sábado, 25 de octubre de 2014
Wings of Desiny- Cap.16: Warriors of Ice
Y lo sabía desde el principio. Empecé a sospechar lo que estaba ocurriendo cuando el enlace entre Dave y Simone se adelantó considerablemente, aunque nunca llegué a estar del todo segura de que mi idea era la acertada. Y ahora ya era tarde, ahora que Simone se había salido con la suya- Si le comentaba alguien lo que acaba de pasar no me creería, obviamente, carecía de pruebas concluyentes que mostrasen su culpablilidad, y además, sería la palabra de una sirvienta frente a la de una reina. Tenía que ingeniármelas para encontrar el modo de que el resto de residentes del castillo, sobre todo Joan, ya que era la únca que quedaba de su dinastía, y además era lo suficientemente fuerte como para pararla los pies a la descarada de Simons.Aunque se lo tenía que decir a alguien para que me ayudase a mostrar la verdad al resto de personas, y ya sabía a quién decírselo y había elaborado un plan para ejecutarlo. Esa persona era Joan, pero mi plan dejaba demasiado que desear.
Volví, no quería que me descubriesen, y además quería descansar después de tanta locura, había sido un día tremendo en el peor sentido. Si la situación no cambiada radicalmente a mejor, el reino se iba a venir abajo en un abrir y cerrar de ojos, y lo pero era que nos iba a llevar a todos por delante, menos a Simone. Aún no comprendía muy bien por qué Simone hacía eso, si era tirarse piedras a sí misma, pero no iba a poner en duda algo que alguien con estudios había ideado, pues yo a penas sabía leer y escribir, no podía creerme más lista que ella. A lo lejos aún oía pasos de Simone y el otro tipo misterioso, que caminaban en la oscuridad con total tranquilidad a pesar de que corrían peligro.
Entré al castillo y fui directa a mi habitación, sin siquiera mirar atrás para ver si alguien me había visto o me estaba siguiendo. Me eché en la cama y me quedé dormida al instante, el cansancio me venció antes de que me diese cuenta.
Desperté con la luz del sol influyendo directamente sobre mi rostro, como ya era costumbre. Me levanté despacio, e incluso tranquila, esperando a que mi suerte empezase a mejorar, al menos un poco, no pedía tanto. Me arreglé un poco, como cada mañana, y me fui directa a buscar a Gund y Eddie, después de lo que había pasado no iba a confiar en nadie más por el momento.
Justo al salir da la habitación recordé que tenía que hablar con Joan en primer lugar, antes de que se me olvidase y las cosas fuesen a peor. Ahora que me daba cuenta, si salvaba la situación podía ser recordada, o al menos salvar mi trasero por un tiempo. Estaba en mis manos, así que me apresuré en encontrar a Joan, pero como suele pasar, cuando buscas a alguien no aparece, sino que te encuentras con quien justo no deseas cruzarte, Simone:
-Buenas -la dije, intentando mostrar que iba con prisa para escaquearme de la situación-.
-Hola -dijo Simone sonriendo como si nada pasase-. ¿Buscas a alguien?
-No, es que tengo prisa por...empezar mi trabajo, y así poder descansar más tiempo, que con todo lo que ha ocurrido últimamente no duerme nadie... -traté de disimular lo mejor que pude-.
-No es que haya mucho que hacer después de todo, hay muchos criados ya. No estoy insinuando echarte -en realidad sí, mala pécora-, sino que te tomes la situación con tranquilidad. Las prisas no son buenas, o sino que se lo digan a mí querido Dave... Mira dónde acabó...
-Por tu culpa, simpática -dije en voz inaudible-.
-¿Qué has dicho? No te he oído, pues tu reina está un poco mal del oído -sonrió-. Bueno, no importa. Si quieres ve un rato al exterior, visita el mercado, no sé, tómate el día libre.
-¿Está segura de que no me va a echar del trabajo?
-No, claro que no, aquí sigues siendo necesaria. Todos lo son. Toma, compra todos los artículos de la lista. Algunos son un poco difíciles de encontrar, pero si rebuscas darás con ellos. Te daré el dinero, y si te falta, diles a los mercaderes que ya me pasaré luego a pagarles lo que falta en persona.
-Entendido, reina Simons. ¿Quiere algo más?
-No, sólo quiero que vayas ya a hacer el recado mientras se hacen el resto de tareas de palacio. Pero eso sí, ni se te ocurra irte con el dinero o te arrepentirás, te lo aseguro.
-Me lo creo viniendo de usted -dije en voz baja-.
-¿Qué decías?
-Nada, es que me estaba aclarando a garganta... Ya mismo voy a cumplir lo que me ordeno.
Salí disparada hacia la puerta con la intención de huir de aquel sitio demencial y al menos descansar un rato la mente y ver cómo andan las cosas por el exterior. Incluso llegué a sonreír, algo que no hacía hace mucho tiempo. Miré el pergamino, intentando entender todo lo que podía, pero no es que estuviese muy claro. Fuera como fuese me aba igual, yo compraría lo que pudiese, porque no me apetecía volver tan pronto. Ni tan tarde, nunca, pero tenía que regresar si quería conservar mi feo pellejo algunos días más, o al menos uno.
El aire removía mi melena, me hacía sentir viva y libre por un momento. Fui al mercado que conocía más cercano. Me habría gustado poder visitar mi antigua aldea, pero sabiendo como estaba la anterior vez que fui, no creía que fuese a estar muy diferente, más escombros por la zona, probablemente.
No tardé mucho en llegar al mercado, y tras comprar algunas de las cosas que entendía que ponían en la lista, me parcé en una esquina donde había un gran grupo de gente hablando. Lo hice por curiosidad, principalmente, pero resultó ser como una señal:
-¡Lo juro! -dijo el muchacho que estaba en el centro, que al pareer era el que estaba hablando en primer lugar-.
-¿Es cierto eso que dice, joven? -le replico una mujer mayor, que parecía estar descolocada por lo que acababa de oír-.
-Sí, señora, por lo visto una guerra de dimensiones descomunales nos va a tormentar dentro de poco por le desastre que se ha originado tras la muerte de los reyes y el príncipe.
-Y la pobre reina sola -comentó otro hombre que estaba de espectador-.
-Tenemos que huir antes de que sea tarde, porque no me haría mucha gracia morir en momentos de prosperidad económica -dijo el pregonero-.
-Qué prosperidad económica? El reino se va a pique, pero eso no supone ninguna novedad porque el reino ya estaba en crisis hace años. Que haya una guerra, a mí me da igual. Me iré con mi familia a otro sitio, que no falten las embarcaciones.
-No podemos dejar nuestro reino en manos de otros tan fácilmente. Deberíamos de quedarnos, al menos para defenderlo con nuestras vidas. Llevamos aquí viviendo mucho tiempo, y si aún no nos lo han quitado es por algo. ¡Yo me quedo! -dijo un joven que no tendría más de 20 años, alzando el puño-.
-Es una locura -dijo el pregonero-, aunque tienes bastante razón. Es muy arriesgado.
Decidí apartrame de la conversación, era ya demasiado. Yo ya sabía lo que iba a pasar desde un principio y lo dije. Podía haberme equivocado, pero por el momento, referente a todo lo que estaba pasando no había fallado en lo más mínimo. Tenía que hacer algo.
De momento, sé que ha quedado muy corto el capítulo, pero no me ha dado tiempo a hacer nada más, por desgracia. Se me estropeó el ordenador y escribo en otro en el que me cuesta más, es más complicado e incómodo avanzar, pero con esto aro una nueva etapa en esta novela. Espero que os haya gustado este pequeño fragmento, gracias pore leer.
miércoles, 15 de octubre de 2014
Superhuman-Cap.36: Fight
~~~~~~~~~~~~~Una semana después~~~~~~~~~~~~~~~
*********David**********
Ya había pasado una semana desde que habíamos vuelto del hospital, aunque Kim aún no había regresado, o al menos su alma, pues su cuerpo, manejable cual pelele, seguía allí, presa de sus mayores pesadillas. Había encontrado un piso que estaba bastante bien para nosotros, lo alquilé, y ahora nos encontrábamos allí, esperando a algo, aunque hasta aquel punto no comprendía el qué. Randy, Cande, Jon habían sido algunos de los que habían venido a ver cómo estaba Kim y a analizarla por si podían sacar algo concluyente y acabar con sus estado aparentemente de "coma". Resultaba triste, muy triste, tanto que cada vez que la miraba sentía que un pedazo de mi corazón se desmenuzaba. La sensación de impotencia que tiene alguien al ver que no puede hacer algo, ni intentándolo con todas sus fuerzas, era de lo más desagradable. Randy venía todos los días y hablaba con ella, la hablaba de todo lo que pasaba, como si ella fuese consciente de ello. Reconocía que tenía una paciencia admirable, viendo que no daba resultados su terapia. Se me estaba haciendo muy cuesta arriba criar a los dos pequeños solo, a pesar de que teníamos buenos amigos que se ofrecían a ayudarnos, pero sin contar con el apoyo de la madre, no sabría muy bien que haría en un futuro si sigue así. Era por la mañana, así que encendí la televisión un rato para que los pequeños, a los que ya les llamaba la atención las luces y los colores, se entretuviesen un rato. Me asomé varias veces a la habitación, donde Kim seguía echada, no sabía muy bien si estaría despierta o durmiendo, aunque no importaba, apenas suponía una gran diferencia. Alguien llamó a la puerta, y no me quedaba más remedio que ir a abrir, pues estaba yo solo:
-¿Quién es? -la desventaja de aquel piso era que no tenía mirilla, y no sabías quién quería visitarte, podría ser un asesino en serio y ni darte cuenta-.
-Soy yo, David -reconocí la voz al instante, era Randy-.
-Ya abro -abrí la puerta e invité a Randy a entrar-.
-¿Algo nuevo? -me preguntó-.
-No, para variar. Está como siempre, echada en la cama, sin dar señales de vida, aunque la he visto respirar, al menos sigue viva.
-Pero de qué manera -dijo Randy bajando la cabeza-. Podemos seguir intentando despertarla de ese extraño trance, al menos podemos intentarlo hasta que pase un mes, pero a partir de ahí, deberías de pensar en hacer algo...
-¡No la voy a matar por eso!
-No me refiero a matarla, sino llevarla a un psiquiátrico o algún sitio en el que la puedan hacer un análisis que determine qué es lo que la pasa, porque ni siquiera nosotros lo sabemos. Y puede que eso supongo la gran diferencia.
-Tienes razón, aunque dudo que nos digan algo que nosotros no hayamos ya presenciado, y sería poner en peligro a Kim, no la pueden ver o la intentarán matar. Mi padre aparece siempre en el momento más inoportuno, por eso creo que es arriesgarse demasiado, y sin la seguridad de que vaya a solucionar algo. Bueno, dejemos de discutir este tema por ahora, dejemos un límite de tiempo, y vamos a pensar con calma. Igual así podemos hacer que la situación mejore.
-Voy a por ella, la hablaré un rato, como siempre, y ya está, a ver qué pasa. No hay que perder la esperanza aún, estoy seguro de que mejorará. Eso sí, cuándo lo hará no te lo sabría decir, pero ánimo, no durará para siempre -Randy me dio una palmada en el hombro, aunque no me sirvió de mucho, seguía perdido en mi mente-. Si quieres habla hoy tú con Kim y yo mientras vigilo a los pequeños.
-Vale...
No es que tuviese los ánimos necesarios como para esmerarme en una tarea que ni siquiera sabía si saldría bien, pero tenía que hacerlo. Como había dicho previamente Randy, en algún momento Kim tendría que volver a ser la de siempre... o bien podía irse definitivamente. Me había planteado demasiadas veces aquella maldita opción, muchas más de las que mi cabeza necesitaba, pero en cierto modo me estaba preparando para lo peor, aunque esperaba que no fuese a ocurrir. Me levanté, abrí la puerta de la habitación y allí estaba, tumbada en la cama. Casi me da un paro cardíaco al verla torcer la cabeza. Al menos estaba despierta y sabía que yo estaba allí, algo era algo. La levanté y la llevé la salón. La senté, y en frente suya, en una silla, me acomodé yo. No sabía muy bien qué decirla, mirarla no me aportaba ninguna inspiración, así que simplemente dije lo que estaba pensando:
-Oye, Kim, sé que probablemente ahora no me estarás escuchando, y si fueses la misma Kim de siempre dirías "Entonces, ¿por qué lo haces?". Te responderé aunque no me lo hayas preguntado: en mi interior albergo la esperanza de que, día a día, con las charlas que Randy y yo te damos, estés un paso más cerca de recuperarte, porque tengo que decírtelo. Te necesito, egoístamente hablando. La situación me supera hasta límites incalculables, estoy al borde del colapso. Con dos bebés y solo, pero ese no es el problema, sino el no saber qué hacer contigo, la pena que todos sentimos al verte ahí, de cuerpo presente y alma ausente, recordando a la Kim original. Nos gustaría que volviese, aunque sabes que yo siempre te voy a querer -miré hacia Randy, que se había emocionado por las palabras que la había dicho-.
-Ojalá te haya oído. Si lo ha hecho, seguro que la ayudará a regresar.
-Ojalá... -repetí, hasta que se deshizo-.
Seguí un rato más hablando con ella. Me sentía como un profesor de niños pequeños al que todos ignoran, era como si yo allí no pintase nada, como hablarle a la pared. Randy no tardó en irse, al parecer tenía cosas que hacer. Jugué un rato con los niños y me quedé dormido junto a ellos.
No sabía muy bien si era fruto del cansancio acumulado o simplemente una alucinación, pero al levantar la cabeza vi que Kim no estaba, aunque notaba su presencia, conservaba la telepatía con ella. Intenté encender la luz, pero al parecer había desaparecido en interruptor. ¿Qué estaba pasando? Me sentía confuso, sin saber muy bien qué hacer. Quería encontrar a Kim y ver si estaba bien o comprobar si simplemente me estaba gastando alguna broma inconscientemente. Me levanté, y busqué a oscuras algo para ver, como una linterna o lago parecido, pero no encontré nada. No quería dejar a los niños solos, algo malo les podría ocurrir si lo hacía, puede que todo eso fuese una estrategia para atacarme a mí también. Dejé de pensar, cogí a los niños, uno en cada brazo, y me dispuse a caminar, esta vez con más cuidado para no nos cayésemos todos. Me dirigí hacia la salida de la casa, la cual estaba un poco más iluminada, pero aún así no era suficiente para ver si había algún peligro cerca, Tuve la extraña sensación de que alguien me observaba, me giré, y efectivamente, en un rincón alguien nos estaba espiando. Me quedé mirando fijamente al punto en el que estaba el supuesto o la supuesta bromista en cuestión. No tardé en averiguar quién era, pues pronto empezó a arder (literalmente). Era Kim la persona que allí estaba. Y lo peor era que no me daba buena espina:
-¿Kim? -la pregunté, aunque era bastante absurdo-.
-No lo sé, dímelo tú. ¿Sabes quién soy?
-Claro que sé quién eres, te lo pregunto porque no alcanzo a verte bien, no te ofendas -esperé alguna respuesta suya, peor no la obtuve-. ¿Qué estás haciendo?
-No lo sé, dímelo tú. ¿Qué estoy haciendo?
-¿Por que repites el mismo tipo de pregunta que yo te hago? Pensé que si en algún momento volvías, lo harías con tu cerebro intacto, aunque bueno, al menos estás aquí, de vuelta -la sonreí, pero su fuego aumento, por lo que asumí que no la debió de resultar demasiado agradable-. Estás muy rara, y no has respondido a mi pregunta.
-A lo mejor lo he hecho y no te has dado cuenta... ¿Lo he hech...?
-¡¡Para ya de hacer eso!! Cuestionándome todo lo que yo te pregunto no es la solución al problema que, sea cual sea, tengas. Ni siquiera entiendo qué está pasando, no puedo decirte nada que te ayude -se volvió a hacer el silencio-. ¿Me has oído?
-Supongo.
-¡Maldición, Kim, vale ya! No sé qué te ha pasado, pero te has convertido en una persona muy desagradable, la menos en cuanto a forma de ser y tratar a la gente. ¿Estás segura de que eres la Kim que yo conozco? ¿Sabes quién soy yo?
-Sí lo sé, pero ese no es el problema. ¿Sabes tú quién eres?
-Me voy a acabar yendo con tal de no oírte decir tantas incoherencias seguidas.
-Lo más triste es que no son incoherencias, si lo analizases detenidamente te darías cuenta de que es la clave para algo, pero no, mejor tú quéjate e irrítate. Corre, ve a llorarle a tu querido padre, que tanto te quiere y te cuida.
-No me puedo crees que tú seas Kim, es imposible. Seas quien seas, por favor, márchate.
-Soy Kim y lo sabes. Y también sabes que no me puedes dejar ir y no lo harás, ¿a que no?
-Lo haré si no me queda más remedio y si veo en ti una amenaza, y ¿sabes qué? Ahora veo una en ti, así que, por favor, abandona la casa pacíficamente.
-No lo haré, tú no me vas a dejar.
-¡Lo haré, maldición! -fui hacia ella, pero quemaba tanto que era imposible siquiera aproximarse para verla mejor-.
-¿Sabes una cosa, David? Lo que te impide venir a por mí es tu ceguera, no mis llamas, aunque en cierto modo las dos tienen algo que ver. Adiós -se esfumó-.
No entendía nada de lo que acababa de suceder, no tenía sentido alguno, y por más que lo pensaba, no lograba encontrarlo por ninguna parte. Eché a los bebés en sus cunas e investigué la casa. Todo estaba normal, no parecía que nada hubiese ocurrido, pero no tenía esa misma sensación, sabía que en el interior había algo que no cuadraba, a parte de la desaparición de la persona que aparentemente decía que era Kim. Noté unos golpes en la cara, pero no sabía de dónde procedían.
Entonces desperté. Suspiré, aliviado, al comprobar que todo lo que acababa de pasar era sólo una pesadilla más, aunque mucho más surrealista que cualquiera de las otras que he tenido. Los golpes me los estaba dando Stefani, que ya se había despertado y estaba inquieta. Miré en dirección al sillón en el que Kim había estado sentada cuando hablé con ella. Allí seguía, sin inmutarse de lo que estaba pasando, ni de nada, realmente. Sentí pena al verla allí, de ese modo, pero no podía hacer nada. O sí.
Espero que os haya gustado el capítulo, ha sido muy corto, pero no he tenido nada de tiempo con los exámenes y los trabajos. Además, no es que esté teniendo una gran semana, así que les pido perdón, y prometo que el siguiente capítulo será más largo y mejor. Gracias por haber leído, criaturitas del Metal!
viernes, 10 de octubre de 2014
Risk-Cap. 22: Trophy Kill
Jerry no se había percatado de lo que había pasado, pero lo consideré una ventaja, sino luego creería que estaba loca y me llevaría a un psiquiátrico , con camisa de fuerza. El resto del camino seguimos charlando, por lo que se me hizo más llevadero, y me permitió conocer más a Jerry, al que antes consideraba sólo como un "amor de verano". Realmente echaría de menos mi trabajo como roadie, concretamente esta última gira de Clash of Titans. Había vivido muchos buenos momentos, que superaban con diferencia a los malos. Esperaba que lo siguiente que estuviese por venir no fuese peor y estropease mi nueva percepción del mundo, no quería encontrarme con un doble de Álex, su cómplice o a los dos di es que existían, no sabía muy bien que pensar sobre el tema, prefería dejarlo en la duda y olvidarlo. Miré la hora que era, justo el momento indicado para volver al hotel, preparar nuestras cosas e irnos a Florida. No tardamos en llegar, puesto que la vuelta, al menos a mí, se me hizo más corta que la ida. Por el camino incluso tomé de la mano a Jerry, lo que le sorprendió. Parecía que estaba progresando, y empezaba a ser una persona más cariñosa. Cuando llegamos al hotel cogimos nuestras cosas y esperamos al bus. Antes le dije a Dave que iría con Alice in Chains para que no me esperasen, y así estaría por la zona más tiempo y podría investigar un poco. El autobús no tardó en llegar, aunque el resto de AiC sí, concretamente Layne, que no encontraba su equipaje:
-Vaya chicos, casi no llego -dijo Layne, sofocado-.
-¿Has encontrado tu maleta? -le pregunté para saber si podíamos irnos ya o no-.
-Es que me he dado cuenta de que la había metido hace un rato en el maletero... -contestó Layne con una sonrisa de indiferencia-.
-Lo tuyo es grave, pero mucho -comentó Sean, que era el primero que había entrado al vehículo-. Bueno, no sé de qué me extraña, si esto habitual en ti -todos nos reímos-.
-Oye, creo que tenemos un espía entre nosotros -dijo Sean, mirándome fijamente, como si fuese una sospechosa-.
-No seas idiota, Sean, es Skylar, la conoces, haz memoria. Las drogas no te pueden haber frito el cerebro aún -dijo Jerry con tono sarcástico-.
-Ya, si sé quién es, pero me extraña que venga con nosotros en vez de con su banda. No te ofendas, Skylar, me caes muy bien, pero pensé que querías matarnos a todos...
-No te debería de extrañar... -le contesté, un poco cortada-.
-Es cierto, Si Jerry y ella están liados -soltó Layne de manera fluida, y tras ello se cubrió, como si estuviese esperando a recibir un golpe-. ¿No me has pegado? -me preguntó-.
-¿Por qué te iba a pegar? Nos has dicho ninguna mentira, es cierto que Jerry y yo estamos juntos. Pero una aclaración, el término correcto no es "estar liados", ¿queda claro? -le miré con cara de mafiosa para asustarle, pero era difícil tomarme en serio con esa cara-.
-¿En serio? -exclamó Sean--.
-Yo no sabía nada -dijo Jerry, y tanto Layne como yo le dimos en el brazo y dijimos a la vez "mentira"-. Ya, era broma, no hace falta que me martiricéis, claro que estamos juntos. Lo raro es que sólo lo supiese Layne, como si no fuese aparente la química que hay entre nosotros.
-Pues debes de saber poco de ciencias, tío -dijo Mick con en broma-. Oye, yo pensaba que Skylar hacía mejor pareja con cualquiera de nosotros menos contigo...
-No seas idiota, Mick, todos sabemos que es Jerry el que está loco por mi cuerpo serrano -añadió Sean, poniendo una falsa pose sexy que provocó un estallido de risas a bordo del bus-.
-Sean, tú puedes ser mi amante si quieres, el puesto de novia ya está cogido -contestó Jerry-.
-Siempre me quedaré en el segundo lugar. ¡Malditos chinos!
-¿Qué culpa tienen los chinos de tu fracaso sentimental, Sean?
-No lo sé, era por culpar a alguien. Eh, si sois pareja quiero ver la prueba. Delante de todas nuestras narices -me acerqué a Jerry y le besé, pero Sean no parecía estar conforme-. Jo, yo quería otro tipo de prueba... -antes de que dijese algo más le golpeé con mi bolsa en la cabeza-. Ya lo pillo, de ahora en adelante me portaré bien -puso cara de niño bueno-.
El camino de ida a Florida era en un principio largo, pero como se dice, cuando lo pasas bien el tiempo pasa volando. Y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos en nuestro destino, en la bella ciudad. Hacía calor, pero se podía soportar (en realidad, no nos quedaba más remedio). Nos bajamos del bus y fuimos a dejar las cosas en el hotel, el cual no sabíamos muy bien dónde estaba. Layne ya estaba preparado para ir a la aventura, pero yo no quería perderme, menos sabiendo que voy con personas con peor orientación que yo:
-¿Esto es Florida? Yo me lo imaginé con flores, por el nombre -comentó Layne, y después se rió-.
-Yo sé llegar al hotel, así que os recomiendo seguirme para no perderos, al menos los que no sepáis ir -comentó Mick-.
-Yo te seguiré, amigo, porque soy malísima orientándome, en una ocasión me perdí de camino a mi vieja casa -me reí-.
-Si es que Jerry, que novia más mierdosa te has buscado -dijo Layne con su típica sonrisa-.
-¿Buscas pelea, gorila? -le respondió Jerry-.
-No, me parece que busca que le deje estéril -le sonreí siniestramente-.
-Vaya pareja de mafiosos, parecéis una banda de esas que van por ahí pegando palizas a la gente inocente.
-Layne, en caso de que te diésemos una paliza, estaría más que justificado, tenlo por seguro -nos reímos ante el comentario de Jerry-.
-¿Por qué me odiáis tanto? -Layne puso un falso puchero-.
-Oye, no te odiamos, sólo te hemos amenazado con pegarte, pero, al menos yo, eso lo hago mucho. Llámame mafiosa o violenta, pero es algo inevitable.
-Skylar, me acabo de dar cuenta de que me das miedo -añadió Sean, que hacía ya mucho tiempo que no intervenía en la conversación-.
-Al parecer, sólo Sean y Jerry me pueden soportar, el resto os hacéis caquita -puse tono de niña pequeña para enfatizarlo-.
-El camino que nos espera -dijo Mick atusándose el pelo-.
Y así fue. Estuvimos todo el rato discutiendo (en broma, como siempre) sobre tonterías, lo cual me benefició lo que no estaba en los escritos. Me había olvidado por un rato de los estudios, de Álex, del estés en general. Estaba alegre, y no tenía miedo de que algo pudiese arruinar el momento. Disfrutaba de mi segunda oportunidad como persona.
Al cabo de más o menos media hora, lo que ha a mí me parecieron cinco minutos, estábamos en frente del hotel. Fuimos a dejar nuestras cosas, y así de paso a echar un vistazo a la zona. Jerry y yo íbamos a ir juntos a dar una vuelta, estaba preocupado, y lo peor es que yo no sabía por qué. Cuando estábamos en la habitación dejando nuestras cosas le pregunté si le pasaba algo, y me respondió con un "no" que me heló la sangre. Jerry estaba sentado en la cama leyendo un libro cuando yo fui a preguntarle de nuevo:
-¿Qué haces? -me dijo cuando me senté encima suya, como si él fuese una silla-.
-¿Qué te pasa? Normalmente no estás tan "ido", por así decirlo.
-No me pasa nada, Skylar, ya te lo he dicho antes... -me rodeo con sus brazos-.
-Sé que mientes, porque yo digo lo mismo cuando me ronda algo por la cabeza. Simplemente dime qué es y ya está, no te voy a matar. Bueno, si me has puesto los cuernos podría hacerlo -me sonrió al decirle aquello-.
-No es eso. ¿Para qué iba a querer ponerte los cuernos? De momento te quiero y esas cosas...
-¡No te vayas del tema! Te pasa algo, lo has reconocido de manera inconsciente. Al menos dime qué es.
-No te preocupes, pesada, no es nada importante. Con esto reconozco que sí me pasa algo, pero no es nada malo, simplemente pienso una cosa.
-¿Qué cosa? Ah, y como me vuelvas a llamar pesada te dejo de hablar para el resto de tu vida o la mía, la que menos dure.
-Te he llamado pesada con cariño... Además, ya te he dicho que no es nada importante, sólo he estado un poco centrado en eso y me he aíslado mentalmente por un rato, pero ya vuelvo a ser el mismo de siempre.
-Espero que tengas razón y que no sea nada malo...
-Pero gracias por preocuparte -me abrazó-. Oye, ¿podrías ya bajar de encima de mis piernas? Sé que parezco una silla muy cómoda, pero soporto poco peso.
-¿Me estás llamando gorda?
-Por supuesto, es justo lo que estaba diciendo -le di una colleja-. ¡Oye!
-Si eso no era sarcasmo, prepárate -Jerry me miró con cara de miedo-. Muajajajaja.
Empecé a pegar botes encima suya, haciéndole estar más incómodo y haciéndole más daño, aunque intenté no pasarme. Mientras, Jerry había ideado una táctica para quitarme de encima, a base de cosquillas. Y lo consiguió, el maldito:
-Lo que me ha costado, buf -dijo mientras abrazaba un cojín-. Oye, ¿y si nos quedamos aquí en vez de salir?
-Bueno...me parece que nos vamos aburrir un poco, así que mejor salimos -intenté tomarle un poco el pelo-.
-Intentaba crear una atmósfera romántica -dijo Jerry-.
-Se me da a mí me mejor, y tengo tanta experiencia como un espantapájaros. Aunque el intento es bueno -dije acercándome a él-. ¿Jugamos al Monopoly?
-Yo tenía pensada otra cosa, aunque tu idea es...original.
-¿Nunca te das cuenta cuando bromeo, verdad?
-Al parecer no -nos reímos-.
Al poco tiempo alguien llamó a la puerta. Me impresionaba lo inoportuna que era la gente, siempre. La primera vez que llamaron lo ignoramos, pero cuando volvió a llamar 3 veces más no me quedó más remedio que levantarme e ir a abrir. No había mirilla para ver de quién se trataba, así que simplemente abrí la puerta:
-Hola, ¿es usted Skylar? -me preguntó un hombre con gafas de sol, chaqueta negra y vaqueros rotos con pinta de matón-.
-Sí, soy yo, ¿qué neces...? -antes de que acabase la frase me cogió y me llevó a un rincón alejado de la habitación-.
-Mira, zorra, sé quién eres. Tú novio me debía dinero, y ahora que no está me lo vas a dar tú todo. Sea como sea.
-Las deudas que tuviese Álex contigo a mí no me incumben -le respondí, intentando ocultar el miedo que sentía ante aquella situación tan incómoda-.
-¡Me da igual! -sacó una cuchillo oxidado de su bolsillo-. Quiero que me des una respuesta en menos de 3 segundos o te tocará lidiar con un corte profundo y una infección, con un poco de suerte si no mueres. Sé quién eres, dónde vives, y sé dónde estás en cada momento, así que será mejor que me hagas caso -empecé a temblar, y el tipo se alejó un poco de mí-. Bien visto, estás bastante buena, así que te doy la opción de darme el dinero y venirte un mes conmigo. Harás lo que yo diga y punto, perra.
-No voy a ceder. Si quieres mátame o haz lo que te dé la gana, no voy a ceder a tan vil chantaje, no me voy a rebajar a tu nivel -acercó su cuchillo a mi cuello, cada vez sentía mayor incomodez en mi garganta. Entonces noté que aquella presión desaparecía y vi a Jerry detrás-.
-¿Estás bien? -dijo mientras se acercaba corriendo hacia mí-.
-Sí, has llegado justo a tiempo -dije mientras le abrazaba con todas mis fuerzas.
-Vayámonos, ya he llamado a seguridad y este tipo que está aquí, tendido en el suelo va a ser arrestado por amenazarte e intentar matarte. ¿Qué se supone que buscaba?
-Quería que le pagase lo que mi ex le debía...
-Simplemente olvídalo, ¿vale?
-¿Que lo olvide? No es tan fácil, querido Jerry, te recuerdo que me han intentado matar hace un instante, ¡¿cómo quieres que me olvide yo de eso?!
-Tienes razón -me volvió a abrazar para calmarme-. Venga, volvamos a la habitación y hablamos si quieres. No es que me haga mucha ilusión que permanezcamos aquí tanto rato, nos pueden oír y, además, yo estoy tapado con una toalla, como si fuese un violador -me reí-. Huy, sí, una gracia...
-Es cierto, hasta yo lo pensaría -esta vez nos reímos los dos-. Sí, vamos a la habitación, yo tampoco me siento cómoda en esta situación.
Volvimos a la habitación y conseguí olvidar rápidamente lo que había sucedido. Lo necesitaba, porque junto a lo que había visto en el accidente de coche de esta mañana estaba bastante alterada haciendo mis propias teorías. En cuanto nos quisimos dar cuenta ya era hora de irse al recinto que tocaba para actuar. Nos encontramos con Layne de camino al bus:
-¡Hola chicos! Pensé que os vería paseando por las bonitas calles de Florida. ¿Dónde habéis estado, que no os he visto?
-¿A ti que te importa, Layne? -le respondió Jerry-.
-Porque si no me respondes me imagino qué habéis estado haciendo... -comentó Layne con cara de pervertido-.
-No insistas, eres muy pesado, ¿eh? -volvió a decir Jerry, ya ciertamente irritado-.
