miércoles, 9 de diciembre de 2020

La poetisa y el péndulo - One shot

"Tan solo lleva un segundo dejarlo todo atrás. Decir adiós para siempre.

Y aquel fue el tiempo durante el cual sentí alivio, una paz que hacía mucho tiempo, por no decir nunca, había experimentado. Un segundo antes de despedirme de todo."

Pero ese no es el inicio de la historia. El relato se remonta a dos décadas, cuando la inocencia aún se apoderaba de mi ser. Desconocía lo malo que tenía la vida por ofrecer, y muchas de esas cosas, por cuestiones de cercanía las acabé viviendo en primera persona, sin saber que era malo, o que no lo merecía.

Cuando todo el mundo me veía y conocía lo que ocurría, apelaban al "ojos que no ven, corazón que no siente", y otros me situaban como epicentro y culpable de todo aquello que me hería y me hacía crecer más débil. Tantos años cumpliendo con un papel de culpable y a su vez de víctima, sin siquiera entender qué era lo que sucedía, pero a mi edad actual tampoco lo logro comprender, aunque he llegado a la conclusión de que es algo de lo que no quería seguir formando parte.

Las gomas acaban perdiendo elasticidad a pesar de su material, y lo mismo sucede con las personas en lo que respecta a paciencia y tolerancia: aspectos negativos se pueden soportar e ignorar, pero llega un momento en el que se apoderan de tus pensamientos, y resulta imposible mantenerse al margen, al mismo tiempo que las vivencias se convierten en algo más impredecible, generando así una constante preocupación e inseguridad. Una persona vacía, de la que ya no queda rastro, un muerto viviente.

Mis pensamientos al respecto no cesan, y soy absolutamente consciente de que no soy culpable, y sí he sido víctima, pero no es mi rol en este recurrido. La persona que podía haber sido me mira desde algún lado, orgullosa, sabiendo que no había sido tarde para mí, y que en otras circunstancias habría brillado, pero la posibilidad me ha sido arrebatada desde el momento en el que vi la luz del sol por primera vez.

Las adversidades han tomado el control de mi ser, y puedo pecar de culpable por ello, pero no me arrepiento. Como mencionaba anteriormente, hay un límite que se ha superado, y resulta un punto de inflexión: el elástico finalmente se ha desgarrado y no hay nada que se pueda hacer para volver a ese estado previo de funcionalidad. No hay un término medio, es vida o es muerte.

Tras los últimos eventos que han acontecido, siendo los mismos concluyentes para la decisión, recibo un último menosprecio, y me dispongo a demostrar que todo en lo que se ha basado el dolor provocado y el sufrimiento ha sido sin ningún tipo de sentido, ni fundamento.

Escuché que alguien sí que tenía motivos para llorar cuando la salud estaba en juego, dejando claro que la salud es algo nulo que merezca la preocupación que otros le pueden estar reconociendo. Y me dispongo a demostrar realmente que esa persona tiene motivos para llorar de verdad. En el momento en el que tome la última pastilla, cerraré los ojos, y diré adiós para siempre.

Y entonces será tarde para pedir perdón o reconocer ciertas cuestiones, pero es principalmente un favor que me hago porque merezco dar paso a otras situaciones, borrar mi existencia y permanecer tranquila, aunque sea en mi lecho de muerte.

5...4...3...2...1...

Y se hizo el silencio.   


lunes, 2 de noviembre de 2020

Navras - PRÓXIMA TEMPORADA

Buenas, esto no es un capítulo (por desgracia para los interesados). Me he sentido algo presionada escribiendo estas últimas semanas, y dado que no quiero quemarme y dejar de escribir, voy a dejar un tiempo (un pequeño descanso para coger nuevas ideas y pensar en cómo seguir la historia) para que mi agotamiento no repercuta en la historia, así que la temporada 1 de Navras llega hasta el capítulo 17, lo cual significa que la 2ª temporada dará comienzo con el capítulo 18.

Habrá un salto temporal no muy elevado, pero quiero dar algo más de dinamismo en la historia para no alargarla en exceso y mantener el hilo conductor en un buen estado y que no resulte pesado o aburrido.

Iré informando, por supuesto, no voy a subir de golpe los nuevos capítulos, así que podéis aprovechar este tiempo para releer los capítulos anteriores (algo que voy a hacer yo también) o poneros al día con la historia.

¡Estad muy atentos, que aún quedan unos cuantos capítulos y mucha historia por delante! A ver qué le depara a nuestra amiga Katherine...

martes, 27 de octubre de 2020

Navras - Capítulo 17

 


- No, Carlos, jamás me he enamorado -le respondí, totalmente seria-. Y me alegro de no haberlo hecho, porque ya me hicieron mucho daño.

- Pero es que volvemos a las mismas de siempre, te agarras siempre a un pero, siempre tienes una excusa para no cambiar, y el hecho de no querer afrontar esas cuestiones te están generando mucho mal y mucho más dolor. Te mereces poder hablar con gente, y también poder enamorarte. ¿Que la gente te va a traicionar? Sí, por desgracia no todo el mundo es bueno, pero lo malo nos ayuda al menos a poder diferenciar lo que realmente merece la pena. ¿Que te van a romper el corazón? Claro, el amor es impredecible y es algo que requiere de reciprocidad, y no tiene por qué corresponderte la persona de la que estás enamorada y/o viceversa -hizo una breve pausa-. Lo que quiero decir es que así es la vida, y eso es lo más normal que te puede pasar. Te han hecho mucho daño, lo sé de sobra porque he estado a tu lado cuando has vivido muchas de esas experiencias, pero esto no es nada comparado con lo que has pasado. Es como cuando te van a sacar una muela, ya te han retirado la muela, y lo que venga después va a ser inferior en lo que a sufrimiento respecta. 

- Me da igual que sea inferior, Carlos, yo quiero tranquilidad, estoy harta de tener miedo a vivir.

- ¡Precisamente por eso me tienes que hacer caso! ¿Eres feliz ahora mismo? -me preguntó, sabiendo más que de sobra la respuesta-.

- Ahora mismo, en este preciso instante, no, pero mi vida sin tener que preocuparme por nadie estaba mejor, con mis cosas de siempre, sin tener que estar preocupándome por mis sentimientos hacia nadie.

- Eso es muy egoísta, Kat.

- No me refiero a ti, me remito a mi situación hace un mes aproximadamente. No tener a una persona metida en la cabeza estaba bien, yo estaba tranquila, y no creo que esté a gusto con mi situación actual. No quiero enamorarme.

- Eso no lo eliges, querida -contestó Carlos, mientras me ponía una mano en el hombro-. De momento, tus sentimientos están siguiendo un curso, y es algo natural lo que suceda, ya sea que esos sentimientos proliferen y te enamores de Tom, o que no sea así y quede todo en una anécdota, y podáis así ser amigos sin que tú te preocupes -me quedé callada, no quería añadir nada-. Yo, si fuese tú dejaría que los eventos sucediesen, sin pensar en qué pueda suceder después, fluye con lo que pase, ya sea lo que te gustaría, o lo que no. Cuando llegue el momento de preocuparte, lo haces, pero de momento no te preocupes por lo que no te ha pasado, ni te asustes de lo que pueda pasar, simplemente deja que la corriente te lleve.

- O sea, que haga lo mismo de siempre.

- No, tú no haces eso siempre, más bien todo lo contrario. Lo que tienes que hacer es disfrutar del momento. ¿Tú lo pasas bien en compañía de Tom, a pesar de que te pones nerviosa?

- Sí, al cabo de un rato se me pasa y me siento cómoda.

- Bueno, pues ya está, haz eso, tienes que darte tiempo. Recuerda que has empezado a socializar más hace muy poco tiempo, y necesitas una adaptación e ir a pasos de bebé, poco a poco, pero afianzando ese poco que avances, aunque tú consideres que no es nada -me sonrió-. Por favor, hazme caso en este, creo que es lo más importante que te he dicho nunca, y como mejor amigo tuyo que soy, quiero que seas feliz y hagas del mundo tuyo, porque te lo mereces -le sonreí de vuelta-.

- No sé cómo lo haces, pero siempre logras convencerme -me levanté de la silla-. Pues nada, sigamos con nuestro día, y a ver qué pasa.

- Esa es la actitud que quiero ver siempre reinando en ti -celebró Carlos, alzando su taza de leche-.

Terminamos la conversación ahí. Sentí que había pasado prácticamente por todas las emociones básicas posibles durante la misma, había sido muy intensa, y eso por la mañana era ya un motivo de fatiga cognitiva. Me tomé un café para recargar las pilas, me sentía exhausta, tenía mucho día por delante, y quería de verdad esforzarme al máximo por enfrentarme a mis demonios. Era algo que siempre pensaba y que decía para mí misma, pero sentía que nunca terminaba consiguiéndolo, y esperaba que aquella vez fuese diferente. 

Fuimos a clases, debido a la lluvia nos perdimos una parte de la primera, ya que para coger el autobús había una cantidad masiva de gente. Pensamos incluso en coger el metro, pero nos dejaba muy retirados de nuestra facultad e íbamos a necesitar un autobús igualmente para que nos acercase, motivo por el cual descartamos la idea de inmediato. Tendríamos que esperar a que varios autobuses de los nuestros pasaran, pero al menos tendríamos una garantía de que llegaríamos a clases.

La mañana pasó rápido, aunque estaba preocupada por mi cita con la psicóloga. No por el hecho de tener que ir, porque no era la primera vez que hablaba con ella, pero sí por el tiempo, que iba a llegar muy justa, y si me demoraba demasiado perdería el turno, y no me gustaba nada ser impuntual y, mucho menos, faltar a citas, independientemente de la índole de las mismas.

Carlos y yo fuimos a almorzar a la cafetería, como acostumbrábamos a hacer, y estuvimos un rato charlando, haciendo tiempo para entrar al laboratorio. Mis nervios volvieron, pero esta vez estaban para quedarse, y me intenté distraer para no pensar en ello.

La alarma del móvil de mi amigo sonó, ya había llegado la hora de ir al laboratorio. De camino, una figura nos llamó la atención a lo lejos:

- Buenas tardes, chicos -saludó Tom, como siempre sonriente-.

- Hola Tom, bienvenido a la segunda sesión -le dijo Carlos, agitando la mano-.

- Hola -saludé, mientras pensaba en decir algo con más trascendencia, pero me puse tan nerviosa que mi mente se quedó en blanco-.

- ¿Qué tal? -nos preguntó Tom, mientras dejaba en una papelera de la entrada el paraguas, y se acercaba hacia nosotros para ir al laboratorio-.

- Bien -respondí, rápidamente-.

- Sí, la verdad es que no nos podemos quejar, aunque faltan poco para los exámenes finales y estamos con esos nervios encima -respondió Carlos, mirándome-.

- Vaya, espero que os vayan bien esos exámenes -contestó con amabilidad Tom-.

- Chicos, me voy a adelantar un poco si no os importa, que tengo que hablar con el tutor -dijo Carlos, mientras se iba a paso ligero, dejándome nuevamente en una de sus ya clásicas encerronas-.

- Bueno, ¿sabes si hoy van a ser las mismas pruebas que me hiciste la semana pasada? -me preguntó Tom, algo cortado-.

- Sí, es exactamente igual que la anterior sesión, así que puedes estar tranquilo, que no te vamos a abrir en canal ni nada por el estilo -respondí, intentando ser algo más sociable y no limitarme a los monosílabos, a lo que Tom respondió con una risa muy entrañable-.

- Menos mal, no me había preparado para que me rajasen -me reí-. Por cierto, olvidé decirte que Benedict, no sé si te acuerdas de él -asentí enérgicamente con la cabeza-., odia la pizza vegetariana y te estará eternamente agradecido por tu sinceridad.

- Vaya, nunca me había sentido tan bien de perder un cliente -nos reímos-. La verdad es que para mí es un completo enigma cómo mi empresa sigue comercializando esa basura que llaman pizza vegetariana, no creo ni siquiera que sea saludable algo que sabe tan mal -Tom se rio-. 

- No puedo estar más de acuerdo contigo.

Justo en aquel momento entramos en el laboratorio, y estaba Vincenzo con un par más de los miembros del equipo hablando. Nada más entrar, noté que había un charco de agua en el suelo, y se acercó preocupado Carlos:

- No sabemos cómo, pero he entrado muchísima agua al laboratorio, y están todas las salas igual -dijo Carlos-.

- ¿Y cómo vamos a hacer las evaluaciones? Quiero decir, ¿afecta esta cantidad de agua al desempeño normal de tareas? -le pregunté a Carlos con preocupación-.

- Desde luego, no podemos poner en peligro la investigación, los ordenadores ni a nuestros miembros, hay numerosos enchufes que están a nivel del suelo y, estando el suelo encharcado, es un riesgo seguro e inminente accionar cualquier instrumento que requiera electricidad -respondió Vincenzo, que se había acercado hasta nosotros-.

