lunes, 20 de agosto de 2018

Tornado of Souls - Cap.74: Dead Hearts



Al entrar en la sala se me cayó el alma a los pies. Vi a Tommy tumbado en la camilla, cubierto hasta los hombros con una sábana, y estaba muy pálido. Estaba conectado a un respirador, y tenía una vía inserta en el brazo derecho. La imagen me resultó devastadora, y no pude evitar romper en llanto, sin saber aún cuál era el problema por mi cabeza no dejaban de pasar cosas horribles:

- Perdone, sé que he sido demasiado brusco, pero al comprobar el estado del paciente, he visto que ha perdido mucha sangre, y necesitamos urgentemente una transfusión sanguínea para él. ¿Usted sabe qué grupo sanguíneo es?

- No, yo... no lo sé, pero si puede hágame una prueba rápida, por favor, y le daré toda la sangre que necesite si puede.

- El paciente es A positivo, así que necesitamos que usted sea del mismo grupo o 0, en su defecto. Si es otro grupo, tenemos que buscar otro donante.

- ¿Me puede hacer las prueba entonces?

- Sí, le pregunté a usted primero porque, al ser su acompañante, entiendo que tanto él como usted se sentirán más cómodos si en la transfusión no intervienen terceros. Deme un momento, voy a otra sala done tengo todas las herramientas necesarias para hacerlo.

Me senté en una silla que estaba al lado de la cama, y mientras el médico venía, le cogí la mano a Tommy, y recé a mi dios de nuevo para que todo fuese bien y pudiese hacer la transfusión. Me planteé buscar a gente que estuviese dispuesta a hacerlo, incluso a pagar lo que fuese necesario.

Llegué incluso a echar cuentas de cuán probable era que nuestros grupos sanguíneos fuesen compatibles. No sabía si era por los nervios, pero las cuentas me salieron muy en mi contra, y preferí olvidarme de aquello.

Al cabo de unos minutos apareció el cirujano por la puerta, cargado con material médico. Dejó todo encima de una mesa que allí había, cubierta con una sábana, y empezó a organizarlo todo. Se acercó a mí, y me observó atentamente el brazo, buscando una vena en la que pincharme para sacar la sangre. Cuando la encontró me limpió la zona con un algodón y alcohol, y después me sacó sangre. Cuando tuvo la jeringuilla llena, lo vertió en un vial, y lo cerró:

- Bueno, ya está, ahora lo único que puedes hacer es esperar aquí, voy a la zona del laboratorio, que está arriba, y voy a echar un vistazo a esto. Trataré de darme toda la prisa que pueda, pero si ocurre algo, un ayudante mío está atendiendo a otro paciente al lado, así que no dudes en recurrir a ella hay algún problema o urgencia -asentí, nerviosa, y se marchó a toda prisa-.

Permanecí estática en todo momento, al lado de Tommy, observando sus constantes vitales. Me sorprendía el equipamiento médico tan completo que tenían, contaban con todo aquello que se podía encontrar en un hospital, y al instante caí en la cuenta de que los militares probablemente lo habrían sacado precisamente de un hospital, dudaba que en un colegio fuesen a tener semejante mobiliario, dada la escasa gravedad de los incidentes que se podían dar en un colegio corriente, al menos antes de que los muertos resucitasen.

Y también estaba la electricidad, tenían un suministro eléctrico, para mí desconocido, pero desde luego que tenía que haberlo para mantener todas aquellas máquinas funcionando. 

Los militares se las habían ingeniado bien para hacerse un refugio, estaba bien provisto, bien situado, y por lo que Sharon me había comentado, también lo sabían defender. Iban a ser un problema considerable, pero tampoco quería pensar en ello demasiado, no era el momento más indicado.

Suspiraba y miraba al reloj constantemente, fuera el que fuese el resultado, estaba deseando saber cómo había ido el análisis de sangre. No era inmediato, era consciente e ello, pero la tensión me estaba matando, y tenía que hacer algo ya. Justo cuando me empezaba a plantear salir a buscar al doctor, este apareció, con otro tanto de material encima:

- Ya tengo los resultados, por suerte eres 0 positivo, así que sois compatibles -no pude evitar proferir un gran suspiro de alivio-.

- Nunca pensé que me alegraría tanto que me extrajesen sangre -dije, con una risa nerviosa-.

- Siéntate cómoda en la silla para que pueda iniciar la extracción, y apoya el brazo si quieres en uno de los reposabrazos de la silla, así me facilitas la tarea también -asentí, y me coloqué bien para que pudiese extraerme la sangre-. Si en algún momento te sientes mareada, avísame, pararemos para que te recuperes -volví a asentir-. ¿Estás lista?

- Sí, cuanto antes empiece, antes acabará -suspiré, miré a Tommy y cerré los ojos-.


Al cabo de unos minutos me empecé a sentir mareada, pero no quise decir nada, esperaba que de un momento a otro terminase. El tiempo era demasiado valioso como para desperdiciarlo en recuperarme, la vida de Tommy estaba en juego, y tenía claro que haría lo que fuese necesario para que él estuviese bien.

De repente todo a mi alrededor empezaba a bailar, sabía que no tardaría en desmayarme. "Aguanta Tacii, no seas floja, que ya va a acabar" me decía a mí misma repetidas veces para animarme, pero dejó de tener efecto cuando empecé a invertir esas pocas fuerzas en mantenerme despierta, se me caían los párpados, y sentía que mi movimiento corporal se había vuelto más involuntario y errático.

Abrí los ojos, confusa, al parecer me había desmayado. Seguía en la silla sentada, y vi que el médico le estaba haciendo la transfusión:

- ¿Cómo va, doctor? -le pregunté, aún aletargada-.

- Estupendo, ya ha despertado. Dije que si necesitaba parar en cualquier momento, me lo dijese.

- Ya, pero no quería perder tiempo, como era urgente...

- Sí, y lo es, pero eso que ha hecho es muy dañino y peligroso -suspiró, yo no era la única en aquella sala presa de la tensión-. Va bien, su cuerpo reacciona positivamente a la transfusión por lo que parece. Cuando termine le voy a desinfectar las heridas del abdomen, le cambiaré la venda, y ya está.

- ¿La operación ha ido bien?

- Sí, antes le he comentado a Sharon que el hecho de que haya sido un disparo limpio ha permitido que la cosa sea más sencilla, porque al haber salido el proyectil, no ha provocado tantos daños, dentro de que los ha provocado, y algunos han podido ser graves y serios, pero no tanto como en ese caso. He de decir que casi perfora el intestino delgado, pero ha habido suerte.

- Se va a recuperar, ¿verdad? -le pregunté, esperanzada-.

- Eso espero -terminó con la transfusión, y empezó a recogerlo todo-. Voy a echar un vistazo a sus heridas, los puntos, tanto de la parte como la de atrás, y después le voy a volver a curar. Si quieres ve a tomar algo y a descansar, y en una media hora o así voy a buscarte para que te quedes con él.

- Lo agradecería en el alma. Creo que comer un poco me va a venir bien para recuperarme. Estaré en el despacho de Sharon -le dije, mientras me levantaba y me iba-.

Recordaba mi sensación de ahogo y miedo al entrar en aquella sala, y ahora salía mucho más tranquila, y confiada con respecto a Tommy. Tal vez era una ilusión mía, no podía tampoco emocionarme con nada ni por nada, la vida da demasiadas vueltas, y las cosas se pueden torcer increíblemente rápido.

Llegué al despacho, y me encontré allí con Sharon:

- Hola Sharon -le dije, algo más animada que la última vez que habíamos hablado-.

- Hola Tacii, ¿qué tal, te han dicho algo de tu compañero?

- Sí, de momento está ultimando algunas cosas, y parece tener buen aspecto, saldrá de esta, es un chico fuerte. ¿Y tú, qué tal?

- No me puedo quejar, la situación se ha apaciguado bastante, aunque antes no he podido evitar escuchar una cosa que me ha llamado la atención -tal y como lo dijo no sabía si quería escuchar lo que me iba a decir a continuación Sharon, pero como estaba allí, tampoco me quedaba más remedio-. Uno de los nuestros me ha dicho que la chica pelirroja que ha llegado, es decir, tú, está organizando un plan para salir de aquí...

- Ah, antes hablé con un compañero tuyo, Fabio, y lo estuve hablando con él. Es que cuando Tommy se recupere, no nos podemos quedar aquí, tengo que regresar a por mi hija, y a dar señales de vida a los demás, o a los que hayan quedado -esperaba que Pears estuviese bien-.

- Lo sé, entiendo que quieras volver, pero el plan me parece un completo disparate, enfrentarnos a todos esos militares, cada cual más cualificado en su puesto, si los anteriores han fracasado, nosotros también lo haremos, y no van a tener piedad en acabar con nosotros si nos rebelamos.

- Pero es mejor morir y haberlo intentado que quedarte siempre con la duda. No merecéis, bueno, ahora, no merecemos vivir así, y si no lo imponemos, van a seguir tratándonos como a la mierda hasta que se harten de estar así y acaben con toda esta gente -vi que Sharon estaba llorando, tal vez me había pasado, pero realmente era lo que pensaba-.

- Entiendo lo que dices, Tacii, pero ya mucha gente ha arriesgado su vida para acabar como un miserable muerto viviente. Mi marido decidió emprender acciones cuando nos recogieron, o más bien, nos secuestraron, y delante de mí, antes de obligarme a subir al vehículo, le dispararon en la nuca a sangre fría, sin ningún remordimiento -se secó las lágrimas con un pañuelo mientras se tomaba una pausa para beber-. No quiero que nadie más se arriesgue, estar vivo tal y como están las cosas es un lujo, un regalo que no se puede rechazar ni desperdiciar. Tú intención, al igual que la de todos que quieren unirse a la causa, así como la de los que perdieron la vida por ello, sé que ha sido, es y será noble, pero tienes que entender que simplemente no podemos.

- Lo siento, Sharon, pero yo voy a arriesgarme, si hay que morir que no haya marcha atrás, mi pareja está debatiéndose entre la vida y la muerte en estos momentos, y mi hija no está aquí, así que lo tengo que hacer, tanto por ellos como por mí misma.

Vi que Sharon no decía nada más, así que tampoco quise seguir con el tema, estaba claro que necesitábamos un respiro después del día que habíamos pasado. Ya era de noche, había perdido la noción del tiempo, y recordé que me había dejado una bolsa con algo de comida. La cogí y me senté en una silla, y al abrir la bolsa descubrí una botella de agua y dos barritas de cereales con miel. Le pregunté a Sharon si quería, pero lo rechazó. Tal vez se había molestado conmigo, no sabía que su marido había muerto por hacer lo que yo pretendía en aquel momento. Lo lamentaba en el alma, pero con ello no bastaba, nada le devolvería a la vida, y estaba demasiado avergonzada como para disculparme. Abrí una barrita y me comí la mitad, intenté racionar lo que me había dado por si acaso lo necesitase más en un futuro, sin embargo, me tomé todo el agua, si allí había agua corriente, no tendría problemas para volver a llenar la botella en cualquier momento.

Justo cuando estaba recogiendo los restos de la barrita que había abierto, y guardando la otra, así como la botella en la misma bolsa, alguien llamó a la puerta con decisión, y ya que estaba al lado, fui a abrir. Era el doctor, y su rostro de tranquilidad me transmitía buenas sensaciones:

- Ya le he terminado de curar y vendar, así que puedes ir con él. Sigue inconsciente, y aún no ha salido de la zona de peligro, porque tiene una infección generalizada a causa de la exposición.

- ¿Infección? -lo dije tan alto que incluso asusté a Sharon-.

- Sí, pero no a causa del virus evigilationem, puedes estar tranquila.

- ¿El virus qué?

- Oh, claro, eres nueva. Es el nombre que los investigadores víricos le asignaron antes de que se diese a conocer lo que estaba pasando. Significa "despertar" es latín, ya sabes, les gusta usar su lengua especial para hacer las cosas más complicadas. Bueno, lo que decía, tiene una infección, pero con antibióticos y desinfectando las heridas de entrada y salida de la bala no habrá mayor problema, estará febril hasta que se recupere un poco.

- Vale, yo me encargaré de cuidarle mientras se recupere.

- No te preocupes, chica, ese es mi trabajo, no vamos a dejar a nadie atrás -sonreí al oír aquello, me tranquilizaba tener gente en la que confiar en una situación tan delicada-. Y ahora vamos con el paciente.

Me despedí de Sharon y seguí al doctor hasta la misma sala en la que había estado hacía unos minutos.

Al entrar vi a Tommy igual que antes, aunque sus constantes parecían haberse estabilizado y tener un ritmo normal:

- En caso de que necesites algo, yo voy a estar por la zona, siempre lo estoy, por suerte o desgracia -dijo, amargamente-. Mañana por la mañana le vendré a tratar, y al mediodía le haré algunas pruebas. Espero que de aquí a la mañana recupere la consciencia y pueda hablar con él un poco. Y tú también, claro -deseaba que así fuese-. Voy a quitarme esto y a lavarme, que voy a cerrar mi jornada por hoy.

- Muchas gracias por todo, doctor.

- De nada, jovencita, buenas noches.

- Buenas noches -le dije, mientras salía de la sala y cerraba la puerta-.

Me senté en la silla a esperar, era lo único que podía hacer. Estaba deseando que Tommy despertase y estuviese bien, y se recuperase, presentía que si se alargaban demasiado las cosas nos buscaríamos problemas. También me preguntaba qué pasará con el resto de gente de nuestro grupo, si Pears está bien o no. Quería aventurarme a salir y ver los cuerpos, si no habían tomado medidas ya con respecto a estos, pero era demasiado arriesgado, y tampoco hacer aquello me confirmaría o me desmentiría nada. Puse mi mano encima de la de Tommy, y a pesar de que él no estaba despierto necesitaba hablarle:

- Hola Tommy. Ya sé que no me escuchas, aunque espero que eso cambie en cualquier momento -hice una breve pausa para tomar aire-. No sé qué hacer ahora, las cosas se han torcido demasiado, y siento que haga lo que haga nada va a mejorar, mira cómo estás, si yo no hubiese propuesto movernos, seguro que tú no estarías así...En fin, tampoco sé cómo sacarnos de aquí, pensaba que lo tenía claro, pero de nuevo estamos en las mismas, un fallo mío puede costar muy caro, demasiado, ¿y si Sharon tiene razón? Tal vez debería hacerle caso a ella, igual esto es una locura, pero es que me he comprometido a salir de aquí, y lo voy a hacer contigo -noté que había empezado a llorar-. Estoy hecha un lío -miré a la máquina en la que se reflejaban sus constantes-. Pero bueno, no importa, ahora lo importante es que te pongas bien. Eres fuerte, sé que vas a poder salir adelante y recuperarte, recuerdas que yo soy inmortal, ¿verdad? -empecé a sollozar desconsoladamente-. Espero que tú también lo seas.

Me sentí más aliviada después de desahogarme con la nada. Estaba muy cansada, y aunque no quería dejar de prestar atención al estado de Tommy, cerré los ojos para descansar un poco, siendo consciente de que probablemente me quedase dormida.

Me desperté a la mañana siguiente, con la visita del doctor. Le vi cambiando la venda a Tommy, y al ver que me despertaba, me saludó:

- Buenos días -me dijo-. En seguida me voy, por si quieres seguir durmiendo.

- No te preocupes, no voy a dormir más por el momento -me estiré disimuladamente en la silla-. ¿Cómo está?

- Bien, le he administrado el antibiótico, he limpiado las heridas y ahora le estoy vendando de nuevo. ¿Ha despertado en algún momento?

- No...¿debería haberlo hecho?

- No tiene porqué, mientras las pruebas nos confirmen que está recuperándose, no hay de qué preocuparse, puedes tener por seguro que en algún momento se despertará -escuché mucho jaleo de repente en el pasillo-.

- ¿Pasa algo fuera?

- No, que yo sepa, voy a mirar -dijo el doctor, mientras se acercaba a la puerta y se asomaba por el hueco-. ¡Mierda! -se quitó los guantes corriendo y empezó a guardar cosas-.

- ¿Qué pasa? -me puse en pie al ver que algo no iba bien-.

- Han venido otra vez los de arriba -cerró su bolsa y la ocultó entre papeles en una caja-. Tienes que esconderte, si te ven te van a empezar a hacer preguntas, y van a ver que no eres de aquí. Ve a ese armario, está vacío, así que si te encoges cabes de sobra -me quedé atónita-. ¡Deprisa!

Me oculté tan rápido como pude en el armario. Estaba en penumbra, y olía a humedad, pero no me podía quejar, era lo único que podía hacer por ahora. Traté de hacer el mínimo ruido mientras estaba oculta, y así podría escuchar si decían algo. Oía pasos, y voces, muchas voces procedentes de diversos focos, pero estaba pendiente sobre todo de si algún militar entraría en la sala. Mi temor se confirmó cuando escuché al doctor hablar:


- Buenas, estaba trabajando con uno de los pacientes -reconocí la voz del doctor-.

- ¿Sigue aún con él? No podemos malgastar recursos, si os damos tanto, no es para que lo gastéis entre vosotros -replicó el que adiviné sería uno de los militares-.

- Está ya bien, lo único a tratar es una pequeña infección, pero en cuanto esté recuperado se pondrá a trabajar, se lo aseguro.

- Eso espero. ¿Qué hay del resto?

- Siguen igual, yo...

- ¿Tacii? ¿Dónde está Tacii? -al escuchar aquella voz me quedé helada, era sin duda la voz de Tommy, y mi primer impulso fue salir de allí y abrazarle todo lo fuerte que pudiese, pero la situación me impedía hacer nada más que estar escondida-.

- Vaya, genial, ha despertado -dijo el doctor-. ¿Cómo estás?

- ¿Dónde está Tacii? -volvió a preguntar Tommy, con un tono de preocupación considerable-.

- ¿Quién es Tacii? -preguntó el militar-.

- Es mi...bueno, es una chica pelirroja, no demasiado alta, tiene los ojos verdes... ¿La habéis visto?

- No te incorpores todavía -dijo el doctor, por lo que supuse que Tommy había intentado levantarse de la camilla-.

- ¿Dónde estoy? ¿Y quiénes son ustedes?

- La pregunta es, ¿quien eres tú? -dijo el militar, son un tono que me provocó un escalofrío-.

- Mi paciente necesita guardar reposo, se encuentra en un estado de confusión, y necesita reposar, a parte el impacto de bala sufrió una conmoción cerebral leve, y ya sabe como son esas cosas, necesita un poco de descanso...

- ¿Y tan mal está que se ha olvidado de mí?

- Verá, es que una secuela que al parecer sufre de su accidente es amnesia global transitoria...

- ¿Y esa Tacii, quién coño es? -preguntó el militar cargado de agresividad-.

- Producto de su imaginación, ¿quién iba a ser sino? Aquí no hay nadie que responda ni a semejante descripción ni a su nombre...

- ¡¿Dónde está Tacii?!

- Joven, está usted mal, no existe esa persona, así que asúmalo ya y emplee sus energías en recuperarse cuanto antes para trabajar, aquí no se mantiene a la gente.

- Pero...ella y yo íbamos a escondernos, porque había empezado el tiroteo y no sabíamos qué hacer, y nos ocultamos en un matorral, y ya...no recuerdo más -comentó apurado Tommy, que notaba que estaba destrozado por su voz-.

- ¿Tú no eres de aquí?

- No sé ni siquiera dónde estoy, pero no reconozco el sitio, así que no, no soy de aquí. ¿Tú quién eres, le has hecho algo a ella? -al escuchar aquello, sabía que ya no había marcha atrás-.

Salí del armario justo a tiempo, vi que el militar tenía un arma en la mano y apuntaba a Tommy. Al verme a mí cambió de objetivo, y veía en sus ojos que no sabía qué hacer, pero seguro que iba a pedir refuerzos.

Era mi turno, tenía que apresurarme, antes de que él hiciese nada. Vi que tenía el dedo en el gatillo, y había quitado el seguro, estaba listo para disparar.

A continuación todo pasó rápido, demasiado, y cuando quise darme cuenta, había cavado mi propia tumba.

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