domingo, 27 de marzo de 2016

Tornado of Souls-Cap.59: War





Al final decidimos ir al bar que más cerca estaba del edificio, no nos apetecía alejarnos de nuestro hogar ahora que habíamos regresado. Dudé si contarle a Pears o no lo que me había ocurrido con el encargado de la ciudad, pero sabía que podía confiar en él:


-Bueno, ¿qué te cuentas? -le pregunté, curiosa-.

-Nada nuevo, ya sabes, tengo en hombro dañado y tengo que esperar a que mejore. Hablé con Ralph, y me dijo que no pasaba nada, que si tuviese algún inconveniente me podía tomar un descanso, pero no creo que esto me impida llevar a cabo mi tarea. Salvo disparar, llevar el mando y controlar lo puedo hacer perfectamente. ¿Cómo te encuentras tú, hablaste con Ralph?

-Estoy bien, y sí, hablé con Ralph...

-¿Nada más?

-No...

-Eso no ha sonado como que no hay algo más. ¿Ha pasado algo? Me lo puedes contar, sabes que sé guardar secretos.

-Verás, puede que te suene un poco raro y quieras pegarme...

-Nada fuera de lo normal -se rió-. ¿Es algo serio?

-Más o menos, ¿puedes dejar de preguntar?

-Pues cuéntamelo ya, por favor, antes de que se haga de noche a ser posible. ¿Tan malo es?

-Verás, cuando fui a hablar con Ralph me dijo que había una una granja y que podría ayudar a cuidar a los animales como voluntaria.

-¿Se supone que eso me iba a cabrear?

-No, el caso es que el voluntariado dura lo mismo que una jornada de trabajo normal, y bueno...no se paga.

-Entonces si que te mereces una buena paliza, ¿cómo se te ocurre?

-Es que me gustaba la idea, y me persuadió... ¿Qué se supone que debería de hacer? Me encantan los animales, y poder ejercer como veterinaria me hace ilusión. Y bueno, también quiero ayudar a los granjeros, son muy mayores y les iba a venir bien mi intervención.

-No lo niego, te conozco y sé que te encanta cuidar de los animales, pero una cosa es ayudar y otra que te saquen hasta los órganos internos. Eres buena gente, pero sé que no eres tonta, si fuese tú no permitiría que me tomasen por tonto.

-Ya lo sé, lo siento, pero es que me gusta la idea de poder ayudar...

-Mira, si yo respeto tu decisión, te aprecio porque eres como de mi familia, qué digo, eres mi única familia, pero lo que quiero es que no te tomen el pelo.

-Es algo que he aceptado, no es manipulación, simplemente es cosa mía.

-Vale, como quieras, respeto tu decisión. ¿Por eso estabas así?

-Bueno, en parte sí. También me preocupa lo del mordisco...

-Es cierto, ¿cómo lo llevas?

-Hoy fui al hospital y Tommy me cerró la herida. Me dijo que iba a analizar mi sangre para saber qué era lo que estaba pasando, eso es todo lo que hay de nuevo al respecto. Al final salimos los dos perjudicados, ¿eh? -dije, en broma-.

-Gajes del oficio, no nos queda otra si queremos seguir aquí.

-No sé hasta que punto nos beneficia -dije, algo seria-.

-Oye, ¿no eres feliz?

-No sé, estoy segura de que debería, pero no sé, es que me cuesta adaptarme a todo.

-¿Te cuesta adaptarte? ¿A qué? Este sitio es lo mejor que nos ha podido pasar.

-Sí, sé que quieres matarme por ser tan estúpida, pero es que me cuesta, perdona.

-¿"Perdona"? Pero si no tienes que ponerte así, lo decía porque te veo bien, no pensaba que estuvieses mal o algo por el estilo.

-Si no estoy mal, es que todo esto es raro, antes del apocalipsis no tenia nada, y mira ahora, tengo pareja e hija. Hemos pasado mucho tiempo peleando contra esas cosas, estando moviéndonos constantemente, con miedo de que volvernos como ellos, y ahora, tan fácil como volver aquí y no nos falta de nada. Obviamente me sienta bien el hecho de que todo vaya bien, pero soy de naturaleza desconfiada.

-Lo sé, créeme que lo sé, que me acuerdo de cuando te invite a quedarte en mi piso conmigo cuando no tenías a dónde ir. Y al final te acostumbraste y te quedaste -se rió-. Sabes que cuando te sientas mal puedes halar conmigo, independientemente de cuándo sea.

-Lo mismo te digo. Me alegro de verte tan bien.

-Gracias, sabes que te o debo por haberme ayudado.

-Para eso estamos, ¿no?


Continuamos hablando, hasta que cayó la noche. Habíamos pasado mucho tiempo hablando, pero me sentí mejor después de aquello, me sentía más aliviada al haberle contado lo que me preocupaba, y también me encontraba bien por haberle ayudado, yo no era la única con preocupaciones. Volví a casa directamente, había sido un día raro, pero antes quería con Tommy, sabía que se había quedado algo extrañado con mi comportamiento. Con la pequeña fui a buscarle a su piso. Llamé la puerta, y tras un largo tiempo de espera, al final alguien abrió, pero no fue quien esperaba:


-¿Qué quieres ahora? -me preguntó Dave, molesto-.

-Siento molestar... ¿Está Tommy?

-No habría abierto la puerta yo si estuviese, tenlo por seguro. ¿Le quieres dejar un recado?

-No...qué raro. ¿Seguro que no está ahí?

-¿Crees que soy imbécil?

-Perdona si te he ofendido, don Dramático, es que ya debería de haber salido, y que ni siquiera se haya pasado por aquí no me inspira nada bueno...

-Pues no sé dónde está, y no creo que lo llegues a saber quedándote aquí.

-Buena indirecta para mandarme a paseo. Adiós -me marché, sin mirar atrás-.


Estaba preocupada, una parte de mi mente decía "No pasa nada, se habrá ido a dar una vuelta", pero la otra respondía "Claro, no se ha podido morir o le han atacado...". Tenía que encontrarle, no me quedó más remedio que emprender la búsqueda cuanto antes. Pensé en dejar a la pequeña con Pears, sabía que si se lo pedía me haría el favor, pero no estaba en condiciones de hacerse cargo, Antes de seguir perdiendo más tiempo, decidí llevármela, me estaba agobiando y sentía que me faltaba el aire. Nunca me había llegado a gustar del todo aquella ciudad, tenía algo extraño, y esperaba que no tuviese nada que ver con la desaparición de Tommy. Pensé en ir a preguntar al hospital, tal vez había tenido alguna emergencia y estaba ocupado. Al final le pedí a Doro que echase un vistazo a Alison, que se había quedado dormida, no quería ponerla en peligro en caso de que hubiese algo de lo que preocuparse.

Salí corriendo, la gente me miraba extrañada, al parecer la preocupación no era algo muy común en la ciudad sin haber habido previamente un aviso de invasión. Llegué en breve al hospital, y pregunté al recepcionista, el cual no sabía nada, pero como al parecer no le importaba lo que saliese o entrase, me metí sin pensármelo dos veces. El problema era que no sabía en qué sala lo podría encontrar, lo único que me quedaba era ir puerta por puerta, hasta que diese con él, o me cerciorase de no se encontraba allí. Se me ocurrió ir preguntando a los médicos con los que me cruzase, pero a ninguno parecía importarle nada de lo que les decía. Por suerte, me encontré con Gladis, que al parecer se iba a marchar. Me supo algo mal molestarla, pero quería salir de dudas. Si alguien sabía qué había sido de Tommy, esa persona era ella:



-¡Gladis! -la dije a lo lejos, mientras me acercaba a ella-.

-Oh, hola chiquilla, ¿qué haces aquí a estas horas? -me preguntó, con su misma amabilidad de siempre-.

-¿Has visto si está aquí Tommy? Estoy preocupada por él, supuestamente ya debería de haber salido hace rato...

-Claro, lleva bastante tiempo en su despacho, con la puerta cerrada, no sé qué estará haciendo.

-Muchas gracias Gladis, estaba preocupada.

-De nada corazón, espero haberte podido ayudar.


Me sentí aliviada al saber dónde estaba, fui hacia su despacho, y llamé a la puerta. Me abrió, y pareció extrañarle haberme visto allí:


-Hola Tacii, ¿qué ocurre?

-Estaba preocupada por ti, quería hablar contigo, pero no te encontraba...

-Oh, qué bonito -me invitó a entrar-. Siento haberte asustado, decidí quedarme un poco y analizar la sangre, pasó una cosa muy curiosa esta mañana, y estoy investigando lo que pasa.

-¿Es algo malo?

-No, no, es algo extraño, pero nada malo, no te asustes. De todos modos te habría avisado -me fijé en su aspecto, parecía cansado-.

-Oye, ¿no quieres ir a casa y dormir? Tienes pinta de estar agotado.

-Da igual, puedo aguantar, pero gracias por preocuparte -me sonrió, se puso los guantes y miró por el microscopio, totalmente concentrado-.

-Venga, que es tarde y mañana tienes que trabajar, anda...puedes dejar eso para mañana.

-Está bien -me miró, resignado, pero no parecía molesto-. Por cierto... -dijo, mientras buscaba algo en los bolsillos de su bata de médico-. Ah, aquí está -sacó un sobre, y me acordé de la carta que le escribí cuando pensaba que me iba a morir-. Pears me dio esto ayer... -me lo dio-.

-Hum...vale -le miré extrañada-. ¿La has leído?

-No... -respondió, sonriendo sospechosamente-.

-Mírame a los ojos y dime que no la has leído -le miré, y el me esquivó la mirada-.

-¿Qué me harías si te digo que sí? -dijo, acercándose a mí-.

-Enfadarme, no tenías derecho a leer eso.

-Pero si me lo escribiste a mí...

-Ya, pero eso no te da derecho a leerlo -me volvió a esquivar la mirada-. Lo has leído, ¿no?

-Pero si no ponía nada malo, todo lo contrario, ¿por qué no querrías que la leyese?

-Porque es algo privado, ¡y ya está! -me guardé molesta la carta en el bolsillo del pantalón-.

-¿De verdad te has enfadado conmigo? No me lo creo...

-No es por el hecho de que leyeses lo que ponía, sino por que has invadido mi intimidad.

-Perdóneme, doña "¿por qué te tapas los ojos?" -me miró, enfadado-. No te entiendo.

-Bueno, está bien, puede, insisto, puede, que me haya pasado... -le miré, esperando una respuesta, pero pareció no importarle lo que le acaba de decir-. ¿En serio te has enfadado por una tontería así?

-No, es que no lo entiendo.

-Déjemoslo y vámonos, creo que es lo mejor.

-Por cierto...

-¿Qué? -respondí, algo irritada-.

-Que la he leído -sonrió, no sabía si me estaba tomando el pelo-.

-Ya, me lo he imaginado.

-Pues que sepas que antes de que te enfadases conmigo te iba a decir que me pareció una carta muy bonita.

-Me has dejado un poco descolocada, no sé muy bien que decir, porque por un lado me gusta lo que me has dicho, pero por otro sigo molesta.

-Lo entiendo, pero quiero que sepas que la leí sólo porque Pears me explicó que la habías escrito cuando te mordió el zombie, e imaginé que no pondría nada que no pudiese leer...

-Vale, me he enfadado en vano. No sé cómo lo haces, pero siempre consigues que mi enfado se esfume en cuestión de segundos, ¿¡no te da vergüenza!?

-¿Quieres que te diga lo que pienso profundamente? -asentí, y me senté-. Me sorprendió lo que ponía, si te soy sincero, y me alegró, no sabía que me querías tanto, eres increíble.


No se me ocurría nada que decirle al respecto, así que me levanté y le besé, y parecía que la cosa iba a más, cuando alguien irrumpió en el despacho. Ante la duda de que nos llamasen la atención, me escondí detrás del escritorio de Tommy, mientras que él se quedó totalmente vendido, sin tiempo para ocultarse. Había entrado un tipo joven, con cara de pocos amigos:


-¿Qué se supone que estás haciendo aquí a estas horas? -le preguntó a Tommy, que estaba totalmente aturdido-.

-Eh...tenía que organizar los archivos de algunos pacientes antes de que se traspapelasen con el resto de documentos que tengo.

-Eso lo puedes hacer mañana -respondió, frío-. ¿Te ocurre algo? Te veo nervioso.

-Sí, es que no me esperaba su visita, y estaba pensando en mis cosas.

-Pareces alterado -tragué saliva, aquel señor parecía saber más de lo que debía-. ¿Has estado con alguien?

-No...¡no! Por favor, qué tontería -me reí para mis adentros, no me habría gustado estar en su situación-. Si estoy así es por el cansancio , que se ha juntado con el susto que me ha dado usted, pero perdone si le he provocado alguna mala impresión.

-Muy bien, hasta mañana -se fue-.


Salí de detrás del escritorio, riéndome, mientras veía como el rostro de Tommy tornaba al rojizo más intenso, parecía que iba a explotar:


-Mejor vámonos, es tarde -dijo Tommy, con cara de situación aún-. Qué bochorno...

-¿Por qué? Ha sido divertido cómo te las has apañado para salir del paso.

-Sí, se nota que tú no eres la que trabaja aquí. Bueno, en el peor de los casos me tomarán por un loco -se rió-.

-¿Te vienes a mi piso? -le pregunté-.

-Después de lo que acaba de pasar no.

-¡No me refería a eso, imbécil! -le di en el brazo-. Hablaba de dormir, ¿por qué eres tan mal pensado?

-No lo sé, experiencias del pasado, creo que me sigues, ¿no? -me reí-.

-Pero no me has respondido...¿Vienes o no?

-Sí, es ese caso sí. Por cierto, ¿tienes algo importante que hacer dentro de una semana?

-Supongo -me reí, no entendía la razón por la que me estaba preguntando-. ¿Por?

-¿Podrías reservarme un hueco ese día?

-Pero, ¿por qué?

-No es nada malo, no te preocupes, ¿te acordarás?

-Eso espero, aunque te pido que me lo recuerdes, es posible que se me acabe olvidando -se rió-.

-Genial.


                                                    Una semana después 




La rutina me estaba matando, sabía que haber aceptado el voluntariado era una de las peores cosas que podía haber hecho, pero a pesar de ello intenté disimular lo máximo posible. Llevaba una semana sin parar, yendo de arriba a abajo, con a penas tres horas para dormir. Me levantaba temprano, y me iba directa al trabajo. Al acabar me iba a recoger a Alison al piso de Dave para hacerme cargo de ella, y mientras aquello ocurría, tenía que irme andando hasta la granja, ayudar a los señores mayores y volver. Cuando me quería dar cuenta ya había pasado un día más, el tiempo volaba, y la situación no mejoraba, no tenía tregua. Todos los días era un problema distinto, y echaba de menos tener unos minutos para descansar, además, llevaba una semana sin ver a Tommy, no coincidíamos, y teníamos algo pendiente. Sólo necesitaba un respiro.

Después de interminables horas, llegó el momento de volver a casa. No quería continuar con aquella rutina, pero no me quedaba más que aceptar la situación, sabía que tenía que resignarme si quería tener un lugar en el que vivir. Había ahorrado suficiente como para poder permitirme el lujo de volver a casa en autobús. Mi intención era llegar antes y poder explicarle lo que estaba pasando a Tommy, sabía que estaría mosqueado, y que llegaría el momento en el que contárselo. Pero, por desgracia, me quedé dormida en el autobús del cansancio y me pasé de parada, y tuve que volver andando, así que llegué a la misma hora que llegaba siempre. Subí las escaleras, concentrada en los mismos pensamientos de siempre "Tengo que dejar esto ya", cosa que sabía que no ocurriría. Era muy tarde, pero fui al piso de Tommy. Llamé a la puerta varias veces, parecía que no había nadie, pero fue Dave el que abrió:


-Oh, vaya, hola -me dijo, molesto-. ¿Quieres algo?

-Siento molestar...

-Tarde -respondió, arisco-. ¿Quieres algo o has venido por pasarte?

-¿Está Tommy?

-¿Crees que habría abierto yo si estuviese él? -suspiré-.

-Vale, gracias, adiós -me marché, sin siquiera mirar atrás-.


Pensé en quedarme esperando en la puerta de mi piso, necesitaba hablar con Tommy. Sabía que debía haberlo hecho antes, pero ya era tarde para arrepentirme, había tomado una decisión.
Me senté al lado de mi puerta a esperar, y a medida que pasaba el tiempo notaba como se me cerraban los párpados, inevitablemente, hasta que se me cerraron.
Me desperté al instante, o al menos eso creía yo, y vi a mi lado, dándome el el brazo a Tommy, al final me había salido bien el plan:


-¿Qué se supone que haces ahí? -me desperecé, y me dispuse a responderle, pero él siguió-. Oh, espera, no sé si nos conocemos, te pareces a mi novia, aunque no recuerdo muy bien cómo era...

-Ya, te debo una explicación, y quería hablar contigo lo antes posible, pero no he visto el momento adecuado para ello.

-No, creo que me debes más de una explicación.

-Si me dejas contarle lo que ha pasado me entenderás.

-Sé lo que ocurre, puedes ahorrártelo, tienes un amigo que parece confiar más en mí que tú.

-¡Puedes dejarme hablar!

-La palabra te pertenece, adelante -le invité a pasar a casa, me pareció muy incómodo tener una discusión en medio del pasillo de la planta-.

-Mira, justo al volver de la expedición fui a hablar con el "alcalde" sobre los perros que habíamos encontrado, y me propuso hacerme voluntaria en la granja, con la condición de que no me pagaría nada extra, y que sería una jornada de trabajo, al igual que la que llevo a cabo por la mañana.

-Eso ya lo sabía.

-¿Cómo? Imagino que te lo tuvo que contar Pears, ¡el muy desgraciado!

-Fui a preguntarle yo, preocupado, porque pensaba que te habías ido a una misión fuera de la ciudad, y él tuvo la amabilidad de contarme qué narices estaba pasando, porque si por ti fuese me habría desesperado por la duda de saber si estabas bien o no.

-Oh... Lo siento, tienes razón. Verás, no te lo dije porque sabía que la idea te iba a disgustar, y no quería que discutiésemos y que te enfadases.

-¿Bromeas? Parece que era eso lo que querías, Si me hubieses contado lo que pasaba desde el principio, te habría apoyado, aunque te hubiese dado mi opinión al respecto de que la idea no me gustaba. El verdadero motivo por el que no me lo contaste fue porque no confías en mí.

-Sí confío en ti, no seas estúpido. Se lo conté a Pears porque no me importaba mandarle a la mierda si no le gustaba la idea, y en cambio, si tú reaccionabas mal, tenía que poner en peligro mi estancia aquí o nuestra relación, y quería conservar las dos cosas.

-Ay, Tacii -suspiró, parecía decepcionado-. No sé si lo que me dices es verdad o no.

-Por favor, demuestra que confías en mí y créeme, no gano nada mintiéndote. Desde el primer momento en el que lo supe busqué la mejor forma de decírtelo, pero no he tenido tiempo ni para respirar, estoy muy cansada, y te juro que quería verte, y estar contigo, sobre todo hoy, me dijiste que te reservase el día...Lo siento.

-Y, si tan cansada estás, ¿por qué no lo dejas?

-Lo he dicho antes, no quiero irme de aquí. Las cosas están muy mal ahí fuera, lo sabes, y con Alison no podría apañármelas bien sola, si tengo que hacer un sacrificio por estar aquí, mientras esté en mis manos lo haré.

-Es decir, que vas a quedarte aquí aunque te cueste la salud. ¿Tengo que recordarte el accidente que habías tenido cuando nos conocimos? Casi te mueres, y después de un período de recuperación relativamente corto vuelves a una rutina suicida, que lo más seguro es que acabe con la rehabilitación y dejé huellas irreversibles en tu pierna. Te acuerdas, ¿no? -asentí-. Si no puedes más déjalo, tu salud está por encima de cualquier cosa, y si alguien es tan miserable como para echarse por negarse a ser explotado, yo no quiero vivir en una ciudad liderada por el mismo. Cuentas conmigo si te amenaza, no estás sola -me sonrió-. ¿Todo el problema radica en ese miedo tuyo?

-No estoy segura, pero en gran parte sí.

-Tienes que dejarlo. No lo tomes como una orden mía, ni mucho menos, pero es que necesitas descansar, tener tiempo libre para pensar y relajarte -suspiré, era muy difícil-. ¿Quieres que mañana te acompañe a hablar con él?

-Te lo agradecería, estoy harta. Y perdona por no haberte dicho nada antes, y por haber faltado a mi palabra.

-Estás perdonada, ya hablaremos más adelante sobre quedar.

-¿Estás enfadado?

-No, ahora que hemos aclarado la situación me siento más bien mal, no tenía que haberme enfadado tanto...

-Quería hablar contigo, me pesaba demasiado sobre la conciencia no haberte contado lo del voluntariado, y estoy segura de que si te lo hubiese dicho antes nos habríamos ahorrado todo esto -me miraba atentamente, y me sentí incómoda, estaba tan cansada que no sabía qué más decir-. ¿Quieres quedarte?

-No quiero molestarte, Tacii.

-Si te estoy ofreciendo que te quedes es porque no me molestas -sonreí, parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que sonreí-.

-En ese caso no puedo decir que no.






2 comentarios:

  1. Pensaba que ibas a dejar la novela de lado =3333 Qué ganicas de que subas el siguiente asgdahgsh

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    1. Para nada, Tornado es la única novela para la que sigo un poco inspirada xD No creo que pueda subir hasta dentro de un tiempo considerablemente largo :s

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