Intenté levantarme, tras estar un largo rato tendida en el suelo, esperando a que aquellos desgraciados que me habían atravesado el estómago se marchasen, no podía hacer otra cosa. Me era imposible defenderme, no tenía fuerzas ni para moverme, y mi vista iba empeorando por segundos. Con un esfuerzo sobrehumano conseguí levantarme, pero no fue suficiente y me caí al suelo. Volví a intentarlo, y esta vez lo conseguí. Miré a los lados, procurando no cruzarme con nadie peligroso. Sabía que si no buscaba pronto ayuda moriría desangrada, así que decidí retroceder e ir al bar que había visto. Empuñé el arma para defenderme en caso de que me atacasen, ya que en aquellos momentos no podía ir a lo loco. Tras caminar un rato dando vueltas, conseguí dar con la taberna que antes había visto, lugar en el que me podría cobijar de los malhechores...o al menos hasta recuperarme un poco. Cada vez estaba más cerca de la puerta, pero cuando quise abrirla, algo me golpeó y caí al suelo, sin saber por qué.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Abrí los ojos totalmente sobresaltada, no sabía dónde me hallaba, ni qué hacía allí, aún con vida. Estaba tumbada en una cama, y me incorporé con la esperanza de ver algo que me ayudase a saber dónde había ido a parar. La casa en la que estaba no era demasiado grande, se puede decir que era de un humilde campesino. Recorrí todo el espacio con la mirada, y algo llamó mi atención: había un señor mayor sentado en una silla, al lado de la cama en la que yo estaba (la única de la casa), con una mirada penetrante, que resultaba muy perturbadora:
-Parece que Kayle ya se ha despertado.
-¿Qué hago aquí?, ¿quién es usted?, ¿qué ha pasado?
-Las preguntas de una en una, señorita, que mi memoria no alcanza a tanto. Pensé que sabrías ya quién soy...es una pena que no me recuerdes, aunque no entiendo, hace mucho que no nos vemos. ¿Recuerdas al maestro de tu hermano, Per?
-Sí, ¿pero eso qué tiene que ver con...? Un momento...¿es usted su maestro?
-Así es, muchacha. La última vez que nos vimos tú aún eras una niña pequeña, y mírate ahora, una encantadora joven con una puñalada en el estómago. Bueno, te contaré lo principal: te trajeron aquí y yo te curé con mi magia. Eso te costo algunos años de tu vida, no sé si te lo han explicado, pero la magia se mide en años, y cada vez que haya que intervenir a alguien con ella, eso es lo que le costará, por eso, es combate es muy efectivo si se sabe usar... -dijo el maestro de mi hermano-.
-¿Eso significa que moriré por esta estúpida cura?
-No, mujer, la vida que te quita la cura no es equiparable a la vida que te quitaba esa herida, que era mortal. Bueno, te trajeron muy malherida y yo hice lo que pude, espero que eso sea suficiente o lo siguiente será más peligroso.
-Bueno, me da igual morir, llevo preparada para ello desde que nací. ¿Quién me trajo hasta aquí? -justo cuando acabé la frase apareció el culpable. Me levanté de la cama, y a pesar de que sentía un fuerte dolor en el abdomen empuñé mi espada-. ¡Te voy a matar!
-¿Por? Vaya, te salvo la vida y así me lo agradeces. Me habría dado igual dejarte morir en aquel bar, lo hice porque Haru me lo pidió -era Gund. Siempre iba a haber alguien que me vigilase y fastidiase-.
-Pues me parece perfecto -dije con sarcasmo-. Yo me marcho de aquí.
No puedes, y lo sabes -dijo el maestro-. Reposa y aprovecha, que aquí nadie te va a molestar.
-No esté usted tan seguro -le respondí-. Oiga, ¿me podría recordar su nombre?
-Claro, soy el Maestro Nusop, el que enseñó a manejar la espada Per, tu hermano. Y ahora, muchachita, ¿vas a hacerme caso y tomarás un descanso antes de regresar al castillo?
-Claro... -dije con total sarcasmo-. La verdad, no tenía pensado volver bajo ningún concepto. ¿Por qué lo iba a hacer ahora?
-Porque como no vuelvas, los Osbourne van a dar una orden de busca y captura, le van a poner precio a tu cabeza y entonces si que no tendrás ninguna oportunidad de salvar tu vida. ¿Crees que la gente no te buscaría por una recompensa cuantiosa? Lo harían hasta por una hogaza de pan... -dijo Gund, molesto-.
-¿Y qué pasa si me da igual? Si muero, que sea haciendo lo que yo quiera.
-No. ¿Tu madre dio su vida para que tú saques un razonamiento tan estúpido de ello? Puedes hacer lo que te dé la gana, a mí me da exactamente igual, pero te recomiendo que me hagas caso.
-¿Y cómo se supone que voy a volver? Me van a descubrir si no se han dado cuenta ya de que me he marchado...
-Lo dudo. En el castillo hay muchísima gente, no creo que tuviesen todos los ojos sobre ti en todo momento. Con una simple capa bastará para que entres, pasarás desapercibida fácilmente.
-Vale... -dije resignada. No me quedaba otra-.
Cerré los ojos un rato, a pesar de que el dolor seguía atormentándome, como si aún tuviese la espada atravesada en el estómago. Se suponía que al cabo de un tiempo se curaría y todo volvería a la normalidad, pero no estaba muy segura, ya que habían empleado magia para curarme, y no era algo que siempre fuese efectivo. Cuando volvía a abrir los ojos vi que la habitación estaba vacía, no había nadie, y me empecé a asustar. Sabía que no me podía fiar de nadie estando tal y como estaba, y aquello precisamente no me tranquilizaba. Me levanté y busqué por la humilde morada del maestro. Pociones, recetas, algún arma simple...pero ni rastro de persona alguna. Me sorprendió ver en la pared colgadas dos espadas, como las que usaban los dimachaerus (gladiadores romanos que usaban dos espadas en combate). ¿Qué tendrían que ver aquellos guerreros con este humilde mago?
Me había quedado anonadada mirando aquellas dos bellezas cuando me sobresalté por la aparición de aquellos dos individuos:
-Vaya, ¿ya estás levantada?, ¿te encuentras mejor? -me preguntó el maestro-.
-Sigo igual, pero no me voy a quedar ahí tumbada para siempre. Ya estoy lista para marcharme -intenté ser agradable-. Quería darle las gracias, maestro Nusop, por haberme curado y también disculparme por mi comportamiento de antes. Ha sido totalmente imperdonable, lo entiendo.
-Jajaja, que chica, no has cambiado nada. Bueno, si estás segura de que ya puedes partir, pues me fiaré de ti.
-No se preocupe, estaré bien. Sé cuidar de mí misma -el maestro y Gund se rieron al unísono-. ¡Aprenderé sobre la marcha! Venga, vámonos ya.
-Espero que nos volvamos a ver, jovencita. ¡Hasta otra!
-¡Adiós!
Nos marchamos, y me di cuenta de que no sabía dónde estaba mi espada:
-¿Y la espada que me regaló mi hermano? -dije, mientras miraba en todas las direcciones-.
-Cuando te encontré no tenías ningún arma. ¿Estás segura de que la llevabas? -preguntó Gund-.
-Claro, recuerdo haberla empuñado cuando andaba por el bosque en el que me atacaron...A lo mejor me la robaron... ¡encontraré a ese desgraciado y acabaré con él!
-Pero a ver, ¿tú estás loca? Antes de ir por ahí enfrentándote a cualquier individuo deberías de mejorar y aprender a usar la espada como es debido, ¿no?
-Sí, si eso suena muy bien. Pero estoy sin espada, ¿recuerdas? Puedo pelear con los dientes, pero no me suena muy tentador tener que quedarme mellada...
-No son necesarias las espadas al principio del entrenamiento, Además de manejarla, tienes que compenetrarla con otros aspectos fundamentales en el arte del control de este arma. Pero te niegas a mejorar, así que nunca recuperarás tu querida espada...
-Hablé con Haru, y acepté vuestra propuesta para prosperar en mi especialidad, que estoy segura que es la lucha, no la magia, pero es pronto para decirlo.
-Y eso fue antes de escaparte, ¿no?
-Eh...puede... -intenté disimular-. Vaya, que oscuro está todo...
-¡No cambies de tema! Te lo diré una sola vez: procura no escaparte de nuevo y te ayudaremos. Podemos llevarnos bien, pero nos lo estás poniendo muy difícil con tu cabezonería y tu estupidez. No es que te esté insultando, quiero decir que puedes confiar en nosotros, te vamos a ayudar, no actúes a lo loco, sin pensar en las consecuencias, porque puede costarte muy caro. ¿Vale?
-Está bien... Verás, salí del castillo porque recibí una carta de mi hermano y su novia diciendo que estaban bien y que querían verme, y estaba deseando ver a mi hermano, que durante todo este tiempo me ha estado ayudando, y ahora él es mi única familia.
-Lo entiendo, sé lo importante que es la familia, pero tienes que aprender a actuar con cierta cautela.
-Y siento haberme puesto así antes con vosotros...
-¿Cuando te has despertado?
-Sí, en ese mismo momento. Estaba muy frustrada porque mi plan no había salido bien, y lo pagué con las primeras personas que pillé, vosotros.
-No, si tienes un "buen carácter"... Eso es algo que también tienes que aprender a controlar.
-Ya veremos -frené en seco-. Y, ¿cómo me encontraste? Yo lo último que recuerdo era que iba a entrar a un bar y se hizo la oscuridad.
-Oh, eso es...gracioso. Pues bien, yo iba a salir de aquella taberna, y alguien estaba justo abriendo la puerta, y como esa persona tenía poca fuerza, pues yo acabé golpeándola... -puso cara de situación-.
-Y ahora me vas a decir que esa persona era yo y por eso tengo la nariz morada, ¿no? -asintió-. Como si la espada hubiese sido poco...
-Fue sin querer, te lo aseguro. Oye, míralo por el lado bueno, si no te hubiese encontrado ahora estarías más que muerta.
-O a lo mejor estaría a bordo de un barco pirata...
-¿Pirata? Venga ya, eso es una estupidez. Lo único que saben hacer es robar, destruir aldeas y violar mujeres... -le miré con cara de odio-. ¿Por qué me miras así, he dicho algo malo?
-Mi madre me dijo que mi padre fue un pirata... y que se querían, pero por seguridad él se tuvo que ir... No sé si es verdad o no, me ha contado muchas cosas diferentes, cosas que hacen que le odie cada vez más y más, pero confío en que alguna sea la cierta. Y si es esta, a lo mejor, si me hago pirata lo encuentro.
-¡No digas tonterías! Eso no suena del todo creíble, y si desperdiciases toda tu vida en ir en busca de algo que no es real, ¿qué te queda?
-No tengo nada que perder -suspiré-. Supongo que no es real, pero me hace ilusión pensar así... Mi locura es lo que me mantiene viva -intenté sonreír para no darle demasiada importancia, pero estaba ciertamente loca-.
-Puede que tengas razón -miró hacia el cielo-. Deberíamos de apresurarnos, o cerrarán las puertas del castillo, y entonces sí que tendrás un buen problema por delante.
-No puedo andar más deprisa, estoy haciendo lo que puedo.
-Yo no voy a ser el que sea condenado a muerte si no está presente mañana temprano para hacer su trabajo.
-¡¿No puedes entenderme?! Me han herido, y me duele bastante. Cada paso es un suplicio, y los palos que me ha dado la vida últimamente no contribuyen demasiado. Sé de sobra las consecuencias de mis actos, a pesar de que tú no te hayas dado cuenta. En todo momento me ha dado igual morir, he hecho lo que creía conveniente, y ahora estoy intentando enmendar mi error. Es tarde, pero ya sabes "mejor tarde que nunca". Y no necesito a alguien que me vaya diciendo lo que pasará, como si de un cura predicando se tratase -se hizo el silencio absoluto, me sentí avergonzada por mi comentario, y empecé a poner cara de pena. Suerte que en la oscuridad no se veía-.
Me distraje tanto en mis pensamientos que, al mirar al frente me sorprendí con la figura del castillo de los Osbourne. Por suerte las puertas seguían abiertas, y todo parecía estar normal:
-Toma, ponte esto -me dio una capa-. Procura ocultarte bien el rostro, y si te preguntan algo, no respondas. Diré que eres un prisionero.
-Vale. ¿Y si me obligan a hablar?
-Pues habla, pero pon voz de hombre e improvisa un poco, pero con cuidado. ¿entendido? -asentí-. Bien, pues prepárate, que vamos para allá.
Me oculté la cara tanto como pude, lo suficiente para poder ver y que no me viesen los demás. Hacía un gran favor al mundo ocultando mi fealdad, triste pero cierto.
Empecé a temblar mientras pasábamos al lado de la puerta y cerca de los guardias que las vigilaban. Por suerte conseguimos pasar sin llamar la atención, a pesar de que era muy tarde ya. Sólo me quedaba regresar a mi habitación y descansar:
-Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no?
-Sí. No levantaré sospechas y no volveré a escaparme ni a desafiar a nadie que me pueda.
-Bien, aprendes rápido. Y recuerda esto: mañana, cuando acabe tu jornada de trabajo, irás al campo de prácticas, donde Haru y yo te estaremos esperando para hablar contigo sobre lo que te vamos a enseñar cada uno, y cómo será. Supongo que ella también te echará la bronca por haberte escapado, pero en parte ya lo sabía, así que no sé que ocurrirá exactamente. Y mañana cambia tus vendajes o se te infectará la herida. Bueno, me voy.
Entré en mi habitación, y me tiré en la enclenque cama. Estaba agotada, y mi estado físico era más que lamentable. Me empezó a arder el estómago, y tuve curiosidad por ver qué tal estaba mi "bonita herida de guerra". Me quedé petrificada al ver que estaba abierta, y sangrando. Y más tarde me di cuenta de que el uniforme estaba empapado de sangre también. No era para nada buena señal, no parecía que me fuese a recuperar...
Espero que os haya gustado el capítulo, rattleheads ;) Hice una apuesta, y subí lo que me dio tiempo. No es que estuviese muy inspirada (nada, para ser concreta), algo es algo. Estas vacaciones me pondré las pilas para hacer un buen especial de esta historia, y sí, los capítulos serán mejores y más largos, no tan pesados y cortos como ahora. Comentarios, likes, ya sabéis que no están de más :3 Gracias por leer ^ ^

Oye, qué mala gente es Kayle con los que la ayudan. Por favor, que alguien la dé eso que toman las de los anuncio de compresas, que se las ve muy felices.
ResponderEliminar