lunes, 21 de septiembre de 2020

Navras - Capítulo 12

 



- Te voy a plantear una situación hipotética.

- ¿Te preocupa algo que has creado tú en tu mente? -preguntó Carlos, ligeramente extrañado-. Bueno, eres tú, así que nunca se sabe. Venga, plantéame esa situación.

- Pues verás, imagina que conoces a alguien.

- Creo que puedo imaginar eso -respondió, aún extrañado-.

- Vale, pues imagina que después, sin querer, cero intencionalidad por tu arte -quise hacer énfasis en aquello ya que era el meollo de la cuestión-, te enteras de algo sobre la otra persona, algo privado, pero no terrible. No sé si me estoy explicando -esperé, mientras Carlos parecía más confuso aún-.

- Espera un momento... Ya sé lo que está pasando aquí -respondió, con cierta seguridad, lo cual me dejó helada, esperaba que no lo supiese, no al menos del todo-.

- No pasa nada, Carlos, esto es una invención mía, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

- ¿Has mirado en mi segundo cajón del armario? -al escuchar aquello, sentí un gran alivio y me empecé a reír-. ¿Qué pasa?

- ¡No, no he mirado en ningún cajón tuyo! ¿Por qué lo iba a hacer? -me seguí riendo, lo que dejó más perplejo a mi amigo-. Además, ¿qué tienes ahí que no quieres que vea? -le pregunté, curiosa-.

- Nada, nada, lo mío también era hipotético, como lo que me estás contando... Pero de todas formas, no mires, no por nada, sino porque lo tengo todo muy desordenado...

- Vale, vale. Bueno, a ver, retomando lo que te he comentado, ¿tú qué harías?

- Primero voy a ver si me he enterado bien de la historia: te has enterado por accidente de algo sobre alguien, ¿no? -asentí inmediatamente-. ¿Y cuál es el problema?

- A ver, conoces a esa persona de la cual deriva dicho "secreto" -gesticulé con los dedos simulando las comillas-, y tienes ciertos sentimientos de culpa y remordimientos por saberlo.

- Pero eso es absurdo -contestó Carlos, decidido-. Te has enterado de algo sin querer, y no pasa nada.

- ¿No crees que la otra persona podría estar molesta? -le pregunté-.

- Es posible que al principio sienta algo de enfado, pero no sería producto tuyo, sino de la situación. Quiero decir, Tom no se va a enfadar contigo si le dices que accidentalmente has leído algo de su expediente -al escuchar aquello, me quedé congelada-.

- ¿De qué estás hablando? -vi como Carlos se empezaba a reír-.

- Cuando nos hemos ido esta mañana del laboratorio, me ha dicho Vincenzo que tengas más cuidado con lo de los expedientes, que aunque sea un accidente hay gente muy tiquismiquis y se puede liar muy gorda -no tenía salida, me había pillado-.

- Bueno, sí, y qué -dije, cruzando los brazos, intentando salvar la situación-. Pero estamos hablando de algo hipotético, no de Tom.

- No, no, aún no he acabado, Kat -hizo una breve pausa-. Todo lo anterior que te he dicho está confirmado, pero aquí viene mi hipótesis, impulsada por esa situación "hipotética" que me has planteado -se aclaró la garganta, y esperé que no continuase, no quería saber más de la conversación ni del tema-. Por algún motivo miraste el expediente de Tom, y leíste algo que no debías haber leído, y te sientes culpable. ¿He acertado? -me preguntó, orgulloso de sus deducciones-.

- Eres imbécil -le respondí, y sonrió, satisfecho-.

- Ahora ya sabiendo bien la historia, podemos pensar en qué hacer a continuación, ¿no?

- Pues no sabes toda la historia, porque resulta que hoy durante el reparto uno de mis clientes han sido Tom y un amigo suyo -respondí, no queriendo darle la razón bajo ningún concepto a Carlos, y pareció sorprendido tras escuchar mis palabras-.

- Oh, vaya, vaya. Bueno, pues estás tardando en contarme qué ha pasado.

- En realidad nada, he conocido a Benedict, que es su amigo, y a su perro Bobby.

- ¡Ya te está presentando a sus amigos! -exclamó casi de inmediato cuando terminé de hablar-. Qué fuerte...

- ¿Puedes dejar de ser imbécil por un rato, o no te cuento nada más?

- ¡¿Que hay más?! 

- No mucho más, pero me ha preguntado si habíamos recibido el formulario porque alguien -levanté más la voz para que Carlos se diese por aludido- había olvidado contestarle, y me ha preguntado qué tal estaba.

- Ohhhh, qué majo es -dijo mi amigo, sonriendo-. Yo creo que le gustas, y mi sexto sentido en esto no falla.

- No, no, no, ese no es el tema. Además, no le gusto, según me ha dicho Benedict, soy su "amiga", y no voy a arruinar esa posible amistad con una buena persona porque a mí me guste -fue la primera vez que reconocía aquello, y más en voz alta, y me quedé perpleja, al igual que Carlos-.

- Sorprende escucharte decir algo así, aunque lo de que a ti ese chico te gusta ya lo sabía.

- Es que decir que me gusta es demasiado fuerte, en realidad no...

- En realidad sí, Kat, dejémoslo ahí porque vamos a hablar de lo mismo de siempre y ni tú ni yo queremos -no sabía cómo, pero Carlos siempre acababa teniendo razón-. Entonces, sabes algo de Tom porque lo has leído sin querer, y te sientes muy mal por ello, así que quieres hacer algo para dejar de sentirte mal.

- Exacto, eso es lo que llevo media hora intentando decirte de manera encubierta sin éxito -hice una breve pausa-. Entonces, ¿me has estado vacilando al principio?

- Un poco, pero podrás perdonarme -nos reímos-. Bueno, yo creo que le deberías contar lo que ha pasado tal cual. No conozco a Tom, pero no creo que se enfade contigo por ello.

- ¿Y si no le vuelvo a ver? Sería tontería decirle nada entonces...

- Oh, ya veo lo que pasa aquí...

- ¿El qué? -pregunté, sin entender muy bien por dónde iba él-.

- Puede que te sientas mal por saber eso de Tom, pero lo que realmente te produce malestar es la incertidumbre de si le volverás a ver o no.

- Eso me da igual... -en realidad no, y hasta que Carlos lo había dicho no había caído en la cuenta-.

- Katherine, estás preocupada porque no sabes si vas a volver a ver a una persona que te gusta, independientemente de que sea en calidad de amigo o de cualquier otra cosa, y eso es normal.

- ¿Tú crees que es algo que merece la pena? Quiero decir, esforzarme por intentar conocerle.

- ¡Por supuesto! Te vendría muy bien ir abriendo poco a poco tu círculo social e ir desenvolviéndote de una manera menos introvertida. El hecho de conocer a una persona e ir forjando una amistad no puede sino hacerte bien y ayudarte con tus propósitos, así que yo creo que merece la pena que lo intentes.

- Pensaré en ello -respondí, pensativa-.

- Eso espero, sino voy a estar yo aquí para recordártelo -nos reímos-.

El resto del día, que era poco, pasó rápido, y no tardé en irme a dormir para descansar, ya era prácticamente viernes y tenía mucho que hacer por delante.

Miércoles de la semana siguiente

Había tenido una semana muy ajetreada, mucho más de lo que me hubiese gustado, pero me sirvió para volver a centrarme en apartados importantes de mi vida que requerían atención. Quería obtener los mejores resultados, y para ello tenía que ser más dedicada en ese aspecto. Dejé de lado el tema de Tom, ni siquiera habíamos vuelto a hablar, y a pesar de que no quería perder el contacto con él, pensé en que tal vez necesitaba algo de tiempo para adaptarme a una socialización más "sana".  

Fue una mañana tranquila, pintaba como uno de esos días que fluían por sí solos. Además, Carlos y yo teníamos laboratorio después de las clases y tenía curiosidad por saber cómo iba la investigación y qué planes tenía Vincenzo y el resto del equipo. Teníamos una reunión a las tres de la tarde con ellos, por lo que teníamos una hora por delante de introducir datos y revisar estadísticas.

Estuvimos trabajando un buen rato con los ordenadores, y unos minutos antes de las tres, vi que Vincenzo se acercaba a donde estábamos Carlos y yo para invitarnos a la sala en la que se organizaban las reuniones:

- ¿Cómo vas? -nos preguntó Vincenzo-.

- Bien, he terminado de meter los datos que me faltaban y estaba revisando si están bien -contesté-.

- Yo aún tengo mis dificultades, jamás me apañaré con este programa... -respondió Carlos, con apuro-.

- Me lo podías haber dicho y te habría ayudado -le comenté-.