El resto de personas en el laboratorio parecían también preocupadas ya asustadas. Un pequeño fallo, y perdíamos todo el tiempo, esfuerzo y progreso que habíamos logrado hasta el momento en lo que al estudio respectaba:

- Entonces, ¿qué vamos a hacer? -pregunté al aire, esperando a que alguien me respondiese-. 

- Por el momento tienen que venir a sacar el agua y a mirar desde dónde se ha producido la entrada del agua -respondió una de las mujeres que formaba parte del equipo técnico-. Hasta mañana o pasado no podemos reanudar la actividad normal, así que hoy no se pueden hacer las evaluaciones programadas.

- Pero Paige, eso va a repercutir en los resultados y lo sabes -le dijo Vincenzo-. Deberíamos encontrar otro modo de hacerlo.

- Vamos a ver, no es seguro estar aquí, así que eso ya nos limita enormemente -le contestó la mujer, muy seria-. No voy a arriesgar la integridad física de nadie por no alterar los calendarios, si tenemos que entregar los avances más tarde se tendrá que hacer así.

- Ya, pero nos dejan de paga, y así no podemos entonces mantener esta investigación, y tiraríamos todo esto por la borda. ¿Quieres hacer eso? -preguntó Vincenzo, enfadado-. Imagino que no, pues entonces habrá que buscar otra solución.

- ¿Se puede hacer la evaluación sin monitorizar al voluntario? -preguntó Carlos-.

- No es lo ideal, desde luego, pero es la única opción que queda -contestó la mujer cuyo nombre parecía ser Paige-.

- Podemos ir a hacer la evaluación a otro sitio, y los resultados se pueden enviar después por correo, así no hay ningún peligro imagino, ¿verdad? -preguntó Tom, y esperé de verdad que no fuese así-.

- Es buena idea, joven -respondió Vincenzo, convencido se lo que decía-.

- Pero no es lo mismo, quiero decir, el ambiente diferente nos impide que tengamos un control sobre el mismo, y eso puede alterar sin duda los resultados -comenté, esperando que Vincenzo recapacitara-.

- Tienes razón, pero tenemos que cumplir con los horarios estipulados si queremos seguir haciendo este estudio, porque hay que presentar resultados periódicamente -contestó Vincenzo-. Si no tenemos nada, se acabó -tragué saliva al escuchar aquello, por mucho que me fastidiara, era verdad-. Así que, como la situación es excepcional, tomaremos medidas como tal.

- ¿Entonces los que introducimos datos lo hacemos desde nuestra casa o lo mandamos? -preguntó Carlos-.

- Exacto, eso es lo que haremos hasta que podamos volver al laboratorio sin peligro -respondió Paige-. Vosotros tendréis que buscar un lugar similar en el que llevar a cabo la evaluación, aunque no dispongamos en esta ocasión de la monitorización -añadió, dirigiéndose hacia Tom y a mí-.

- Sin problema -respondí, fingiendo una leve sonrisa que en cuestión de segundos se transformaría-.

Todos los que estábamos en el laboratorio salimos menos Vincenzo y su compañera, que probablemente se quedarían allí para buscar una solución y evitar perder todo lo que habíamos hecho hasta el momento del estudio.

Me sentí como un pollo sin cabeza, estaba tan desorientada que dejé que el pánico se apoderara de mí. Miré a mi alrededor, y vi que estaban todos intercambiando preocupaciones al respecto, y algunas incluso organizándose para poder ponerse con la introducción de los datos en la biblioteca de la facultad.

Sentía que debía decir algo, estaba al lado de Tom, y teníamos que encontrar un sitio para poder completar las evaluaciones de la segunda semana:

- Vaya mala suerte -comentó Tom, algo cortado-. Lo bueno es que parece que no se ha estropeado nada, ¿no?

- Parece que todo está bien -respondí, intentando pensar dónde podríamos ir-. ¿Te parece que vayamos a la biblioteca para que te pase la evaluación?

- Claro, pero, ¿no se supone que un sitio para estudiar y no hablar? -me preguntó-.

- Sí pero no. Hay un área específica para trabajos de grupo, y ahí podemos hablar lo que queramos -le respondí-.

- ¡Vaya, parece que ha pasado un siglo desde que yo estudié! Cuando yo iba a la universidad solo había una biblioteca, y ahí como levantases un poco la voz o siquiera estornudaras te echaban -le miré sorprendida-. Si ibas a estudiar y estabas resfriado, te dabas por condenado casi antes de entrar -nos reímos-. Es broma, pero sí que es cierto que mantenían a raya cualquier ruido, por mínimo que fuese.

- Aquí es más o menos parecido, pero te dejan hablar en voz baja, así que espero que seas capaz de aguantarme susurrando como si estuviese planeando algo -Tom se rio-.

- Me parece interesante ver cómo reaccionaría la gente, podría ser un nuevo estudio para tu laboratorio -comentó en broma Tom, mientras íbamos de camino al laboratorio-.

- No lo digas dos veces, porque ellos ven oportunidades en todas partes y son capaces de hacerlo -nos reímos-.

No tardamos en llegar, la biblioteca estaba bajando las escaleras según se salía del laboratorio. El problema era que, al ser un día tan lluvioso, estaba especialmente concurrida y, tal como me imaginaba, cuando entramos la zona de trabajo en equipo estaba prácticamente llena. Había un ruido insoportable, no era algo elevado, pero el murmullo era tan evidente que resultaba imposible trabajar.

Salimos de la biblioteca, descartando esta como opción. Estaba falta de ideas, y me sentía mal por hacer a Tom esperar, ya que probablemente él tendría también cosas que hacer, y perder el tiempo no sería una de ellas. 

Anduvimos hasta la entrada de la facultad mientras pensaba en algún sitio en el que poder hacer la evaluación, la última opción era mi casa, por supuesto, y esperaba no tener que recurrir a ello:

- Oye, Katherine, conozco una cafetería que es muy tranquila, tal vez allí puedas hacerme la evaluación de esta semana -dijo, mientras salíamos del edificio-. 

- Igual al ser un sitio público nos ponen alguna pega...

- Para nada, allí de hecho hice una entrevista de trabajo y no hubo ningún problema -me sorprendí al escuchar aquello-.

- Vaya, qué lugar más peculiar para una entrevista, si te entraban nervios te podías pedir una tila -se rio-. 

- Estuvo bastante bien, me dieron el puesto de hecho -respondió Tom, sonriendo-.

- ¿De qué fue? Si se puede saber, claro.

- Por supuesto, fue de camarero para un teatro, aunque no duró mucho porque el contrato era bastante corto, pero me sirvió para pagarme un par de meses de universidad -al escuchar aquello, me sentí mal por haber presupuesto previamente que era un niño de papá, había trabajado duro para conseguir sacar su carrera, y deseaba no haber sido tan idiota por pensar así-. ¿Te parece buena idea it a esa cafetería entonces?

- Sí, yo creo que es una buena solución -le respondí, algo cortada-.

- Está a unos quince minutos de aquí en coche, no tardaremos nada en llegar -dijo, mientras sacaba las llaves del coche-.

- Vaya, soy otra vez tu copiloto, al final te voy a tener que pagar por el trasporte -se rio-.

- Para nada, se agradece la compañía y, además, ¿quién me iba a evaluar si tú no vienes? -nos reímos-. ¿Me puedes esperar aquí un momento? -me preguntó Tom, educadamente-. Me he olvidado de una cosa dentro.

- Por supuesto, no me voy a mover -le respondí, y vi cómo se alejaba y entraba de nuevo en la facultad-.

Me concentré en el tiempo que hacía. Estaba lloviendo muchísimo fuera, y por muy cerca que tuviese el coche, sabía que nos íbamos a empapar, sobre todo teniendo en cuenta que Carlos y yo habíamos venido con un paraguas, y se lo había quedado él. Pensé en entrar y pedírselo, pero me dio corte hacer esperar a Tom, y dejar adicionalmente a mi amigo sin paraguas, así que me mentalicé de que iba a disfrutar de una agradable ducha con agua del cielo.

- Ya estoy -dijo Tom, que había regresado, lo cual casi me provoca un infarto dado el estado de reflexión en el que me hallaba-. Perdona, no quería asustarte.

- No pasa nada, es que estaba embobada con la lluvia, aunque no sé de qué me sorprendo, la lluvia en Londres está a la orden del día -nos reímos-.

- Totalmente de acuerdo, es más necesario un paraguas que las llaves de casa -respondió, señalando a su paraguas, el cual supuse que era lo que había olvidado dentro del edificio dado que no había visto que lo llevara antes-. Bueno, ¿vamos? - me preguntó, mientras abría el paraguas-.

- Claro -le respondí, mientras salíamos-.

Antes de salir de la protección de la fachada de la facultad, Tom se acercó hacia mí con el paraguas. No, no estaba dispuesta a compartir paraguas con él:

- Hay sitio de sobra para otra persona en el paraguas -me dijo Tom-.

- No hace falta, de verdad, no me importa mojarme un poco.

- ¿Un poco? Vas a tener que tenderte como estés más de diez segundos bajo la lluvia -nos reímos-. 

- Que no, de verdad -pude ver qué Tom se dio cuenta de que la propuesta me incomodaba-.

- Entonces toma -dijo, pasándome el paraguas-. No voy a dejar que te mojes -respondió, con seriedad-.

- Me niego rotundamente -rechacé, a pesar de que era la proposición más amable que había recibido en mucho tiempo-. ¿Por qué tengo yo menos derecho a mojarme que tú? A lo mejor yo tampoco voy a dejar que te mojes -le respondí con bravuconería, y me miró sonriendo-. 

- ¿Nos vamos a quedar aquí entonces? -preguntó Tom, aun cediéndome el paraguas-.

- Es posible, pero soy muy cabezona, te lo tengo que... -antes de que pudiese terminar de hablar, vi que una ráfaga de aire se llevaba el paraguas-.

Tanto Tom como yo intentamos atraparlo, pero lo único que conseguimos fue ponernos bajo la lluvia y empaparnos. 

Al final tuvimos que ir hasta el coche ambos corriendo, para evitar estar bajo la lluvia lo máximo posible, pero fue inevitable acabar empapados. Fue un desafortunado pero divertido incidente.

lunes, 19 de octubre de 2020

Navras - Capítulo 16

 


Terminamos nuestra jornada de prácticas, y sabía que Carlos estaba deseando que llegara el momento para preguntare, lo cual hizo de inmediato cuando cogimos nuestras cosas para marcharnos, sin siquiera esperar a salir del laboratorio:

- Bueno, bueno, creo que tenemos que hablar -dijo Carlos, con tono pícaro-.

- Sí, antes de que yo cuente algo, si es que lo hago porque me has preparado una encerrona, necesito que me cuentes tú -le respondí, mientras abría la puerta del laboratorio para irnos-.

- Ha sido un trabajo de campo, que lo sepas, he tenido que mover hilos y tirar de contactos... 

- ¿Puedes dejar de dramatizarlo y contármelo? Lo digo porque yo tengo memoria a corto plazo e igual se me olvida lo que ha pasado... -al decir aquello, Carlos se sorprendió-.

- Le quitas la gracia a mis historias, de verdad -comentó, falsamente ofendido-. Bueno, pues el martes por la mañana me llamaron del laboratorio, porque en principio había sido yo elegido de manera aleatoria para evaluar a nuestro "voluntario descolgado".

- Ya, hasta ahí llego, Sherlock -le dije, dedicándole una sonrisa sarcástica-.

- Total, que ese mismo día, antes de la última clase te dije que tenía una tutoría, ¿recuerdas?

- No me digas que no era cierto...

- Pues no, no lo era, y soy un actor increíble, claramente me he equivocado de carrera -nos reímos-. Bueno, pues fui al laboratorio a por el dossier, porque tenía curiosidad. A decir verdad, tengo un medio lío con uno de los responsables del proyecto, que es el hijo de Vincenzo, Kyle, y le pedí por mensaje nada más me llamó su padre si me podía decir qué voluntarios habían sido ya asignados y cuáles no y, al ver que uno de ellos era nada más y nada menos que Tom, quise hacer todo lo posible para saber si iba a ser él mi voluntario. Si lo era, ya tenía lo más difícil hecho, si no, pues esto no habría llegado a pasar.

- Madre mía tienes más contactos que un capo de la mafia -se rio-. Bueno, entonces ya puedo imaginar qué ocurrió... -llegamos a la parada del autobús, y nos sentamos a esperar-.

- Efectivamente -hizo una breve pausa para beber de su botella de agua-. Así que hablé con Kyle, y tras pensarlo muy mucho, conseguí encontrar la manera de que te pasaran a ti el muerto, por así decirlo. Y ya el resto de la historia te la conoces de sobra.

- Vale, o sea, ¿has hecho todo esto para que tuviese a Tom como voluntario?

- Creía que eras más lista -comentó, poniéndome la mano en el hombro-.

- Eres un idiota, pero te quiero y lo sabes -le di un abrazo-.

- Dios mío no puedo creer lo que ven mis ojos, bueno, lo que ha sentido mi cuerpo, a parte de una costilla rota, ¿no has visto que soy fino como el papel de fumar? -nos reímos-.

- No te acostumbres, no va a convertirse en un hábito -se rio-.

- Que Katherine Evans me abrace es tan probable como encontrarme con Brad Pitt un día por la calle, así que creo que puedo morir en paz, más o menos -nos reímos-.

- Oye, estás obsesionado con el pobre Brad, no tendrá cosas mejores que hacer que andar por una callejuela de Londres un miércoles por la tarde... -nos reímos de nuevo, sentí que me dolían las mejillas, no estaba acostumbrada a sonreír tanto a lo largo de tan poco tiempo-.

- A ver a ver, no te hagas la loca, que ahora que yo te he contado, viene lo bueno. ¡Cuenta, cuenta!

- No hay demasiado que contar en realidad, ha sido una sesión agradable, pero no creo que pueda destacar nada en sí.

- Yo discrepo, habéis estado la hora completa, y te recuerdo que la evaluación no se tarda tantísimo en hacer.

- Bueno sí, hemos estado hablando y tal... Ah, le he contado lo que vi en su expediente.

- ¿Y cómo se lo ha tomado? -me preguntó Carlos, con curiosidad-. 

- Genial, ha sido un cielo -sonreí-. La verdad es que ha sido un encanto todo el rato, no deja de sorprenderme -Carlos sonrió-.

- A alguien le hace el corazón pum pum cuando piensa en él, ¿eh?

- Sí, es cierto, me gusta, pero por encima de eso quiero que seamos amigos, porque es una persona que me gustaría tener a mi lado.

- ¿Y no te gustaría que estuviese a tu lado siendo más que tu amigo? -suspiré-.

- Eso no va a pasar, Carlos, somos amigos, o un proyecto de amigos, y una relación puede joder todo lo bueno que hay por delante. Además, no sé si recuerdas que para que haya una relación tienen que ser dos.

- ¿Quién te dice que no le gustas? Es lo más probable, físicamente es imposible que no le gustes, me gustas hasta a mí que soy homo -nos reímos-.

- No es cierto -Carlos me contradijo gesticulando "sí" con la cabeza"-. Y, de nuevo, es una persona que me gusta, pero no siento una atracción que me lleve a querer una relación con él -por fin llegó el autobús, y nos subimos-.

- Querida, yo creo que las cosas no funcionan así, pero como tú eres un enigma para la ciencia tal vez sí, no sé -tomamos asiento, por suerte el autobús no iba muy lleno-. A ver, ¿te gusta Tom? -antes de responder miré a todos los pasajeros del autobús, esperando que no estuviese él entre ellos-.

- Deberías bajar la voz -le sugerí, molesta-. 

- Vale -contestó, con un tono considerablemente más bajo-. Ahora, responde a mi pregunta si eres tan amable. ¿Te gusta Tom, o no?

- Sí, sí, me gusta Tom, lo tengo claro. Es un chico inteligente, educado, comprensivo, amable, encantador, divertido, bueno, atractivo y más cosas, o tal vez no que no sé porque no le conozco lo suficiente como para saberlas. Y también tendrá cosas malas, claro.

- Bueno, ¿y qué?

- No sé, es algo que hay que considerar, no puedo tener solo en mente las cosas buenas.

- No, no, lo que quiero decir es, ¿y qué más da que tenga cosas malas? Todo el mundo las tiene, yo las tengo, y por ser así no me has dejado de querer, ¿verdad?

- ¿Alguna vez lo hice? -le dije, en broma-.

- Bueno, ¿algo más que decir de esta sorpresa?

- Gracias -le sonreí-. Me alegro de tener esta oportunidad tan buena de conocer más a Tom.

- Tienes todavía 3 sesiones más por delante, 3 horas de Tom y tú al completo -al escuchar aquello, me entristecí-.

- ¿Qué pasará cuando terminen esas sesiones? Quiero decir, ¿crees que nos llevaremos lo suficientemente bien como para quedar y eso?

- Kat, por favor, no hay ningún baremo en el que ponga que a partir de X afinidad con alguien puedas quedar con esa persona, y por debajo no, eso es algo que tú valoras. Yo creo que si llamases ahora a Tom para quedar a tomar algo no te diría que no.

- No sé, Carlos, puede que nos llevemos bien y eso, pero apenas nos conocemos, y él es posible que por educación me dijese que sí, pero eso no resultaría indicativo de querer quedar conmigo, sino de una de esas cualidades suyas que te he mencionado -Carlos emitió un gruñido-.

- Ugh, mira que eres, es que te gusta darle cien mil vueltas a las cosas y ver las peores situaciones posibles que pueden pasar. ¿No puedes estar contenta con el hecho de que vais a tener más días para veros y hablar? Ya cuando terminen las sesiones, pues te planteas todas estas cuestiones, pero hasta el momento no te agobies, y mucho menos, sean tan sumamente pesimista.

- No soy pesimista...

- "Simplemente me gusta valorar todos los posibles escenarios" -me sorprendí al escuchar que Carlos había terminado mi frase-. Si me diesen una libra por cada vez que has dicho eso, te digo que era ya rico y tenía varias casas en primera línea de playa en Hawái -me reí-. En serio, Kat, no pienses así, porque te vas a pasar la vida centrada en todo lo malo que puede suceder, y no vas a poder disfrutar de lo bueno, porque cuando te quieras dar cuenta, ya habrá pasado. 

- Tienes razón.

- Así que, poco a poco intenta no abrumarte con todo lo malo que pudiera pasar. El mundo ya es un sitio lo suficientemente complicado como para que tú encima quieras ahondar más en la mierda y miseria. Tú disfruta, vive el momento.

- Carpe Diem -dije, en referencia a la expresión latina que contemplaba lo que Carlos me acaba de decir-.

- ¿Me has insultado en otro idioma? -me reí-.

- No, idiota, te he dicho en latín "vive el momento".

- Creo que no puedo saberlo con seguridad, conociéndote me puedes haber llamado cucaracha en griego -nos reímos al unísono-.

Llegamos a casa, y me puse a avanzar trabajo que tenía pendiente, y a estudiar, al final no había tenido la sesión de estudio que esperaba pero, sinceramente, me había olvidado, y me daba igual, estaba muy contenta de cómo había transcurrido mi día, y de haber podido hablar de nuevo con Tom.

Recordé lo que había estado hablando antes con Carlos en el autobús. "¿Si llamase a Tom querría quedar conmigo?" me pregunté a mí misma, sin tener una respuesta clara. Sabía que era probable, porque era un chico muy educado, pero al igual que cuando me dijo que estaba "a gusto" y contento, ¿sería por estar conmigo y pasar un buen rato, o por compromiso o por otras razones que no venían al cuento? 

Dada mi poca habilidad social, si quería saberlo se lo tenía que preguntar directamente, y no lo iba a hacer. De todas maneras, tampoco iba a llamarle o escribirle para quedar, no al menos en aquel momento. 

Miércoles de la siguiente semana

Estaba nerviosa, y no sabía por qué, no iba a pasar nada en especial, pero la simple idea de tener que ver de nuevo a Tom me ponía de los nervios, me sentía extraña. De hecho, el lunes me escribió un mensaje para confirmarme la sesión del miércoles, y al verlo sentí una intensa taquicardia. ¿Me estaba volviendo loca?

Preparé mis cosas, me había levantado antes para salir a correr, pero vi que estaba lloviendo muchísimo, así que decidí aprovechar y limpiar un poco la cocina, ya que me arriesgaba a salir y tener que volver a casa en canoa. Carlos no tardó en levantarse, no solía madrugar tanto para las clases, pero supuse que me habría escuchado en la cocina, y se habría desvelado:

- ¿Qué mosca te ha picado? -me preguntó, rascándose los ojos, con apariencia perturbadora-.

- Iba a salir a correr, pero no me apetece hacer natación, la verdad -le dije, con sorna-. Ya que estaba en pie, pues me he puesto a hacer cosas. Para que luego no te quejes de que intento escaquearme de limpiar.

- Esta vez lo estás haciendo porque no se te ocurre nada mejor -asentí, la verdad es que tenía razón-. Lo que me parece raro es que no te pongas a estudiar, si hasta al baño te llevas los apuntes -se rio-.

- No estoy bien ahora mismo como para estudiar, necesito distraerme -al decir aquello, Carlos se quedó pensativo, y me miró-.

- ¿Por qué estás así?

- Por nada exactamente, es raro -le respondí, sin querer hablar más del tema-.

- A ver cariño, ya que me has despertado con tu sutileza para guardar platos, por lo menos habla conmigo, así los dos salimos ganando.

- Es que no tengo más que decir, ni quiero tampoco, siento haberte despertado -contesté, a la defensiva-.

- No seas tan rancia, porque bien sabes que hablar de los problemas propios ayuda mucho, sobre todo en lo que respecta a generar una perspectiva diferente sobre la cuestión o cuestiones que te atormenten -de nuevo, tenía que darle la razón, pero eso no significaba que quisiera hablar-.

- ¿Si te cuento cómo estoy me dejarás tranquila?

- Te lo prometo por Brad Pitt -respondió, totalmente serio-.

- Siento cierto nerviosismo, pero te vas a burlar de mí por el motivo.

- Jamás me he reído de ti, no al menos a malas, sino que me río contigo -contestó, intentando convencerme-. 

- Bueno, pues si te lo digo sé que me vas a comentar al respecto, y no es algo con lo que yo esté de acuerdo.

- Pero a ver, Kat, ¿puedes dejar de elaborar suposiciones y decirme por qué estás así? Te doy mi palabra de que no voy a generarte más mal, de verdad.

- Es que eres muy intenso y muy exagerado, y no quiero agobiarme...

- ¡¿Me lo vas a decir o me voy a la puta cama a dormir?! -exclamó-. Uy, perdón, puede que me haya sobreexcitado un poco -sonrió ligeramente-. Además, si no me lo dices no me voy a dormir, no lo iba a hacer de todas formas, así que...

- ¿Qué? -le pregunté, intentando desviar la conversación a otro lado-.

- Por Dior, Kat, no intentes esa estrategia porque la inventé yo -me miró con expresión cansada-. ¿Por qué estas nerviosa?

- Estoy nerviosa porque no sé si quiero o no hablar con Tom -le contesté, finalmente-. Es que simplemente no lo comprendo, estoy muy revuelta y muy confusa, y no quiero seguir así - Carlos me estaba escuchando atentamente-. Me cae muy bien, es un chico muy majo y disfruto de su compañía, pero de solo pensar en interactuar con él el corazón se me acelera, y me agobio muchísimo -dije, mientras me sentaba, e intentaba contener las lágrimas-. Estoy intentándolo, de verdad, yo quiero ser normal y ser también capaz de hablar con las demás personas, pero no puedo, siento que por cada paso que doy hacia delante, voy tres hacia atrás, y no sé qué más hacer -me cayó una lágrima-. De verdad que quiero abrirme a la gente, pero no puedo...

- A ver, Kat, en primer lugar, respira, ¿vale? -asentí, mientras me secaba las lágrimas-. Sé consciente de tu propia respiración, y ya a partir de ahí seguimos -volví a asentir-. ¿Estás mejor?

- Estoy más tranquila -le respondí-.

- Vale, a ver, en primer lugar, estás haciéndolo muy bien, la prueba está en que tu sujeto de los lunes está bastante contento con las evaluaciones, y los resultados son buenos, así que ahí puedes ver que estás progresando y que no puedes echarte atrás y volver a recluirte. ¿Me equivoco?

- No lo sé, me gustaría pensar que no.

- No solo te gustaría, sino que es así -añadió Carlos, con tono neutral-. Estás hablando con más facilidad con la gente, y eso no tiene por qué significar que hables con más gente o seas de golpe la persona más sociable del mundo, porque sé que supone mucha presión que el que te esté diciendo todo esto sea yo, que soy excesivamente sociable, pero precisamente como persona elocuente que soy, te puedo asegurar que lo estás haciendo muy bien -hizo una pausa para coger leche de la nevera-. Has pasado una infancia y una adolescencia muy muy jodida, que ni a mi peor enemigo se la desearía, y ojalá las cosas fueran más fáciles, pero sigues aquí, y eso es lo importante -se sirvió la leche en una taza, y guardó el cartón en la nevera-. Creo que no te puedes hacer una idea de lo extremadamente fuerte que eres, porque a pesar de todo lo que te ha pasado, sigues luchando en cuerpo y alma por mejorar y evitar que ese pasado te arrastre -suspiré, no quería ponerme a llorar de nuevo-. Siempre hay motivos para seguir adelante, Kat, para nunca dejar de luchar, y no te puedo animar más a que no dejes de intentarlo, no dejes que las malas experiencias que has vivido hace más y menos tiempo te consuman.

- Puedes creerme que es lo último que quiero, pero cuando son cosas que escapan de tu control, llega un punto en el que le dejas de ver la gracia a buscar mejorar, cuando eso no te va a aportar nada, sino que te va a generar más dolor.

- No, Kat, estás confundida, pero eso ya lo hablaremos en otro momento, porque hay una segunda parte que quiero añadir. Bueno, antes de nada, ¿llamaste a la psicóloga?

- Sí, tengo cita hoy por la tarde, cuando salgamos del laboratorio.

- Vale, perfecto. Lo otro que quería comentar, es que este nerviosismo solo te lo provoca hablar con Tom, ¿verdad? -asentí, la verdad es que no lo había pensado-. Eso es normal cuando sientes algo por alguien, quiero decir, que no te preocupes -sabía que me iba a decir algo por el estilo, y era el motivo por el cual no le quería haber dicho nada-. Te genera nervios el hecho de saber que vas a tener que hablar con él, porque no quieres que se entere de que te gusta.

- Esa última parte era la que quería omitir -dije, con cierta molestia-. No siento nada por él, me gusta, me atrae, pero es todo, no estoy "enamorada" de él ni nada por el estilo.

- Ya lo sé, pero yo no estoy hablando de que estés enamorada de él tampoco, yo estoy refiriéndome más a ese escalón intermedio entre que alguien te gusta y que te enamores -resoplé, y negué con la cabeza en señal de disconformidad-. Que te guste alguien es algo inicial, más ligado a una atracción o a algo muy concreto, y se caracteriza por la ausencia de relación con la otra parte, como por ejemplo, lo mío con el Pitt. El enamoramiento es no dejar de pensar en esa persona, querer estar siempre con ella, tener un alto nivel de empatía hacia la misma, e implica un mayor conocimiento de la otra parte. Lo primero sería como ver a tu actor favorito en una película, que piensas "buah como me gusta", pero ya está, no te quita el sueño; y lo segundo es ver a la persona que te gusta como el ser más maravilloso del planeta, y tener la necesidad de que sepa lo que sientes porque ese sentimiento es tan fuerte que no puedes contenerlo más.

- ¿Eso es algo avalado empíricamente o te lo has sacado tú de la manga? 

- Kat, he tenido relaciones muy variopintas y creo que tengo la muestra lo suficientemente amplia como para tener una ligera idea, aunque no haya un estudio detrás que lo certifique.

- Yo he tenido también muchas relaciones, y aunque fuesen menos serias que las tuyas, discrepo respecto a lo que dices.

- Querida, no has tenido ninguna relación seria -dijo con dureza Carlos, y al darse cuenta de que aquello me sentó mal, cambió totalmente su gesto-. Lo siento Kat, no lo quería decir así, pero es cierto que no has tenido ninguna relación más allá de una cama, y ya sé que no ha sido por tu culpa -suspiré, intentando pensar en otra cosa, porque me estaba sintiendo peor por segundos-. 

- Yo ya no quiero encontrar nada -contesté con frialdad, intentando zanjar el tema-.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Ya lo estás haciendo -le respondí, con sorna-.

- ¿Alguna vez te has enamorado? 

La pregunta me dejó gélida. Sabía la respuesta con certeza.

lunes, 12 de octubre de 2020

Navras - Capítulo 15

 


- Oh, hola -saludé a Tom sorprendida, iba a matar a Carlos en cuanto saliese de allí, lo tenía claro-.

- Vaya, hola -respondió, con una amplia sonrisa en el rostro, y se acercó para darme la mano-. Me alegro de volver a verte.

- Igualmente -le sonreí-. Creo que eres la persona con la que más veces me he encontrado de casualidad nunca -se rio-.

- Desde luego, creo que puedo decir lo mismo -nos reímos, y Tom se hizo a un lado, estando aún de pie-.

- Bien, parece que te voy a tener que estar evaluando yo -comenté, sin saber muy bien qué decir, estaba completamente bloqueada y nerviosa-. 

- Perfecto -respondió-. 

Me acerqué a la mesa para dejar mis cosas, aun no pudiendo creer la encerrona que Carlos había preparado, aunque no podía negar que estaba contenta, me alegraba mucho de volver a ver a Tom, y si le tenía que evaluar, significaba que iba a tener unas cuatro sesiones para poder conocerle más.

Estaba tan distraída y absorta en mis pensamientos que al dejar los papeles en la mesa calculé mal la distancia y los tiré al suelo. Sentí como el color subía a mis mejillas, y me apresuré a recoger lo que había tirado. El hecho de que Tom se acercase y me ayudase a recoger no me hizo sino tener más vergüenza:

- Supero las leyes físicas de la torpeza -dije, intentando excusarme por mi estupidez mientras terminábamos de recoger los papeles-.

- Puede pasarle a cualquiera -respondió Tom, mientras me daba los últimos folios-.

- Gracias -le dije, mientras dejaba la carpeta, ya con más cuidado, sobre la mesa-. 

- No hay de qué -contestó-.

- Puedes tomar asiento -le dije, intentando recobrar la compostura y la profesionalidad, y de inmediato se sentó en la silla que estaba en frente de la mía, al otro lado de la mesa-. Lo primero que te voy a pedir es que respondas a unas preguntas, después te voy a pasar un test, te pongo unos medidores, y luego te paso otro test. Ya por último, unas preguntas más y eso sería todo.

- Me parece justo -dijo asintiendo-.

- Puede parecer mucho, pero se pasa rápido, lo que más tiempo lleva es poner las máquinas y ver que estén bien calibradas, pero eso además no depende de ti.

- Estoy tranquilo, no te preocupes -sonrió-.

- Estupendo -me senté, y saqué la hoja de instrucciones, aunque la iba a usar más como respaldo, ya que recordaba del lunes lo que había que hacer-. ¿Te parece que empecemos ya? -dije, mirando el reloj-.

- Por supuesto.

- Bien -hice una breve pausa, intentando crear un ambiente relajado, a pesar de que por dentro estaba de cualquier manera menos relajada-. Igual esta pregunta te suena rara, pero recuerda que no es a nivel personal, que eso puede dar más mal rollo -se rio de una manera encantadora, lo cual me hizo ser consciente del latido de mi corazón, y de que estaba transpirando-. 

