Justo en aquel momento entró por la puerta de la sala mi jefe. "Menuda suerte", pensé, si algo sucedía él lo vería, y estaba segura precisamente de que aquel era su objetivo, tenerme controlada. Era en este momento en el que tenía que tragarme las palabras e intentar no explotar, porque de aquel tipejo dependía mi puesto de trabajo y mi sueldo.
Preparé los cafés tal y como me pidieron, y me dirigí hacia la mesa con la bandeja en una mano, apretando el puño con la otra mientras respiraba profundamente e intentaba ignorar el desafortunado encuentro que había tenido con esos tipos.
En la mesa no estaban solo los tres cretinos que habían venido a pedir, sino que se encontraban con otros cinco hombres trajeados, la mayoría sobrepasaban los cincuenta, y parecían muy metidos en su conversación. Aproveché el momento para acelerar el paso y servir rápidamente los cafés. Los dejé encima de la mesa, intentando acercarlos a los que habían pedido, y no pude pasar inadvertida, ya que en cuanto dejé en primer café sobre la mesa la conversación tomó un segundo plano:
- Muchas gracias -dijo el chico joven que antes me había parecido majo pero que en realidad se había mostrado como otro imbécil-.
- Oye muñeca, te podías quedar un rato con nosotros -dijo el mismo que antes me había soltado el "inapropiado" comentario, por así decirlo-.
- Disculpe, estoy trabajando -intenté dar una respuesta cortante y ser educada para no llamar la atención de mi jefe-.
- No vas a tener una oportunidad como esta -se rió, esta vez sin ser seguido por sus compañeros, que no obstante apoyaban su fanfarronería con algún comentario totalmente fuera de lugar-.
- Perdone, estoy en mi puesto de trabajo y este es un establecimiento público, usted lo debería saber mejor que nadie siendo un "conocedor" del Derecho, así que le recomiendo que deje de hacer este tipo de comentarios.
- ¿Por qué? -dijo el tipo, en voz más alta de lo normal, llamando entonces la atención de mi jefe, que estaba sentado relativamente lejos como para oír nada, pero sí para ver-. Yo no he dicho ni he hecho nada malo, ¿quién te crees que eres, niñata?
- ¿Disculpe? ¿Puede volver a repetir eso? -le dije, acercándome a él con una taza de café en la mano, dispuesta a tirársela por encima-.
- Que las jóvenes de hoy en día vais muy liberales y muy sueltecitas, os vendría bien un buen hombre que os domine y os dé lo que necesitáis para que se os quite la tontería de encima -cuando soltó aquel comentario me decidí a tirarle el café por encima, pero mi jefe llegó justo a tiempo para pararme-.
- Quieta Evans, por favor, ve un momento fuera y cálmate, que yo hable con este hombre.
- Esta chica está muy mal -dijo el hijo de puta antes de que me marchase-.
Salí por la puerta del lateral derecho del bar, que daba a los contenedores del hotel, y era donde mucha de la gente salía a fumar. Estaba roja de la ira, y a los pocos segundos salió Carlos, con cara de preocupación:
- ¿Qué ha pasado? -me preguntó, acercándose a mí y poniéndome un brazo en el hombro, mientras por mis mejillas caían lágrimas de impotencia-.
- Pues que el tipo que me ha hecho el comentario antes cuando ha venido a pedir me ha vuelto a decir una sarta de gilipolleces a cada cual más grande. Creo que es fácil cabrearme, pero tanto en tan poco tiempo no, así que te puedes hacer una idea.
- Joder Kat, lo siento mucho -me dio un abrazó, y lo acepté, sentía que necesitaba ser reconfortada en aquel momento, aunque fuese al lado de los cubos de basura del hotel-.
- Es que el problema ahora es que como mi jefe es un lameculos y el asqueroso que me ha dicho esas groserías va a contar su versión, y me va a caer una bronca importante, de lo cual puede depender mi puesto de trabajo -dije, mientras empezaba a sollozar, preocupada por la situación-. ¿Y qué voy a hacer ahora si me echa? Porque no tendría dinero suficiente para pagar el alquiler, y me voy a la calle y...
- Pero vamos a ver, si todo eso ocurriese, que no lo sabes y es muy probable que no sea así, ¿crees que voy a dejar que te quedes en la calle, estúpida? -dijo, mientras me daba un golpe suave en el brazo-.
- Muchas gracias Carlos, me alegro un montón de tenerte en mi vida -le respondí, secándome las lágrimas e intentando recomponerme-.
