Antes de que pudiese hacer nada, vi como el militar disparaba su arma, y cerré los ojos, sabía qué sería lo que ocurriría a continuación...
Nada... Espera, ¿nada?
Abrí los ojos al instante, y vi al guardia tirado en el suelo. El doctor, jadeando, le había asestado un contundente golpe al militar con su maletín, y por suerte, el disparo se había desviado a unos centímetros de mí.
Estaba indecisa, no sabía que hacer a continuación, pero por nuestra propia seguridad, decidí encargarme el militar, que se hallaba en el suelo inconsciente, a causa del impacto. Si no le mataba, traería problemas, y si lo hacía también, así que me limité a ocultarle en el armario en el que, hasta hacía escasos minutos, había estado escondida. Con sábanas improvisé un modo de tenerle amordazado, y con ayuda del doctor lo metimos en el armario.
Su pistola, que había quedado en el suelo, también podría traer problemas, así que me la guardé en el pantalón, en la parte de los riñones, tal vez nos sería útil.
Me senté un momento en la silla para tratar de asimilar lo que acababa de suceder:
- ¿Qué ha pasado? -me preguntó Tommy, notoriamente nervioso-. Quiero decir, que cómo he llegado yo hasta aquí...
- Es una historia un poco larga de explicar, no sé si me va a dar tiempo a contártela...
- No es momento para eso, desde luego, el disparo se habrá oído, y los militares estarán al caer, así que, si se va a hacer algo, tiene que ser ya -pensé en cuál sería nuestro siguiente movimiento, pero ni siquiera tenía tiempo para reflexionar al respecto-.
- Creo que lo mejor será que salgamos de aquí -vi que Tommy se intentaba poner de pié, pero no podía-. ¿Doctor, hay alguna forma de sacarle en la camilla?
- Es prácticamente imposible, están todas las salidas vigiladas, si alguien sale o entra lo tienen que autorizar ellos. Solo en casos muy específicos al personal médico nos dejan salir.
- ¿En qué casos?
- Cuando necesitan ayuda fuera porque alguno de los suyos ha resultado herido, o cuando sacamos a los muertos... -cuando dijo aquello de mi cabeza afloró una peligrosa idea-.
- Entonces, si llevas a Tommy como si fuese un muerto, ¿podría salir? Porque seguro que algún militar más le ha visto aquí, enchufado en la máquina, y pueden creer que ha muerto porque no le han visto consciente...
- Es buena idea -dijo Tommy-.
- Se puede intentar, al menos es una alternativa. Puedo elaborar un informe de defunción falso en cuestión de minutos en el que figuren las causas -recogió su maletín, el cual había dejado en el suelo tras golpear al militar que nos había venido a visitar-. Si me disculpáis, en cinco minutos estaré de vuelta, voy a coger uno ya existente, cambiaré algunas cosas y tendremos parte del trabajo hecho -al oír aquello sentí un enorme alivio, al menos teníamos una oportunidad-. Tacii, tú permanece oculta como puedas, llama la mínima atención posible. Si ves a algún militar, no hagas nada, y tú -dijo, mientras se giraba mirando a Tommy- cierra los ojos, no pueden saber que has despertado.
- Vale -asintió Tommy-.
- Bien, vuelvo en seguida -abrió la puerta rápidamente, y la cerró tras salir-.
Quería hablar con Tommy, pero no podía, tenía que esconderme y esperar a que el doctor volviese, era demasiado peligroso y arriesgado ponernos a hablar.
Me agaché en una esquina de la habitación, de las más cercanas a a puerta, y me oculté detrás de la silla, en la cual estaba la bata del doctor, que me serviría para cubrirme más.
Oía los latidos de mi corazón, que cada vez estaba más acelerado. Oía numerosos pasos, y voces en el pasillo también, y, como era de esperar, un grupo de militares se aproximaba a la sala. Me intenté plegar lo máximo posible para que no me viesen, y esperaba que Tommy estuviese interpretando su papel:
- ¿Estás seguro de que ha sido aquí? -preguntó una mujer, cuya voz no pude identificar-.
- Si no eran en las otras dos, tiene que haber sido aquí, ya ves que no había siquiera marcas -respondió un hombre de grave voz-.
- Igual no ha llegado a disparar... -añadió otro hombre que parecía más joven por su voz-.
- No, claro, será que estarían celebrando el cuatro de mayo, no te jode... -respondió el hombre de voz profunda-. Lucas, busca si encuentras algún agujero de bala por algún sitio. Teresa y yo vamos fuera, tal vez ha sido en el pasillo o en alguno de los despachos, aunque me parece muy precipitado...
- ¿Te las vas a poder apañar tú solito? -dijo regodeándose la mujer que respondía al nombre de "Teresa"-. No va a haber aquí nadie para limpiarte el culo si te cagas...
- Muy graciosa -respondió el chico-. Estaré perfectamente, ya sabes lo que dicen "Mejor solo que mal acompañado".
- Que te jodan -dijo la mujer, y escuché como la puerta se abría, y alguno de los militares se alejaban, no estaba segura, pero por lo que habían dicho, estaba casi segura de que se habían ido dos de ellos-.
Por la parte de abajo de la silla pude ver las botas del militar al que le habían encomendado la misión de buscar el disparo, si es que estaba allí.
Me quedé horrorizada al ver que se dirigía a la camilla y se quedaba allí parado un rato. Murmuró algo que no pude escuchar, pero no hizo nada, así que imaginé que no había encontrado nada de su satisfacción.
Cuando acabó con la zona de la mesa, se dio la vuelta, y fue cuando vio el casquillo de la bala. Y, seguidamente, el agujero. Suspiré aliviada al ver que había encontrado lo que quería, y que no seguiría buscando, pero al parecer me equivocaba. "Es de nuestra munición, así que tiene que ser de uno del ejército" le escuché decir.
Entonces se giró hacia donde yo estaba escondida, y rápidamente sacó la pistola. Justo cuando hizo el primer disparo, rodé por el suelo, haciendo que la silla cayese para un lado. Saqué la pistola que le habíamos quitado al militar inconsciente, y como sabía que estaba de mierda hasta el cuello tras el nuevo sonido de disparos, apunté y disparé al joven militar antes de que volviese a intentarlo conmigo. Tenía que salir de allí, y lo tenía que hacer ya. Cogí la bata de médico y me la puse, al menos así no parecería tan sospechosa.
Antes de irme, a toda prisa me acerqué a Tommy, no podía marcharme sin decirle nada:
- Me tengo que ir, el doctor estará al caer. Sé que vas a estar bien, nos vemos fuera -me acerqué y le besé-.
- Ten mucho cuidado -me dijo, mientras yo salía apresuradamente por la puerta-.
Veía mucho movimiento en el pasillo. Aproveché que un par de médicos estaba cerca, hablando tranquilamente, como si no hubiese pasado nada, precisamente sobre el disparo:
-...pues sí, será que le han pillado. Yo le dije que quitarles material a los militares era arriesgarse demasiado.
- Yo también se lo advertí. En fin, ahora me tocará hacer su trabaj...Un momento, ¿no es ese que viene a paso ligero? -miré disimuladamente a la dirección que señalaba, y se trataba del médico que nos había ayudado a Tommy y a mí-. Pues no sé, será otro entonces, nadie sabe por dónde van los tiros con esta gente...
- ¡Y nunca mejor dicho! -se rieron-.
Me abstuve de intervenir porque podría suponer descubrirme. Por lo que había escuchado, aquellos dos hablaban de que parecía que habían matado a algún médico, pero lo que me dejó anonadada fue la naturalidad con la que lo hicieron, posiblemente porque era algo que pasaba habitualmente.
El médico pasó por mi lado, no me dijo nada, sabía que algo había pasado, se limitó a asentir con la cabeza cuando pasó, supuse que como indicativo de que iba a empezar su parte del plan. Ahora me tocaba a mí.
Andaba con paso ligero, lo cual parecía algo muy habitual entre la gente de allí, no quería llamar la atención de nadie. Cuando veía a algún militar, me escondía o cambiaba mi camino, aunque realmente no quería llegar a ninguna parte, más bien estaba buscando a alguien.
Ir al despacho de Sharon fue lo primero que se me pasó por la cabeza, pero lo descarté en seguida, no quería meterla en problemas a ella también, así que me limité a dar vueltas en busca de Fabio, era la única persona con la que había hablado sobre el tema, y al menos no estaría sola si iba a intentar salir. Me hubiese gustado haber planeado todo bien, de forma más detenida y precisa, pero las circunstancias no estaban a nuestro favor.
Escudriñé el fondo del pasillo en el que me hallaba, había un puñado de militares que parecían sobresaltados, y a pesar de la situación en la que me encontraba, me acerqué a ellos para ver que sucedía, tal vez información de fuera me pudiese ayudar para salir:
- ¿Qué vamos a hacer? William no aparece, y tendría que ir arriba de inmediato, se nos están amontonando...
- Entre cómo están las cosas aquí dentro y fuera del refugio, no sé dónde prefiero estar, la verdad... -dijo el muchacho que tenía al lado, totalmente ajeno a lo que su compañero acababa de decir-.
- Ese nenaza de William estará lamiendo el culo de alguno de los oficiales, déjale, es cuestión de tiempo que aparezca -comentó otro de los militares-.
- Bueno, entonces, ¿qué hacemos? Quedarnos aquí parados no nos va a ayudar en absoluto...
- Vayámonos de aquí, ya se harán cargo de esto los que vinieron antes, sino, que les den por culo a ellos también -soltó rotundamente el primero, y salieron a paso firme del pasillo-.
Cuando hablé con Sharon me dijo que las cosas fuera habían terminado, lo que entendí como que las cosas fuera se habían calmado. Ahora se me presentaban dos problemas más: en primer lugar, no sé de qué estaban hablando, tal vez algún soldado de mi grupo les estaba dando guerra y el tiroteo había vuelto a empezar, a pesar de que no se oía ningún disparo, y el problema más serio era que, el médico tendría que salir con Tommy fuera de las instalaciones, y si las cosas estaban revueltas fuera, sería mucho mejor permanecer dentro, al menos por el momento. Y me asaltó entonces la duda de qué hacer a continuación, no tenía muchas opciones, pero si estaba en mis manos tenía que evitar que saliesen del edificio.
Pero estaba en un punto de no retorno, no podía volver atrás, probablemente fuese tarde para advertir de nada, seguramente ya ellos se habrían dado cuenta.
Continué deambulando por los pasillos buscando a Fabio, y tras varias vueltas, con el pulso acelerado y con gotas de sudor frío corriendo por mi espalda, le encontré. Al verme, me miró extrañado, y fui directamente a hablar con él:
- Tenemos que hacer algo ya -le dije-.
- Si, justo te estaba buscando para decirte exactamente lo mismo, tenemos que aprovechar...
- ¿Te has enterado del revuelo que se ha formado con los disparos?
- ¿Los que se han escuchado aquí? -me miró extrañado-. Algo he oído, pero eso no ha sido nada. ¿Sabes lo que ha pasado?
- No, pensaba que todo estaba así por eso...
- Qué va, algunos están aquí de guardia, y lo que parecía una revisión esta mañana era más bien una escapada de los militares más astutos, que han reclutado a algunos de los nuestros para ocupar su lugar.
- Creo que te vas a tener que explicar mejor, sigo sin saber qué es lo que ha pasado...
- Lo de ayer, todo el ruido que se formó atrajo a muchos caminantes, y por lo visto ahora hay una horda muy numerosa fuera, que se está poniendo las botas con los cadáveres resultado del ataque, y a su vez, buscan nuevas víctimas.
- Es decir, que fuera está plagado de zombis, ¿no?
- Exactamente, y los militares están cagados, porque entre las bajas que han tenido y la munición, es complicado hacer frente a los muertos. Y es por eso que debemos aprovechar el déficit de vigilancia para atacar y marcharnos.
- Bueno, eso está muy bien, pero ellos siguen siendo un problema, por no hablar del tema de "marcharnos". A no ser que queramos irnos de forma "no humana", no va a ser tan fácil una vez estemos fuera.
- Lo importante ahora es aprovechar la situación y salir -insistió, con aire decidido-. Tenemos algunas armas contundentes y de filo también, con eso nos va a ser suficiente.
- Es que el problema no es salir, sino lo que vamos a encontrar fuera.
- ¡Eso ya se verá cuando salgamos! -repitió, decidido-. Vamos a buscar al resto de compañeros que apoyan nuestra causa y a por las armas, no hay tiempo que perder.
- Tengo una pistola, por si acaso en algún momento determinado la necesitamos -le comenté-.
- Pues de maravilla, voy a reunirme con los demás. Nos veremos en la sala en la que estuvimos ayer hablando, ¿vale?
- Entendido, allí nos veremos.
Aproveché aquellos últimos minutos de "calma" para despedirme de Sharon, después de cómo e había portado conmigo, independientemente de lo que ocurriese, merecía que le diese las gracias de nuevo.
S
No sabía si estaría en su despacho o no, el caso es que no me la había cruzado por el pasillo en ningún momento. Me alarmé al tener en cuenta la posibilidad de que los militares se la hubiesen llevado para combatir a los muertos, pero por suerte, al llamar a la puerta de su despacho obtuve respuesta, y unos segundos más tarde, ella misma me abrió la puerta:
- Hola Tacii, ¿pasa algo? -no sabía si estaba al tanto de lo que había ocurrido, pero no tenía tiempo para preguntar-.
- Me voy a ir, y venía a despedirme. Sé que lo que me contaste fue para convencerme de que no lo hiciese, pero lo tengo claro. No obstante, aprecio mucho tu detalle, así como toda la ayuda que nos has proporcionado a Tommy y a mí, sin ti probablemente ambos estaríamos muertos -me acerqué, y aunque no parecía muy receptiva, le di un abrazo-.
- Aunque te intenté de convencer de que no lo hicieras, hay razones que solo el corazón entiende, y quién soy yo para decir nada a nadie en ese aspecto -me dedicó una sonrisa-. Espero que tengas suerte y te vayan bien las cosas, sois buena gente, en otras circunstancias me habría gustado irme con vosotros y te des... -justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe, y un par de militares aparecieron violentamente-.
- ¡Una de las dos, que se venga con nosotros, necesitamos gente fuera! -exclamó el más alto-.
- ¿Por qué? -le pregunté, esperando ilusamente que me respondiesen-.
- ¡Coge a esa, por preguntar! -vi como ambos se aproximaban hacia mí, y el más fuerte se abalanzó sobre mí, tirándome al suelo e inmovilizándome-.
Estaba mareada por el cambio brusco de posición, pero pude alcanzar a ver cómo uno de los militares, el que me tenía inmovilizada, era derribado, y aproveché para levantarme.
Vi a Sharon con el pisapapeles ensangrentado en la mano, jadeando, y el otro tipo le apuntaba con la pistola. Antes de que reaccionase, saqué la pistola y disparé tan certeramente como mi emborronada vista me permitió. Resultó suficiente, tanto para huir como para llamar la atención de otros militares, que no tardarían en aparecer.
Sharon me cogió del brazo, aún jadeante:
- No sé qué hacer... -me dijo-. Estoy casi segura de quedarme no es la mejor opción, pero, ¿qué otra cosa iba a poder hacer? Va a ser o morir aquí dentro, o hacerlo fuera...
- Mira, no creo que este sea el mejor momento para reflexionar, pero si tienes que hacer algo, hazlo ya, porque nos va a venir una marabunta de soldados cabreados y dispuestos a masacrarnos sin siquiera pestañear -cogí las armas de los dos cuerpos que yacían en el suelo, y le pasé una a Sharon-.
- Voy a arriesgar mucho...
- ¡Todos lo vamos a hacer! Y ahora, si vas a venir, sígueme, si decides no hacerlo, defiéndete con ese arma, o haz lo que creas más conveniente.
Salí disparada del despacho, y como me temía, un grupo de cinco soldados se aproximaba al origen de los nuevos disparos. Reconocí a dos de ellos, eran los que habían estado antes registrando la habitación en la que estaba Tommy.
Cuando me vieron salir corriendo, supusieron que yo era parte del problema por mi forma de actuar, y miré atrás por última vez para comprobar is Sharon se venía. Nada.
Pegué unos cuantos tiros hacia el grupo de militares, y seguí corriendo, tratando de despistarles. Me deshice en carrera de la bata, que no haría más que levantar más sospechas a esas alturas. Al doblar una de las esquinas, conseguí ocultarme entre un grupo de gente asustada.
A pesar de que no tenía tiempo para cambiar mi aspecto, me recogí el pelo lo mejor que pude para llamar menos la atención, y me dirigí sin pensármelo dos veces al lugar en el que habíamos quedado Fabio y los demás.
Al salir, traté de no llamar la atención, y empecé a andar con paso ligero. Los pasillos se habían quedado despejados de soldados, todos los que habían allí estaban buscándome.
Di un pequeño rodeo, buscando la forma más segura de llegar, y cuando ya estaba acercándome, una cara conocida se cruzó en mi camino. Era el militar que habíamos encerrado en el armario, el primero con el que me había topado. Pensé que tal vez no se había percatado de mi presencia, pero cuando, con un sonoro "Está aquí" dio la alarma, fui todo lo rápido que pude a la sala con Fabio y los demás. Era o todo o nada ya.
Eché a corre con todas mis fuerzas, sin siquiera mirar atrás un momento, no podía permitirme el lujo de perder tiempo.
Me costó bastante llegar, estaba tan nerviosa que era incapaz de dar con la sala. No estaba segura de si habría despistado o no a alguno de mis perseguidores, pero al menos no oía tanto barullo a mis espaldas como con el inicio de la persecución.
Justo al lado de la puerta tras la cual me esperaban mis aliados, había una columna, y me oculté tras ella para observar cómo estaba el ambiente.
Efectivamente, algún guardia se había despistado, y unos pocos rondaban la zona, buscándome probablemente. Con mucha discreción y sin hacer apenas ruido, me metí en la sala, y al ver a Fabio sentí un gran alivio, después de todo lo que había sucedido, verme acompañada, aunque fuese por gente que apenas conocía, me hacía sentir mucho más segura:
- ¿Qué pasa? -me preguntó Fabio, al verme jadeando, y limpiándome el sudor de la frente-.
- Las cosas se han torcido más, y bueno, un grupo de soldados cabreados me ha estado siguiendo -al oírme decir aquello, cogió su cuchillo e hizo un gesto al resto, que no eran más de quince personas-.
- ¿Vienen hacia aquí?
- No lo sé, parecía que me habían seguido la pista, pero tengo mis dudas, por si acaso, mejor vamos a movilizarnos ya, antes de que sea tarde.
- ¡Venga, gente, es hora de demostrar quién somos! -clamó para el resto Fabio, parecía el protagonista de una película de acción-.
Nos organizamos un poco, y me puse en cabeza junto a Fabio. Me había dado un cuchillo con poco filo, con aquello no resultábamos prácticamente ni una amenaza, pero era lo que había, y contábamos con un par de pistolas, que podría salvarnos la vida en un momento dado si las cosas se torcían. Yo llevaba una, y como desconocía la habilidad que tenían con esta, se la di a Fabio, al menos sabía que no dudaría en usarla si fuese necesario.
Nos dispusimos a salir, y en ese momento me topé de frente con Sharon, que traía el rostro descompuesto, y venía con una gran bolsa de gimnasio colgada del hombro:
- ¡Tenemos que darnos prisa! -dijo, con los ojos muy abiertos-.
- ¿Qué pasa? -le preguntó Fabio, desconcertado-.
- El edificio se está yendo a la mierda, han accedido a la primera planta zombis, han acabado con las barricadas, y los militares han puesto una bomba para atraerlos aquí, y deshacerse de la horda masiva que se ha formado.
- ¡¿Cómo?! -Fabio se quedó petrificado al oír aquello-. ¿Vana tirar esto?
- Sí, están colocando los explosivos y preparándolo todo. Han desalojado a gran parte de los que han sobrevivido, pero a la gente de abajo no nos han proporcionado ninguna ayuda... -las cosas se estaban complicando más por momentos, temía por Tommy y el médico más que nunca, teníamos que darnos prisa en salir de allí-.
- Pues vamos, no sé a qué estamos esperando -dije, poniéndome a andar rápido, pero al ver que nadie me seguía, paré-. ¿Por qué no os movéis?
- Porque eso no es todo, Tacii, no he terminado de contar lo que sucede. Los que han salido no dejan que salga más gente, por temor a que se hayan infectado, aunque estén perfectamente, los están masacrando.
- Maravilloso -dije, rendida-. Qué hijos de puta, solo por esto no voy a dejar ni uno en pié -maldije, inundada de rabia-.
- Estoy con Tacii, si quieren paz van a tener guerra -añadió Fabio, y fue entonces cuando se puso a mi altura en el camino-. Todos juntos, sabéis que la unión hace la fuerza, y el bien tiene que prevalecer sobre el mal.
Y entonces vi como el resto de personas, incluyendo a Sharon, nos seguían. Aquel discurso había sido de los más extraños que había escuchado, o tal vez eran imaginaciones mías y el problema estaba en que los discursos se habían convertido en guerras. Por los tiempos que corrían, muestras de compañerismo o siquiera un atisbo de reciprocidad, eran muy difíciles de ver.
Nos movilizamos en seguida, y a paso ligero, pero con cuidado, avanzamos hacia las escaleras para subir. El paseo fue un horrible desfile de cuerpos derribados tendidos en una larga alfombra teñida de rojo, unos pocos de soldados, y otros muchos de la gente que se hospedaba en la parte baja.
Cuando subimos las escaleras empezamos a escuchar gruñidos. Aligeramos en paso, y me adelanté, no era la primera vez que me encontraba en una situación así, y podría intentar hacer un mapa mental de dónde estaban las amenazas y cómo esquivarlas. De la orientación se encargaba Fabio, que conocía una forma de salir a través de la cual no seríamos descubiertos, un pequeño agujero tras uno de los servicios del baño de hombres de la primera planta.
"Echo de menos a mi pequeña, y a Tommy, y a Pears...oh Dios, espero que estén bien" pensé mientras me aproximaba al foco del ruido. Me centré, no podía distraerme o las consecuencias serían terribles. Hice una señal a Fabio para que se acercase, porque yo no sabía por dónde seguiríamos avanzando.
Cuando nos movimos, empecé a escuchar una progresión de disparos que venían de más adelante. Les hice señas al resto del grupo para que parasen y se anduvieran con cuidado, probablemente algún soldado se hallaba cerca de nuestro paradero, y si nos viese no dudaría en disparar.
Me oculté tras una pared que daba a un amplio pasillo y allí pude ver a unos pocos caminantes luchando por llegar hasta la entrada principal, donde se habían atrincherado algunos supervivientes del grupo de los militares. Por su parte, ellos estaban disparando a todo aquello que se moviese, sin apuntar demasiado, aunque dudaba que aquel malgasto de munición fuese intencionado, para tratarse de profesionales, bajo situaciones de emergencia su capacidad de improvisación parecía que brillaba por su ausencia.
No quise acercarme más, o me verían, por lo que continué oculta, esperando la oportunidad adecuada para meterme y librarme de ellos, o al menos distraerles para que nuestro grupo pudiese pasar. Mi respuesta apareció en forma de matafuego. Muy cerca de donde yo me encontraba, al lado contrario y un poco más adelante, se encontraba un extintor tras una vidriera de seguridad. Sabía que mi idea no era de las mejores que había tenido, pero dadas las circunstancias, no podía pedir más, así que, cautelosamente, me aproximé al estante, cogí una piedra lo suficientemente voluminosa para impactar, y traté de hacer el mínimo ruido posible, aunque romper un estante de seguridad sabía que precisamente silencioso no iba a ser.
Aunque tampoco me esperaba lo que ocurrió a continuación...
Aunque tampoco me esperaba lo que ocurrió a continuación...



