domingo, 17 de junio de 2018

Tornado of Souls - Cap.67: End of Innocence



Me sobresalté al ver que cerraba la puerta, no sabía qué iba a pasar, pero estaba más que segura de que se trataría de algo malo. Le miré, alejándome un par de pasos disimulados de él, esperando a que reaccionase, o más bien a reaccionar yo:

- Creo que deberías sentarte de nuevo, hay una cosa de la que aún no hemos hablado.

- P-pero, ¿no estaba todo zanjado?

- No, verás, toma asiento, yo también lo haré -temía preguntar la razón por la que había cerrado la puerta con llave, traté de no pensar en ello y que no interfiriese en mis palabras-.

- Está bien... -dije, mientras tomaba asiento y tragaba saliva-.

- Espero no estarte causando una mala sensación, mis intenciones no son malas, puedes creerme -en vez de sentarse en su silla se sentó en la que había a mi lado-. Así tendremos un trato más cercano, ¿no crees?

- Eh...sí, desde luego.

- Me parece genial que estemos de acuerdo. En fin, Tacii, te voy a ser sincero, estar solo me hace sentirme muy ocupado y sin tiempo libre para hacer lo que me gusta, es decir, que mi trabajo me quita tiempo para dedicarme a mis aficiones. ¿Sabes por dónde voy? -negué con la cabeza, mirándolo con desconfianza-. Pero oh, mujer, no me mires así, que no te voy a hacer nada, tienes suerte de haber caído en mis manos y no en las de cualquier desalmado de los que quedan -me dedicó una sonrisa tremendamente siniestra, y acto seguido se acercó un poco más a mí-. Lo que quiero de ti es que me ayudes.

- ¿Por qué te tengo que ayudar? Que yo sepa no te debo nada, ni tú a mí, nuestra relación ha sido estrictamente profesional -se puso en pie y vi que su cara había cambiado completamente-.

- ¡Eso no es lo que espero que me digas! -adoptó un tono muy amenazador y se acercó tanto a mí que podía sentir su respiración en mi mejilla-. Mira, creo que te voy a dar motivos, estás de suerte -recuperó su posición normal y se sentó, esta vez en su silla del escritorio-. Tengo unas cuantas razones, pero entiendo que de todas hay tres que especialmente te van a doler -sacó de una carpeta que tenía en la mesa tres archivos, y me los mostró, eran tres fotos: una de Tommy, otra de Pears, y al ver la tercera me quedé helada, era de Alison-. ¿Te suenan? -me levanté-.

- ¡¿Qué les vas a hacer, hijo de puta?!

- Eh, eh, esos no son modales para una señorita -sonrió, y se levantó, se acercó a mí y me empujó para sentarme-. Creo que deberías olvidarte de dedicar esas palabras tan ofensivas, al menos cuando trates conmigo, con los demás me da igual, obviamente. Por tu reacción sabes quién son esos de las fotografías, y no sabes ni por qué están ahí ni qué es lo que va a implicar en ti. Creo que en vez de ponerte tan valerosa conmigo, deberías preguntarme eso antes, tal vez lo pagues caro -noté que todo a mi alrededor giraba, bajo ninguna circunstancia dejaría que tocasen a mi gente, no sabía que sería lo que tendría qué hacer, ni por qué aquello estaba ocurriendo, pero intenté mantener la calma para no volver a meter la pata-. No te oigo, y eso no me gusta...

- Explícame, por favor, de qué trata todo esto.

- Ahora nos entendemos -recuperó su postura inicial en su sitio, mientras se servía otra copa-. Tú vas a ayudarme a poder tener tiempo libre, así que vas a venir a mi oficina todos los días cuando salgas del trabajo, directamente.

- ¿Qué es lo que voy a tener que hacer exactamente?

- Tacii, Tacii, Tacii, no me escuchas, y eso tampoco me gusta. ¡¿Es que no me he explicado bien?!

- Solo quería saber si...

- ¡Tu opinión me da igual! ¿A caso te la he pedido? -negué con la cabeza, alarmada-. Bien, nos volvemos a entender.

- ¿Por qué voy a tener que hacer esto?

- Esta es la parte interesante de todo, la "motivación". Esas tres personas que figuran en el papel, ellos dependen de ti.

- ¿Dependen de mí? ¿Desde cuándo?

- Justo esperaba esa pregunta, parece que nos vamos a terminar llevando bien -me sonrió y me ofreció beber, pero lo rechacé-. No tiene nada, no quiero tampoco aprovecharme de ti -dio un largo trago y prosiguió-. Desde ahora dependen de ti, si haces lo que yo te diga, ellos van a estar tan bien como lo han estado hasta ahora. Además, solo vas a estar aquí un pequeño rato, no te va a suponer a penas esfuerzo.

- ¿Qué les pasará si yo me niego?

- Esa pregunta también me gusta, aunque me parece que esta incompleta, yo habría preguntado "¿Qué les pasará si no lo hago o si me voy de la boca?". Como puedes ver, soy una persona con un puesto influyente, estoy cerca del alcalde Ralph, y soy su mano derecha, y él, a su vez, está cerca de Pears. También mi hermano James está aquí, trabaja en el hospital, y es jefe de planta, y ¡oh vaya!, casualmente ahí trabaja Tommy. Lo de tu hija es tan sencillo como noquear a la persona con la que esté, y su vida estará en mis manos -cuando terminó de decir aquello no pude evitar que las lágrimas brotasen, las sentía heladas correr por mis mejillas-. Pero como sé que eso no va a pasar, como que te vayas de la lengua y le digas a alguien lo que he hecho, porque nos vamos a llevar bien y tus vas a seguir las normas, no va a haber problema, no les voy a hacer absolutamente nada, puedes confiar en mi palabra.

- Por favor, hazme a mí todo lo que quieras, si lo deseas puedes matarme, pero a ellos no les hagas nada...

- ¿Crees que soy un monstruo? -deseaba tener una pistola para dispararle, pero probablemente aquello empeoraría las cosas-. Ah, matarme no vale, mi hermano lo sabe todo, y si algo me pasa, él será el que se ponga en mi lugar y acabe con el trabajo sucio. ¿Preguntas?

- ¿Cómo sabrías que me he ido de la lengua si lo hago?

- La seguridad está muy enterada de todo lo que ocurre, y yo no soy menos. Si dices algo, vendrán a por mí y me preguntarán, porque al estar en este cargo cuento con el aliciente de que hay un extra de confianza en mi persona, y no me van a detener ni a echar así como así, yo creo que eso precisamente es lo que menos te compensaría hacer, incluso desobedecerme te sería mejor que eso -me había quqedado en shock, estaba asimilando las palabras, pero no era capaz de reaccionar, detecté que estaba con la mirada perdida, suspendida-. Yo creo que te lo he explicado todo bien, ¿no? -asentí por miedo a llevarle la contraria-. Genial, bueno, cuando vengas te comentaré lo que tienes que hacer. No te preocupes, no va a llevarte más de dos horas, y luego serás libre. En realidad te estoy dando algo por lo que luchar, porque estando aquí sin ningún problema, feliz con tu vida es aburrido, esto es un maravilloso reto que la vida te plantea para que demuestres de qué pasta estás hecha y madures.

- ¿Algo más?

- No, ya te puedes retirar, me alegro de haber podido aclarar esto -se puso en pie y sacó la llave del bolsillo-. Por cierto, actúa normal, porque si alguien se entera, vas a ser tú la responsable, y creo que de eso ya hemos hablado, ¿verdad? -volví a asentir, secándome las lágrimas y cubriéndome el rostro lo máximo posible para ocultarme-. Bien, veo que lo has pillado. Bueno, pues ya puedes irte, recuerda, nos vemos mañana a las cuatro de la tarde -abrió la puerta con la llave, giró el pomo y me dispuse a salir corriendo de aquel sitio-. Oye, ¿y esas prisas?

- Yo...es que...¿qué tengo que hacer?

- Oh, nada, solo limitarte a despedirte de mí como es debido. Ah, y otra cosa que se me ha ocurrido ahora, si estás mala tienes que seguir viniendo, me da igual lo que sea y lo grave que sea. Pero de todas formas, esto va a durar poco, créeme, y ya luego no te necesitaré más - "¿Después de qué?" me pregunté, pero no me atreví a decir nada por miedo-.

- Está bien. Mañana nos vemos a las cuatro en tu despacho, gracias por todo -me fui, deseando que todo aquello hubiese sido una broma pesada-.

No sabía qué hacer, era tan fácil ir y contar todo lo que acaba de pasar... No quería que nada les pasase ni a Tommy ni a Pears, especialmente a Alison, ella ni siquiera se podría defender, es lo más inocente que hay en el mundo, una niña pequeña...

Más lágrimas, pero me limpié rápidamente antes de que cayeran y alguien me pudiese ver. Miré la hora que era, aún estaba tiempo de ir a buscar a Tommy. Fui corriendo a por Alison, e incluso Dave se dio cuenta de que no estaba bien, pero le dije que era cosas del trabajo y me marché tan rápido como pude.

Llegué al hospital y esperé una media hora a que saliese Tommy, necesitaba olvidarme de todo lo que había pasado, y me centré en darle la buena noticia. Recordé que había planeado darle la sorpresa de alguna forma especial, pero tal y como habían trascurrido las cosas lo había olvidado. Aún no había empezado y ya estaba repercutiendo en otros ámbitos de mi vida.

Vi a Tommy, que salía de la consulta tras su último paciente, y vino hacia mí, se le veía nervioso:

- Hola amor, ¿cómo estás? -se acercó y me dio un beso-.

- Bien, ¿y tú? -le pregunté mientras me aferraba a sus brazos-.

- Yo también, ahora más que estoy contigo -me sonrió, pero fui incapaz de devolverle la sonrisa. Oye, ¿pasa algo? -me dijo mientras me seguía abrazando-.

- No, cariño, no te preocupes. Bueno, creo que tenemos algo de lo que hablar, ¿no? -me separé de él y le di la mano para ir saliendo del hospital-.

- ¿Seguro que estás bien? -me miró, y finalmente me obligué a sonreír para demostrarle que estaba bien-. A ver, dime.

- Pues he ido a la reunión, y bueno, desde este momento puedes considerarte mi compañero de piso.

- ¿En serio? -su cara de alegría me quitó momentáneamente las preocupaciones-.

- Desde luego -me dio un abrazo-. Me hubiese gustado habértelo dicho de alguna forma más especial, pero he venido con el tiempo justo.

- No tienes que disculparte de nada, bastante has hecho, el que se tendría que disculpar soy yo, que no he hecho nada.

- Tú diste la idea, eres el cerebro.

- Si nos ponemos así, tú fuiste quien me hizo quererlo, eres mi corazón, y el del grupo -esta vez la que le abrazó fui yo-.

- Te quiero mucho, Tommy.

- Y yo a ti -me dio un beso en la frente-. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Empiezo con el tema de las maletas y eso ya?

- Claro, si quieres yo te ayudo.

Continuamos hablando sobre lo que haríamos y cómo nos organizaríamos una vez viviendo juntos. Tenía una sensación muy extraña, quería estar contenta porque la situación lo merecía, pero no podía dejar de pensar en Jerry y lo que me había dicho. Por suerte, cuando llegamos a casa y empezamos con el tema de la mudanza me fui olvidando de ello poco a poco. Incluso Alison estaba ayudando, cogía alguna cosa y la llevaba para arriba y para abajo.

Antes de que Tommy llevase nada suyo ayudamos a Doro a empaquetar todas sus cosas y a llevarlas. No nos dio tiempo a terminar porque ella se tenía que ir a trabajar, así que cuando ella se fue empezamos con las cosas de Tommy. No teníamos pensado terminar en el mismo día, probablemente nos llevaría también el siguiente, pero al menos era un comienzo. Doro ya nos había dicho que se quedaría aquella noche en su nuevo piso, así que oficialmente Tommy y yo ya vivíamos juntos. Eran aproximadamente las nueve de la noche cuando dejamos la mudanza. Al llegar al piso le di la cena a Alison y se quedó dormida en seguida, así que la acosté:

- Vaya día -dije, sentándome en el sillón, agotada-.

- Desde luego, pero bueno, ya estamos viviendo juntos -me sonrió y se sentó a mi lado-. ¿Quieres cenar?

- No te preocupes Tommy, no tengo hambre -se acercó y me miró preocupado-.

- Oye Tacii, ¿estás bien? Sé que te lo he preguntado antes y me has dicho que no, pero es que me parece que estás muy desanimada, y eso no es habitual en ti.

- Estoy bien, simplemente quiero descansar, ha sido un día agotador. Y tú también deberías, porque tienes que madrugar más que yo.

- Puedo quedarme un poco más -me cogió de la mano-. Ve a dormir, cielo, yo me quedaré haciendo algunas cosas y mañana nos vemos, que ahora que vivimos en la misma casa no te va a quedar más remedio -sonreí, la idea de tenerle tan cerca me daba mucha confianza y seguridad-.

- Yo creo que a pesar de estar cansada también me puedo quedar un poco más. Lo hago por mí, ¿eh? No es como si quisiera estar contigo...

- Jajajaja, vale, lo entiendo -me rodeó con el brazo, apoyé la cabeza en su hombro y cerré los ojos-.

Me desperté sobresaltada por el sonido del despertador. ¿Dónde estaba? Al parecer me había quedado dormida en el sillón mientras hablaba con Tommy.  Me sentía mal porque me hubiese gustado al menos haberle dicho buenas noches.

Me levanté para prepararme para trabajar, y se me vino el mundo encima cuando recordé que al salir del trabajo tenía que ir al ayuntamiento para hacer vete-a-saber-qué para Jerry. "Recuerda Tacii, no será por mucho, además, luego podrás estar con tu gente, tranquila" me dije a mí misma mientras me lavaba los dientes y me vestía para irme al trabajo. Cogí a la niña, que iba medio dormida para dejarla en casa de Dave, y me marché al trabajo. Al llegar me topé con Pears, y fui a hablar con él:

- Buenos días -le dije, mientras le saludaba a su vez con la mano-.

- Hola Tacii, ¿qué tal? Que al final no sé qué ha pasado con lo de vivir con Tommy.

- Pues bien, al final me dijeron ayer que sí, y ya hemos llevado algunas cosas, a ver si hoy terminamos.

- ¡Eso es genial! Pero no te veo muy entusiasmada...

- No, sí que estoy entusiasmada, lo que pasa es que me he levantado un poco de aquella manera, y hasta que no me despeje no voy a ser de la siempre.

- ¿Quieres un café? Aunque sea un poco te sentará bien, y además, iba a por uno para mí.

- Vale, yo voy a mi puesto, recojo el arma y te veo allí, ¿vale?

- Vaya, cualquiera diría que vas a relevarme en el cargo -se rió-. Sí, señora, en cuanto tenga los cafés voy a tu puesto y nos los tomamos tranquilamente -le sonreí-. Ahora vuelvo -se fue hacia el puesto en el que se preparaba comida para la vigilancia-.

Me dispuse a ir hacia el almacén de armas, recoger el francotirador y esperar en mi puesto mientras vigilaba y comprobaba el perímetro:

- Señorita, aquí viene su camarero personal a traerle un café -dijo Pears mientras se acercaba con dos vasos-.

- Gracias Pears. Oye, ¿y tú, cómo estás?

- Bien, ahora entre reuniones y más reuniones no tengo in un respiro, es lo que pasa cuando crees que tu puesto de trabajo no puede interferir en tu vida cotidiana. Pero bueno, espero que ya, cuando se decida qué hacer, tenga más tiempo libre.

- Eso te pasa por ser bueno en tu puesto, que solicitan tu presencia constantemente -me reí-. No iba con segundas, ¿eh?

- Ah, gracias entonces -me dio un codazo cariñoso-. Bueno, en caso de que luego necesitéis algo de ayuda con la mudanza avisadme, si estoy en casa os voy a echar una mano segurísimo.

- No te preocupes, si es que nos apañamos bien entre Doro, Tommy y yo, y bueno, también es que queda poco por llevar, pero se agradece el detalle. ya quedaremos para celebrarlo cuando esté todo en su sitio -tras acabar aquella frase sentí unas ganas irremediables de revelar a Pears lo que me había pasado con Jerry, pero él ya tenía mucho en lo que pensar, no le quería dar más problemas de los que ya tenía-.

- Con lo de la cena puedes contar -sonrió-. Bueno Tacii, te dejo, que tengo que ir a hablar con algunas personas y tengo cosas por supervisar. Voy a llevar el vaso a la cocina, si has terminado me llevo el tuyo también.

- Ah, claro, gracias -le cedí el vaso-. Nos vemos.

- Hasta luego, Tacii -le vi marcharse a paso acelerado hacia la cafetería-.

No me sentía con ganas de hablar con nadie, evité todas las conversaciones posibles, limitándome a saludar y rehuir. No quería que acabase nunca la hora de trabajar, pero lo hizo, y llegado el momento me preparé para irme.

A medida que iba dejando atrás el puesto de vigilancia sentía como la ansiedad crecía en mi interior, y mis pulsaciones se aceleraban con cada paso. Una vez estuve delante del ayuntamiento me plantee si pasar o no, y tras unos minutos de reflexión, finalmente lo hice, no sabía si aquel tipo era capaz de hacerlo, pero estaba lo suficientemente mal como para insinuarlo y amenazarme con ello, lo cual ya era bastante. Fui directa a su despacho con una mezcla de ira e inquietud, y llamé a la puerta, esperando a que me abriese:

- ¡Maravilloso! Me alegra saber que eres una chica obediente y puntual. Bueno, siéntate -tomé asiento sin dudar, traté de alejarme lo máximo posible de él-. Como hoy es tu primer día no te quiero forzar mucho, hoy vas a hacer algo sencillo -se puso al lado de la mesa y sacó una carpeta de un cajón-. Mira en esta carpeta hay papeleo, y hay que ordenarlo, así que ya sabes, tú mira de qué va cada papel y me los ordenas -me dio la carpeta, tirándola a posta para que yo la tuviese que recoger, y le miré con desdén-. Se me ha caído...¿A qué viene esa mirada? -se acercó a mí y me miró con gesto amenazante, propinándome un empujón en el hombro que casi me tira de la silla-.

- ...lo siento -dije, casi como mecanismo de defensa-.

- No pasa nada, hay que aprender, a las señoritas hay que enseñarlas cómo comportarse. Bueno, ahí tienes los papeles, los quiero en orden alfabético según los apellidos. Y cuando acabes tienes que quitar el polvo del despacho, así me lo ahorras también. ¿Alguna duda?

- Cuando acabe lo que me has mandado, ¿me puedo ir directamente, o te tengo que avisar a ti?

- Es lógico que me tienes que avisar a mí primero, así superviso lo que has hecho, y si está bien te podrás ir.

- ¿Y si no está bien?

- Oh, no, no soy esa clase de monstruo, no voy a enfadarme si está mal, simplemente te tendrás que quedar a hacerlo hasta que esté bien, pero contigo estoy seguro de que eso no va a pasar. Bueno, empieza ya -dijo, mientras se sentaba en su silla a tomarse una copa-.

Me pregunté si alguien entrase qué pensaría. Me puse desde el lado en el que estaba sentada a ordenar los papeles, se hizo mucho más complicado de lo que parecía, sobre todo teniendo en cuenta que Jerry no estaba haciendo nada, solo bebiendo, se limitaba a mirarme, a ver qué hacía, y de vez en cuando sonreía inquietantemente. Cuando acabé con el papeleo se lo di, aunque no pareció interesado en revisar mi trabajo, continuó mirándome mientras quitaba el polvo del despacho. Miré el reloj, eran casi las cinco y media, supuse que cuando acabase me dejaría marcharme. Una vez terminé, guardé el plumero y la bayeta y me situé al lado de la puerta:

- He terminado mi trabajo aquí. ¿Puedo irme?

- No está mal para ser el primer día, ya irás mejorando, pero bueno, me has demostrado que vas a ser una chica obediente y vas a venir todos los días, ¿verdad? -asentí, avergonzada de mí misma-. Así me gusta, muñeca, que hagas lo que yo te diga. Mañana más.

- Hasta mañana.

- Adiós, Tacii -me sonrió lascivamente mientras me marchaba, y me dio un escalofrío-.

Se puede decir que casi salgo corriendo de aquel sitio. Al menos había sido fácil, aguantaría hasta que se cansase y dejase a mi familia tranquila, al menos esperaba que ese día llegase.

No había sido tan malo, me esperaba algo mucho peor, más duro y sobre todo, más vejante, pero se mantenía a raya. Fui a por Alison a casa, y me la llevé andando hasta el hospital para esperar a Tommy. Me encontré con Thomas, lo cual era habitual, y me paré a saludarle y a hablar con él:

- Hola chicas -dijo Thomas con una sonrisa-.

- Hola -dijo Alison entre risas-.

- Bueno, pero qué niña más educada y más simpática -se agachó y Alison fue a darle un abrazo, y se puso en pie-.

- Hoy la has pillado animada porque justo antes de venir se ha comido unas galletas -le dije-.

- Una chica de buen comer -nos reímos-. Esta mañana me ha dicho Tommy que estáis viviendo juntos, enhorabuena.

- Gracias -le sonreí-. Hoy a ver si terminamos de organizarlo todo, pero vamos, que ya ayer estuvimos en la casa juntos.

- ¿Al final dónde os habéis ido?

- A mi piso, mi compañera se ha cambiado de piso, no nos puso ni una pega, fue muy amable.

- Me alegro por ti -vi a lo lejos que Tommy se acercaba, al parecer había salido un poco antes del trabajo-.

- No estaréis hablando mal de mí, ¿no?

- ¿Cómo lo has sabido? -le dije, y se agachó a coger en brazos a Alison y darla un beso-.

- Le estaba preguntando a Tacii sobre el piso.

- Ah, bueno, sí, ahora iremos a terminar. Si quieres mañana ven por a noche, te invitamos a cenar. ¿A ti que te parece, Tacii?

- Uy, muy mal -dije, en broma-. Estaremos encantados de ser tus anfitriones, Thomas-.

- Oh, genial, gracias, desde luego iré. Bueno, voy a volver al despacho, a ver si viene alguien y así tengo que dejar el papeleo.

- Que te sea leve -le dije-.

- Gracias chicos, que lo paséis bien.

- Nos vemos mañana, Thomas -dijo Tommy, y nos fuimos-.

- Has salido hoy pronto, ¿no?

- Sí, es que no venían más pacientes hasta tarde, y no me correspondían a mí, así que aquí me tienes.

- Pues vamos a casa, a ver si terminamos con las mudanzas y podemos tomarnos el resto de la tarde libre.

- Oye, bella durmiente, que no nos hemos saludado.

- ¿Cómo que bella durmiente? -se rió-.

- Tienes la extraña manía de quedarte dormida conmigo, ya es casi costumbre.

- ¿Te molesta? Es que estoy cansada, pero quiero estar contigo, y me siento muy a gusto a tu lado.

- Aw, pero qué mona eres -me besó y se lo devolví-. Me encanta estar contigo, aunque tú estés dormida, para nada me molesta, cielo -le di la mano y me miró, sonriente-. Hoy estás muy cariñosa, ¿no?

- Tenía muchas ganas de verte -le sonreí, y me atrajo hacia él para volver a besarme-. Bueno, vamos para casa, que a este ritmo no llegamos.

Nos dimos prisa en llegar. Doro prácticamente había terminado de llevar sus cosas, y se ofreció amablemente a ayudar con las de Tommy, que en realidad eran muy pocas. Terminamos incluso antes de que Doro se fuese a trabajar.

Ayudé a Tommy a colocar sus cosas, aunque se negó, y mientras nosotros las colocábamos Alison se encargaba de descolocarlas de nuevo.

La mudanza había sido divertida, al menos me había ayudado a evadirme durante un rato. Veía las cosas con otros ojos, sabía que podría con ello. Con todo.

O al menos eso creía.

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