lunes, 19 de octubre de 2020

Navras - Capítulo 16

 


Terminamos nuestra jornada de prácticas, y sabía que Carlos estaba deseando que llegara el momento para preguntare, lo cual hizo de inmediato cuando cogimos nuestras cosas para marcharnos, sin siquiera esperar a salir del laboratorio:

- Bueno, bueno, creo que tenemos que hablar -dijo Carlos, con tono pícaro-.

- Sí, antes de que yo cuente algo, si es que lo hago porque me has preparado una encerrona, necesito que me cuentes tú -le respondí, mientras abría la puerta del laboratorio para irnos-.

- Ha sido un trabajo de campo, que lo sepas, he tenido que mover hilos y tirar de contactos... 

- ¿Puedes dejar de dramatizarlo y contármelo? Lo digo porque yo tengo memoria a corto plazo e igual se me olvida lo que ha pasado... -al decir aquello, Carlos se sorprendió-.

- Le quitas la gracia a mis historias, de verdad -comentó, falsamente ofendido-. Bueno, pues el martes por la mañana me llamaron del laboratorio, porque en principio había sido yo elegido de manera aleatoria para evaluar a nuestro "voluntario descolgado".

- Ya, hasta ahí llego, Sherlock -le dije, dedicándole una sonrisa sarcástica-.

- Total, que ese mismo día, antes de la última clase te dije que tenía una tutoría, ¿recuerdas?

- No me digas que no era cierto...

- Pues no, no lo era, y soy un actor increíble, claramente me he equivocado de carrera -nos reímos-. Bueno, pues fui al laboratorio a por el dossier, porque tenía curiosidad. A decir verdad, tengo un medio lío con uno de los responsables del proyecto, que es el hijo de Vincenzo, Kyle, y le pedí por mensaje nada más me llamó su padre si me podía decir qué voluntarios habían sido ya asignados y cuáles no y, al ver que uno de ellos era nada más y nada menos que Tom, quise hacer todo lo posible para saber si iba a ser él mi voluntario. Si lo era, ya tenía lo más difícil hecho, si no, pues esto no habría llegado a pasar.

- Madre mía tienes más contactos que un capo de la mafia -se rio-. Bueno, entonces ya puedo imaginar qué ocurrió... -llegamos a la parada del autobús, y nos sentamos a esperar-.

- Efectivamente -hizo una breve pausa para beber de su botella de agua-. Así que hablé con Kyle, y tras pensarlo muy mucho, conseguí encontrar la manera de que te pasaran a ti el muerto, por así decirlo. Y ya el resto de la historia te la conoces de sobra.

- Vale, o sea, ¿has hecho todo esto para que tuviese a Tom como voluntario?

- Creía que eras más lista -comentó, poniéndome la mano en el hombro-.

- Eres un idiota, pero te quiero y lo sabes -le di un abrazo-.

- Dios mío no puedo creer lo que ven mis ojos, bueno, lo que ha sentido mi cuerpo, a parte de una costilla rota, ¿no has visto que soy fino como el papel de fumar? -nos reímos-.

- No te acostumbres, no va a convertirse en un hábito -se rio-.

- Que Katherine Evans me abrace es tan probable como encontrarme con Brad Pitt un día por la calle, así que creo que puedo morir en paz, más o menos -nos reímos-.

- Oye, estás obsesionado con el pobre Brad, no tendrá cosas mejores que hacer que andar por una callejuela de Londres un miércoles por la tarde... -nos reímos de nuevo, sentí que me dolían las mejillas, no estaba acostumbrada a sonreír tanto a lo largo de tan poco tiempo-.

- A ver a ver, no te hagas la loca, que ahora que yo te he contado, viene lo bueno. ¡Cuenta, cuenta!

- No hay demasiado que contar en realidad, ha sido una sesión agradable, pero no creo que pueda destacar nada en sí.

- Yo discrepo, habéis estado la hora completa, y te recuerdo que la evaluación no se tarda tantísimo en hacer.

- Bueno sí, hemos estado hablando y tal... Ah, le he contado lo que vi en su expediente.

- ¿Y cómo se lo ha tomado? -me preguntó Carlos, con curiosidad-. 

- Genial, ha sido un cielo -sonreí-. La verdad es que ha sido un encanto todo el rato, no deja de sorprenderme -Carlos sonrió-.

- A alguien le hace el corazón pum pum cuando piensa en él, ¿eh?

- Sí, es cierto, me gusta, pero por encima de eso quiero que seamos amigos, porque es una persona que me gustaría tener a mi lado.

- ¿Y no te gustaría que estuviese a tu lado siendo más que tu amigo? -suspiré-.

- Eso no va a pasar, Carlos, somos amigos, o un proyecto de amigos, y una relación puede joder todo lo bueno que hay por delante. Además, no sé si recuerdas que para que haya una relación tienen que ser dos.

- ¿Quién te dice que no le gustas? Es lo más probable, físicamente es imposible que no le gustes, me gustas hasta a mí que soy homo -nos reímos-.

- No es cierto -Carlos me contradijo gesticulando "sí" con la cabeza"-. Y, de nuevo, es una persona que me gusta, pero no siento una atracción que me lleve a querer una relación con él -por fin llegó el autobús, y nos subimos-.

- Querida, yo creo que las cosas no funcionan así, pero como tú eres un enigma para la ciencia tal vez sí, no sé -tomamos asiento, por suerte el autobús no iba muy lleno-. A ver, ¿te gusta Tom? -antes de responder miré a todos los pasajeros del autobús, esperando que no estuviese él entre ellos-.

- Deberías bajar la voz -le sugerí, molesta-. 

- Vale -contestó, con un tono considerablemente más bajo-. Ahora, responde a mi pregunta si eres tan amable. ¿Te gusta Tom, o no?

- Sí, sí, me gusta Tom, lo tengo claro. Es un chico inteligente, educado, comprensivo, amable, encantador, divertido, bueno, atractivo y más cosas, o tal vez no que no sé porque no le conozco lo suficiente como para saberlas. Y también tendrá cosas malas, claro.

- Bueno, ¿y qué?

- No sé, es algo que hay que considerar, no puedo tener solo en mente las cosas buenas.

- No, no, lo que quiero decir es, ¿y qué más da que tenga cosas malas? Todo el mundo las tiene, yo las tengo, y por ser así no me has dejado de querer, ¿verdad?

- ¿Alguna vez lo hice? -le dije, en broma-.

- Bueno, ¿algo más que decir de esta sorpresa?

- Gracias -le sonreí-. Me alegro de tener esta oportunidad tan buena de conocer más a Tom.

- Tienes todavía 3 sesiones más por delante, 3 horas de Tom y tú al completo -al escuchar aquello, me entristecí-.

- ¿Qué pasará cuando terminen esas sesiones? Quiero decir, ¿crees que nos llevaremos lo suficientemente bien como para quedar y eso?

- Kat, por favor, no hay ningún baremo en el que ponga que a partir de X afinidad con alguien puedas quedar con esa persona, y por debajo no, eso es algo que tú valoras. Yo creo que si llamases ahora a Tom para quedar a tomar algo no te diría que no.

- No sé, Carlos, puede que nos llevemos bien y eso, pero apenas nos conocemos, y él es posible que por educación me dijese que sí, pero eso no resultaría indicativo de querer quedar conmigo, sino de una de esas cualidades suyas que te he mencionado -Carlos emitió un gruñido-.

- Ugh, mira que eres, es que te gusta darle cien mil vueltas a las cosas y ver las peores situaciones posibles que pueden pasar. ¿No puedes estar contenta con el hecho de que vais a tener más días para veros y hablar? Ya cuando terminen las sesiones, pues te planteas todas estas cuestiones, pero hasta el momento no te agobies, y mucho menos, sean tan sumamente pesimista.

- No soy pesimista...

- "Simplemente me gusta valorar todos los posibles escenarios" -me sorprendí al escuchar que Carlos había terminado mi frase-. Si me diesen una libra por cada vez que has dicho eso, te digo que era ya rico y tenía varias casas en primera línea de playa en Hawái -me reí-. En serio, Kat, no pienses así, porque te vas a pasar la vida centrada en todo lo malo que puede suceder, y no vas a poder disfrutar de lo bueno, porque cuando te quieras dar cuenta, ya habrá pasado. 

- Tienes razón.

- Así que, poco a poco intenta no abrumarte con todo lo malo que pudiera pasar. El mundo ya es un sitio lo suficientemente complicado como para que tú encima quieras ahondar más en la mierda y miseria. Tú disfruta, vive el momento.

- Carpe Diem -dije, en referencia a la expresión latina que contemplaba lo que Carlos me acaba de decir-.

- ¿Me has insultado en otro idioma? -me reí-.

- No, idiota, te he dicho en latín "vive el momento".

- Creo que no puedo saberlo con seguridad, conociéndote me puedes haber llamado cucaracha en griego -nos reímos al unísono-.

Llegamos a casa, y me puse a avanzar trabajo que tenía pendiente, y a estudiar, al final no había tenido la sesión de estudio que esperaba pero, sinceramente, me había olvidado, y me daba igual, estaba muy contenta de cómo había transcurrido mi día, y de haber podido hablar de nuevo con Tom.

Recordé lo que había estado hablando antes con Carlos en el autobús. "¿Si llamase a Tom querría quedar conmigo?" me pregunté a mí misma, sin tener una respuesta clara. Sabía que era probable, porque era un chico muy educado, pero al igual que cuando me dijo que estaba "a gusto" y contento, ¿sería por estar conmigo y pasar un buen rato, o por compromiso o por otras razones que no venían al cuento? 

Dada mi poca habilidad social, si quería saberlo se lo tenía que preguntar directamente, y no lo iba a hacer. De todas maneras, tampoco iba a llamarle o escribirle para quedar, no al menos en aquel momento. 

Miércoles de la siguiente semana

Estaba nerviosa, y no sabía por qué, no iba a pasar nada en especial, pero la simple idea de tener que ver de nuevo a Tom me ponía de los nervios, me sentía extraña. De hecho, el lunes me escribió un mensaje para confirmarme la sesión del miércoles, y al verlo sentí una intensa taquicardia. ¿Me estaba volviendo loca?

Preparé mis cosas, me había levantado antes para salir a correr, pero vi que estaba lloviendo muchísimo, así que decidí aprovechar y limpiar un poco la cocina, ya que me arriesgaba a salir y tener que volver a casa en canoa. Carlos no tardó en levantarse, no solía madrugar tanto para las clases, pero supuse que me habría escuchado en la cocina, y se habría desvelado:

- ¿Qué mosca te ha picado? -me preguntó, rascándose los ojos, con apariencia perturbadora-.

- Iba a salir a correr, pero no me apetece hacer natación, la verdad -le dije, con sorna-. Ya que estaba en pie, pues me he puesto a hacer cosas. Para que luego no te quejes de que intento escaquearme de limpiar.

- Esta vez lo estás haciendo porque no se te ocurre nada mejor -asentí, la verdad es que tenía razón-. Lo que me parece raro es que no te pongas a estudiar, si hasta al baño te llevas los apuntes -se rio-.

- No estoy bien ahora mismo como para estudiar, necesito distraerme -al decir aquello, Carlos se quedó pensativo, y me miró-.

- ¿Por qué estás así?

- Por nada exactamente, es raro -le respondí, sin querer hablar más del tema-.

- A ver cariño, ya que me has despertado con tu sutileza para guardar platos, por lo menos habla conmigo, así los dos salimos ganando.

- Es que no tengo más que decir, ni quiero tampoco, siento haberte despertado -contesté, a la defensiva-.

- No seas tan rancia, porque bien sabes que hablar de los problemas propios ayuda mucho, sobre todo en lo que respecta a generar una perspectiva diferente sobre la cuestión o cuestiones que te atormenten -de nuevo, tenía que darle la razón, pero eso no significaba que quisiera hablar-.

- ¿Si te cuento cómo estoy me dejarás tranquila?

- Te lo prometo por Brad Pitt -respondió, totalmente serio-.

- Siento cierto nerviosismo, pero te vas a burlar de mí por el motivo.

- Jamás me he reído de ti, no al menos a malas, sino que me río contigo -contestó, intentando convencerme-. 

- Bueno, pues si te lo digo sé que me vas a comentar al respecto, y no es algo con lo que yo esté de acuerdo.

- Pero a ver, Kat, ¿puedes dejar de elaborar suposiciones y decirme por qué estás así? Te doy mi palabra de que no voy a generarte más mal, de verdad.

- Es que eres muy intenso y muy exagerado, y no quiero agobiarme...

- ¡¿Me lo vas a decir o me voy a la puta cama a dormir?! -exclamó-. Uy, perdón, puede que me haya sobreexcitado un poco -sonrió ligeramente-. Además, si no me lo dices no me voy a dormir, no lo iba a hacer de todas formas, así que...

- ¿Qué? -le pregunté, intentando desviar la conversación a otro lado-.

- Por Dior, Kat, no intentes esa estrategia porque la inventé yo -me miró con expresión cansada-. ¿Por qué estas nerviosa?

- Estoy nerviosa porque no sé si quiero o no hablar con Tom -le contesté, finalmente-. Es que simplemente no lo comprendo, estoy muy revuelta y muy confusa, y no quiero seguir así - Carlos me estaba escuchando atentamente-. Me cae muy bien, es un chico muy majo y disfruto de su compañía, pero de solo pensar en interactuar con él el corazón se me acelera, y me agobio muchísimo -dije, mientras me sentaba, e intentaba contener las lágrimas-. Estoy intentándolo, de verdad, yo quiero ser normal y ser también capaz de hablar con las demás personas, pero no puedo, siento que por cada paso que doy hacia delante, voy tres hacia atrás, y no sé qué más hacer -me cayó una lágrima-. De verdad que quiero abrirme a la gente, pero no puedo...

- A ver, Kat, en primer lugar, respira, ¿vale? -asentí, mientras me secaba las lágrimas-. Sé consciente de tu propia respiración, y ya a partir de ahí seguimos -volví a asentir-. ¿Estás mejor?

- Estoy más tranquila -le respondí-.

- Vale, a ver, en primer lugar, estás haciéndolo muy bien, la prueba está en que tu sujeto de los lunes está bastante contento con las evaluaciones, y los resultados son buenos, así que ahí puedes ver que estás progresando y que no puedes echarte atrás y volver a recluirte. ¿Me equivoco?

- No lo sé, me gustaría pensar que no.

- No solo te gustaría, sino que es así -añadió Carlos, con tono neutral-. Estás hablando con más facilidad con la gente, y eso no tiene por qué significar que hables con más gente o seas de golpe la persona más sociable del mundo, porque sé que supone mucha presión que el que te esté diciendo todo esto sea yo, que soy excesivamente sociable, pero precisamente como persona elocuente que soy, te puedo asegurar que lo estás haciendo muy bien -hizo una pausa para coger leche de la nevera-. Has pasado una infancia y una adolescencia muy muy jodida, que ni a mi peor enemigo se la desearía, y ojalá las cosas fueran más fáciles, pero sigues aquí, y eso es lo importante -se sirvió la leche en una taza, y guardó el cartón en la nevera-. Creo que no te puedes hacer una idea de lo extremadamente fuerte que eres, porque a pesar de todo lo que te ha pasado, sigues luchando en cuerpo y alma por mejorar y evitar que ese pasado te arrastre -suspiré, no quería ponerme a llorar de nuevo-. Siempre hay motivos para seguir adelante, Kat, para nunca dejar de luchar, y no te puedo animar más a que no dejes de intentarlo, no dejes que las malas experiencias que has vivido hace más y menos tiempo te consuman.

- Puedes creerme que es lo último que quiero, pero cuando son cosas que escapan de tu control, llega un punto en el que le dejas de ver la gracia a buscar mejorar, cuando eso no te va a aportar nada, sino que te va a generar más dolor.

- No, Kat, estás confundida, pero eso ya lo hablaremos en otro momento, porque hay una segunda parte que quiero añadir. Bueno, antes de nada, ¿llamaste a la psicóloga?

- Sí, tengo cita hoy por la tarde, cuando salgamos del laboratorio.

- Vale, perfecto. Lo otro que quería comentar, es que este nerviosismo solo te lo provoca hablar con Tom, ¿verdad? -asentí, la verdad es que no lo había pensado-. Eso es normal cuando sientes algo por alguien, quiero decir, que no te preocupes -sabía que me iba a decir algo por el estilo, y era el motivo por el cual no le quería haber dicho nada-. Te genera nervios el hecho de saber que vas a tener que hablar con él, porque no quieres que se entere de que te gusta.

- Esa última parte era la que quería omitir -dije, con cierta molestia-. No siento nada por él, me gusta, me atrae, pero es todo, no estoy "enamorada" de él ni nada por el estilo.

- Ya lo sé, pero yo no estoy hablando de que estés enamorada de él tampoco, yo estoy refiriéndome más a ese escalón intermedio entre que alguien te gusta y que te enamores -resoplé, y negué con la cabeza en señal de disconformidad-. Que te guste alguien es algo inicial, más ligado a una atracción o a algo muy concreto, y se caracteriza por la ausencia de relación con la otra parte, como por ejemplo, lo mío con el Pitt. El enamoramiento es no dejar de pensar en esa persona, querer estar siempre con ella, tener un alto nivel de empatía hacia la misma, e implica un mayor conocimiento de la otra parte. Lo primero sería como ver a tu actor favorito en una película, que piensas "buah como me gusta", pero ya está, no te quita el sueño; y lo segundo es ver a la persona que te gusta como el ser más maravilloso del planeta, y tener la necesidad de que sepa lo que sientes porque ese sentimiento es tan fuerte que no puedes contenerlo más.

- ¿Eso es algo avalado empíricamente o te lo has sacado tú de la manga? 

- Kat, he tenido relaciones muy variopintas y creo que tengo la muestra lo suficientemente amplia como para tener una ligera idea, aunque no haya un estudio detrás que lo certifique.

- Yo he tenido también muchas relaciones, y aunque fuesen menos serias que las tuyas, discrepo respecto a lo que dices.

- Querida, no has tenido ninguna relación seria -dijo con dureza Carlos, y al darse cuenta de que aquello me sentó mal, cambió totalmente su gesto-. Lo siento Kat, no lo quería decir así, pero es cierto que no has tenido ninguna relación más allá de una cama, y ya sé que no ha sido por tu culpa -suspiré, intentando pensar en otra cosa, porque me estaba sintiendo peor por segundos-. 

- Yo ya no quiero encontrar nada -contesté con frialdad, intentando zanjar el tema-.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Ya lo estás haciendo -le respondí, con sorna-.

- ¿Alguna vez te has enamorado? 

La pregunta me dejó gélida. Sabía la respuesta con certeza.

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