lunes, 28 de septiembre de 2020

Navras - Capítulo 13

 


Lunes de la siguiente semana

Había dedicado mucho tiempo y esfuerzo para terminar el trabajo que tenía pendiente, y había tenido también algo de tiempo para ir al cine con Carlos a ver "El curioso caso de Benjamin Button", aprovechando que ya había salido en DVD, estaba en el cine más barata, y nos dimos el capricho, ya que ambo adorábamos ir al cine, pero el precio se había elevado más de lo que la gente normal podía permitirse con frecuencia. 

Podía decir que había estado algo feliz, aunque los nervios me podían. Aunque le había dicho a Carlos que intentaría ser amable, me preocupaba no poder dar más de mí de lo habitual. Al menos, si algo tenía claro, es que sería profesional y que ya luego saliese la amabilidad o lo que fuese.

El paciente que me asignaron estaba asociado a un código determinado, y tenía que incluirle en la documentación como tal ya que, aunque nosotros supiésemos a quién estábamos evaluando, para las estadísticas y las comparativas era necesario mantener el anonimato, teniendo bien clasificados los distintos parámetros a través de dichos códigos. 

Tenía curiosidad por saber quién me había tocado, y a quién le había tocado a Carlos, pero en el laboratorio nos contestaron al darnos los códigos que no era pertinente ni relevante para la investigación revelar esa información, que cuando nos reuniésemos con cada persona lo sabríamos, y solo sería necesario para tratar con la misma. 

La mañana pasó rápido, sin novedades, aunque me preocupaban los exámenes, que tendrían lugar en un mes, ya que aún no me había preparado la rutina de estudio, y con las prácticas me sería más complicado gestionarme, aunque lo acabaría consiguiendo, como ya era costumbre.

Carlos y yo estábamos en la cafetería sentados, tomando un pequeño descanso tras las clases y esperando a que llegara la hora para ir al laboratorio. Por mi cabeza estaban pasando muchas cosas, más de lo habitual, y mi amigo se dio cuenta de que estaba algo ausente:

- ¿Qué tal va tu plan malévolo para dominar el mundo? -me preguntó con sorna-.

- Eres estúpido -le respondí-.

- Hala, mira que eres borde... -me contestó, falsamente ofendido-. Estás muy abstraída, y eso no es normal en ti. 

- No lo estoy, simplemente estaba organizando mis ideas -hice una breve pausa para beber un trago del té que me estaba tomando-. ¿Has pensado que en nada vamos a acabar la carrera? -de inmediato, Carlos asintió-.

- Ya, y eso es buena señal, deberías estar contenta, no preocupada.

- Por supuesto, es algo que me alegra, pero hay cosas que estoy considerando. En primer lugar, los exámenes, tengo que buscar en el horario huecos para estudiar, porque tengo que empezar ya o no me va a dar tiempo a prepararme el temario, por no hablar de los trabajos finales...

- Eh, eh, eh, para -respondió, agobiado-. Vas a tener tiempo, y todo va a ir bien -sonrió-. Tómate las cosas con calma, Kat, siempre estás agobiada, y vivir así no es sostenible.

- Ya, bueno, pero es algo que debo tener en cuenta.

- Yo también tengo que organizar el horario de estudio, y tengo que ponerme con los trabajos, recuerda que estamos estudiando lo mismo -tenía razón, la carga de materia era exactamente la misma para ambos-. Pero también hay que sacar tiempo para uno mismo, para salir, divertirse... "No todo es estudiar y trabajar", te lo voy a tatuar en la frente.

- Carlos, en periodo de exámenes no puedo estar luchando con las limitaciones de horario y fomentar mi capacidad de socializar, porque entonces sí que estaría jodida y me hundiría en mi propia mierda sin siquiera pestañear.

- ¡Pero no puedes dejar eso de lado! Sacarte la carrera es importante, pero también lo es que inviertas tiempo en ti y tu salud, así que tendrás que sacar tiempo para todo, porque seguro que luego te arrepentirás de no haberme hecho caso.

- No lo creo, me gusta tener tiempo para estudiar y prepararme bien las materias -Carlos se puso la mano en la cara en señal de decepción-.

- Bueno, allá tú -respondió, molesto-.

- Y no he terminado de decirte en lo que pensaba. Al margen de los exámenes, antes de acabar la carrera quiero hablar con los superiores del laboratorio y con la facultad de psicología para ver si es posible que nuestro proyecto se lleve a cabo.

- Por supuesto, pero eso no lo tienes que hacer sola, es un proyecto común, y como tal prepararemos todo a su tiempo, no te preocupes -se aclaró la garganta-. Bueno, en general nada lo tienes por qué hacer sola, puedo ayudarte a preparar tu horario de estudio incluso.

- Es una buena idea, creo que podría funcionar y así sacar tiempo para ser menos Grinch -le sonreí, agradecida-. 

- Oye, ¿y no estabas pensando tampoco en lo que nos toca ahora? -me preguntó Carlos, curioso-.

- Sí, es algo que también me he planteado, pero bueno, que sea lo que sea -respondí, sin muchas expectativas-. 

- No quieres hablar de ello, ¿no?

- ¿De qué? -le pregunté, teniendo una vaga idea en mente, para cerciorarme si era lo que él referenciaba-.

- A la posibilidad de Tom pudiese haber sido elegido y te tocase a ti -asentí, efectivamente, era lo que yo pensaba-.

- Es algo que barajo y que me gustaría que ocurriese, pero no me obsesiona. Quiero decir, no tengo esperanzas puestas en ello, si ocurre bien, si no, pues lo tomaré como una señal del destino para no volver a pensar en ello.

- Bueno, tienes su número de teléfono y podrías llamarle para quedar un día, que no tiene por qué quedar la cosa en "una vez conocí a un tipo que me cayó bien y pudimos haber sido amigos".

- Tienes razón -suspiré-. Ya veré de todas formas, no es algo que me preocupe.

En realidad no estaba siendo sincera. Era un asunto que me estaba preocupando más de lo deseable. Quería pensar en las bajas posibilidades que había de que Tom hubiese sido elegido, y aún menos de que me hubiesen asignado a él como participante al que evaluar, pero algo en mí fantaseaba constantemente con que, al entrar en el laboratorio, le vería y sería mi voluntario asignado.

Había pensado también en que, si era así, le diría lo que sucedió con su expediente, e intentaría ser menos fría y dar la cara a mis miedos, como ya había hablado anteriormente con Carlos. Había depositado unas expectativas demasiado elevadas en una simple evaluación de laboratorio, no era un cambio vital relevante, pero para mí podría suponer un gran avance personal. 

Temía todo el material con el que había jugado mi mente y la posibilidad tan grande que había de que no ocurriese nada de lo que había pensado. Quería convencerme de lo absurdo que era todo y que tenía que ser más indiferente y fluir con lo que sucediera, pero mi parte más irracional se aferraba a esas ideas. Realmente quería pensar como le había transmitido a Carlos.

Terminamos nuestras bebidas, y abandonamos la cafetería, dirigiéndonos derechos al laboratorio. Estaba nerviosa, y buscaba con la mirada desesperadamente algún rostro familiar, sin éxito alguno. No tardamos en llegar, ya que estábamos a escasos minutos porque estaba en el mismo edificio de la facultad, pero se me había hecho más corto, si cabía esperar: 

- Llevas un rato muy callada, y normalmente a estas alturas ya te has quejado de algo -dijo Carlos, mientras entraba al laboratorio, a lo que yo le seguí-.

- Estoy normal -le contesté, sin demasiada convicción-.

- No lo estás, ni siquiera tú eres capaz de creerte eso que has dicho... -me miró, entrecerrando los ojos-. ¿Qué tal crees que va a ir nuestra primera sesión? - habíamos llegado a la primera sala del laboratorio, y esperamos a que el resto de personas llegaran, sobre todo Vincenzo, que nos tenía que dar la información, test y barómetros-.

- Pues en tu caso creo que va a ir bien, eres una persona sociable, versátil, resolutiva y profesional -hice una breve pausa-. En lo que a mí respecta, sabes que me cuesta hablar con la gente, pero eso no quita que no vaya a hacer mi trabajo, así que estoy casi segura de que va a ir bien también.

- Me esperaba una respuesta más concreta, pero me vale, al menos te veo con la actitud idónea para ello -me sonrió-. Ojalá el voluntario que me ha tocado se parezca a Brad Pitt... -me reí-. ¿Qué? Soñar es gratis.

- Pero es algo poco probable -me seguí riendo-.

En cuanto vimos entrar a Vincenzo ambos nos callamos y permanecimos en silencio, esperando con cierta ansiedad nuestras instrucciones. Tras él, llegaban el resto de compañeros, y vi algún rostro desconocido, asumiendo que alguno de los voluntarios ya había llegado. 

Vincenzo nos dio las carpetas con toda la información, y nos explicó qué hacer y cómo hacerlo y, en caso de precisar de ayuda, estaba a nuestra completa disposición. 

Cuando se marchó, un murmullo creciente empezó a surgir, y me acerqué a Carlos para poder hablar con él un poco antes de comenzar, y así poder ver quiénes nos habían tocado:

- ¿Nerviosa? -me preguntó Carlos, con una sonrisa pilla-. 

- ¿Por qué lo iba a estar? -mentí, por supuesto que lo estaba, pero no quería reconocerlo-.

- Bueno, no vamos a discutir lo falso que es eso que acabas de decir, porque no quiero que se me note en la cara y perder mi encanto natural -nos reímos-. Yo pensaba que lo iba a manejar muy bien, pero estoy intranquilo.

- Normal, es una experiencia nueva, y eso produce siempre cierto nerviosismo.

- ¡AJA! -exclamó, llamando la atención de toda la sala-. Uy, perdón -se disculpó, sonriendo, y el murmullo continuó-. Por eso mismo que has dicho, tienes que estar al menos un poco nerviosa, ¿no?

- Sí, pero lo normal, por eso no lo he querido destacar, este es mi día a día: sentir ansiedad por el mero hecho de estar cerca de un desconocido...

- O no -me interrumpió-. Recuerda que sí que conoces a alguien más que al resto de gente.

- Si te refieres a Tom, en realidad no le conozco, aunque sí que me sentiría más cómoda si fuese él, pero no me importa si no es.

- Bueno, pues vamos a ver entonces quién nos ha tocado, ¿no?

Carlos abrió su carpeta de inmediato, y a mí me costó algo más. Sentí cómo me latía más fuerte el corazón, y estaba asustada. Realmente quería que fuese Tom, aunque me repetía constantemente que no era para nada probable, pero esa fantasía recurrente, ese escenario, no se me dejaba de figurar en la cabeza, y era imposible ser objetiva cuando hay una emoción y/o sentimiento que lo altera todo.

Mi amigo me miraba, extrañado por mi tardanza, y entonces abrí la carpeta. Sentí una enorme decepción al leer el nombre de mi voluntario, aunque intenté disimularlo para evitar que interfiriese más en mi trabajo de lo que ya lo iba a hacer, y para esquivar comentarios que sabía que Carlos me haría:

- ¿Y bien? -me preguntó, acercándose a mí ligeramente para ver mi papel-.

- Creo que a este hombre ni siquiera le hemos hecho las primeras pruebas tú y yo -comenté, intentando controlar mis emociones y ser lo más neutral posible-. 

- No me suena -respondió Carlos-. Si te sirve de consuelo, me ha tocado esa chica -dijo, señalando de manera discreta a una chica joven que estaba en la sala, esperando-. No es que no se parezca a Brad Pitt, pero no es mi estilo, y creo que tampoco la evaluamos -esbocé una ligera sonrisa ante el comentario de Carlos-.

- Pues supongo que ya está -comenté, suspirando-.

-¿Estás más tranquila?

- Totalmente.

- Bueno, te dejo, que mi chica me espera -se rio-. Nunca me volverás a escuchar esa frase, así que grábatela bien -me reí-.

- Ánimo con ello -le comenté antes de que se fuera-.

- Igualmente bombón, lo vas a hacer genial.

Vi como Carlos se levantó y se dirigió hacia su voluntaria para presentarse. Yo esperé sentada, hasta que vi que el voluntario que me había tocado apareció. Me fijé, por si algún casual Tom era otro de los que habían sido seleccionados, pero desafortunadamente no parecía que así fuese. 

Me levanté de la silla, y traté de ser lo más amable posible con mi paciente, James, aunque era difícil ser algo cercano con alguien que no había visto en mi vida, y mucho menos, siendo la otra parte yo.

La sesión se me hizo eterna, a pesar de que fuimos los primeros en terminar, duró aproximadamente unos 30 minutos. Disponíamos de 30 minutos adicionales, pero dada la agilidad del proceso y mi ausencia de voluntad por comunicarme con aquel hombre, no quise añadir nada más que se saliera del guión que Vincenzo nos había dado. 

Cuando di por finalizada la sesión, James se levantó de la mesa, se despidió de mí y se fue. Me quedé sentada en la silla en la que estaba, no quería que nadie fuese a hablar conmigo en aquel momento. Estaba tan desanimada y desmotivada que podía quedarme allí sin hacer nada por horas. 

Me sentí decepcionada, sobre todo conmigo misma por dos razones. La primera de ellas, por la mala jugada que mis sentimientos me habían jugado. Con el tema de Tom, no me esperaba verle, pero aquella pequeña parte que planteaba la posibilidad de que sí le viese y que, adicionalmente, fuese mi voluntario, era tan fuerte que había conseguido invalidar la lógica aplastante de toda esta situación. 

Y, en segundo y último lugar, pero no menos importante, había dado un paso atrás en mi objetivo de ser más sociable. Probablemente horroricé a James, el trato fue frío, y me sentí incómoda, a pesar de que el hombre fue neutral e intentó ser educado. Simplemente no quería vivir aquella situación, no me veía capaz de comunicarme con alguien que no conozco sin dudar hasta la última coma que salía de mí.

Sabía que lo que había pasado estaba mal, que tenía que cambiar, me había comprometido a hacerlo, y en cuestión de unos minutos lo he echado a perder. Carlos se iba a enfadar, y con razón, porque podía haberme hecho bien distraerme más de mis propios pensamientos y mis estupideces comunicándome con mi paciente, siendo algo más cercana. Pero a pesar de saber que lo he hecho todo mal, no he cambiado nada en ningún momento, siempre he pensado que sería tarde para cambiarlo, me daba excesiva vergüenza hablar con James cuando pasaron cinco minutos desde que entró, diez, quince y veinte. Siempre era tarde, no era el momento.

Al cabo de unos diez minutos escuché una puerta abrirse y reconocí una de las voces que se escucharon. Al parecer, Carlos ya había terminado, o al menos había abandonado la sala. Recogí mis cosas, esperando a que se despidiera de su voluntaria y así poder irnos juntos a casa.

Salí de mi sala intentando no hacer mucho ruido a la zona principal, en la que habíamos estado sentados inicialmente, y pude ver que la chica con la que estaba Carlos ya se estaba despidiendo. 

Al contrario que yo, Carlos estaba muy sonriente, se le veía en su salsa completamente, y la chica parecía contenta también, aunque él creaba entornos muy cómodos y es tan cercano que seguramente la chica habrá quedado encantada y le habrá caído fenomenal. 

Cuando mi amigo me vio, inmediatamente se acercó a mí, conservando aún la amplia sonrisa que tenía dibujada antes:

- ¿Qué tal? -le pregunté, adelantándome para evitar que me preguntara a mí-.

- Muy bien, Tiffany ha sido muy maja y se me ha pasado la sesión volando.

- Perfecto, vamos a llevarle esto a Vincenzo -dije rápidamente para evitar lo máximo posible la pregunta-.

- Uy, es verdad, que se me olvidaba -dijo, volviendo rápidamente a la sala en la que había estado, y regresó con la carpeta-. No sé dónde tengo la cabeza, a veces solo pienso que es para portar este rostro de infarto... -se rio, y yo estaba demasiado distraída como para siquiera reaccionar-. Qué sosa, hija.

- No, es que estoy cansada -le respondí con una vaga sonrisa forzada, lo cual no fue creíble en absoluto para Carlos-.¿Vamos?

- Por supuesto -me contestó-. ¿Ha ido todo bien? 

- Sí, sin más -quise contestar, siendo lo más ambigua posible para no mentirle sin tampoco decir la verdad del todo-.

Entramos en la oficina donde estaban nuestro tutor y la mujer que nos dio las instrucciones la semana pasada. Entregamos las carpetas, y Vincenzo parecía satisfecho:

- Buen trabajo chicos, revisaremos estos primeros resultados y los digitalizaremos -dijo Vincenzo-. ¿Qué tal?

- Bien -respondimos Carlos y yo al unísono-.

- Me alegro -contestó-. En estas mismas carpetas iréis guardando los registros y test de las siguientes semanas.

- Sin problema -contestó Carlos-.

- Es bastante probable que me ponga en contacto el miércoles con alguno de vosotros por unas cuestiones, pero no os preocupéis, no es nada malo.

- ¿Es relativo al estudio? -pregunté, curiosa-.

- Sí, es que hay dos miembros de los becarios que han acabado las prácticas y se nos han quedado dos personas descolgadas, así que vamos a cuadrar uno en vuestro grupo, y otro en el de martes y jueves, pero ya avisaremos a la persona que tenga que hacerse cargo en cada grupo, porque no queremos tampoco ir rotando a esos voluntarios, porque podría alterar los resultados, así que van a ser las mismas condiciones, lo único que uno de los que estáis en este horario tendrá a dos voluntarios en vez de a uno, y lo mismo en el otro grupo.

- ¿Vais a elegir? -preguntó Carlos-.

- No, va a ser algo al azar, no queremos alterar los resultados lo más mínimo -respondió Vincenzo-. Os mantendré informados, e iré comentando este asunto al resto de compañeros para que no os pille desprevenidos -se aclaró la garganta-. De todos modos, vamos a ver si encontramos otra alternativa para no cargar más a nadie.

- Perfecto, Vincenzo, muchas gracias -le dije-.

- Nos vemos el miércoles -se despidió Vincenzo-.

Genial, tal vez tendría la oportunidad de pasar nuevamente un mal rato y sentirme como una basura. Carlos parecía indiferente, y tal vez debía tener una actitud más similar a la suya. Aunque sin el "tal vez". 

No hay comentarios:

Publicar un comentario