miércoles, 9 de noviembre de 2022

Radioactive

"Volvía a mi casa, acababa de salir del trabajo y era muy tarde, la noche ya estaba más que avanzada, y no había ni un alma por la calle. Fui a coger el coche, como siempre, pero no era como todos los días, algo había cambiado. No recordaba haber dejado el coche en el lugar en el que lo vi, y antes de poder reaccionar a lo que estaba pasando, escuché un disparo que procedía de un lugar no muy lejano al que yo me hallaba. Me giré y oteé el horizonte lo que la oscuridad me permitía, y vi un fogonazo.

Eché a correr sin una dirección fija y sin saber dónde ir. De repente no sabía ni siquiera dónde estaba, y los lugares que una vez para mí habían sido familiares se desmoronaron, dando paso a intrincados laberintos y pasadizos angostos. 

No veía nada, estaba todo oscuro y lo único que podía sentir era la presencia que parecía estar siguiéndome. Empecé a escuchar voces familiares en la lejanía, gritos y llantos, acompañados de explosiones y disparos, y al darme la vuelta descubrí a alguien encañonándome con subfusil".

- Señorita, ya hemos llegado al destino, puede recoger su equipaje de mano -me dijo una voz mientras me despertaba de golpe, jadeando y con perlas de sudor brotando de mi frente-.

- Disculpe -al abrir los ojos comprobé que se trataba del asistente de vuelo, que estaba organizando la salida de los pasajeros del avión-.

Tomé conciencia de dónde estaba y de lo que había sucedido, y a medida que retomaba el contacto con la realidad notaba como mi respiración se agitaba y se me hacía más difícil tomar aire. Me puse en pie y recogí mi bolsa, que era lo único que llevaba, junto a una riñonera en la que guardaba mis documentos y algo de dinero.

Seguí a la gente, aún estaba un poco desubicada a causa del sueño que había tenido. Hice una serie de respiraciones profundas e intenté no pensar en lo que había sucedido, solo en lo que pasaría a continuación y la nueva oportunidad que se me presentaba.

El viaje había sido desde Rivne (Ucrania) a Leipzig (Alemania), y mi nuevo nombre era Petra, tenía que acostumbrarme a él, y con ello enterrar mi antiguo nombre y el pasado que subyace en el mismo. Lo más importante, tenía que actuar con normalidad, la gente no podía saber quién era en realidad, qué había pasado conmigo ni cómo había acabado yo allí.

Agarré con fuerza mis nuevos documentos de identidad e intenté ocultar en miedo que se estaba apoderando de mí. No podía caer de nuevo, no podía dejar que nadie me atrapara ni me descubriera, tenía que jugar bien mis cartas y borrar lo que quedara de mi pasado, y era lo que tenía intención de hacer allí.

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