Ya sean de una serie, de un libro, de una etapa, de una relación...todos somos conocedores de lo que es un final, y de lo que cada final va a suponer para nosotros, cómo va a impactar en nuestra persona, cómo lo vamos a procesar y cómo nos va a cambiar, entre otras muchas cosas.
Los finales son muy variados, como ya sabemos, y según el impacto nuestro nivel de procesamiento cambia. Como es lógico, a los finales que mayor implicación tienen sobre nosotros, sobre todo a nivel emocional, son a los que más importancia damos. Y eso es porque las emociones son un faro que utilizamos frecuentemente para guiarnos y tratar de entender las cosas, a veces incluso más que la propia lógica y racionalidad individual.
Así como todo empieza en algún momento, también acaba, por desgracia nada dura para siempre, en ninguno de los sentidos posibles a abarcar.
El sentimiento que nos queda después de que algo acabe depende principalmente de la situación o el elemento en cuestión que haya terminado. Hay cosas que queremos que finalicen, como los exámenes. Nos sentimos libres, aliviados, relajados cuando ocurre. También hay situaciones neutrales que no nos aportan demasiado, y no llegan a generarnos un impacto emocional, ni positivo ni negativo, como para mí sería el ejemplo del final de "Juego de Tronos".
Pero cuando hablamos de finales en general solemos referirnos a situaciones negativas, que nos han provocado una reacción de malestar, dolor, sufrimiento, melancolía, etc. Y todos hemos vivido situaciones de estas tres tipologías, algunos más que otros.
Además, hay que tener en cuenta la perspectiva, la cual va a condicionar la interpretación del hecho, que a su vez va a determinar la emoción que se derive de dicho suceso. No es la misma interpretación de un mismo suceso la que hago yo que la que hace una persona de mi entorno, por mucho que nos parezcamos, porque hay demasiadas variables intermedias que definen el resultado.
Sea como fuere, son situaciones normales. Los finales, como ya he mencionado, se dan siempre, y es algo con lo que tenemos que vivir, y aprender a adaptarnos y a superarlos cuando se complican y tienen repercusiones sobre nosotros, las cuales tenemos que aprender a manejar.
Respecto a aquellos eventos que queremos que acaben, dejémoslo de lado y no nos martiricemos pensando en ello, porque tarde o temprano acabará, y si le damos demasiada importancia pueden provocarnos una tremenda disfuncionalidad de la que, tal vez, aunque el suceso termine, no nos podamos recuperar. No hagamos de lo negativo algo patológico, aprendamos a vivir con ello. "Vive y deja vivir"
De lo neutral no hay mucho que decir, al ser contextos poco implicativos no nos exigen ningún cambio, suceden, y están ahí, coexistiendo espacio-temporalmente con nosotros.
Lo finales que más me dan que pensar son aquellos en los que algo bueno termina. Te puede resultar previsible o no, y creo que el hecho de no verlo venir, cuando menos presente tuviésemos ese supuesto cuando se da, mayor reacción nos provoca, y más dificultades para hacerle frente, por así decirlo, hay una mayor "intensidad" y "frecuencia" del sentimiento negativo, ya sea dolor, humillación, tristeza, soledad, etc. Puede llegar a ser muy difícil afrontar estas situaciones, son un proceso, más o menos lento, que requiere reflexión, y a la vez no. Creo que la clave en estas circunstancias es centrarse en el presente, y no vivir en el pasado ni en el futuro. Si algo bueno ha acabado tenemos que quedarnos con el recuerdo, y no pensar en él constantemente, sino usarlo para curarnos, superar la situación, porque así nos volveremos más fuertes. Y como decía antes de lo positivo, si nos quedamos atrapados en esta situación, todo lo que experimentamos se puede volver patológico, y nos va a hacer mucho daño. En estas situaciones creo que debería estar más normalizado pedir ayuda, buscar alguien con quien hablar, ya sea un especialista, un amigo, etc.
Tenemos que tener presente principalmente que es un proceso, que en cada persona tiene una duración diferente, y es diferente también. Además, nadie nos da las herramientas para afrontar estas situaciones, salen de nosotros mismos con la experiencia, por ello no nos tiene que dar ningún miedo o vergüenza pedir ayuda si vemos que la necesitamos, sea la situación que sea.
He de decir también que es importante que, cuando estemos viviendo algo bueno, sea lo que sea, no obcercarnos pensando en qué será lo que pueda ir mal o que se va a acabar. Es vital disfrutar de las cosas, porque el hecho de que acaben no significa que hayan muerto, sino que se convierten en una historia que nos podemos recordar.
Así como los comienzos, los finales también son parte de nosotros, y como tal los conservaremos, porque es el modo de contar la historia de nuestra vida.
Somos comienzo y a la vez final.
Así como todo empieza en algún momento, también acaba, por desgracia nada dura para siempre, en ninguno de los sentidos posibles a abarcar.
El sentimiento que nos queda después de que algo acabe depende principalmente de la situación o el elemento en cuestión que haya terminado. Hay cosas que queremos que finalicen, como los exámenes. Nos sentimos libres, aliviados, relajados cuando ocurre. También hay situaciones neutrales que no nos aportan demasiado, y no llegan a generarnos un impacto emocional, ni positivo ni negativo, como para mí sería el ejemplo del final de "Juego de Tronos".
Pero cuando hablamos de finales en general solemos referirnos a situaciones negativas, que nos han provocado una reacción de malestar, dolor, sufrimiento, melancolía, etc. Y todos hemos vivido situaciones de estas tres tipologías, algunos más que otros.
Además, hay que tener en cuenta la perspectiva, la cual va a condicionar la interpretación del hecho, que a su vez va a determinar la emoción que se derive de dicho suceso. No es la misma interpretación de un mismo suceso la que hago yo que la que hace una persona de mi entorno, por mucho que nos parezcamos, porque hay demasiadas variables intermedias que definen el resultado.
Sea como fuere, son situaciones normales. Los finales, como ya he mencionado, se dan siempre, y es algo con lo que tenemos que vivir, y aprender a adaptarnos y a superarlos cuando se complican y tienen repercusiones sobre nosotros, las cuales tenemos que aprender a manejar.
Respecto a aquellos eventos que queremos que acaben, dejémoslo de lado y no nos martiricemos pensando en ello, porque tarde o temprano acabará, y si le damos demasiada importancia pueden provocarnos una tremenda disfuncionalidad de la que, tal vez, aunque el suceso termine, no nos podamos recuperar. No hagamos de lo negativo algo patológico, aprendamos a vivir con ello. "Vive y deja vivir"
De lo neutral no hay mucho que decir, al ser contextos poco implicativos no nos exigen ningún cambio, suceden, y están ahí, coexistiendo espacio-temporalmente con nosotros.
Lo finales que más me dan que pensar son aquellos en los que algo bueno termina. Te puede resultar previsible o no, y creo que el hecho de no verlo venir, cuando menos presente tuviésemos ese supuesto cuando se da, mayor reacción nos provoca, y más dificultades para hacerle frente, por así decirlo, hay una mayor "intensidad" y "frecuencia" del sentimiento negativo, ya sea dolor, humillación, tristeza, soledad, etc. Puede llegar a ser muy difícil afrontar estas situaciones, son un proceso, más o menos lento, que requiere reflexión, y a la vez no. Creo que la clave en estas circunstancias es centrarse en el presente, y no vivir en el pasado ni en el futuro. Si algo bueno ha acabado tenemos que quedarnos con el recuerdo, y no pensar en él constantemente, sino usarlo para curarnos, superar la situación, porque así nos volveremos más fuertes. Y como decía antes de lo positivo, si nos quedamos atrapados en esta situación, todo lo que experimentamos se puede volver patológico, y nos va a hacer mucho daño. En estas situaciones creo que debería estar más normalizado pedir ayuda, buscar alguien con quien hablar, ya sea un especialista, un amigo, etc.
Tenemos que tener presente principalmente que es un proceso, que en cada persona tiene una duración diferente, y es diferente también. Además, nadie nos da las herramientas para afrontar estas situaciones, salen de nosotros mismos con la experiencia, por ello no nos tiene que dar ningún miedo o vergüenza pedir ayuda si vemos que la necesitamos, sea la situación que sea.
He de decir también que es importante que, cuando estemos viviendo algo bueno, sea lo que sea, no obcercarnos pensando en qué será lo que pueda ir mal o que se va a acabar. Es vital disfrutar de las cosas, porque el hecho de que acaben no significa que hayan muerto, sino que se convierten en una historia que nos podemos recordar.
Así como los comienzos, los finales también son parte de nosotros, y como tal los conservaremos, porque es el modo de contar la historia de nuestra vida.
Somos comienzo y a la vez final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario