El futuro es incierto, y es que nadie nos puede decir con seguridad qué es lo que va a pasar.
Por mucha capacidad que tengamos, por mucho que lo creamos, no sabemos qué es lo que el día de mañana nos depara, puede que esté bajo nuestro control o puede que dependa de elementos externos, no lo sabemos, nunca lo sabremos hasta que pase.
Durante toda nuestra vida tratamos de orientar nuestra vida para determinar nuestro futuro, para lograr aquello que nos proponemos, el paraíso idílico que para nosotros el mañana implica, y puede que en ocasiones lo consigamos, pero también cabe la posibilidad de que no sea así. Quién sabe.
También creemos que si conseguimos llegar donde nos proponemos seremos absolutamente felices, y nadie dice que eso vaya a ser así, incluso lo que el destino cambia del rumbo lo hace mucho más interesante, y como dicen, no es solo la felicidad que debe proporcionar llegar a ese sitio, sino de disfrutar del viaje, porque este nos puede resultar mucho más enriquecedor y satisfactorio que lo que obtenemos como resultado.
Y volviendo a la premisa inicial, nadie sabe qué será de mí mañana, ni de ti, ni de nadie, el futuro es incierto, caprichoso, no depende exclusivamente de nosotros.
Pero nos gusta creer que así es, que depende solo de nosotros. Claro, en parte si depende de nosotros, pero somos 50% lo que hacemos y 50% lo que viene de fuera.
Desde mi punto de vista, me gustaría creer que ciertas cosas el día de mañana ocurrirán, pero tengo que barajar la posibilidad de que no sea así, aunque lo quiera con todas mis fuerzas.
Tal vez una promesa, la expresión de una voluntad futura, no llegue nunca, y quede reducido a palabras, que en su momento pudieron sonar esperanzadoras y dar ánimos. Nunca se sabe.
Con esto no quiero decir que debamos estar desanimados y no hacer nada al respecto, todo lo contrario: en nuestras manos está luchar por aquello que queremos y deseamos, hacer frente a los cambios de fuera y evitar que estos obstaculicen nuestras metas, por muy inevitables que sean o complejos nos puedan resultar. Si las cosas no salen como queríamos o intentamos, no tenemos que desanimarnos, nadie pone una fecha límite a nuestras metas, o al menos nadie debería hacerlo, y eso nos tiene que animar a dar no solo el 50% de nosotros, sino llegar al 100%.
Es posible que con esto intente convencerme de que si, por ejemplo, esas palabras no se llegan a cumplir, no habrá sido por mi culpa, porque sé que yo he hecho todo lo que ha estado en mi mano para que se cumpliese. No sé hasta qué punto he hecho lo que he podido, pero quiero creer que he hecho lo mejor, y que he seguido el camino que esperaba.
A eso me refiero, no podemos saber qué pasará mañana, pero sí podemos ir a por ello, y luchar hasta conseguirlo, porque nada ni nadie nos lo debería impedir, es cuestión, entre otras cosas, de creer en ello, pero ser conscientes de que no todo está bajo nuestro control.
Siguiendo con el ejemplo, no sé si esas palabras se transformarán en hechos, ojalá que así sea, pero yo sé que voy por el buen camino. Si el día de mañana no es así, sentiré una profunda lástima por lo perdido, pero al menos podré seguir estando segura de que hice lo que creí correcto para llegar a la situación que quería, y que si no pudo ser, no fue por mí.
En esta obra no hay un papel protagonista y secundarios, sino que cada uno juega un papel importante en su historia, así como en la de los demás.
Muy de acuerdo ^^
ResponderEliminar