Cuando llegué al hotel me noté algo nerviosa. No había pensado en qué le iba a decir, me había quedado dándole vueltas a lo que Carlos me había dicho mientras me estaba maquillando. Tal vez había hecho bien, ni siquiera sabía si le iba a encontrar.
Di un rodeo con la moto, la verdad es que parecía que había más gente que el día anterior. Fui al aparcamiento de empleados y aparqué. Al aproximarme, miré a hacia la puerta de salida de la cafetería, que no estaba muy lejos de la entrada de personal, y me frené en seco cuando reconocí a una de las figuras que se hallaba entre los fumadores: era mi objetivo.
Sentí pánico en aquel momento, y pensé en no decir nada y seguir como si no hubiese sucedido, pero quería enmendar mis errores, y ello implicaba sin lugar a dudas superar mi ansiedad a las interacciones sociales, o al menos lidiar con ella mientras tanto.
Me dirigí hacia allí con paso firme, sin que se notase que estaba algo inquieta por la situación, tenía que aparentar toda la normalidad que me fuese posible. Al acercarme, pude ver que estaba con otro tipo joven, pero algo más mayor que Tom, moreno, con perilla y gafas de sol, el día anterior no le había visto, o al menos no me había fijado. Estaban hablando, y ambos estaban posicionados de cara justo en mi dirección, por lo que fácilmente interceptarían, lo cual no me detuvo de ir hacia allí. Respiré profundamente, y cuando estuve lo suficientemente cerca, intenté pensar en qué decirle. Sí, muy ingenioso con un margen de 5 segundos pensar en qué decirle a una persona con la que te tienes que disculpar:
- Buenas, espero no interrumpir nada -dije, intentando ser educada-.
- Hola -dijo el chico con el que estaba Tom-. Creo que no tenemos el placer de conocernos.
- Buenas -me dijo Tom, algo cortado-. No seas así, por favor -le dijo a su compañero-.
- Estoy intentado ser galante Tom, por favor -le dijo, con cierto retintín-. Mi nombre es Anthony, y estoy a tu merced para lo que necesites -me dijo, haciendo una reverencia, lo cual me resultó de lo más extraño, y me hizo olvidar por un momento lo que iba a hacer-.
- Eh... -esperé a encontrar la manera más adecuada para hablar con Tom, y mientras me miraban ambos extrañados-. ¿Te importa que hable contigo un momento? -dije, mirando directamente a Tom con cierta incomodidad-. Es solo para una cosa, y os dejo seguir charlando - me arrepentí al instante de decir aquello, así sabrían que estaba fijándome en qué hacían antes de asaltarles-.
- Claro, no te preocupes -me dijo Tom, amablemente-. Iba a entrar de todas formas en la cafetería, así que si quieres acompáñame y podemos hablar ahí, o sino aquí, como mejor te parezca.
- Pues... -no quería entrar en la cafetería, porque era probable que me echasen la bronca por hablar con clientes, y tampoco quería hablar con él, solo disculparme-. Es solo un momento, no hace falta.
- Ah vale -dijo, mientras me seguía a un área un poco más solitaria, pero sin alejarse demasiado de la zona de la cafetería-.
- Verás -me situé en frente de él- ayer fui una completa imbécil, no te traté bien cuando tú fuiste el único que estuvo involucrado en el incidente y vino a disculparse...
- No te preocupes, no pasa nada, entiendo que mi comportamiento fue inaceptable y que estuvieses molesta por ello, ni siquiera me hizo gracia lo que ese cretino hizo, pero por la presión social y mi intento de encajar en un ambiente nuevo para mí lo hice de manera involuntaria -me quedé un poco inquietada por el lenguaje tan correcto que empleaba, incluso para una situación tan cotidiana-. No me quiero justificar ni excusar por ello, por supuesto, el imbécil fui yo y estoy totalmente de acuerdo con todo lo que me dijiste.
- A ver, no puedes estar de acuerdo conmigo porque no obré bien -en aquel momento me fijé en que tenía unos ojos profundamente azules con un ligero toque verde, y sentí que había pedido el hilo-. Lo que quiero decir es que mis maneras fueron de una total maleducada y una completa borde, y quería disculparme.
- Pero mujer, no hace falta que te disculpes -me dijo, con una sonrisa-. Creo que hiciste bien en decirlo, y de verdad que admiro tu coraje y tu fuerza para decir las cosas, la sinceridad es algo muy difícil de ver en estos días - no podía creer que me estuviese halagando por estar a punto de devorarle vivo como si de cazador-presa se tratase-. Me sentí mal cuando me lo dijiste, pero no era una molestia hacia el comentario, sino hacia mí mismo porque era verdad todo lo que me habías mencionado -Tom debió notar un cambio de expresión en mi rostro, y pareció llamarle la atención-. ¿Qué pasa?
- Es que normalmente la gente no me suele halagar por ser borde. Bueno, por nada en realidad -me salió inevitablemente una sonrisa muy nerviosa-.
- Vaya, lo lamento. Considero que hay que saber valorar determinadas cosas, y que el hecho de que no se valoren no implican su ausencia.
- Sí, estoy totalmente de acuerdo contigo -le respondí, sonriendo, esta vez más tranquila-. Bueno, de todas formas te pido perdón por ser tan brusca, y por no querer disculparte cuando me pediste perdón, ni falta hace decir que obviamente tus disculpas son aceptadas, si no las retiras, claro -Tom se rio-.
- Por supuesto que mantengo las disculpas, ¿por qué no lo iba a hacer? -por el momento me alegraba de haberme tragado mi ansiedad y haber hablado con Tom-.
- También te quería dar las gracias por haberle explicado a mi jefe lo que pasó.
- Pero no me las tienes que dar -me dijo, con una amplia sonrisa-. No iba a dejar que iba injusticia semejante sucediese. Escuché lo que la comadreja dijo que había ocurrido, y le corregí, porque no había dicho ni media verdad, y ya que había hecho tantas cosas mal, decidí hacer al menos una bien. Por eso no tienes que darme las gracias, intenté reparar una parte del daño que había provocado.
- Insisto, por poco que consideres que has hecho, o que creas que no te las tengo que dar, déjame darte las gracias, porque si no hubieses intervenido yo estaría ahora sin trabajo, y muy apurada.
- Bueno, en ese caso, de nada -sonrió nuevamente-. Espero que no te dijese nada tu jefe.
- No, para nada, fue muy comprensivo, pero eso fue por ti, yo no hice nada -miré el reloj, y vi que ya tenía que haber entrado al trabajo-. Vaya, me tengo que ir, mi turno empieza -dije, recogiendo mi bolsa, que había dejado apoyada mientras tanto en el suelo-. Oye, pero ahora pásate por la barra, te invito a un café.
- Oh vaya, muchas gracias, pero no te preocupes, no hace falta.
- Por favor, permíteme en gesto de buena voluntad y como signo de conciliación -le dije, con cierto tono hilarante-.
- En ese caso no te puedo decir que no -se rio-. Nos vemos ahora entonces, así aprovecho y te comento una cosa que te quería preguntar.
- Claro, hasta ahora -en aquel momento un sudor frío me empezó a brotar en la palma de las manos, y sentí como mi espalda y axilas actuaban del mismo modo-.
Me fui a toda prisa al vestuario, por suerte ya tenía el uniforme puesto y solo tenía que dejar mis cosas en la taquilla. Guardé a toda prisa la bolsa, y fui deprisa a la cafetería, antes de que mi jefe se diese cuenta de que iba tarde y me pusiese alguna falta.
Me inquietó que Tom quisiera preguntarme algo, ni siquiera nos conocemos, "¿Qué me va a preguntar?" Planteé decenas de posibles escenarios mientras llegaba a mi puesto de trabajo, y todos me tenían aterrada, "¿pero qué me va a preguntar?" "¿Qué quiere de mí?" son cuestiones que me bombardeaban la cabeza de manera intermitente y alterna. Respiré profundamente y miré a la gente que había en la cafetería. Al parecer Tom y Anthony todavía no habían entrado, así que tenía tiempo aún para pensar algo.
No tenía que haber hablado con él, había sido una mala idea, ahora él quería seguir hablando, quería preguntarme algo, a mí, ¿por qué a mí? ¿Y qué le iba yo a decir?
Me estaba agobiando, y no me había dado cuenta que había gente en la barra a la que atender, así que me puse a ello de inmediato. Me vino bien para relajarme y centrarme en mi trabajo, que era lo único que realmente importaba en aquel momento.
Quitando algún que otro comentario pasable, no había tenido ningún altercado con ningún cliente, me sentía orgullosa de mí, aunque la mañana no había hecho más que empezar, y todavía muchas cosas más podían suceder; no obstante quise mantenerme lo más optimista posible al respecto.
Vi por la puerta que daba a la calle entrar a Tom y a su amigo, y como bien imaginé, Tom se acercó a la barra. Me sentí nerviosa de nuevo, por un rato había olvidado que quería hablar conmigo, y era algo que no me transmitía buenas sensaciones, no quería ni necesitaba hablar con él más, todo había salido bien y ya y había tenido suficiente por aquel día.
Tomó asiento en la barra. "Genial, ahora querrá hablar conmigo, y si encima se ha buscado un sitio en el que sentarse es porque no aspira a ser breve en su mensaje, lo cual implica más interacción social" pensé, e intentando controlar mis gestos faciales, me acerqué:
- Oh, vaya, hola de nuevo -le dije, con cierto apuro-. Ahora mismo te preparo el café.
- No te preocupes, no hace fata, te agradezco el detalle -me respondió, con amabilidad-.
- No es molestia, en serio -dije, huyendo del área para preparar el café, evitando así hablar-.
Intenté demorarme lo máximo posible, pero maldije mi capacidad de anticipación por haber preparado suficiente café antes. Fui caminando despacio, revisando si se acercaba algún cliente, pero estaba todo sospechosamente tranquilo. Es curioso lo caprichoso que es el destino, y lo bien que se lo pasaba conmigo:
- Aquí tienes -dije, amablemente-.
- Muchas gracias -respondió, tomando un sorbo, a lo que aproveché para darme la vuelta e irme-. ¡Espera! -respiré profundamente y me di la vuelta, no tenía escapatoria-. Verás, ayer me fijé en que pusiste un cartel sobre un estudio que necesita voluntarios, y por curiosidad busqué información en el enlace que figuraba en ese anuncio, y no sabía muy bien a quién hablar al respecto, así que supuse que podría preguntarte a ti.
- Ah, sí, claro -respondí, en parte aliviada, aunque no sabía muy bien qué era lo que me esperaba que me dijese-. Es un estudio que está empezando ahora y se necesitan voluntarios para formar parte de la muestra para comenzar la semana que viene con las pruebas. ¿Qué es lo que quieres saber, específicamente?
- Pues verás, me gustó lo que vi y leí, y quería saber si me podría apuntar. ¿Tú eres la que lo llevas?
- Sí, bueno, no -al decir aquello, vi que Tom ponía cara de confusión, y no le culpaba-. A ver, estoy terminando mi carrera y hago las prácticas con ese equipo de investigación, así que se podría decir que sí, aunque es mi "jefe" es que manda.
- Oh vaya, tiene que resultar interesante la experiencia -tomó otro sobro de café-. ¿Qué estudias? Si no es una pregunta muy indiscreta, claro.
- No, no, para nada. Estudio psicología, pero por favor, no me preguntes si te puedo leer la mente -vi como Tom se reía cuando dije aquello-. ¿Qué? Te resultaría sorprendente la cantidad de gente que compara a un psicólogo con un adivino clarividente.
- Eso no hace más que demostrar lo mal informada que está la gente. Yo desde que empecé a estudiar Derecho recibo el famoso comentario de "Ya tengo a quien me saque de la cárcel", si te sirve de consuelo -me reí, no me esperaba el comentario-.
- Sí, algo he escuchado. Pero oye, ¿sigues estudiando Derecho?
- No, terminé hace unos años, hace escasos meses terminé el máster, y ahora trabajo en un despacho de abogados con el compañero que te he presentado antes.
- Ah, ya decía yo que eras mucho más joven que el resto de carcamales de la convención -al darme cuenta de la grosería que había soltado me puse roja-. Uy, perdón, no quería decir eso en voz alta -Tom se empezó a reír-.
- No pasa nada, son unos carcamales, tienes razón, pero no hay más que verlos: hombres chapados a la antigua, a cada cual más retrógrado y prehistórico -nos reímos-. Bueno, no te quiero entretener, que si te echan por mi culpa voy a tener que devolver el café, y ya me lo he tomado -nos reímos de nuevo, era un tipo simpático y agradable-. ¿Me podría apuntar entonces como voluntario a las pruebas de tu investigación?
- ¡Por supuesto! Oye, pero no se paga nada, quiero decir, que aunque especifica que es voluntario, alguna persona ya se ha echado atrás porque no se "remunera" la colaboración.
- Ya me lo imaginaba, no te preocupes, no he cambiado de opinión.
- Genial -sonreí, orgullosa de haber conseguido una persona más para el estudio-. Pues la semana que viene empezamos con las pruebas, ¿tienes hueco?
- Sí, supongo que alguno tendré pero, ¿qué horario hay? -me dijo, mientras me acercaba la taza de café terminada, facilitándome recogerla-.
- Gracias - le dije al coger la taza-. Ah, es verdad, en lo que respecta a horarios no te puedo decir nada porque me tiene que pasar mi encargado la hoja con las inscripciones para ver horas libres. Si no recuerdo mal, las horas son de dos a cuatro de la tarde, ambas inclusive, que es cuando estamos los voluntarios -me tomé un momento para pensar si Vincenzo me había dicho algo más al respecto que poder comentarle a Tom-. Bueno, mi compañero y yo estamos lunes, miércoles y viernes, y los otros chicos que están en el laboratorio, martes y jueves. Eso es todo lo que te puedo decir, porque no tengo más información, lo siento.
- No pasa nada, no creo que haya problema para encontrar alguna hora -me dijo, sonriendo-. ¿Te puedo dejar mi correo electrónico para que me contactes cuando dispongas de los horarios?
- Claro, sin problema, lo único que ahora no tengo aquí mi teléfono para apuntarlo, pero esto servirá -dije, mientras cogía una servilleta y un bolígrafo de los que tenía en el mandil-.
- Vaya, qué eficiente -me comentó Tom, con una sonrisa en el rostro-.
- Gajes del oficio, supongo.
- Suelo estar bastante atento al correo por cuestiones de trabajo, pero por si acaso me pasara desapercibido, te dejo mi número de teléfono personal -oh vaya, no me esperaba aquello, parecía que estaba ligando más que reclutando a un nuevo navegante a bordo del barco "Matrícula de honor en prácticas"-. Para cualquier cuestión puedes escribirme a ese número, o si quieres me puedes mandar directamente el horario cuando lo tengas ahí, dejo la decisión en tus manos -dijo, mientras me devolvía el bolígrafo y me alcanzaba la servilleta-. Espero no haberte molestado -comentó, mientras se levantaba del taburete-.
- Para nada, en lo poco que te conozco has sido educado, me has salvado de perder el trabajo y eres voluntario del estudio que hace el equipo de investigación en el que estoy de prácticas, mereces mi atención mucho más que otras personas a las que les dedico más tiempo -aquello hizo sonreír a Tom de una manera diferente a la que lo estaba haciendo-.
- Gracias -colocó de vuelta el taburete a su sitio-. Un placer.
- Igualmente -le sonreí, de vuelta-.
No había estado tan mal, había sido una conversación interesante. Vi cómo se alejaba para sentarte con su compañero de trabajo, y sentí algo de pena, la verdad es que la conversación había sido muy fluida y agradable, y sentirme cómoda con alguien hablando era algo bastante complicado, sobre todo en el último año, que me había cerrado totalmente a la gente, incluso a relaciones (si así se le podía llamar) esporádicas.
Al ver la servilleta no pude evitar sentirme extraña y sonreír. "Oh mierda" pensé, mientras intentaba digerir lo que estaba pasando. Ni que decir tiene que era un "no" rotundo para la parte irracional de mi ser que quería redirigir mi vida, ahora que había alcanzado un cierto nivel de estabilidad e incluso bienestar.

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