miércoles, 15 de octubre de 2014

Superhuman-Cap.36: Fight






~~~~~~~~~~~~~Una semana después~~~~~~~~~~~~~~~

*********David**********

Ya había pasado una semana desde que habíamos vuelto del hospital, aunque Kim aún no había regresado, o al menos su alma, pues su cuerpo, manejable cual pelele, seguía allí, presa de sus mayores pesadillas. Había encontrado un piso que estaba bastante bien para nosotros, lo alquilé, y ahora nos encontrábamos allí, esperando a algo, aunque hasta aquel punto no comprendía el qué. Randy, Cande, Jon habían sido algunos de los que habían venido a ver cómo estaba Kim y a analizarla por si podían sacar algo concluyente y acabar con sus estado aparentemente de "coma". Resultaba triste, muy triste, tanto que cada vez que la miraba sentía que un pedazo de mi corazón se desmenuzaba. La sensación de impotencia que tiene alguien al ver que no puede hacer algo, ni intentándolo con todas sus fuerzas, era de lo más desagradable. Randy venía todos los días y hablaba con ella, la hablaba de todo lo que pasaba, como si ella fuese consciente de ello. Reconocía que tenía una paciencia admirable, viendo que no daba resultados su terapia. Se me estaba haciendo muy cuesta arriba criar a los dos pequeños solo, a pesar de que teníamos buenos amigos que se ofrecían a ayudarnos, pero sin contar con el apoyo de la madre, no sabría muy bien que haría en un futuro si sigue así. Era por la mañana, así que encendí la televisión un rato para que los pequeños, a los que ya les llamaba la atención las luces y los colores, se entretuviesen un rato. Me asomé varias veces a la habitación, donde Kim seguía echada, no sabía muy bien si estaría despierta o durmiendo, aunque no importaba, apenas suponía una gran diferencia. Alguien llamó a la puerta, y no me quedaba más remedio que ir a abrir, pues estaba yo solo:

-¿Quién es? -la desventaja de aquel piso era que no tenía mirilla, y no sabías quién quería visitarte, podría ser un asesino en serio y ni darte cuenta-.

-Soy yo, David -reconocí la voz al instante, era Randy-.

-Ya abro -abrí la puerta e invité a Randy a entrar-.

-¿Algo nuevo? -me preguntó-.

-No, para variar. Está como siempre, echada en la cama, sin dar señales de vida, aunque la he visto respirar, al menos sigue viva.

-Pero de qué manera -dijo Randy bajando la cabeza-. Podemos seguir intentando despertarla de ese extraño trance, al menos podemos intentarlo hasta que pase un mes, pero a partir de ahí, deberías de pensar en hacer algo...

-¡No la voy a matar por eso!

-No me refiero a matarla, sino llevarla a un psiquiátrico o algún sitio en el que la puedan hacer un análisis que determine qué es lo que la pasa, porque ni siquiera nosotros lo sabemos. Y puede que eso supongo la gran diferencia.

-Tienes razón, aunque dudo que nos digan algo que nosotros no hayamos ya presenciado, y sería poner en peligro a Kim, no la pueden ver o la intentarán matar. Mi padre aparece siempre en el momento más inoportuno, por eso creo que es arriesgarse demasiado, y sin la seguridad de que vaya a solucionar algo. Bueno, dejemos de discutir este tema por ahora, dejemos un límite de tiempo, y vamos a pensar con calma. Igual así podemos hacer que la situación mejore.

-Voy a por ella, la hablaré un rato, como siempre, y ya está, a ver qué pasa. No hay que perder la esperanza aún, estoy seguro de que mejorará. Eso sí, cuándo lo hará no te lo sabría decir, pero ánimo, no durará para siempre -Randy me dio una palmada en el hombro, aunque no me sirvió de mucho, seguía perdido en mi mente-. Si quieres habla hoy tú con Kim y yo mientras vigilo a los pequeños.

-Vale...


No es que tuviese los ánimos necesarios como para esmerarme en una tarea que ni siquiera sabía si saldría bien, pero tenía que hacerlo. Como había dicho previamente Randy, en algún momento Kim tendría que volver a ser la de siempre... o bien podía irse definitivamente. Me había planteado demasiadas veces aquella maldita opción, muchas más de las que mi cabeza necesitaba, pero en cierto modo me estaba preparando para lo peor, aunque esperaba que no fuese a ocurrir. Me levanté, abrí la puerta de la habitación y allí estaba, tumbada en la cama. Casi me da un paro cardíaco al verla torcer la cabeza. Al menos estaba despierta y sabía que yo estaba allí, algo era algo. La levanté y la llevé la salón. La senté, y en frente suya, en una silla, me acomodé yo. No sabía muy bien qué decirla, mirarla no me aportaba ninguna inspiración, así que simplemente dije lo que estaba pensando:

-Oye, Kim, sé que probablemente ahora no me estarás escuchando, y si fueses la misma Kim de siempre dirías "Entonces, ¿por qué lo haces?". Te responderé aunque no me lo hayas preguntado: en mi interior albergo la esperanza de que, día a día, con las charlas que Randy y yo te damos, estés un paso más cerca de recuperarte, porque tengo que decírtelo. Te necesito, egoístamente hablando. La situación me supera hasta límites incalculables, estoy al borde del colapso. Con dos bebés y solo, pero ese no es el problema, sino el no saber qué hacer contigo, la pena que todos sentimos al verte ahí, de cuerpo presente y alma ausente, recordando a la Kim original. Nos gustaría que volviese, aunque sabes que yo siempre te voy a querer -miré hacia Randy, que se había emocionado por las palabras que la había dicho-.

-Ojalá te haya oído. Si lo ha hecho, seguro que la ayudará a regresar.

-Ojalá... -repetí, hasta que se deshizo-.


Seguí un rato más hablando con ella. Me sentía como un profesor de niños pequeños al que todos ignoran, era como si yo allí no pintase nada, como hablarle a la pared. Randy no tardó en irse, al parecer tenía cosas que hacer. Jugué un rato con los niños y me quedé dormido junto a ellos.

No sabía muy bien si era fruto del cansancio acumulado o simplemente una alucinación, pero al levantar la cabeza vi que Kim no estaba, aunque notaba su presencia, conservaba la telepatía con ella. Intenté encender la luz, pero al parecer había desaparecido en interruptor. ¿Qué estaba pasando? Me sentía confuso, sin saber muy bien qué hacer. Quería encontrar a Kim y ver si estaba bien o comprobar si simplemente me estaba gastando alguna broma inconscientemente. Me levanté, y busqué a oscuras algo para ver, como una linterna o lago parecido, pero no encontré nada. No quería dejar a los niños solos, algo malo les podría ocurrir si lo hacía, puede que todo eso fuese una estrategia para atacarme a mí también. Dejé de pensar, cogí a los niños, uno en cada  brazo, y me dispuse a caminar, esta vez con más cuidado para no nos cayésemos todos. Me dirigí hacia la salida de la casa, la cual estaba un poco más iluminada, pero aún así no era suficiente para ver si había algún peligro cerca, Tuve la extraña sensación de que alguien me observaba, me giré, y efectivamente, en un rincón alguien nos estaba espiando. Me quedé mirando fijamente al punto en el que estaba el supuesto o la supuesta bromista en cuestión. No tardé en averiguar quién era, pues pronto empezó a arder (literalmente). Era Kim la persona que allí estaba. Y lo peor era que no me daba buena espina:

-¿Kim? -la pregunté, aunque era bastante absurdo-.

-No lo sé, dímelo tú. ¿Sabes quién soy?

-Claro que sé quién eres, te lo pregunto porque no alcanzo a verte bien, no te ofendas -esperé alguna respuesta suya, peor no la obtuve-. ¿Qué estás haciendo?

-No lo sé, dímelo tú. ¿Qué estoy haciendo?

-¿Por que repites el mismo tipo de pregunta que yo te hago? Pensé que si en algún momento volvías, lo harías con tu cerebro intacto, aunque bueno, al menos estás aquí, de vuelta -la sonreí, pero su fuego aumento, por lo que asumí que no la debió de resultar demasiado agradable-. Estás muy rara, y no has respondido a mi pregunta.

-A lo mejor lo he hecho y no te has dado cuenta... ¿Lo he hech...?

-¡¡Para ya de hacer eso!! Cuestionándome todo lo que yo te pregunto no es la solución al problema que, sea cual sea, tengas. Ni siquiera entiendo qué está pasando, no puedo decirte nada que te ayude -se volvió a hacer el silencio-. ¿Me has oído?

-Supongo.

-¡Maldición, Kim, vale ya! No sé qué te ha pasado, pero te has convertido en una persona muy desagradable, la menos en cuanto a forma de ser y tratar a la gente. ¿Estás segura de que eres la Kim que yo conozco? ¿Sabes quién soy yo?

-Sí lo sé, pero ese no es el problema. ¿Sabes tú quién eres?

-Me voy a acabar yendo con tal de no oírte decir tantas incoherencias seguidas.

-Lo más triste es que no son incoherencias, si lo analizases detenidamente te darías cuenta de que es la clave para algo, pero no, mejor tú quéjate e irrítate. Corre, ve a llorarle a tu querido padre, que tanto te quiere y te cuida.

-No me puedo crees que tú seas Kim, es imposible. Seas quien seas, por favor, márchate.

-Soy Kim y lo sabes. Y también sabes que no me puedes dejar ir y no lo harás, ¿a que no?

-Lo haré si no me queda más remedio y si veo en ti una amenaza, y ¿sabes qué? Ahora veo una en ti, así que, por favor, abandona la casa pacíficamente.

-No lo haré, tú no me vas a dejar.

-¡Lo haré, maldición! -fui hacia ella, pero quemaba tanto que era imposible siquiera aproximarse para verla mejor-.

-¿Sabes una cosa, David? Lo que te impide venir a por mí es tu ceguera, no mis llamas, aunque en cierto modo las dos tienen algo que ver. Adiós -se esfumó-.

No entendía nada de lo que acababa de suceder, no tenía sentido alguno, y por más que lo pensaba, no lograba encontrarlo por ninguna parte. Eché a los bebés en sus cunas e investigué la casa. Todo estaba normal, no parecía que nada hubiese ocurrido, pero no tenía esa misma sensación, sabía que en el interior había algo que no cuadraba, a parte de la desaparición de la persona que aparentemente decía que era Kim. Noté unos golpes en la cara, pero no sabía de dónde procedían.

Entonces desperté. Suspiré, aliviado, al comprobar que todo lo que acababa de pasar era sólo una pesadilla más, aunque mucho más surrealista que cualquiera de las otras que he tenido. Los golpes me los estaba dando Stefani, que ya se había despertado y estaba inquieta. Miré en dirección al sillón en el que Kim había estado sentada cuando hablé con ella. Allí seguía, sin inmutarse de lo que estaba pasando, ni de nada, realmente. Sentí pena al verla allí, de ese modo, pero no podía hacer nada. O sí.




Espero que os haya gustado el capítulo, ha sido muy corto, pero no he tenido nada de tiempo con los exámenes y los trabajos. Además, no es que esté teniendo una gran semana, así que les pido perdón, y prometo que el siguiente capítulo será más largo y mejor.  Gracias por haber leído, criaturitas del Metal!

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