lunes, 10 de agosto de 2020

Navras - Capítulo 6



Seguí con el trabajo a pesar de la interrupción, me había prometido terminar aquello y así lo haría. No obstante, a los dos minutos aproximadamente Carlos me llamó desde el salón, y me levanté, extrañada.

Estaba en el salón, aún al teléfono, y esperando a que yo atendiese a la llamada, que por las voces que había escuchado antes ya había él atendido previamente. Cogí el teléfono con cuidado, y respondí, sin saber quién sería, aunque algo dentro de mi yo más interno sabía que esperaba a alguien en concreto:

- ¿Quién es? -pregunté-.

- Hola Katherine, soy Vincenzo -suspiré, decepcionada-. Solo quería llamarte para preguntarte por el sujeto que me habías dicho que estaba interesado en participar en el estudio.

- Oh, no sé nada todavía... -le respondí, viendo cómo me miraba de reojo Carlos, sonriendo-.

- Ah vale, no pasa nada, era porque mañana no iba a estar disponible y por si acaso lo sabías, pero sino mándamelo por correo cuando lo sepas o llámame el lunes y lo apunto.

- Claro, cuenta con ello -le dije, intentando mantenerme neutral y no comentando nada sobre mi opinión al respecto-. 

- Disculpa por llamar a estas horas, pero te había mandado un mensaje antes y no me respondiste, y quería salir de dudas.

- No pasa nada, vi el mensaje, pero estaba haciendo el trabajo para una asignatura y se me pasó por completo responderte, la culpa es mía -comenté, sintiéndome tremendamente mal por haber dejado de lado mis obligaciones por un atisbo de sentimentalismo-. 

- Sin problema Katherine -hizo una breve pausa-. Nos vemos el lunes, no te molesto más. 

- Hasta el lunes -dije, mientras colgaba el teléfono-.

Respiré profundamente, porque no sabía si Vincenzo le había comentado la situación a Carlos, pero por las caras que había estado poniendo durante el breve período que había hablado con Vincenzo, me imaginaba que sí. Me di la vuelta para irme a mi habitación y al menos terminar o que me había propuesto antes de que Carlos empezara con el drama, pero no me dio tiempo ni a dar un paso más:

- En anteriores entregas de "Kat intenta no mostrar sentimientos pero no puede y es normal, aunque miente a su mejor amigo para no reconocerlo" llega: "Me he disculpado con ese chico y ya".

- No te he mentido, ¡y no tiene mayor importancia!

- Te he dicho que no hay nada de malo si alguien te gustaba o te llamaba la atención, y creo que ya has demostrado más que de sobra que al menos tu caso es el segundo de los que he mencionado. Me has dicho antes que estás de acuerdo, pero sin embargo has mentido -quería decir algo, pero no sabía el qué, la realidad era tal cual él la estaba expresando, me sentía avergonzada y ridícula a partes iguales-. ¿Me mofaría de ti en caso de que Tom te guste? Obviamente no, nunca me he reído de ninguna cuestión así, y menos en relación contigo, conociéndote desde que tengo uso de la razón -vi que se sentó en el sillón, y me hizo un gesto para unirme a él, pero me quise mantener en mi sitio, ni siquiera me quería mover-. ¿Tan terrible es para ti todo esto?

- No quiero reconocer nada porque si lo hago se hará realidad y... -dije, intentando justificar lo injustificable-.

- Basta de huir, es que estamos constantemente hablando de lo mismo, y yo personalmente me canso -la mirada que me dedicó dolió más que cualquier decepción personal pasada-. Te quiero demasiado como para dejar que te hagas esto a ti misma.

- ¿Pero no entiendes que si yo actúo así es por algo?

- Sé que tienes una historia muy dura y muchas cargas en tu espalda. Sé lo del maltrato, la cárcel, los tíos que te han usado, el chantaje emocional, las amenazas... Ha sido tan duro que soy incapaz de ponerme en tu piel y sentir el dolor que sientes, porque desde pequeña has tenido mala suerte en ese aspecto; pero has sido una mujer fuerte, has sabido siempre seguir adelante, ver el sentido a las cosas y encontrar algo que te motive a continuar luchando.

- No siempre he luchado y lo sabes...

- Ya, pero nadie dijo que el camino fuese fácil, y no importa lo que pasó, porque el pasado es algo que no se puede cambiar, lo que importa es el presente, que es lo que está pasando ahora, y el futuro, que es lo que tú puedes elegir y cambiar -sus palabras eran extremadamente acertadas, Carlos sería un gran psicólogo con el manejo terminológico que tenía-. Tienes muchos traumas que te hacen daño, y en vez de solventarlos, como haces con tus trabajos, los cuales haces lo antes posible para no tener esa carga, simplemente lo pospones o lo ocultas debajo de la alfombra. Pero llega un momento en el que esa alfombra no puede guardar más mierda, y sale. Todo acaba saliendo,

- Lo sé -dije, intentando no llorar-. Pero no quiero sufrir más, estoy cansada. Eres la única persona que conozco que me ha tratado bien, la única que he sentido que me ha valorado y querido, y todas las demás personas me han demostrado que no estaban dispuestas a ofrecerme un trato mínimamente aceptable.

- Has tenido mala suerte, Kat, y lo lamento muchísimo, porque eres una persona maravillosa que no se merece menos que lo mejor en este mundo -me senté a su lado, y me dio un abrazo-. El problema es que si te cierras totalmente a la gente, no vas a ampliar tu círculo de amigos, y ya sabes que llevo muchos años haciendo hincapié en que ser desconfiada no tiene por qué ir de la mano con ser asocial.

- Durante una temporada solo fui desconfiada, y fue cuando más daño me hicieron las relaciones sociales no obstante...

- Repito, fue muy mala suerte, pero lo normal no es que todas las personas que conozcas sean unas absolutas interesadas. Quiero dejarte claro, y creo que es algo que debes saber más que de sobra, aunque no lo digamos en alto, que lo que te ha sucedido a ti con tu familia y amigos no es lo normal, no es aceptable, ni justo. En ningún momento he querido desvirtuar de valor esas situaciones que has vivido, pero necesitas cambiar, porque de todas las personas, de todas ellas que te han hecho daño, tú eres tu principal enemigo. 

- ¿Y qué si cambio mi forma de ser? ¿Va a ser la gente justa conmigo? ¿Voy a poder confiar mínimamente en alguien?

- No digo que cambies por los demás, sino por ti. Vives para y por los estudios y el trabajo, pero la faceta social es algo intrínseca del ser humano, o al menos de un gran porcentaje, y sé, porque te conozco, que tú eras muy sociable, siempre te ha gustado hablar con la gente e interactuar con los demás -hizo una breve pausa para aclararse la garganta-. ¿Recuerdas cuando en el colegio, con 6 años más o menos, nos mandaron hacer grupos para cantar villancicos, y tú conseguiste poner de acuerdo a toda la clase y al final salió una única canción? -sonreí ante aquel recuerdo, era algo que hasta el momento no había recuperado-. Y ese es un ejemplo absurdo, pero tú has sido siempre muy proactiva a hablar con la gente ya a conocerla, eres una persona muy curiosa, y esa parte tuya jamás va a abandonarte.

- Tal vez ya la he dejado atrás -dije, recuperando mi expresión sombría previa-.

- No, te lo puedo garantizar. Tú quieres creer que ya no eres así para protegerte, pero lo único que haces es engañarte, y no ser quien de verdad eres -Carlos me cogió de las manos, y me miró muy serio-. Has sido y eres muy fuerte por haber pasado todo el daño que te han hecho los demás pero, por favor, sé fuerte todavía y perdónate a ti misma, que eres la que más lo merece ante todo.

- Te doy mi palabra de que no lo voy a intentar, lo voy a conseguir -dije entre lágrimas, porque me costaba simplemente el hecho de ver cómo lo haría-.

- Así me gusta -me abrazó-. Ya sabes que voy a estar a tu lado pase lo que pase, y necesites lo que necesites.

- Muchas gracias -le di un abrazo de vuelta-. Siento estar siempre con lo mismo.

- No quiero que lo sientas, quiero que lo cambies -me dijo, firmemente-. A ver. ¿cuál es el problema entonces?

- ¿Seguimos hablando del mismo tema?

- Claro, lo que quiero saber es qué es lo que hay que cambiar, porque el primer paso es reconocer el problema.

- Muy bien, eh... -pensé qué decir y cómo hacerlo, ya que no quería que todo aquello quedara en vano- soy una persona que huye de los problemas, y como mucha gente me ha hecho daño, desde hace casi un año he dejado de mantener relaciones sociales, y he rehuido de eventos que requirieran un mínimo de interacción social. Así lo que he conseguido ha sido reforzar comportamientos más tóxicos para conmigo misma, y crear una situación mucho más dañina e insostenible. No puedo seguir siendo así, no quiero tener miedo a hablar con la gente, y quiero poder confiar en alguien más que en ti.

- Oh vaya, te has esmerado en la respuesta, ¡así me gusta! -exclamó Carlos, animado-. Bueno, vamos a dejarnos de drama y ahora quiero que me hables de lo que ya sabes que quiero -añadió, poniendo un gesto pícaro en su rostro-.

- Supongo que Vincenzo te ha contado ya lo de Tom, ¿no? -asintió, sin retirar de su rostro su sagaz expresión-. Sabes más o menos el groso de lo que ha pasado entonces, pero te lo contaré todo, porque eso es lo que buscas -asintió, nuevamente, sin querer interrumpirme-. Pues llegué al hotel, y justo le vi en la puerta de la cafetería, así que me acerqué y hablé con él, pidiéndole disculpas ante todo. Fue muy agradable y muy educado, pero cuando me tenía que ir me dijo que quería comentarme algo, y cuando todo estuvo tranquilo en la barra, me dijo que había visto el cartel del estudio, y que quería participar. 

- ¡Por favor qué bien me cae este chico! -dijo Carlos, con tanto énfasis que me asustó-. Uy perdón, continúa.

- No hay mucho más que decir. Me dejó su corre y su número de t...

- ¡¡SU NÚMERO!! -su boca se abrió tanto que prácticamente le podía ver el estómago desde mi sitio-. Qué fuerte, qué indirecta tan directa.

- No, no es una indirecta, además, ni siquiera me ha respondido... -dije, recordando por un segundo aquel hecho y cambiando mi expresión-. A ver, él me dio sus datos de contacto porque yo le dije que le pasaría el horario, nada más. Fue educado y amigable, no coqueteó conmigo en ningún momento, aunque me dio la sensación de que su amigo al saludarle sí lo hizo.

- Bueno, pero esto es bueno, o al menos eso creo yo. Me explico, quiero decir que el hecho de que él se haya acercado y haya mostrado interés es algo bueno a tener en cuenta, y va a participar en un estudio en el que prácticamente no se da ni las gracias a los voluntarios, así que yo creo que al menos le has caído bien-

- Pues no entiendo cómo, si nuestra primera toma de contacto consistió en él siendo super educado y correcto, y yo una borde de tres pares de cojones -dije, con sorna-.

- A ver, no seas tan dramática. Lo que quiero decir es que tienes una buena oportunidad para abrirte más y ser más sociable.

- Ya, eso lo había pensado yo también, aunque no sé... Ni siquiera me ha respondido al mensaje.

- Por favor, un mensaje es solo un mensaje, se le puede haber pasado, como a ti el de Vincenzo, o no haberlo visto, o haberse quedado sin batería... No puedes ponerte en lo peor siempre, es parte de tu proceso de cambio.

- Sí, es algo en lo que tengo que trabajar también. Necesito mucha introspección y mucho "trabajo de campo" -Carlos se rio-. ¿Qué?

- Me ha gustado como lo has expresado, no lo habría definido mejor -sonrió-. Bueno hermana, entonces vamos a trabajar duro en ti, ¿no?

- Eso ha sonado muy lascivo, Carlos.

- Vaya, al parecer todo lo que sale de mi boca es lascivo -nos reímos-. ¿Qué piensas de Tom entonces?

- Pues...es una persona amable, agradable, educada y parece encantador, así que me gustaría conocerle un poco más, si él quisiera. 

- O sea, que te llama la atención -afirmó Carlos, levantando las cejas-.

- Sí, me llama la atención, lo reconozco, siento en su totalidad las palabras que digo.

- ¡Aleluya! Solo me ha costado veinticuatro horas y varias discusiones que reconozcas que una persona ha logrado despertadas de nuevo esa curiosidad social que una vez tuviste y te da miedo sacar de nuevo porque no quieres que te hagan daño. ¿Ves? Ya vas progresando, y tan solo llevas cinco minutos, imagina en un mes, y en un año.

- Creo que puede estar bien -le respondí, sonriendo-. 

Hice un acuerdo con Carlos sobre los aspectos en los que debería trabajar, y él en todo momento se prestó a darme toda la ayuda que necesitase para ello. Aunque se había hecho tarde, y quería cenar, volví a la habitación para terminar el apartado del trabajo que tenía pendiente, y después fui prácticamente arrastrada a la mesa por Carlos para cenar. 

Había sido un día duro, pero podía relajarme, y contaba con que el domingo no tenía que madrugar, aunque trabajaba por la tarde-noche repartiendo pizzas, así que no era libre del todo. Estuve un rato hablando con Carlos en el salón y vimos Spiderman, ambos éramos grandes fanáticos, incluso yo coleccionaba los cómics. Cuando terminó nos fuimos directamente a dormir, era tarde, y aunque no fuese a madrugar, quería aprovechar la mañana del día siguiente, y Carlos además tenía que trabajar. 

Antes de irme a dormir miré el teléfono por última vez, y seguía sin saber nada de Tom, Dejé de lado los pensamientos negativos que se me vinieron a la mente, y me centré en que mañana sería otro día y lo que tuviera que pasar pasaría, fuese bueno o malo. Apagué el teléfono, y me acosté, teniendo algunos problemas para conciliar el sueño, pero finalmente consiguiéndolo. 

Me desperté de golpe, había tenido una pesadilla y tenía el pulso muy acelerado. Me asombraba la forma de operar de los sueños, y como en muchas ocasiones nos despertamos a causa de los mismos sin saber qué es exactamente lo que ha pasado. Estuve un rato tumbada con los ojos cerrados para ver si podía coger el sueño otra vez, pero me fue imposible. Pasé la mayor parte de ese tiempo intentando recordar el sueño, sabiendo prácticamente con seguridad que no lo lograría. Me levanté de la cama, la hice, y me puse la ropa de deporte, aprovecharía que era pronto para salir a correr y así despejaría mi mente un poco. 

Salí sin dudarlo dos veces, porque era consciente de que si esperaba mucho más cambiaría de idea y al final no haría nada. Justo cuando me iba escuché el despertador de Carlos, así que me apresuré a salir para no ponerme a hablar con él, porque si empezábamos a charlar no sabía cuándo acabaríamos.

Hacía un día lluvioso, de hecho, me cayeron algunas gotas, aunque teniendo en cuenta que se trataba solo de agua, no merecía la pena dar la vuelta a casa. Las calles estaban prácticamente vacías, se veía a algunas personas yendo al trabajo, y sobre todo a muchachos que habían salido de fiesta y parecían aún seguir, pero era una proporción muy baja en relación con la cantidad de gente que había, lo cual era normal dadas las horas. Me vino genial haber salido a hacer deporte, fui capaz de centrar mi mente en cómo organizaría mi día, y no me asaltaron pensamientos negativos de por medio. 

Entré en casa, habría estado fuera como una hora, y no escuché ni vi señales de que Carlos siguiera en casa, así que no dije nada, me limité a ir a mi cuarto para coger la ropa y ducharme, no sabía si estaba mojada por la lluvia o por el sudor, pero era muy desagradable, y siempre era de agradecer una ducha tras haber hecho ejercicio. 

Me dediqué tiempo y me relajé bastante, salí de la ducha con una paz tanto física como mental que hacía tiempo no experimentaba. Había acumulado demasiado estrés, y realmente no me había sucedido nada como para estar mal, pero yo misma me había creado esos escenarios y el malestar que sentía. 

Cuando salía del baño y fui a llevar la ropa a la lavadora, vi que encima de la secadora estaba el uniforme de trabajo de Carlos. "Se lo ha dejado", pensé, y al ver la hora supuse que era muy probable que aún no hubiese cogido el autobús, así que fui a llamarle para avisarle de que diera la vuelta lo antes posible y así no llegara tarde al trabajo. Si no me respondía o ya había cogido el autobús iría yo a llevárselo, pero si podía evitar perder tanto tiempo, lo haría. 

Entré en la habitación torpemente, esquivando mis zapatillas, que las había dejado en medio. Cogí el teléfono, y me dispuse a marcar, pero estaba apagado. "Pues claro idiota, lo apagas siempre, ¿qué esperabas, que se encendiese solo?" me dije, mientras encendía a toda prisa el móvil, y con él en la mano, fui a la secadora a doblar el uniforme para meterlo en una bolsa y que Carlos lo pudiera recoger rápido. 

Cuando se encendió el teléfono, olvidé a los pocos segundos todo el asunto del uniforme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario