Atendí de la manera más eficiente que me fue posible, pero me halla ciertamente desconcentrada, había sido una mañana extraña, y estaba demasiado dispersa como para rendir como siempre lo hacía. De vez en cuando miraba a donde estaban sentados Tom y su compañero de trabajo, y me sentía mucho más incómoda y confusa. "¿Por qué me tenía que pasar esto a mí?" pensé, mientras se me venían a la cabeza algunas de las palabras que aquella mañana Carlos me había dicho. Tal vez si no hubiésemos tenido aquella conversación nada de esto estaría pasando, o tal vez sí, era tarde para plantear una hipótesis cuando ya había pasado todo.
Cabía la posibilidad de que aquel chico me hubiese llamado la atención, pero tenía por qué ir a más, podía pararlo, ya en el pasado me había colado por gente, y dada la multitud de malas experiencias había aprendido. No quería pasar por aquello de nuevo, y el chico solo estaba siendo amable, así que me tenía que mentalizar muy bien de ello. Sabía que podía controlarlo, no quería nada, y eso sería lo que sucedería.
Ni siquiera me di cuenta de que mi jefe había entrado a la cafetería, y era uno de los clientes que esperaba a ser atendido en la barra:
- ¿Señorita Evans? -me llamó la atención mi jefe-.
- Disculpe, no me encuentro muy bien y voy un poco más despacio de lo que debería -dije, excusándome por mi falta de profesionalidad-.
- No se preocupe, solo quería un café -me respondió, con cierto sosiego, lo cual era raro en él-.
- Está muy calmado, ¿va todo bien? -vi como mi jefe se reía por el comentario-.
- Por supuesto, he aprovechado para tomarme un café ahora que empieza la última sesión de la convención. Además, yo suelo estar siempre calmado.
- Claro, sobre todo cuando está recorriendo el vestíbulo y los pasillos de manera reiterada y obsesiva -me tomé la libertad de hacer aquel comentario, porque sabía que mi jefe me conocía y que yo a él en parte también-.
- Bueno, pero eso es solo en ocasiones muy limitadas...
- Claro, las mismas que yo suelo discutir con clientes -le respondí, mientras le servía el café-.
- Gracias Evans, siga trabajando, que ya le queda poco para descansar.
- No me queda más remedio si quiero cobrar este mes -mi jefe se rio, mientras yo me hallaba con cara de situación porque empezaba a sentirme incómoda-.
Vi como David se alejaba torpemente con su café, al menos sabía que si alguien me reemplazaba en mi puesto de camarera, no sería él.
La barra estaba muy tranquila, y aproveche para limpiarla, recoger platos, preparar café y organizar algunas cosas que había descolocado. Mientras me dedicaba a ello, vi a lo lejos que Tom y su compañero se había levantado, y tenía pinta de que se iban a marchar. Por el volumen de señores con traje que se había activado, supuse que estaba a punto de empezar la sesión de la que había hablado mi jefe.
Seguí con mi labor, no quería distraerme más con tonterías. Había tenido una mañana ajetreada, y por suerte la gran mayoría de clientes abandonaban la cafetería, lo que significaba calma, y sobre todo, suponía el cese de el murmullo que me había acompañado desde que la Convención comenzó. Me sobresalté cuando vi a una figura indeterminada acercarse:
- Perdona, no te quería asustar -me dijo Tom, con una sonrisa tímida en el rostro-.
- No te preocupes, es que estaba muy concentrada en limpiar -le sonreí, incómoda y aún con las pulsaciones elevadas por el sobresalto-.
- Solo quería darte las gracias de nuevo, ha sido un placer haberte conocido.
- Oh, gracias, igualmente -le sonreí-. Por cierto, en cuanto llegue a casa hablaré con mi jefe del laboratorio, y con lo que él me diga te comentaré.
- No tengas prisa, tranquila, cuando puedas -me respondió sonriendo, amablemente-. Adiós, que se pase el turno rápido y tengas un buen día -dijo, mientras agitaba la mano en señal de despedida, y su amigo le imito-.
- Gracias, espero que os vaya bien en el cierre de la Convención. Adiós, chicos -les hice un gesto de despedida con la mano, sintiendo cierta tristeza-.
La verdad es que había sido agradable haber conocido a alguien con quien me podría llevar bien. Tom parecía buena persona, aunque apenas le conocía como para poder dar un veredicto al respecto. Físicamente tenía unas facciones llamativas: ojos azules cristalinos, pelo rizado rubio que le crecía ligeramente por la altura de las orejas, pómulos marcados, sonrisa amplia... Era un tipo sin lugar a dudas atractivo, pero dejando aquello de lado y lo encantador que era, si conseguía liberarme del ligero sentimiento de atracción que sentís por él podría intentar relacionarme más con él.
La idea me hizo esbozar una amplia sonrisa en mi rostro. Hacía un par de años que me había cerrado totalmente a socializar, y Carlos tenía razón en lo que respectaba a enfrentar mis miedos. En aquel momento tenía una buena oportunidad para trabajar en ello, y de paso también podría hacer un nuevo amigo si todo iba bien.
Pasé el resto del turno pensando en qué haría en cuanto llegara a casa. Tenía que aprovechar muy bien el tiempo para poder plantear el trabajo que urgentemente tenía que empezar y así coger el ritmo adecuado lo antes posible. Hasta el momento había conseguido compaginar trabajo y estudios, aunque había sido una tarea ardua y estresante, pero este año me estaba resultando especialmente complicado, saltaba a la vista.
Cuando vi a mi compañera, que estaba ya lista para relevarme en mi puesto, recogí mis cosas y fui a cambiarme al vestuario de empleados. Salí rápidamente, y regresé a casa, esperando poder aprovechar el tiempo todo lo que había planeado.
En media hora escasa ya había llegado al piso, y comprobé si Carlos había llegado. Normalmente él salía más tarde que yo porque su horario era diferente, pero en alguna ocasión ha tenido turno partido y volvía a casa para comer. Dado que no recordaba su turno, me cercioré de si estaba o no, y al comprobar que estaba sola, me dispuse a prepararme la comida.
Pensé en preparar una ensalada de pasta fría rápida, pero justo recordé que tenía que hablar con Vincenzo para preguntarle sobre los horarios y poder así responder a Tom. Antes de llamar, saqué de mi bolsillo la servilleta con el número de Tom, cuidadosamente doblada para no deteriorarlo y que fuese legible. Introduje su teléfono, revisando número por número para no equivocarme, y al guardarlo en la agenda, mi corazón empezó a latirme más rápido. A pesar de todo, podía ser falso, o simplemente yo haberlo copiado mal, o él, y así toda esta historia terminaría de manera instantánea. "Tal vez era lo mejor", pensé, pero me deshice tan rápido como pude de ese pensamiento, no podía dar la espalda a mis problemas y huir, tenía que ser valiente y enfrentarlos.
Para no pillar por sorpresa a Tom, le mandé un mensaje de texto. Me llevó casi diez minutos decidir qué poner y cómo ponerlo, si ya era mala comunicándome en persona, a través de una pantalla me costaba más, porque la poca expresividad e individualidad del mensaje se diluía y todo quedaba mucho más frío y formal, o al menos eso me parecía a mí. Le puse "Hola Tom, soy Katherine, la camarera del hotel. Este es mi número, y en cuanto tenga información sobre los horarios te escribiré al correo y/o llamaré, según lo que mejor te venga. Saludos". El resultado final tampoco me convenció demasiado, pero al ver la hora que era y que aún ni me había hecho la comida, no quise dedicarle más tiempo.
Me preparé la ensalada con lo que había abierto en la nevera que se echaría pronto a perder, y pasta pasada que había hecho un par de días antes y que había sobrado. Estaba atenta al móvil para comprobar si Tom había respondido al mensaje, pero no había señales de ello.
Mientras estaba comiendo, llamé a Vincenzo a su número personal, el cual sabía que cogería, y así fue. Le comenté que había un chico interesado en participar en el estudio como parte de la muestra, lo cual le sorprendió y alegro a partes iguales. Por lo visto solo contábamos con 10 personas, y necesitábamos a 10 más, aunque lo bueno es que aún había muchos huecos disponibles en el horario de las pruebas, y probablemente Tom no tendría problema en encontrar un hueco que le conviniera.
A los diez minutos terminé la conversación con Vincenzo, y ya había apuntado en un papel la disponibilidad, la cual pasaría a transcribir a Tom en cuanto me respondiese. No quería llamar a un extraño, aunque tenía también su correo electrónico y podía mandárselo al mismo, pero prefería cerciorarme de qué era lo que él prefería para así facilitarle las cosas; no obstante, me resultaba incómodo, aunque me había sentido cómoda previamente hablando con él, y en el fondo sabía que no me resultaría complicado.
Cuando terminé de comer decidí ponerme a revisar la información y empezar a organizar el trabajo, aprovechando así al máximo el tiempo del que disponía. Comprobé que el volumen de mi móvil estaba al máximo por si respondía Tom, para darle cuanto antes la información que me había pedido.
Pasaron un par de horas cuando el ruido de la puerta de casa me sobresaltó. Al ver la hora, supuse que se trataba de Carlos, y me aseguré de que fuese él y no un ladrón y/o asesino que se había pasado por casa a saludar:
- Carlos, ¿eres tú? -le pregunté a pleno pulmón, mientras me levantaba y salía de mi habitación-.
- No, soy el gemelo malvado de Carlos, que viene a descuartizarte como venganza por no lavar los platos -me dijo Carlos son sorna, mientras me saludaba con la cabeza-. ¿En serio crees que si alguna vez la persona que entra no soy yo te va a decir "No, soy un criminal, al tal Carlos no le conozco"?
- Has venido hoy gracioso, ¿no? -le respondí, siendo que aquel tipo de comentarios era más típico de mí que de él-.
- Perdona, yo soy el alma de la fiesta siempre y lo sabes -comentó, mientras se quitaba la chaqueta y dejaba su mochila del trabajo a un lado-. Bueno, ¿qué tal? -me preguntó, con cierto aire de misterio y sonriendo-.
- Pues bien, como siempre, ha habido más lío que de costumbre, pero nada destacable -al ver que parecía que no había respondido a su pregunta y esperaba algo más, intenté esquivar el tema que él quería-. Eh... ¿y tú?
- Bien, pero eso no es lo que yo quería saber. Bueno, que me alegro de que hayas tenido un día normal y eso, pero creo que ibas hoy con otro propósito al trabajo adicional.
- Ah, sí, me he disculpado con ese chico...
- ESE CHICO -dijo Carlos, riéndose y poniendo las manos sobre el rostro-. A Kat le gusta Tom, a Kat le gusta Tom -empezó a canturrear alegremente hasta que le di un codazo-. ¡Eh!
- Es que no tiene mayor importancia. ¿Es majo, me cae bien, es agradable? Sí, pero no me gusta, yo solo quería ser amable y educada porque él ya lo había sido antes conmigo, y se lo debía.
- Lo primero de todo, el que se pica, ajos come; y en segundo lugar, no es nada... -en aquel momento escuché que me había llegado un mensaje, y fui corriendo a la habitación a comprobarlo-. Vaya, ya hasta mi mejor amiga me deja de lado.
- Perdona, es que estoy con un asunto... -le respondí, no queriendo dar más información porque sabía que entonces Carlos tendría todos los motivos que necesitaba para pensar que me gustaba Tom a pesar de que no era así-. Ya, voy, un segundo.
Revolví la mesa en la que había estado haciendo el trabajo en busca del móvil, y conseguí dar con el teléfono, pero el mensaje resultó ser de Vincenzo, preguntándome si sabía algo del participante nuevo o no. Decidí no contestar por el momento, ya que no sabía nada, y prefería responder con información útil. Me sentí decepcionada, aunque en todo momento había barajado la posibilidad de que Tom no me respondiese, y tal vez me dijo lo de participar para quedar bien, pero no era su intención, así como ni siquiera molestarse en contestar. Volví al salón, decepcionada pero no sorprendida, para terminar de escuchar a Carlos, que se había servido lo restante de la ensalada de pasta:
- ¿Ha pasado algo? -me preguntó Carlos, preocupado-.