- No tienes que agradecer nada Kat, siempre he estado ahí, o al menos lo he intentado, y va a seguir siendo así, a no ser que un día me asesines -comentó, y me hizo sacar una leve sonrisa-. Bueno, si estas mejor voy a irme para dentro, que necesito ir al servicio -le miré, extrañada-. ¿Qué? Es que he bebido un té helado y ha bajado muy rápido -me dijo, mientras gesticulaba con los brazos-.
- Está bien, yo esperaré unos segundos más y entro, que necesito un último instante de paz antes de enfrentarme a lo que viene.
- Que no, no seas tan pesimista. Venga, nos vemos dentro -dijo, mientras se metía de nuevo a la cafetería-bar.
Respiré profundamente. Me aterraba perder el trabajo, porque como le había dicho ya a Carlos, con mi sueldo de repartidora en la pizzería no me daba prácticamente para nada, y necesitaba mantener este trabajo. Ya había buscado otras opciones, pero en todas querían a personas jóvenes con experiencia de mínimo 5 años, y yo a pesar de haber estado trabajando desde los 16 años, no figuraba en los registros, y lo que "legalmente" figuraba era una miseria para encontrar un trabajo medianamente decente.
Decidí que ya había pasado demasiado tiempo, y volví a entrar, esperando encontrarme lo peor al otro lado.
Para mi sorpresa, al abrir las puertas todo estaba bastante tranquilo, el bullicio inicial persistía, pero no había ninguna discusión y, lo que era más importante, mi jefe no estaba allí. Quería pensar que aquello sería buena señal, pero de todas formas cuando acabase mi turno iría a hablar con él, con el objetivo al menos de salir de dudas y saber si me iba de patitas a la calle o seguía en mi puesto.
Llegué a la barra, y desde allí observé el escenario: el tipo que me había atacado verbalmente ya no estaba, y faltaba alguno más de su grupo, entre ellos el otro señor mayor que había venido con él y el tipo joven a pedir los cafés. En el momento en el forcé más la vista para comprobar si estaba en lo cierto, el chio joven justo me miró, y me sentí tremendamente avergonzada. Se iba a creer que le estaba mirando, y eso incomoda a la gente, así que decidí apartar la vista de inmediato de la mesa de aquellos tipos y centrarme en lo que estaba haciendo.
Por lo demás, todo estaba normal, y Carlos no tardó en llegar. Pidió otro té helado, y cuando se lo serví vi que no venía nadie a quien atender, así que cogí un par de carteles y los repartí por el espacio de la cafetería. No tardé en volver a mi puesto de trabajo, y a partir de aquel momento todo fue mucho más fácil.
Tuve que atender a bastante gente, así que estuve muy ocupada durante mi jornada laboral. Estuve pendiente todo el rato de si aparecía el gusano que me había hecho los comentarios asquerosos o si entraba mi jefe, pero ninguno de los dos hizo acto de presencia en el tiempo que estuve sirviendo.
Una hora antes de que acabara mi turno, mientras hablaba con Carlos sobre qué haríamos de cena, el chico joven de los abogados que iba con el resto de idiotas que me habían pedido café se acercó. Crucé los dedos para que no me soltase ningún comentario como su amiguito había hecho anteriormente:
- Hola, ¿Evans? -el hecho de que supiese mi apellido me dejó descolocada-.
- ¿Cómo sabes mi apellido?
- Ah perdona, pensaba que era tu nombre... Lo había dicho antes tu supervisor.
- No, mi nombre es Katherine, ¿Quieres algo? -le pregunté, aún desconcertada por su intervención-.
- Eh, hola, encantado, perdona ser tan descortés y tan repentino -esbozó una sonrisa nerviosa-. Soy Tom, y quería disculparme por el comportamiento de antes de mi compañero.
- ¿Perdona? -me quedé muy extrañada, parecía una cámara oculta-. En primer lugar, el que se debería disculpar de "su" comportamiento es el que lo ha llevado a cabo, y por otra parte, está muy bien que vengas a disculparte por él de algo que él -recalqué la palabra tan bien como pude para ser clara- ha hecho, pero creo que podrías hablar por ti también, porque aunque no hayas hecho el comentario, has sido figura pasiva, y la omisión también es un comportamiento negativo -la cara del tipo era un cuadro, me miraba fijamente ojiplático-. No has dicho nada cuando él ha sido un jodido maleducado, y encima te has reído la primera vez, así que creo que podrías empezar por disculparte de lo que no has hecho y en parte has hecho, no vengas con tu vanidad y la de tus colegas por bandera porque no sirve de nada.
Carlos me miró sorprendido también. Me sentí enormemente aliviada al decir aquello, Carlos, me miró con una expresión de sorpresa y miedo en su rostro, y Tom se quedó con la mirada perdida petrificado. Reaccionó al cabo de breves instantes:
- Tienes razón -dijo, agachando la cabeza y apartando la mirada-. Lo siento, tendría que haber hecho algo cuando mi compañero ha proferido esas impertinencias hacia ti.
- Pero no lo has hecho, y eso es ya pasado, así que no me valen las disculpas -le respondí, mientras encogía los hombros-.
Tom me miró, parecía incómodo, y se fue de la cafetería. Es posible que se hubiese disgustado bastante con lo que le había dicho, pero así al menos tendría un problema menos al que enfrentarme el sábado, porque le pediría café a cualquiera de mis compañeros menos a mí.
En cuanto estuvo lo suficientemente lejos, Carlos se acercó a mí, probablemente tenía mucho que decir por las múltiples expresiones que se habían reflejado en su rostros a lo largo de este episodio tan extraño:
- Adelante, di todo lo que quieras -le solté, para darle libertad en su discurso-.
- Hablas muy bien, eso que vaya por delante -sabía que lo que me diría a continuación no iba a ser positivo por ese comentario-, pero el chico ha venido con intención de disculparse porque te has sentido mal por lo que ha pasado y has sido muy borde.
- Pero vamos a ver Carlos, ¿no es cierto lo que le he dicho?
- Por supuesto que lo es, pero él no te conoce y se lo puede haber tomado a malas, y él es el único que se ha venido a disculpar.
- De algo que no había hecho, cuando él también tenía aspectos de los que disculparse -quise recalcar-.
- Que sí, pero no puedes decir de primeras a una persona que intenta ser educada contigo eso así. Quiero decir, es verdad que él tenía que haberse disculpado, pero se lo has dicho de una manera...
- Muy directa, ya, ¿y qué, eso te sorprende? Llevo siendo así toda la vida.
- No has sido así siempre, Kat, pero entiendo que seas así -me quedé calada porque no quería que empezara a hablar de eso, a pesar de que tenía razón-. Lo que quiero que entiendas tú es que ese chico ha venido a disculparse porque sabe que lo que ha pasado está mal, y aunque no lo ha hecho de la manera más adecuada ni con las mejores palabras, lo ha hecho, y creo que tú le has hecho sentir mal, lo cual no se merecía.
- Bueno, así tengo un problema menos, mañana si viene no me pedirá a mi café y no tendrá que disculparse conmigo de nada -la expresión de Carlos cambió totalmente-.
- Hay veces que te mataría -me dijo, con un tono de voz sobrio-. No puedes ser así, es que ese razonamiento es muy destructivo, y lo sabes bien porque estudias lo mismo que yo, y de eso sabes lo mismo que yo también.
- No empieces con eso, porque no va a acabar bien. Dejémoslo en que el día de hoy ha sido complicado y ya está, mañana será un nuevo día.
- Dios mío, eres la persona más evitativa que conozco. Es que no puedes estar constantemente huyendo de los problemas Kat, y ese es uno de tus grandes problemas, que no das la cara a los problemas, simplemente buscas la manera de alejarte de ellos o de alejarlos en vez de enfrentarlos. Y sabes tú mejor que nadie que eso no te lleva a ningún sitio -me estaba empezando a encontrar mal y no quise comentar nada, porque tenía razón, aunque me jodiera reconocerlo-. Sé que no puedes enfrentarte a todo, sobre todo a esas cosas que menos dependen de ti y de las cuales no tienes culpa, pero puedes hacer las cosas bien, y quiero que pienses en ello.
- Hablas como mi terapeuta -le dije, para quitar seriedad a la conversación-.
- Y encima a mí no me tienes que pagar -se rio-. Bueno, dejemos esta conversación aquí aparcada, y espero por favor que me hagas caso, porque siempre te digo lo mismo, y a veces parece que me escuchas, y otras no.
- ¿Qué decías? No te estaba escuchando -nos reímos-.
A pesar de que había intentado mostrarme "guasona", por dentro me sentía muy mal, tanto conmigo misma como con todo lo demás que había pasado. Todo ello tenía un punto común, y era yo, si yo no hubiese estado en esas situaciones no habría pasado nada y todo seguiría bien. Había sido un viernes de mierda, y encima lo había hecho todo mal. Lo peor de todo además era que el día no había acabado, tenía que ir a hablar con el jefe para saber qué había pasado con el cerdo que se había metido conmigo.
Serví un par de copas más, y vi que ya era lo hora de salir. Un poco antes llegó mi compañera, y ya estaba lista para sustituirme, así que me quite el mandil, deje los utensilios más o menos ordenados, le pedí a Carlos que me esperase en la puerta principal para ir a recogerle con la moto y regresar a casa, y fui a buscar a mi jefe.
No me fue muy difícil buscarle, estaba en recepción ayudando al chico que estaba atendiendo a ordenar unos papeles. Me acerqué con miedo, y le di un ligero toque en el hombro, como si de un animal salvaje se tratase:
- Hola David, quería hablar contigo -se dio la vuelta y me miró, bastante serio-.
- Sí, un momento -me dijo, mientras dejaba lo que tenía en la mano encima del mostrador y me acompañaba a lado más despejado del pasillo para poder hablar-. Tú me dirás.
- ¿No tienes nada que decirme?
- No... -me respondió, mientras se rascaba la cabeza, pensativo-. Ah bueno, el abogado de antes, he hablado con él y ha decidido marcharse.
- ¿Y a mí me va a pasar algo? -le pregunté, intentando ser sutil, pero con una importante preocupación-.
- ¿Cómo que si a ti te va a pasar algo? -se rió-. Vamos a ver, ese tipo no se ha comportado como debía, y mira que me ha hecho al principio creer que sí, pero ha venido luego un compañero suyo de la mesa y me ha dicho que él te había hecho unos comentarios muy desagradables e innecesarios, y bueno, ya he tenido que habar con él.
- ¿En serio? -estaba anonadada, casi grito de felicidad al oír aquello-.
- Sí, se lo puedes preguntar al chico que vino a contarme lo que había pasado, era el más joven de los que estaban sentados allí, no sé si le habrás visto: es alto, rubio, trajeado...
- Ah, vale... -esta vez la que se había quedado blanca y de piedra había sido yo-. Bueno, gracias, mañana nos vemos.
- Hasta mañana, Evans -se despidió mi jefe, mientras me alejaba hacia la puerta de empleados para cambiarme e irme-.
Mierda, era el chico que encima había venido a disculparse. En aquel momento me sentí en parte aliviada, porque no iba a ser despedida, pero por otra parte extremadamente culpable, y de momento iba ganando la última sensación. Necesitaba disculparme con aquel chico, me había hecho una idea preconcebida muy negativa sobre él, y había dejado que ello nublase mi juicio y le tratase como a una basura.
Ya antes de saber todo esto le daba la razón a Carlos respecto a su discurso de cómo soy, pero no dejaba de toparme con cosas que le daban la razón, y eso me hacía muchas veces no querer dar mi brazo a torcer y negarme a ver la realidad. ¿Tenía razón en lo que le había dicho? Sí, pero como había comentado Carlos, no tenía que haberlo dicho de aquel modo.
Me entretuve unos minutos buscando por los pasillos al tipo, sentía que aunque fuese extraño buscar a alguien así necesitaba disculparme, porque había sido una completa gilipollas y él encima me había salvado el culo, lo mínimo que podía hacer era pedir perdón. Cada vez me sentía peor y más culpable, y tras unos diez minutos de buscar, pensé en aprovechar e ir antes al día siguiente para buscarle, o sino preguntaría en recepción.
Fui al vestuario de personal, recogí mi bolsa, saqué las llaves de la moto, y arranqué, dándome toda la prisa que pude para no hacer esperar más a Carlos. Le vi a lo lejos, le pité con la moto para llamar su atención, y cuando estuve lo suficientemente cerca de él paré la moto:
- ¿Ha pasado algo? -me preguntó, con un tono de voz preocupado-. Has tardado como media hora...
- No es nada, he ido a hablar con el jefe y todo bien. Cuando lleguemos a casa te cuento -le respondí, sin querer dar muchos detalles, porque sino jamás llegaríamos a casa-.
- Ah vale, me alegro -sonrió, aliviado-. Bueno, vamos y ya me cuentas.
Carlos se subió la moto, y en la oscuridad de la noche nos dirigimos al piso. Sabía que si le contaba lo que había pasado me iba a repetir el mismo discurso de antes, pero lo dejaría estar porque verdaderamente me lo merecía.

Empezó bien y sigue pintando bien!! Gracias por la dedicación del primer cap ♡♡♡. Naomi.
ResponderEliminarMuchas gracias por leerlo y tu comentario bombón, espero que te atrape la historia 💜💜
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