lunes, 27 de agosto de 2018

Tornado of Souls - Cap.75: Love the Enemy



Antes de que pudiese hacer nada, vi como el militar disparaba su arma, y cerré los ojos, sabía qué sería lo que ocurriría a continuación...

Nada... Espera, ¿nada?

Abrí los ojos al instante, y vi al guardia tirado en el suelo. El doctor, jadeando, le había asestado un contundente golpe al militar con su maletín, y por suerte, el disparo se había desviado a unos centímetros de mí.

Estaba indecisa, no sabía que hacer a continuación, pero por nuestra propia seguridad, decidí encargarme el militar, que se hallaba en el suelo inconsciente, a causa del impacto. Si no le mataba, traería problemas, y si lo hacía también, así que me limité a ocultarle en el armario en el que, hasta hacía escasos minutos, había estado escondida. Con sábanas improvisé un modo de tenerle amordazado, y con ayuda del doctor lo metimos en el armario.

Su pistola, que había quedado en el suelo, también podría traer problemas, así que me la guardé en el pantalón, en la parte de los riñones, tal vez nos sería útil.

Me senté un momento en la silla para tratar de asimilar lo que acababa de suceder:

- ¿Qué ha pasado? -me preguntó Tommy, notoriamente nervioso-. Quiero decir, que cómo he llegado yo hasta aquí...

- Es una historia un poco larga de explicar, no sé si me va a dar tiempo a contártela...

- No es momento para eso, desde luego, el disparo se habrá oído, y los militares estarán al caer, así que, si se va a hacer algo, tiene que ser ya -pensé en cuál sería nuestro siguiente movimiento, pero ni siquiera tenía tiempo para reflexionar al respecto-.

- Creo que lo mejor será que salgamos de aquí -vi que Tommy se intentaba poner de pié, pero no podía-. ¿Doctor, hay alguna forma de sacarle en la camilla?

- Es prácticamente imposible, están todas las salidas vigiladas, si alguien sale o entra lo tienen que autorizar ellos. Solo en casos muy específicos al personal médico nos dejan salir.

- ¿En qué casos?

- Cuando necesitan ayuda fuera porque alguno de los suyos ha resultado herido, o cuando sacamos a los muertos... -cuando dijo aquello de mi cabeza afloró una peligrosa idea-.

- Entonces, si llevas a Tommy como si fuese un muerto, ¿podría salir? Porque seguro que algún militar más le ha visto aquí, enchufado en la máquina, y pueden creer que ha muerto porque no le han visto consciente...

- Es buena idea -dijo Tommy-.

- Se puede intentar, al menos es una alternativa. Puedo elaborar un informe de defunción falso en cuestión de minutos en el que figuren las causas -recogió su maletín, el cual había dejado en el suelo tras golpear al militar que nos había venido a visitar-. Si me disculpáis, en cinco minutos estaré de vuelta, voy a coger uno ya existente, cambiaré algunas cosas y tendremos parte del trabajo hecho -al oír aquello sentí un enorme alivio, al menos teníamos una oportunidad-. Tacii, tú permanece oculta como puedas, llama la mínima atención posible. Si ves a algún militar, no hagas nada, y tú -dijo, mientras se giraba mirando a Tommy- cierra los ojos, no pueden saber que has despertado.

- Vale -asintió Tommy-.

- Bien, vuelvo en seguida -abrió la puerta rápidamente, y la cerró tras salir-.

Quería hablar con Tommy, pero no podía, tenía que esconderme y esperar a que el doctor volviese, era demasiado peligroso y arriesgado ponernos a hablar.

Me agaché en una esquina de la habitación, de las más cercanas a a puerta, y me oculté detrás de la silla, en la cual estaba la bata del doctor, que me serviría para cubrirme más.

Oía los latidos de mi corazón, que cada vez estaba más acelerado. Oía numerosos pasos, y voces en el pasillo también, y, como era de esperar, un grupo de militares se aproximaba a la sala. Me intenté plegar lo máximo posible para que no me viesen, y esperaba que Tommy estuviese interpretando su papel:

- ¿Estás seguro de que ha sido aquí? -preguntó una mujer, cuya voz no pude identificar-.

- Si no eran en las otras dos, tiene que haber sido aquí, ya ves que no había siquiera marcas -respondió un hombre de grave voz-.

- Igual no ha llegado a disparar... -añadió otro hombre que parecía más joven por su voz-.

- No, claro, será que estarían celebrando el cuatro de mayo, no te jode... -respondió el hombre de voz profunda-. Lucas, busca si encuentras algún agujero de bala por algún sitio. Teresa y yo vamos fuera, tal vez ha sido en el pasillo o en alguno de los despachos, aunque me parece muy precipitado...

- ¿Te las vas a poder apañar tú solito? -dijo regodeándose la mujer que respondía al nombre de "Teresa"-. No va a haber aquí nadie para limpiarte el culo si te cagas...

- Muy graciosa -respondió el chico-. Estaré perfectamente, ya sabes lo que dicen "Mejor solo que mal acompañado".

- Que te jodan -dijo la mujer, y escuché como la puerta se abría, y alguno de los militares se alejaban, no estaba segura, pero por lo que habían dicho, estaba casi segura de que se habían ido dos de ellos-.

Por la parte de abajo de la silla pude ver las botas del militar al que le habían encomendado la misión de buscar el disparo, si es que estaba allí.

Me quedé horrorizada al ver que se dirigía a la camilla y se quedaba allí parado un rato. Murmuró algo que no pude escuchar, pero no hizo nada, así que imaginé que no había encontrado nada de su satisfacción.

Cuando acabó con la zona de la mesa, se dio la vuelta, y fue cuando vio el casquillo de la bala. Y, seguidamente, el agujero. Suspiré aliviada al ver que había encontrado lo que quería, y que no seguiría buscando, pero al parecer me equivocaba. "Es de nuestra munición, así que tiene que ser de uno del ejército" le escuché decir.

Entonces se giró hacia donde yo estaba escondida, y rápidamente sacó la pistola. Justo cuando hizo el primer disparo, rodé por el suelo, haciendo que la silla cayese para un lado. Saqué la pistola que le habíamos quitado al militar inconsciente, y como sabía que estaba de mierda hasta el cuello tras el nuevo sonido de disparos, apunté y disparé al joven militar antes de que volviese a intentarlo conmigo. Tenía que salir de allí, y lo tenía que hacer ya. Cogí la bata de médico y me la puse, al menos así no parecería tan sospechosa.

 Antes de irme, a toda prisa me acerqué a Tommy, no podía marcharme sin decirle nada:

- Me tengo que ir, el doctor estará al caer. Sé que vas a estar bien, nos vemos fuera -me acerqué y le besé-.

- Ten mucho cuidado -me dijo, mientras yo salía apresuradamente por la puerta-.

Veía mucho movimiento en el pasillo. Aproveché que un par de médicos estaba cerca, hablando tranquilamente, como si no hubiese pasado nada, precisamente sobre el disparo:

-...pues sí, será que le han pillado. Yo le dije que quitarles material a los militares era arriesgarse demasiado.

- Yo también se lo advertí. En fin, ahora me tocará hacer su trabaj...Un momento, ¿no es ese que viene a paso ligero? -miré disimuladamente a la dirección que señalaba, y se trataba del médico que nos había ayudado a Tommy y a mí-. Pues no sé, será otro entonces, nadie sabe por dónde van los tiros con esta gente...

- ¡Y nunca mejor dicho! -se rieron-.

Me abstuve de intervenir porque podría suponer descubrirme. Por lo que había escuchado, aquellos dos hablaban de que parecía que habían matado a algún médico, pero lo que me dejó anonadada fue la naturalidad con la que lo hicieron, posiblemente porque era algo que pasaba habitualmente.

El médico pasó por mi lado, no me dijo nada, sabía que algo había pasado, se limitó a asentir con la cabeza cuando pasó, supuse que como indicativo de que iba a empezar su parte del plan. Ahora me tocaba a mí.

Andaba con paso ligero, lo cual parecía algo muy habitual entre la gente de allí, no quería llamar la atención de nadie. Cuando veía a algún militar, me escondía o cambiaba mi camino, aunque realmente no quería llegar a ninguna parte, más bien estaba buscando a alguien.

Ir al despacho de Sharon fue lo primero que se me pasó por la cabeza, pero lo descarté en seguida, no quería meterla en problemas a ella también, así que me limité a dar vueltas en busca de Fabio, era la única persona con la que había hablado sobre el tema, y al menos no estaría sola si iba a intentar salir. Me hubiese gustado haber planeado todo bien, de forma más detenida y precisa, pero las circunstancias no estaban a nuestro favor.

Escudriñé el fondo del pasillo en el que me hallaba, había un puñado de militares que parecían sobresaltados, y a pesar de la situación en la que me encontraba, me acerqué a ellos para ver que sucedía, tal vez información de fuera me pudiese ayudar para salir:

- ¿Qué vamos a hacer? William no aparece, y tendría que ir arriba de inmediato, se nos están amontonando...

- Entre cómo están las cosas aquí dentro y fuera del refugio, no sé dónde prefiero estar, la verdad... -dijo el muchacho que tenía al lado, totalmente ajeno a lo que su compañero acababa de decir-.

- Ese nenaza de William estará lamiendo el culo de alguno de los oficiales, déjale, es cuestión de tiempo que aparezca -comentó otro de los militares-.

- Bueno, entonces, ¿qué hacemos? Quedarnos aquí parados no nos va a ayudar en absoluto...

- Vayámonos de aquí, ya se harán cargo de esto los que vinieron antes, sino, que les den por culo a ellos también -soltó rotundamente el primero, y salieron a paso firme del pasillo-.


Cuando hablé con Sharon me dijo que las cosas fuera habían terminado, lo que entendí como que las cosas fuera se habían calmado. Ahora se me presentaban dos problemas más: en primer lugar, no sé de qué estaban hablando, tal vez algún soldado de mi grupo les estaba dando guerra y el tiroteo había vuelto a empezar, a pesar de que no se oía ningún disparo, y el problema más serio era que, el médico tendría que salir con Tommy fuera de las instalaciones, y si las cosas estaban revueltas fuera, sería mucho mejor permanecer dentro, al menos por el momento. Y me asaltó entonces la duda de qué hacer a continuación, no tenía muchas opciones, pero si estaba en mis manos tenía que evitar que saliesen del edificio.

Pero estaba en un punto de no retorno, no podía volver atrás, probablemente fuese tarde para advertir de nada, seguramente ya ellos se habrían dado cuenta.

Continué deambulando por los pasillos buscando a Fabio, y tras varias vueltas, con el pulso acelerado y con gotas de sudor frío corriendo por mi espalda, le encontré. Al verme, me miró extrañado, y fui directamente a hablar con él:


- Tenemos que hacer algo ya -le dije-.

- Si, justo te estaba buscando para decirte exactamente lo mismo, tenemos que aprovechar...

- ¿Te has enterado del revuelo que se ha formado con los disparos?

- ¿Los que se han escuchado aquí? -me miró extrañado-. Algo he oído, pero eso no ha sido nada. ¿Sabes lo que ha pasado?

- No, pensaba que todo estaba así por eso...

- Qué va, algunos están aquí de guardia, y lo que parecía una revisión esta mañana era más bien una escapada de los militares más astutos, que han reclutado a algunos de los nuestros para ocupar su lugar.

- Creo que te vas a tener que explicar mejor, sigo sin saber qué es lo que ha pasado...

- Lo de ayer, todo el ruido que se formó atrajo a muchos caminantes, y por lo visto ahora hay una horda muy numerosa fuera, que se está poniendo las botas con los cadáveres resultado del ataque, y a su vez, buscan nuevas víctimas.

- Es decir, que fuera está plagado de zombis, ¿no?

- Exactamente, y los militares están cagados, porque entre las bajas que han tenido y la munición, es complicado hacer frente a los muertos. Y es por eso que debemos aprovechar el déficit de vigilancia para atacar y marcharnos.

- Bueno, eso está muy bien, pero ellos siguen siendo un problema, por no hablar del tema de "marcharnos". A no ser que queramos irnos de forma "no humana", no va a ser tan fácil una vez estemos fuera.

- Lo importante ahora es aprovechar la situación y salir -insistió, con aire decidido-. Tenemos algunas armas contundentes y de filo también, con eso nos va a ser suficiente.

- Es que el problema no es salir, sino lo que vamos a encontrar fuera.

- ¡Eso ya se verá cuando salgamos! -repitió, decidido-. Vamos a buscar al resto de compañeros que apoyan nuestra causa y a por las armas, no hay tiempo que perder.

- Tengo una pistola, por si acaso en algún momento determinado la necesitamos -le comenté-.

- Pues de maravilla, voy a reunirme con los demás. Nos veremos en la sala en la que estuvimos ayer hablando, ¿vale?

- Entendido, allí nos veremos.

Aproveché aquellos últimos minutos de "calma" para despedirme de Sharon, después de cómo e había portado conmigo, independientemente de lo que ocurriese, merecía que le diese las gracias de nuevo.
S
No sabía si estaría en su despacho o no, el caso es que no me la había cruzado por el pasillo en ningún momento. Me alarmé al tener en cuenta la posibilidad de que los militares se la hubiesen llevado para combatir a los muertos, pero por suerte, al llamar a la puerta de su despacho obtuve respuesta, y unos segundos más tarde, ella misma me abrió la puerta:


- Hola Tacii, ¿pasa algo? -no sabía si estaba al tanto de lo que había ocurrido, pero no tenía tiempo para preguntar-.

- Me voy a ir, y venía a despedirme. Sé que lo que me contaste fue para convencerme de que no lo hiciese, pero lo tengo claro. No obstante, aprecio mucho tu detalle, así como toda la ayuda que nos has proporcionado a Tommy y a mí, sin ti probablemente ambos estaríamos muertos -me acerqué, y aunque no parecía muy receptiva, le di un abrazo-.

- Aunque te intenté de convencer de que no lo hicieras, hay razones que solo el corazón entiende, y quién soy yo para decir nada a nadie en ese aspecto -me dedicó una sonrisa-. Espero que tengas suerte y te vayan bien las cosas, sois buena gente, en otras circunstancias me habría gustado irme con vosotros y te des... -justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe, y un par de militares aparecieron violentamente-.

- ¡Una de las dos, que se venga con nosotros, necesitamos gente fuera! -exclamó el más alto-.

- ¿Por qué? -le pregunté, esperando ilusamente que me respondiesen-.

- ¡Coge a esa, por preguntar! -vi como ambos se aproximaban hacia mí, y el más fuerte se abalanzó sobre mí, tirándome al suelo e inmovilizándome-.

Estaba mareada por el cambio brusco de posición, pero pude alcanzar a ver cómo uno de los militares, el que me tenía inmovilizada, era derribado, y aproveché para levantarme.

Vi a Sharon con el pisapapeles ensangrentado en la mano, jadeando, y el otro tipo le apuntaba con la pistola. Antes de que reaccionase, saqué la pistola y disparé tan certeramente como mi emborronada vista me permitió. Resultó suficiente, tanto para huir como para llamar la atención de otros militares, que no tardarían en aparecer.

Sharon me cogió del brazo, aún jadeante:

- No sé qué hacer... -me dijo-. Estoy casi segura de quedarme no es la mejor opción, pero, ¿qué otra cosa iba a poder hacer? Va a ser o morir aquí dentro, o hacerlo fuera...

- Mira, no creo que este sea el mejor momento para reflexionar, pero si tienes que hacer algo, hazlo ya, porque nos va a venir una marabunta de soldados cabreados y dispuestos a masacrarnos sin siquiera pestañear -cogí las armas de los dos cuerpos que yacían en el suelo, y le pasé una a Sharon-.

- Voy a arriesgar mucho...

- ¡Todos lo vamos a hacer! Y ahora, si vas a venir, sígueme, si decides no hacerlo, defiéndete con ese arma, o haz lo que creas más conveniente.

Salí disparada del despacho, y como me temía, un grupo de cinco soldados se aproximaba al origen de los nuevos disparos. Reconocí a dos de ellos, eran los que habían estado antes registrando la habitación en la que estaba Tommy.

Cuando me vieron salir corriendo, supusieron que yo era parte del problema por mi forma de actuar, y miré atrás por última vez para comprobar is Sharon se venía. Nada.

Pegué unos cuantos tiros hacia el grupo de militares, y seguí corriendo, tratando de despistarles. Me deshice en carrera de la bata, que no haría más que levantar más sospechas a esas alturas. Al doblar una de las esquinas, conseguí ocultarme entre un grupo de gente asustada.

A pesar de que no tenía tiempo para cambiar mi aspecto, me recogí el pelo lo mejor que pude para llamar menos la atención, y me dirigí sin pensármelo dos veces al lugar en el que habíamos quedado Fabio y los demás.

Al salir, traté de no llamar la atención, y empecé a andar con paso ligero. Los pasillos se habían quedado despejados de soldados, todos los que habían allí estaban buscándome.

Di un pequeño rodeo, buscando la forma más segura de llegar, y cuando ya estaba acercándome, una cara conocida se cruzó en mi camino. Era el militar que habíamos encerrado en el armario, el primero con el que me había topado. Pensé que tal vez no se había percatado de mi presencia, pero cuando, con un sonoro "Está aquí" dio la alarma, fui todo lo rápido que pude a la sala con Fabio y los demás. Era o todo o nada ya.

Eché a corre con todas mis fuerzas, sin siquiera mirar atrás un momento, no podía permitirme el lujo de perder tiempo.

Me costó bastante llegar, estaba tan nerviosa que era incapaz de dar con la sala. No estaba segura de si habría despistado o no a alguno de mis perseguidores, pero al menos no oía tanto barullo a mis espaldas como con el inicio de la persecución.

Justo al lado de la puerta tras la cual me esperaban mis aliados, había una columna, y me oculté tras ella para observar cómo estaba el ambiente.

Efectivamente, algún guardia se había despistado, y unos pocos rondaban la zona, buscándome probablemente. Con mucha discreción y sin hacer apenas ruido, me metí en la sala, y al ver a Fabio sentí un gran alivio, después de todo lo que había sucedido, verme acompañada, aunque fuese por gente que apenas conocía, me hacía sentir mucho más segura:

- ¿Qué pasa? -me preguntó Fabio, al verme jadeando, y limpiándome el sudor de la frente-.

- Las cosas se han torcido más, y bueno, un grupo de soldados cabreados me ha estado siguiendo -al oírme decir aquello, cogió su cuchillo e hizo un gesto al resto, que no eran más de quince personas-.

- ¿Vienen hacia aquí?

- No lo sé, parecía que me habían seguido la pista, pero tengo mis dudas, por si acaso, mejor vamos a movilizarnos ya, antes de que sea tarde.

- ¡Venga, gente, es hora de demostrar quién somos! -clamó para el resto Fabio, parecía el protagonista de una película de acción-.

Nos organizamos un poco, y me puse en cabeza junto a Fabio. Me había dado un cuchillo con poco filo, con aquello no resultábamos prácticamente ni una amenaza, pero era lo que había, y contábamos con un par de pistolas, que podría salvarnos la vida en un momento dado si las cosas se torcían. Yo llevaba una, y como desconocía la habilidad que tenían con esta, se la di a Fabio, al menos sabía que no dudaría en usarla si fuese necesario.

Nos dispusimos a salir, y en ese momento me topé de frente con Sharon, que traía el rostro descompuesto, y venía con una gran bolsa de gimnasio colgada del hombro:

- ¡Tenemos que darnos prisa! -dijo, con los ojos muy abiertos-.

- ¿Qué pasa? -le preguntó Fabio, desconcertado-.

- El edificio se está yendo a la mierda, han accedido a la primera planta zombis, han acabado con las barricadas, y los militares han puesto una bomba para atraerlos aquí, y deshacerse de la horda masiva que se ha formado.

- ¡¿Cómo?! -Fabio se quedó petrificado al oír aquello-. ¿Vana tirar esto?

- Sí, están colocando los explosivos y preparándolo todo. Han desalojado a gran parte de los que han sobrevivido, pero a la gente de abajo no nos han proporcionado ninguna ayuda... -las cosas se estaban complicando más por momentos, temía por Tommy y el médico más que nunca, teníamos que darnos prisa en salir de allí-.

- Pues vamos, no sé a qué estamos esperando -dije, poniéndome a andar rápido, pero al ver que nadie me seguía, paré-. ¿Por qué no os movéis?

- Porque eso no es todo, Tacii, no he terminado de contar lo que sucede. Los que han salido no dejan que salga más gente, por temor a que se hayan infectado, aunque estén perfectamente, los están masacrando.

- Maravilloso -dije, rendida-. Qué hijos de puta, solo por esto no voy a dejar ni uno en pié -maldije, inundada de rabia-.

- Estoy con Tacii, si quieren paz van a tener guerra -añadió Fabio, y fue entonces cuando se puso a mi altura en el camino-. Todos juntos, sabéis que la unión hace la fuerza, y el bien tiene que prevalecer sobre el mal.

Y entonces vi como el resto de personas, incluyendo a Sharon, nos seguían. Aquel discurso había sido de los más extraños que había escuchado, o tal vez eran imaginaciones mías y el problema estaba en que los discursos se habían convertido en guerras. Por los tiempos que corrían, muestras de compañerismo o siquiera un atisbo de reciprocidad, eran muy difíciles de ver.

Nos movilizamos en seguida, y a paso ligero, pero con cuidado, avanzamos hacia las escaleras para subir. El paseo fue un horrible desfile de cuerpos derribados tendidos en una larga alfombra teñida de rojo, unos pocos de soldados, y otros muchos de la gente que se hospedaba en la parte baja.

Cuando subimos las escaleras empezamos a escuchar gruñidos. Aligeramos en paso, y me adelanté, no era la primera vez que me encontraba en una situación así, y podría intentar hacer un mapa mental de dónde estaban las amenazas y cómo esquivarlas. De la orientación se encargaba Fabio, que conocía una forma de salir a través de la cual no seríamos descubiertos, un pequeño agujero tras uno de los servicios del baño de hombres de la primera planta.

"Echo de menos a mi pequeña, y a Tommy, y a Pears...oh Dios, espero que estén bien" pensé mientras me aproximaba al foco del ruido. Me centré, no podía distraerme o las consecuencias serían terribles. Hice una señal a Fabio para que se acercase, porque yo no sabía por dónde seguiríamos avanzando.

Cuando nos movimos, empecé a escuchar una progresión de disparos que venían de más adelante. Les hice señas al resto del grupo para que parasen y se anduvieran con cuidado, probablemente algún soldado se hallaba cerca de nuestro paradero, y si nos viese no dudaría en disparar.

Me oculté tras una pared que daba a un amplio pasillo y allí pude ver a unos pocos caminantes luchando por llegar hasta la entrada principal, donde se habían atrincherado algunos supervivientes del grupo de los militares. Por su parte, ellos estaban disparando a todo aquello que se moviese, sin apuntar demasiado, aunque dudaba que aquel malgasto de munición fuese intencionado, para tratarse de profesionales, bajo situaciones de emergencia su capacidad de improvisación parecía que brillaba por su ausencia.

No quise acercarme más, o me verían, por lo que continué oculta, esperando la oportunidad adecuada para meterme y librarme de ellos, o al menos distraerles para que nuestro grupo pudiese pasar. Mi respuesta apareció en forma de matafuego. Muy cerca de donde yo me encontraba, al lado contrario y un poco más adelante, se encontraba un extintor tras una vidriera de seguridad. Sabía que mi idea no era de las mejores que había tenido, pero dadas las circunstancias, no podía pedir más, así que, cautelosamente, me aproximé al estante, cogí una piedra lo suficientemente voluminosa para impactar, y traté de hacer el mínimo ruido posible, aunque romper un estante de seguridad sabía que precisamente silencioso no iba a ser.

Aunque tampoco me esperaba lo que ocurrió a continuación...

lunes, 20 de agosto de 2018

Tornado of Souls - Cap.74: Dead Hearts



Al entrar en la sala se me cayó el alma a los pies. Vi a Tommy tumbado en la camilla, cubierto hasta los hombros con una sábana, y estaba muy pálido. Estaba conectado a un respirador, y tenía una vía inserta en el brazo derecho. La imagen me resultó devastadora, y no pude evitar romper en llanto, sin saber aún cuál era el problema por mi cabeza no dejaban de pasar cosas horribles:

- Perdone, sé que he sido demasiado brusco, pero al comprobar el estado del paciente, he visto que ha perdido mucha sangre, y necesitamos urgentemente una transfusión sanguínea para él. ¿Usted sabe qué grupo sanguíneo es?

- No, yo... no lo sé, pero si puede hágame una prueba rápida, por favor, y le daré toda la sangre que necesite si puede.

- El paciente es A positivo, así que necesitamos que usted sea del mismo grupo o 0, en su defecto. Si es otro grupo, tenemos que buscar otro donante.

- ¿Me puede hacer las prueba entonces?

- Sí, le pregunté a usted primero porque, al ser su acompañante, entiendo que tanto él como usted se sentirán más cómodos si en la transfusión no intervienen terceros. Deme un momento, voy a otra sala done tengo todas las herramientas necesarias para hacerlo.

Me senté en una silla que estaba al lado de la cama, y mientras el médico venía, le cogí la mano a Tommy, y recé a mi dios de nuevo para que todo fuese bien y pudiese hacer la transfusión. Me planteé buscar a gente que estuviese dispuesta a hacerlo, incluso a pagar lo que fuese necesario.

Llegué incluso a echar cuentas de cuán probable era que nuestros grupos sanguíneos fuesen compatibles. No sabía si era por los nervios, pero las cuentas me salieron muy en mi contra, y preferí olvidarme de aquello.

Al cabo de unos minutos apareció el cirujano por la puerta, cargado con material médico. Dejó todo encima de una mesa que allí había, cubierta con una sábana, y empezó a organizarlo todo. Se acercó a mí, y me observó atentamente el brazo, buscando una vena en la que pincharme para sacar la sangre. Cuando la encontró me limpió la zona con un algodón y alcohol, y después me sacó sangre. Cuando tuvo la jeringuilla llena, lo vertió en un vial, y lo cerró:

- Bueno, ya está, ahora lo único que puedes hacer es esperar aquí, voy a la zona del laboratorio, que está arriba, y voy a echar un vistazo a esto. Trataré de darme toda la prisa que pueda, pero si ocurre algo, un ayudante mío está atendiendo a otro paciente al lado, así que no dudes en recurrir a ella hay algún problema o urgencia -asentí, nerviosa, y se marchó a toda prisa-.

Permanecí estática en todo momento, al lado de Tommy, observando sus constantes vitales. Me sorprendía el equipamiento médico tan completo que tenían, contaban con todo aquello que se podía encontrar en un hospital, y al instante caí en la cuenta de que los militares probablemente lo habrían sacado precisamente de un hospital, dudaba que en un colegio fuesen a tener semejante mobiliario, dada la escasa gravedad de los incidentes que se podían dar en un colegio corriente, al menos antes de que los muertos resucitasen.

Y también estaba la electricidad, tenían un suministro eléctrico, para mí desconocido, pero desde luego que tenía que haberlo para mantener todas aquellas máquinas funcionando. 

Los militares se las habían ingeniado bien para hacerse un refugio, estaba bien provisto, bien situado, y por lo que Sharon me había comentado, también lo sabían defender. Iban a ser un problema considerable, pero tampoco quería pensar en ello demasiado, no era el momento más indicado.

Suspiraba y miraba al reloj constantemente, fuera el que fuese el resultado, estaba deseando saber cómo había ido el análisis de sangre. No era inmediato, era consciente e ello, pero la tensión me estaba matando, y tenía que hacer algo ya. Justo cuando me empezaba a plantear salir a buscar al doctor, este apareció, con otro tanto de material encima:

- Ya tengo los resultados, por suerte eres 0 positivo, así que sois compatibles -no pude evitar proferir un gran suspiro de alivio-.

- Nunca pensé que me alegraría tanto que me extrajesen sangre -dije, con una risa nerviosa-.

- Siéntate cómoda en la silla para que pueda iniciar la extracción, y apoya el brazo si quieres en uno de los reposabrazos de la silla, así me facilitas la tarea también -asentí, y me coloqué bien para que pudiese extraerme la sangre-. Si en algún momento te sientes mareada, avísame, pararemos para que te recuperes -volví a asentir-. ¿Estás lista?

- Sí, cuanto antes empiece, antes acabará -suspiré, miré a Tommy y cerré los ojos-.


Al cabo de unos minutos me empecé a sentir mareada, pero no quise decir nada, esperaba que de un momento a otro terminase. El tiempo era demasiado valioso como para desperdiciarlo en recuperarme, la vida de Tommy estaba en juego, y tenía claro que haría lo que fuese necesario para que él estuviese bien.

De repente todo a mi alrededor empezaba a bailar, sabía que no tardaría en desmayarme. "Aguanta Tacii, no seas floja, que ya va a acabar" me decía a mí misma repetidas veces para animarme, pero dejó de tener efecto cuando empecé a invertir esas pocas fuerzas en mantenerme despierta, se me caían los párpados, y sentía que mi movimiento corporal se había vuelto más involuntario y errático.

Abrí los ojos, confusa, al parecer me había desmayado. Seguía en la silla sentada, y vi que el médico le estaba haciendo la transfusión:

- ¿Cómo va, doctor? -le pregunté, aún aletargada-.

- Estupendo, ya ha despertado. Dije que si necesitaba parar en cualquier momento, me lo dijese.

- Ya, pero no quería perder tiempo, como era urgente...

- Sí, y lo es, pero eso que ha hecho es muy dañino y peligroso -suspiró, yo no era la única en aquella sala presa de la tensión-. Va bien, su cuerpo reacciona positivamente a la transfusión por lo que parece. Cuando termine le voy a desinfectar las heridas del abdomen, le cambiaré la venda, y ya está.

- ¿La operación ha ido bien?

- Sí, antes le he comentado a Sharon que el hecho de que haya sido un disparo limpio ha permitido que la cosa sea más sencilla, porque al haber salido el proyectil, no ha provocado tantos daños, dentro de que los ha provocado, y algunos han podido ser graves y serios, pero no tanto como en ese caso. He de decir que casi perfora el intestino delgado, pero ha habido suerte.

- Se va a recuperar, ¿verdad? -le pregunté, esperanzada-.

- Eso espero -terminó con la transfusión, y empezó a recogerlo todo-. Voy a echar un vistazo a sus heridas, los puntos, tanto de la parte como la de atrás, y después le voy a volver a curar. Si quieres ve a tomar algo y a descansar, y en una media hora o así voy a buscarte para que te quedes con él.

- Lo agradecería en el alma. Creo que comer un poco me va a venir bien para recuperarme. Estaré en el despacho de Sharon -le dije, mientras me levantaba y me iba-.

Recordaba mi sensación de ahogo y miedo al entrar en aquella sala, y ahora salía mucho más tranquila, y confiada con respecto a Tommy. Tal vez era una ilusión mía, no podía tampoco emocionarme con nada ni por nada, la vida da demasiadas vueltas, y las cosas se pueden torcer increíblemente rápido.

Llegué al despacho, y me encontré allí con Sharon:

- Hola Sharon -le dije, algo más animada que la última vez que habíamos hablado-.

- Hola Tacii, ¿qué tal, te han dicho algo de tu compañero?

- Sí, de momento está ultimando algunas cosas, y parece tener buen aspecto, saldrá de esta, es un chico fuerte. ¿Y tú, qué tal?

- No me puedo quejar, la situación se ha apaciguado bastante, aunque antes no he podido evitar escuchar una cosa que me ha llamado la atención -tal y como lo dijo no sabía si quería escuchar lo que me iba a decir a continuación Sharon, pero como estaba allí, tampoco me quedaba más remedio-. Uno de los nuestros me ha dicho que la chica pelirroja que ha llegado, es decir, tú, está organizando un plan para salir de aquí...

- Ah, antes hablé con un compañero tuyo, Fabio, y lo estuve hablando con él. Es que cuando Tommy se recupere, no nos podemos quedar aquí, tengo que regresar a por mi hija, y a dar señales de vida a los demás, o a los que hayan quedado -esperaba que Pears estuviese bien-.

- Lo sé, entiendo que quieras volver, pero el plan me parece un completo disparate, enfrentarnos a todos esos militares, cada cual más cualificado en su puesto, si los anteriores han fracasado, nosotros también lo haremos, y no van a tener piedad en acabar con nosotros si nos rebelamos.

- Pero es mejor morir y haberlo intentado que quedarte siempre con la duda. No merecéis, bueno, ahora, no merecemos vivir así, y si no lo imponemos, van a seguir tratándonos como a la mierda hasta que se harten de estar así y acaben con toda esta gente -vi que Sharon estaba llorando, tal vez me había pasado, pero realmente era lo que pensaba-.

- Entiendo lo que dices, Tacii, pero ya mucha gente ha arriesgado su vida para acabar como un miserable muerto viviente. Mi marido decidió emprender acciones cuando nos recogieron, o más bien, nos secuestraron, y delante de mí, antes de obligarme a subir al vehículo, le dispararon en la nuca a sangre fría, sin ningún remordimiento -se secó las lágrimas con un pañuelo mientras se tomaba una pausa para beber-. No quiero que nadie más se arriesgue, estar vivo tal y como están las cosas es un lujo, un regalo que no se puede rechazar ni desperdiciar. Tú intención, al igual que la de todos que quieren unirse a la causa, así como la de los que perdieron la vida por ello, sé que ha sido, es y será noble, pero tienes que entender que simplemente no podemos.

- Lo siento, Sharon, pero yo voy a arriesgarme, si hay que morir que no haya marcha atrás, mi pareja está debatiéndose entre la vida y la muerte en estos momentos, y mi hija no está aquí, así que lo tengo que hacer, tanto por ellos como por mí misma.

Vi que Sharon no decía nada más, así que tampoco quise seguir con el tema, estaba claro que necesitábamos un respiro después del día que habíamos pasado. Ya era de noche, había perdido la noción del tiempo, y recordé que me había dejado una bolsa con algo de comida. La cogí y me senté en una silla, y al abrir la bolsa descubrí una botella de agua y dos barritas de cereales con miel. Le pregunté a Sharon si quería, pero lo rechazó. Tal vez se había molestado conmigo, no sabía que su marido había muerto por hacer lo que yo pretendía en aquel momento. Lo lamentaba en el alma, pero con ello no bastaba, nada le devolvería a la vida, y estaba demasiado avergonzada como para disculparme. Abrí una barrita y me comí la mitad, intenté racionar lo que me había dado por si acaso lo necesitase más en un futuro, sin embargo, me tomé todo el agua, si allí había agua corriente, no tendría problemas para volver a llenar la botella en cualquier momento.