- Ya bueno, prefiero sufrir por mi cuenta que me intentes ayudar y me grites porque soy una ameba con estas cosas -me reí, la verdad es que tenía bastante carácter y entendía que no quisiera mi ayuda-.

- No te preocupes Carlos, la reunión no va a ser larga, luego podéis seguir con ello -respondió Vincenzo son cierto sosiego-.

Ambos nos levantamos de nuestros puestos, y seguimos a Vincenzo hasta la sala, aunque ya sabíamos por dónde era, pero era cuestión de cortesía y educación más que desconocimiento en sí. Al entrar vimos que ya estaban los otros miembros del equipo reunidos, incluyendo los otros chicos que estaban haciendo las prácticas en el laboratorio los martes y jueves.

Cuando estuvimos todos sentados, una de las integrantes del equipo, cuyo nombre, al igual prácticamente que del resto, desconocía, inició la reunión:

- Buenas tardes a todos -se oyó un murmullo en forma de "buenas" y "buenas tardes" por nuestra parte-. En el día de hoy hemos convocado esta reunión para organizar lo que haremos a continuación con el estudio para avanzar, ya que hemos conseguido a unos cuantos candidatos de primeras para trabajar, ¡lo cual no supone que no necesitemos más! Al contrario, seguiremos en ello, pero por el momento vamos a trabajar con este porcentaje para ir teniendo resultados -se hizo una pausa, mientras la mujer leía el guión que tenía sobre la mesa-. Ya hemos seleccionado a los candidatos a los que vamos a estar examinando, a continuación os voy a pasar la referencia de sus expedientes para que empecemos con la organización de los mismos -cogió una serie de papeles, y fueron circulando por la mesa hasta que todos tuvimos uno-.

- ¿Qué tenemos que hacer con esto? -preguntó uno de los otros estudiantes que estaban de prácticas-.

- Con estos códigos vamos a contactar con un correo común a todos los participantes que han sido elegidos. Hoy nos encargaremos los superiores de mandar los correos, y entre mañana y pasado esperamos que esos participantes nos respondan y podamos concertar con ellos una cita para que la semana que viene sean evaluados.

- ¿Cómo se van a hacer las evaluaciones? -pregunté, con cierta preocupación por el posible requerimiento de un nivel medio o alto de contacto social-.

- Os vamos a dar unas preguntas que les vais a tener que hacer, y para ello tenéis una hora -al ver nuestra reacción, la mujer sonrió-. No os preocupéis, son pocas preguntas y en veinte minutos deberían estar hechas, pero hay que dar margen suficiente para que la gente se mueva, y que todo salga bien.

- Las asignaciones de cada persona las haremos según los horarios que escojan, y se harán una vez a la semana en el laboratorio, a lo largo de un mes, o si es necesario, un mes y medio. Para cualquier cambio, modificación o novedad, os lo diremos en cuanto lo sepamos, o haremos una reunión si es pertinente -añadió la mujer que estaba al lado de la que había llevado la voz cantante-.

Me quedé pensativa en aquel momento, desconectando totalmente de la reunión. No me preocupaba perder el hilo, ya que se había dicho lo más importante, y si había algo más, ya le preguntaría a Carlos.

¿Y si Tom era uno de los elegidos? Cabía la posibilidad, ya que había participado, aunque era poco probable que hubiese tanta coincidencia que fuese yo la que le hiciese las preguntas, siendo que éramos ocho las personas que nos ocupábamos de hacer el "trabajo sucio" de laboratorio. Tal vez ni siquiera había sido elegido.

Al pensar en aquello sentí como las palmas de mis manos se enfriaron, me había puesto algo nerviosa. Es posible que fuese por todo el tema de tener que hablar con gente desconocida más de la cuenta, que me producía más ansiedad que hablar con gente que veía día a día, y era ya algo a tener en cuenta.

Terminó la reunión al cabo de unos minutos, y Carlos y yo volvimos a nuestros puestos:

- ¿Quieres que te ayude? -le pregunté, intentando ser amable-.

- La pregunta es, ¿quiero que me ayudes? -se rio-. Claro, pero por favor, no me pegues.

- No pensaba hacerlo -respondí, aunque cabía la posibilidad de que lo hiciera si me sacaba de quicio-. Oye, ¿qué te ha parecido la reunión? -le pregunté, mientras acercaba mi silla a su puesto-.

- Normal, no me esperaba que fuese una fiesta, aunque me habría gustado -nos reímos-. Es lo que toca, así que al menos no nos vamos a aburrir o a pelear metiendo datos en estos programas asquerosos -nos reímos de nuevo-.

- Ya, pero eso significa más trabajo, menos tiempo para hacer otras tareas...

- Y la posibilidad de tener que hablar con gente y poner buena cara cuando lo único que te generan son náuseas, ¡si ya sé lo que piensas!

- Es que para ti es fácil decirlo, Carlos, eres una persona muy sociable, cálida y abierta, pero es que en mi caso, además de no sentirme cómoda, soy un témpano de hielo. ¡Un iglú se queda en una minucia algo fría a mi lado!

- No, Kat, no eres fría, te cuesta empezar a hablar con la gente, pero luego eres simpática, mira con Tom, te has portado como si llevases hablando con gente toda la vida.

- Hombre, a ver, pero eso es diferente, he hablado con él más de una vez, y en el trabajo me siento más cómoda con gente con la que ya he hablado antes...

- ¡Claro, pero es que al resto de sujetos les hemos evaluado! Bueno, no a todos porque lo hemos hecho entre todos los del laboratorio, pero simplemente actúa como si ya hubieses hablado con ellos, porque ellos ya han estado aquí, aunque no sea con nosotros.

- No me queda más remedio que hacer eso, sí -contesté con desgana-.

- A lo mejor así conoces más gente y te empiezas a desenvolver con más soltura -añadió Carlos, contento-.

- A ver, no nos pasemos, tampoco soy tú.

- ¿Me estás diciendo que soy suelto? -me reí al escuchar aquello dicho del modo en el que lo dijo-.

- ¡No! Es que tú tienes don de gentes, no conozco a nadie a quien no le gustes.

- Puedes hablar con racistas y homófobos, ellos tendrían algo que objetar respecto a esa afirmación tuya.

- Bueno, lo que quiero decir es que eres una persona muy sociable y yo, por mucho que invierta y trabaje en ello, no voy a poder ser así.

- Nadie te ha dicho que seas así, yo me paso y los extremos no son buenos. Tú tienes que ser tú misma, porque eres una buena persona y el mundo merece conocerte -al escuchar aquello sonreí-. Mereces ser feliz y disfrutar de las cosas buenas de la vida, y no todo es trabajo y estudio.

- Ya lo sé, gracias -hice una breve pausa para aclararme la garganta, no me esperaba algo tan profundo en aquel momento-.  Me voy a comprometer a intentar ser más sociable.

- Me parece perfecto, Kat -respondió Carlos, sonriendo-. Oye, si me toca Tom, ¿puedo tirarle los tejos? -al escuchar aquello, me quedé sorprendida-. ¿No te había dicho hace 8 años que era gay? -me reí-.

- No, es que me ha hecho gracia que de repente digas eso, no me lo esperaba -hice una pausa, no sabía qué decir-. Puedes hacer lo que quieras, pero no es ético ni está permitido tener relaciones con los participantes -en aquel momento, Carlos se empezó a reír-. A ver, ¿de qué coño te ríes tú ahora? -pregunté, enfadada-.

- De que te gusta y no quieres que te lo quiten -contestó-. No iba a hacer nada con él, puedes estar tranquila, pero se me había ocurrido decirte eso para ver qué cómo reaccionabas.

- Pues no me gustan esos comentarios tan espontáneos tuyos -añadí, aún molesta, lo cual le hizo reír más-. Tú sigue riéndote, que ya te la devolveré...

- Ay, pero mira que eres tonta -me intentó dar un abrazo, pero me aparté-.

- No, ahora no me vale que me hagas la pelota.

- Eres de lo que no hay, de verdad -hizo una pausa-. Pero oye, estoy contento de todo lo que has avanzado en este tiempo.

- Gracias, la verdad es que yo también -sonreí ligeramente-. Bueno, ¿y si nos dejamos de cháchara y terminamos esto? Porque si no no nos vamos a ir a casa nunca.

- Cuando tienes razón, es que hay que dártela -respondió, mientras centrábamos nuestra atención en la pantalla del ordenador-.

Terminó el día sin nada destacable, no había dejado de ser un día más, normal, monótono, aunque no me podía quejar, porque el cambio no era algo a lo que me adaptase con facilidad. O al menos, no estaba tan segura de ello hasta que vinieron varios cambios seguidos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario