Miércoles
No habíamos recibido ninguna llamada, lo cual era buena señal, al menos para mí. Aquello significaba que no iba a tener que evaluar adicionalmente a nadie, así que podría centrarme más en otros aspectos de mi vida, como la preparación de los exámenes, con la cual ya había empezado.
Mientras preparaba las cosas para clase, vi que mi teléfono sonaba, y sentí como, de pronto, todo se desmoronaba. No esperaba ninguna llamada porque, de ser así, no auguraba esta nada bueno. Si eran del hotel o de la pizzería, sería para ampliar o cambiar mis turnos, y si era del laboratorio, sería para decirme que, al contrario de lo que había pensado, me tocaba un nuevo voluntario.
Pero ninguno de los escenarios que había planteado se correspondía con la realidad. Al ver quién llamaba, pude observar en la pantalla el nombre de "Joseph". Era mi hermano menor.
Pude escuchar la voz de Carlos desde el salón recordándome que tenía que coger el teléfono, pero no lo iba a hacer. Esperé a que cesara el tono, y tras ello, escuché pasos de mi amigo, que venía a mi habitación, probablemente a preguntar:
- ¿No has cogido el teléfono? -me preguntó Carlos, mirándome con recelo-.
- Estaba ocupara preparando la bolsa de clase para hoy -respondí, apurada-.
- ¿Tanto te urge acabar de preparar la mochila? -me cuestionó, con amplias sospechas-. ¿Has visto quién te ha llamado?
- No -respondí, dudando, lo cual alertó más a Carlos-.
- O sea, que si lo has visto pero no lo quieres decir...
- No es eso, es que no lo he visto, ya está.
- Mira, no quiero quedar como una zorra controladora -dijo Carlos, completamente serio-, pero me preocupa el camino que estás tomando. Hace unas pocas semanas estuvimos hablando de que tenías que abrirte un poco al mundo, exponerte, pero cada vez te veo más retrocediendo no a un estado similar del cual partías, sino uno mucho más patológico.
- ¿Y todo eso lo has deducido a partir de qué, exactamente? -le pregunté, molesta-.
- ¡De tu comportamiento desde la semana pasada! No hay absolutamente nada que me haya mostrado señal de cambio o siquiera de intento, pero corrígeme si no es así.
- No ha sido mi semana, eso es todo -le respondí-.
- ¿Cuánto tiempo hace que no hablas con tu hermano? -me preguntó-.
- Es que no hay nada de lo que tengamos que hablar...
- ¡Tu hermano no tiene la culpa de nada de lo que os ha pasado ni vuestra tu familia ni a ti! Es el único lazo que puedes tener y conservar, y creo que deberías al menos disculparte con tu hermano por esquivarle todas las llamadas.
- Sé que no tiene la culpa, en ningún caso se la he echado -respondí, enfadada-. Simplemente es algo que no quiero revivir, no lo necesito.
- ¡Ya estás de nuevo! -Carlos se acercó más-. ¿No te das cuenta de que estás perdiendo todas las oportunidades que tienes para empezar un nuevo capítulo en tu vida y pasar página? No puedes estar siempre con la idea en mente de que todo el mundo te va a hacer daño, tienes que dejar de lado tus miedos e inseguridades y abrirte, porque es cierto que mucha gente te va a hacer daño, pero a través de ellos descubres gente que verdaderamente merece la pena y que va a querer que formes parte de su mundo, como yo -me senté en la cama, sentí como Carlos, con cada una de sus palabras, me golpeaba más-. Estoy encantado de ser tu amigo, a pesar de estas situaciones, pero no puedo ser solo yo en tu vida, tienen que entrar más personas...
- No quiero ser la Kat de veinte años otra vez...
- Nadie ha dicho que lo vayas a ser -añadió Carlos, suspirando-. Has experimentado situaciones malas, pero has aprendido de ellas, y aunque no todo va a ser de color rosa, eres una persona lo suficientemente fuerte para salir adelante.
- ¿No has visto que no lo soy? Me siento incapaz de hablar con la gente con normalidad, simplemente no me sale.
- Pues tienes que hacer tu mayor esfuerzo para que así sea, porque no es cuestión de poder, sino de querer. Y si no quieres que tratemos más este tema, ponte a ello, porque está muy bien estudiar y esforzarse en el trabajo, pero necesitas una buena base, y esa es tu cabeza. Tu cerebro tiene que estar equilibrado entre lo académico-profesional y lo personal, porque se complementan entre sí y, cuanto mejor estés tú, mejor te van a ir las cosas en general. Es cuestión de perspectiva y fuerza de voluntad, y sé que al menos una de ellas la tienes -se quedó en silencio, esperando a que dijese algo, pero era incapaz-. Te dejo que reflexiones sobre lo que te he dicho, que tengo que limpiar los platos.
Carlos salió y se dirigió a la cocina. Con el ruido del fregadero de fondo, pensé en lo que me había dicho, y sabía que tenía razón, pero volvía al mismo estado de siempre: sé que lo que hago no está bien, pero no lo cambio; ¿qué se supone que debería? O mejor dicho, ¿cómo?
Siempre se ha dicho que el principal elemento para solucionar un problema es detectarlo, pero discrepaba enormemente al respecto en aquel momento. La gran dificultad está en cómo tratar ese problema.
Suspiré, tendría que encontrar el modo de hacerlo, porque no podía seguir así, era algo absolutamente insostenible. Decidí que, tras las clases y las prácticas, llamaría a mi hermano. No podía salir nada malo de una inocente conversación telefónica, y así al menos practicaba mis habilidades de socialización en un entorno más "cercano".
Cuando Carlos y yo estuvimos listos, nos dirigimos a la parada del autobús para ir a clase, como ya rutinario. Hablamos poco durante el viaje, Carlos estaba leyendo un libro, y yo llevaba un cómic de Iron Man en el que estaba especialmente concentrada leyendo.
La mañana fue normal, sin nada destacable, solo que los profesores eran especialmente cargantes en lo que a estudios respectaba, pero no me esperaba menos; era ya el final del curso y, no solo eso, sino que también lo era de la carrera. Siempre había tenido muy claro lo que quería hacer al acabar (investigación), y esperaba que se pudiese cumplir, pero salían muchos proyectos de investigación en la facultad, especialmente en la de psicología, y era poco probable que aquello ocurriese, aunque no me quería preocupar demasiado por ello.
Pensándolo bien, lo mejor que podía hacer era darle tiempo y fluir con los eventos que tuviesen lugar, fuesen buenos o malos, como el propio hecho de estudiar psicología. Yo entré a estudiar esta carrera porque no sabía que quería hacer con mi vida, y Carlos estaba muy seguro desde prácticamente el día que nos conocimos, de que era la disciplina que quería estudiar. Era probablemente una de las carreras que más me llamaban la atención, y no por falta de personalidad o por dependencia escogí estudiarla, sino porque tuve la sensación de que es algo que podría aportare mucho, no solo a nivel académico y profesional, sino también a nivel personal.
En aquel momento, prácticamente en las puertas del final de la carrera, estaba segura de que había hecho bien en tomar aquella decisión, y que había encontrado lo que quería hacer y en lo que podría ser útil, y estaba dispuesta a hacer todo lo que estuviese en mi mano para conseguirlo:
- ¿Kat? -dijo Carlos-.
- ¿Qué pasa? -llevábamos un rato sentados en la cafetería y me había puesto a divagar, sin percatarme-.
- ¿Me estabas escuchando? -me preguntó, curioso-.
- No, lo siento, estaba pensando en una tontería y me he abstraído por completo -me disculpé-.
- Ah, vale, es que pensaba que te habías roto, pero me alegra saber que eres la Katherine de siempre.
- Eres idiota -se rio-. Estaba pensando en la carrera y, bueno, que ha pasado muy rápido el tiempo.
- Desde luego, yo lo noto sobre todo en las arrugas, me veo más viejo, siento que he perdido mis mejores años estudiando para exámenes tipo teste extremadamente injustos -comentó, dramatizando la situación-.
- No culpes a la carrera, siempre has tenido la misma cara de mierda -le dije, riéndome, a lo que él me dedicó una mirada fulminante-. Es broma, no me hagas sentirme mal por ello.
- Es el karma, te sientes mal por hacer una acción negativa.
- No, se llaman remordimientos o arrepentimiento -le corregí-.
- Porque eres mi amiga y te quiero, pero si no te tiraba el café encima -me amenazó, en broma-.
- Oye, la agresiva soy yo, no me quites el puesto, que entonces no soy nadie.
- Es difícil arrebatarle el puesto a la maestra indiscutible - nos reímos-. Voy a ir yendo para el laboratorio, ¿vale?
- No hace falta, me acabo el café y vamos, no tardo nada -le dije, tomándome el café apurada-.
- No te preocupes Kat, es que tengo que hablar con Vincenzo un momento y prefiero ir solo -me sorprendí al escucharle decir aquello-.
- ¿Quieres ligar con él, por algún casual? -le pregunté, picándole-.
- No es mi tipo -respondió al instante Carlos, haciéndome reír-. Es por unos asuntos con mi voluntaria que quiero saber y sobre los datos.
- Yo te puedo ayudar, no hace falta que...
- Que no -insistió, aumentando su tono de voz-. Estaré bien, y si alguien se mete conmigo, te lo diré para que le des una paliza -nos reímos-.
- Está bien -le respondí-. Pues luego nos vemos.
- No llegues tarde -se despidió Carlos, mientras cogía sus cosas y se marchaba-.
Después de que mi amigo se marchase, miré el reloj, aún quedaba una media hora para empezar las prácticas, y aprovecharía cualquier rato libre que tuviera para estudiar y hacer trabajos pendientes, los cuales, por suerte, eran bastante escasos gracias a que había hecho todo lo posible por adelantar la mayoría.
Me puse una alarma en el móvil que me daba veinte minutos íntegros para estudiar, y saqué el libro de una de las asignaturas para ponerme a ello. Todo estaba perfectamente pensado para tener el suficiente tiempo para mirarme algunas cosas, tomarme el café mientras, y luego ir al laboratorio sin prisas. Gracias a mi capacidad de concentración, era capaz de estudiar en sitios con bullicio, como era el caso de la cafetería, pero tampoco es que tuviese una gran utilidad más allá del propio estudio, era un "talento" más bien de utilidad limitada.
La alarma sonó justo cuando la había programado, recogí mis cosas, tiré el vaso del café a la basura y me fui al laboratorio directamente, con la esperanza de acabar rápido de pasar los datos y poder aprovechar y estudiar más, todo ello sin olvidar que me había comprometido conmigo misma a llamar a mi hermano Joseph.
Cuando entré, me encontré a poca gente, normalmente el día que menos becarios había eran los miércoles, aunque después del tiempo que llevábamos con las prácticas seguía sin comprenderlo. Vi que Carlos estaba ya sentado en su puesto, tecleando torpemente mientras leía el papel que tenía encima de la mesa. Me acerqué a él para saludar, pero Vincenzo apareció en aquel momento y me llamó, lo cual me dio mala espina, y esperaba que no alterase la planificación mental que había hecho previamente sobre mi tiempo:
- Buenas Evans, ¿puedo hablar un momento contigo? -me dijo, con apariencia calmada, al menos podía intuir que no había hecho nada malo-.
- Claro, ¿qué ocurre? -le pregunté directamente, para ahorrar tiempo-.
- Acompáñame -me contestó, y me limité a hacerle caso-.
Le seguí hasta la sala en la que normalmente estaba, su "despacho", y me ofreció sitio. No era mi intención estar allí mucho tiempo, aunque no sabía qué era lo que me deparaba, así que me senté, con el fin de contentarle y que fuese escueto en su mensaje:
- Verás, hemos estado pensando cómo organizarnos con esta situación que hablamos el lunes, ¿recuerdas? -oh mierda, que no sea lo que yo creo que puede ser-.
- ¿Lo de que había un par de voluntarios que se habían quedado sin evaluador? -por favor, por favor, que no sea-.
- Exacto -"¡Mierda!", dije para mis adentros. Bueno, tal vez era otra cuestión, no debería adelantarme a los acontecimientos-. Como os dijimos, al principio hicimos la asignación al azar, pero me han hecho una propuesta muy interesante que he comentado al resto del equipo y les ha parecido buena idea -recordé que Carlos había ido allí antes, pero no podía estar relacionado con ello, mi mejor amigo no buscaría hacerme aquella putada, o al menos eso esperaba-.
- Me parece muy bien pero, ¿en qué parte entro yo, exactamente?
- Lo que vamos a hacer es coger a las personas cuyas evaluaciones sean las mejores en calidad, claridad y precisión, y del grupo que viene los días de la semana impares, tú eres la que cumple con esos requisitos -"Me cago en mis muelas", pensé-. Creemos que el evaluador cuyo rendimiento es el mejor hay que aprovecharlo, y así los resultados serán mejores.
- Entiendo, pero yo no soy la mejor, estoy segura.
- Todo el equipo y yo hemos estado revisando las evaluaciones y te lo podemos asegurar, es una muy buena y profesional -no sabía si sentirme orgullosa al oír aquello o clavarme un bolígrafo en la sien-. Así que, como puedes imaginar, te hemos asignado a el voluntario a ti -intenté sonreír, pero mi gesto fue más de pánico que de alegría-. Sé que de primeras es chocante, pero no te preocupes, no vas a tener que hacer más que lo normal, es decir, las horas de trabajo en el laboratorio van a ser las mismas de siempre -sentí cierto alivio al oír aquello-. Además, el procedimiento ya te lo conoces y cuentas con esa experiencia adicional para realizar los exámenes, así que no te supondrá un gran problema.
- Vale -respondí, sin saber muy bien qué decir a continuación-.
- Puedes dejarle a alguno de tus compañeros la evaluación de tu voluntario del lunes, así se agiliza más el proceso y te liberas de carga que otros pueden asumir sin problema -asentí-. Ya nos hemos encargado de retirar la ficha en la que se incluyen los datos personales, así que puedes coger la carpeta y que alguno de los compañeros se haga cargo.
- ¿No tengo que pasar yo esa información?
- No, aunque cuando termines sí que hay una parte de la que te tienes que hacer tu cargo, porque es específica de tu paciente, y no es algo que queramos analizar en conjunto -al final no iba a ser tan malo como pensaba lo de tener otro voluntario al cargo-.
- Vale, perfecto.
- ¿Todo bien? Si hay cualquier problema sabes que nos lo puedes decir en cualquier momento -dijo Vincenzo, poniéndose en pie-.
- Sí, todo bien -respondí, imitándole y poniéndome en pie-.
- Pues aquí tienes el archivo de la evaluación pasada sin la identidad del paciente, pero con su código correspondiente, y aquí tienes la carpeta con la información del voluntario de hoy -me dio ambos documentos, y los cogí con cuidado de no confundirlos-. Hasta luego, Evans.
- Hasta luego -me despedí, y salí de la sala-.
Todo estaba siendo demasiado raro, y estaba casi segura de que Carlos tenía algo que ver. Nada más salir, vi como mi amigo levantó la mirada ligeramente hacia mí, y de inmediato volvió a su labor.
¿Quería obligarme a ser más sociable teniendo, no solo 1, si no 2 voluntarios a los que evaluar semanalmente? ¿Era una casualidad? Me sentía muy intrigada de si había alguna relación o no.
Me acerqué a Carlos, le daría la carpeta con la información para que picase más datos, porque no se le veía para nada apurado:
- Toma, te raigo un regalito -le dije, dejando la carpeta sobre la mesa-.
- ¿Y esto? -preguntó, y su reacción me hizo sospechar aún más-.
- No sé, dímelo tú -le respondí, intentando determinar si había tenido algo que ver en lo que había ocurrido o no-.
- Es una carpeta -respondió-. Pero me refiero, ¿qué hay en la carpeta?
- ¿No lo sabes? -le volví a preguntar, intentando ponerle nervioso-.
- ¡¿Puedes dejarte de tanto misterio y decirme qué es?! -exclamó, levantando la voz, lo cual hizo que todas las miradas de la sala fuesen a él-.
- Es la carpeta con la información del primer día de evaluación de mi voluntario, me ha dicho Vincenzo que se la dé a algún compañero para que pase los datos mientras yo me ocupo de otra tarea -la reacción de Carlos me hizo pensar que había sido una coincidencia.
- ¿Por qué? -preguntó, curioso-.
- Porque resulta que, de golpe y porrazo, soy la que tiene que evaluar hoy también, así que esa es la sugerencia de organización que me ha recomendado Vincenzo.
- Ah, vale -suspiró-. Bueno, voy a estar entretenido al menos, estoy batallando con el programa, lo cual significa que ahora lo tengo que multiplicar por dos.
- Yo te cambiaría mi posición, te lo aseguro -le comenté, sintiéndome mal por pensar que él había sido el culpable-.
- No te preocupes, los dos lo vamos a hacer bien. Yo practico con el programa, y tú practicas con personas, ambos vamos a mejorar en algo, o eso espero -se rio-.
- Tienes razón -sonreí ligeramente-. Pues voy a espera a que aparezca, digo yo.
- Creo que ya está en la sala, he visto a alguien que no es del laboratorio pasar entrar allí -me dijo, señalando hacia una de las salas de evaluación-.
- Perfecto -dije, con ironía-. Pues allá voy.
- Que te sea leve.
- Igualmente.
Según dejé la carpeta, me fui directa a la sala, quería acabar lo antes posible para poder hacer mis cosas sin problema. Al abrir la puerta, encajé todas las piezas del puzle.
Hijo de...

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