Justo cuando estaba recogiendo los restos de la barrita que había abierto, y guardando la otra, así como la botella en la misma bolsa, alguien llamó a la puerta con decisión, y ya que estaba al lado, fui a abrir. Era el doctor, y su rostro de tranquilidad me transmitía buenas sensaciones:

- Ya le he terminado de curar y vendar, así que puedes ir con él. Sigue inconsciente, y aún no ha salido de la zona de peligro, porque tiene una infección generalizada a causa de la exposición.

- ¿Infección? -lo dije tan alto que incluso asusté a Sharon-.

- Sí, pero no a causa del virus evigilationem, puedes estar tranquila.

- ¿El virus qué?

- Oh, claro, eres nueva. Es el nombre que los investigadores víricos le asignaron antes de que se diese a conocer lo que estaba pasando. Significa "despertar" es latín, ya sabes, les gusta usar su lengua especial para hacer las cosas más complicadas. Bueno, lo que decía, tiene una infección, pero con antibióticos y desinfectando las heridas de entrada y salida de la bala no habrá mayor problema, estará febril hasta que se recupere un poco.

- Vale, yo me encargaré de cuidarle mientras se recupere.

- No te preocupes, chica, ese es mi trabajo, no vamos a dejar a nadie atrás -sonreí al oír aquello, me tranquilizaba tener gente en la que confiar en una situación tan delicada-. Y ahora vamos con el paciente.

Me despedí de Sharon y seguí al doctor hasta la misma sala en la que había estado hacía unos minutos.

Al entrar vi a Tommy igual que antes, aunque sus constantes parecían haberse estabilizado y tener un ritmo normal:

- En caso de que necesites algo, yo voy a estar por la zona, siempre lo estoy, por suerte o desgracia -dijo, amargamente-. Mañana por la mañana le vendré a tratar, y al mediodía le haré algunas pruebas. Espero que de aquí a la mañana recupere la consciencia y pueda hablar con él un poco. Y tú también, claro -deseaba que así fuese-. Voy a quitarme esto y a lavarme, que voy a cerrar mi jornada por hoy.

- Muchas gracias por todo, doctor.

- De nada, jovencita, buenas noches.

- Buenas noches -le dije, mientras salía de la sala y cerraba la puerta-.

Me senté en la silla a esperar, era lo único que podía hacer. Estaba deseando que Tommy despertase y estuviese bien, y se recuperase, presentía que si se alargaban demasiado las cosas nos buscaríamos problemas. También me preguntaba qué pasará con el resto de gente de nuestro grupo, si Pears está bien o no. Quería aventurarme a salir y ver los cuerpos, si no habían tomado medidas ya con respecto a estos, pero era demasiado arriesgado, y tampoco hacer aquello me confirmaría o me desmentiría nada. Puse mi mano encima de la de Tommy, y a pesar de que él no estaba despierto necesitaba hablarle:

- Hola Tommy. Ya sé que no me escuchas, aunque espero que eso cambie en cualquier momento -hice una breve pausa para tomar aire-. No sé qué hacer ahora, las cosas se han torcido demasiado, y siento que haga lo que haga nada va a mejorar, mira cómo estás, si yo no hubiese propuesto movernos, seguro que tú no estarías así...En fin, tampoco sé cómo sacarnos de aquí, pensaba que lo tenía claro, pero de nuevo estamos en las mismas, un fallo mío puede costar muy caro, demasiado, ¿y si Sharon tiene razón? Tal vez debería hacerle caso a ella, igual esto es una locura, pero es que me he comprometido a salir de aquí, y lo voy a hacer contigo -noté que había empezado a llorar-. Estoy hecha un lío -miré a la máquina en la que se reflejaban sus constantes-. Pero bueno, no importa, ahora lo importante es que te pongas bien. Eres fuerte, sé que vas a poder salir adelante y recuperarte, recuerdas que yo soy inmortal, ¿verdad? -empecé a sollozar desconsoladamente-. Espero que tú también lo seas.

Me sentí más aliviada después de desahogarme con la nada. Estaba muy cansada, y aunque no quería dejar de prestar atención al estado de Tommy, cerré los ojos para descansar un poco, siendo consciente de que probablemente me quedase dormida.

Me desperté a la mañana siguiente, con la visita del doctor. Le vi cambiando la venda a Tommy, y al ver que me despertaba, me saludó:

- Buenos días -me dijo-. En seguida me voy, por si quieres seguir durmiendo.

- No te preocupes, no voy a dormir más por el momento -me estiré disimuladamente en la silla-. ¿Cómo está?

- Bien, le he administrado el antibiótico, he limpiado las heridas y ahora le estoy vendando de nuevo. ¿Ha despertado en algún momento?

- No...¿debería haberlo hecho?

- No tiene porqué, mientras las pruebas nos confirmen que está recuperándose, no hay de qué preocuparse, puedes tener por seguro que en algún momento se despertará -escuché mucho jaleo de repente en el pasillo-.

- ¿Pasa algo fuera?

- No, que yo sepa, voy a mirar -dijo el doctor, mientras se acercaba a la puerta y se asomaba por el hueco-. ¡Mierda! -se quitó los guantes corriendo y empezó a guardar cosas-.

- ¿Qué pasa? -me puse en pie al ver que algo no iba bien-.

- Han venido otra vez los de arriba -cerró su bolsa y la ocultó entre papeles en una caja-. Tienes que esconderte, si te ven te van a empezar a hacer preguntas, y van a ver que no eres de aquí. Ve a ese armario, está vacío, así que si te encoges cabes de sobra -me quedé atónita-. ¡Deprisa!

Me oculté tan rápido como pude en el armario. Estaba en penumbra, y olía a humedad, pero no me podía quejar, era lo único que podía hacer por ahora. Traté de hacer el mínimo ruido mientras estaba oculta, y así podría escuchar si decían algo. Oía pasos, y voces, muchas voces procedentes de diversos focos, pero estaba pendiente sobre todo de si algún militar entraría en la sala. Mi temor se confirmó cuando escuché al doctor hablar:


- Buenas, estaba trabajando con uno de los pacientes -reconocí la voz del doctor-.

- ¿Sigue aún con él? No podemos malgastar recursos, si os damos tanto, no es para que lo gastéis entre vosotros -replicó el que adiviné sería uno de los militares-.

- Está ya bien, lo único a tratar es una pequeña infección, pero en cuanto esté recuperado se pondrá a trabajar, se lo aseguro.

- Eso espero. ¿Qué hay del resto?

- Siguen igual, yo...

- ¿Tacii? ¿Dónde está Tacii? -al escuchar aquella voz me quedé helada, era sin duda la voz de Tommy, y mi primer impulso fue salir de allí y abrazarle todo lo fuerte que pudiese, pero la situación me impedía hacer nada más que estar escondida-.

- Vaya, genial, ha despertado -dijo el doctor-. ¿Cómo estás?

- ¿Dónde está Tacii? -volvió a preguntar Tommy, con un tono de preocupación considerable-.

- ¿Quién es Tacii? -preguntó el militar-.

- Es mi...bueno, es una chica pelirroja, no demasiado alta, tiene los ojos verdes... ¿La habéis visto?

- No te incorpores todavía -dijo el doctor, por lo que supuse que Tommy había intentado levantarse de la camilla-.

- ¿Dónde estoy? ¿Y quiénes son ustedes?

- La pregunta es, ¿quien eres tú? -dijo el militar, son un tono que me provocó un escalofrío-.

- Mi paciente necesita guardar reposo, se encuentra en un estado de confusión, y necesita reposar, a parte el impacto de bala sufrió una conmoción cerebral leve, y ya sabe como son esas cosas, necesita un poco de descanso...

- ¿Y tan mal está que se ha olvidado de mí?

- Verá, es que una secuela que al parecer sufre de su accidente es amnesia global transitoria...

- ¿Y esa Tacii, quién coño es? -preguntó el militar cargado de agresividad-.

- Producto de su imaginación, ¿quién iba a ser sino? Aquí no hay nadie que responda ni a semejante descripción ni a su nombre...

- ¡¿Dónde está Tacii?!

- Joven, está usted mal, no existe esa persona, así que asúmalo ya y emplee sus energías en recuperarse cuanto antes para trabajar, aquí no se mantiene a la gente.

- Pero...ella y yo íbamos a escondernos, porque había empezado el tiroteo y no sabíamos qué hacer, y nos ocultamos en un matorral, y ya...no recuerdo más -comentó apurado Tommy, que notaba que estaba destrozado por su voz-.

- ¿Tú no eres de aquí?

- No sé ni siquiera dónde estoy, pero no reconozco el sitio, así que no, no soy de aquí. ¿Tú quién eres, le has hecho algo a ella? -al escuchar aquello, sabía que ya no había marcha atrás-.

Salí del armario justo a tiempo, vi que el militar tenía un arma en la mano y apuntaba a Tommy. Al verme a mí cambió de objetivo, y veía en sus ojos que no sabía qué hacer, pero seguro que iba a pedir refuerzos.

Era mi turno, tenía que apresurarme, antes de que él hiciese nada. Vi que tenía el dedo en el gatillo, y había quitado el seguro, estaba listo para disparar.

A continuación todo pasó rápido, demasiado, y cuando quise darme cuenta, había cavado mi propia tumba.

lunes, 13 de agosto de 2018

Tornado of Souls - Cap.73: Silence Inside



Miré a aquella mujer que se me había presentado como Sharon atentamente, sabía que tenía muchas cosas pendientes por explicarme.
Vi que se marchaba, y yo la seguí, supuse que era lo correcto en aquella ocasión. Cuando llegó a una sala que parecía el típico despacho de profesor de turno, cerró la puerta y me invitó a sentarme. Aquello no me traía buenos recuerdos, pero al menos sabía que, dadas las circunstancias, no iba a tener mayor problema:

- Bueno, ya que me he presentado, te dejo a ti el honor de hacer lo mismo.

- Yo soy Tacii Hale, y el herido es Tommy Karevik  -hice una breve pausa para coger aire-. Como ya te he dicho antes, estábamos con el grupo de soldados que ha venido y ha empezado el tiroteo. Desconocemos los motivos por los cuales nuestros camaradas han actuado así, no hemos sido parte de ello, y mi compañero ha resultado herido por una mujer que no he podido identificar, a la que he disparado. No sé si era de los vuestros o no, pero no puedo negar lo que he hecho.

- Está bien que seas sincera, se agradece, sobre todo teniendo en cuenta que no nos conocemos de nada, y podías intentar mentirme para causarme buena impresión. En fin, tampoco te iba a servir de mucho –miró hacia una dirección indeterminada y prosiguió-. Bueno, la parte que vosotros sabéis de todo esto es que somos un grupo, y que la mayoría son militares del ejército estadounidense, aunque muchos de ellos, cuando empezó todo esto, no eran de Estados Unidos, como habrás podido ver –se escuchó como alguien llamaba a la puerta, y acto seguido, un chico joven, de unos veintipocos años asomó la cabeza, parecía nerviosa-.

- ¡Sharon, los duros vienen! –me quedé desconcertada al oír aquello, no sabía lo que quería decir, pero por el tono sabía que de algo malo se trataba sin lugar a dudas-.

- ¿Justo ahora? ¿No puedes entretenerles, Pierre? 

- Imposible, están con Margaret hablando e insistiendo en bajar, y como se pongan nerviosos lo van a volver a hacer.

- Dame un segundo, espérame fuera del despacho, en seguida voy –el chico desapareció de inmediato-. Perdona, Tacii, me vas a tener que dar unos minutos. Si eres tan amable, quédate aquí sin hacer ruido. Les voy a seguir en todo momento, y si veo que vienen hacia aquí, trataré de hacer algún ruido para advertirte y que te escondas. 

- Pero, ¿qué es todo eso? 

- Ahora mismo no te lo puedo explicar, pero te garantizo que lo voy a hacer cuando esto pase. No es nada, tardarán muy poco, esto es más pequeño de lo que parece. 


Y vi como Sharon se levantó de inmediato y salió, sin mirar ni siquiera una vez atrás.

Estaba nerviosa, no sabía qué estaba pasando, y lo peor de todo es que tampoco sabía nada de Tommy. Me había dicho que me quedase allí, pero no sabía si podría aguantar y no salir, la tentación era tremenda. Lo pensé fríamente, porque me podía buscar un problema más que gordo si desobedecía sus órdenes, al fin y al cabo ellos se iban a hacer cargo del disparo de Tommy, pero tal vez todo era una encerrona y ambos estábamos condenados desde el principio. No sabía que pensar, pero opté por la vía más “diplomática”, que era cumplir sus órdenes, me tenía que arriesgar y fiarme de que aquellas personas me iban a poder ayudar.

Durante unos pocos minutos todo estaba en completo silencio, de vez en cuando se oía alguna voz, pero muy tenue e inteligible. Después escuché pasos, estaban bajando las escaleras a la planta en la que yo me encontraba. Fue entonces cuando pude oír por fin voces más claras, parecían la mayoría masculinas, salvo alguna femenina que destacaba por encima del resto. Intenté escuchar lo que decían, pero no quería arriesgarme a estar demasiado cerca de la puerta y que me pillasen de por medio husmeando asuntos que no eran de mi incumbencia, así que simplemente me quedé de pie, frente a la puerta, alerta por lo que pudiese suceder. Y justo unos segundos después, escuché fuertes pasos aproximarse al lugar en el que me encontraba. Se me pasó brevemente por la cabeza la pésima idea de echar el pestillo, me reí nerviosa, y rápido deseché la idea.

La puerta justo en ese momento se abrió, y yo me oculté tan rápido como pude debajo del escritorio. No sabía por qué estaba tan nerviosa, ni siquiera sabía qué estaba pasando. Entonces reconocí la figura de Sharon, que entraba nerviosa:

- Rápido, Tacii, ocúltate lo mejor que puedas y quédate en silencio absoluto, por favor te lo pido, esto puede repercutir tanto en mí como en ti –vi cierto miedo en sus ojos-.

- ¿Quiénes son los que vienen? -dije tan bajo como pude-.

- Militares. Y ahora guardia silencio.

Se marchó tan rápido como lo hizo antes, y procuré buscar un escondite mejor, debajo del escritorio era demasiado obvio, incluso para un niño de cinco años que jugaba por primera vez al escondite. Entre dos archivadores grandes decidí ocultarme, estaba oscuro y no creía que algún militar tuviese interés en ver qué había allí. 

Oí como la puerta se abría, y tras ella, un corrillo de voces se hacía audible:

- Bueno, en general está todo bien –comentó un hombre, cuya voz no me permitió identificar ningún distintivo-.

- Esta es la última sala operativa, como ya sabe –dijo Sharon-.

- ¿Ocurre algo? La veo más inquieta que de costumbre –preguntó otro de los hombres, con un tono de voz más amenazante-.

- No, es que con lo que ha estado ocurriendo con el otro grupo nos hemos alarmado mucho, y alguno de los nuestros ha caído.

- Sí, ya hemos visto en la sala de enfermería el cadáver de uno de los vuestros, aunque no me resultaba demasiado familiar –respondió el hombre del principio-.

- Pero si no te conoces ni a la mitad, cómo te va a sonar, idiota –dijo un tercer hombre-.

- Bueno, eso es cierto –intervino de nuevo el primero hombre-. Pues está todo bien, volvemos arriba, si quieres puedes acompañarnos.

- Sí, iré con ustedes.

Entonces escuché como las voces se alejaban hasta resultar ecos, y cuando la puerta se cerró, se hizo el silencio. 

Tenía la sensación de que aquello había salido bien, si la intención era no llamar la atención, lo había conseguido, o al menos eso creía. Aunque parecía que el peligro había pasado, no quise salir de mi escondite hasta que Sharon volviese.

Al cabo de unos minutos, que se me hicieron eternos, escuché la puerta abrirse, y para mi alivio, era Sharon:

- Disculpa, ya está, ha salido todo bien –algunas perlas de sudor caían por su frente-. Odio tener que hacer esto, pero es lo que hay, al menos no estamos muertos –se sentó en su silla y bebió un trago largo de agua-. Vamos a reanudar el tema  que estábamos tratando, espero que ahora sin interrupciones. 

- Imagino que algo que ver tendrá también con esto que ha ocurrido ahora, ¿verdad? –asintió firmemente-.

- En nuestro grupo están los militares, y luego estamos los “intocables”, que aunque suene bien, ellos lo usan más bien como despectivo. El grupo al principio estaba formado solo por los militares, pero cuando les mandaban misiones, tenían la orden fija de que, si encontraban algún superviviente, tenían que ayudarle, y al principio hacían eso. Cuando dejaron de recibir información de sus superiores, cogieron el torno por los cuernos y tomaron la de ser los “salvadores” de este mundo. Para empezar, aun estando en Estados Unidos, aniquilaron a todas las personas que habían rescatado que no eran de su interés, y dejaron sólo a aquellos que cumplían su baremo –escuchar aquello me resultó muy impactante, por mucho que el mundo cambiase, la gente nunca lo haría-. Ellos solo buscaban médicos, para curarles y mantenerles en forma, ingenieros, científicos, biólogos y demás profesiones relacionadas para encontrar una solución a la epidemia. A los demás los mataban a sangre fría –Sharon volvió a beber-. Y una vez tenían a la gente que les interesaba, les convertía en esclavos, o mejor dicho, nos. Nuestro trato con ellos es que nos mantuviesen en buenas condiciones, y nosotros trabajaríamos para ellos, pero al ver que nos daban lo mínimo para seguir viviendo un día más, tratamos de revelarnos, pero muchos de los nuestros cayeron. Sin importar su cargo, como si alguno de ellos hubiese sido el mejor cirujano del mundo, se permitían prescindir de gente importante solo para disciplinarnos, como ellos acostumbran a decir. Nos dicen que somos el futuro, pero ni siquiera vamos a llegar a él a este paso –suspiró finalmente Sharon-.

- Es terrible todo lo que me has contado, ya los muertos no son nuestro mayor problema.

- Y desde que aparecieron no lo han sido, la gente se ha vuelto loca y cualquier atisbo de cooperación es anulado por los deseos irrefrenables y el ansia de poder. Ahora nos necesitamos más que nunca, pero no queremos verlo.

- Y bien, ¿por ese motivo es por el cual nuestro grupo os ha atacado?

- No, la historia continúa. Verás, nuestro grupo se ha asentado hace relativamente poco aquí, mientras tanto hemos estado dando vueltas por la frontera, incluso nos planteamos ir a Alaska, pero los militares vieron vuestra base, y decidieron que aquel sería el sitio ideal en el que refugiarse.

- Pero no llegaron a venir siquiera, ¿no?

- No, en realidad sí que fueron, pero no a pedir permiso, para ellos las cosas ya no funcionan así –pausó para volver a beber agua-. Destruyeron una parte del muro con la intención de que se propagase la enfermedad, y cuando todo estuviese despejado, vendrían ellos, lo limpiarían y se asentarían en la ciudad. 

- Entonces, entiendo que esto ha sido una especie de táctica “defensiva” para evitar que nos volviesen a atacar…

- Las intenciones del grupo ya las desconocemos, pero es más que probable, o igual ha sido coincidencia, aunque no tiene pinta, demasiada casualidad, ¿no crees? –asentí-.

- ¿Sabes algo del chico con el que he venido? –le pregunté, por fin, estaba deseando saber algo de él-.

- El cirujano estaba con él, aún no sé si han empezado a intervenirle, pero lo necesitaba con urgencia, había perdido mucha sangre. Tú no te preocupes, va a estar en buenas manos –después de la seria imagen de sí misma que había dado, pude ver un atisbo de sonrisa en su rostro-. Van a estar toda la noche probablemente con él, así que deberías quedarte aquí. No pasa nada si te vienes donde estamos nosotros, es una zona segura, suele haber alguien haciendo guardia por si nos visitan por sorpresa.

- Lo agradezco, pero preferiría quedarme con mi compañero cuando termine la operación, si puedo.

- Ah, claro, cuando termine te avisará el cirujano, te comentará cómo ha ido y podrás ir con él –no quise añadir nada, lo que me estaban ofreciendo era justo-.

- ¿Cómo están las cosas fuera? No se escucha nada fuera ya.

- Pues no sé si decirte bien o mal. Cuando han venido los militares me han comentado que la situación fuera estaba controlada, muchos de los nuestros habían caído, pero de los vuestros también, y han tenido que irse cuando han visto que la situación se inclinaba en su contra. Los militares están furiosos, no sé qué harán, pero algo van a planear seguro para contraatacar, aunque les cueste la vida…

- ¿Y a vosotros no os escuchan? 

- Por supuesto que no, en esta “sociedad” improvisada, nosotros estamos en la parte baja, y ellos en la alta. No iban a dejarse aconsejar ni por médicos, ni expertos en guerra… ¡¿qué locura?! –dijo Sharon, irónicamente, indignada por la situación-. En fin, ¿quieres quedarte aquí a descansar? Es comprensible que no te quieras exponer demasiado, sobre todo teniendo en cuenta cómo están las cosas. 

- Sí, no me vendría quedarme aquí sola, al menos un rato, necesito aún asimilar lo que ha sucedido.

- Está bien, si necesitas algo búscame, siempre estoy aquí.

- Gracias, yo no me moveré de aquí.

- Ah, antes de nada, si quieres darte una ducha, tenemos agua, hay un pozo aquí que se ha mantenido bastante bien, así que siéntete libre. Las duchas están en los vestuarios del gimnasio, que está al fondo del pasillo. Si alguien te pregunta, vas de parte de Addy.

- Vale, gracias. Yo si necesitas ayuda con lo que sea, no dudes en decírmelo, es lo mínimo que puedo hacer.

- No, en realidad estamos en el mismo bando, así que no nos debes nada. Nos vemos –dijo, mientras abría la puerta y cerraba tras de sí-.

Suspiré profundamente, y rompí a llorar amargamente, en realidad no sabía por qué, pero mi mente estaba saturada, demasiadas cosas en tan poco tiempo. La espera para poder ir a ver a Tommy se me iba a hacer eterna, pero permanecería despierta todo lo que hiciese falta hasta que pudiese al menos estar con él. Deseaba con todas mis fuerzas que la operación saliese bien, incluso recé sin ser creyente, esperando la señal de que “todo va a ir bien” de mi falso dios.

Por fin me paré a mirarme, horrorizada. Me vi la ropa, cubierta de sangre, y supuse que mi aspecto debía ser más terrible de lo que yo misma había podido ver, y vi como una posible buena idea ir a asearme.

Salí con cuidado del despacho, desconfiada. Veía algunas personas por el pasillo, que me miraban desconfiadas, incluso algunos cuchicheaban, imaginaba que sobre mi aspecto, que parecía haber salido de una película macabra de serie B. 

Seguí el camino que me indicó Sharon todo lo deprisa que puse, y en la puerta me topé con hombre que hacía de seguridad:

- Perdone, señorita, ¿a dónde va usted?

- Yo, eh, voy de parte de Addy.

- Oh, perfecto, lo siento, es que con lo que hoy ha sucedido tenemos que andarnos con pies de plomo. ¿Qué es lo que le ha pasado?

- Nada, estuve en el campo de batalla…

- ¿Uno de los nuestros ha estado en el campo de batalla? 

- No, o sea, lo que quería decir es que he estado ayudando a los heridos.

- Vale, eres de enfermería, disculpa de nuevo. Yo en esto no soy muy bueno, mi trabajo es la ingeniería genética, nunca ha tenido nada que ver con controlar quién entra y sale de un sitio determinado. Y encima para esta gente.

- Supongo que hoy en día es algo habitual.

- Totalmente cierto. Bueno, pase cuando quiera, está usted en su casa.

Me di prisa en pasar, no quería seguir hablando con nadie, podía encubrirme un poco, pero me iba a costar si me paraba a hablar con cada persona con la que me encontraba, por lo que decidí ir todo lo rápido que me permitían mis piernas. 

Como vieja costumbre me dirigí al vestuario de chicas, y en las duchas me quité toda la ropa y la traté de lavar lo mejor posible para ir presentable. Tras ducharme, escurrí un poco las prendas, me las puse y salí del gimnasio muerta de frío a causa del tiempo y la congelada ducha que me acababa de dar.
Me despedí del vigilante del gimnasio, y me volví al despacho. Esperaba no haberme demorado demasiado y que hubiesen ido a buscarme.

No me detuve a hablar con nadie por el camino. Al llegar, abrí la puerta con cautela y me metí en el despacho, a la espera de noticias nuevas sobre algo. 

Estuve sola durante al menos una hora, no calculé el tiempo exacto porque no tenía reloj. Alguien llamó a la puerta, y nerviosa me levanté a abrir. Fuera quien fuese, me interesaba hablar con alguien, el aislamiento en el que estaba sumida me estaba provocando más ansiedad prácticamente que todo lo que había sucedido a lo largo del día. 

Abrí la puerta, y era Sharon, que llevaba una bolsa:

- Hola Tacii, disculpa las molestias, te traía algo de comer, imaginaba que podrías tener algo de hambre, y bueno, no es mucho, pero ya es más que nada.

- Ahora mismo no tengo mucha hambre, pero te agradezco el detalle.

- Si quieres te lo dejo, o me lo llevo, como prefieras. 

- Déjalo, más tarde comeré, ahora estoy esperando a ver si me dicen algo de mi compañero.

- Si quieres voy a consultar ahora al cirujano, a ver qué me dice, no sé si estará disponible o no, hoy está teniendo mucho trabajo, pero lo intentaré.

- Te lo agradecería enormemente si pudieses hacerme ese favor, es que he ido a ducharme y no sé si durante ese rato ha podido venir.

- Voy a preguntar, ahora vuelvo.

Se esfumó rápidamente. Estaba tranquila, al menos no tendría que ir yo a preguntar, lo cual seguro habría buscado más problemas a Sharon.

Aún había ciertos detalles que no llegaba a comprender sobre lo que estaba pasando, pero sabía que tarde o temprano los aclararía.

Pasó medio hora, y alguien llamó a la puerta. Abrí de inmediato, y Sharon entró, con algo en la mano:

- He estado hablando con el cirujano, por suerte le he encontrado en el descanso. Ha estado con tu compañero, y dice que para media noche o así espera acabar. Me ha dicho que tiene muy mala pinta su herida, aunque la bala ha salido y no hay que sacársela, eso es lo bueno, y sus posibilidades de sobrevivir son más altas que de la otra forma. De todos modos, tranquila, nuestro cirujano es muy bueno en su trabajo, tiene mucha experiencia.

- Lo agradezco en el alma, lo único que quiero ahora es que Tommy se recupere.

- Y lo hará, de ello estoy segura. Por cierto, te he traído ropa seca, que he visto que llevas la tuya chorreando de haberte duchado, y no había caído antes en darte nada -me dio saquito que contenía la ropa

- Muchas gracias Sharon, no sé cómo agradeceros esto. Aún me cuesta creer que haya gente amable después de lo que me has contado.

- Si me pusiese al novel de los militares, dejaría de ser yo, y entonces nada me distinguiría de los muertos. Tú te has arriesgado por salvar a tu amigo, y eso también es algo que no se ve en estos días, la gente deja atrás a los suyos, incluso cuando están en perfectas condiciones -al oír aquello, sabía que buscaba hacerme sentir agradecida por aquellas palabras, después de todo parecía que había encontrado gente que me iba a poder ayudar-. Bueno, te dejo descansar, si quieres salir por aquí fuera hazlo, y habla con la gente, todos estamos ya al corriente de lo que ha sucedido, además, le he dicho al médico cómo eres, por si no estás en la habitación.

- Gracias, por el momento creo que me voy a quedar aquí.

- Está bien, entonces nos vemos luego.

- Claro, hasta luego -mientras me despedía, Sharon se marchó cerrando la puerta tras de sí suavemente-.

En cuanto se fue me cambié de ropa, estaba muerta de frío, incluso tras ponerme la ropa seguía helada de frío. Si no hacía algo, por muy seca que estuviese la ropa, moriría de hipotermia, la temperatura general de aquella planta era muy baja.

Finalmente me decidí a salir un rato, unos minutos, para encontrar algo que me diese calor y recuperar la temperatura corporal, lo último que me faltaba ahora era caer enferma.

Salí cuidadosamente de la habitación, no quería tampoco llamar la atención, solo calentarme un poco y volver.

Vi a algunas personas por el pasillo, pero no me atreví a preguntar si había alguna fogata o cualquier otra fuente de calor activa disponible, me limité a caminara anónima entre ellos, y buscar por mí misma. Pasé al lado del hombre con el que hablé para entrar al gimnasio, si alguien lo podía saber seguro que ese era él, pero tampoco quise preguntar.

Tras una breve caminata, a la vuelta, vi que de una habitación salía un pequeño haz de luz. Me acerqué disimuladamente, y exclamé "Bingo" en mi cabeza. Se trataba de una pequeña chimenea improvisado que habían encendido hacía ya rato, pues el madero estaba prácticamente consumido. Eran tres las personas que estaban sentadas allí, en silencio, y me uní a ellos, procurando acercarme al fuego, pero sin quemarme.

Traté de no demorarme demasiado, pero el fuego era tan confortable y me sentía tan bien que me costaba abandonar esa sensación para volver al frío canadiense, junto a un retro de humedad a causa de las filtraciones.

Justo cuando me fui a levantar, un hombre entró, parecía enfurecido. Le oía murmurar y maldecir por lo bajo, pero por algún extraño motivo sentí que en esta ocasión sí que tendría que preguntar. Me podría salir caro dar un paso en falso, sabía que meterse en asuntos ajenos, y más siendo una extraña dentro del grupo era peligroso, pero estaba dispuesta a arriesgarme y preguntar:

- ¿Qué sucede? -le pregunté, con cautela-.

- ¿Que qué sucede? Que estamos siempre igual, parecemos apestados -dijo el hombre, poniéndose al lado del fuego-. Estamos en la planta baja, como si fuésemos ratas de cloaca esperando a que llegue su turno para que experimenten con ellas.

- ¿No os habéis planteado hacer nada?

- ¿Crees que no lo hemos hecho? ¡A los últimos que lo intentaron los mataron a sangre fría! Y a nosotros nos van a hacer lo mismo, tarde o temprano...

- Si es así, ¿por qué no lucháis?

- No todo el mundo está dispuesto a hacerlo, somos muy pocos los que queremos luchar, otros, aunque estén descontentos con la situación, no se atreve...Un momento, ¿quién eres tú? -dijo, mientras se acercaba a mí-.

- Yo era del grupo que atacó esta mañana y...

- Ah, vale, tú eres la chica de la que nos habló Sharon. Yo soy Fabio Lione, y hasta que me destinaron aquí para investigar el virus, era microbiólogo, como Sharon, de hecho, ya había leído algún artículo suyo antes de que todo esto ocurriese. Perdona, te he contado todo esto en parte también para que no se me olvide quién soy, no me suelo presentar mucho hoy en día.

- No tienes que disculparte. Yo no hace falta que me presente, porque Sharon ya os ha contado quiénes somos, ¿verdad? -asintió-. Lo único que puedo añadir es que yo soy veterinaria, aunque nunca he ejercido, y mi compañero es médico.

- Deberíais andaros con cuidado, si esos militares os descubren os van a aprisionar.

- Procuraré que nos quedemos el mínimo tiempo posible, si mi compañero se recupera, nos iremos en cuanto recobre el sentido. Si no lo hace... - al imaginarme aquello me ido un vuelco el corazón y me salió una lágrima- intentaré volver sola.

- Espero que se recupere tu novio.

- Y yo...Un momento, ¿cómo lo has sabido?

- Por tu reacción. Que, no es por desanimarte, pero con los militares aquí no creo que os podáis marchar, al menos ellos no os van a dejar, tienen todo controlado, estamos bajo vigilancia permanente, ni siquiera yendo tú sola en absoluto sigilo lo podrías lograr.

- Entonces estoy en vuestra misma situación, pero a mí irme me corre prisa, aunque lo primero es ver cómo va Tommy...

- ¿Te vas a unir a la lucha? -me preguntó, con entusiasmo-.

- No me queda más remedio, vuestra causa y la mía es la misma: escapar. Pero esta vez lo vamos a hacer en serio, hay que prepararlo todo muy bien, intentar conseguir el máximo número de participantes, y trazar un plan que haga que nuestra inferioridad numérica no sea un inconveniente.

- No me gustaría ser aguafiestas ahora, de verdad confío en que vayamos a poder hacer algo, no les vamos a permitir que se salga con la suya. Van a pagar por lo que les hicieron a aquellos que en su momento intentaron defender sus derechos.

- Deberíamos empezar por buscar ge... -antes de que pudiese terminar de hablar, un hombre con una bata blanca y aspecto de cansado apareció-.

- ¿Eres Tacii? -me preguntó-.

- Sí. ¿Es usted el cirujano?

- Sí. Le pido que venga conmigo, por favor, ha habido una complicación...


Sentí cómo la sensación que antes de ahogo volvía a mí, pero esta vez mucho más intensa, y a medida que me acercaba a la sala donde se estaba haciendo la operación se incrementaba...


martes, 7 de agosto de 2018

Tornado of Souls - Cap.72: Betrayer



2 días después

Justo como nos había dicho Pears, en dos días estuvo todo preparado para nuestra partida. 

No fui consciente de lo que íbamos a hacer ni de lo que ello suponía hasta el mismo momento de partir. Todo el mundo parecía muy concentrado y atareado, y me sentía un poco fuera de lugar. Yo estaba tranquila, confiada, y sobre todo deseando salir de aquel lugar un poco.

Ya estábamos organizados por escuadrones, cada uno estaba compuesto por los miembros del mismo sector. Nosotros éramos los del este, y por lo tanto, íbamos a ir juntos, en el mismo vehículo. En total llevábamos 4 vehículos, como era lógico, y por cada vehículo éramos siete personas; seis de ellas por parte del ejército, y el extra era algún auxiliar, o el propio Ralph. Sinceramente, esperaba que no estuviese en mi vehículo, era lo último que quería para empezar la misión.

Estábamos terminando de ultimar la organización los equipos y revisando las armas, cuando vimos que, a lo lejos, llegaba Ralph, con su hija acompañada, y cuando se acercaron, trataron de llamar la atención del equipo:

- Lo primero, buenos días a todo -se oyó de fondo como determinados fanáticos no pudieron contener sus ganas de hablar y le respondieron al instante, como si de un profesor con sus alumnos de infantil se tratase-. Como ya me han comentado los superiores al mando de cada escuadrón, ya está todo organizado. Quiero comunicarles mi más sincera enhorabuena por haber logrado semejante coordinación entre tanta gente -"Eso deberías decirlo mejor cuando volvamos, si es que lo hacemos" pensé-. En breves nos dispondremos a salir, así que si tienen que hacer algo antes de irse, que sea ya mismo -hizo una breve pausa para aclararse la voz-. ¿Alguna pregunta? -estaba claro que habían muchas, pero nadie tenía ni valor ni ganas de levantar la mano y preguntar, así que a los diez segundos de espera, reanudó su discurso-. Está bien, pueden consultarme lo que quieran en privado antes de irnos.

- Antes de nada -intervino su hija, que parecía más nerviosa que cualquiera de los que fuese a salir-, quería informarles que, durante la ausencia del señor Johnson, voy a estar yo como sus sustituta en su cargo. Procederé a comunicárselo al resto de ciudadanos a través de megafonía.

A nadie pareció importarle aquello, realmente tampoco tenía que importar demasiado, no íbamos a estar allí para verlo, pero bueno, es mejor estar siempre informado.

Pears estaba atareado , hablando con algunas personas cerca de los blindados. Tommy, por otra parte, había tenido que ir al hospital antes para coger los útiles y medicinas que se contemplaban en un informa escrito a mano del puño y letra de Ralph. Y yo me encontraba allí, con cierta ansiedad, vigilando a todas y cada una de las personas que allí se encontraban por si podía encontrar a alguna persona indeseada. Entre las personas que vi allí, pude reconocer a algunos, los que eran de mi equipo, obviamente, al resto no los había visto en mi vida.

Me acerqué al grupo de Pears para escuchar qué estaban haciendo, peor al escuchar que hablaban de estrategias y puntos seguros, supe que yo no tenía cabida en aquella conversación, probablemente se habrían reunido todos los encargados de cada sector y estaban debatiendo estrategias y organizándose.

Me sentí bastante aliviada al ver acercándose a Tommy, cargando con dos cajas, y otras dos personas más llevando exactamente la misma cantidad. Cuando me vio, me hizo señas con la cabeza, supuse que primero iría a dejar las cajas, y efectivamente, así lo hizo. Se las dio a un tipo que llevaba el recuento de lo que había en cada coche, y por lo tanto, de lo que faltaba, y tras retener unos segundos a Tommy mientras apuntaba algo en un papel, me fui acercando hacia él, y él hizo lo mismo. Me miró, sonriendo:

- Bueno, ¿cómo está mi soldado favorita? -me preguntó, mientras me cogía de la mano-.

- Todo lo bien que se puede estar sabiendo que en escasos minutos va a abandonar la "seguridad" de tu hogar y adentrarte en el infierno. ¿Y mi matasanos favorito? -al escuchar la pregunta, se rió-.

- ¿"Matasanos"? Hay que ver lo mala que puedes ser cuando quieres -me sonrió y me dio un beso-. Pues bien, nos hemos retrasado un poco porque había unas cosas que no encontrábamos, pero al final hemos dado con ellas. Te puedo decir que,  por los medicamentos que llevamos, podemos combatir hasta un resfriado ocasional si nos pilla por el camino -me reí, y a consecuencia él también se rió-. Me alegro de verte tan bien.

- Gracias, sabes que eso te lo debo principalmente a ti.

- Y tú sabes que eso no es verdad, tú eres la que ha conseguido estar así, yo no tengo mérito ahí. Eres una chica fuerte, yo sabía que ibas a poder con todo, y que no ibas a dejar que nada ni nadie te parase.

- Espero que así sea también ahora. Por cierto, ¿sabes en qué blindado vas a ir?

- No, todavía no, pero ahora lo preguntaré. ¿En cuál vas a ir tú?

- En ese -le señalé con el dedo en vehículo que teníamos más cerca-.

- Vale, por si no me han establecido uno, voy a elegir ese, y así vamos juntos.

- También va a estar Pears.

- ¿Vais todos los de nuestra zona juntos? -asentí-. Ah, mejor aún, espero que les sirva como excusa que mi novia va en ese coche -nos reímos-.

- Ojalá sea así y vengas con nosotros.

- Pues voy a preguntar a...¿a quién pregunto?

- No estoy muy segura, ve a hablar con el grupo en el que está ahora mismo Pears integrado charlando, y si no te dicen nada, habla directamente con Ralph. Yo es que no sé quién se encarga de organizar el tema de los asientos, grupos y eso.

- Vale, entonces le voy a preguntar al grupo de Pears, a ver qué me dicen, y en cuanto sepa algo te lo diré, ¿vale?

- Perfecto -nos volvimos a besar-.

Vi como Tommy se alejaba con paso ligero hacia Pears, y también cómo cesó la conversación entre ellos cuando Tommy se aproximó lo suficiente. Me quedé mirando, y al ver que la conversación entre ellos se estaba alargando y que, uno de ellos sacaba una libreta y consultaba algo, supe que ellos mismos le darían la respuesta. Al cabo de unos minutos, cuando Ralph empezó a dar voces para que nos metiésemos en los blindados, cada uno se fue por su sitio, y vi que Tommy venía hacia mí con cara de malas noticias.

- Verás, Tacii... -dijo, completamente serio-.

- Vas a ir en otro, ¿no? -vi que iba a hablar, pero antes de que comenzase a hablar de nuevo quise terminar yo-. No pasa nada, cuando hayamos llegado ya nos veremos.

- Madre mía, cómo hablas cuando quieres -se rió, y cambió totalmente la cara-. No, en realidad me han dejado ir en el mismo blindado que vosotros -sonrió, y le respondí con una gran sonrisa, al menos iba a tener un buen viaje de ida-.

Nos metimos todos a prisa en los blindados, y miré atrás una última vez antes de irnos. Esperaba que aquella no fuese la última vez que, literalmente, viésemos aquel sitio, nuestra ciudad, la cual nos había dado un maravilloso respiro después de toda la locura de los muertos andantes.

Seguía dándole vueltas al motivo por el cuál esta misión en concreto había requerido tanta preparación y organización, no dejaba de ser un reconocimiento, y aunque fuese de un grupo y no de una zona, no conllevaba tantos riesgos como una expedición en busca de determinados elementos necesarios de diversa índole, y normalmente, salíamos con las cosas justas. No quise preguntar a nadie porque no me pareció el momento más adecuado, pero tenía un mal presentimiento.

Salimos de la seguridad del muro a través de una especie de valla reforzada-acorazada que se veía más robusta de lo que realmente era. Definitivamente, ya estábamos fuera, y había empezado la misión.

No hablamos mucho durante el viaje, supuse que cada uno iría pensando en sus cosas, incluso Pears, que a veces comentaba determinados detalles relacionados con la misión, e incluso con mensajes tranquilizadores, pero esta vez parecía distinto.

Aprovechando que tenía al lado a Tommy, me puse a hablar con él, las cosas cada vez me resultaban más raras, y quería saber si era la única que pensaba aquello:

- Oye, Tom -le dije, para llamar su atención, e inmediatamente se giró-.

- Dime, amor.

- ¿A ti todo esto te parece normal?

- Pues no sé qué decirte -me respondió, con aire reflexivo-. No es que haya salido muchas veces, puedo contarlas con los dedos de una mano, y no sé muy bien cómo procedéis. No puedo decir que esto sea extraño, porque igual para lo que vamos a hacer es normal, pero tú eres la experta en este caso. ¿Le has preguntado a Pears?

- No he visto el momento, pero me hubiera gustado hacerlo, y no creo que este sea el mejor momento -miré, estaba en el asiento del copiloto, al lado de White, que iba conduciendo muy concentrado-. Es que no comprendo por qué vamos tanta gente, y por qué llevamos personal médico. Que, a ver, no te ofendas, a mí me encanta tenerte aquí, a mi lado, pero, ¿para qué vamos a necesitar médicos?

- Igual es para asistir a esa gente, no sabemos cómo están.

- Es una posibilidad, desde luego, y espero que sea eso, porque no me apetece enzarzarme en una pelea con otro grupo, y menos ahora.

- Venga, anda, no pienses así -me pasó el brazo por encima del hombro-. Tienes que tranquilizarte, lo que sea ya se verá más tarde, cuando toque, ahora aprovecha y descansa y relájate.

- Pero no puedo evitar ponerme así, Tommy, verás, Ralph jamás me ha caído bien y no me ha gustado ni un pelo...

- Ni a mí, pero estamos en su ciudad, y gracias a eso tú pudiste recuperarte de lo de la pierna. A pesar de lo que ha pasado hace poco, venir aquí ha sido de lo mejor que hemos podido hacer. Gracias a estar dentro del muro Alison ha crecido en un ambiente relativamente normal y tranquilo, y ha podido disfrutar de muchas cosas de las que no habría podido hacerlo si hubiese estado al otro lado -hizo una breve pausa-. Cielo, lo que quiero decirte con todo esto es que, aunque no nos guste, no va a emprender una misión suicida para perder a sus mejores hombres, ni a acabar con la ciudad ni su seguridad. Puede ser todo lo malo que te puedas imaginar, pero no tanto, al menos eso espero.

- Ya lo sé, tienes razón, estoy un poco enajenada.

- Es normal después del tormento que has pasado, tranquila -me dio un abrazo, y seguidamente me besó-. Hablé con Thomas por si acaso al respecto de la salida, y me dijo que si había cualquier problema que te tenías que calmar de inmediato, y si te sentías mal tomar algo estimulante. Yo he traído sobres de azúcar -se los sacó del bolsillo, y me reí-. Oye, ¿qué pasa, no es buena idea? -dijo, haciéndose el enfadado-.

- Cualquier cosa a estas alturas es buena idea.

Mientras hablábamos vi cómo nos acercábamos a un edificio imponente, de varias plantas, parecía una escuela, lo cual verifiqué cuando estuvimos más cerca y pude ver el nombre. Estaba rodeada de una alambrada que parecía bastante robusta, y alrededor de la escuela, la cual tenía las puertas cerradas, había una especie de barricada formada por coches, algunos cubos de basura y tela impermeable sujeta con gruesas cuerdas. Por los vehículos que se encontraban allí, adiviné que habíamos llegado a nuestro destino.

Mientras nos bajábamos de los vehículos, puse ver que un par de ellos se habían desviado a la derecha e izquierda del edificio, quedando dos de los vehículos a la vista en la zona de la entrada. Un hombre de grandes dimensiones se hizo visible, con unos prismáticos en una mano, y un rifle en la otra.

Del otro vehículo salió Ralph, con las manos en alto, demostrando que no iba armado, y los demás hicimos lo mismo, dejando en el suelo las armas y acercándonos para demostrar que no éramos una amenaza.

El hombre de los prismáticos bajó, y abrió la puerta, de tal forma que lo único que nos separaba era la barricada. Seguido de él salieron otras dos personas: un hombre de mediana edad con pinta de pocos amigos, y una mujer joven, pero con una cara muy similar a la del varón que había salido a su misma vez. El de los prismáticos dio un paso al frente, y sin apartar la vista de nosotros, se dirigió hacia Ralph, que era el que estaba más adelantado:

- ¿Con quién me dispongo a hablar? -preguntó el hombretón, con un marcado acento que pensé sería alemán-.

- Buenas, yo soy Ralph, y he venido con mi grupo para hablar con vosotros. Nos encontramos tras los muros, en la zona urbana, es posible que alguna vez hayáis visto el sitio.

- Sí, sabemos dónde está -respondió el hombre extremadamente serio-. ¿Qué os trae por aquí?

- Veréis, queríamos saber con quiénes estamos compartiendo, simplemente eso...

- Nosotros somos del ejército, como podéis comprobar por nuestros uniformes. Ejército de Estados Unidos. Hemos estado de misión hasta que han prescindido de nuestros servicios, o mejor dicho, las personas que mandaban ya no están.

- ¿Qué misión, y quiénes eran los que os mandaban?

- Limpieza de esas cosas, pero la situación se puso muy mal y tuvimos que huir para el norte, a Canadá. Intentamos contactar con el grupo de funcionarios que estaba encomendándonos misiones, pero ya no había nadie allí -dijo, con aspecto sombrío-. Por cierto, mi nombre es Alger.

- Encantado -le hizo un gesto con la mano como saludo-.

- ¿Querían algo más? No tenemos mucho que ofrecer, por desgracia.

- No, no se preocupe...

Fue en aquel momento cuando supe a ciencia cierta que algo no iba bien. Mientras Alger y Ralph conversaban, los grupos de los otros dos coches habían salido y se habían posicionado. Iban totalmente armados, y parecía que apuntaban a algo.

No tardé en confirmar lo que estaba pasando. Se escuchó un disparo en la zona de la derecha, y vi como el hombre de rostro serio caía desplomado al suelo, seguido de la mujer que le acompañaba.

Sentí un tirón de la chaqueta, había sido Pears. Me atrajo a su lado, se encontrada escondido detrás de una pequeña elevación del terreno que en su día tuvo que traer por el camino de la amargura a más de uno y más de dos. No nos dijimos nada, con mirarnos nos bastaba, sabíamos que las cosas se habían torcido sobremanera, y él estaba tan incrédulo como yo. Miré en todas las direcciones, buscando a Tommy, y me tranquilicé al ver que estaba detrás de un blindado, cubierto.

Los grupos de la derecha e izquierda se fueron moviendo hacia la entrada, pero gente del otro grupo había salido también, bien armada, y estaban haciendo frente al ataque. ¿Ataqué? ¿Por qué? Tenía muchas preguntas, pero no sabía cómo responderlas aún, no tenía sentido todo aquello.

Ralph había procurado ponerse a salvo tras el otro blindado que estaba frente al edificio, cubierto por un tirador que devolvía todos los disparos que recibía. Era absurdo, aquél cabrón con traje nos la había jugado.

Tanto Pears como yo no sabíamos cómo reaccionar, no estábamos disparando a nadie, porque no sabíamos qué era lo que estaba pasando, o se habían olvidado de contarnos algo a nosotros, o éramos simples peones para el plan que Ralph había trazado.

Uno de los disparos alcanzó al depósito del blindado tras el cual se ocultaban muchos de los de nuestro grupo, entre ellos, Tommy. Vi como, antes de que ocurriese nada con el blindado, todos salieron de detrás, como si de hormigas a punto de ser aplastadas se tratase, y Tommy se vino con nosotros. Estábamos en un sitio medianamente seguro, no sabíamos cuánto duraría aquello:

- ¿Qué está pasando? -le pregunté a Pears-.

- No tengo ni idea, el plan era venir y hablar con ellos para repartir las zonas, de lo que está pasando ahora estoy totalmente desinformado.

- ¿No te preguntaste por qué veníamos tantos grupos, por qué se han separado dos coches, y ni siquiera por qué ha venido personal médico?

- De lo último ya hablé con el propio Ralph, y me dijo que era por si el otro grupo era hostil, no nos la podíamos jugar. Cuando he visto lo que ha acontecido, me ha parecido bastante raro, pero no he querido preguntar nada porque, entre otras cosas, no he podido hacerlo y los demás sabían igual o menos que yo sobre lo que estaba sucediendo.

- ¿Qué vamos a hacer? -preguntó Tommy, nervioso-.

- No lo sé, antes de abrir fuego contra nadie, me gustaría saber por qué hacemos esto, no estoy dispuesto a pelear si no tengo ningún motivo para ello.

- Desde luego, opino lo mismo -le dije-.

- Lo más probable es que intenten acabar con este grupo por los suministros -reveló Pears, dudoso-.

- Pero ellos no son los responsables de que estemos atravesando una pequeña crisis en la ciudad -respondió Tommy-. ¿Haría algo así por unas cuantas latas de sopa y algún antibiótico? Ellos también lo necesitan, no podemos acapararlo todo, son tan humanos como nosotros.

- Tienes toda la razón -le dije-, pero aquí ya no impera la ley de la reciprocidad, ahora, en vez de buscar asociarnos, nos peleamos entre nosotros por sobrevivir, haciéndonos más difícil aún llevarlo a cabo. Somos así de listos, en vez de unirnos y combatir a los muertos siendo muchos, preferimos tenerlo todo y ser pocos.

- Desde luego, pero este grupo no nos ha hecho nada en ningún momento, no entiendo a qué se debe la actitud de los nuestros -añadió Pears-.

- Creo que eso es algo que solo muy pocos saben.

- Voy a intentar acercarme a Ralph, a ver qué me dice sobre todo esto. ¿Vosotros estáis bien aquí? -ambos asentimos-. Vuelvo en seguida, sé que os las vais a apañar bien -y en ese momento, a toda prisa y con el arma en la mano Pears se alejó corriendo-.

- ¿Qué hacemos? -me preguntó Tommy, preocupado-.

- Ojalá supiese qué hacer, pero no se me ocurre nada. Tal vez lo mejor que podemos hacer es alejarnos de este sitio, o alguna bala nos acabará dando -me asomé para ver cómo estaba la situación, había unas cuantas bajas de nuestro bando, pero era el otro grupo el que se estaba llevando la peor parte-. ¿Qué te parece?

- Ni bien ni mal, es lo único que podemos hacer ahora, creo yo, así que hagámoslo cuanto antes. Deberíamos ir a uno de los laterales del edificio, y podemos optar una vez estando allí a esperar que todo esto termine, o irnos a la parte trasera, y hacer lo mismo, porque volver a pie allí es una locura, aunque en un momento dado, si no tenemos una opción mejor, eso es lo que podemos hacer.

- Vale, vamos hacia el lado derecho, que parece que hay menos gente -me volví a asomar para comprobarlo-. La verdad es que vamos a tener que contar con mucha suerte o rezar lo que sepamos, es una locura -suspiré, muy nerviosa-.

- Saldremos adelante, venga amor, no te desanimes, ¿vale? -me dio la mano y me sonrió-. Las cosas se han puesto más que complicadas, pero vamos a salir de aquí sea como sea, ¿vale? Todo va a salir bien, estoy seguro.

- Gracias -le sonreí de vuelta-. Bueno, a la de tres salimos corriendo al lateral derecho de la escuela, ¿entendido? -Tommy asintió, y procedí a contar, con el corazón en un puño-. 1...2...¡3!

Y salimos disparados hacia nuestro objetivo. Empuñábamos nuestras armas a modo defensivo, con el seguro. Conseguimos llegar, nos miramos satisfechos a la vez que cansados, y una sensación de abrumadora tranquilidad me dio una bofetada en la cara, me sentía tan serena que podía haberme dormido allí mismo:

- ¿Ves? Te dije que iba a salir bien -dijo, aún jadeando por la carrera y la adrenalina-. Un plan tuyo nunca falla.

- Pocos planes míos has vivido -me reí amargamente-. Pero sí, ha salido bien.

- La cuestión ahora es pensar si nos quedamos aquí o nos va...

Un sonido hueco me impidió oír el resto. Había sido un disparo, y había sonado cerca, muy cerca, demasiado cerca. Volví a mirar a Tommy, y en aquel momento sentí cómo el pánico se apoderaba de todo mi cuerpo, y sentía que todo aquello era una pesadilla.

Tommy había recibido un disparo, del cual manaba cuantiosa sangre.

El mujer que le había disparado fue lo último que hizo. Rápidamente quité el seguro, y la disparé en la cabeza.

No sabía por dónde empezar, la situación se había adueñado de mí por completo. Le desabroché la chaqueta y le levanté la camiseta para comprobar dónde había recibido el disparo. Había sido en el abdomen, era un tiro limpio, le había atravesado todo el cuerpo. No sabía si serviría, pero de mi chaqueta arranqué una manga, y se la puse en la zona de la herida. Comprobé sus pulsaciones, estaban muy bajas, pero aún seguía con vida, lo cual me calmó un poco, pero si no hacía nada pronto, sería tarde.

Había otros médicos, pero no iba a poder ir a buscarles, o probablemente yo también recibiría algún impacto de bala y el destino de los dos sería el mismo. Pensé en colarme en el colegio, aprovechando el revuelo del enfrentamiento, y cuando me acerqué, cargando con el pesado cuerpo de Tommy, una voz femenina me sobresaltó:

- ¿Qué haces? -me preguntó la mujer, que se encontraba al otro lado del colegio-.

- Mi compañero ha recibido un disparo, y necesita atención médica urgente o va a morir -me toqué las mejillas, no me había dado cuenta, pero al parecer había estado llorando todo el tiempo, seguramente desde que vi a Tommy tirado en el suelo-.

- Eres de los otros, ¿verdad? No me suenas -replicó la mujer, desconfiada-.

- Sí, soy de los otros, pero no he atacado, ni siquiera sé por qué los míos han empezado a disparar. Por favor, haz conmigo lo que quieras, como si tu voluntad es matarme, pero por favor, ayúdale. ¿Puedes ayudarle?

- Espera -la mujer desapareció, parecía que iba a consultar algo-. Sí, tenemos personal médico que va a poder ayudar a ese chico. Ahora van dos de los nuestros a ayudarte a traerle dentro.

- Muchas gracias, de verdad, gracias -dije, entre sollozos-.

- Todavía no hemos hecho nada, eso lo tendrás que decir si las cosas salen bien. En seguida estarán contigo mis compañeros.

La espera se me hizo eterna, no podía dejar de mirar el rostro pálido de Tommy y la sangre, así como el rastro que había dejado. Cada vez me sentía más mareada, más desorientada, no podía comprender lo que había sucedido, cómo se habían torcido tanto las cosas como para pasar de un simple reconocimiento del grupo de militar a tener en las puertas de la muerte a la persona que más quería.

Respiré profundamente, tenía que ser fuerte, no solo por mí, sino por Tommy también, que se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Y por Alison, teníamos que volver con ella, y por Pears también, que era como mi hermano.

A lo lejos vi como dos hombres vestidos con ropas raídas y sucias acercarse con una especie de camilla de enfermería simple. Les ayudé a poner a Tommy encima, y les seguí hasta la parte trasera del colegio, en la cual había un acceso por el que ellos habían salido.

Una vez dentro me volví a encontrar con la mujer con la que había hablado al principio, y aunque me dispuse a seguir a los chicos que llevaban a Tommy, ella me frenó el paso:

- Lo siento, nuestro médico va a mirarle, así que allí solo pueden estar médico y paciente -me dijo la mujer, con cierta inseguridad-.

- ¿No puedo ver cómo está, o qué le van a hacer? Por favor, no le hagáis nada malo, por favor, yo...

- No le vamos a hacer nada malo, pero creo que tenemos que hablar de algunas cosas primero para que entiendas lo que ha sucedido -no me lo dijo de forma amenazante, pero parecía que a continuación me iba a asestar un golpe mortal-. No os vamos a hacer nada, te lo puedo garantizar, y si es necesario, nuestro cirujano intervendrá para salvarle -no me creía todavía lo que oía, pero me abstuve de decir nada cuestionando de nuevo su palabra, podría enfadarse y ser peor, así que me limite a sonreír en mi medida de lo posible-. Me llamo Sharon Von Adele.


Tenía tantas preguntas que hacerle que no sabía por dónde empezar.