viernes, 28 de abril de 2023

Mientras mienta

 Juré que seguiría adelante, que no me iba a rendir, que lucharía contra mis demonios todo lo que fuese necesario hasta conseguir hacerlos frente. Creí que me haría más fuerte y me resultaría más fácil, pero nada más lejos de la realidad.

Cada segundo se ha convertido en una agonía constante, en un deseo irrefrenable de cesar, de acabar de existir, de alcanzar la paz. Los desequilibrios no me dejan, con sus fuertes garras me atrapan y me encierran en una espiral de autodestrucción y sufrimiento.

¿Y quién me puede salvar? ¿Hay solución? Juré que seguiría adelante, pero es tan difícil que, aún no siendo así, podría romper el juramento y faltar a mi palabra.

La decepción de unos, el sufrimiento de muchos, así que si hay uno menos no debería ser relevante, . Planteándolo así, es prácticamente un bien mayor y un mal menor que enmascara la falta de interés por continuar viviendo. 

Es posible que haya un futuro mejor, que se pierdan risas, buenos momentos, sueños, pero soy consciente de que hay mucho malo que con ello va a acabar, y a pesar de la inocencia y la buena voluntad, no ha sido suficiente, hay algo que no va bien y probablemente nunca lo haga, por mucho esfuerzo que ponga en ello. 

No sé qué me depara el futuro, pero quién me va a ayudar a continuar, quién va a salvar mi alma de la sombra que se cierne sobre mí, de la maldición que arrastro y nunca me abandonará. ¿Quién?




domingo, 23 de abril de 2023

Delgada linea

Estoy entre la delgada línea del amor y del odio hacia mí, tiendo más a lo segundo por lo general.

Resulta difícil de explicar, porque a veces estoy bien y me cuestiono si es así realmente, en otras ocasiones creo que debería estar bien pero estoy mal. También me ocurre que no sé ni cómo tratarme ni aguantarme en muchas ocasiones.

Debería ser benévola conmigo misma y dejarme ser, supongo, pero es difícil, porque al final todos acabamos esperando algo de uno mismo, y los que nos rodean muchas veces también, hasta puntos enfermizos en cualquiera de los casos. Y ello nos obliga a ser autoexigentes constantemente, a no descansar ni estar tranquilos, a vivir en un constante estado de alerta que atenta contra la calidad de vida.

Estoy en esa delgada línea en la que no sé si me quiero o me odio, la verdad. Por un lado aparece mi voz sensata, o la que creo que es, y me sugiere que debería aceptarme como soy, que igual que tengo mis cosas malas también tengo cosas buenas, y esa concatenación de aspectos es lo que me conforma. Pero (porque siempre hay un pero, o varios en este caso), en contraposición aparece la voz de la experiencia por un lado, basándose en mis vivencias pasadas, y recordándome de que no hay mucho que hacer conmigo, que no hay esperanzas para mí; seguida por la voz de la ironía, que se une para hacer sangre de cuestiones pasadas que no asimilo ni dejo ir porque precisamente la experiencia me dice que no lo merezco; y remata esa inseguridad de que siempre van a ir las cosas mal.

Me odio por hacerme esto, y no soy la única persona que es así, por desgracia creo que muchas personas estamos en la misma situación. Y no es por ser desalentadora o deprimir a nadie, pero no hay una cura, aprender a sobrellevarlo y entenderlo, porque al final esas voces que tenemos tienen una funcionalidad evolutiva vinculada a las emociones, y es lo que nos ha ayudado a sobrevivir.

¿Quiero decir con ello entonces que tenemos que dar las gracias por estar siempre cruzando de un lado a otro en la línea de amor y odio hacia uno mismo? Obviamente no, pero es importante entenderlo, o al menos intentarlo, así nos damos cuenta de que no es un problema nuestro a título personal, si no algo general.

Es importante aceptar quienes somos, y por encima de todo valorarnos y respetarnos, sentirnos bien cuando tengamos que hacerlo, y dejarnos estar mal si lo necesitamos. 



sábado, 22 de abril de 2023

El amor como arma

"El amor mueve montañas"

¿De verdad es así? Cierto es que podemos llegar a ser extraordinariamente irracionales por algo tan sencillo como es sentir apego. Algo natural, que no elegimos, que surge de manera espontánea. Es tan variado además y se puede manifestar de tantas formas que raro es quien no lo sienta o haya sentido, bien sea hacia alguien, sea fatuo, sociable, romántico, vacío, etc.

Entonces partimos de un punto común, todos en general lo hemos manifestado, y como tal, somos conocedores de que no es oro todo lo que reluce. El amor se define, según la RAE, como "Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser". Si ya de entrada nos definen el amor como algo que surge de la insuficiencia, creo que tenemos un problema, y de ello parte esta reflexión.

¿Somos insuficientes?  Socialmente nos han educado en la creencia de que necesitamos complementarnos, y nos pasamos gran parte de nuestra vida buscando a alguien que palíe nuestras carencias y equilibre nuestro universo, hasta tal punto que podemos llegar a basar nuestra personalidad y vida en lo que los demás esperan de nosotros, en lo que ellos quieren y necesitan. Estoy de acuerdo en lo que respecta a que el ser humano es sociable por naturaleza, como defendía Hobbes, y como tal precisa de la interacción con otros individuos de su propia especie, pero hasta cierto punto, sin que ello emponzoñe quiénes somos. No nos puede condicionar tanto el amor, no nos puede transformar y tener semejante poder sobre nosotros, porque se torna en nuestra contra. 

Por otra parte, hay una importante diferencia entre ser sociable y buscar interactuar con otras personas a depender de ellas. No podemos depender de los demás, supone depositar por un lado una responsabilidad importante sobre la otra parte, pero sobre todo es injusto para uno mismo. Somos suficiente, todo lo que necesitamos está en nosotros, y si eso está bien, nuestras relaciones interpersonales van a ser sanas. 

Y, para sorpresa de nadie, no suele ser así en muchos casos, demasiados. Pasamos de un amor sano, de una perspectiva positivista y fundamentada en el amor propio, al lado del amor como arma de destrucción. Al igual que el amor puede "mover montañas" también las puede destruir, y a veces basta con un ligero temblor para derribar a la más robusta de ellas, así que hay que cambiar la manera de ver las cosas. No depositar , no dar el poder a nadie sobre nosotros, y que tampoco nadie nos diga cuál es nuestro valor, qué debemos hacer o qué queremos. 

Si quieres saber lo que es el amor de verdad, empieza a reflejarlo sobre ti. No con ello quiero decir que si no te quieres nadie te va a querer, pero todo se vuelve mucho más fácil y agradable. Tampoco se va a volver un camino de rosas la vida, pero ver las cosas desde el amor propio hace que todo merezca un poco más la pena.

Al final todos queremos querer y ser queridos, y eso no quita que el amor vaya de uno para sí mismo, ¿no?