- Oh, hola -saludé a Tom sorprendida, iba a matar a Carlos en cuanto saliese de allí, lo tenía claro-.
- Vaya, hola -respondió, con una amplia sonrisa en el rostro, y se acercó para darme la mano-. Me alegro de volver a verte.
- Igualmente -le sonreí-. Creo que eres la persona con la que más veces me he encontrado de casualidad nunca -se rio-.
- Desde luego, creo que puedo decir lo mismo -nos reímos, y Tom se hizo a un lado, estando aún de pie-.
- Bien, parece que te voy a tener que estar evaluando yo -comenté, sin saber muy bien qué decir, estaba completamente bloqueada y nerviosa-.
- Perfecto -respondió-.
Me acerqué a la mesa para dejar mis cosas, aun no pudiendo creer la encerrona que Carlos había preparado, aunque no podía negar que estaba contenta, me alegraba mucho de volver a ver a Tom, y si le tenía que evaluar, significaba que iba a tener unas cuatro sesiones para poder conocerle más.
Estaba tan distraída y absorta en mis pensamientos que al dejar los papeles en la mesa calculé mal la distancia y los tiré al suelo. Sentí como el color subía a mis mejillas, y me apresuré a recoger lo que había tirado. El hecho de que Tom se acercase y me ayudase a recoger no me hizo sino tener más vergüenza:
- Supero las leyes físicas de la torpeza -dije, intentando excusarme por mi estupidez mientras terminábamos de recoger los papeles-.
- Puede pasarle a cualquiera -respondió Tom, mientras me daba los últimos folios-.
- Gracias -le dije, mientras dejaba la carpeta, ya con más cuidado, sobre la mesa-.
- No hay de qué -contestó-.
- Puedes tomar asiento -le dije, intentando recobrar la compostura y la profesionalidad, y de inmediato se sentó en la silla que estaba en frente de la mía, al otro lado de la mesa-. Lo primero que te voy a pedir es que respondas a unas preguntas, después te voy a pasar un test, te pongo unos medidores, y luego te paso otro test. Ya por último, unas preguntas más y eso sería todo.
- Me parece justo -dijo asintiendo-.
- Puede parecer mucho, pero se pasa rápido, lo que más tiempo lleva es poner las máquinas y ver que estén bien calibradas, pero eso además no depende de ti.
- Estoy tranquilo, no te preocupes -sonrió-.
- Estupendo -me senté, y saqué la hoja de instrucciones, aunque la iba a usar más como respaldo, ya que recordaba del lunes lo que había que hacer-. ¿Te parece que empecemos ya? -dije, mirando el reloj-.
- Por supuesto.
- Bien -hice una breve pausa, intentando crear un ambiente relajado, a pesar de que por dentro estaba de cualquier manera menos relajada-. Igual esta pregunta te suena rara, pero recuerda que no es a nivel personal, que eso puede dar más mal rollo -se rio de una manera encantadora, lo cual me hizo ser consciente del latido de mi corazón, y de que estaba transpirando-.
- Tranquila, trabajando en el despacho en el que trabajo me han hecho preguntas que jamás te creerías, y ya no solo clientes, compañeros -nos reímos-.
- Ya, si la gente que pide pizza y que va a hoteles tampoco es que vaya por un camino distinto. En el hotel, un día, cuando estaba preparando un té para una clienta, me preguntó si creía que si había probado alguna vez a echar sangre o pelos en la bebida para darle un toque diferente -al escuchar aquello, Tom se empezó a reír de una manera muy cómica, y me contagio la risa-. Le serví el té, que ya lo había abonado, y me fui a hablar con mi jefe porque me preocupaba que hubiese estado haciendo de esos experimentos en el hotel.
- Menuda situación -dijo Tom, cesando la risa, pero manteniendo la sonrisa-. A mí hace poco me dijo mi compañero de despacho, Tony -hizo una pausa-, creo que le conoces, porque vino a la sesión que se celebró en el hotel de juristas hace cosa de un mes -asentí, recordando vagamente a su acompañante-. Pues ese tipo me comentó que había estado tramando el crimen perfecto por si un día se aburría de la vida "normal" y me preguntó que, si en caso de que le pillasen, sería su abogado -me quedé sorprendida al escuchar aquello, y me reí-.
- Se agradece ver que hay gente en el mundo que está loca, así no nos falta trabajo.
- Desde luego -añadió Tom-.
- Bueno, vamos a seguir con la sesión, o más bien a empezar -nos reímos-. ¿Cómo te has sentido hoy al levantarte? -al escuchar la pregunta, Tom suspiró y se quedó pensativo-.
- Normal, ni bien ni mal, no puedo destacar nada en especial.
- ¿Ayer cuando te fuiste a dormir te sentías igual?
- No, ayer me fui a dormir algo intranquilo por algunas cuestiones.
- ¿Has soñado con algo? Si es así, ¿puedes decir cómo te has sentido?
- No, creo que no he soñado con nada -respondió, sonriendo de una forma adorable, y me distraje-. ¿Alguna pregunta más?
- Ah, sí, perdona, que estaba a pensando -noté como mi temperatura corporal subía exponencialmente, y antes de bloquearme, continué con las preguntas para relajarme-. ¿Cómo te sientes ahora mismo?
- Bien, estoy contento -respondió, sonriendo-. Ha sido un buen día y estoy a gusto.
- Perfecto -lo anoté, preguntándome si con lo último se refería a que estaba cómodo conmigo, y se me ocurrió una idea para ver si me lo contaba, sin exponerme demasiado-. ¿Puedes ser más preciso con tu última respuesta? Quiero decir, ¿estás refiriéndote a tu recorrido de día, o a este preciso momento?
- Creo que es aplicable a ambas, estaba bien cuando he venido, y sigo estando bien ahora -sonreí ligeramente, no me había quedado muy claro, pero no le podía volver a preguntar o si no se daría cuenta de que hay algo más que una cuestión profesional por mi parte-.
- Vale -contesté, mientras revisaba las preguntas-. ¿Ha habido alguna noche a lo largo de esta semana que has dormido mal, o al revés? Es señalar si ha habido algo destacable, sobre todo en contraste entre acostarse y levantarse.
- Creo que no, pero déjame pensar unos segundos -respondió, mientras se ponía la mano sobre la barbilla-. Bueno, hubo un día que me quedé dormido en el sillón, y me desperté bastante molesto, por así decirlo, pero fue sobre todo porque mi perro se me había subido encima -al escuchar aquello no pude evitar reírme, y vi que Tom pasaba de un gesto serio a sonreír-. Te lo juro, así fue.
- En contraste no dudo que él estuvo bastante cómodo -nos reímos-. ¿Recuerdas algo más?
- No, diría que eso es lo más destacable -hizo una pequeña pausa-. Como verás, mi vida es bastante monótono y aburrida -al escuchar aquello, recordé que había leído sin querer algo de su expediente, y me regresó la culpa como un saco de boxeo, en toda la cara-. ¿Ocurre algo? -me preguntó Tom, al verme callada y con gesto de preocupación, se lo tenía que decir, necesitaba ser sincera, era algo que me había prometido a mí misma, no lo hacía por él-.
- ¿Te puedo contar una cosa? -le pregunté, esperando que él no quisiera saber nada al respecto y así quedaría todo el tema zanjado-.
- Por supuesto, lo que quieras -me contestó con su característica amabilidad, lo cual me hizo sentir aún peor, y dudé si contárselo, porque tal vez perdería mi única oportunidad de conocerle más y, quién sabe, tal vez ser buenos amigos.-
- Verás, ha sido absolutamente sin querer, no tenía mala intención -Tom me miró extrañado, pero tranquilo-.
- Bueno, sea lo que sea, por lo poco que te conozco, no dudo que haya sido sin mala intención y sin querer, no te preocupes -me sonrió tras decir aquello, lo cual en parte me calmó, pero no lo suficiente, y no sabía cómo decírselo-.
- Verás... ¿Recuerdas el día que te evaluamos en el laboratorio, que me tuve que ir corriendo y me llevaste al Juzgado? -Tom asintió, atento a lo que estaba diciendo-. Pues me llevé tu expediente en vez de mi trabajo, que estaba en una carpeta igual -Tom se quedó sorprendido al escuchar aquello-.
- Pero no pasa nada, no te llevaste las llaves de mi coche o mi cartera, eso es bueno -me reí, y él me acompañó-.
- Pero eso no es todo -pausé-. Yo no sabía que me había confundido hasta que vi que era tu nombre, y sin querer leí tu apartado de familia -Tom fue a hablar, pero antes de que dijese nada quería justificarme-. Fue sin querer, si te sirve de consuelo me siento fatal por violar tu privacidad, y de verdad que te lo quería decir porque me siento mal al respecto. Tienes todo el derecho del mundo a enfadarte.
- No me voy a enfadar -contestó, sonriendo ligeramente-. Te agradezco la sinceridad y, bueno, no pasa nada por leer eso, ha sido de manera involuntaria y no hay malicia tras ello, así que no hay ni el más mínimo problema -me sonrió-.
- Ya, pero me sorprende que no te moleste, yo si fuese tú como mínimo me daría un sillazo - al escuchar aquello, Tom se sorprendió y se echó a reír-.
- No te haría eso nunca -respondió, aun riéndose-. No me molesta para nada que sepas que soy adoptado.
- Pero entiendo que es un tema delicado, y no saberlo por ti directamente, que tienes la capacidad de decidir si quieres contármelo o no, es lo que me hace sentirme mal. Es una cuestión personal, y en lo que a familia respecta, las cosas son más delicadas aún, y...
- De verdad, Katherine, no te preocupes, no estoy enfadado ni molesto ni nada por el estilo , estoy bien de hecho, lo paso bien contigo y, de nuevo, de lo poco que sé de ti, entiendo que no ha habido ningún tipo de malicia tras ello -al escuchar aquello, noté como mis tripas se estremecieron, y le sonreí-.
- Ojalá más gente fuese como tú -dije, sin querer-. O sea, eres una persona comprensiva.
- Un mundo con gente como yo sería muy aburrido -respondió, riéndose, y me sentí aliviada al haberle quitado hierro al comentario-.
- Bueno, entonces vamos a seguir, que todavía nos queda y al final se nos va a pasar el tiempo -dije, intentando cambiar de tema y seguir con la sesión-.
Terminé con las preguntas, revisé las anotaciones que hice y pasé a la siguiente tarea, que era un test de personalidad y emoción. Eran bastantes preguntas, y mientras Tom lo rellenaba estuve leyendo el dossier, por si había algo que se me había pasado, y posteriormente preparé las máquinas para ir más ligeros cuando Tom terminase de completar la segunda tarea.
Al cabo de diez minutos, había terminado, y le indiqué como proceder para darle el siguiente test, mientras sería monitorizado por las máquinas:
- Vale, ahora te tengo que conectar a un par de máquinas, pero no te asustes, ninguna te va a dar un calambrazo o te va a matar -se rio al escuchar aquello-. ¿Puedes ponerte estas cintas alrededor de las muñecas?
- Claro, sin problema -se empezó a colocar las cintas-. ¿Es como un polígrafo?
- Se podría decir que sí, pero esto solo mide sudoración y latido cardíaco, así que no es tan sofisticado, se podría decir que es el primo no muy lejano -le respondí, mientras configuraba los aparatos-. Vaya, tu latido cardíaco es ligeramente más rápido que el de la media... -dije, sorprendida y ciertamente preocupada-.
- Puede ser por algo de nervios, pero mi ritmo cardíaco es normal de costumbre -añadió-.
- ¿Estás nervioso por algo? Perdona por la pregunta, pero si no estás cómodo puedo omitir la monitorización, aunque es importante.
- No, no, no te preocupes, es que luego tengo que hacer unas cosas y por eso estoy nervioso, nada más. Está todo bien.
- Oh vaya -miré al reloj, dándome cuenta de que habíamos perdido mucho tiempo hablando-. Siento estar alargando esto, vamos más rápido a partir de ahora.
- Eso no es problema para nada, no te preocupes, tómate tu tiempo -respondió, sonriendo-.
