miércoles, 26 de junio de 2019

Again

Por muy difícil que sea, por mucho que cueste, nos gusta entenderlo todo, ns produce una gran satisfacción personal, aunque a nivel individual es más que probable que no nos aporte nada, y menos que nos reporte algún tipo de beneficio. 

Somos curiosos por naturaleza, eso es algo innato en el ser humano, nos gusta saber dónde nos encontramos y las posibilidades que tenemos, y cuando algo sucede, queremos tener toda la información que nos sea posible recopilar sobre dicho episodio.

Pero la realidad nos golpea duramente en la frente con nuestra capacidad limitada para procesar datos, información...

En muchas ocasiones, para comprender una situación tenemos que conocer el contexto, porque sino generamos lo que se conocen como "opiniones por control remoto", es decir, que hacemos una deducción y una valoración de lo que ha ocurrido según nuestros conocimientos, sin saber qué era lo que rodeaba a esta circunstancia.

Por suerte o desgracia, en general nos solemos informar sobre el contexto para hacer estas evaluaciones, lo cual nos acerca a un punto de vista más cercano a lo que ha pasado pero, hay un gran problema al que nos enfrentamos, y es que, aunque hay situaciones que solo se pueden entender según el contexto, hay situaciones que nunca se podrán entender.

Simplemente no las podemos entender, por mucho que tengamos conocimientos sobre el entorno, las circunstancias, etc., no encontramos la explicación lógica y ya.

¿Por qué no paramos de pensar en ello entonces? Vamos a conformarnos con lo que sabemos, y a dejar ir aquello a lo que nuestra mente no alcanza comprender.

No, nosotros no funcionamos así, yo me incluyo la primera. Intentamos convencernos de que hay una explicación hasta tal punto que nos podemos obsesionar, generalmente porque nos puede el "morbo", la curiosidad, el por qué de todo, como el caso de Watson en la película de Sherlock, que principalmente se involucraba en las investigaciones y los casos por la curiosidad, su necesidad por "saber" le podía. Porque todo tiene que tener una explicación, ¿no?

A menudo me cuestiono esto, porque hay muchas cosas que no comprendo, ya no porque no haya una explicación científica y no la entienda, sino, refiriéndome a aquellas situaciones en las que no entiendes lo que ha sucedido, porque no les veo el sentido. Por qué hacer algo, actuar de una forma determinada, y luego cambiar radicalmente, sin motivo aparente.

Cada vez me parece más frecuente, o tal vez es que antes no me fijaba tanto, aunque apostaría principalmente por lo primero.

En estos casos, cuando se tiene que dar una situación por "cerrada", como si de un caso sin resolver se tratase, lo adecuado sería no pensar más en ello, ya que no nos va a aportar nada, es algo que no entendemos, y probablemente jamás lo haremos, pero nos puede la curiosidad y pecamos de entrometidos, lo cual interfiere claramente en nuestro día a día, perjudicándonos, aunque en realidad nos intentamos convencer de que estamos bien y que eso no nos importa, y que no pensamos en ello. Pero en el fondo sabemos que eso es mentira, y que no vamos a dejar de pensar en ello hasta que llegue un punto en el que lo demos definitivamente por perdido y nos rindamos, u otro asunto capte nuestra atención y dejemos el que antes estaba en nuestro punto de mira apartado.

¿Por qué lado de la balanza me decanto, pues? Es una pregunta complicada, porque dejar de lado el asunto y seguir con mi vida sería claramente lo que más beneficios me aportaría, pero yo, tal y como el resto, soy curiosa y, por mucho que lo intentase, le daría vueltas a la situación, mucho más de lo que me esperaría imaginar de mí, y más aún respecto a lo que los demás esperarían de mí. Así que con eso creo que respondo a la cuestión.

Mi conclusión después de todo esto es que no lo entiendo, y a pesar de que me gustaría, estoy convencida de que seguirá siendo así...



viernes, 21 de junio de 2019

Ojo por ojo...

Si alguien me hace algo, independientemente de que sea bueno o malo, ¿se lo tengo que devolver, o lo puedo/debo dejar pasar?

Es una cuestión complicada y, como todo, depende del punto de vista de cada uno, de la perspectiva individual de la situación o de este tipo de tesituras demandantes de acción u omisión. 

Ponernos en un lado u otro no es lo bueno, ya sabemos que los extremos nunca son favorables, pero en este caso nos vamos a mojar un poco, porque sino esto no tiene demasiada gracia.

Me podría considerar una firme defensora de la ley del Talión, de Hammurabi ("ojo por ojo, diente por diente") en ciertas ocasiones, y dudo que haya alguien que haya pecado de esto. Llamadlo venganza, rencor, justicia, etc., pero no va a dejar de ser el mismo concepto, básicamente buscamos devolver lo que nos han dado. En general, vamos a referirnos al concepto de dar lo mismo que recibimos como "retribución", que no deja de ser más o menos eso.

En situaciones positivas no es un tema que genere controversia, ya que a todo el mundo le gusta recibir cosas buenas de los demás, ya sean tangibles o no. 

Pero cuando entramos en el lado contrario, lo que identificaríamos como "retribución negativa", la opinión cambia tajantmente. Hay mucha gente que se escandaliza y considera devolver el daño provocado por mera convención social, es decir, el afán del individuo por generar una imagen positiva de sí mismo ante los demás es lo que les mueve a no admitirlo. 

Seamos sinceros, todos lo hemos pensado más de una vez, y probablemente deseado al sujeto o sujetos recibir el mismo daño que han provocado. ¿Por qué? Muy simple, queremos que se haga justicia, cuando alguno de nuestros derechos son vulnerados, esperamos que haya un castigo para el ejecutor de dicho perjuicio, y en muchas ocasiones no pasa nada, todo se queda como estaba. 

Cierto es que haber sufrido un determinado daño no nos da la potestad de poder devolverlo, pero sentimos la necesidad de que se haga "justicia", y es incluso factible que hagamos algo por físicamente para que se cumpla. Normalmente nos limitamos a pensarlo, a soñar con la idea de que, aquello que nos han hecho, lo sufra la otra persona para experimentar lo mismo que nosotros y sea consciente de ello, y hasta cierto punto lo consideraría un pensamiento normal. Es cuando se vuelve constante e interfiere en nuestra vida cuando nos puede llegar a ocasionar problemas, y es a partir de aquí donde yo me distancio del "ojo por ojo, diente por diente".

Como he mencionado anteriormente, nos podemos limitar a pensar en ello, o podemos pasar a la acción y ejecutarlo, de tal modo que proyectemos aquello que nos han hecho sobre aquellas entidades que hayan intervenido. 

Y esto me lleva a pensar en una película muy famosa, más por el gore que por la historia que cuenta, Saw. La idea sobre la que gira el universo de esta película es que hay una individuo con grandes conocimientos en mecánica y una ira desgarradora que busca hacer justicia ante aquellas situaciones sobre las que el sistema no actúa, ya sea por corrupción, falta de interés, etc. Es decir, el "protagonista" decide tomarse la justicia por su propia mano al ver que estas personas van provocando daños y merecen ser castigadas por ello, puestas a prueba para ver si merecen la pena o no. 

Y es aquí donde reconectamos con la ley del Talión. Aplicar la justicia que creemos que ha de llevarse a cabo por nosotros mismos es muy peligroso según el contexto. Puede ser una situación tan inocente como un niño que asusta a otro porque este le ha asustado antes, pero podemos encontrarnos casos mucho más graves, los cuales pueden hacer peligrar la integridad física incluso de la persona contra la que se aplique, como por ejemplo sería el caso de John Kramer en Saw. 

Y es por esto que tenemos que ser plenamente consciente de lo que estamos haciendo en todo momento, y no creernos justicieros, porque ni siquiera existe la justicia. Muchas veces lo mejor es dejar las cosas fluir, seguir adelante y tratar de olvidar el daño que nos hayan provocado, sea cual sea.

Podemos querer venganza, a a veces eso es normal, estoy totalmente de acuerdo, pero tenemos que basarnos en vivir. Por lo tanto, vive y deja vivir, o vive y deja morir, pero que las cosas fluyan.


domingo, 16 de junio de 2019

Forever is a long time

El futuro es incierto, y es que nadie nos puede decir con seguridad qué es lo que va a pasar.

Por mucha capacidad que tengamos, por mucho que lo creamos, no sabemos qué es lo que el día de mañana nos depara, puede que esté bajo nuestro control o puede que dependa de elementos externos, no lo sabemos, nunca lo sabremos hasta que pase.

Durante toda nuestra vida tratamos de orientar nuestra vida para determinar nuestro futuro, para lograr aquello que nos proponemos, el paraíso idílico que para nosotros el mañana implica, y puede que en ocasiones lo consigamos, pero también cabe la posibilidad de que no sea así. Quién sabe.

También creemos que si conseguimos llegar donde nos proponemos seremos absolutamente felices, y nadie dice que eso vaya a ser así, incluso lo que el destino cambia del rumbo lo hace mucho más interesante, y como dicen, no es solo la felicidad que debe proporcionar llegar a ese sitio, sino de disfrutar del viaje, porque este nos puede resultar mucho más enriquecedor y satisfactorio que lo que obtenemos como resultado.

Y volviendo a la premisa inicial, nadie sabe qué será de mí mañana, ni de ti, ni de nadie, el futuro es incierto, caprichoso, no depende exclusivamente de nosotros. 

Pero nos gusta creer que así es, que depende solo de nosotros. Claro, en parte si depende de nosotros, pero somos 50% lo que hacemos y 50% lo que viene de fuera.

Desde mi punto de vista, me gustaría creer que ciertas cosas el día de mañana ocurrirán, pero tengo que barajar la posibilidad de que no sea así, aunque lo quiera con todas mis fuerzas. 

Tal vez una promesa, la expresión de una voluntad futura, no llegue nunca, y quede reducido a palabras, que en su momento pudieron sonar esperanzadoras y dar ánimos. Nunca se sabe.

Con esto no quiero decir que debamos estar desanimados y no hacer nada al respecto, todo lo contrario: en nuestras manos está luchar por aquello que queremos y deseamos, hacer frente a los cambios de fuera y evitar que estos obstaculicen nuestras metas, por muy inevitables que sean o complejos nos puedan resultar. Si las cosas no salen como queríamos o intentamos, no tenemos que desanimarnos, nadie pone una fecha límite a nuestras metas, o al menos nadie debería hacerlo, y eso nos tiene que animar a dar no solo el 50% de nosotros, sino llegar al 100%.

Es posible que con esto intente convencerme de que si, por ejemplo, esas palabras no se llegan a cumplir, no habrá sido por mi culpa, porque sé que yo he hecho todo lo que ha estado en mi mano para que se cumpliese. No sé hasta qué punto he hecho lo que he podido, pero quiero creer que he hecho lo mejor, y que he seguido el camino que esperaba.

A eso me refiero, no podemos saber qué pasará mañana, pero sí podemos ir a por ello, y luchar hasta conseguirlo, porque nada ni nadie nos lo debería impedir, es cuestión, entre otras cosas, de creer en ello, pero ser conscientes de que no todo está bajo nuestro control. 

Siguiendo con el ejemplo, no sé si esas palabras se transformarán en hechos, ojalá que así sea, pero yo sé que voy por el buen camino. Si el día de mañana no es así, sentiré una profunda lástima por lo perdido, pero al menos podré seguir estando segura de que hice lo que creí correcto para llegar a la situación que quería, y que si no pudo ser, no fue por mí.

En esta obra no hay un papel protagonista y secundarios, sino que cada uno juega un papel importante en su historia, así como en la de los demás.


viernes, 7 de junio de 2019

Finales

Ya sean de una serie, de un libro, de una etapa, de una relación...todos somos conocedores de lo que es un final, y de lo que cada final va a suponer para nosotros, cómo va a impactar en nuestra persona, cómo lo vamos a procesar y cómo nos va a cambiar, entre otras muchas cosas. 

Los finales son muy variados, como ya sabemos, y según el impacto nuestro nivel de procesamiento cambia. Como es lógico, a los finales que mayor implicación tienen sobre nosotros, sobre todo a nivel emocional, son a los que más importancia damos. Y eso es porque las emociones son un faro que utilizamos frecuentemente para guiarnos y tratar de entender las cosas, a veces incluso más que la propia lógica y racionalidad individual.

Así como todo empieza en algún momento, también acaba, por desgracia nada dura para siempre, en ninguno de los sentidos posibles a abarcar.

El sentimiento que nos queda después de que algo acabe depende principalmente de la situación o el elemento en cuestión que haya terminado. Hay cosas que queremos que finalicen, como los exámenes. Nos sentimos libres, aliviados, relajados cuando ocurre. También hay situaciones neutrales que no nos aportan demasiado, y no llegan a generarnos un impacto emocional, ni positivo ni negativo, como para mí sería el ejemplo del final de "Juego de Tronos".

Pero cuando hablamos de finales en general solemos referirnos a situaciones negativas, que nos han provocado una reacción de malestar, dolor, sufrimiento, melancolía, etc. Y todos hemos vivido situaciones de estas tres tipologías, algunos más que otros.

Además, hay que tener en cuenta la perspectiva, la cual va a condicionar la interpretación del hecho, que a su vez va a determinar la emoción que se derive de dicho suceso. No es la misma interpretación de un mismo suceso la que hago yo que la que hace una persona de mi entorno, por mucho que nos parezcamos, porque hay demasiadas variables intermedias que definen el resultado.

Sea como fuere, son situaciones normales. Los finales, como ya he mencionado, se dan siempre, y es algo con lo que tenemos que vivir, y aprender a adaptarnos y a superarlos cuando se complican y tienen repercusiones sobre nosotros, las cuales tenemos que aprender a manejar.

Respecto a aquellos eventos que queremos que acaben, dejémoslo de lado y no nos martiricemos pensando en ello, porque tarde o temprano acabará, y si le damos demasiada importancia pueden provocarnos una tremenda disfuncionalidad de la que, tal vez, aunque el suceso termine, no nos podamos recuperar. No hagamos de lo negativo algo patológico, aprendamos a vivir con ello. "Vive y deja vivir"

De lo neutral no hay mucho que decir, al ser contextos poco implicativos no nos exigen ningún cambio, suceden, y están ahí, coexistiendo espacio-temporalmente con nosotros.

Lo finales que más me dan que pensar son aquellos en los que algo bueno termina. Te puede resultar previsible o no, y creo que el hecho de no verlo venir, cuando menos presente tuviésemos ese supuesto cuando se da, mayor reacción nos provoca, y más dificultades para hacerle frente, por así decirlo, hay una mayor "intensidad" y "frecuencia" del sentimiento negativo, ya sea dolor, humillación, tristeza, soledad, etc. Puede llegar a ser muy difícil afrontar estas situaciones, son un proceso, más o menos lento, que requiere reflexión, y a la vez no. Creo que la clave en estas circunstancias es centrarse en el presente, y no vivir en el pasado ni en el futuro. Si algo bueno ha acabado tenemos que quedarnos con el recuerdo, y no pensar en él constantemente, sino usarlo para curarnos, superar la situación, porque así nos volveremos más fuertes. Y como decía antes de lo positivo, si nos quedamos atrapados en esta situación, todo lo que experimentamos se puede volver patológico, y nos va a hacer mucho daño. En estas situaciones creo que debería estar más normalizado pedir ayuda, buscar alguien con quien hablar, ya sea un especialista, un amigo, etc.

Tenemos que tener presente principalmente que es un proceso, que en cada persona tiene una duración diferente, y es diferente también. Además, nadie nos da las herramientas para afrontar estas situaciones, salen de nosotros mismos con la experiencia, por ello no nos tiene que dar ningún miedo o vergüenza pedir ayuda si vemos que la necesitamos, sea la situación que sea.

He de decir también que es importante que, cuando estemos viviendo algo bueno, sea lo que sea, no obcercarnos pensando en qué será lo que pueda ir mal o que se va a acabar. Es vital disfrutar de las cosas, porque el hecho de que acaben no significa que hayan muerto, sino que se convierten en una historia que nos podemos recordar.

Así como los comienzos, los finales también son parte de nosotros, y como tal los conservaremos, porque es el modo de contar la historia de nuestra vida.

Somos comienzo y a la vez final.


sábado, 1 de junio de 2019

Equilibrio

Qué sería de lo bueno sin lo malo. Y viceversa.

Muchas veces lo malo tiene que llegar para que apreciemos lo bueno, y otras veces simplemente lo malo llega porque lo bueno se ha acabado. Tal vez no ha sido su fin, tal vez ha sido el final de un capítulo, pero no el de la historia. No tenemos que darnos por vencidos fácilmente, porque es un ciclo, como la vida en sí, y lo normal y adaptativo es que no se mantengan estables.

Hablando de adaptativo, tenemos una concepción muy generalizada de lo "bueno" que es lo bueno y lo "malo" que es lo malo, pero en muchas ocasiones actúan como fruto envenenado. Lo malo puede ser bueno para nosotros cuando se trata, por ejemplo, evitar que nuestros derechos sean vulnerados, caer enfermo para que algo tóxico de nuestro cuerpo sea expulsado... En general esto nos hace más fuertes. 

Diría que lo mejor de lo "malo" para mí es la acción de llorar, porque en mi caso tiene una labor curativa muy importante, que me permite analizar la situación, verla con otra perspectiva y apreciar mejor lo que tengo. Y no creo ser la única persona que piense así. 

Lo "malo" de lo bueno también es importante considerarlo, sobre todo respecto al proceso de transición de lo bueno a lo malo, que puede llegar a ser muy doloroso. Perdemos algo bueno de nuestra vida, lo cual nos hace sentir mal, y necesitamos un tiempo para volver a ese estado de bienestar que nos proporcionaba lo bueno, pero sin ello, o puede que no lleguemos a perderlo, puede tratarse de un cambio doloroso. 

De cualquier forma, tenemos que impedir que la posibilidad de que lo bueno se esfume nos atormente y esté constantemente en nuestra cabeza, porque sino no vamos a poder disfrutar de lo que tenemos o lo que somos.  

Ni lo bueno ni lo malo duran para siempre, están en constante evolución, progresan, se intercambian los roles, es como una danza, o mejor dicho, una lucha, por gobernar un cuerpo durante un tiempo determinado. No sabemos quién ganará, incluso pueden interferir la una en la otra, provocando una transición de lo bueno-malo o al revés.

Puede no estar bajo nuestro control, nos vemos enormemente influidos por el entorno, nuestro contexto es fundamental y determinante en muchísimos casos, ya no solo depende de la personalidad de cada uno, aunque depende del caso.

Lo bueno provoca unas emociones, y lo malo otras, se pueden intercala, solapar, etc., pero  son inevitables. Y es que, como ya he mencionado anteriormente, qué sería de lo bueno sin lo malo, y viceversa. No valoraríamos una sonrisa sin conocer el precio, por ejemplo, de la amargura, la tristeza o la ira, y no conoceríamos la utilidad del llanto si algo no lo provocase.

Este tema da muchísimo que pensar y hay mucha literatura al respecto, y cada uno tiene su opinión al respecto. Probablemente lo que ahora escribo sea objeto de discrepancia de muchas personas, pero como todo sobre lo que reflexiono, es mi opinión.

Me resulta de gran utilidad ponerme reflexiva y plantearme estas cuestiones, sobre todo en horas de necesidad suelo recurrir a estos pensamientos, cuando estoy transicionado de lo bueno a lo malo, y estoy asumiendo mi situación.

Voy a ser absolutamente sincera, la primera línea y el título lo tenía escrito hace más de una semana, así que el tema lo iba a tratar sí o sí, pero la forma de abarcarlo ha cambiado enormemente por los acontecimientos más recientes de mi vida.

Doy las gracias a todas las personas, tanto las que están a mi lado, como las que no están ahora mismo pero espero que estén en un futuro, acompañándome y haciéndome feliz. Seguro que sabéis quiénes sois porque sabéis quién soy.


También quiero dar las gracias a la gente que lee lo que escribo, gracias por seguirme y leer mis barbaridades.