Un nudo en la garganta, las palabras me oprimen el pecho, me impiden respirar. Solo un llanto silencioso en ecos de tristeza y soledad se puede hacer manifiesto.
Me ahogo en silencio, a solas, en una oscuridad profunda, en las llanuras del eterno vacío y falsas promesas.
Solo necesito que alguien me libere de esta locura, de todo aquello que me encadena a esta situación. Necesito ayuda, y la busco a través de un grito desesperado dentro de las debilidad, que me consume.
No me olvides, porque me puedes ver, me puedes escuchar y me puedes sentir. Estoy aquí.
[...]
La distancia que nos separa me hace más daño que cualquier tortura que haya podido vivir, me estás alejando, me estás echando de tu vida. Las palabras se las lleva el viento, no cambian nada.
Me gustaría saber en qué momento las circunstancias cambiaron, te tornaron en otra dirección, cada vez más lejos, más ausente.
Me planteo qué es lo que yo he podido condicionar, qué es lo que he hecho para que todo esto cayese, para que todo lo bonito que había marchitara o se pudriese y que ahora solo queden los cadáveres de lo que una vez fue.
Hemos caído, estamos destrozados, y siento que no hay nada que pueda hacer para remediarlo, solo empeorarlo y tornarlo más sombrío, más oscuro y doloroso.
Intentamos levantarnos y seguir adelante a pesar de todo, pero cada vez es más difícil, luchar contra la voluntad que quiere destruir todo lo que una vez fue y pude haber sido. Pero es una carga tan pesada que supone una vida llevarla, y no puedo hacerme cargo.
Ahora solo queda ver cómo cae, cómo se destruye, cómo se derrumba. Ver la herida sangrar hasta que la vida lo abandone.
No hay comentarios:
Publicar un comentario