- No, ¿por?
- No tienes la misma cara que cuando te has ido, pero supongo que serán imaginaciones mías.
- Como lo que estabas hablando antes -le dije, sonriendo y levantando las cejas-.
- Está bien, no trataremos más el asunto. Pero lo que quería antes de que te fueras, es que si te gustase -estuve a punto de intervenir, pero Carlos me hizo un gesto-, sí, ya, que no es el caso, pero si lo fuese, yo te apoyaría al cien por ciento con ello. No es nada malo que te guste alguien, aunque sea que te llame un poco la atención.
- Ya lo sé Carlos, gracias -le sonreí-. Lo mismo te digo, sabes que puedes contar conmigo -le dije, mientras me daba la vuelta para volver a mi habitación y seguir con el trabajo-.
- ¡Pues ahora que lo dices! -me dijo, mientras me volteaba de nuevo-. Bueno, si tienes prisa no te preocupes, lo podemos comentar luego.
- No te preocupes, tú cuenta, igual me das alguna idea para el trabajo -se rio-.
- Ya sabes que la semana trasladaron de tienda a Tiffany porque se había mudado y su puesto de maquilladora estaba vacante, ¿no? -la verdad es que no lo recordaba, ni siquiera sabía quién era esa tal Tiffany, pero asentí porque sabía que no sería relevante para la historia que él me contaría-. Pues hoy han incorporado a la plantilla al nuevo maquillador, y es un dios griego, te lo juro -me reí al ver gesticular tan exageradamente a Carlos-. El caso es que nos hemos mirado un par de veces y nos hemos saludado, pero como ha habido bastante clientela hoy en la tienda, pues no nos ha dado tiempo a más, pero había pensado en decirle de quedar y tomar algo juntos.
- Madre mía, eres un ave rapaz, alerta siempre, esperando a la presa para lanzarse sobre ella sin que la misma se dé cuenta -nos reímos-.
- Kat eres una exagerada, yo no soy así, soy un romántico y por eso quiero conocerle antes de tener sexo salvaje con él -nos reímos de nuevo-. Es broma, eh, que ya te veo usando esto en mi contra en algún momento determinado.
- Jajajaja, ya imagino. Pues oye, yo te animo a conocerle, pero cuidado y no deposites demasiado confianza a la primera de cambio, que ya sabes que no suele ser nada bueno darle tanto poder a una persona que no conoces.
- Ya -suspiró, cansado de oír siempre el mismo consejo-. Pero tampoco puedo ir rehuyendo y renegando de la gente.
- Recuerda que tu último "novio" te puso los cuernos a la primera de cambio y tú estabas perdidamente enamorado -al decir aquello, vi como la expresión de Carlos cambiaba totalmente, y me sentí muy mal por ello-. Lo siento, no quería sacar eso, pero lo que quería decir es que tú eres muy romántico y te esmeras y te implicas mucho en las relaciones, vuelcas el cien por cien de ti mismo, y cuando la otra parte no está dispuesta a hacerlo siempre vas a acabar tú damnificado.
- Puedes creerme que lo sé, porque yo he sido ahí el que salió dañado, y luego el puto que me engañó -recordé que tanto Carlos como su ex acabaron en comisaría porque tuvieron una pelea bastante importante-.
- Lo digo por tu bien, a veces es mejor parar las cosas antes de que empiecen y evitar la condena que supondrá esa relación o intento de relación.
- Eso es lo que llevas haciendo tú un año, y no veo que funcione -me dijo Carlos, retomando el mismo tema de siempre-. Huir no es la solución, y lo sabes, y que hayas renegado de la gente tanto no significa que no sientas. Es doloroso que te rompan el corazón, y por desgracia tú has tenido de las peores suertes con los intentos de relación que has tenido, pero eso no significa que no vaya a llegar un día en el que esa "condena" se termine y encuentres algo que merezca la pena. Sentir a veces duele, pero es una gozada sentir mientras tanto.
- Sabes que no estoy de acuerdo, y desde que me he cerrado por completo anímicamente estoy mejor. Necesitaba tiempo para mí, bien lo sabes, y si me refuerzo y me doy todos esos cuidados que considero necesitar tal vez algún día decida que puedo volver a ser quien una vez fui, pero ahora mismo no.
- Eres como hablar con la pared -dijo Carlos, mientras suspiraba-. Mira, no quiero que acabemos enfadados, porque es casi rutina ya cuando hablamos de ello, pero de verdad Kat, eres una persona increíble y no puedo estar más de acuerdo contigo en el hecho de dedicarte tiempo, pero que lo hagas no significa que te niegues a hablar con la gente. No hablo de relaciones, una persona no necesita tener pareja para ser feliz, pero me refiero a que el propio hecho de conocer gente es algo que te va a aportar mucho y te va a ayudar a desarrollar estrategias para usar contigo misma.
- Puede ser que tengas razón -le respondí, estando totalmente de acuerdo en lo que decía, aunque no lo quería reconocer del todo-.
- Para mí ese es el mayor reconocimiento que puedo obtener de ti, Sargento -se rio, y le volví a dar un codazo-. Se está convirtiendo en costumbre esto de que me pegues, me das miedo -dijo, mientras se seguía riendo-.
- Eso te enseñará a qué no decir la próxima vez -me reí, al final siempre acabábamos igual, y era genial poder hablar de todo y no terminar odiándonos a muerte-. Bueno, voy a volver a hacer el trabajo, si quieres algo estoy en la habitación -le dije, mientras me giraba para volver a mi habitación-.
- Vale, yo me voy a la mía a cambiarme, me ducharé y ordenaré el cuarto -respondió, mientras se levantaba y llevaba el plato al fregadero para lavarlo-. Una cosa más -me volteé, de nuevo-. ¿Te has mirado al espejo? -me quedé extrañada al escuchar su pregunta, y tardé en caer por qué lo decía-.
Fui corriendo al baño, y casi me caigo de espanto al ver cómo estaba mi cara. Me había olvidado de quitarme el maquillaje, y todo se había movido, por no hablar de la mezcla que se había hecho con el pintalabios que quedaba y algo de pasta de dientes. Me sentí totalmente avergonzada por el descuido, y más al pensar que tal vez había estado así en el hotel, parecía la hermana gemela de la versión cutre y barata del Joker en su peor momento. Carlos se acercó a mí por detrás, riéndose:
- No pasa nada, mucha gente se olvida de que lleva maquillaje porque con las horas se acostumbran, incluso yo mismo alguna vez al volver de trabajar me he olvidado de quitármelo y he dejado mi almohada que parecía que dos conguitos habían tenido relaciones en mi cama -al oír aquello, me reí-.
- ¿Crees que he ido así todo el rato?
- Permíteme que lo dude, he usado mi mejor fijador de maquillaje -me respondió con total seguridad-.
- Mi jefe se habría horrorizado, o a lo mejor pensaba que era un día temático y que me había maquillado para la ocasión -nos reímos-.
Me desmaquillé con un bifásico que Carlos me dejó bastante cómodo, y sentí la piel reconfortada de nuevo cuando me terminé de quitar el cemento armado que llevaba por toda la cara. Ya era hora de volver a mi habitación, y antes de ponerme de nuevo con el trabajo, comprobé si había respondido Tom. "¿Qué te esperabas" dijo mi lado más negativo y tóxico, y era cierto. Me sentí muy decepcionada, el error había sido mío por haber pensado mínimamente que podría confiar en alguien de nuevo.
No tardó en llegar la noche, y a pesar de ello, decidí seguir con el trabajo, porque me quedaba poco para acabar una parte, y así habría adelantado mucho de lo que tenía por hacer y podría descansar lo que quedaba de sábado. Esta vez ni me molesté en mirar el teléfono, pero justo escuché como el fijo de casa sonaba.

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