise picar-.

- Ahora me lo pareces mucho más, boba -me empujó el el brazo suavemente en broma, y le miré, divertida-. Bueno, hora de cenar -pude ver que Alison se puso en seguida en pie y se dirigía torpemente hacia su silla-.

Parecía mentira que estuviésemos teniendo una vida relativamente normal en medio de un apocalipsis zombi. Unos muros altos eran los que nos habían proporcionado esa sensación de seguridad de la que ahora gozábamos. Yo en ningún momento había bajado la guardia, sobre todo por Alison, en cualquier momento todo lo que teníamos podía venirse abajo. Y más si hay una persona amenazándote.

Procuraba mantener aquel pensamiento lejos, al menos cuando no estaba allí, sometida a su voluntad. Terminamos de cenar y recogimos la mesa. Alison se empezaba a rascarse los ojos, y la llevé a su cama. La habitación de Doro la habíamos organizado de tal forma que su cama la llevamos a su habitación para que Tommy y yo tuviésemos más espacio, y la cuna de Alison la pasamos allí.
Aún estaba un poco insegura, pero la había puesto un walkie para escucharla por la noche, por si acaso.

La puerta de su habitación se quedó abierta, y mientras tanto me puse a limpiar los platos, ya que Tommy había cocinado. Mientras él se preparaba las cosas para trabajar al día siguiente, yo me senté en el sillón a seguir leyendo, aunque esperaba también poder hablar otro rato con él, quería estar todo el tiempo posible a su lado, al menos así me sentía segura.

Continué leyendo hasta que Tommy se sentó en el sillón tras terminar de preparar sus cosas:

- Oye, ¿cuándo tienes el día libre? -me preguntó, mientras se acercaba a mí-.

- Tengo que preguntárselo a Pears porque no estoy segura, con esto de la crisis nos cambian los horarios constantemente. En principio pasado mañana tengo el día libre. ¿Por qué lo preguntas?

- Nada, es que si coincidíamos podríamos salir por la mañana a dar una vuelta por la ciudad con Alison, pero yo solo libro los domingos. De todas formas ya iremos, tenemos todo el tiempo del mundo -me sonrió-.

- Me podrás acompañar al trabajo -le dije, en broma, realmente no le quería hacer madrugar sin ser necesario-.

- Desde luego, y te iré a buscar -cuando dijo aquello me saltaron todas las alarmas, si Tommy venía a buscarme se enteraría de lo que estaba sucediendo, y pasaría algo terrible seguro, así que pensé algo rápido para quitarle esa idea de la cabeza-.

- ¡Oh, ahora que lo recuerdo! No creo que vayas a poder venir a buscarme, porque voy a ofrecerme como voluntaria para ayudar con algunas cosas de...ah, sí, de la escuela, y tengo que ir al ayuntamiento, voy a estar revisando los programas que usan y demás.

- ¿Pero vas a ser voluntaria, o te han forzado a hacerlo?

- No, no, fue una iniciativa absolutamente mía, no te preocupes -parecía que estaba colando, procuré cambiar de tema rápido-. Me ha encantado antes veros a Alison y a ti jugar.

- A mí también, es una niña muy simpática, aunque en vez de colocar las piezas ha empezado a tirármelas a mí, no sé a quién habrá salido -me miró y se rió-.

- Por eso nosotras jugamos con el osito de peluche -nos volvimos a reír-.

Tommy se acercó más a mí, me retiró el pelo de un lado y me empezó a hacer caricias en el cuello. Me acerqué más a él, estaba muy a gusto, y paró, pero empezó a darme besos en el cuello, sabía que era mi debilidad:

- Oye -le dije, entre risas, cuando vi que paró-.

- ¿Qué pasa? -me preguntó él, sonriendo-.

- Que me estabas haciendo muchas cosquillas.

- Era mi intención, pero tampoco te has quejado de ello, ¿eh?

- Claro que no, porque me gusta -me miró, sonriendo-. Estás muy juguetón, ¿no?

- Es posible -me miró con una sonrisa cautivadora-. ¿Entonces quieres que siga?

- ¿Tú qué crees? -dije, mientras inclinaba el cuello para que siguiese-.

Tommy se salió con la suya, aunque tampoco hacía falta que insistiese demasiado, y al final nos fuimos a la cama.

Después de haber estado "jugando" un rato en la cama nos dormimos. Me quedé absolutamente dormida.

Cuando llegó la hora de trabajar de Tommy, sentí como se levantaba para irse. No hacía apenas ruido para no despertarme, iba de puntillas, y se fue a vestir al salón. Escuché que fue al baño, y después volvió a la habitación. Me dio un beso en la mejilla, y no pude evitar sonreír:

- ¿Estás despierta? -me dijo, susurrando-.

- Se podría decir que no -le dije, aún medio dormida-.

- ¿Te he despertado?

- No, no te preocupes, me he desvelado, ahora me volveré a dormir, disfrutaré de la horita que me queda -dije, acurrucándome en la cama-.

- Que descanses, luego nos vemos -me volvió a dar un beso-.

- Que tengas un buen día en el trabajo.

- Igualmente -me hizo una caricia en el brazo y se fue-.

Me dormí al poco de irse él, y me despertó Alison al poco porque tenía hambre y quería desayunar.

Cuando terminé de prepararme y dar el desayuno a Alison la llevé con Dave, como siempre, y me fui al trabajo.

El ambiente estaba muy calmado, y la jornada fue como se planteaba. Empezaba a odiar terminar de trabajar por lo que conllevaba después, pero todos tenemos nuestros problemas, y no debía tampoco quejarme.

Fui al ayuntamiento, y vi a Daisy hablando con un par de personas mientras caminaban por el pasillo. Me oculté hasta que se alejaron de la zona a la que tenía que ir yo, y deprisa, pero sin llamar la atención me dirigí al despacho de Jerry y llamé a la puerta. Tardó un poco en birlar, lo cual pude comprender cuando vi en qué estado se encontraba. La sala emanaba un fuerte hedor a alcohol y sudor:

- ¡Llegas tarde! -me dijo, acercándose con una postura amenazadora-.

- No, he llegado diez minutos pronto, como ayer, y quedamos que a las cinco tenía que estar aquí...

- ¿Ah, sí? -cogió la botella que tenía encima de la mesa y pegó un largo trago-. Bueno, da igual, hoy estoy enfadado. Siéntate y escúchame.

Me senté, sin decir nada, acaté la orden al instante, y me miró despectivamente. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal:

- ¿Por qué debería seguir manteniendo el acuerdo al que llegamos?

- Dijiste que la vida de tres personas importantes para mí corrían peligro, y ese fue el motivo por el cual yo acepté hacer todo aquello que me dijeses.

- Ya, si la teoría me la sé, pero, ¿qué estoy ganando yo?

- Eh... -sabía que era una pregunta trampa, no había una respuesta buena- pues yo hago todo lo que necesites de papeleo, limpio, y si quieres te puedo aconsejar.

- ¡No necesito una puta asistenta!

- P-perd...

- ¡Estoy hablando yo! -se levantó, y sin tiempo a reaccionar me dio en la cara, tirándome al suelo-. Eso es lo que pasa cuando no eres buena con Jerry, ¿ves lo que me has obligado hacer? Sabes que yo no soy así -me callé, me levanté inmediatamente y sentí como me ardían la mejilla y el labio a causa del golpe-. Mira, guapita, yo necesito a una persona que me dé cariño y esté siempre de mi parte, algo así como una novia, pero sin tener yo que perder mi valioso tiempo en ella, no sé si me explico -asentí, sin querer intervenir más-. Eso es lo que quiero de ti. ¿Crees que me lo vas a poder dar? -asentí, pero no parecía convencido-. Necesito que me lo digas con tus propias palabras.

- S-sí, voy a hacer lo que tú digas -parecía satisfecho-.

- Bien, pues, ¿te parece que empecemos ya con eso? -no sabía para qué me preguntaba, si independientemente de la respuesta que le diese él haría lo que quisiera, pero aún así asentí-. Dime cosas buenas de mí o que te gusten.

- ¿Me lo puedo pensar? -volvió a adoptar la postura amenazante de antes-. Vale, pues... Eres una persona que obtiene lo que quiere, sabes convencer...

- No, quiero que me digas cosas físicas mías que te gusten.

- Entiende que es difícil, yo ahora tengo pareja y...

- ¿No me puedes valorar físicamente? Bueno, no pasa nada, tal vez sea demasiado pronto y aún tengas que ver algunas cosas para saber qué responder. Vamos a hacer otra cosa, ¿te parece bien? -volví a asentir, sin prestar demasiada atención a lo que decía-. Desnúdate.

- ¿Cómo?

- ¿No sabes lo que significa?

- ¿Qué me vas a hacer?

- Nada, si me obedeces no te voy a hacer nada.


Sabía que no me podía fiar, pero tenía tanto miedo que tampoco quería tentar a la suerte. Sin embargo no me moví:

- ¿Me estás desafiando? -dijo, mientras se ponía en pie y se aproximaba a mi sitio-. Creo que hace escasos minutos hemos hablado de lo que tenemos en juego y de que me ibas a obedecer, ¿verdad?

- Yo puedo buscar a alguna mujer que haga esto para ti, yo es que...

- ¡Vale ya! -me puso de pie sujetándome por el cuello y me embistió contra la pared-. Esta es la última oportunidad que te doy, si no haces lo que te digo te vas a arrepentir, te lo aseguro.

A pesar de su amenaza no cedí y seguí tratando de resistirme, mientras él procedía con fuerza a quitarme la ropa. Hacía fuerza con los brazos y piernas para liberarme, pero por el miedo también me fallaban, y volvió a cogerme del cuello, esta vez apretándolo. Aprovechó el mareo que me provocó la falta de oxígeno para romperme la camiseta. Se acercó aún sujetándome por el cuello y me dijo, susurrando "Recuerda que tú tienes mucho más que perder que yo, de ti dependen tres personas, y puedes creer en mi palabra".

Tragué saliva, y a pesar de todo, seguí sus órdenes. No sabía cuán lejos estaba dispuesto a llegar, y si cumpliría con la amenaza, pero después de aquel episodio estaba segura de que, al menos en ese sentido, cumpliría con su palabra, así que me quité la ropa, sin mirarle a la cara, me sentía humillada. Me dejé la ropa interior puesta, esperando que con aquello hubiese satisfecho su petición:

- ¿A qué esperas? -me dijo, sentado en su silla-.

- No creo que sea necesario más, tengo frío...

- Me da igual, si yo te digo que hagas algo, lo haces.

Me quité la ropa interior tan rápido como pude, tratando de taparme mis partes íntimas con las manos y los brazos. Jerry se puso de pie y se paseó a mi alrededor, haciéndome sentir extremadamente patética por haber cedido a tan vil chantaje. Cuando terminó de "revisarme", se volvió a sentar:

- Muy bien, al final me has hecho caso, pero he tenido que portarme mal contigo para que lo hicieses, y a ti no te gusta que haga eso, a mí tampoco, claro, quiero conservarte tan bonita como eres. Tu novio está claro por lo que te quiere, eres una tía buena inútil, y habrá que usarte para lo que vales, ¿no? -no quise responder, ni si quiera quería pensar en lo que me había dicho-. Quiero que limpies el suelo con tu ropa, con toda.

- ¿Me la puedo poner?

- Vamos a ver, bonita -se puso en pie y se arrimó a mí, mirándome de arriba a abajo- tienes que limpiar con la ropa, así que no te la puedes poner. Cuando acabes sí, pero todavía no...¿o quieres que repitamos lo de antes? Porque yo ya estoy cansado, así que no voy a tener tanta paciencia, y probablemente vaya directo a romper nuestro acuerdo.

Ni si quiera respondí, me agaché y recogí mi ropa, y con las mismas me puse a limpiar el suelo. Algunas lágrimas cayeron, pero pensé en que después vería a Alison y a Tommy, y me tranquilicé un poco.

Acabé, sin mediar más palabra con Jerry mientras limpiaba. Entendí que cuando asintió ya me podía vestir e irme. Cuando estuve me puse la ropa, antes de irme quería hacerle algunas preguntas:

- Jerry, ¿te puedo hacer unas preguntas?

- Claro, somos amigos, ¿no? -asentí, sin mostrar por fuera lo que realmente pensaba-.

- ¿Cuánto va a durar esto?

- Muy poco, lo estás haciendo bien -suspiré, esperando que aquello que me decía fuese cierto-.

- Y otra cosa, es que mañana tengo el día libre en el trabajo, y me gustaría saber si puedo mañana descansar, quiero decir, recupero ese día en otro momento, no me importa, como si quieres que me quede más tiempo al día siguiente...

- ¿Quién dicta las normas?

- Tú...

- ¿En qué quedamos?

- Sí, está bien, mañana vendré.

- Así me gusta, que las cosas queden claras, así no tengo que volver a repetirlas. Mañana nos vemos.

- Hasta mañana.


Salí mirando hacia abajo, tratando de ocultar mi rostro a cualquier persona. Fui a casa directamente, no me paré para  nada, ni siquiera para limpiar mi ropa, que se notaba que estaba sucia, pero me daba igual, lo único que quería era llegar a casa y lavarme, y olvidarme de lo que había pasado allí. Al principio pensé que sería fácil, pero cada vez tenía la sensación que iría a peor.

Fui a recoger a Alison, y tras esquivar astutamente las preguntas de Dave con respecto a qué me había pasado, fui a casa corriendo. Dejé a Alison jugando con sus juguetes, y mientras yo fui al baño, para ver qué aspecto tenía.

Tenía el labio hinchado, y la mejilla colorada, se notaba que algo me había pasado a la legua. Tommy sospecharía que había sucedido algo, así que tenía que disimularlo, e inventarme alguna excusa por si se daba cuenta, cosa que estaba prácticamente garantizada dado el lugar en el que tenía las lesiones.

Me di una ducha rápida y traté de ocultarme lo mejor posible los golpes, aunque inútilmente, pues casi los había acentuado más. Me dejé tal y como estaba, y pensé mejor en una excusa.

Al cabo de un rato me puse a leer, y al poco sonaron las llaves. Alison fue corriendo a ver quién era, y al ver a Tommy fue a darle un abrazo:

- Hombre, hola ratita -dijo, mientras Alison le achuchaba-. ¿Cómo estás?

- Beeeeen -dijo, intentando decir "Bien", y justo en ese momento Tommy levantó la vista hacia mí-. Tacii, ¿qué te ha pasado? -se acercó hacia mí deprisa, preocupado-.

- No pasa nada, tranquilo, está bien, es que he tenido un accidente y me he dado un golpe... -se sentó a mi lado y me dio un abrazo-.

- Pero, ¿cómo ha pasado?

- Verás...-pensé primero qué era lo que le iba a decir para no contradecirme después- estaba bajando las escaleras de la torre y me enganché en el último peldaño, y me caí, me di en el labio, y con el reloj en la mejilla, por eso estoy así -Tommy no parecía muy convencido con lo que le había dicho, pero confiaba en mí-.

- ¿Te has puesto hielo? -negué con la cabeza-. Espera cielo, ahora te traigo un poco, así te calmará un poco la hinchazón de la mejilla. Ahora cuando se te pase un poco te miro el labio, que es donde más daño parece que te has hecho -fue deprisa hacia el congelador para coger algo frío, y me puso un paño con un hielo dentro-. ¿Estás mejor así?

- Sí, gracias -le sonreí-.

- Me podías haber avisado, o incluso haber venido al hospital para verte, por si te habías hecho algo más.

- No te preocupes, si es que estoy bien, ha sido un pequeño accidente, ya está.

- Le das poca importancia a algo que podría ser una lesión y que podría dejarte secuelas. Bueno, ahora descansa un rato, ¿vale? Yo me encargo de Alison, tú quédate con el hielo en la mejilla tumbada en el sillón y si quieres algo pídemelo, ¿vale? -me dio un beso en la frente-.

Tommy se puso a hacer cosas por la casa, y yo mientras estaba en el sillón me sentía muy culpable por no poder contarle lo que estaba pasando, pero no tenía más remedio, no quería que nada de aquello le salpicase.

Me di cuenta que de vez en cuando me miraba y parecía extrañado, tal vez me veía más reflexiva de lo habitual, o simplemente extrañamente callada. No es que no tuviese nada que decir, es que no sabía qué decir. Fue Tommy el que decidió hablar primero:

- Bueno, ¿y qué tal el día? -me preguntó mientras se sentaba a mi lado y me dedicaba su habitual sonrisa-.

- Como siempre, bien, no me puedo quejar... ¿Y tú?

- Bien, he estado atendiendo a unos cuantos pacientes, pero nada serio, la mayoría no tenían nada, déficit en el consumo de determinados nutrientes, pero con medicación se regula. Por cierto, he hablado con Thomas, así que mañana vendrá a cenar. Lo bueno es que me han dado el fin de semana libre, así que me puedo encargar yo de la casa por completo.

- Que no, Tommy, habíamos quedado en que nos repartiríamos las tareas.

- Lo sé, pero yo tengo un día libre más y quiero aprovecharlo para que tú puedas descansar más también -me dio un beso en la mejilla en la que no tenía el hielo-.

- Te lo agradezco -le puse la cabeza en el hombro, quería darle un beso, pero me dolía demasiado el labio-.

- No tienes que agradecer nada. Que por cierto, ¿a Alison estos días que vamos a estar tú y yo la vas a llevar con Dave?

- No lo sé, mañana por la mañana lo voy a hablar con él, y depende de lo que me diga pues me quedaré con la pequeña yo o haré como cuando trabajo por las mañanas.

- Ya sabes que a mí no me importa cuidarla lo más mínimo, de hecho, cuando ha sido necesario yo me he quedado con ella y mírala, ahí sigue -dijo, señalando a Alison, que estaba jugando con un osito mientras canturreaba algo, y Tommy se rió-. Oye Tacii, ¿seguro que no pasa nada?

- Que no, no insistas, estoy bien -no sabía fingir que lo estaba, a pesar de querer aparentarlo-. Lo que pasa es que estoy cansada, y con el susto del golpe pues ahora estoy tranquilita.

- Yo te voy a recomendar que vayas a dormir un rato, y cuando quieras te levantas, o si lo prefieres, dime cuándo quieres levantarte y te voy a avisar yo -la idea me tentaba, así me olvidaría de la experiencia que había tenido en el ayuntamiento-.

- Vale, iré a echarme un rato, así me levantaré mucho mejor -me acerqué a Alison por si ella quería echarse a dormir un rato conmigo-. ¿Te vienes a la cama con mami? -me dijo que "no" con la cabeza rotundamente, y fue con su oso en la mano hacia Tommy-.

- Ah, ¿quieres que juguemos con el peluche? -Alison asintió, sonriente-. Bueno cariño, pues la pequeñaja se va a quedar conmigo, así que ve a descansar, ¿vale?

- Vale -me quité el hielo y le besé-.

- Cuidado, ¿te ha dolido?

- No, estoy mejor después de haberme puesto el hielo -se lo di a Tommy, y me fui a la habitación-.

Sabía que no iba a poder conciliar el sueño, aunque esperaba al menos dormirme unos instantes para así olvidar el episodio del ayuntamiento. Di vueltas, más de las habituales, y procuraba no girar demasiado hacia el lado en el que tenía el golpe. Me pude relajar un poco a pesar de no dormirme, estaba muy tranquila, y sabía que en el lugar en el que estaba me encontraba a salvo.

No sé cuándo fue, al final me quedé dormida, pero sentí que alguien entraba en la habitación. También noté un pequeño haz de luz dirigiéndose hacia mi cara, pero no le quise dar importancia.

Eran las siete y media de la tarde cuando por fin decidí levantarme de la siesta. Vi que Tommy había limpiado la casa y estaba en un lado del sillón encogido leyendo, mientras que en el otro estaba la pequeña, estirada, viendo un vídeo en la televisión. Cuando abrí la puerta de la habitación ambos se giraron, y al verme la pequeña vino corriendo saludarme:

- Hola cariño -la dije mientras la abrazaba-. ¿Te has portado bien?

- Sí -dijo ella, sonriendo-.

- Bueno, es una niña inquieta, aunque no me puedo quejar, me ha ayudado a limpiar -respondió Tommy-. ¿Cómo te encuentras, cielo?

- Me ha sentado bien el descanso, estoy mejor. Por cierto, ¿has entrado tú antes a la habitación?

- Sí, he ido para mirarte el labio, espero no haberte molestado, pensaba que no te había despertado.

- Ah, no, no te preocupes, he notado que alguien entraba, pero poco más, no me has despertado -le di un abrazo y me senté a su lado, aupando a la pequeña para sentarla en el otro extremo del sillón-.

- Lo bueno es que la contusión no es grande, así que en breves se te pasará. Lo que te tienes que tomar estos días son antiinflamatorios, y si ves que eso no te mitiga el dolor, la inflamación o te duele más, tendrías que ir al hospital, pero eso ya lo iremos viendo, tú tranquila.

- Menos mal que tengo a mi médico en casa -nos reímos-. Bueno, mañana que tengo el día libre no sé qué haré...

- Pues puedes venirte conmigo a trabajar si quieres -sabía que lo decía en broma, pero estaba dispuesta a seguírsela-.

- Bueno, me parece bien, mañana entonces iré contigo.

- Pero Tacii, que lo decía en broma -nos reímos-. Es que tú eres capaz de venir de verdad.

- Por poder puedo, pero no creo que la gente de allí lo vea bien.

- A Thomas no creo que le importe. Ah, ya sé, si quieres ve por la mañana a comprar, que en la lista tenemos algunas cosas apuntadas ya.

- Vale, así llevo a Alison a dar un paseo y ella toma el aire un rato.

Veía las cosas mejor, al menos ya me había tranquilizado un poco, y tenía ganas de tener el día libre, aunque iba a tener que acudir a la cita que tenía convocada con Jerry, sabía que podía con ello, sí había podido hasta ahora, resistiría más.

La noche fue agradable, cenamos, acosté a Alison, y al poco nos fuimos a dormir Tommy y yo. Aunque me había echado un rato, no me costó dormirme.

"Estaba fuera de los muros, sola, oía a Alison y a Tommy pedir ayuda, pero no les podía ver, y me desesperaba escuchándolos. También oía bullicio, pero no era de gente, eran hordas, y cuando miré a mi alrededor vi que una avalancha de caminantes se aproximaba a donde yo estaba. Corrí tan rápido como pude para huir de aquel lugar y poder buscar a mi familia, pero les había dejado de oír. Llegué a una camino sin salida, y me encontré con todos los zombis que habían estado siguiéndome antes. Cuando vi que entre ellos se encontraban Tommy y Alison grité".

Y me desperté, profiriendo tal grito que Tommy se incorporó de la cama de golpe del sobresalto:

- Tacii, ¿estás bien? -me dijo con voz rota, encendiendo la luz de la mesilla-.

- Sí, solo ha sido una pesadilla, pero era tan real que me ha causado una gran impresión, perdona.

- No te preocupes, cielo, ¿quieres hablar de ello, o prefieres dejarlo estar?

- Si no te importa, lo segundo, no quiero volver a pensar en ello.

- Me parece bien -me rodeó en sus brazos y me dio un beso en la frente-. Voy a apagar la luz, ¿vale?

- Vale -me tumbé en la cama, recuperando el aliento y relajándome-. Buenas noches Tommy, que descanses.

- Igualmente -me respondió mientras se tumbaba y apagaba la luz-.

No volví a tener pesadillas aquella noche, pero no pude de dejar de pensar en ello al día siguiente, sobre todo cuando me tocó ir con Jerry.

La mañana transcurrió sin ningún problema, estuve comprando con Alison y dimos un buen paseo, lo cual mitigó bastante el estrés que había estado acumulando estos días. Cuando llegamos a casa preparé la comida, comimos, y llevé a Alison con Dave mientras yo estaba fuera, para ir al ayuntamiento.

Salí con el tiempo justo, esperando a que el tiempo pasase lo más rápido posible para volver a casa.

Antes de entrar me repetí varias veces "No digas nada, será peor, haz lo que sea, y cuanto antes acabes antes de irás". Llamé a la puerta al estar convencida, y esperé a que me abriese. Su aspecto no era diferente del de otros días, parecía haber bebido un poco, pero "sabía" lo que estaba haciendo:

- Oh, vaya, lo de ayer dejó marca, pero bueno, así no se te olvida que pasa cuando eres mala. ¿Me vas a obedecer a partir de ahora? -asentí, tratando de desvincularme emocionalmente lo máximo de aquello-. Bien, recuerdas lo que hiciste ayer, ¿no? -asentí, ciertamente avergonzada-. Pues vamos a empezar por ahí.

- ¿Me tengo que quitar la ropa?

- Claro, ¿qué esperabas?

- ¿Y después tengo que limpiar el suelo con mi ropa?

- No, no, tú quítate la ropa y luego te digo lo que tienes que hacer, pero vamos por partes, ¿eh?

Se sentó pacientemente en su asiento de cuero negro, y yo me quité la ropa, intentando pensar que estaba sola, y que me iba a duchar para restarle importancia:

- Vaya, hoy tenías ganas, ¿eh? -vi que se puso en pie y se acercó-. Así será mucho más fácil -se puso delante de mí, y esperé a que me dijese qué hacer a continuación-. Ahora te vas a arrodillar.

- ¿Por qué? -me agarró del cuello-.

- ¡No preguntes, lo haces y punto!

Me arrodillé, y dejó de apretarme le cuello. Procuré apartar la vista de él, me sentía muy incómoda estando así, y entonces vi que se bajaba los pantalones...

domingo, 17 de junio de 2018

Tornado of Souls - Cap.67: End of Innocence



Me sobresalté al ver que cerraba la puerta, no sabía qué iba a pasar, pero estaba más que segura de que se trataría de algo malo. Le miré, alejándome un par de pasos disimulados de él, esperando a que reaccionase, o más bien a reaccionar yo:

- Creo que deberías sentarte de nuevo, hay una cosa de la que aún no hemos hablado.

- P-pero, ¿no estaba todo zanjado?

- No, verás, toma asiento, yo también lo haré -temía preguntar la razón por la que había cerrado la puerta con llave, traté de no pensar en ello y que no interfiriese en mis palabras-.

- Está bien... -dije, mientras tomaba asiento y tragaba saliva-.

- Espero no estarte causando una mala sensación, mis intenciones no son malas, puedes creerme -en vez de sentarse en su silla se sentó en la que había a mi lado-. Así tendremos un trato más cercano, ¿no crees?

- Eh...sí, desde luego.

- Me parece genial que estemos de acuerdo. En fin, Tacii, te voy a ser sincero, estar solo me hace sentirme muy ocupado y sin tiempo libre para hacer lo que me gusta, es decir, que mi trabajo me quita tiempo para dedicarme a mis aficiones. ¿Sabes por dónde voy? -negué con la cabeza, mirándolo con desconfianza-. Pero oh, mujer, no me mires así, que no te voy a hacer nada, tienes suerte de haber caído en mis manos y no en las de cualquier desalmado de los que quedan -me dedicó una sonrisa tremendamente siniestra, y acto seguido se acercó un poco más a mí-. Lo que quiero de ti es que me ayudes.

- ¿Por qué te tengo que ayudar? Que yo sepa no te debo nada, ni tú a mí, nuestra relación ha sido estrictamente profesional -se puso en pie y vi que su cara había cambiado completamente-.

- ¡Eso no es lo que espero que me digas! -adoptó un tono muy amenazador y se acercó tanto a mí que podía sentir su respiración en mi mejilla-. Mira, creo que te voy a dar motivos, estás de suerte -recuperó su posición normal y se sentó, esta vez en su silla del escritorio-. Tengo unas cuantas razones, pero entiendo que de todas hay tres que especialmente te van a doler -sacó de una carpeta que tenía en la mesa tres archivos, y me los mostró, eran tres fotos: una de Tommy, otra de Pears, y al ver la tercera me quedé helada, era de Alison-. ¿Te suenan? -me levanté-.

- ¡¿Qué les vas a hacer, hijo de puta?!

- Eh, eh, esos no son modales para una señorita -sonrió, y se levantó, se acercó a mí y me empujó para sentarme-. Creo que deberías olvidarte de dedicar esas palabras tan ofensivas, al menos cuando trates conmigo, con los demás me da igual, obviamente. Por tu reacción sabes quién son esos de las fotografías, y no sabes ni por qué están ahí ni qué es lo que va a implicar en ti. Creo que en vez de ponerte tan valerosa conmigo, deberías preguntarme eso antes, tal vez lo pagues caro -noté que todo a mi alrededor giraba, bajo ninguna circunstancia dejaría que tocasen a mi gente, no sabía que sería lo que tendría qué hacer, ni por qué aquello estaba ocurriendo, pero intenté mantener la calma para no volver a meter la pata-. No te oigo, y eso no me gusta...

- Explícame, por favor, de qué trata todo esto.

- Ahora nos entendemos -recuperó su postura inicial en su sitio, mientras se servía otra copa-. Tú vas a ayudarme a poder tener tiempo libre, así que vas a venir a mi oficina todos los días cuando salgas del trabajo, directamente.

- ¿Qué es lo que voy a tener que hacer exactamente?

- Tacii, Tacii, Tacii, no me escuchas, y eso tampoco me gusta. ¡¿Es que no me he explicado bien?!

- Solo quería saber si...

- ¡Tu opinión me da igual! ¿A caso te la he pedido? -negué con la cabeza, alarmada-. Bien, nos volvemos a entender.

- ¿Por qué voy a tener que hacer esto?

- Esta es la parte interesante de todo, la "motivación". Esas tres personas que figuran en el papel, ellos dependen de ti.

- ¿Dependen de mí? ¿Desde cuándo?

- Justo esperaba esa pregunta, parece que nos vamos a terminar llevando bien -me sonrió y me ofreció beber, pero lo rechacé-. No tiene nada, no quiero tampoco aprovecharme de ti -dio un largo trago y prosiguió-. Desde ahora dependen de ti, si haces lo que yo te diga, ellos van a estar tan bien como lo han estado hasta ahora. Además, solo vas a estar aquí un pequeño rato, no te va a suponer a penas esfuerzo.

- ¿Qué les pasará si yo me niego?

- Esa pregunta también me gusta, aunque me parece que esta incompleta, yo habría preguntado "¿Qué les pasará si no lo hago o si me voy de la boca?". Como puedes ver, soy una persona con un puesto influyente, estoy cerca del alcalde Ralph, y soy su mano derecha, y él, a su vez, está cerca de Pears. También mi hermano James está aquí, trabaja en el hospital, y es jefe de planta, y ¡oh vaya!, casualmente ahí trabaja Tommy. Lo de tu hija es tan sencillo como noquear a la persona con la que esté, y su vida estará en mis manos -cuando terminó de decir aquello no pude evitar que las lágrimas brotasen, las sentía heladas correr por mis mejillas-. Pero como sé que eso no va a pasar, como que te vayas de la lengua y le digas a alguien lo que he hecho, porque nos vamos a llevar bien y tus vas a seguir las normas, no va a haber problema, no les voy a hacer absolutamente nada, puedes confiar en mi palabra.

- Por favor, hazme a mí todo lo que quieras, si lo deseas puedes matarme, pero a ellos no les hagas nada...

- ¿Crees que soy un monstruo? -deseaba tener una pistola para dispararle, pero probablemente aquello empeoraría las cosas-. Ah, matarme no vale, mi hermano lo sabe todo, y si algo me pasa, él será el que se ponga en mi lugar y acabe con el trabajo sucio. ¿Preguntas?

- ¿Cómo sabrías que me he ido de la lengua si lo hago?

- La seguridad está muy enterada de todo lo que ocurre, y yo no soy menos. Si dices algo, vendrán a por mí y me preguntarán, porque al estar en este cargo cuento con el aliciente de que hay un extra de confianza en mi persona, y no me van a detener ni a echar así como así, yo creo que eso precisamente es lo que menos te compensaría hacer, incluso desobedecerme te sería mejor que eso -me había quqedado en shock, estaba asimilando las palabras, pero no era capaz de reaccionar, detecté que estaba con la mirada perdida, suspendida-. Yo creo que te lo he explicado todo bien, ¿no? -asentí por miedo a llevarle la contraria-. Genial, bueno, cuando vengas te comentaré lo que tienes que hacer. No te preocupes, no va a llevarte más de dos horas, y luego serás libre. En realidad te estoy dando algo por lo que luchar, porque estando aquí sin ningún problema, feliz con tu vida es aburrido, esto es un maravilloso reto que la vida te plantea para que demuestres de qué pasta estás hecha y madures.

- ¿Algo más?

- No, ya te puedes retirar, me alegro de haber podido aclarar esto -se puso en pie y sacó la llave del bolsillo-. Por cierto, actúa normal, porque si alguien se entera, vas a ser tú la responsable, y creo que de eso ya hemos hablado, ¿verdad? -volví a asentir, secándome las lágrimas y cubriéndome el rostro lo máximo posible para ocultarme-. Bien, veo que lo has pillado. Bueno, pues ya puedes irte, recuerda, nos vemos mañana a las cuatro de la tarde -abrió la puerta con la llave, giró el pomo y me dispuse a salir corriendo de aquel sitio-. Oye, ¿y esas prisas?

- Yo...es que...¿qué tengo que hacer?

- Oh, nada, solo limitarte a despedirte de mí como es debido. Ah, y otra cosa que se me ha ocurrido ahora, si estás mala tienes que seguir viniendo, me da igual lo que sea y lo grave que sea. Pero de todas formas, esto va a durar poco, créeme, y ya luego no te necesitaré más - "¿Después de qué?" me pregunté, pero no me atreví a decir nada por miedo-.

- Está bien. Mañana nos vemos a las cuatro en tu despacho, gracias por todo -me fui, deseando que todo aquello hubiese sido una broma pesada-.

No sabía qué hacer, era tan fácil ir y contar todo lo que acaba de pasar... No quería que nada les pasase ni a Tommy ni a Pears, especialmente a Alison, ella ni siquiera se podría defender, es lo más inocente que hay en el mundo, una niña pequeña...

Más lágrimas, pero me limpié rápidamente antes de que cayeran y alguien me pudiese ver. Miré la hora que era, aún estaba tiempo de ir a buscar a Tommy. Fui corriendo a por Alison, e incluso Dave se dio cuenta de que no estaba bien, pero le dije que era cosas del trabajo y me marché tan rápido como pude.

Llegué al hospital y esperé una media hora a que saliese Tommy, necesitaba olvidarme de todo lo que había pasado, y me centré en darle la buena noticia. Recordé que había planeado darle la sorpresa de alguna forma especial, pero tal y como habían trascurrido las cosas lo había olvidado. Aún no había empezado y ya estaba repercutiendo en otros ámbitos de mi vida.

Vi a Tommy, que salía de la consulta tras su último paciente, y vino hacia mí, se le veía nervioso:

- Hola amor, ¿cómo estás? -se acercó y me dio un beso-.

- Bien, ¿y tú? -le pregunté mientras me aferraba a sus brazos-.

- Yo también, ahora más que estoy contigo -me sonrió, pero fui incapaz de devolverle la sonrisa. Oye, ¿pasa algo? -me dijo mientras me seguía abrazando-.

- No, cariño, no te preocupes. Bueno, creo que tenemos algo de lo que hablar, ¿no? -me separé de él y le di la mano para ir saliendo del hospital-.

- ¿Seguro que estás bien? -me miró, y finalmente me obligué a sonreír para demostrarle que estaba bien-. A ver, dime.

- Pues he ido a la reunión, y bueno, desde este momento puedes considerarte mi compañero de piso.

- ¿En serio? -su cara de alegría me quitó momentáneamente las preocupaciones-.

- Desde luego -me dio un abrazo-. Me hubiese gustado habértelo dicho de alguna forma más especial, pero he venido con el tiempo justo.

- No tienes que disculparte de nada, bastante has hecho, el que se tendría que disculpar soy yo, que no he hecho nada.

- Tú diste la idea, eres el cerebro.

- Si nos ponemos así, tú fuiste quien me hizo quererlo, eres mi corazón, y el del grupo -esta vez la que le abrazó fui yo-.

- Te quiero mucho, Tommy.

- Y yo a ti -me dio un beso en la frente-. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Empiezo con el tema de las maletas y eso ya?

- Claro, si quieres yo te ayudo.

Continuamos hablando sobre lo que haríamos y cómo nos organizaríamos una vez viviendo juntos. Tenía una sensación muy extraña, quería estar contenta porque la situación lo merecía, pero no podía dejar de pensar en Jerry y lo que me había dicho. Por suerte, cuando llegamos a casa y empezamos con el tema de la mudanza me fui olvidando de ello poco a poco. Incluso Alison estaba ayudando, cogía alguna cosa y la llevaba para arriba y para abajo.

Antes de que Tommy llevase nada suyo ayudamos a Doro a empaquetar todas sus cosas y a llevarlas. No nos dio tiempo a terminar porque ella se tenía que ir a trabajar, así que cuando ella se fue empezamos con las cosas de Tommy. No teníamos pensado terminar en el mismo día, probablemente nos llevaría también el siguiente, pero al menos era un comienzo. Doro ya nos había dicho que se quedaría aquella noche en su nuevo piso, así que oficialmente Tommy y yo ya vivíamos juntos. Eran aproximadamente las nueve de la noche cuando dejamos la mudanza. Al llegar al piso le di la cena a Alison y se quedó dormida en seguida, así que la acosté:

- Vaya día -dije, sentándome en el sillón, agotada-.

- Desde luego, pero bueno, ya estamos viviendo juntos -me sonrió y se sentó a mi lado-. ¿Quieres cenar?

- No te preocupes Tommy, no tengo hambre -se acercó y me miró preocupado-.

- Oye Tacii, ¿estás bien? Sé que te lo he preguntado antes y me has dicho que no, pero es que me parece que estás muy desanimada, y eso no es habitual en ti.

- Estoy bien, simplemente quiero descansar, ha sido un día agotador. Y tú también deberías, porque tienes que madrugar más que yo.

- Puedo quedarme un poco más -me cogió de la mano-. Ve a dormir, cielo, yo me quedaré haciendo algunas cosas y mañana nos vemos, que ahora que vivimos en la misma casa no te va a quedar más remedio -sonreí, la idea de tenerle tan cerca me daba mucha confianza y seguridad-.

- Yo creo que a pesar de estar cansada también me puedo quedar un poco más. Lo hago por mí, ¿eh? No es como si quisiera estar contigo...

- Jajajaja, vale, lo entiendo -me rodeó con el brazo, apoyé la cabeza en su hombro y cerré los ojos-.

Me desperté sobresaltada por el sonido del despertador. ¿Dónde estaba? Al parecer me había quedado dormida en el sillón mientras hablaba con Tommy.  Me sentía mal porque me hubiese gustado al menos haberle dicho buenas noches.

Me levanté para prepararme para trabajar, y se me vino el mundo encima cuando recordé que al salir del trabajo tenía que ir al ayuntamiento para hacer vete-a-saber-qué para Jerry. "Recuerda Tacii, no será por mucho, además, luego podrás estar con tu gente, tranquila" me dije a mí misma mientras me lavaba los dientes y me vestía para irme al trabajo. Cogí a la niña, que iba medio dormida para dejarla en casa de Dave, y me marché al trabajo. Al llegar me topé con Pears, y fui a hablar con él:

- Buenos días -le dije, mientras le saludaba a su vez con la mano-.

- Hola Tacii, ¿qué tal? Que al final no sé qué ha pasado con lo de vivir con Tommy.

- Pues bien, al final me dijeron ayer que sí, y ya hemos llevado algunas cosas, a ver si hoy terminamos.

- ¡Eso es genial! Pero no te veo muy entusiasmada...

- No, sí que estoy entusiasmada, lo que pasa es que me he levantado un poco de aquella manera, y hasta que no me despeje no voy a ser de la siempre.

- ¿Quieres un café? Aunque sea un poco te sentará bien, y además, iba a por uno para mí.

- Vale, yo voy a mi puesto, recojo el arma y te veo allí, ¿vale?

- Vaya, cualquiera diría que vas a relevarme en el cargo -se rió-. Sí, señora, en cuanto tenga los cafés voy a tu puesto y nos los tomamos tranquilamente -le sonreí-. Ahora vuelvo -se fue hacia el puesto en el que se preparaba comida para la vigilancia-.

Me dispuse a ir hacia el almacén de armas, recoger el francotirador y esperar en mi puesto mientras vigilaba y comprobaba el perímetro:

- Señorita, aquí viene su camarero personal a traerle un café -dijo Pears mientras se acercaba con dos vasos-.

- Gracias Pears. Oye, ¿y tú, cómo estás?

- Bien, ahora entre reuniones y más reuniones no tengo in un respiro, es lo que pasa cuando crees que tu puesto de trabajo no puede interferir en tu vida cotidiana. Pero bueno, espero que ya, cuando se decida qué hacer, tenga más tiempo libre.

- Eso te pasa por ser bueno en tu puesto, que solicitan tu presencia constantemente -me reí-. No iba con segundas, ¿eh?

- Ah, gracias entonces -me dio un codazo cariñoso-. Bueno, en caso de que luego necesitéis algo de ayuda con la mudanza avisadme, si estoy en casa os voy a echar una mano segurísimo.

- No te preocupes, si es que nos apañamos bien entre Doro, Tommy y yo, y bueno, también es que queda poco por llevar, pero se agradece el detalle. ya quedaremos para celebrarlo cuando esté todo en su sitio -tras acabar aquella frase sentí unas ganas irremediables de revelar a Pears lo que me había pasado con Jerry, pero él ya tenía mucho en lo que pensar, no le quería dar más problemas de los que ya tenía-.

- Con lo de la cena puedes contar -sonrió-. Bueno Tacii, te dejo, que tengo que ir a hablar con algunas personas y tengo cosas por supervisar. Voy a llevar el vaso a la cocina, si has terminado me llevo el tuyo también.

- Ah, claro, gracias -le cedí el vaso-. Nos vemos.

- Hasta luego, Tacii -le vi marcharse a paso acelerado hacia la cafetería-.

No me sentía con ganas de hablar con nadie, evité todas las conversaciones posibles, limitándome a saludar y rehuir. No quería que acabase nunca la hora de trabajar, pero lo hizo, y llegado el momento me preparé para irme.

A medida que iba dejando atrás el puesto de vigilancia sentía como la ansiedad crecía en mi interior, y mis pulsaciones se aceleraban con cada paso. Una vez estuve delante del ayuntamiento me plantee si pasar o no, y tras unos minutos de reflexión, finalmente lo hice, no sabía si aquel tipo era capaz de hacerlo, pero estaba lo suficientemente mal como para insinuarlo y amenazarme con ello, lo cual ya era bastante. Fui directa a su despacho con una mezcla de ira e inquietud, y llamé a la puerta, esperando a que me abriese:

- ¡Maravilloso! Me alegra saber que eres una chica obediente y puntual. Bueno, siéntate -tomé asiento sin dudar, traté de alejarme lo máximo posible de él-. Como hoy es tu primer día no te quiero forzar mucho, hoy vas a hacer algo sencillo -se puso al lado de la mesa y sacó una carpeta de un cajón-. Mira en esta carpeta hay papeleo, y hay que ordenarlo, así que ya sabes, tú mira de qué va cada papel y me los ordenas -me dio la carpeta, tirándola a posta para que yo la tuviese que recoger, y le miré con desdén-. Se me ha caído...¿A qué viene esa mirada? -se acercó a mí y me miró con gesto amenazante, propinándome un empujón en el hombro que casi me tira de la silla-.

- ...lo siento -dije, casi como mecanismo de defensa-.

- No pasa nada, hay que aprender, a las señoritas hay que enseñarlas cómo comportarse. Bueno, ahí tienes los papeles, los quiero en orden alfabético según los apellidos. Y cuando acabes tienes que quitar el polvo del despacho, así me lo ahorras también. ¿Alguna duda?

- Cuando acabe lo que me has mandado, ¿me puedo ir directamente, o te tengo que avisar a ti?

- Es lógico que me tienes que avisar a mí primero, así superviso lo que has hecho, y si está bien te podrás ir.

- ¿Y si no está bien?

- Oh, no, no soy esa clase de monstruo, no voy a enfadarme si está mal, simplemente te tendrás que quedar a hacerlo hasta que esté bien, pero contigo estoy seguro de que eso no va a pasar. Bueno, empieza ya -dijo, mientras se sentaba en su silla a tomarse una copa-.

Me pregunté si alguien entrase qué pensaría. Me puse desde el lado en el que estaba sentada a ordenar los papeles, se hizo mucho más complicado de lo que parecía, sobre todo teniendo en cuenta que Jerry no estaba haciendo nada, solo bebiendo, se limitaba a mirarme, a ver qué hacía, y de vez en cuando sonreía inquietantemente. Cuando acabé con el papeleo se lo di, aunque no pareció interesado en revisar mi trabajo, continuó mirándome mientras quitaba el polvo del despacho. Miré el reloj, eran casi las cinco y media, supuse que cuando acabase me dejaría marcharme. Una vez terminé, guardé el plumero y la bayeta y me situé al lado de la puerta:

- He terminado mi trabajo aquí. ¿Puedo irme?

- No está mal para ser el primer día, ya irás mejorando, pero bueno, me has demostrado que vas a ser una chica obediente y vas a venir todos los días, ¿verdad? -asentí, avergonzada de mí misma-. Así me gusta, muñeca, que hagas lo que yo te diga. Mañana más.

- Hasta mañana.

- Adiós, Tacii -me sonrió lascivamente mientras me marchaba, y me dio un escalofrío-.

Se puede decir que casi salgo corriendo de aquel sitio. Al menos había sido fácil, aguantaría hasta que se cansase y dejase a mi familia tranquila, al menos esperaba que ese día llegase.

No había sido tan malo, me esperaba algo mucho peor, más duro y sobre todo, más vejante, pero se mantenía a raya. Fui a por Alison a casa, y me la llevé andando hasta el hospital para esperar a Tommy. Me encontré con Thomas, lo cual era habitual, y me paré a saludarle y a hablar con él:

- Hola chicas -dijo Thomas con una sonrisa-.

- Hola -dijo Alison entre risas-.

- Bueno, pero qué niña más educada y más simpática -se agachó y Alison fue a darle un abrazo, y se puso en pie-.

- Hoy la has pillado animada porque justo antes de venir se ha comido unas galletas -le dije-.

- Una chica de buen comer -nos reímos-. Esta mañana me ha dicho Tommy que estáis viviendo juntos, enhorabuena.

- Gracias -le sonreí-. Hoy a ver si terminamos de organizarlo todo, pero vamos, que ya ayer estuvimos en la casa juntos.

- ¿Al final dónde os habéis ido?

- A mi piso, mi compañera se ha cambiado de piso, no nos puso ni una pega, fue muy amable.

- Me alegro por ti -vi a lo lejos que Tommy se acercaba, al parecer había salido un poco antes del trabajo-.

- No estaréis hablando mal de mí, ¿no?

- ¿Cómo lo has sabido? -le dije, y se agachó a coger en brazos a Alison y darla un beso-.

- Le estaba preguntando a Tacii sobre el piso.

- Ah, bueno, sí, ahora iremos a terminar. Si quieres mañana ven por a noche, te invitamos a cenar. ¿A ti que te parece, Tacii?

- Uy, muy mal -dije, en broma-. Estaremos encantados de ser tus anfitriones, Thomas-.

- Oh, genial, gracias, desde luego iré. Bueno, voy a volver al despacho, a ver si viene alguien y así tengo que dejar el papeleo.

- Que te sea leve -le dije-.

- Gracias chicos, que lo paséis bien.

- Nos vemos mañana, Thomas -dijo Tommy, y nos fuimos-.

- Has salido hoy pronto, ¿no?

- Sí, es que no venían más pacientes hasta tarde, y no me correspondían a mí, así que aquí me tienes.

- Pues vamos a casa, a ver si terminamos con las mudanzas y podemos tomarnos el resto de la tarde libre.

- Oye, bella durmiente, que no nos hemos saludado.

- ¿Cómo que bella durmiente? -se rió-.

- Tienes la extraña manía de quedarte dormida conmigo, ya es casi costumbre.

- ¿Te molesta? Es que estoy cansada, pero quiero estar contigo, y me siento muy a gusto a tu lado.

- Aw, pero qué mona eres -me besó y se lo devolví-. Me encanta estar contigo, aunque tú estés dormida, para nada me molesta, cielo -le di la mano y me miró, sonriente-. Hoy estás muy cariñosa, ¿no?

- Tenía muchas ganas de verte -le sonreí, y me atrajo hacia él para volver a besarme-. Bueno, vamos para casa, que a este ritmo no llegamos.

Nos dimos prisa en llegar. Doro prácticamente había terminado de llevar sus cosas, y se ofreció amablemente a ayudar con las de Tommy, que en realidad eran muy pocas. Terminamos incluso antes de que Doro se fuese a trabajar.

Ayudé a Tommy a colocar sus cosas, aunque se negó, y mientras nosotros las colocábamos Alison se encargaba de descolocarlas de nuevo.

La mudanza había sido divertida, al menos me había ayudado a evadirme durante un rato. Veía las cosas con otros ojos, sabía que podría con ello. Con todo.

O al menos eso creía.

domingo, 10 de junio de 2018

Tornado of Souls - Cap.66: Liar, liar



Sin darme cuenta ya estaba en el sitio de la reunión. Estaba muy nerviosa, veía a gente a mi alrededor que me saludaba, y a otra mucha que no conocía, supuse que serían vigilantes de otras áreas.

Busqué a Pears para quedarme tranquila, pero entre tanta gente no le veía, a pesar de que era un espacio reducido para todos los que éramos.

Tomé asiento, esperando verle en algún momento, y recordé que tenía que hablar con Ralph también. ¿Por qué estaba tan nerviosa? Sentía el latido de mi corazón cada vez más fuerte, e intenté calmarme, sin éxito, por desgracia lo único que conseguía con ello era estar más nerviosa. Me sobresalté cuando me dieron en el hombro:

- Pues menos mal que no me has visto la cara -dijo Pears, mientras se sentaba en una de las sillas libres que estaban a mi lado-.

- No me he asustado por tu cara, estoy acostumbrada -nos reímos-. Estaba pensando, sólo eso.

- ¿Ah, sí? Bueno, supongo que será importante, así que, ilumíname, dime en qué piensas.

- Verás, Tommy me dijo que dijo que había pensado que viviésemos juntos, lo hablamos ayer y bueno, vamos a intentarlo. Hemos decidido quedarnos en mi piso actual.

- Oh, qué bonito, cuántas noches sin dormir me esperan -se rió-. Es broma, me alegro de que vayáis a vivir juntos. Pero, ¿cómo lo vais a hacer?

- Pues ahora si veo a Ralph se lo comentaré, y cuando acabé la reunión a ver si puedo hablar con el al respecto tranquilamente, para que me diga qué procedimiento tengo que seguir. Tal vez no necesitamos hacer nada, pero es mejor prevenir que curar, ya me entiendes.

- Vas a volver a vivir con un hombre, pero esta vez no voy a ser yo, me debería poner celoso...

- No por favor, Pears, yo te quiero, pero solo como hermano.

- Anda, y yo a ti, no te hagas ilusiones -nos reímos-. Si quieres busco a Ralph, y si le veo se lo digo, que creo que sé dónde puede estar.

- Te lo agradecería mucho, porque igual luego se alarga la cosa y no le pillo.

- Todavía tengo tiempo, así que no te preocupes, voy ahora mismo, cuídame el sitio, eso sí -dijo mientras se levantaba de la silla-.

- Muchas gracias, te debo una.

- Lo apuntaré en tu cuenta -se fue a paso ligero-.

Me entretuve mirando a mi alrededor, por si veía alguna cara conocida con la que poder hablar un rato, pero cada vez me resultaba más extraña la gente, salvo a algunos de mi puesto con lo que a penas me había relacionado, no vi a nadie.

A lo lejos vi a White, parecía estar buscando a alguien, y vi que preguntaba a varias personas. Quise levantarme para saludar, pero quedaban unos pocos minutos para que empezase la reunión y tenía que quedarme con las cosas de Pears. Alguien me dio en el hombro, y era efectivamente Pears:

- Vaya, no te has asustado ahora, será que no estabas pensando.

- Qué idiota eres, de verdad -se rió mientras se sentaba a mi lado-. Bueno, cuéntame.

- Le he comentado que una vigilante de mi puesto quería mudarse con otra persona, no he especificado que fuese con su novio ni nada, y bueno, me ha dicho que en principio no hay problema, de la gestión se encarga una persona que tienen asignada aquí, tienes que buscar a un tal Jerry Cantrell. Ralph me ha dicho que ya ha concertado la cita para cuando acabe la reunión, y que si hay algún problema con el trámite que se lo digas de inmediato.

- Vaya, vienes cargadito de información. Entonces tengo que buscar a un tal Jerry para comentarle esto que tenemos pensado hacer, ¿y ya?

- Parece que sí, ¿qué esperabas, que te pidiesen un año de abogacía o algo así para solicitar el traslado?

- No, la verdad es que no tenía nada pensado, estaba simplemente esperando a que pasase y luego extrañarme, independientemente de lo que fuese.

- ¿Pensar las consecuencias de tus actos? Vaya locura... -le miré despectivamente-. Eh, que te veo venir, o bien estás pensando algo muy ofensivo para decirme o me vas a pegar.

- Creo que me voy a esperar a responderte a esa pregunta a que nos veamos fuera de un sitio con tanta gente que pueda pararme antes de que te pegue -nos reímos-.

- Supongo que ya habéis hablado con Doro, ¿no?

- Sí, ella dice que mientras se quede en el edificio le da igual dónde estar, y bueno que... -vi que aparecía Ralph en la palestra-. Bueno, luego te sigo contando -dije a Pears en voz baja-.

- Buenos días a todos, en primer lugar agradecer vuestra presencia -hizo una breve pausa, colocó los papeles sobre un atril que le habían colocado y continuó-. Como todos sabéis, la situación de la ciudad se mantiene estable, pero la calidad de vida se ha visto drásticamente afectada por ciertos inconvenientes a los que nos hemos tenido o tenemos que enfrentar, y es a lo segundo a lo que voy. En una revisión reciente, se observó que los huertos se volvían a recuperar, así que con respecto al cultivo las cosas van más o menos bien, pero aún hay cosas que tenemos que solucionar, y una de ellas es reunirnos con el grupo de militares que llegó hace relativamente poco. La situación es la siguiente: no sabemos si ellos saben de nuestra existencia, es más que probable que sí, pero no vamos a afirmar nada aún. El grupo de gestión de la vigilancia y demás agentes nos hemos reunido para determinar qué hacer al respecto, y la mayoría estaba de acuerdo, incluyéndome yo, en proceder a contactar con ellos de forma pacífica, lo que quiere decir que vamos a llevar a cabo un acercamiento, y que para ello necesitaremos una serie de personas muy específica, sobre todo con capaz de persuadir, por si es necesario. Lo que queremos pactar con ellos es el reparto de la zona para poder abastecernos y no molestarnos el uno al otro.

- ¿Y si son hostiles? -preguntó una chica que estaba sentada no muy lejos de donde yo estaba-.

- Si es así tarde o temprano nos tendremos que enfrentar. Activaremos el protocolo de actuación de los agentes de seguridad si vemos que esto ocurre. Aseguraremos a los civiles y defenderemos con uñas y dientes lo que es nuestro -sin saber muy bien por qué, un grupo de gente se puso a aplaudir con gran énfasis-. En los siguientes días os daremos más instrucciones, se lo comunicaremos todo a los jefes de cada grupo. Lo único que es definitivo es las instrucciones a seguir, si hay alguna duda al respecto podéis aprovechar y preguntar ahora, antes de que continúe con otros asuntos.

La reunión siguió su curso, no duró demasiado, después de decir un poco por encima lo que iba a tratar, se metió más a fondo con lo que tendríamos que hacer cuando se organicen los grupos para ir al refugio de los militares, cuyo paradero desconocíamos, aunque teníamos una idea aproximada de dónde podría estar. Nos habló de los otros procedimientos que se trataron durante la reunión del día anterior, y cómo se debe proceder a grandes rasgos si se establece el protocolo.

Una vez todas la dudas fueron resueltas, se dio por terminada la reunión, y cuando vi que más o menos había movimiento de gente, fui a buscar a la persona con la que tenía que tratar el tema de la mudanza. Pregunté a algunas personas, pero ninguna me pudo ayudar, hasta que a lo lejos vi una figura que me resultó vagamente familiar. Al ver más de cerca a aquella persona la identifiqué, era Daisy, la chica que nos encontró y nos trajo aquí. Era la hija de Ralph, así que probablemente sabría cómo estaba organizado este sitio y podría echarme una mano:

- Hola, no sé si me recuerdas, pero soy Tacii, una de las personas del grupo que te encontraste y trajiste aquí hace un año.

- Sí, os recuerdo. ¿Cómo os van las cosas por aquí?

- Muy bien, cada uno vamos por nuestro lado, las cosas van bastante bien, no nos podemos quejar. ¿Y tú?

- Nada, hago lo de siempre, la gestión aquí ya se ha convertido en rutina. ¿Has venido a la reunión?

- Sí, soy parte de la seguridad de la zona este.

- Ah, es verdad, ahora que lo recuerdo, tú eras la chica que venía con la pierna mal, ¿verdad?

- Sí, pero ya la tengo en perfectas condiciones, tuve un buen cuidado. Cuando me recuperé me pusieron a trabajar aquí.

- Me alegro de que te vayan las cosas tan bien, espero que siga así.

- Lo mismo te digo. Por cierto, ¿sabes dónde puedo encontrar a un tal -hice memoria, sólo recordaba el apellido- Cantrell?

- ¿Jerry Cantrell, del departamento de Gestión de espacios?

- ¡Sí!

- Te llevo allí si quieres, no está muy lejos su despacho, y yo ahora no tengo nada que hacer hasta que mi padre me dé una nueva orden.

- Te lo agradecería.

Seguí a Daisy, la verdad es que era una chica muy amable, no se parecía en nada a Ralph, supuse que sería más parecida a su madre, pero por no entrometerme en su vida no dije nada. Giramos un par de veces, y todo recto estaba el despacho del tipo con el que tenía que hablar. Mientras llegábamos, ella y yo estuvimos hablando:

- ¿Vas a hablar con él por algún motivo concreto? ¿Tienes problemas con tu hogar asignado?

- No, no, que va, estoy perfectamente. Es que mi novio y yo queremos vivir juntos y para la mudanza por lo visto hay que hacer una pequeña gestión aquí.

- Oh, me alegro, pensaba que se trata de algún problema. Bueno, pues aquí es.

- Gracias por traerme.

- De nada, nos vemos -se despidió y se marchó-.

Llamé a la puerta, me sentía ciertamente insegura, pero sería cuestión de unos pocos minutos, y ya estaría todo hecho. Cuando oí "Adelante" abrí la puerta con delicadeza.Sobre una silla de polipiel negra vi al tipo, tenía ojos claros, pelo rubio largo y liso, e iba vestido de forma informal. Me sorprendió encontrarme a una persona así, esperaba que en el cargo estuviese alguien mayor. Entre, cerré la puerta y tomé asiento:

- Buenas, tú debes ser la chica que me ha dicho Ralph que se pasaría, ¿verdad?

- Sí, venía por una mudanza.

- Antes necesito saber tu nombre, para consultar el archivo.

- Ah, claro, perdona, mi nombre es Tacii Hale.

- Perfecto -tomó un papel que tenía sobre la mesa y lo apuntó-. Dime el motivo de la mudanza, lo valoramos y voy al archivo a ver cómo se puede hacer.

- Bueno, la mudanza no la voy a llevar a cabo yo. Verás,mi pareja y yo queremos vivir juntos, y él se va a venir a mi piso. La cuestión es que tanto él como yo estamos compartiendo piso con otras personas, y una se queda sin compañero, lo cual no es problema, pero la otra persona, que es con la que yo vivo, necesita un piso, y me dijo que a ella le vendría muy bien si es en el mismo edificio.

- ¿Tu pareja cómo se llama?

- Tommy Karevik -vi que apuntaba su nombre y algunas cosas más muy puntuales-.

- ¿Vivís todos en edificios separados, o en el mismo?

- Estamos todos en el mismo.

- Muy bien, si me das unos minutos voy a buscar el registro -se levantó, se marchó y cerró la puerta tras de sí-.

Al menos ya estaba tranquila, era más el momento de decirlo que lo que él me tuviese que decir al respecto. Ya no estaba nerviosa, un poco inquieta por saber qué es lo que decidiría a continuación, pero al menos nada se había torcido. Miré el reloj, aún no había salido Tommy, así que podría ir a buscarle, mucho se tendría que alargar la cosa como para que no pudiese hacerlo.

A los diez minutos entró el gerente en el despacho con varias carpetas, se sentó, y se puso a mirarlas por encima:

- Hay un par de pisos disponibles en el edificio, sería cuestión de hablarlo con Ralph, pero no parece que vaya a haber ningún problema aparentemente. Como lo tengo que estudiar a fondo y hablarlo con Ralph ahora mismo no te puedo decir nada, pero para mañana sí que te podré dar una respuesta.

- Perfecto, entonces, ¿mañana me paso?

- Te llamaré y te citaré cuando organice el calendario.

- Ah, pues te doy entonces el número de teléfono de la casa.

- No te preocupes, consta en tu ficha.

- Pues eso que me ahorro entonces -sonreí ligeramente porque me empezaba a sentir incómoda-.

- ¿Ocurre algo?

- No, nada... -dejó de mirarme por fin y se puso a mirar los papeles otra vez-. Bueno, me pondré ahora a revisarlo hasta que vaya a hacer otras cosas. Luego te llamaré. ¿Te viene bien a alguna hora?

- Pues sobre las cinco de la tarde yo creo que es más que seguro que esté en casa, pero sino llama cuando puedas, mi compañera de piso puede responder y coger la cita.

- No te preocupes, procuraré llamar cuando me has dicho. Ya te puedes, ir mañana nos vemos.

- Gracias, adiós.

- Hasta mañana.

Salí con la duda de qué sería lo que decidiese, cuando Pears me habló me dijo que no había gran cosa que hacer, sólo hablar con este tipo, pero parecía que se tenían que hacer más trámites de los que había previsto antes de hablar con él.

De todas formas, dejé de pensar en ello, solo tenía que esperar un día para saberlo, no era para tanto. Fui a casa a por Alison y después a esperar a que Tommy saliese.

Fui a saludar de paso a Thomas, al final Tommy terminaron llevándose estupendamente y eran buenos amigos. Como tenía la puerta abierta pero se veía que estaba ocupado con papeleo, le saludé con la mano y le dije "Hola" en voz no muy alta para que no me llamasen la atención. Me senté cerca de la consulta de Tommy, y esperé a que terminase el turno.

Cuando salió lo primero que le dije fue lo que había hablado con Cantrell. De camino a casa no nos entretuvimos, sobre todo yo, tenía prisa por si llamaban y yo no estaba.

Me quedé en casa, no quería salir para nada, además no lo necesitaba. Estaba constantemente mirando el reloj, impaciente porque el teléfono sonase, sabía que lo haría en cualquier momento, pero deseaba que fuese lo antes posible. Tenía a Alison sentaba en el sillón jugando con un muñeco de peluche, y de vez en cuando me ponía a jugar con ella para despejarme. En una de estas ocasiones, a las cinco y media pasadas, sonó el teléfono, y fui rauda a cogerlo:

- Hola, soy Tacii, ¿quién llama?

- Buenas, soy Jerry Cantrell, te llamaba por lo que hemos hablado esta mañana. Mira, si te viene bien podemos concertar una cita mañana para determinar cómo proceder, ¿vale?

- Sí, me parece bien. 

- Sólo me tienes que decir a la hora que mejor te venga, para reservarte ese espacio de tiempo.

- Cuando salga del trabajo, suele ser a las cuatro de la tarde, se puede alargar un poco, pero no demasiado.

- ¿Qué te parece entonces si te pongo a las cinco? Así vienes más tranquila y te tomas tu tiempo.

- Oh, bueno, pero a esa hora mi pareja no puede venir, y me gustaría que fuese también...

- No te preocupes, va a ser algo rápido. ¿Él a qué hora sale?

- A las seis de la tarde.

- Bien -hizo una breve pausa-. Bueno, pues nos vemos a las cinco, porque a las seis yo ya no tengo espacio en la agenda.

- Está bien, cuando salga le comunicaré lo que hablemos. 

- Perfecto, pues mañana nos vemos -acto seguido colgó-.

Me decepcionó un poco que Tommy no pudiese tener la oportunidad de venir conmigo, pero sabía que lo entendería, además, así si la cosa salía bien le daría yo la sorpresa. Fui a decir a Tommy lo de la reunión, y me dijo que no pasaba nada, que si necesitaba cualquier cosa él podía salir antes en un momento dado.

Pasé el resto de la tarde y parte de la noche pensando en qué podría pasar, y cómo se lo comunicaría a Tommy, quería sorprenderle, y pensé en darle una copia de las llaves y probablemente le escribiría algo bonito también. Me quedé dormida con aquella imagen en mi cabeza metida, esperando que eso fuese lo que sucedería.

Me levanté temprano, estaba bastante descansada a pesar de los nervios. Cogí a Alison y la dejé con Dave, y casualmente fue él el que parecía querer hablar conmigo:

- Así que os vais a ir juntos...

- Sí Dave, espero que no te moleste.

- Eso da igual, yo perdí mi oportunidad, y bueno, ahora eres feliz, la vida sigue, tanto para mí como para ti.

- Vaya, no esperaba que fueses a ser tan comprensivo.

- No merece la pena que discutamos por ello, lo único que voy a conseguir es perjudicarte a ti y a mí, y yo creo que ya ha sido suficiente. Entiendo tu forma de actuar, quiero que lo sepas, aunque no lo comparto, pero es algo que no me queda otra que respetar.

- Me alegro de que pienses así, a pesar de que las cosas acabasen mal entre nosotros me gustaría poder seguir contando contigo. 

- Lo mismo digo. Por cierto, hoy recogeré a Alison un poco más tarde, tengo que ir a una reunión, ¿te importa? Si no me paso a por ella antes y ya está.

- No te preocupes, entro a trabajar tarde, así que tómatelo con calma.

- Gracias Dave.

- No tienes que darlas.

Me fui desconcertada, el tiempo le había hecho mucho bien a Dave, parecía otra persona, había entendido todo muy bien, me alegraba de haberle dado una segunda oportunidad como persona, me había demostrado que la merecía, y que seguiría siendo del grupo, aunque cada uno estuviésemos haciendo nuestra vida.

Llegué al trabajo, y se me hizo eterno. Estuve un tiempo en la torre hablando sobre lo que se había comentado en la reunión, y después baje a echar una mano a los novatos para usar arcos, era de las armas que más usábamos debido a que las flechas se podían recuperar y eran también fáciles de conseguir si se rompían o extraviaban. Pasé el resto del tiempo que me quedaba de trabajo yendo de un lado a otro impaciente. Cuando fueron las cuatro en punto, al ver que todo estaba muy tranquilo, me fui pitando, sabía que iba a llegar pronto, pero eso también supondría que entraría antes, o al menos eso esperaba.

El recinto que la gente conocía como "ayuntamiento" estaba muy tranquilo también, había muy poca gente, y casi todos eran trabajadores. Fui directamente al despacho de Jerry, recordaba dónde estaba, así que tampoco tuve que preguntar. Llamé a la puerta, esperé unos segundos, y él mismo la abrió:

- Oh, vaya, no te esperaba tan pronto -vi que llevaba una copa de whisky en la otra mano-. 

- Si quieres espero a que sea la hora, no me importa, es que he venido deprisa.

- No, no, no te preocupes, tú ven, y así dejamos el tema zanjado -pasé a su despacho y me senté-. Bueno, hemos estado valorándolo todo, y después de haberlo pensado largo y tendido...

- ¿Sí?

- ¿Estás nerviosa? -sonrió al comprobar que así era-. Pues que autorizamos el trámite, el nuevo apartamento de Doro será el 1ºB, que está vacío, es posible que en un futuro tenga que compartir, pero de momento no, y si es así puede venir aquí a que lo solventemos. 

- Estupendo, entonces, ¿ya está?

- Sí -se puso en pie-. Espera, que te abro la puerta.

Me puse de pie tras él, y le vi abrir la puerta, pero inmediatamente la cerro, y pensé que tal vez se había olvidado de decirme algo. 

Sacó del bolsillo de su pantalón una llave, con la que cerró la puerta.

lunes, 4 de junio de 2018

In Twilight Hours

In an ocean deep
On a river wild
The water pulls me down
Never to be found again

You never really know
How could I know?
How many tears you own
Until the day they were gone
Gone without a trace
Until the day fell anew
Fell anew

Tell me, tell me God
What is left here for me
I'm a ghost in the window
Oh God set me free
And in twilight hours
I await forgiveness
That never comes

Out there in the cold
Remember me
Along the broken road
Of reveries
When you're rising from the dead
Reviving from the dust again

[...]


In Twilight Hours - Kamelot ft. Jennifer Haben

Una de las canciones del nuevo álbum de Kamelot "The Shadow Theory" que más me ha marcado y que en estos días no me he podido quitar de la cabeza.

Esta canción, entre otras muchas cosas, me ha hecho pensar, y me gustaría dedicar esto a todas aquellas personas que se den por aludidas a continuación, para quien lo necesite.

No se pude vivir siendo infeliz, eso es un hecho, y aunque sea una solución, evadirte de la realidad y pensar en otras cosas no van a hacer que el problema desparezca, solo que por un rato no esté ahí, pero te engañas a ti mismo. Y piensas "Da igual, merece la pena" y sigues aguantando, pero como todo, no dura para siempre, y por amplísimo que sea tu mundo interior todo se acaba desmoronando tarde o temprano. Hay que ponerle fin a eso.

Creemos que mirando hacia otro lado las cosas dejan de suceder, pero no es así. Déjate de engañar, de culpabilizarte y victimizarte, y martirizar a todos aquellos que te rodean, da un golpe en la mesa y cambia las cosas. Hay solución para casi todo, y si es así, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para cambiar, no podemos esperar a que las cosas sucedan por sí solas, el mundo es de los que luchan. 

Es fácil pensar así, actuar ya no, pero requiere de nosotros un esfuerzo que hemos de hacer si queremos vivir nuestra vida de forma satisfactoria. Regocijarse en la miseria no nos va a llevar a ningún sitio, hay gente en situaciones muy difíciles que salen adelante de la forma que puedan, luchan por ello, y si ellos pueden, tú también.

No permitas que nadie te diga qué es lo qué tienes que hacer, cómo ser o qué decir si no es compatible contigo, no dejes que te cambien ni te manipulen a gusto ajeno, impón tus ideales y principios, porque ante todos son tuyos, y no aceptes burdas justificaciones a esos actos. Nadie puede decidir por ti, porque ante todo eres un ser humano que tiene unos derechos inalienables, dotado de libertad, y ni siquiera las personas que te han concebido pueden decidir quién vas a ser tú, cómo vas a pensar, qué te va a gustar, etc. 

Date ánimos, porque nadie más que tú va a poder conseguirlo, persigue tus sueños y lucha hasta el final si crees en ello, porque va a merecer la pena, independientemente de lo que cueste. Vales mucho, recuérdalo siempre, todos tenemos algo que nos hace especiales, seamos como seamos, independientemente del sexo, etnia, edad, peso, orientación sexual, ideología, cociente intelectual, etc. 

Somos personas, no números, y si para alguien eres sólo una cifra, no le des vueltas, porque lo único que tiene que importarte es que para ti mismo seas alguien con cualidades y defectos, un ser humano capaz de superar sus obstáculos, con la fuerza suficiente para afrontar todo lo que venga a continuación.

 No dejes que nadie te diga quién eres, no dejes que nadie te condicione, pon límites y sé ante todo, sé feliz, porque la vida es demasiado corta, y hay cosas que no están en nuestra mano. 

Dedica tu tiempo a la gente de tu alrededor que te hace feliz y te importa, pero sobre todo, quiérete y date tiempo a ti mismo, porque lo necesitas y te lo mereces, las cosas son lo suficientemente difíciles fuera como para tú complicártelas por dentro. 

Demuéstrate de lo que eres capaz, porque a la única persona que le tiene que importar e impresionar lo que hace eres tú. Saca tu orgullo a relucir, y muestra las uñas a aquellos que lo menosprecien.

Yo no soy ni una "niñata asquerosa" ni un "gordo de mierda" ni un "sucio negro" ni una "marimacho" ni un "retrasado" ni nada por el estilo. Yo soy una persona, que como el resto, tengo derecho a hacer mi vida, ser feliz, y de seguir adelante siempre. Soy una fiera, una bestia, soy el mejor y voy a poder con todo, ese soy yo, y siempre lo seré.

sábado, 2 de junio de 2018

Tornado of Souls - Cap.65: Life Is Life


Un año después


El tiempo había avanzado muy deprisa. Pasamos por una gran época en la ciudad, estábamos perfectamente abastecidos y todo apuntaba a un futuro muy próspero, pero lo bueno no duraba para siempre. 

Las tierras se habían empezado a resentir, y los cultivos eran cada vez peores, la obtención de comida por otros medios, como la caza  o la pesca era lo que nos permitía subsistir, y ni con esas parecía que fuese suficiente. Éramos muchas personas, y algunas de ellas, las que peores condiciones estaban, enfermaban, y cada vez había menos medicamentos para tratarles y las salidas tenían que ser más prolongadas.

Tal vez eso no hubiese sido el único problema si hubiésemos estado solos. Hacían unos meses habían llegado un grupo de militares cerca de nuestra zona. No vinieron aquí, sino que se buscaron su propio hogar, y habían empezado a llevarse las cosas indiscriminadamente. Pero eran muchos, y militares, que tenían más conocimientos sobre cómo combatir que nosotros, así que ¿quién les iba a decir algo?

Y respecto a lo de la grieta, no volvió a pasar nada parecido, sólo hubo un susto con una persona a la que mordieron, pero se le redujo rápidamente y no llegó a herir a nadie.

Respecto a mí, pocas cosas habían cambiado, me estaba dando cuenta de que me empezaba cada vez más a acostumbrar a aquella comodidad y falsa "seguridad" que nos proporcionaban los muros, y no quería sentirme así porque sabía que en algún momento tendría que volver a luchar.

A pesar de que las cosas iban cuesta abajo, aún nos podíamos gestionar bien, pero ahora teníamos otros objetivos adicionales que alcanzar, de entre ellos, contactar con los militares que se estaban adueñando de la zona, al menos para poder organizarnos y no perjudicarnos mutuamente.

Era por la mañana. Fui a llevar a Alison con Dave, al menos, ya que andaba la pequeña no era tan complicado desplazarse, aunque no tenía la suficiente práctica como para permanecer andando mucho tiempo. Con el paso el tiempo Dave se ha ido relajando, y parece amigable, más o menos como había sido cuando le conocí.

Después me fui a trabajar. Seguía haciendo lo mismo, mi cargo no se había modificado, a veces me dedicaba a enseñar a algunas personas nuevas a manejar el arma y estrategias para sobrevivir a los zombis por petición de Ralph, para tener personal mejor cualificado trabajando.

Llegué pronto al trabajo, y me topé con Pears de camino:

- Oye, podías haberme avisado y hubiésemos ido juntos.

- Ah, perdona, sé que tienes mal despertar y prefiero no ser el responsable de tu enfado -se rió-. Es broma, ¿eh? No te he despertado porque pensé que vendrías más tarde, normalmente entras a las nueve, y ahora son las ocho y media.

- Eh, que otras veces también vengo a esa hora -le di en el brazo-. Lo que pasa es que yo he salido pronto...y alguien ha salido tarde -nos reímos-.

- Tienes razón, ayer me acosté tarde y me ha costado una barbaridad levantarme.

- Qué raro, Pears no cumpliendo los horarios... -dije con sorna-.

- Ja-ja, qué graciosa. Me puse a pensar, la verdad es que me siento extraño últimamente, yo creo que el hecho de haber estado pendiente tanto tiempo por nuestra supervivencia hace que me resulte incómodo estar en un lugar a salvo, es como que no estoy cumpliendo con mi deber.

- Ahora tienes otras cosas que hacer, y sigues teniendo que estar pendiente de nosotros, aunque no tanto como antes de que llegásemos aquí.

- Resulta paradójico que la persona menos confiada en venir aquí sea la que me esté diciendo esto ahora -nos reímos-.

- Ya, es cierto, he cambiado mi forma de pensar al respecto, y no es que sea nada malo, es simplemente un proceso, nuestra forma de pensar cambia con el paso del tiempo, y en estos últimos meses he empezado a disfrutar más de todo porque me he confiado, aunque eso no significa que esté con la guardia bajada.

- Lo sé. No quería decir que no estuviese bien aquí, a pesar de los problemas que estamos teniendo con los recursos, al menos tenemos un lugar en el que estar seguros y llevar una vida como la de antes. Lo que quiero decir es que me cuesta adaptarme a la larga, y pensaba que no sería así.

- Pero cada persona es un mundo Pears, no te martirices con eso más, procesamos las cosas a nuestra manera, y siempre va a estar bien porque la suma de esos procesamientos eres tú, y eso te hace único.

- Wow Tacii, sí que has madurado, incluso no he entendido lo que me has querido decir -nos reímos-. Te has vuelto una blandengue, antes me habrías amenazado o pegado con algún objeto peligroso.

- Hala -me reí-. ¿En serio yo era así?

- Más o menos, me dejaste algún que otro moratón en una guerra de almohadas un día que Anne y tú os pusisteis violentas conmigo porque no quise ver una película de terror.

- Como para olvidarme -nos reímos-. Bueno, soy más mayor, aunque ya fuese adulta por aquel entonces la experiencia me ha hecho darme cuenta de muchas cosas.

- Sí, eres más vieja, eso no lo dudo, lo veo en tus ojos...y en las patas de gallo que se pronuncian alegremente -le di un golpe en el brazo-. ¿Ves? Ya me extrañaba a mí mucho que no me pegases.

- Qué idiota eres, Pears -dije mientras nos reíamos-. ¿Qué planes tenemos para hoy?

- Como es lunes, les voy a dar una tabla de ejercicios a los principiantes para que entrenen hoy por su cuenta, y cuando acaben, dos se irán contigo a la torre.

- Esa es una forma muy original de decirme que hoy me toca ir a la torre -al soltar el comentario le sonreí para que no creyese que estaba molesta-. ¿Tengo que hacer lo de siempre?

- Sí, vigila, si ves que se amontonan me avisas y vamos a limpiar, y nada más en un principio. Tengo que ir a hablar con Ralph esta tarde, así que mañana temprano habrá una reunión seguramente.

- ¿Y eso?

- Por lo del otro asentamiento, ya sabes, vamos a hablar los encargados de cada grupo de seguridad hoy, y en un principio mañana nos convocan a todos, con la decisión provisional o final que se adopte. Ahora cuando lleguemos se lo comunicaré al resto.

El camino se me había hecho especialmente corto, normalmente iba sola a trabajar, y el hecho de tener compañía siempre resultaba ser muy ameno, sobre todo por las mañanas, que estaba todo muy solitario y silencioso.

Al llegar me fui directa a la torre. Pears me pidió que informase a la gente de arriba sobre la reunión de mañana, y así lo hice. Todos estaban muy tranquilos, al parecer iba a ser un día normal de trabajo, sin incidencias, de esos días que siempre son bien recibidos. Tenía un rifle de francotirador para asegurar la zona, y aproveché la calma para limpiarlo. White me había enseñado a hacerlo, por lo visto era su arma predilecta y la conocía casi a la perfección, y como a veces no teníamos gran cosa que hacer por aquí, un día me vio interesada en el francotirador y me preguntó si me gustaría mejorar con el uso del rifle, y como es obvio, yo le dije que sí.

Un poco antes de terminar mi jornada de trabajo, uno de los chicos de la torre vio algo raro a través de los prismáticos. Me acerqué para ver de qué se trataba: era un vehículo los militares, al parecer salían a buscar o a hacer algo, pero no era habitual. No parecía nada grave, aunque cuando bajaba para prepararme e irme se lo dije a Pears, siempre era importante mantenerte informado, y más is se trata de gente desconocida.

Volví a casa a por Alison, y vino tan rápido a recibirme que se cayo de culo, pero se levantó rápidamente, sin importarle demasiado. "Eso es hija, siempre que te caigas, levántate, y hazlo de la mejor forma posible, pero siempre levántate" pensé, sabía que por mucho que se lo dijese ella no lo entendería, no obstante era algo que trataba de inculcara desde que balbucea, algún día lo comprendería.

Después fui con Alison a buscar a Tommy, le quedaba un poco para salir del trabajo, pero como iría  a paso más lento con la pequeña caminante, terminaría llegando justa. Iba con ella de la mano para que no se cayese si se tropezaba, y parecía que cada vea le gustaba más andar. Llegamos al hospital, y me quedé esperando en la recepción, a un lado, con la pequeña sujeta de la mano.

En cuanto la solté la mano, salió disparada, y tuve que seguir agarrándola para que no se volviese a escapar.

Cuando a lo lejos vi que Tommy venía, la solté, sabía que iría directa a por él, y así fue:

- Uy, qué recibimiento -dijo mientras cogía a Alison en brazos y le daba un abrazo-. Hoy estás muy contenta, ¿no? -la pequeña asintió-. ¿Se ha portado bien mamá contigo? -volvió a asentir, sonriente-.

- Ejem, ejem, si lo sé la dejo que venga a buscarte ella sola -Tommy se rió-.

- Voy a hacer caso a mamá, que se pone celosa -bajó a Alison con mucho cuidado y la cogí de la mano para evitar que se fugase-. Oh, vaya, hola Tacii, no te había visto... -le di un golpe en el brazo-. Oye, pero no me pegues.

- Oh, vaya, no sabía que estabas justo donde he estirado mi puño -nos reímos, y me dio un beso-. ¿Ves? Eso está mejor.

- Si quieres podemos ir al parque con la niña.

- Por ella podíamos quedarnos allí a vivir.

Fuimos a un parquecito infantil que estaba cerca del edificio en el que vivíamos. Estaba un poco estropeado, aunque se intentaba mantener para que los niños pudiesen seguir jugando. Como Alison era muy pequeña aún no podía montarse en todos los columpios, aunque no le importaba, los adaptaba a sus posibilidades y se lo acababa pasando muy bien. Mientras ayudábamos a la pequeña a tirarse por un tobogán pequeño, Tommy llamó mi atención:

- Oye Tacii, quería hablar contigo de una cosa...

- ¿Es algo bueno o malo? -pregunté, preocupada-.

- Depende de cómo lo veas tú, no sé, en principio es bueno...

- Qué misterio -me reí-. Bueno, dispara, a ver qué es lo que me quieres decir.

- Pues verás, llevamos ya un tiempo juntos y...

- ¿Me quieres dejar?

- No seas boba Tacii, por supuesto que no. Bueno, sigo -hizo una breve pausa para recordar por dónde iba-. Pues eso, que llevamos ya un tiempo juntos, y también pasamos mucho tiempo juntos, y claro...

- ¿Quieres que pasemos menos tiempo juntos?

- Que no, Sherlock, déjame terminar y ya me dices, que al final me pierdo y no sé qué te he dicho y qué no -me reí-. ¿Lo hacías aposta?

- Era para liberar un poco de tensión -me miró muy serio, pero se rió, por lo que me dio a entender que no se había enfadado-.

- Antes de que a la señorita le dé el venazo humorístico de nuevo, llevo un tiempo pensando en que me gustaría que diésemos un paso más en nuestra relación -cuando dijo eso me asustó, esperaba que no fuese tener un hijo o algo así-. ¿Y esa cara? Si todavía no te he dicho nada...

- No, es que me ha impactado tu forma de decirlo. Continúa, que me tienes en ascuas.

- Pues en vez de estar cada uno por su lado, podíamos estar en el mismo, o sea, que podríamos vivir juntos -todo se quedó en silencio por unos instantes-. No te lo digo para que respondas ahora, es algo que tienes que pensar, y si me dices que no no me voy a molestar, así que no te vas sujeta a decir que sí si no quieres -me sonrió-.

- No lo había pensado, pero ni creo que necesite reflexionar mucho al respecto para saber lo que te voy a decir.

- Ah, ¿sí?

- Claro. La verdad es que sí que me parece una buena idea, me gustaría que viviésemos junto, así tendríamos más intimidad como pareja, y bueno, convivir nos puede unir más.

- Genial, no me esperaba una respuesta tan inmediata -nos besamos-. ¿Y cómo lo vamos a hacer?

- Pft, no sé, habrá que hablar con alguien, porque aquí cambiarse así sin más dudo que se pueda hacer. A ver, como mañana por la mañana tenemos una reunión con Ralph, si veo que se queda libre se lo comento, o sino se lo digo después. El caso es que yo mañana por la mañana lo puedo hacer perfectamente, así que si quieres se lo digo, y a ver qué trámites tenemos que seguir.

- Si quieres voy yo contigo, puedo pedir una hora en el trabajo.

- No hace falta -le sonreí-. Y ya mañana, según lo que me diga, pues ya te diré y nos organizaremos -recordé que en la casa no estaba sola, y que también tendría que comentárselo a mi compañera de piso-. Bueno, también tengo que hablarlo con Doro, igual no quiere.

- Es verdad, se me había olvidado. Bueno, lo hablamos con ella ahora cuando lleguemos, a ver qué nos dice, que es más importante lo que ella nos diga que lo que nos diga Ralph.

- Sí, ahora cuando lleguemos lo hablamos con ella. Es comprensiva, seguro que lo entiende, pero bueno, a ver si hay suerte.

Estuvimos un rato más en el parque con la pequeña. La verdad es que lo que dijo Tommy me sorprendió, porque era algo que no me había planteado, pero no obstante me hacía ilusión.

En escasos minutos estábamos en casa. Tommy me ayudó a limpiar la casa, hoy me tocaba a mí, y también duché a Alison. Preparamos la cena, y cada vez estaba más cerca el momento en que tendría que hablar con Doro. No debía estar nerviosa, pero me había hecho a la idea muy rápido, probablemente demasiado. Cuando se abrió la puerta de la casa sabía que era ella, que ya había vuelto del trabajo. Pensé en la mejor forma de decírselo, o al menos de la forma más indirecta posible para que me dijese que sí:

- Hola Tacii -Doro terminó de entrar en el piso-. Ah, hola a ti también Tommy, que no te había visto.

- Hace que no nos veíamos por lo menos un día -dijo Tommy, y nos reímos-.

- Estamos haciendo la cena -dije, sin más-.

- Estupendo, no venía yo con muchas ganas de cocinar -sonrió-. Voy a cambiarme y ahora vengo para poner la mesa -se fue a su habitación y me acerqué a Tommy-.

- Oye, ¿se lo decimos ya?

- Podemos esperar a que me vea con la maleta en la puerta, así se hará una idea también -le miré seriamente, y me sonrió-. Venga, boba, que lo decía en broma. Si quieres se lo digo antes de que cenéis.

- No, tengo pensado decírselo yo, pero me viene bien que te quedes, así si me equivoco al decir algo me puedes corregir. Además, estamos haciendo la cena, así que doy por hecho que te vas a quedar.

- ¿Y me tengo que comer tu comida quemada? -le di en el brazo-. Podrías cambiar de lado, me das siempre en el mismo -nos reímos, y vi por el rabillo del ojo que Doro salía de su habitación con el pijama-.

- Pongo tres platos, ¿no? Porque doy por hecho que Tommy se queda a cenar.

- He tenido una dura negociación con él para convencerle, así que sí, se queda.

- Me alegro, al menos hoy va a tocar comida decente -al decir aquello Doro me miró y se rió, sabía que lo hacía en broma-.

- Yo no cocino queriendo, si lo hiciese seguro que me saldría bien...

- No puede dársete bien todo Tacii -me dijo Tommy mientras quitaba la olla del fuego-.

- Pero seguro que podría hacer al menos algo decente. Que yo sepa no os habéis quejado cuando he cocinado yo...

- Claro, porque nos quedamos sin cenar -respondió Tommy, le fui a dar y se cambió de lado-. ¿Ves? Así mejor, que al final me va a salir un moratón.

Finalmente nos sentamos en la mesa a cenar. No podía parar de mirar a Doro sin saber qué decir, finalmente puse fin a aquel silencio incómodo para hablar:

- Oye Doro, ¿cómo te van las cosas?

- Bien, como siempre, no me puedo quejar, al menos no tengo que ver a esas cosas más. ¿Y a ti?

- Bien también, la verdad. ¿Sabes? -me entraron los sudores fríos, y Tommy me dio la mano por debajo de la mesa al notar que estaba nerviosa-. Hemos estado pensando...

- Ah, dime.

- Verás, es que Tommy yo hemos estado pensando...

- ¿Sí? -me miró con curiosidad-.

- Pues eso, que hemos estado pensando en algunas cosas.

- ¿Me quieres decir algo, Tacii, o vas a seguir dando rodeos? Lo digo porque yo no soy muy buena vidente...

- Eh, ah, sí, claro. Tú sabes que Tommy y yo estamos juntos...

- Algo me imaginaba cuando pasaba tanto tiempo contigo y otras cosas que he presenciado, de alguna forma u otra -se rió-.

- Lo que quiere decir Tacii es que hemos estado hablando de vivir juntos -dijo finalmente Tommy-.

- ¿Y para eso tantas vueltas? -Doro sonrió-. Bueno, mientras a mí me den otro apartamento en este edificio, que me pilla cerca del trabajo, no me importa, tampoco es que tenga muchas cosas que llevarme de mudanza.

- ¿En serio? -le pregunté, sorprendida-.

- Claro. A ver, me gustaba estar aquí porque al final nos hemos organizado muy bien las dos, pero entiendo que queráis vivir juntos, al fin y al cabo estáis saliendo y tenéis un proyecto de vida común, sería injusto si me negase. Que además, repito, me da igual irme, nos seguiremos viendo, espero.

- Vaya, muchas gracias Doro -me levanté y le di un abrazo-. Mañana entonces iré a hablar con Ralph, a ver qué dice al respecto.

- Estupendo, mantenedme informada cuando sepáis algo.

- Claro, contamos también contigo -añadió Tommy-.

Estaba entusiasmada, el hecho de dar un paso adelante en algo me hacía ilusionarme con las cosas, me sentía llena de vida y de ganas de que aquello saliese bien. Terminamos de cenar, y mientras Doro lavaba los platos Tommy y yo fuimos a acostar a Alison:

- Ha sido un día extraño -dijo Tommy, lo cual me sorprendió-.

- ¿Por qué?

- Porque hoy cuando me he levantado pensaba en qué pasaría cuando te dijese lo de vivir juntos, y ahora ya tenemos parte del trámite hecho, ha sido todo tan rápido que me cuesta asimilarlo. ¿A ti no?

- Bueno, yo estoy más sorprendida que extrañada, la verdad es que es algo que me hace ilusión.

- No sabes cuánto me alegro -me rodeo con el brazo-. Entonces mañana es posible que ya sepamos definitivamente si vamos a vivir juntos.

- Sí -dije, sonriendo-. En cuanto salga del trabajo o de hablar con Ralph si se alarga mucho te iré a buscar y te comentaré lo que hablemos, pero bueno, si ves que no estoy, espérame en casa.

- ¿En la mía? Quiero decir, la actual, no nuestra futura casa -se rió-.

- Sí -le sonreí-. Bueno, ¿te quedas a dormir?

- No, tengo que hablar con Dave de lo de irme del piso, que me da igual lo que diga, se lo voy a decir sólo como acto meramente informativo. Además, te vas a cansar de mí cuando vivamos juntos.

- No seas idiota -le di en el brazo de nuevo, y me miró con falsa cara de tristeza-. Bueno, pues entonces mañana nos vemos, ¿no?

- Eso ni se pregunta -me sonrió-. Voy a ir marchándome, que al final se me hace tarde y tengo que hablar con Dave también.

- Vale. Hasta mañana -le di un abrazo-.

- Mañana nos vemos, cielo -nos despedimos con un beso, y se fue-.

- Oh, qué bonito -dijo Doro-.

- ¿Qué pasa? -pregunté, sonrojada por la situación-.

- Que vais a vivir juntos. No lo digo a malas, hacéis buena pareja. Tommy te mira de una forma muy enternecedora, se nota que te quiere mucho.

- ¿En serio?

- Sí, desde que os veo juntos siempre te mira así, y bueno, tú le miras también así. Es bonito, me dais mucha envidia -me dijo, sonriendo-.

- Es cuestión de tiempo, Doro, seguro que encuentras alguien maravilloso, estoy segura de que te espera un destino muy satisfactorio después de todas las calamidades que hemos pasado.

- Lo mismo digo, Tacii. Espero que os vaya muy bien a los dos, si necesitas lo que sea, voy a estar ahí, disponible para mi cocinera favorita -nos reímos-.

- Es una alegría que te lo hayas tomado tan bien. Espero que vengas muchas veces aquí si al final Tommy y yo vivimos juntos, al menos no seré yo la que cocine, intentaré convencer a Tommy para que lo haga él siempre -nos reímos-. Te voy a echar de menos.

- Y yo a ti -nos dimos un abrazo-. Pero bueno, no nos despidamos todavía, cuando me ayudes con las cajas de la mudanza ya tendremos tiempo -nos volvimos a reír-.

Me fui a dormir tras habla con Doro. Tenía mariposas en el estómago, estaba intrigada por saber qué pasaría en la reunión de mañana. Me resultó muy difícil, pero finalmente me dormí.

Me desperté aturdida, un poco más cansada de lo normal, pero llena de energía para afrontar el día que me esperaba. Mi sensación de ansiedad se fue incrementando a medida que se acercaba la hora de marcharme e ir a la reunión.

Estaba claro que no me había planteado que algo podría salir mal, y lo comprendería cuando ya no hubiese marcha atrás...