Espero que os haya gustado, he tenido una semana muy ajetreada, pero dentro de poco espero venir muy contenta por algo que voy a hacer, y se verá probablemente reflejado en mi trabajo como escritora :3 Gracias por haber leído.
sábado, 4 de octubre de 2014
Risk-Cap.21: Goodbye to Romance
Me levanté temprano, y aún así estaba animada. Procuré no hacer ruido para no despertar a Jerry,
al que madrugar no le sentaba demasiado bien (algo que, por otra parte, era normal). Cogí mis libros, como ya tenía por costumbre, y empecé a leer lo que me tocaba estudiar aquel día. Asignaba un número determinado de páginas por día, para organizarme mejor,
al menos para no liarme y saltarme algo importante. Eran muchas asignaturas, y si le añadía que yo ni siquiera había dado la mitad de las cosas que tenía que saberme y saber aplicarlas, me daban ataques de ansiedad por los malditos nervios. No quería haber estado estudiando tanto tiempo para luego, cuando llegue la hora de la verdad acabe fallando y haya perdido varios meses de mi vida en algo a lo que yo no puedo aspirar. Por el momento, el buen humor con el que me había despertado había expirado, y ahora era un manojo de nervios gracias a las matemáticas, que era lo que estaba estudiando en aquel momento. Mi cabeza por un lado me decía "Sigue intentándolo, sabes que lo vas a conseguir porque te estás esforzando", pero la otra decía "¿Para qué vas a seguir? No te va a servir de nada, eres una fracasada que tiende a estropear todo lo que hace". Las dos tenían razón, esperaba que la primera más que la segunda, aunque no iba a descartar hasta que no llegase el día del examen.
Cerré el libro y me levanté un rato, necesitaba relajarme y aclarar mi mente antes de seguir, sobre todo si quería hacerlo bien y no olvidarlo para cuando lo necesitase. Miré por la ventana, hacía un día estupendo, un buen día para ir a la playa a disfrutar, o a algún concierto con el ambiente tan veraniego. Miré a Jerry, que estaba totalmente dormido. Sentí la tentación de tirarme encima de él y así despertarle, pero podría darle un susto demasiado grande y provocarle un infarto o una caída (o ambas). Me reí, y pensé que, aunque no consiguiese sacar una buena nota, sabía que Jerry me apoyaría. Era una gran ayuda, nunca se lo decía, pero estaba muy agradecida de estar con él. Y a no ser que esté agonizando tampoco lo diré, pues puede que luego me arrepienta. Por aquel entonces
tenía la teoría de que cuando todo fuese bien, todo se torcería. De hecho, estaba demostrado, al menos yo lo había vivido repetidas veces, por desgracia.
Dejé de pensar en tonterías y cosas negativas y continué con mis estudios. Esta vez estaba mucho más centrada, haber reflexionado unos pocos minutos había sido lo mejor que había hecho por el momento. Tenía un montón enorme de hojas en las que hacía las cuentas, bolígrafos por todas partes, libros hasta en el suelo, reglas, una calculadora, lápices, gomas,... Estaba todo hecho un desastre, pero me servía. La mayoría de hoteles tenían una mesa pequeña, para dos personas, con la que me apañaba bastante bien, a pesar de la monstruosidad que ocupaba cada libro. Avanzaba rápido con la trigonometría, pero llegó un momento en el que no conseguía avanzar, me había quedado atascada, y eso me agobiaba demasiado. Leí una y otra vez la página, pero no conseguía encontrarle sentido. Empecé a murmurar, era lo que solía hacer cuando no podía avanzar con algún tema o algo me sacaba de quicio, aunque no hice en voz baja para no molestar al "Bello Durmiente". Maldije una y otra vez las fórmulas, hasta que acabé por coger el libro y cerrarlo. Respiré profundamente y lo volví a abrir. Me estaba costando demasiado estudiar, no sabía por qué, pero mi cabeza no era capaz de centrarse, como la mayoría de las veces ocurría. Miré la página atentamente, bebiéndome cada palabra, hasta que apliqué aquello a un problema. Entonces lo entendí a la perfección, ahora sí que estaba centrada. Lo malo fue que de la alegría me caí de la silla, y le di un susto a Jerry:
-¿Qué te ha pasado? -me preguntó mientras me ayudaba a levantarme-.
-Nada, es que me había alegrado por haber entendido algo que antes no comprendía, pero estoy bien -sonreí-.
-Skylar, son las 6 de la mañana, deberías de haber dormido más, o tu careza no rendirá como es debido. A veces es más importante tener la mente despejada que tenerla abarrotada de cosas que se sostienen con pinzas.
-Ya lo sé, pero quiero aprovechar al máximo cada día, quiero tener tiempo para estudiar, para estar contigo, para trabajar... No quiero tener agobios por la falta de tiempo, ya lo sabes.
-Sí, sé que no te gusta ir con el tiempo justo, pero es que no vas con el tiempo justo. Quedan pocos días para el examen y ya te has estudiado prácticamente todo, no te queda casi nada, te mereces descansar un poco, aunque sólo sea dormir unas pocas horas más.
-No, me acabaré agobiando por haber dejado las cosas importantes para el final.
-¿Tu salud no es importante?
-Sí lo es, pero quiero conseguirlo, cueste lo que cueste. Quiero demostrar a todo el mundo, pero sobre todo a mí misma, lo que soy capaz de hacer, que no soy una fracasada.
-Que lo quieras hacer para satisfacerte a ti lo entiendo, pero lo que los demás piensen de tu debería de importarte una mierda. Mira, pase lo que pase cuando hagas ese examen, debes de estar tranquila, y estar orgullosa de haber intentado algo tan arriesgado y valiente.
-Supongo... Gracias por los ánimos, la verdad es que me vienen muy bien ahora.
-Sabes que siempre que pueda te daré ánimos, y más si veo que tienes muchas posibilidades de conseguirlo, como esta vez. No te miento, lo sabes -le abracé-.
-Vale, pero aún así seguiré estudiando un rato, así esta noche podré ir a cenar con los chicos y habré avanzado un poco.
-Como quieras. Si luego te sobra un poco de tiempo podríamos mirar lo del piso, ¿no?
-Ah, sí, lo había olvidado, lo siento. Tengo la cabeza hecha un lío extremo -suspiré-. Tú sigue durmiendo, y te despierto cuando ya haya acabado, ¿vale?
-No voy a volver a dormir, pero esperaré lo que necesites. Si no da tiempo ahora, después de que hagas el examen.
-Sí...
No sabía por qué me sentía tan mal, en realidad estaba haciendo lo correcto. Lo principal era estudiar, y dejar el resto de cosas un poco de lado por el momento. Sabía que Jerry estaba molesto por eso, ni siquiera le prestaba atención, sólo pensaba en movimientos literarios, combinatoria y demás cosas relacionadas con mis estudios. Estaba volviéndome una enferma del estudio, y puede que eso no me ayudase mucho a la hora de hacer la prueba. No me vendría mal dejar un poco de estudiar, por un día no se me iba a olvidar todo, era muy improbable, así que cerré los libros y me metí en la cama. Jerry, que estaba sentado al otro lado me miró extrañado:
-¿Qué haces? -me preguntó-.
-Tienes razón, necesito descansar un poco, así que me voy a echar a dormir otro rato, y luego podemos mirar lo del piso, ¿vale?
-Como quieras, aunque me alegro de que hayas decidido tomarte un descanso -Jerry sonrió-. Bueno,entonces apago la luz. Yo me voy a duchar, intentaré no hacer ruido para despertar a la mi Bella Durmiente.
-¿No vas a seguir durmiendo? Pues vale, más cama para mí -me reí-.
-Oye, muy atento por tu parte pensar eso -se rió también-. Descansa.
-Vale. Y tú no te drogues a mis espaldas, o bueno, mejor no te drogues, ya que tomaste la decisión de dejarlo.
-Sí señora.
Cerré los ojos, Por una vez desde que empecé a estudiar estaba tranquila. No recordaba que estudiar fuese tan estresante, aunque era lo que tenía que sufrir si quería ser algo más en la vida. Aún tenía edad para cambiar, y por el momento era lo planeado, ano ser que se presentase algo por mi camino que no me dejase continuar. Se supone que ese algo era Álex, y ya no está, pero quién sabe, aún queda su cómplice, oculto en las sombras, y esperaba que no fuese cerca mía.
Desperté con el sonido de un teléfono sonando. Era el de la habitación. Vi que Jerry contestó, así que volví a cerrar los ojos, no sabía que hora era, pero tampoco me importaba demasiado. Noté que alguien me daba en el hombro, definitivamente la llamada era para mí:
-¿Quién es? -le pregunté a Jerry, un poco despistada por acabar de despertarme por segunda vez-.
-Es el detective, Kurt. Me dijo que quería hablar contigo, supongo que será de lo de...ya sabes.
-Vale -cogí el teléfono-. Buenas, soy Skylar.
-Hacía mucho tiempo que no hablábamos, señorita Skylar. No sé si me recuerda, yo soy Kurt, el detective que investigaba el caso del asesinato-suicidio de su ex-novio.
-Sí, me acuerdo de usted perfectamente. ¿Alguna novedad sobre el caso?
-Nada relevante, no se han encontrado pistas en el cuerpo de la víctima sobre quién ha podido ayudarle a quitarse la vida. Aunque seguimos con él, no lo vamos a archivar por el momento, Tenemos una lista de sospechosos, pero es demasiado amplia como para decirla todos los nombres, y la llamaba para preguntarla si podríamos vernos para que la muestre a los sospechosos, e indicarme qué relación tiene con ellos, o simplemente si los conoce o no.
-Sí, por supuesto estoy dispuesta a contribuir en el caso, pero el problema es que yo ya no estoy en Texas, y allí era donde usted trabajaba.
-No importa, si se trata de un caso, puedo ir hasta donde usted se encuentre y hablar un poco. No es mucho, es sólo para aclarar lo que ya la he comentado, nada más. Así aceleraremos el proceso de búsqueda del culpable-cómplice de la víctima. ¿Cuándo la viene bien?
-No lo sé, estoy muy ocupada últimamente, así que creo que a partir del 20 de julio me vendrá bien. Estaré por Los Ángeles, aunque no le puedo dar un número de teléfono concreto o una dirección. Cuando ya esté allí yo misma me encargaré de hacérsela saber.
-Es de agradecer. ¿El 21 la vendría bien? Recuerde que al menos un día antes me tendrá que decir dónde quedar.
-Sí, claro, no se preocupe, no me voy a olvidar, al menos eso intentaré -me reí forzosamente-. Eh... ahora que me doy cuenta, ¿cómo ha sabido dónde estoy yo ahora?
-Recordaba que estaba de gira con Megadeth y llamé a hotel por hotel de la zona para saber si usted estaba alojada en alguno de ellos, y así poder hablar con usted. Parece que salió bien.
-...Sí, eso parece. Eh, tengo cosas que hacer, gracias por llamar -colgué antes de oír una sola palabra más-.
-¿Qué te ha dicho, Skylar? Te veo pálida.
-Quiere hacerme más preguntas sobre el caso, nada importante. Pero me ha extrañado que supiese dónde estaba, hasta en la habitación en la que me alojaba.
-Es un detective, supongo que tendrá acceso a ese tipo de información. Recuerda que lo hace por trabajo.
-Ya lo sé, Jerry, pero no puedo evitar que no me resulte extraño. Que alguien pueda saber en todo momento dónde me encuentro no es precisamente algo que me tranquilice y me dé seguridad.
-Yo suelo saber dónde estás y no por eso me tienes miedo, ¿no?
-Pero ese caso es diferente. Tú eres alguien con quien suelo estar, es normal que sepas dónde estoy en cada momento por eso, pero alguien que hace varios meses que no me ve...Es raro, reconócelo.
-No seas paranoica, Skylar, que no va a pasar nada. ¿Te ha pasado algo después de que Álex se suicidase? -me hubiese gustado decir que no, pero no estaba del todo segura, así que permanecí en silencio-. Interpretaré tu silencio como un "no".
Me callé un rato, no quería volver a abordar el tema de Álex. No es que lo tuviese demasiado en cuenta últimamente con la preparación para el examen, pero era un importante factor para sacarme más de quicio (más de lo que ya estaba, claro). Jerry sabía que seguía pensando en ello, me miraba esperando a que dijese algo, pero ya podía esperar, no tenía intención de hablar, al menos por ahora. Me había tomado un día de descanso, pero al parecer no iba a ser, ni mucho menos, tranquilo. y eso no es bueno para nadie, y menos para una persona que siempre está nerviosa, y la que acabará muriendo de un infarto antes de alcanzar los 25 años. Sin saber muy bien por qué, el rubio se marchó de la habitación... ¿Se habría enfadado conmigo? Si era así, no tenía razón, ya que no había ningún motivo para que él se enfadase conmigo. Me volví a echar en la cama, pero esta vez dejé la luz encendida, realmente no necesitaba apagarla para dormirme. Me tapé a pesar de que hacía calor, y me entró sensación de sueño. Justo cuando creía que me dormía, sonó la puerta de la habitación abriéndose. "Si era un ladrón o un asesino, al menos tardaría un rato encontrarme", pensé, riéndome para mis adentros. Noté que alguien me daba, y de mala gana me levanté y miré. Era Jerry, que no sabía qué diablos había ido a hacer:
-¿Qué quieres ahora? Estaba a punto de volver a dormirme.
-¿No íbamos a mirar pisos? He ido a por folletos, para que cumplas con tu promesa -me dijo con su sonrisilla de siempre-.
-Es cierto -me levanté del todo y me acerqué más a él para ver qué era lo que había traído-. ¿Los has cogido para Los Ángeles?
-Claro. No es que haya demasiados pisos, pero oye, por mirar no perdemos nada.
La mayoría era o muy pequeños (para estudiantes), o muy grandes. El resto eran para comprar, y nosotros buscábamos algo de alquiler. Me sentí algo decepcionada, pensé que sería más fácil encontrar piso...:
-Parece que no hay nada interesante... -dijo Jerry algo desanimado-.
-No tenemos tampoco prisa por encontralo, ¿no? -parecía mentira que yo estuviese diciendo aquello-. Mejor que no nos precipitemos y tomemos una buena decisión, ¿no crees?
-Sí, me parece buena idea. ¿Quieres que salgamos a dar un paseo?
-La verdad es que me apetece tomar un poco el aire -dije, levantándome de la cama-. Voy a ponerme algo adecuado para salir.
Me vestí, y cuando ya estuve lista salimos a la calle. Hacía un día precioso, las calles estaban muy transitadas, lo que me concedía cierta tranquilidad en el sentido de que algo pudiese pasar y que no hubiesen testigos que lo viesen. Aquel día nos tocaba ir hasta Florida, nuestro último destino, y fin. Echaría de menos viajar, aunque ahora me esperaba otra vida, no muy diferente, pero esperaba que fuese mejor. Mientras andábamos sentí una especie de punzada en el estómago, y me dio un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Miré a Jerry, que iba a mi lado tranquilamente. Sería alguna paranoia mía, como él decía. Miré en todas las direcciones para asegurarme, y no vi nada que hubiese podido provocarme tal sensación. Jerry notó que estaba incómoda y me preguntó si estaba bien, a lo que yo le tuve que responder que sí. Por fin volví a encontrarme bien, habría sido solo algo que me había sentado mal o que me estaba poniendo enferma. Había un silencio muy incómodo entre Jerry y yo, pero no quería hablar demasiado para no decir ninguna tontería, como ya habituaba a hacer. Fue él el que empezó:
-¿En qué piensas?
-Esa pregunta es muy amplia, ¿no crees? -nos reímos-. Realmente no pensaba en nada importante, sólo que echaré de menos trabajar como roadie de una de mis bandas favoritas. Además de viajar y que te paguen por ello, claro.
-En un futuro puede que te vuelvan a contratar, no pierdas la esperanza todavía. Vas a estudiar, e independientemente de cómo te salga y cómo vayas en tus estudios, siempre podrás dedicarte a eso, y, ten por seguro que cualquiera que querría tener como roadie. O como grupie, pero eso último es...en fin...
-Ya, lo entiendo -me reí-. ¿De verdad crees que a la gente la gustaría tenerme como roadie?
-Por supuesto, Esto no te lo digo por que soy tu pareja, sino porque sé que es algo que se te da bien, y que te gusta hacer. Muchos grupos buscan a alguien como tú para asistencia, o incluso para sustituirles en el escenario en caso de que les pase algo que les impida actuar. Tú vales mucho, y la gente lo sabe, por eso algunas personas intentan hundirte, como Julie.
-Julie es estúpida, a secas, no creo que piense esas cosas... Bueno, me cuestiono el simple hecho de que piense -nos reímos-. ¿De verdad crees que valgo mucho, o lo dices para tenerme contenta?
-No suelo mentir, ni cuando preguntas is algo que queda bien o no -sí, claro-. Desde luego que pienso que tienes mucho valor, me lo demuestras día a día con lo que haces -sonrió-.
-Entonces, ¿si me vendes te da para comprarte una guitarra?
-¡Serás estúpida! -dijo Jerry entre risas-. No sería capaz de venderte, aunque...si la guitarra es bonita igual me lo pienso.
-Ah, muy bonito... -le contesté, empujándole de broma-.
-La que ha empezado con la broma eres tú, yo sólo la he seguido -dijo mientras se intentaba zafar de mí, que le seguía empujando-.
-Puede que tengas razón -paré y puse cara de buena-. Oye, en serio, no me vendas. Eso era lo que hacía el desgraciado de Álex.
-No te vendería jamás, ni por una guitarra con diamantes incrustados -le abracé-.
-Eso espero -me volví a poner seria tras recordar mi vida anterior...suerte que ya no la volvería a vivir más-.
El resto del camino fuimos hablando de diversos temas. La verdad, nunca había hablado tanto con Jerry (o sí u no me acordaba). Estaba siendo un día muy bueno, demasiado, y me permití el lujo incluso de sonreír, aunque de la falta de costumbre me dieron calambres en las mejillas. Mientras seguíamos paseando, juntos a una fuente oí un fuerte ruido. Pensé que me estaba volviendo completamente loca, pero al ver que yo no era la única que lo había percibido, me sentí mejor, aunque no del todo. Miré hacia el foco del estruendo, y vi un coche, que se había estrellado contra la fuente. Supuse que accidentes como aquellos tenían lugar a menudo y no le di demasiada importancia. Miré por curiosidad quién había sido el desafortunado, y fue la peor decisión que pude haber tomado. Tenía que haber seguido caminando, sin mirar, pero la curiosidad mató al gato.
Dentro del coche que se había estrellado contra la fuente había un hombre herido gravemente. Era Álex. estaba exactamente igual que cuando lo vi por última vez. Me aparté, no dije nada, ni siquiera a Jerry, que no se había dado cuenta de la situación. O igual era que me estaba volviendo loca de verdad y todo resultaba ser una paranoia fruto de mi imaginación. Seguimos caminando.
Espero que os haya gustado el capítulo. Sé que me he demorado muchísimo en subir capítulo, pero estos días he estado muy ocupada estudiando para un examen muy importante. Recuperaré algo de tiempo mañana, subiré (probablemente, no aseguro nada xd) Superhuman. Gracias por haber leído, nos vemos en el próximo capítulo criaturitas metaleras.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