- Vale, pero si te tienes que ir o lo que sea dímelo, que me sabría fatal hacerte atrasar tus compromisos por una chorrada.
- ¡Oye, pero no es una chorrada! Es trabajo de laboratorio, es algo muy importante para conocer determinados aspectos de la sociedad y entender cómo funcionamos.
- Madre mía, tienes razón, parece mentira encima que yo sea la que lo está tirando por tierra, teniendo en cuenta que es a lo que me quiero dedicar...
- ¿Quieres trabajar en laboratorio? -me preguntó Tom, curioso-.
- A ver, no es eso exactamente, pero quiero dedicarme a la investigación, y quieras o no es laboratorio en una gran parte. No soy una apasionada, pero es necesario para luego poder sacar buenos datos con los que trabajar y ya elaborar artículos de interés sobre el tema.
- ¿De qué tema tienes interés?
- Pues me gustaría estudiar cómo influye el medio en el individuo desde que nace y durante su desarrollo, me gustaría centrarme sobre todo en la infancia y, más concretamente, en la influencia de situaciones de maltrato de diversa índole durante la infancia. Ver qué tipos de maltrato hay, cómo influyen, si interactúan entre sí, tasa en la población, características del individuo, diferencias según el tipo de maltrato... -vi que Tom me estaba mirando, asintiendo-. Perdón, tal vez te he dado una respuesta demasiado amplia -sonrió-.
- Para nada, me parece muy interesante, espero que te puedas dedicar a ello.
- Yo también -le devolví la sonrisa-.
Continuamos con la sesión, y a pesar de haber aligerado el ritmo, casi no da tiempo a completarla. Hablé algo más con Tom, y no fue hasta que terminó la sesión cuando me di cuenta de que se me había pasado el tiempo volando y que, definitivamente, Tom me gustaba.
Terminé de hacer las últimas anotaciones, revisé que todo estuviese completo, y sentí un considerable malestar al darme cuenta de que me tenía que despedir de Tom:
- Bueno, pues ya está todo -le dije, mientras cerraba la carpeta-.
- Perfecto -sonrió Tom-. ¿He aprobado? -le miré, extrañada-. Era broma -al entender la situación, me reí-.
- Perdón, es que a estas alturas necesito tomar café de manera regular para entender bien la vida.
- Pero no te tienes que disculpar, faltaría más, soy yo el que ha hecho una broma pésima -ambos nos reímos-.
- ¿Nos vemos la semana que viene? -le pregunté, mientras me ponía en pie, apresurándome para que Vincenzo no me echase la bronca-.
- Claro -se puse en pie-. Nos vemos el miércoles que viene -se despidió, mientras salía de la sala-.
- Hasta el miércoles -me despedí, sentándome nuevamente en la silla-.
Me sentía melancólica, había pasado muy buen rato, y no quería que acabase. No era la primera vez en todo este tiempo que llevaba "desconectada" de la sociedad que intentaba hablar con alguien y ampliar mi círculo social, pero nunca había encontrado a nadie como Tom.
El resto de personas no mostraban respeto, interés ni preocupación mínima por mí, y al principio me dolía porque daba mucho de mí para que la gente me tratase bien, y no entendía qué era lo que hacía mal. Cuando me acostumbre al dolor, simplemente desistí en la tarea de conocer gente ya que, daba igual lo mucho que hiciera, no iban a servir para nada.
Y, por primera vez en dos años, había encontrado una persona con la que sentía que había conectado, una persona en la que creía poder depositar ese esfuerzo que antes había hecho, para forjar una buena amistad. No estaba segura de si él pensaría lo mismo, probablemente no, ya que era una persona normal, y yo no. Yo era una persona más de las muchas con las que se cruzaba en su vida, y pasaría sin pena ni gloria, a quién pretendía engañar.
Con aquel pensamiento tan pesimista, pero con cierto ánimo por el buen rato que había pasado, salí de sala, y me senté en mi puesto a meter datos en la hora que quedaba. Carlos me miró, con curiosidad, tendríamos una importante conversación al terminar la jornada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario