martes, 7 de agosto de 2018

Tornado of Souls - Cap.72: Betrayer



2 días después

Justo como nos había dicho Pears, en dos días estuvo todo preparado para nuestra partida. 

No fui consciente de lo que íbamos a hacer ni de lo que ello suponía hasta el mismo momento de partir. Todo el mundo parecía muy concentrado y atareado, y me sentía un poco fuera de lugar. Yo estaba tranquila, confiada, y sobre todo deseando salir de aquel lugar un poco.

Ya estábamos organizados por escuadrones, cada uno estaba compuesto por los miembros del mismo sector. Nosotros éramos los del este, y por lo tanto, íbamos a ir juntos, en el mismo vehículo. En total llevábamos 4 vehículos, como era lógico, y por cada vehículo éramos siete personas; seis de ellas por parte del ejército, y el extra era algún auxiliar, o el propio Ralph. Sinceramente, esperaba que no estuviese en mi vehículo, era lo último que quería para empezar la misión.

Estábamos terminando de ultimar la organización los equipos y revisando las armas, cuando vimos que, a lo lejos, llegaba Ralph, con su hija acompañada, y cuando se acercaron, trataron de llamar la atención del equipo:

- Lo primero, buenos días a todo -se oyó de fondo como determinados fanáticos no pudieron contener sus ganas de hablar y le respondieron al instante, como si de un profesor con sus alumnos de infantil se tratase-. Como ya me han comentado los superiores al mando de cada escuadrón, ya está todo organizado. Quiero comunicarles mi más sincera enhorabuena por haber logrado semejante coordinación entre tanta gente -"Eso deberías decirlo mejor cuando volvamos, si es que lo hacemos" pensé-. En breves nos dispondremos a salir, así que si tienen que hacer algo antes de irse, que sea ya mismo -hizo una breve pausa para aclararse la voz-. ¿Alguna pregunta? -estaba claro que habían muchas, pero nadie tenía ni valor ni ganas de levantar la mano y preguntar, así que a los diez segundos de espera, reanudó su discurso-. Está bien, pueden consultarme lo que quieran en privado antes de irnos.

- Antes de nada -intervino su hija, que parecía más nerviosa que cualquiera de los que fuese a salir-, quería informarles que, durante la ausencia del señor Johnson, voy a estar yo como sus sustituta en su cargo. Procederé a comunicárselo al resto de ciudadanos a través de megafonía.

A nadie pareció importarle aquello, realmente tampoco tenía que importar demasiado, no íbamos a estar allí para verlo, pero bueno, es mejor estar siempre informado.

Pears estaba atareado , hablando con algunas personas cerca de los blindados. Tommy, por otra parte, había tenido que ir al hospital antes para coger los útiles y medicinas que se contemplaban en un informa escrito a mano del puño y letra de Ralph. Y yo me encontraba allí, con cierta ansiedad, vigilando a todas y cada una de las personas que allí se encontraban por si podía encontrar a alguna persona indeseada. Entre las personas que vi allí, pude reconocer a algunos, los que eran de mi equipo, obviamente, al resto no los había visto en mi vida.

Me acerqué al grupo de Pears para escuchar qué estaban haciendo, peor al escuchar que hablaban de estrategias y puntos seguros, supe que yo no tenía cabida en aquella conversación, probablemente se habrían reunido todos los encargados de cada sector y estaban debatiendo estrategias y organizándose.

Me sentí bastante aliviada al ver acercándose a Tommy, cargando con dos cajas, y otras dos personas más llevando exactamente la misma cantidad. Cuando me vio, me hizo señas con la cabeza, supuse que primero iría a dejar las cajas, y efectivamente, así lo hizo. Se las dio a un tipo que llevaba el recuento de lo que había en cada coche, y por lo tanto, de lo que faltaba, y tras retener unos segundos a Tommy mientras apuntaba algo en un papel, me fui acercando hacia él, y él hizo lo mismo. Me miró, sonriendo:

- Bueno, ¿cómo está mi soldado favorita? -me preguntó, mientras me cogía de la mano-.

- Todo lo bien que se puede estar sabiendo que en escasos minutos va a abandonar la "seguridad" de tu hogar y adentrarte en el infierno. ¿Y mi matasanos favorito? -al escuchar la pregunta, se rió-.

- ¿"Matasanos"? Hay que ver lo mala que puedes ser cuando quieres -me sonrió y me dio un beso-. Pues bien, nos hemos retrasado un poco porque había unas cosas que no encontrábamos, pero al final hemos dado con ellas. Te puedo decir que,  por los medicamentos que llevamos, podemos combatir hasta un resfriado ocasional si nos pilla por el camino -me reí, y a consecuencia él también se rió-. Me alegro de verte tan bien.

- Gracias, sabes que eso te lo debo principalmente a ti.

- Y tú sabes que eso no es verdad, tú eres la que ha conseguido estar así, yo no tengo mérito ahí. Eres una chica fuerte, yo sabía que ibas a poder con todo, y que no ibas a dejar que nada ni nadie te parase.

- Espero que así sea también ahora. Por cierto, ¿sabes en qué blindado vas a ir?

- No, todavía no, pero ahora lo preguntaré. ¿En cuál vas a ir tú?

- En ese -le señalé con el dedo en vehículo que teníamos más cerca-.

- Vale, por si no me han establecido uno, voy a elegir ese, y así vamos juntos.

- También va a estar Pears.

- ¿Vais todos los de nuestra zona juntos? -asentí-. Ah, mejor aún, espero que les sirva como excusa que mi novia va en ese coche -nos reímos-.

- Ojalá sea así y vengas con nosotros.

- Pues voy a preguntar a...¿a quién pregunto?

- No estoy muy segura, ve a hablar con el grupo en el que está ahora mismo Pears integrado charlando, y si no te dicen nada, habla directamente con Ralph. Yo es que no sé quién se encarga de organizar el tema de los asientos, grupos y eso.

- Vale, entonces le voy a preguntar al grupo de Pears, a ver qué me dicen, y en cuanto sepa algo te lo diré, ¿vale?

- Perfecto -nos volvimos a besar-.

Vi como Tommy se alejaba con paso ligero hacia Pears, y también cómo cesó la conversación entre ellos cuando Tommy se aproximó lo suficiente. Me quedé mirando, y al ver que la conversación entre ellos se estaba alargando y que, uno de ellos sacaba una libreta y consultaba algo, supe que ellos mismos le darían la respuesta. Al cabo de unos minutos, cuando Ralph empezó a dar voces para que nos metiésemos en los blindados, cada uno se fue por su sitio, y vi que Tommy venía hacia mí con cara de malas noticias.

- Verás, Tacii... -dijo, completamente serio-.

- Vas a ir en otro, ¿no? -vi que iba a hablar, pero antes de que comenzase a hablar de nuevo quise terminar yo-. No pasa nada, cuando hayamos llegado ya nos veremos.

- Madre mía, cómo hablas cuando quieres -se rió, y cambió totalmente la cara-. No, en realidad me han dejado ir en el mismo blindado que vosotros -sonrió, y le respondí con una gran sonrisa, al menos iba a tener un buen viaje de ida-.

Nos metimos todos a prisa en los blindados, y miré atrás una última vez antes de irnos. Esperaba que aquella no fuese la última vez que, literalmente, viésemos aquel sitio, nuestra ciudad, la cual nos había dado un maravilloso respiro después de toda la locura de los muertos andantes.

Seguía dándole vueltas al motivo por el cuál esta misión en concreto había requerido tanta preparación y organización, no dejaba de ser un reconocimiento, y aunque fuese de un grupo y no de una zona, no conllevaba tantos riesgos como una expedición en busca de determinados elementos necesarios de diversa índole, y normalmente, salíamos con las cosas justas. No quise preguntar a nadie porque no me pareció el momento más adecuado, pero tenía un mal presentimiento.

Salimos de la seguridad del muro a través de una especie de valla reforzada-acorazada que se veía más robusta de lo que realmente era. Definitivamente, ya estábamos fuera, y había empezado la misión.

No hablamos mucho durante el viaje, supuse que cada uno iría pensando en sus cosas, incluso Pears, que a veces comentaba determinados detalles relacionados con la misión, e incluso con mensajes tranquilizadores, pero esta vez parecía distinto.

Aprovechando que tenía al lado a Tommy, me puse a hablar con él, las cosas cada vez me resultaban más raras, y quería saber si era la única que pensaba aquello:

- Oye, Tom -le dije, para llamar su atención, e inmediatamente se giró-.

- Dime, amor.

- ¿A ti todo esto te parece normal?

- Pues no sé qué decirte -me respondió, con aire reflexivo-. No es que haya salido muchas veces, puedo contarlas con los dedos de una mano, y no sé muy bien cómo procedéis. No puedo decir que esto sea extraño, porque igual para lo que vamos a hacer es normal, pero tú eres la experta en este caso. ¿Le has preguntado a Pears?

- No he visto el momento, pero me hubiera gustado hacerlo, y no creo que este sea el mejor momento -miré, estaba en el asiento del copiloto, al lado de White, que iba conduciendo muy concentrado-. Es que no comprendo por qué vamos tanta gente, y por qué llevamos personal médico. Que, a ver, no te ofendas, a mí me encanta tenerte aquí, a mi lado, pero, ¿para qué vamos a necesitar médicos?

- Igual es para asistir a esa gente, no sabemos cómo están.

- Es una posibilidad, desde luego, y espero que sea eso, porque no me apetece enzarzarme en una pelea con otro grupo, y menos ahora.

- Venga, anda, no pienses así -me pasó el brazo por encima del hombro-. Tienes que tranquilizarte, lo que sea ya se verá más tarde, cuando toque, ahora aprovecha y descansa y relájate.

- Pero no puedo evitar ponerme así, Tommy, verás, Ralph jamás me ha caído bien y no me ha gustado ni un pelo...

- Ni a mí, pero estamos en su ciudad, y gracias a eso tú pudiste recuperarte de lo de la pierna. A pesar de lo que ha pasado hace poco, venir aquí ha sido de lo mejor que hemos podido hacer. Gracias a estar dentro del muro Alison ha crecido en un ambiente relativamente normal y tranquilo, y ha podido disfrutar de muchas cosas de las que no habría podido hacerlo si hubiese estado al otro lado -hizo una breve pausa-. Cielo, lo que quiero decirte con todo esto es que, aunque no nos guste, no va a emprender una misión suicida para perder a sus mejores hombres, ni a acabar con la ciudad ni su seguridad. Puede ser todo lo malo que te puedas imaginar, pero no tanto, al menos eso espero.

- Ya lo sé, tienes razón, estoy un poco enajenada.

- Es normal después del tormento que has pasado, tranquila -me dio un abrazo, y seguidamente me besó-. Hablé con Thomas por si acaso al respecto de la salida, y me dijo que si había cualquier problema que te tenías que calmar de inmediato, y si te sentías mal tomar algo estimulante. Yo he traído sobres de azúcar -se los sacó del bolsillo, y me reí-. Oye, ¿qué pasa, no es buena idea? -dijo, haciéndose el enfadado-.

- Cualquier cosa a estas alturas es buena idea.

Mientras hablábamos vi cómo nos acercábamos a un edificio imponente, de varias plantas, parecía una escuela, lo cual verifiqué cuando estuvimos más cerca y pude ver el nombre. Estaba rodeada de una alambrada que parecía bastante robusta, y alrededor de la escuela, la cual tenía las puertas cerradas, había una especie de barricada formada por coches, algunos cubos de basura y tela impermeable sujeta con gruesas cuerdas. Por los vehículos que se encontraban allí, adiviné que habíamos llegado a nuestro destino.

Mientras nos bajábamos de los vehículos, puse ver que un par de ellos se habían desviado a la derecha e izquierda del edificio, quedando dos de los vehículos a la vista en la zona de la entrada. Un hombre de grandes dimensiones se hizo visible, con unos prismáticos en una mano, y un rifle en la otra.

Del otro vehículo salió Ralph, con las manos en alto, demostrando que no iba armado, y los demás hicimos lo mismo, dejando en el suelo las armas y acercándonos para demostrar que no éramos una amenaza.

El hombre de los prismáticos bajó, y abrió la puerta, de tal forma que lo único que nos separaba era la barricada. Seguido de él salieron otras dos personas: un hombre de mediana edad con pinta de pocos amigos, y una mujer joven, pero con una cara muy similar a la del varón que había salido a su misma vez. El de los prismáticos dio un paso al frente, y sin apartar la vista de nosotros, se dirigió hacia Ralph, que era el que estaba más adelantado:

- ¿Con quién me dispongo a hablar? -preguntó el hombretón, con un marcado acento que pensé sería alemán-.

- Buenas, yo soy Ralph, y he venido con mi grupo para hablar con vosotros. Nos encontramos tras los muros, en la zona urbana, es posible que alguna vez hayáis visto el sitio.

- Sí, sabemos dónde está -respondió el hombre extremadamente serio-. ¿Qué os trae por aquí?

- Veréis, queríamos saber con quiénes estamos compartiendo, simplemente eso...

- Nosotros somos del ejército, como podéis comprobar por nuestros uniformes. Ejército de Estados Unidos. Hemos estado de misión hasta que han prescindido de nuestros servicios, o mejor dicho, las personas que mandaban ya no están.

- ¿Qué misión, y quiénes eran los que os mandaban?

- Limpieza de esas cosas, pero la situación se puso muy mal y tuvimos que huir para el norte, a Canadá. Intentamos contactar con el grupo de funcionarios que estaba encomendándonos misiones, pero ya no había nadie allí -dijo, con aspecto sombrío-. Por cierto, mi nombre es Alger.

- Encantado -le hizo un gesto con la mano como saludo-.

- ¿Querían algo más? No tenemos mucho que ofrecer, por desgracia.

- No, no se preocupe...

Fue en aquel momento cuando supe a ciencia cierta que algo no iba bien. Mientras Alger y Ralph conversaban, los grupos de los otros dos coches habían salido y se habían posicionado. Iban totalmente armados, y parecía que apuntaban a algo.

No tardé en confirmar lo que estaba pasando. Se escuchó un disparo en la zona de la derecha, y vi como el hombre de rostro serio caía desplomado al suelo, seguido de la mujer que le acompañaba.

Sentí un tirón de la chaqueta, había sido Pears. Me atrajo a su lado, se encontrada escondido detrás de una pequeña elevación del terreno que en su día tuvo que traer por el camino de la amargura a más de uno y más de dos. No nos dijimos nada, con mirarnos nos bastaba, sabíamos que las cosas se habían torcido sobremanera, y él estaba tan incrédulo como yo. Miré en todas las direcciones, buscando a Tommy, y me tranquilicé al ver que estaba detrás de un blindado, cubierto.

Los grupos de la derecha e izquierda se fueron moviendo hacia la entrada, pero gente del otro grupo había salido también, bien armada, y estaban haciendo frente al ataque. ¿Ataqué? ¿Por qué? Tenía muchas preguntas, pero no sabía cómo responderlas aún, no tenía sentido todo aquello.

Ralph había procurado ponerse a salvo tras el otro blindado que estaba frente al edificio, cubierto por un tirador que devolvía todos los disparos que recibía. Era absurdo, aquél cabrón con traje nos la había jugado.

Tanto Pears como yo no sabíamos cómo reaccionar, no estábamos disparando a nadie, porque no sabíamos qué era lo que estaba pasando, o se habían olvidado de contarnos algo a nosotros, o éramos simples peones para el plan que Ralph había trazado.

Uno de los disparos alcanzó al depósito del blindado tras el cual se ocultaban muchos de los de nuestro grupo, entre ellos, Tommy. Vi como, antes de que ocurriese nada con el blindado, todos salieron de detrás, como si de hormigas a punto de ser aplastadas se tratase, y Tommy se vino con nosotros. Estábamos en un sitio medianamente seguro, no sabíamos cuánto duraría aquello:

- ¿Qué está pasando? -le pregunté a Pears-.

- No tengo ni idea, el plan era venir y hablar con ellos para repartir las zonas, de lo que está pasando ahora estoy totalmente desinformado.

- ¿No te preguntaste por qué veníamos tantos grupos, por qué se han separado dos coches, y ni siquiera por qué ha venido personal médico?

- De lo último ya hablé con el propio Ralph, y me dijo que era por si el otro grupo era hostil, no nos la podíamos jugar. Cuando he visto lo que ha acontecido, me ha parecido bastante raro, pero no he querido preguntar nada porque, entre otras cosas, no he podido hacerlo y los demás sabían igual o menos que yo sobre lo que estaba sucediendo.

- ¿Qué vamos a hacer? -preguntó Tommy, nervioso-.

- No lo sé, antes de abrir fuego contra nadie, me gustaría saber por qué hacemos esto, no estoy dispuesto a pelear si no tengo ningún motivo para ello.

- Desde luego, opino lo mismo -le dije-.

- Lo más probable es que intenten acabar con este grupo por los suministros -reveló Pears, dudoso-.

- Pero ellos no son los responsables de que estemos atravesando una pequeña crisis en la ciudad -respondió Tommy-. ¿Haría algo así por unas cuantas latas de sopa y algún antibiótico? Ellos también lo necesitan, no podemos acapararlo todo, son tan humanos como nosotros.

- Tienes toda la razón -le dije-, pero aquí ya no impera la ley de la reciprocidad, ahora, en vez de buscar asociarnos, nos peleamos entre nosotros por sobrevivir, haciéndonos más difícil aún llevarlo a cabo. Somos así de listos, en vez de unirnos y combatir a los muertos siendo muchos, preferimos tenerlo todo y ser pocos.

- Desde luego, pero este grupo no nos ha hecho nada en ningún momento, no entiendo a qué se debe la actitud de los nuestros -añadió Pears-.

- Creo que eso es algo que solo muy pocos saben.

- Voy a intentar acercarme a Ralph, a ver qué me dice sobre todo esto. ¿Vosotros estáis bien aquí? -ambos asentimos-. Vuelvo en seguida, sé que os las vais a apañar bien -y en ese momento, a toda prisa y con el arma en la mano Pears se alejó corriendo-.

- ¿Qué hacemos? -me preguntó Tommy, preocupado-.

- Ojalá supiese qué hacer, pero no se me ocurre nada. Tal vez lo mejor que podemos hacer es alejarnos de este sitio, o alguna bala nos acabará dando -me asomé para ver cómo estaba la situación, había unas cuantas bajas de nuestro bando, pero era el otro grupo el que se estaba llevando la peor parte-. ¿Qué te parece?

- Ni bien ni mal, es lo único que podemos hacer ahora, creo yo, así que hagámoslo cuanto antes. Deberíamos ir a uno de los laterales del edificio, y podemos optar una vez estando allí a esperar que todo esto termine, o irnos a la parte trasera, y hacer lo mismo, porque volver a pie allí es una locura, aunque en un momento dado, si no tenemos una opción mejor, eso es lo que podemos hacer.

- Vale, vamos hacia el lado derecho, que parece que hay menos gente -me volví a asomar para comprobarlo-. La verdad es que vamos a tener que contar con mucha suerte o rezar lo que sepamos, es una locura -suspiré, muy nerviosa-.

- Saldremos adelante, venga amor, no te desanimes, ¿vale? -me dio la mano y me sonrió-. Las cosas se han puesto más que complicadas, pero vamos a salir de aquí sea como sea, ¿vale? Todo va a salir bien, estoy seguro.

- Gracias -le sonreí de vuelta-. Bueno, a la de tres salimos corriendo al lateral derecho de la escuela, ¿entendido? -Tommy asintió, y procedí a contar, con el corazón en un puño-. 1...2...¡3!

Y salimos disparados hacia nuestro objetivo. Empuñábamos nuestras armas a modo defensivo, con el seguro. Conseguimos llegar, nos miramos satisfechos a la vez que cansados, y una sensación de abrumadora tranquilidad me dio una bofetada en la cara, me sentía tan serena que podía haberme dormido allí mismo:

- ¿Ves? Te dije que iba a salir bien -dijo, aún jadeando por la carrera y la adrenalina-. Un plan tuyo nunca falla.

- Pocos planes míos has vivido -me reí amargamente-. Pero sí, ha salido bien.

- La cuestión ahora es pensar si nos quedamos aquí o nos va...

Un sonido hueco me impidió oír el resto. Había sido un disparo, y había sonado cerca, muy cerca, demasiado cerca. Volví a mirar a Tommy, y en aquel momento sentí cómo el pánico se apoderaba de todo mi cuerpo, y sentía que todo aquello era una pesadilla.

Tommy había recibido un disparo, del cual manaba cuantiosa sangre.

El mujer que le había disparado fue lo último que hizo. Rápidamente quité el seguro, y la disparé en la cabeza.

No sabía por dónde empezar, la situación se había adueñado de mí por completo. Le desabroché la chaqueta y le levanté la camiseta para comprobar dónde había recibido el disparo. Había sido en el abdomen, era un tiro limpio, le había atravesado todo el cuerpo. No sabía si serviría, pero de mi chaqueta arranqué una manga, y se la puse en la zona de la herida. Comprobé sus pulsaciones, estaban muy bajas, pero aún seguía con vida, lo cual me calmó un poco, pero si no hacía nada pronto, sería tarde.

Había otros médicos, pero no iba a poder ir a buscarles, o probablemente yo también recibiría algún impacto de bala y el destino de los dos sería el mismo. Pensé en colarme en el colegio, aprovechando el revuelo del enfrentamiento, y cuando me acerqué, cargando con el pesado cuerpo de Tommy, una voz femenina me sobresaltó:

- ¿Qué haces? -me preguntó la mujer, que se encontraba al otro lado del colegio-.

- Mi compañero ha recibido un disparo, y necesita atención médica urgente o va a morir -me toqué las mejillas, no me había dado cuenta, pero al parecer había estado llorando todo el tiempo, seguramente desde que vi a Tommy tirado en el suelo-.

- Eres de los otros, ¿verdad? No me suenas -replicó la mujer, desconfiada-.

- Sí, soy de los otros, pero no he atacado, ni siquiera sé por qué los míos han empezado a disparar. Por favor, haz conmigo lo que quieras, como si tu voluntad es matarme, pero por favor, ayúdale. ¿Puedes ayudarle?

- Espera -la mujer desapareció, parecía que iba a consultar algo-. Sí, tenemos personal médico que va a poder ayudar a ese chico. Ahora van dos de los nuestros a ayudarte a traerle dentro.

- Muchas gracias, de verdad, gracias -dije, entre sollozos-.

- Todavía no hemos hecho nada, eso lo tendrás que decir si las cosas salen bien. En seguida estarán contigo mis compañeros.

La espera se me hizo eterna, no podía dejar de mirar el rostro pálido de Tommy y la sangre, así como el rastro que había dejado. Cada vez me sentía más mareada, más desorientada, no podía comprender lo que había sucedido, cómo se habían torcido tanto las cosas como para pasar de un simple reconocimiento del grupo de militar a tener en las puertas de la muerte a la persona que más quería.

Respiré profundamente, tenía que ser fuerte, no solo por mí, sino por Tommy también, que se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Y por Alison, teníamos que volver con ella, y por Pears también, que era como mi hermano.

A lo lejos vi como dos hombres vestidos con ropas raídas y sucias acercarse con una especie de camilla de enfermería simple. Les ayudé a poner a Tommy encima, y les seguí hasta la parte trasera del colegio, en la cual había un acceso por el que ellos habían salido.

Una vez dentro me volví a encontrar con la mujer con la que había hablado al principio, y aunque me dispuse a seguir a los chicos que llevaban a Tommy, ella me frenó el paso:

- Lo siento, nuestro médico va a mirarle, así que allí solo pueden estar médico y paciente -me dijo la mujer, con cierta inseguridad-.

- ¿No puedo ver cómo está, o qué le van a hacer? Por favor, no le hagáis nada malo, por favor, yo...

- No le vamos a hacer nada malo, pero creo que tenemos que hablar de algunas cosas primero para que entiendas lo que ha sucedido -no me lo dijo de forma amenazante, pero parecía que a continuación me iba a asestar un golpe mortal-. No os vamos a hacer nada, te lo puedo garantizar, y si es necesario, nuestro cirujano intervendrá para salvarle -no me creía todavía lo que oía, pero me abstuve de decir nada cuestionando de nuevo su palabra, podría enfadarse y ser peor, así que me limite a sonreír en mi medida de lo posible-. Me llamo Sharon Von Adele.


Tenía tantas preguntas que hacerle que no sabía por dónde empezar.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario