Una vez terminamos de colocarlo todo, fue cuando verdaderamente me di cuenta de que Tommy y yo ya estábamos viviendo juntos.
Tommy se puso a jugar con Alison mientras yo estaba leyendo. Dejé incluso de leer para contemplar aquella escena, era tan enternecedor que lo único que deseaba era que aquello durase para siempre. No quería interrumpirles porque se les veía muy a gusto, y yo también lo estaba.
Mientras ellos seguían jugando yo me fui a dar una ducha, y cuando salí, Tommy estaba preparando la cena. No habíamos acordado nada de cómo nos apañaríamos, pero me gustaba saber que él se mostraba comprometido:
- ¿Te apetece cocinar? -le pregunté, mientras me acercaba a él-.
- A Alison le ha entrado hambre, y ya que hago su cena, también la nuestra. Por cierto, Thomas me ha dicho esta mañana que hoy no podía venir a cenar porque tenía que madrugar mañana, y hemos quedado en que venga el viernes si a ti te parece bien.
- Por supuesto, Thomas es más que bienvenido aquí -hice una breve pausa-. Oye Tommy, ¿tú cómo te sientes?
- ¿Yo? -me miró extrañado por la pregunta-. Pues muy bien, ¿por qué?
- No, nada, era solo por preguntar.
- ¿Y tú? Quiero decir, ¿cómo te sientes tú?
- Bien también, estoy aún asimilando que vivimos juntos -sonreí-. ¿Vas a ser capaz de aguantarme?
- Solo si tú me prometes que me aguantarás a mí -nos reímos-.
- Es que si te soy sincera es la primera vez que convivo en serio con una pareja, y bueno, no estoy muy acostumbrada a ello.
- Bueno, no te preocupes, no hace falta que lo hayas hecho para poder adaptarte y acostumbrarte.
- Creo que me voy a poder acostumbrar muy bien -le sonreí, y él me devolvió la sonrisa-.
- ¿Eso es porque cocino bien?
- Naturalmente -nos reímos-. Yo creo que después de lo que hemos pasado no va a resultar difícil.
- Parece mentira que hace más de un año que nos conocimos.
- Y las circunstancias en las que nos conocimos -recordé lo mal que lo había pasado con la pierna-.
- Me alegro de haberme encontrado contigo, sinceramente, y de haberte podido ayudar. Y más aún de que ahora estemos así y aquí.
- Esto es algo que nunca te he preguntado y que cuando me besaste en el barco me planteé. ¿Por qué te gustaba yo?
- ¿Me lo preguntas a estas alturas? -asentí-. Fuiste muy amable conmigo, y me transmitías muy buenas sensaciones. Aunque no supiese demasiado sobre ti, sabía lo suficiente, me parecías una chica fantástica.
- ¿Te parecía? -le quise picar-.
- Ahora me lo pareces mucho más, boba -me empujó el el brazo suavemente en broma, y le miré, divertida-. Bueno, hora de cenar -pude ver que Alison se puso en seguida en pie y se dirigía torpemente hacia su silla-.
Parecía mentira que estuviésemos teniendo una vida relativamente normal en medio de un apocalipsis zombi. Unos muros altos eran los que nos habían proporcionado esa sensación de seguridad de la que ahora gozábamos. Yo en ningún momento había bajado la guardia, sobre todo por Alison, en cualquier momento todo lo que teníamos podía venirse abajo. Y más si hay una persona amenazándote.
Procuraba mantener aquel pensamiento lejos, al menos cuando no estaba allí, sometida a su voluntad. Terminamos de cenar y recogimos la mesa. Alison se empezaba a rascarse los ojos, y la llevé a su cama. La habitación de Doro la habíamos organizado de tal forma que su cama la llevamos a su habitación para que Tommy y yo tuviésemos más espacio, y la cuna de Alison la pasamos allí.
Aún estaba un poco insegura, pero la había puesto un walkie para escucharla por la noche, por si acaso.
La puerta de su habitación se quedó abierta, y mientras tanto me puse a limpiar los platos, ya que Tommy había cocinado. Mientras él se preparaba las cosas para trabajar al día siguiente, yo me senté en el sillón a seguir leyendo, aunque esperaba también poder hablar otro rato con él, quería estar todo el tiempo posible a su lado, al menos así me sentía segura.
Continué leyendo hasta que Tommy se sentó en el sillón tras terminar de preparar sus cosas:
- Oye, ¿cuándo tienes el día libre? -me preguntó, mientras se acercaba a mí-.
- Tengo que preguntárselo a Pears porque no estoy segura, con esto de la crisis nos cambian los horarios constantemente. En principio pasado mañana tengo el día libre. ¿Por qué lo preguntas?
- Nada, es que si coincidíamos podríamos salir por la mañana a dar una vuelta por la ciudad con Alison, pero yo solo libro los domingos. De todas formas ya iremos, tenemos todo el tiempo del mundo -me sonrió-.
- Me podrás acompañar al trabajo -le dije, en broma, realmente no le quería hacer madrugar sin ser necesario-.
- Desde luego, y te iré a buscar -cuando dijo aquello me saltaron todas las alarmas, si Tommy venía a buscarme se enteraría de lo que estaba sucediendo, y pasaría algo terrible seguro, así que pensé algo rápido para quitarle esa idea de la cabeza-.
- ¡Oh, ahora que lo recuerdo! No creo que vayas a poder venir a buscarme, porque voy a ofrecerme como voluntaria para ayudar con algunas cosas de...ah, sí, de la escuela, y tengo que ir al ayuntamiento, voy a estar revisando los programas que usan y demás.
- ¿Pero vas a ser voluntaria, o te han forzado a hacerlo?
- No, no, fue una iniciativa absolutamente mía, no te preocupes -parecía que estaba colando, procuré cambiar de tema rápido-. Me ha encantado antes veros a Alison y a ti jugar.
- A mí también, es una niña muy simpática, aunque en vez de colocar las piezas ha empezado a tirármelas a mí, no sé a quién habrá salido -me miró y se rió-.
- Por eso nosotras jugamos con el osito de peluche -nos volvimos a reír-.
Tommy se acercó más a mí, me retiró el pelo de un lado y me empezó a hacer caricias en el cuello. Me acerqué más a él, estaba muy a gusto, y paró, pero empezó a darme besos en el cuello, sabía que era mi debilidad:
- Oye -le dije, entre risas, cuando vi que paró-.
- ¿Qué pasa? -me preguntó él, sonriendo-.
- Que me estabas haciendo muchas cosquillas.
- Era mi intención, pero tampoco te has quejado de ello, ¿eh?
- Claro que no, porque me gusta -me miró, sonriendo-. Estás muy juguetón, ¿no?
- Es posible -me miró con una sonrisa cautivadora-. ¿Entonces quieres que siga?
- ¿Tú qué crees? -dije, mientras inclinaba el cuello para que siguiese-.
Tommy se salió con la suya, aunque tampoco hacía falta que insistiese demasiado, y al final nos fuimos a la cama.
Después de haber estado "jugando" un rato en la cama nos dormimos. Me quedé absolutamente dormida.
Cuando llegó la hora de trabajar de Tommy, sentí como se levantaba para irse. No hacía apenas ruido para no despertarme, iba de puntillas, y se fue a vestir al salón. Escuché que fue al baño, y después volvió a la habitación. Me dio un beso en la mejilla, y no pude evitar sonreír:
- ¿Estás despierta? -me dijo, susurrando-.
- Se podría decir que no -le dije, aún medio dormida-.
- ¿Te he despertado?
- No, no te preocupes, me he desvelado, ahora me volveré a dormir, disfrutaré de la horita que me queda -dije, acurrucándome en la cama-.
- Que descanses, luego nos vemos -me volvió a dar un beso-.
- Que tengas un buen día en el trabajo.
- Igualmente -me hizo una caricia en el brazo y se fue-.
Me dormí al poco de irse él, y me despertó Alison al poco porque tenía hambre y quería desayunar.
Cuando terminé de prepararme y dar el desayuno a Alison la llevé con Dave, como siempre, y me fui al trabajo.
El ambiente estaba muy calmado, y la jornada fue como se planteaba. Empezaba a odiar terminar de trabajar por lo que conllevaba después, pero todos tenemos nuestros problemas, y no debía tampoco quejarme.
Fui al ayuntamiento, y vi a Daisy hablando con un par de personas mientras caminaban por el pasillo. Me oculté hasta que se alejaron de la zona a la que tenía que ir yo, y deprisa, pero sin llamar la atención me dirigí al despacho de Jerry y llamé a la puerta. Tardó un poco en birlar, lo cual pude comprender cuando vi en qué estado se encontraba. La sala emanaba un fuerte hedor a alcohol y sudor:
- ¡Llegas tarde! -me dijo, acercándose con una postura amenazadora-.
- No, he llegado diez minutos pronto, como ayer, y quedamos que a las cinco tenía que estar aquí...
- ¿Ah, sí? -cogió la botella que tenía encima de la mesa y pegó un largo trago-. Bueno, da igual, hoy estoy enfadado. Siéntate y escúchame.
Me senté, sin decir nada, acaté la orden al instante, y me miró despectivamente. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal:
- ¿Por qué debería seguir manteniendo el acuerdo al que llegamos?
- Dijiste que la vida de tres personas importantes para mí corrían peligro, y ese fue el motivo por el cual yo acepté hacer todo aquello que me dijeses.
- Ya, si la teoría me la sé, pero, ¿qué estoy ganando yo?
- Eh... -sabía que era una pregunta trampa, no había una respuesta buena- pues yo hago todo lo que necesites de papeleo, limpio, y si quieres te puedo aconsejar.
- ¡No necesito una puta asistenta!
- P-perd...
- ¡Estoy hablando yo! -se levantó, y sin tiempo a reaccionar me dio en la cara, tirándome al suelo-. Eso es lo que pasa cuando no eres buena con Jerry, ¿ves lo que me has obligado hacer? Sabes que yo no soy así -me callé, me levanté inmediatamente y sentí como me ardían la mejilla y el labio a causa del golpe-. Mira, guapita, yo necesito a una persona que me dé cariño y esté siempre de mi parte, algo así como una novia, pero sin tener yo que perder mi valioso tiempo en ella, no sé si me explico -asentí, sin querer intervenir más-. Eso es lo que quiero de ti. ¿Crees que me lo vas a poder dar? -asentí, pero no parecía convencido-. Necesito que me lo digas con tus propias palabras.
- S-sí, voy a hacer lo que tú digas -parecía satisfecho-.
- Bien, pues, ¿te parece que empecemos ya con eso? -no sabía para qué me preguntaba, si independientemente de la respuesta que le diese él haría lo que quisiera, pero aún así asentí-. Dime cosas buenas de mí o que te gusten.
- ¿Me lo puedo pensar? -volvió a adoptar la postura amenazante de antes-. Vale, pues... Eres una persona que obtiene lo que quiere, sabes convencer...
- No, quiero que me digas cosas físicas mías que te gusten.
- Entiende que es difícil, yo ahora tengo pareja y...
- ¿No me puedes valorar físicamente? Bueno, no pasa nada, tal vez sea demasiado pronto y aún tengas que ver algunas cosas para saber qué responder. Vamos a hacer otra cosa, ¿te parece bien? -volví a asentir, sin prestar demasiada atención a lo que decía-. Desnúdate.
- ¿Cómo?
- ¿No sabes lo que significa?
- ¿Qué me vas a hacer?
- Nada, si me obedeces no te voy a hacer nada.
Sabía que no me podía fiar, pero tenía tanto miedo que tampoco quería tentar a la suerte. Sin embargo no me moví:
- ¿Me estás desafiando? -dijo, mientras se ponía en pie y se aproximaba a mi sitio-. Creo que hace escasos minutos hemos hablado de lo que tenemos en juego y de que me ibas a obedecer, ¿verdad?
- Yo puedo buscar a alguna mujer que haga esto para ti, yo es que...
- ¡Vale ya! -me puso de pie sujetándome por el cuello y me embistió contra la pared-. Esta es la última oportunidad que te doy, si no haces lo que te digo te vas a arrepentir, te lo aseguro.
A pesar de su amenaza no cedí y seguí tratando de resistirme, mientras él procedía con fuerza a quitarme la ropa. Hacía fuerza con los brazos y piernas para liberarme, pero por el miedo también me fallaban, y volvió a cogerme del cuello, esta vez apretándolo. Aprovechó el mareo que me provocó la falta de oxígeno para romperme la camiseta. Se acercó aún sujetándome por el cuello y me dijo, susurrando "Recuerda que tú tienes mucho más que perder que yo, de ti dependen tres personas, y puedes creer en mi palabra".
Tragué saliva, y a pesar de todo, seguí sus órdenes. No sabía cuán lejos estaba dispuesto a llegar, y si cumpliría con la amenaza, pero después de aquel episodio estaba segura de que, al menos en ese sentido, cumpliría con su palabra, así que me quité la ropa, sin mirarle a la cara, me sentía humillada. Me dejé la ropa interior puesta, esperando que con aquello hubiese satisfecho su petición:
- ¿A qué esperas? -me dijo, sentado en su silla-.
- No creo que sea necesario más, tengo frío...
- Me da igual, si yo te digo que hagas algo, lo haces.
Me quité la ropa interior tan rápido como pude, tratando de taparme mis partes íntimas con las manos y los brazos. Jerry se puso de pie y se paseó a mi alrededor, haciéndome sentir extremadamente patética por haber cedido a tan vil chantaje. Cuando terminó de "revisarme", se volvió a sentar:
- Muy bien, al final me has hecho caso, pero he tenido que portarme mal contigo para que lo hicieses, y a ti no te gusta que haga eso, a mí tampoco, claro, quiero conservarte tan bonita como eres. Tu novio está claro por lo que te quiere, eres una tía buena inútil, y habrá que usarte para lo que vales, ¿no? -no quise responder, ni si quiera quería pensar en lo que me había dicho-. Quiero que limpies el suelo con tu ropa, con toda.
- ¿Me la puedo poner?
- Vamos a ver, bonita -se puso en pie y se arrimó a mí, mirándome de arriba a abajo- tienes que limpiar con la ropa, así que no te la puedes poner. Cuando acabes sí, pero todavía no...¿o quieres que repitamos lo de antes? Porque yo ya estoy cansado, así que no voy a tener tanta paciencia, y probablemente vaya directo a romper nuestro acuerdo.
Ni si quiera respondí, me agaché y recogí mi ropa, y con las mismas me puse a limpiar el suelo. Algunas lágrimas cayeron, pero pensé en que después vería a Alison y a Tommy, y me tranquilicé un poco.
Acabé, sin mediar más palabra con Jerry mientras limpiaba. Entendí que cuando asintió ya me podía vestir e irme. Cuando estuve me puse la ropa, antes de irme quería hacerle algunas preguntas:
- Jerry, ¿te puedo hacer unas preguntas?
- Claro, somos amigos, ¿no? -asentí, sin mostrar por fuera lo que realmente pensaba-.
- ¿Cuánto va a durar esto?
- Muy poco, lo estás haciendo bien -suspiré, esperando que aquello que me decía fuese cierto-.
- Y otra cosa, es que mañana tengo el día libre en el trabajo, y me gustaría saber si puedo mañana descansar, quiero decir, recupero ese día en otro momento, no me importa, como si quieres que me quede más tiempo al día siguiente...
- ¿Quién dicta las normas?
- Tú...
- ¿En qué quedamos?
- Sí, está bien, mañana vendré.
- Así me gusta, que las cosas queden claras, así no tengo que volver a repetirlas. Mañana nos vemos.
- Hasta mañana.
Salí mirando hacia abajo, tratando de ocultar mi rostro a cualquier persona. Fui a casa directamente, no me paré para nada, ni siquiera para limpiar mi ropa, que se notaba que estaba sucia, pero me daba igual, lo único que quería era llegar a casa y lavarme, y olvidarme de lo que había pasado allí. Al principio pensé que sería fácil, pero cada vez tenía la sensación que iría a peor.
Fui a recoger a Alison, y tras esquivar astutamente las preguntas de Dave con respecto a qué me había pasado, fui a casa corriendo. Dejé a Alison jugando con sus juguetes, y mientras yo fui al baño, para ver qué aspecto tenía.
Tenía el labio hinchado, y la mejilla colorada, se notaba que algo me había pasado a la legua. Tommy sospecharía que había sucedido algo, así que tenía que disimularlo, e inventarme alguna excusa por si se daba cuenta, cosa que estaba prácticamente garantizada dado el lugar en el que tenía las lesiones.
Me di una ducha rápida y traté de ocultarme lo mejor posible los golpes, aunque inútilmente, pues casi los había acentuado más. Me dejé tal y como estaba, y pensé mejor en una excusa.
Al cabo de un rato me puse a leer, y al poco sonaron las llaves. Alison fue corriendo a ver quién era, y al ver a Tommy fue a darle un abrazo:
- Hombre, hola ratita -dijo, mientras Alison le achuchaba-. ¿Cómo estás?
- Beeeeen -dijo, intentando decir "Bien", y justo en ese momento Tommy levantó la vista hacia mí-. Tacii, ¿qué te ha pasado? -se acercó hacia mí deprisa, preocupado-.
- No pasa nada, tranquilo, está bien, es que he tenido un accidente y me he dado un golpe... -se sentó a mi lado y me dio un abrazo-.
- Pero, ¿cómo ha pasado?
- Verás...-pensé primero qué era lo que le iba a decir para no contradecirme después- estaba bajando las escaleras de la torre y me enganché en el último peldaño, y me caí, me di en el labio, y con el reloj en la mejilla, por eso estoy así -Tommy no parecía muy convencido con lo que le había dicho, pero confiaba en mí-.
- ¿Te has puesto hielo? -negué con la cabeza-. Espera cielo, ahora te traigo un poco, así te calmará un poco la hinchazón de la mejilla. Ahora cuando se te pase un poco te miro el labio, que es donde más daño parece que te has hecho -fue deprisa hacia el congelador para coger algo frío, y me puso un paño con un hielo dentro-. ¿Estás mejor así?
- Sí, gracias -le sonreí-.
- Me podías haber avisado, o incluso haber venido al hospital para verte, por si te habías hecho algo más.
- No te preocupes, si es que estoy bien, ha sido un pequeño accidente, ya está.
- Le das poca importancia a algo que podría ser una lesión y que podría dejarte secuelas. Bueno, ahora descansa un rato, ¿vale? Yo me encargo de Alison, tú quédate con el hielo en la mejilla tumbada en el sillón y si quieres algo pídemelo, ¿vale? -me dio un beso en la frente-.
Tommy se puso a hacer cosas por la casa, y yo mientras estaba en el sillón me sentía muy culpable por no poder contarle lo que estaba pasando, pero no tenía más remedio, no quería que nada de aquello le salpicase.
Me di cuenta que de vez en cuando me miraba y parecía extrañado, tal vez me veía más reflexiva de lo habitual, o simplemente extrañamente callada. No es que no tuviese nada que decir, es que no sabía qué decir. Fue Tommy el que decidió hablar primero:
- Bueno, ¿y qué tal el día? -me preguntó mientras se sentaba a mi lado y me dedicaba su habitual sonrisa-.
- Como siempre, bien, no me puedo quejar... ¿Y tú?
- Bien, he estado atendiendo a unos cuantos pacientes, pero nada serio, la mayoría no tenían nada, déficit en el consumo de determinados nutrientes, pero con medicación se regula. Por cierto, he hablado con Thomas, así que mañana vendrá a cenar. Lo bueno es que me han dado el fin de semana libre, así que me puedo encargar yo de la casa por completo.
- Que no, Tommy, habíamos quedado en que nos repartiríamos las tareas.
- Lo sé, pero yo tengo un día libre más y quiero aprovecharlo para que tú puedas descansar más también -me dio un beso en la mejilla en la que no tenía el hielo-.
- Te lo agradezco -le puse la cabeza en el hombro, quería darle un beso, pero me dolía demasiado el labio-.
- No tienes que agradecer nada. Que por cierto, ¿a Alison estos días que vamos a estar tú y yo la vas a llevar con Dave?
- No lo sé, mañana por la mañana lo voy a hablar con él, y depende de lo que me diga pues me quedaré con la pequeña yo o haré como cuando trabajo por las mañanas.
- Ya sabes que a mí no me importa cuidarla lo más mínimo, de hecho, cuando ha sido necesario yo me he quedado con ella y mírala, ahí sigue -dijo, señalando a Alison, que estaba jugando con un osito mientras canturreaba algo, y Tommy se rió-. Oye Tacii, ¿seguro que no pasa nada?
- Que no, no insistas, estoy bien -no sabía fingir que lo estaba, a pesar de querer aparentarlo-. Lo que pasa es que estoy cansada, y con el susto del golpe pues ahora estoy tranquilita.
- Yo te voy a recomendar que vayas a dormir un rato, y cuando quieras te levantas, o si lo prefieres, dime cuándo quieres levantarte y te voy a avisar yo -la idea me tentaba, así me olvidaría de la experiencia que había tenido en el ayuntamiento-.
- Vale, iré a echarme un rato, así me levantaré mucho mejor -me acerqué a Alison por si ella quería echarse a dormir un rato conmigo-. ¿Te vienes a la cama con mami? -me dijo que "no" con la cabeza rotundamente, y fue con su oso en la mano hacia Tommy-.
- Ah, ¿quieres que juguemos con el peluche? -Alison asintió, sonriente-. Bueno cariño, pues la pequeñaja se va a quedar conmigo, así que ve a descansar, ¿vale?
- Vale -me quité el hielo y le besé-.
- Cuidado, ¿te ha dolido?
- No, estoy mejor después de haberme puesto el hielo -se lo di a Tommy, y me fui a la habitación-.
Sabía que no iba a poder conciliar el sueño, aunque esperaba al menos dormirme unos instantes para así olvidar el episodio del ayuntamiento. Di vueltas, más de las habituales, y procuraba no girar demasiado hacia el lado en el que tenía el golpe. Me pude relajar un poco a pesar de no dormirme, estaba muy tranquila, y sabía que en el lugar en el que estaba me encontraba a salvo.
No sé cuándo fue, al final me quedé dormida, pero sentí que alguien entraba en la habitación. También noté un pequeño haz de luz dirigiéndose hacia mi cara, pero no le quise dar importancia.
Eran las siete y media de la tarde cuando por fin decidí levantarme de la siesta. Vi que Tommy había limpiado la casa y estaba en un lado del sillón encogido leyendo, mientras que en el otro estaba la pequeña, estirada, viendo un vídeo en la televisión. Cuando abrí la puerta de la habitación ambos se giraron, y al verme la pequeña vino corriendo saludarme:
- Hola cariño -la dije mientras la abrazaba-. ¿Te has portado bien?
- Sí -dijo ella, sonriendo-.
- Bueno, es una niña inquieta, aunque no me puedo quejar, me ha ayudado a limpiar -respondió Tommy-. ¿Cómo te encuentras, cielo?
- Me ha sentado bien el descanso, estoy mejor. Por cierto, ¿has entrado tú antes a la habitación?
- Sí, he ido para mirarte el labio, espero no haberte molestado, pensaba que no te había despertado.
- Ah, no, no te preocupes, he notado que alguien entraba, pero poco más, no me has despertado -le di un abrazo y me senté a su lado, aupando a la pequeña para sentarla en el otro extremo del sillón-.
- Lo bueno es que la contusión no es grande, así que en breves se te pasará. Lo que te tienes que tomar estos días son antiinflamatorios, y si ves que eso no te mitiga el dolor, la inflamación o te duele más, tendrías que ir al hospital, pero eso ya lo iremos viendo, tú tranquila.
- Menos mal que tengo a mi médico en casa -nos reímos-. Bueno, mañana que tengo el día libre no sé qué haré...
- Pues puedes venirte conmigo a trabajar si quieres -sabía que lo decía en broma, pero estaba dispuesta a seguírsela-.
- Bueno, me parece bien, mañana entonces iré contigo.
- Pero Tacii, que lo decía en broma -nos reímos-. Es que tú eres capaz de venir de verdad.
- Por poder puedo, pero no creo que la gente de allí lo vea bien.
- A Thomas no creo que le importe. Ah, ya sé, si quieres ve por la mañana a comprar, que en la lista tenemos algunas cosas apuntadas ya.
- Vale, así llevo a Alison a dar un paseo y ella toma el aire un rato.
Veía las cosas mejor, al menos ya me había tranquilizado un poco, y tenía ganas de tener el día libre, aunque iba a tener que acudir a la cita que tenía convocada con Jerry, sabía que podía con ello, sí había podido hasta ahora, resistiría más.
La noche fue agradable, cenamos, acosté a Alison, y al poco nos fuimos a dormir Tommy y yo. Aunque me había echado un rato, no me costó dormirme.
"Estaba fuera de los muros, sola, oía a Alison y a Tommy pedir ayuda, pero no les podía ver, y me desesperaba escuchándolos. También oía bullicio, pero no era de gente, eran hordas, y cuando miré a mi alrededor vi que una avalancha de caminantes se aproximaba a donde yo estaba. Corrí tan rápido como pude para huir de aquel lugar y poder buscar a mi familia, pero les había dejado de oír. Llegué a una camino sin salida, y me encontré con todos los zombis que habían estado siguiéndome antes. Cuando vi que entre ellos se encontraban Tommy y Alison grité".
Y me desperté, profiriendo tal grito que Tommy se incorporó de la cama de golpe del sobresalto:
- Tacii, ¿estás bien? -me dijo con voz rota, encendiendo la luz de la mesilla-.
- Sí, solo ha sido una pesadilla, pero era tan real que me ha causado una gran impresión, perdona.
- No te preocupes, cielo, ¿quieres hablar de ello, o prefieres dejarlo estar?
- Si no te importa, lo segundo, no quiero volver a pensar en ello.
- Me parece bien -me rodeó en sus brazos y me dio un beso en la frente-. Voy a apagar la luz, ¿vale?
- Vale -me tumbé en la cama, recuperando el aliento y relajándome-. Buenas noches Tommy, que descanses.
- Igualmente -me respondió mientras se tumbaba y apagaba la luz-.
No volví a tener pesadillas aquella noche, pero no pude de dejar de pensar en ello al día siguiente, sobre todo cuando me tocó ir con Jerry.
La mañana transcurrió sin ningún problema, estuve comprando con Alison y dimos un buen paseo, lo cual mitigó bastante el estrés que había estado acumulando estos días. Cuando llegamos a casa preparé la comida, comimos, y llevé a Alison con Dave mientras yo estaba fuera, para ir al ayuntamiento.
Salí con el tiempo justo, esperando a que el tiempo pasase lo más rápido posible para volver a casa.
Antes de entrar me repetí varias veces "No digas nada, será peor, haz lo que sea, y cuanto antes acabes antes de irás". Llamé a la puerta al estar convencida, y esperé a que me abriese. Su aspecto no era diferente del de otros días, parecía haber bebido un poco, pero "sabía" lo que estaba haciendo:
- Oh, vaya, lo de ayer dejó marca, pero bueno, así no se te olvida que pasa cuando eres mala. ¿Me vas a obedecer a partir de ahora? -asentí, tratando de desvincularme emocionalmente lo máximo de aquello-. Bien, recuerdas lo que hiciste ayer, ¿no? -asentí, ciertamente avergonzada-. Pues vamos a empezar por ahí.
- ¿Me tengo que quitar la ropa?
- Claro, ¿qué esperabas?
- ¿Y después tengo que limpiar el suelo con mi ropa?
- No, no, tú quítate la ropa y luego te digo lo que tienes que hacer, pero vamos por partes, ¿eh?
Se sentó pacientemente en su asiento de cuero negro, y yo me quité la ropa, intentando pensar que estaba sola, y que me iba a duchar para restarle importancia:
- Vaya, hoy tenías ganas, ¿eh? -vi que se puso en pie y se acercó-. Así será mucho más fácil -se puso delante de mí, y esperé a que me dijese qué hacer a continuación-. Ahora te vas a arrodillar.
- ¿Por qué? -me agarró del cuello-.
- ¡No preguntes, lo haces y punto!
Me arrodillé, y dejó de apretarme le cuello. Procuré apartar la vista de él, me sentía muy incómoda estando así, y entonces vi que se bajaba los pantalones...
Tommy se puso a jugar con Alison mientras yo estaba leyendo. Dejé incluso de leer para contemplar aquella escena, era tan enternecedor que lo único que deseaba era que aquello durase para siempre. No quería interrumpirles porque se les veía muy a gusto, y yo también lo estaba.
Mientras ellos seguían jugando yo me fui a dar una ducha, y cuando salí, Tommy estaba preparando la cena. No habíamos acordado nada de cómo nos apañaríamos, pero me gustaba saber que él se mostraba comprometido:
- ¿Te apetece cocinar? -le pregunté, mientras me acercaba a él-.
- A Alison le ha entrado hambre, y ya que hago su cena, también la nuestra. Por cierto, Thomas me ha dicho esta mañana que hoy no podía venir a cenar porque tenía que madrugar mañana, y hemos quedado en que venga el viernes si a ti te parece bien.
- Por supuesto, Thomas es más que bienvenido aquí -hice una breve pausa-. Oye Tommy, ¿tú cómo te sientes?
- ¿Yo? -me miró extrañado por la pregunta-. Pues muy bien, ¿por qué?
- No, nada, era solo por preguntar.
- ¿Y tú? Quiero decir, ¿cómo te sientes tú?
- Bien también, estoy aún asimilando que vivimos juntos -sonreí-. ¿Vas a ser capaz de aguantarme?
- Solo si tú me prometes que me aguantarás a mí -nos reímos-.
- Es que si te soy sincera es la primera vez que convivo en serio con una pareja, y bueno, no estoy muy acostumbrada a ello.
- Bueno, no te preocupes, no hace falta que lo hayas hecho para poder adaptarte y acostumbrarte.
- Creo que me voy a poder acostumbrar muy bien -le sonreí, y él me devolvió la sonrisa-.
- ¿Eso es porque cocino bien?
- Naturalmente -nos reímos-. Yo creo que después de lo que hemos pasado no va a resultar difícil.
- Parece mentira que hace más de un año que nos conocimos.
- Y las circunstancias en las que nos conocimos -recordé lo mal que lo había pasado con la pierna-.
- Me alegro de haberme encontrado contigo, sinceramente, y de haberte podido ayudar. Y más aún de que ahora estemos así y aquí.
- Esto es algo que nunca te he preguntado y que cuando me besaste en el barco me planteé. ¿Por qué te gustaba yo?
- ¿Me lo preguntas a estas alturas? -asentí-. Fuiste muy amable conmigo, y me transmitías muy buenas sensaciones. Aunque no supiese demasiado sobre ti, sabía lo suficiente, me parecías una chica fantástica.
- ¿Te parecía? -le quise picar-.
- Ahora me lo pareces mucho más, boba -me empujó el el brazo suavemente en broma, y le miré, divertida-. Bueno, hora de cenar -pude ver que Alison se puso en seguida en pie y se dirigía torpemente hacia su silla-.
Parecía mentira que estuviésemos teniendo una vida relativamente normal en medio de un apocalipsis zombi. Unos muros altos eran los que nos habían proporcionado esa sensación de seguridad de la que ahora gozábamos. Yo en ningún momento había bajado la guardia, sobre todo por Alison, en cualquier momento todo lo que teníamos podía venirse abajo. Y más si hay una persona amenazándote.
Procuraba mantener aquel pensamiento lejos, al menos cuando no estaba allí, sometida a su voluntad. Terminamos de cenar y recogimos la mesa. Alison se empezaba a rascarse los ojos, y la llevé a su cama. La habitación de Doro la habíamos organizado de tal forma que su cama la llevamos a su habitación para que Tommy y yo tuviésemos más espacio, y la cuna de Alison la pasamos allí.
Aún estaba un poco insegura, pero la había puesto un walkie para escucharla por la noche, por si acaso.
La puerta de su habitación se quedó abierta, y mientras tanto me puse a limpiar los platos, ya que Tommy había cocinado. Mientras él se preparaba las cosas para trabajar al día siguiente, yo me senté en el sillón a seguir leyendo, aunque esperaba también poder hablar otro rato con él, quería estar todo el tiempo posible a su lado, al menos así me sentía segura.
Continué leyendo hasta que Tommy se sentó en el sillón tras terminar de preparar sus cosas:
- Oye, ¿cuándo tienes el día libre? -me preguntó, mientras se acercaba a mí-.
- Tengo que preguntárselo a Pears porque no estoy segura, con esto de la crisis nos cambian los horarios constantemente. En principio pasado mañana tengo el día libre. ¿Por qué lo preguntas?
- Nada, es que si coincidíamos podríamos salir por la mañana a dar una vuelta por la ciudad con Alison, pero yo solo libro los domingos. De todas formas ya iremos, tenemos todo el tiempo del mundo -me sonrió-.
- Me podrás acompañar al trabajo -le dije, en broma, realmente no le quería hacer madrugar sin ser necesario-.
- Desde luego, y te iré a buscar -cuando dijo aquello me saltaron todas las alarmas, si Tommy venía a buscarme se enteraría de lo que estaba sucediendo, y pasaría algo terrible seguro, así que pensé algo rápido para quitarle esa idea de la cabeza-.
- ¡Oh, ahora que lo recuerdo! No creo que vayas a poder venir a buscarme, porque voy a ofrecerme como voluntaria para ayudar con algunas cosas de...ah, sí, de la escuela, y tengo que ir al ayuntamiento, voy a estar revisando los programas que usan y demás.
- ¿Pero vas a ser voluntaria, o te han forzado a hacerlo?
- No, no, fue una iniciativa absolutamente mía, no te preocupes -parecía que estaba colando, procuré cambiar de tema rápido-. Me ha encantado antes veros a Alison y a ti jugar.
- A mí también, es una niña muy simpática, aunque en vez de colocar las piezas ha empezado a tirármelas a mí, no sé a quién habrá salido -me miró y se rió-.
- Por eso nosotras jugamos con el osito de peluche -nos volvimos a reír-.
Tommy se acercó más a mí, me retiró el pelo de un lado y me empezó a hacer caricias en el cuello. Me acerqué más a él, estaba muy a gusto, y paró, pero empezó a darme besos en el cuello, sabía que era mi debilidad:
- Oye -le dije, entre risas, cuando vi que paró-.
- ¿Qué pasa? -me preguntó él, sonriendo-.
- Que me estabas haciendo muchas cosquillas.
- Era mi intención, pero tampoco te has quejado de ello, ¿eh?
- Claro que no, porque me gusta -me miró, sonriendo-. Estás muy juguetón, ¿no?
- Es posible -me miró con una sonrisa cautivadora-. ¿Entonces quieres que siga?
- ¿Tú qué crees? -dije, mientras inclinaba el cuello para que siguiese-.
Tommy se salió con la suya, aunque tampoco hacía falta que insistiese demasiado, y al final nos fuimos a la cama.
Después de haber estado "jugando" un rato en la cama nos dormimos. Me quedé absolutamente dormida.
Cuando llegó la hora de trabajar de Tommy, sentí como se levantaba para irse. No hacía apenas ruido para no despertarme, iba de puntillas, y se fue a vestir al salón. Escuché que fue al baño, y después volvió a la habitación. Me dio un beso en la mejilla, y no pude evitar sonreír:
- ¿Estás despierta? -me dijo, susurrando-.
- Se podría decir que no -le dije, aún medio dormida-.
- ¿Te he despertado?
- No, no te preocupes, me he desvelado, ahora me volveré a dormir, disfrutaré de la horita que me queda -dije, acurrucándome en la cama-.
- Que descanses, luego nos vemos -me volvió a dar un beso-.
- Que tengas un buen día en el trabajo.
- Igualmente -me hizo una caricia en el brazo y se fue-.
Me dormí al poco de irse él, y me despertó Alison al poco porque tenía hambre y quería desayunar.
Cuando terminé de prepararme y dar el desayuno a Alison la llevé con Dave, como siempre, y me fui al trabajo.
El ambiente estaba muy calmado, y la jornada fue como se planteaba. Empezaba a odiar terminar de trabajar por lo que conllevaba después, pero todos tenemos nuestros problemas, y no debía tampoco quejarme.
Fui al ayuntamiento, y vi a Daisy hablando con un par de personas mientras caminaban por el pasillo. Me oculté hasta que se alejaron de la zona a la que tenía que ir yo, y deprisa, pero sin llamar la atención me dirigí al despacho de Jerry y llamé a la puerta. Tardó un poco en birlar, lo cual pude comprender cuando vi en qué estado se encontraba. La sala emanaba un fuerte hedor a alcohol y sudor:
- ¡Llegas tarde! -me dijo, acercándose con una postura amenazadora-.
- No, he llegado diez minutos pronto, como ayer, y quedamos que a las cinco tenía que estar aquí...
- ¿Ah, sí? -cogió la botella que tenía encima de la mesa y pegó un largo trago-. Bueno, da igual, hoy estoy enfadado. Siéntate y escúchame.
Me senté, sin decir nada, acaté la orden al instante, y me miró despectivamente. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal:
- ¿Por qué debería seguir manteniendo el acuerdo al que llegamos?
- Dijiste que la vida de tres personas importantes para mí corrían peligro, y ese fue el motivo por el cual yo acepté hacer todo aquello que me dijeses.
- Ya, si la teoría me la sé, pero, ¿qué estoy ganando yo?
- Eh... -sabía que era una pregunta trampa, no había una respuesta buena- pues yo hago todo lo que necesites de papeleo, limpio, y si quieres te puedo aconsejar.
- ¡No necesito una puta asistenta!
- P-perd...
- ¡Estoy hablando yo! -se levantó, y sin tiempo a reaccionar me dio en la cara, tirándome al suelo-. Eso es lo que pasa cuando no eres buena con Jerry, ¿ves lo que me has obligado hacer? Sabes que yo no soy así -me callé, me levanté inmediatamente y sentí como me ardían la mejilla y el labio a causa del golpe-. Mira, guapita, yo necesito a una persona que me dé cariño y esté siempre de mi parte, algo así como una novia, pero sin tener yo que perder mi valioso tiempo en ella, no sé si me explico -asentí, sin querer intervenir más-. Eso es lo que quiero de ti. ¿Crees que me lo vas a poder dar? -asentí, pero no parecía convencido-. Necesito que me lo digas con tus propias palabras.
- S-sí, voy a hacer lo que tú digas -parecía satisfecho-.
- Bien, pues, ¿te parece que empecemos ya con eso? -no sabía para qué me preguntaba, si independientemente de la respuesta que le diese él haría lo que quisiera, pero aún así asentí-. Dime cosas buenas de mí o que te gusten.
- ¿Me lo puedo pensar? -volvió a adoptar la postura amenazante de antes-. Vale, pues... Eres una persona que obtiene lo que quiere, sabes convencer...
- No, quiero que me digas cosas físicas mías que te gusten.
- Entiende que es difícil, yo ahora tengo pareja y...
- ¿No me puedes valorar físicamente? Bueno, no pasa nada, tal vez sea demasiado pronto y aún tengas que ver algunas cosas para saber qué responder. Vamos a hacer otra cosa, ¿te parece bien? -volví a asentir, sin prestar demasiada atención a lo que decía-. Desnúdate.
- ¿Cómo?
- ¿No sabes lo que significa?
- ¿Qué me vas a hacer?
- Nada, si me obedeces no te voy a hacer nada.
Sabía que no me podía fiar, pero tenía tanto miedo que tampoco quería tentar a la suerte. Sin embargo no me moví:
- ¿Me estás desafiando? -dijo, mientras se ponía en pie y se aproximaba a mi sitio-. Creo que hace escasos minutos hemos hablado de lo que tenemos en juego y de que me ibas a obedecer, ¿verdad?
- Yo puedo buscar a alguna mujer que haga esto para ti, yo es que...
- ¡Vale ya! -me puso de pie sujetándome por el cuello y me embistió contra la pared-. Esta es la última oportunidad que te doy, si no haces lo que te digo te vas a arrepentir, te lo aseguro.
A pesar de su amenaza no cedí y seguí tratando de resistirme, mientras él procedía con fuerza a quitarme la ropa. Hacía fuerza con los brazos y piernas para liberarme, pero por el miedo también me fallaban, y volvió a cogerme del cuello, esta vez apretándolo. Aprovechó el mareo que me provocó la falta de oxígeno para romperme la camiseta. Se acercó aún sujetándome por el cuello y me dijo, susurrando "Recuerda que tú tienes mucho más que perder que yo, de ti dependen tres personas, y puedes creer en mi palabra".
Tragué saliva, y a pesar de todo, seguí sus órdenes. No sabía cuán lejos estaba dispuesto a llegar, y si cumpliría con la amenaza, pero después de aquel episodio estaba segura de que, al menos en ese sentido, cumpliría con su palabra, así que me quité la ropa, sin mirarle a la cara, me sentía humillada. Me dejé la ropa interior puesta, esperando que con aquello hubiese satisfecho su petición:
- ¿A qué esperas? -me dijo, sentado en su silla-.
- No creo que sea necesario más, tengo frío...
- Me da igual, si yo te digo que hagas algo, lo haces.
Me quité la ropa interior tan rápido como pude, tratando de taparme mis partes íntimas con las manos y los brazos. Jerry se puso de pie y se paseó a mi alrededor, haciéndome sentir extremadamente patética por haber cedido a tan vil chantaje. Cuando terminó de "revisarme", se volvió a sentar:
- Muy bien, al final me has hecho caso, pero he tenido que portarme mal contigo para que lo hicieses, y a ti no te gusta que haga eso, a mí tampoco, claro, quiero conservarte tan bonita como eres. Tu novio está claro por lo que te quiere, eres una tía buena inútil, y habrá que usarte para lo que vales, ¿no? -no quise responder, ni si quiera quería pensar en lo que me había dicho-. Quiero que limpies el suelo con tu ropa, con toda.
- ¿Me la puedo poner?
- Vamos a ver, bonita -se puso en pie y se arrimó a mí, mirándome de arriba a abajo- tienes que limpiar con la ropa, así que no te la puedes poner. Cuando acabes sí, pero todavía no...¿o quieres que repitamos lo de antes? Porque yo ya estoy cansado, así que no voy a tener tanta paciencia, y probablemente vaya directo a romper nuestro acuerdo.
Ni si quiera respondí, me agaché y recogí mi ropa, y con las mismas me puse a limpiar el suelo. Algunas lágrimas cayeron, pero pensé en que después vería a Alison y a Tommy, y me tranquilicé un poco.
Acabé, sin mediar más palabra con Jerry mientras limpiaba. Entendí que cuando asintió ya me podía vestir e irme. Cuando estuve me puse la ropa, antes de irme quería hacerle algunas preguntas:
- Jerry, ¿te puedo hacer unas preguntas?
- Claro, somos amigos, ¿no? -asentí, sin mostrar por fuera lo que realmente pensaba-.
- ¿Cuánto va a durar esto?
- Muy poco, lo estás haciendo bien -suspiré, esperando que aquello que me decía fuese cierto-.
- Y otra cosa, es que mañana tengo el día libre en el trabajo, y me gustaría saber si puedo mañana descansar, quiero decir, recupero ese día en otro momento, no me importa, como si quieres que me quede más tiempo al día siguiente...
- ¿Quién dicta las normas?
- Tú...
- ¿En qué quedamos?
- Sí, está bien, mañana vendré.
- Así me gusta, que las cosas queden claras, así no tengo que volver a repetirlas. Mañana nos vemos.
- Hasta mañana.
Salí mirando hacia abajo, tratando de ocultar mi rostro a cualquier persona. Fui a casa directamente, no me paré para nada, ni siquiera para limpiar mi ropa, que se notaba que estaba sucia, pero me daba igual, lo único que quería era llegar a casa y lavarme, y olvidarme de lo que había pasado allí. Al principio pensé que sería fácil, pero cada vez tenía la sensación que iría a peor.
Fui a recoger a Alison, y tras esquivar astutamente las preguntas de Dave con respecto a qué me había pasado, fui a casa corriendo. Dejé a Alison jugando con sus juguetes, y mientras yo fui al baño, para ver qué aspecto tenía.
Tenía el labio hinchado, y la mejilla colorada, se notaba que algo me había pasado a la legua. Tommy sospecharía que había sucedido algo, así que tenía que disimularlo, e inventarme alguna excusa por si se daba cuenta, cosa que estaba prácticamente garantizada dado el lugar en el que tenía las lesiones.
Me di una ducha rápida y traté de ocultarme lo mejor posible los golpes, aunque inútilmente, pues casi los había acentuado más. Me dejé tal y como estaba, y pensé mejor en una excusa.
Al cabo de un rato me puse a leer, y al poco sonaron las llaves. Alison fue corriendo a ver quién era, y al ver a Tommy fue a darle un abrazo:
- Hombre, hola ratita -dijo, mientras Alison le achuchaba-. ¿Cómo estás?
- Beeeeen -dijo, intentando decir "Bien", y justo en ese momento Tommy levantó la vista hacia mí-. Tacii, ¿qué te ha pasado? -se acercó hacia mí deprisa, preocupado-.
- No pasa nada, tranquilo, está bien, es que he tenido un accidente y me he dado un golpe... -se sentó a mi lado y me dio un abrazo-.
- Pero, ¿cómo ha pasado?
- Verás...-pensé primero qué era lo que le iba a decir para no contradecirme después- estaba bajando las escaleras de la torre y me enganché en el último peldaño, y me caí, me di en el labio, y con el reloj en la mejilla, por eso estoy así -Tommy no parecía muy convencido con lo que le había dicho, pero confiaba en mí-.
- ¿Te has puesto hielo? -negué con la cabeza-. Espera cielo, ahora te traigo un poco, así te calmará un poco la hinchazón de la mejilla. Ahora cuando se te pase un poco te miro el labio, que es donde más daño parece que te has hecho -fue deprisa hacia el congelador para coger algo frío, y me puso un paño con un hielo dentro-. ¿Estás mejor así?
- Sí, gracias -le sonreí-.
- Me podías haber avisado, o incluso haber venido al hospital para verte, por si te habías hecho algo más.
- No te preocupes, si es que estoy bien, ha sido un pequeño accidente, ya está.
- Le das poca importancia a algo que podría ser una lesión y que podría dejarte secuelas. Bueno, ahora descansa un rato, ¿vale? Yo me encargo de Alison, tú quédate con el hielo en la mejilla tumbada en el sillón y si quieres algo pídemelo, ¿vale? -me dio un beso en la frente-.
Tommy se puso a hacer cosas por la casa, y yo mientras estaba en el sillón me sentía muy culpable por no poder contarle lo que estaba pasando, pero no tenía más remedio, no quería que nada de aquello le salpicase.
Me di cuenta que de vez en cuando me miraba y parecía extrañado, tal vez me veía más reflexiva de lo habitual, o simplemente extrañamente callada. No es que no tuviese nada que decir, es que no sabía qué decir. Fue Tommy el que decidió hablar primero:
- Bueno, ¿y qué tal el día? -me preguntó mientras se sentaba a mi lado y me dedicaba su habitual sonrisa-.
- Como siempre, bien, no me puedo quejar... ¿Y tú?
- Bien, he estado atendiendo a unos cuantos pacientes, pero nada serio, la mayoría no tenían nada, déficit en el consumo de determinados nutrientes, pero con medicación se regula. Por cierto, he hablado con Thomas, así que mañana vendrá a cenar. Lo bueno es que me han dado el fin de semana libre, así que me puedo encargar yo de la casa por completo.
- Que no, Tommy, habíamos quedado en que nos repartiríamos las tareas.
- Lo sé, pero yo tengo un día libre más y quiero aprovecharlo para que tú puedas descansar más también -me dio un beso en la mejilla en la que no tenía el hielo-.
- Te lo agradezco -le puse la cabeza en el hombro, quería darle un beso, pero me dolía demasiado el labio-.
- No tienes que agradecer nada. Que por cierto, ¿a Alison estos días que vamos a estar tú y yo la vas a llevar con Dave?
- No lo sé, mañana por la mañana lo voy a hablar con él, y depende de lo que me diga pues me quedaré con la pequeña yo o haré como cuando trabajo por las mañanas.
- Ya sabes que a mí no me importa cuidarla lo más mínimo, de hecho, cuando ha sido necesario yo me he quedado con ella y mírala, ahí sigue -dijo, señalando a Alison, que estaba jugando con un osito mientras canturreaba algo, y Tommy se rió-. Oye Tacii, ¿seguro que no pasa nada?
- Que no, no insistas, estoy bien -no sabía fingir que lo estaba, a pesar de querer aparentarlo-. Lo que pasa es que estoy cansada, y con el susto del golpe pues ahora estoy tranquilita.
- Yo te voy a recomendar que vayas a dormir un rato, y cuando quieras te levantas, o si lo prefieres, dime cuándo quieres levantarte y te voy a avisar yo -la idea me tentaba, así me olvidaría de la experiencia que había tenido en el ayuntamiento-.
- Vale, iré a echarme un rato, así me levantaré mucho mejor -me acerqué a Alison por si ella quería echarse a dormir un rato conmigo-. ¿Te vienes a la cama con mami? -me dijo que "no" con la cabeza rotundamente, y fue con su oso en la mano hacia Tommy-.
- Ah, ¿quieres que juguemos con el peluche? -Alison asintió, sonriente-. Bueno cariño, pues la pequeñaja se va a quedar conmigo, así que ve a descansar, ¿vale?
- Vale -me quité el hielo y le besé-.
- Cuidado, ¿te ha dolido?
- No, estoy mejor después de haberme puesto el hielo -se lo di a Tommy, y me fui a la habitación-.
Sabía que no iba a poder conciliar el sueño, aunque esperaba al menos dormirme unos instantes para así olvidar el episodio del ayuntamiento. Di vueltas, más de las habituales, y procuraba no girar demasiado hacia el lado en el que tenía el golpe. Me pude relajar un poco a pesar de no dormirme, estaba muy tranquila, y sabía que en el lugar en el que estaba me encontraba a salvo.
No sé cuándo fue, al final me quedé dormida, pero sentí que alguien entraba en la habitación. También noté un pequeño haz de luz dirigiéndose hacia mi cara, pero no le quise dar importancia.
Eran las siete y media de la tarde cuando por fin decidí levantarme de la siesta. Vi que Tommy había limpiado la casa y estaba en un lado del sillón encogido leyendo, mientras que en el otro estaba la pequeña, estirada, viendo un vídeo en la televisión. Cuando abrí la puerta de la habitación ambos se giraron, y al verme la pequeña vino corriendo saludarme:
- Hola cariño -la dije mientras la abrazaba-. ¿Te has portado bien?
- Sí -dijo ella, sonriendo-.
- Bueno, es una niña inquieta, aunque no me puedo quejar, me ha ayudado a limpiar -respondió Tommy-. ¿Cómo te encuentras, cielo?
- Me ha sentado bien el descanso, estoy mejor. Por cierto, ¿has entrado tú antes a la habitación?
- Sí, he ido para mirarte el labio, espero no haberte molestado, pensaba que no te había despertado.
- Ah, no, no te preocupes, he notado que alguien entraba, pero poco más, no me has despertado -le di un abrazo y me senté a su lado, aupando a la pequeña para sentarla en el otro extremo del sillón-.
- Lo bueno es que la contusión no es grande, así que en breves se te pasará. Lo que te tienes que tomar estos días son antiinflamatorios, y si ves que eso no te mitiga el dolor, la inflamación o te duele más, tendrías que ir al hospital, pero eso ya lo iremos viendo, tú tranquila.
- Menos mal que tengo a mi médico en casa -nos reímos-. Bueno, mañana que tengo el día libre no sé qué haré...
- Pues puedes venirte conmigo a trabajar si quieres -sabía que lo decía en broma, pero estaba dispuesta a seguírsela-.
- Bueno, me parece bien, mañana entonces iré contigo.
- Pero Tacii, que lo decía en broma -nos reímos-. Es que tú eres capaz de venir de verdad.
- Por poder puedo, pero no creo que la gente de allí lo vea bien.
- A Thomas no creo que le importe. Ah, ya sé, si quieres ve por la mañana a comprar, que en la lista tenemos algunas cosas apuntadas ya.
- Vale, así llevo a Alison a dar un paseo y ella toma el aire un rato.
Veía las cosas mejor, al menos ya me había tranquilizado un poco, y tenía ganas de tener el día libre, aunque iba a tener que acudir a la cita que tenía convocada con Jerry, sabía que podía con ello, sí había podido hasta ahora, resistiría más.
La noche fue agradable, cenamos, acosté a Alison, y al poco nos fuimos a dormir Tommy y yo. Aunque me había echado un rato, no me costó dormirme.
"Estaba fuera de los muros, sola, oía a Alison y a Tommy pedir ayuda, pero no les podía ver, y me desesperaba escuchándolos. También oía bullicio, pero no era de gente, eran hordas, y cuando miré a mi alrededor vi que una avalancha de caminantes se aproximaba a donde yo estaba. Corrí tan rápido como pude para huir de aquel lugar y poder buscar a mi familia, pero les había dejado de oír. Llegué a una camino sin salida, y me encontré con todos los zombis que habían estado siguiéndome antes. Cuando vi que entre ellos se encontraban Tommy y Alison grité".
Y me desperté, profiriendo tal grito que Tommy se incorporó de la cama de golpe del sobresalto:
- Tacii, ¿estás bien? -me dijo con voz rota, encendiendo la luz de la mesilla-.
- Sí, solo ha sido una pesadilla, pero era tan real que me ha causado una gran impresión, perdona.
- No te preocupes, cielo, ¿quieres hablar de ello, o prefieres dejarlo estar?
- Si no te importa, lo segundo, no quiero volver a pensar en ello.
- Me parece bien -me rodeó en sus brazos y me dio un beso en la frente-. Voy a apagar la luz, ¿vale?
- Vale -me tumbé en la cama, recuperando el aliento y relajándome-. Buenas noches Tommy, que descanses.
- Igualmente -me respondió mientras se tumbaba y apagaba la luz-.
No volví a tener pesadillas aquella noche, pero no pude de dejar de pensar en ello al día siguiente, sobre todo cuando me tocó ir con Jerry.
La mañana transcurrió sin ningún problema, estuve comprando con Alison y dimos un buen paseo, lo cual mitigó bastante el estrés que había estado acumulando estos días. Cuando llegamos a casa preparé la comida, comimos, y llevé a Alison con Dave mientras yo estaba fuera, para ir al ayuntamiento.
Salí con el tiempo justo, esperando a que el tiempo pasase lo más rápido posible para volver a casa.
Antes de entrar me repetí varias veces "No digas nada, será peor, haz lo que sea, y cuanto antes acabes antes de irás". Llamé a la puerta al estar convencida, y esperé a que me abriese. Su aspecto no era diferente del de otros días, parecía haber bebido un poco, pero "sabía" lo que estaba haciendo:
- Oh, vaya, lo de ayer dejó marca, pero bueno, así no se te olvida que pasa cuando eres mala. ¿Me vas a obedecer a partir de ahora? -asentí, tratando de desvincularme emocionalmente lo máximo de aquello-. Bien, recuerdas lo que hiciste ayer, ¿no? -asentí, ciertamente avergonzada-. Pues vamos a empezar por ahí.
- ¿Me tengo que quitar la ropa?
- Claro, ¿qué esperabas?
- ¿Y después tengo que limpiar el suelo con mi ropa?
- No, no, tú quítate la ropa y luego te digo lo que tienes que hacer, pero vamos por partes, ¿eh?
Se sentó pacientemente en su asiento de cuero negro, y yo me quité la ropa, intentando pensar que estaba sola, y que me iba a duchar para restarle importancia:
- Vaya, hoy tenías ganas, ¿eh? -vi que se puso en pie y se acercó-. Así será mucho más fácil -se puso delante de mí, y esperé a que me dijese qué hacer a continuación-. Ahora te vas a arrodillar.
- ¿Por qué? -me agarró del cuello-.
- ¡No preguntes, lo haces y punto!
Me arrodillé, y dejó de apretarme le cuello. Procuré apartar la vista de él, me sentía muy incómoda estando así, y entonces vi que se bajaba los pantalones...



