Miré a aquella mujer que se me había presentado como Sharon atentamente, sabía que tenía muchas cosas pendientes por explicarme.
Vi que se marchaba, y yo la seguí, supuse que era lo correcto en aquella ocasión. Cuando llegó a una sala que parecía el típico despacho de profesor de turno, cerró la puerta y me invitó a sentarme. Aquello no me traía buenos recuerdos, pero al menos sabía que, dadas las circunstancias, no iba a tener mayor problema:
- Bueno, ya que me he presentado, te dejo a ti el honor de hacer lo mismo.
- Yo soy Tacii Hale, y el herido es Tommy Karevik -hice una breve pausa para coger aire-. Como ya te he dicho antes, estábamos con el grupo de soldados que ha venido y ha empezado el tiroteo. Desconocemos los motivos por los cuales nuestros camaradas han actuado así, no hemos sido parte de ello, y mi compañero ha resultado herido por una mujer que no he podido identificar, a la que he disparado. No sé si era de los vuestros o no, pero no puedo negar lo que he hecho.
- Está bien que seas sincera, se agradece, sobre todo teniendo en cuenta que no nos conocemos de nada, y podías intentar mentirme para causarme buena impresión. En fin, tampoco te iba a servir de mucho –miró hacia una dirección indeterminada y prosiguió-. Bueno, la parte que vosotros sabéis de todo esto es que somos un grupo, y que la mayoría son militares del ejército estadounidense, aunque muchos de ellos, cuando empezó todo esto, no eran de Estados Unidos, como habrás podido ver –se escuchó como alguien llamaba a la puerta, y acto seguido, un chico joven, de unos veintipocos años asomó la cabeza, parecía nerviosa-.
- ¡Sharon, los duros vienen! –me quedé desconcertada al oír aquello, no sabía lo que quería decir, pero por el tono sabía que de algo malo se trataba sin lugar a dudas-.
- ¿Justo ahora? ¿No puedes entretenerles, Pierre?
- Imposible, están con Margaret hablando e insistiendo en bajar, y como se pongan nerviosos lo van a volver a hacer.
- Dame un segundo, espérame fuera del despacho, en seguida voy –el chico desapareció de inmediato-. Perdona, Tacii, me vas a tener que dar unos minutos. Si eres tan amable, quédate aquí sin hacer ruido. Les voy a seguir en todo momento, y si veo que vienen hacia aquí, trataré de hacer algún ruido para advertirte y que te escondas.
- Pero, ¿qué es todo eso?
- Ahora mismo no te lo puedo explicar, pero te garantizo que lo voy a hacer cuando esto pase. No es nada, tardarán muy poco, esto es más pequeño de lo que parece.
Y vi como Sharon se levantó de inmediato y salió, sin mirar ni siquiera una vez atrás.
Estaba nerviosa, no sabía qué estaba pasando, y lo peor de todo es que tampoco sabía nada de Tommy. Me había dicho que me quedase allí, pero no sabía si podría aguantar y no salir, la tentación era tremenda. Lo pensé fríamente, porque me podía buscar un problema más que gordo si desobedecía sus órdenes, al fin y al cabo ellos se iban a hacer cargo del disparo de Tommy, pero tal vez todo era una encerrona y ambos estábamos condenados desde el principio. No sabía que pensar, pero opté por la vía más “diplomática”, que era cumplir sus órdenes, me tenía que arriesgar y fiarme de que aquellas personas me iban a poder ayudar.
Durante unos pocos minutos todo estaba en completo silencio, de vez en cuando se oía alguna voz, pero muy tenue e inteligible. Después escuché pasos, estaban bajando las escaleras a la planta en la que yo me encontraba. Fue entonces cuando pude oír por fin voces más claras, parecían la mayoría masculinas, salvo alguna femenina que destacaba por encima del resto. Intenté escuchar lo que decían, pero no quería arriesgarme a estar demasiado cerca de la puerta y que me pillasen de por medio husmeando asuntos que no eran de mi incumbencia, así que simplemente me quedé de pie, frente a la puerta, alerta por lo que pudiese suceder. Y justo unos segundos después, escuché fuertes pasos aproximarse al lugar en el que me encontraba. Se me pasó brevemente por la cabeza la pésima idea de echar el pestillo, me reí nerviosa, y rápido deseché la idea.
La puerta justo en ese momento se abrió, y yo me oculté tan rápido como pude debajo del escritorio. No sabía por qué estaba tan nerviosa, ni siquiera sabía qué estaba pasando. Entonces reconocí la figura de Sharon, que entraba nerviosa:
- Rápido, Tacii, ocúltate lo mejor que puedas y quédate en silencio absoluto, por favor te lo pido, esto puede repercutir tanto en mí como en ti –vi cierto miedo en sus ojos-.
- ¿Quiénes son los que vienen? -dije tan bajo como pude-.
- Militares. Y ahora guardia silencio.
Se marchó tan rápido como lo hizo antes, y procuré buscar un escondite mejor, debajo del escritorio era demasiado obvio, incluso para un niño de cinco años que jugaba por primera vez al escondite. Entre dos archivadores grandes decidí ocultarme, estaba oscuro y no creía que algún militar tuviese interés en ver qué había allí.
Oí como la puerta se abría, y tras ella, un corrillo de voces se hacía audible:
- Bueno, en general está todo bien –comentó un hombre, cuya voz no me permitió identificar ningún distintivo-.
- Esta es la última sala operativa, como ya sabe –dijo Sharon-.
- ¿Ocurre algo? La veo más inquieta que de costumbre –preguntó otro de los hombres, con un tono de voz más amenazante-.
- No, es que con lo que ha estado ocurriendo con el otro grupo nos hemos alarmado mucho, y alguno de los nuestros ha caído.
- Sí, ya hemos visto en la sala de enfermería el cadáver de uno de los vuestros, aunque no me resultaba demasiado familiar –respondió el hombre del principio-.
- Pero si no te conoces ni a la mitad, cómo te va a sonar, idiota –dijo un tercer hombre-.
- Bueno, eso es cierto –intervino de nuevo el primero hombre-. Pues está todo bien, volvemos arriba, si quieres puedes acompañarnos.
- Sí, iré con ustedes.
Entonces escuché como las voces se alejaban hasta resultar ecos, y cuando la puerta se cerró, se hizo el silencio.
Tenía la sensación de que aquello había salido bien, si la intención era no llamar la atención, lo había conseguido, o al menos eso creía. Aunque parecía que el peligro había pasado, no quise salir de mi escondite hasta que Sharon volviese.
Al cabo de unos minutos, que se me hicieron eternos, escuché la puerta abrirse, y para mi alivio, era Sharon:
- Disculpa, ya está, ha salido todo bien –algunas perlas de sudor caían por su frente-. Odio tener que hacer esto, pero es lo que hay, al menos no estamos muertos –se sentó en su silla y bebió un trago largo de agua-. Vamos a reanudar el tema que estábamos tratando, espero que ahora sin interrupciones.
- Imagino que algo que ver tendrá también con esto que ha ocurrido ahora, ¿verdad? –asintió firmemente-.
- En nuestro grupo están los militares, y luego estamos los “intocables”, que aunque suene bien, ellos lo usan más bien como despectivo. El grupo al principio estaba formado solo por los militares, pero cuando les mandaban misiones, tenían la orden fija de que, si encontraban algún superviviente, tenían que ayudarle, y al principio hacían eso. Cuando dejaron de recibir información de sus superiores, cogieron el torno por los cuernos y tomaron la de ser los “salvadores” de este mundo. Para empezar, aun estando en Estados Unidos, aniquilaron a todas las personas que habían rescatado que no eran de su interés, y dejaron sólo a aquellos que cumplían su baremo –escuchar aquello me resultó muy impactante, por mucho que el mundo cambiase, la gente nunca lo haría-. Ellos solo buscaban médicos, para curarles y mantenerles en forma, ingenieros, científicos, biólogos y demás profesiones relacionadas para encontrar una solución a la epidemia. A los demás los mataban a sangre fría –Sharon volvió a beber-. Y una vez tenían a la gente que les interesaba, les convertía en esclavos, o mejor dicho, nos. Nuestro trato con ellos es que nos mantuviesen en buenas condiciones, y nosotros trabajaríamos para ellos, pero al ver que nos daban lo mínimo para seguir viviendo un día más, tratamos de revelarnos, pero muchos de los nuestros cayeron. Sin importar su cargo, como si alguno de ellos hubiese sido el mejor cirujano del mundo, se permitían prescindir de gente importante solo para disciplinarnos, como ellos acostumbran a decir. Nos dicen que somos el futuro, pero ni siquiera vamos a llegar a él a este paso –suspiró finalmente Sharon-.
- Es terrible todo lo que me has contado, ya los muertos no son nuestro mayor problema.
- Y desde que aparecieron no lo han sido, la gente se ha vuelto loca y cualquier atisbo de cooperación es anulado por los deseos irrefrenables y el ansia de poder. Ahora nos necesitamos más que nunca, pero no queremos verlo.
- Y bien, ¿por ese motivo es por el cual nuestro grupo os ha atacado?
- No, la historia continúa. Verás, nuestro grupo se ha asentado hace relativamente poco aquí, mientras tanto hemos estado dando vueltas por la frontera, incluso nos planteamos ir a Alaska, pero los militares vieron vuestra base, y decidieron que aquel sería el sitio ideal en el que refugiarse.
- Pero no llegaron a venir siquiera, ¿no?
- No, en realidad sí que fueron, pero no a pedir permiso, para ellos las cosas ya no funcionan así –pausó para volver a beber agua-. Destruyeron una parte del muro con la intención de que se propagase la enfermedad, y cuando todo estuviese despejado, vendrían ellos, lo limpiarían y se asentarían en la ciudad.
- Entonces, entiendo que esto ha sido una especie de táctica “defensiva” para evitar que nos volviesen a atacar…
- Las intenciones del grupo ya las desconocemos, pero es más que probable, o igual ha sido coincidencia, aunque no tiene pinta, demasiada casualidad, ¿no crees? –asentí-.
- ¿Sabes algo del chico con el que he venido? –le pregunté, por fin, estaba deseando saber algo de él-.
- El cirujano estaba con él, aún no sé si han empezado a intervenirle, pero lo necesitaba con urgencia, había perdido mucha sangre. Tú no te preocupes, va a estar en buenas manos –después de la seria imagen de sí misma que había dado, pude ver un atisbo de sonrisa en su rostro-. Van a estar toda la noche probablemente con él, así que deberías quedarte aquí. No pasa nada si te vienes donde estamos nosotros, es una zona segura, suele haber alguien haciendo guardia por si nos visitan por sorpresa.
- Lo agradezco, pero preferiría quedarme con mi compañero cuando termine la operación, si puedo.
- Ah, claro, cuando termine te avisará el cirujano, te comentará cómo ha ido y podrás ir con él –no quise añadir nada, lo que me estaban ofreciendo era justo-.
- ¿Cómo están las cosas fuera? No se escucha nada fuera ya.
- Pues no sé si decirte bien o mal. Cuando han venido los militares me han comentado que la situación fuera estaba controlada, muchos de los nuestros habían caído, pero de los vuestros también, y han tenido que irse cuando han visto que la situación se inclinaba en su contra. Los militares están furiosos, no sé qué harán, pero algo van a planear seguro para contraatacar, aunque les cueste la vida…
- ¿Y a vosotros no os escuchan?
- Por supuesto que no, en esta “sociedad” improvisada, nosotros estamos en la parte baja, y ellos en la alta. No iban a dejarse aconsejar ni por médicos, ni expertos en guerra… ¡¿qué locura?! –dijo Sharon, irónicamente, indignada por la situación-. En fin, ¿quieres quedarte aquí a descansar? Es comprensible que no te quieras exponer demasiado, sobre todo teniendo en cuenta cómo están las cosas.
- Sí, no me vendría quedarme aquí sola, al menos un rato, necesito aún asimilar lo que ha sucedido.
- Está bien, si necesitas algo búscame, siempre estoy aquí.
- Gracias, yo no me moveré de aquí.
- Ah, antes de nada, si quieres darte una ducha, tenemos agua, hay un pozo aquí que se ha mantenido bastante bien, así que siéntete libre. Las duchas están en los vestuarios del gimnasio, que está al fondo del pasillo. Si alguien te pregunta, vas de parte de Addy.
- Vale, gracias. Yo si necesitas ayuda con lo que sea, no dudes en decírmelo, es lo mínimo que puedo hacer.
- No, en realidad estamos en el mismo bando, así que no nos debes nada. Nos vemos –dijo, mientras abría la puerta y cerraba tras de sí-.
Suspiré profundamente, y rompí a llorar amargamente, en realidad no sabía por qué, pero mi mente estaba saturada, demasiadas cosas en tan poco tiempo. La espera para poder ir a ver a Tommy se me iba a hacer eterna, pero permanecería despierta todo lo que hiciese falta hasta que pudiese al menos estar con él. Deseaba con todas mis fuerzas que la operación saliese bien, incluso recé sin ser creyente, esperando la señal de que “todo va a ir bien” de mi falso dios.
Por fin me paré a mirarme, horrorizada. Me vi la ropa, cubierta de sangre, y supuse que mi aspecto debía ser más terrible de lo que yo misma había podido ver, y vi como una posible buena idea ir a asearme.
Salí con cuidado del despacho, desconfiada. Veía algunas personas por el pasillo, que me miraban desconfiadas, incluso algunos cuchicheaban, imaginaba que sobre mi aspecto, que parecía haber salido de una película macabra de serie B.
Seguí el camino que me indicó Sharon todo lo deprisa que puse, y en la puerta me topé con hombre que hacía de seguridad:
- Perdone, señorita, ¿a dónde va usted?
- Yo, eh, voy de parte de Addy.
- Oh, perfecto, lo siento, es que con lo que hoy ha sucedido tenemos que andarnos con pies de plomo. ¿Qué es lo que le ha pasado?
- Nada, estuve en el campo de batalla…
- ¿Uno de los nuestros ha estado en el campo de batalla?
- No, o sea, lo que quería decir es que he estado ayudando a los heridos.
- Vale, eres de enfermería, disculpa de nuevo. Yo en esto no soy muy bueno, mi trabajo es la ingeniería genética, nunca ha tenido nada que ver con controlar quién entra y sale de un sitio determinado. Y encima para esta gente.
- Supongo que hoy en día es algo habitual.
- Totalmente cierto. Bueno, pase cuando quiera, está usted en su casa.
Me di prisa en pasar, no quería seguir hablando con nadie, podía encubrirme un poco, pero me iba a costar si me paraba a hablar con cada persona con la que me encontraba, por lo que decidí ir todo lo rápido que me permitían mis piernas.
Como vieja costumbre me dirigí al vestuario de chicas, y en las duchas me quité toda la ropa y la traté de lavar lo mejor posible para ir presentable. Tras ducharme, escurrí un poco las prendas, me las puse y salí del gimnasio muerta de frío a causa del tiempo y la congelada ducha que me acababa de dar.
Me despedí del vigilante del gimnasio, y me volví al despacho. Esperaba no haberme demorado demasiado y que hubiesen ido a buscarme.
No me detuve a hablar con nadie por el camino. Al llegar, abrí la puerta con cautela y me metí en el despacho, a la espera de noticias nuevas sobre algo.
Estuve sola durante al menos una hora, no calculé el tiempo exacto porque no tenía reloj. Alguien llamó a la puerta, y nerviosa me levanté a abrir. Fuera quien fuese, me interesaba hablar con alguien, el aislamiento en el que estaba sumida me estaba provocando más ansiedad prácticamente que todo lo que había sucedido a lo largo del día.
Abrí la puerta, y era Sharon, que llevaba una bolsa:
- Hola Tacii, disculpa las molestias, te traía algo de comer, imaginaba que podrías tener algo de hambre, y bueno, no es mucho, pero ya es más que nada.
- Ahora mismo no tengo mucha hambre, pero te agradezco el detalle.
- Si quieres te lo dejo, o me lo llevo, como prefieras.
- Déjalo, más tarde comeré, ahora estoy esperando a ver si me dicen algo de mi compañero.
- Si quieres voy a consultar ahora al cirujano, a ver qué me dice, no sé si estará disponible o no, hoy está teniendo mucho trabajo, pero lo intentaré.
- Te lo agradecería enormemente si pudieses hacerme ese favor, es que he ido a ducharme y no sé si durante ese rato ha podido venir.
- Voy a preguntar, ahora vuelvo.
Se esfumó rápidamente. Estaba tranquila, al menos no tendría que ir yo a preguntar, lo cual seguro habría buscado más problemas a Sharon.
Aún había ciertos detalles que no llegaba a comprender sobre lo que estaba pasando, pero sabía que tarde o temprano los aclararía.
Pasó medio hora, y alguien llamó a la puerta. Abrí de inmediato, y Sharon entró, con algo en la mano:
- He estado hablando con el cirujano, por suerte le he encontrado en el descanso. Ha estado con tu compañero, y dice que para media noche o así espera acabar. Me ha dicho que tiene muy mala pinta su herida, aunque la bala ha salido y no hay que sacársela, eso es lo bueno, y sus posibilidades de sobrevivir son más altas que de la otra forma. De todos modos, tranquila, nuestro cirujano es muy bueno en su trabajo, tiene mucha experiencia.
- Lo agradezco en el alma, lo único que quiero ahora es que Tommy se recupere.
- Y lo hará, de ello estoy segura. Por cierto, te he traído ropa seca, que he visto que llevas la tuya chorreando de haberte duchado, y no había caído antes en darte nada -me dio saquito que contenía la ropa
- Muchas gracias Sharon, no sé cómo agradeceros esto. Aún me cuesta creer que haya gente amable después de lo que me has contado.
- Si me pusiese al novel de los militares, dejaría de ser yo, y entonces nada me distinguiría de los muertos. Tú te has arriesgado por salvar a tu amigo, y eso también es algo que no se ve en estos días, la gente deja atrás a los suyos, incluso cuando están en perfectas condiciones -al oír aquello, sabía que buscaba hacerme sentir agradecida por aquellas palabras, después de todo parecía que había encontrado gente que me iba a poder ayudar-. Bueno, te dejo descansar, si quieres salir por aquí fuera hazlo, y habla con la gente, todos estamos ya al corriente de lo que ha sucedido, además, le he dicho al médico cómo eres, por si no estás en la habitación.
- Gracias, por el momento creo que me voy a quedar aquí.
- Está bien, entonces nos vemos luego.
- Claro, hasta luego -mientras me despedía, Sharon se marchó cerrando la puerta tras de sí suavemente-.
En cuanto se fue me cambié de ropa, estaba muerta de frío, incluso tras ponerme la ropa seguía helada de frío. Si no hacía algo, por muy seca que estuviese la ropa, moriría de hipotermia, la temperatura general de aquella planta era muy baja.
Finalmente me decidí a salir un rato, unos minutos, para encontrar algo que me diese calor y recuperar la temperatura corporal, lo último que me faltaba ahora era caer enferma.
Salí cuidadosamente de la habitación, no quería tampoco llamar la atención, solo calentarme un poco y volver.
Vi a algunas personas por el pasillo, pero no me atreví a preguntar si había alguna fogata o cualquier otra fuente de calor activa disponible, me limité a caminara anónima entre ellos, y buscar por mí misma. Pasé al lado del hombre con el que hablé para entrar al gimnasio, si alguien lo podía saber seguro que ese era él, pero tampoco quise preguntar.
Tras una breve caminata, a la vuelta, vi que de una habitación salía un pequeño haz de luz. Me acerqué disimuladamente, y exclamé "Bingo" en mi cabeza. Se trataba de una pequeña chimenea improvisado que habían encendido hacía ya rato, pues el madero estaba prácticamente consumido. Eran tres las personas que estaban sentadas allí, en silencio, y me uní a ellos, procurando acercarme al fuego, pero sin quemarme.
Traté de no demorarme demasiado, pero el fuego era tan confortable y me sentía tan bien que me costaba abandonar esa sensación para volver al frío canadiense, junto a un retro de humedad a causa de las filtraciones.
Justo cuando me fui a levantar, un hombre entró, parecía enfurecido. Le oía murmurar y maldecir por lo bajo, pero por algún extraño motivo sentí que en esta ocasión sí que tendría que preguntar. Me podría salir caro dar un paso en falso, sabía que meterse en asuntos ajenos, y más siendo una extraña dentro del grupo era peligroso, pero estaba dispuesta a arriesgarme y preguntar:
- ¿Qué sucede? -le pregunté, con cautela-.
- ¿Que qué sucede? Que estamos siempre igual, parecemos apestados -dijo el hombre, poniéndose al lado del fuego-. Estamos en la planta baja, como si fuésemos ratas de cloaca esperando a que llegue su turno para que experimenten con ellas.
- ¿No os habéis planteado hacer nada?
- ¿Crees que no lo hemos hecho? ¡A los últimos que lo intentaron los mataron a sangre fría! Y a nosotros nos van a hacer lo mismo, tarde o temprano...
- Si es así, ¿por qué no lucháis?
- No todo el mundo está dispuesto a hacerlo, somos muy pocos los que queremos luchar, otros, aunque estén descontentos con la situación, no se atreve...Un momento, ¿quién eres tú? -dijo, mientras se acercaba a mí-.
- Yo era del grupo que atacó esta mañana y...
- Ah, vale, tú eres la chica de la que nos habló Sharon. Yo soy Fabio Lione, y hasta que me destinaron aquí para investigar el virus, era microbiólogo, como Sharon, de hecho, ya había leído algún artículo suyo antes de que todo esto ocurriese. Perdona, te he contado todo esto en parte también para que no se me olvide quién soy, no me suelo presentar mucho hoy en día.
- No tienes que disculparte. Yo no hace falta que me presente, porque Sharon ya os ha contado quiénes somos, ¿verdad? -asintió-. Lo único que puedo añadir es que yo soy veterinaria, aunque nunca he ejercido, y mi compañero es médico.
- Deberíais andaros con cuidado, si esos militares os descubren os van a aprisionar.
- Procuraré que nos quedemos el mínimo tiempo posible, si mi compañero se recupera, nos iremos en cuanto recobre el sentido. Si no lo hace... - al imaginarme aquello me ido un vuelco el corazón y me salió una lágrima- intentaré volver sola.
- Espero que se recupere tu novio.
- Y yo...Un momento, ¿cómo lo has sabido?
- Por tu reacción. Que, no es por desanimarte, pero con los militares aquí no creo que os podáis marchar, al menos ellos no os van a dejar, tienen todo controlado, estamos bajo vigilancia permanente, ni siquiera yendo tú sola en absoluto sigilo lo podrías lograr.
- Entonces estoy en vuestra misma situación, pero a mí irme me corre prisa, aunque lo primero es ver cómo va Tommy...
- ¿Te vas a unir a la lucha? -me preguntó, con entusiasmo-.
- No me queda más remedio, vuestra causa y la mía es la misma: escapar. Pero esta vez lo vamos a hacer en serio, hay que prepararlo todo muy bien, intentar conseguir el máximo número de participantes, y trazar un plan que haga que nuestra inferioridad numérica no sea un inconveniente.
- No me gustaría ser aguafiestas ahora, de verdad confío en que vayamos a poder hacer algo, no les vamos a permitir que se salga con la suya. Van a pagar por lo que les hicieron a aquellos que en su momento intentaron defender sus derechos.
- Deberíamos empezar por buscar ge... -antes de que pudiese terminar de hablar, un hombre con una bata blanca y aspecto de cansado apareció-.
- ¿Eres Tacii? -me preguntó-.
- Sí. ¿Es usted el cirujano?
- Sí. Le pido que venga conmigo, por favor, ha habido una complicación...
Sentí cómo la sensación que antes de ahogo volvía a mí, pero esta vez mucho más intensa, y a medida que me acercaba a la sala donde se estaba haciendo la operación se incrementaba...
Salí cuidadosamente de la habitación, no quería tampoco llamar la atención, solo calentarme un poco y volver.
Vi a algunas personas por el pasillo, pero no me atreví a preguntar si había alguna fogata o cualquier otra fuente de calor activa disponible, me limité a caminara anónima entre ellos, y buscar por mí misma. Pasé al lado del hombre con el que hablé para entrar al gimnasio, si alguien lo podía saber seguro que ese era él, pero tampoco quise preguntar.
Tras una breve caminata, a la vuelta, vi que de una habitación salía un pequeño haz de luz. Me acerqué disimuladamente, y exclamé "Bingo" en mi cabeza. Se trataba de una pequeña chimenea improvisado que habían encendido hacía ya rato, pues el madero estaba prácticamente consumido. Eran tres las personas que estaban sentadas allí, en silencio, y me uní a ellos, procurando acercarme al fuego, pero sin quemarme.
Traté de no demorarme demasiado, pero el fuego era tan confortable y me sentía tan bien que me costaba abandonar esa sensación para volver al frío canadiense, junto a un retro de humedad a causa de las filtraciones.
Justo cuando me fui a levantar, un hombre entró, parecía enfurecido. Le oía murmurar y maldecir por lo bajo, pero por algún extraño motivo sentí que en esta ocasión sí que tendría que preguntar. Me podría salir caro dar un paso en falso, sabía que meterse en asuntos ajenos, y más siendo una extraña dentro del grupo era peligroso, pero estaba dispuesta a arriesgarme y preguntar:
- ¿Qué sucede? -le pregunté, con cautela-.
- ¿Que qué sucede? Que estamos siempre igual, parecemos apestados -dijo el hombre, poniéndose al lado del fuego-. Estamos en la planta baja, como si fuésemos ratas de cloaca esperando a que llegue su turno para que experimenten con ellas.
- ¿No os habéis planteado hacer nada?
- ¿Crees que no lo hemos hecho? ¡A los últimos que lo intentaron los mataron a sangre fría! Y a nosotros nos van a hacer lo mismo, tarde o temprano...
- Si es así, ¿por qué no lucháis?
- No todo el mundo está dispuesto a hacerlo, somos muy pocos los que queremos luchar, otros, aunque estén descontentos con la situación, no se atreve...Un momento, ¿quién eres tú? -dijo, mientras se acercaba a mí-.
- Yo era del grupo que atacó esta mañana y...
- Ah, vale, tú eres la chica de la que nos habló Sharon. Yo soy Fabio Lione, y hasta que me destinaron aquí para investigar el virus, era microbiólogo, como Sharon, de hecho, ya había leído algún artículo suyo antes de que todo esto ocurriese. Perdona, te he contado todo esto en parte también para que no se me olvide quién soy, no me suelo presentar mucho hoy en día.
- No tienes que disculparte. Yo no hace falta que me presente, porque Sharon ya os ha contado quiénes somos, ¿verdad? -asintió-. Lo único que puedo añadir es que yo soy veterinaria, aunque nunca he ejercido, y mi compañero es médico.
- Deberíais andaros con cuidado, si esos militares os descubren os van a aprisionar.
- Procuraré que nos quedemos el mínimo tiempo posible, si mi compañero se recupera, nos iremos en cuanto recobre el sentido. Si no lo hace... - al imaginarme aquello me ido un vuelco el corazón y me salió una lágrima- intentaré volver sola.
- Espero que se recupere tu novio.
- Y yo...Un momento, ¿cómo lo has sabido?
- Por tu reacción. Que, no es por desanimarte, pero con los militares aquí no creo que os podáis marchar, al menos ellos no os van a dejar, tienen todo controlado, estamos bajo vigilancia permanente, ni siquiera yendo tú sola en absoluto sigilo lo podrías lograr.
- Entonces estoy en vuestra misma situación, pero a mí irme me corre prisa, aunque lo primero es ver cómo va Tommy...
- ¿Te vas a unir a la lucha? -me preguntó, con entusiasmo-.
- No me queda más remedio, vuestra causa y la mía es la misma: escapar. Pero esta vez lo vamos a hacer en serio, hay que prepararlo todo muy bien, intentar conseguir el máximo número de participantes, y trazar un plan que haga que nuestra inferioridad numérica no sea un inconveniente.
- No me gustaría ser aguafiestas ahora, de verdad confío en que vayamos a poder hacer algo, no les vamos a permitir que se salga con la suya. Van a pagar por lo que les hicieron a aquellos que en su momento intentaron defender sus derechos.
- Deberíamos empezar por buscar ge... -antes de que pudiese terminar de hablar, un hombre con una bata blanca y aspecto de cansado apareció-.
- ¿Eres Tacii? -me preguntó-.
- Sí. ¿Es usted el cirujano?
- Sí. Le pido que venga conmigo, por favor, ha habido una complicación...
Sentí cómo la sensación que antes de ahogo volvía a mí, pero esta vez mucho más intensa, y a medida que me acercaba a la sala donde se estaba haciendo la operación se incrementaba...

No hay comentarios:
Publicar un comentario