- Tranquila, trabajando en el despacho en el que trabajo me han hecho preguntas que jamás te creerías, y ya no solo clientes, compañeros -nos reímos-. 

- Ya, si la gente que pide pizza y que va a hoteles tampoco es que vaya por un camino distinto. En el hotel, un día, cuando estaba preparando un té para una clienta, me preguntó si creía que si había probado alguna vez a echar sangre o pelos en la bebida para darle un toque diferente -al escuchar aquello, Tom se empezó a reír de una manera muy cómica, y me contagio la risa-. Le serví el té, que ya lo había abonado, y me fui a hablar con mi jefe porque me preocupaba que hubiese estado haciendo de esos experimentos en el hotel.

- Menuda situación -dijo Tom, cesando la risa, pero manteniendo la sonrisa-. A mí hace poco me dijo mi compañero de despacho, Tony -hizo una pausa-, creo que le conoces, porque vino a la sesión que se celebró en el hotel de juristas hace cosa de un mes -asentí, recordando vagamente a su acompañante-. Pues ese tipo me comentó que había estado tramando el crimen perfecto por si un día se aburría de la vida "normal" y me preguntó que, si en caso de que le pillasen, sería su abogado -me quedé sorprendida al escuchar aquello, y me reí-. 

- Se agradece ver que hay gente en el mundo que está loca, así no nos falta trabajo.

- Desde luego -añadió Tom-. 

- Bueno, vamos a seguir con la sesión, o más bien a empezar -nos reímos-. ¿Cómo te has sentido hoy al levantarte? -al escuchar la pregunta, Tom suspiró y se quedó pensativo-.

- Normal, ni bien ni mal, no puedo destacar nada en especial.

- ¿Ayer cuando te fuiste a dormir te sentías igual? 

- No, ayer me fui a dormir algo intranquilo por algunas cuestiones.

- ¿Has soñado con algo? Si es así, ¿puedes decir cómo te has sentido?

- No, creo que no he soñado con nada -respondió, sonriendo de una forma adorable, y me distraje-. ¿Alguna pregunta más?

- Ah, sí, perdona, que estaba a pensando -noté como mi temperatura corporal subía exponencialmente, y antes de bloquearme, continué con las preguntas para relajarme-. ¿Cómo te sientes ahora mismo?

- Bien, estoy contento -respondió, sonriendo-. Ha sido un buen día y estoy a gusto. 

- Perfecto -lo anoté, preguntándome si con lo último se refería a que estaba cómodo conmigo, y se me ocurrió una idea para ver si me lo contaba, sin exponerme demasiado-. ¿Puedes ser más preciso con tu última respuesta? Quiero decir, ¿estás refiriéndote a tu recorrido de día, o a este preciso momento?

- Creo que es aplicable a ambas, estaba bien cuando he venido, y sigo estando bien ahora -sonreí ligeramente, no me había quedado muy claro, pero no le podía volver a preguntar o si no se daría cuenta de que hay algo más que una cuestión profesional por mi parte-.

- Vale -contesté, mientras revisaba las preguntas-. ¿Ha habido alguna noche a lo largo de esta semana que has dormido mal, o al revés? Es señalar si ha habido algo destacable, sobre todo en contraste entre acostarse y levantarse.

- Creo que no, pero déjame pensar unos segundos -respondió, mientras se ponía la mano sobre la barbilla-. Bueno, hubo un día que me quedé dormido en el sillón, y me desperté bastante molesto, por así decirlo, pero fue sobre todo porque mi perro se me había subido encima -al escuchar aquello no pude evitar reírme, y vi que Tom pasaba de un gesto serio a sonreír-. Te lo juro, así fue.

- En contraste no dudo que él estuvo bastante cómodo -nos reímos-. ¿Recuerdas algo más? 

- No, diría que eso es lo más destacable -hizo una pequeña pausa-. Como verás, mi vida es bastante monótono y aburrida -al escuchar aquello, recordé que había leído sin querer algo de su expediente, y me regresó la culpa como un saco de boxeo, en toda la cara-. ¿Ocurre algo? -me preguntó Tom, al verme callada y con gesto de preocupación, se lo tenía que decir, necesitaba ser sincera, era algo que me había prometido a mí misma, no lo hacía por él-. 

- ¿Te puedo contar una cosa? -le pregunté, esperando que él no quisiera saber nada al respecto y así quedaría todo el tema zanjado-.

- Por supuesto, lo que quieras -me contestó con su característica amabilidad, lo cual me hizo sentir aún peor, y dudé si contárselo, porque tal vez perdería mi única oportunidad de conocerle más y, quién sabe, tal vez ser buenos amigos.- 

- Verás, ha sido absolutamente sin querer, no tenía mala intención -Tom me miró extrañado, pero tranquilo-.

- Bueno, sea lo que sea, por lo poco que te conozco, no dudo que haya sido sin mala intención y sin querer, no te preocupes -me sonrió tras decir aquello, lo cual en parte me calmó, pero no lo suficiente, y no sabía cómo decírselo-.

- Verás... ¿Recuerdas el día que te evaluamos en el laboratorio, que me tuve que ir corriendo y me llevaste al Juzgado? -Tom asintió, atento a lo que estaba diciendo-. Pues me llevé tu expediente en vez de mi trabajo, que estaba en una carpeta igual -Tom se quedó sorprendido al escuchar aquello-.

- Pero no pasa nada, no te llevaste las llaves de mi coche o mi cartera, eso es bueno -me reí, y él me acompañó-.

- Pero eso no es todo -pausé-. Yo no sabía que me había confundido hasta que vi que era tu nombre, y sin querer leí tu apartado de familia -Tom fue a hablar, pero antes de que dijese nada quería justificarme-. Fue sin querer, si te sirve de consuelo me siento fatal por violar tu privacidad, y de verdad que te lo quería decir porque me siento mal al respecto. Tienes todo el derecho del mundo a enfadarte.

- No me voy a enfadar -contestó, sonriendo ligeramente-. Te agradezco la sinceridad y, bueno, no pasa nada por leer eso, ha sido de manera involuntaria y no hay malicia tras ello, así que no hay ni el más mínimo problema -me sonrió-. 

- Ya, pero me sorprende que no te moleste, yo si fuese tú como mínimo me daría un sillazo - al escuchar aquello, Tom se sorprendió y se echó a reír-. 

- No te haría eso nunca -respondió, aun riéndose-. No me molesta para nada que sepas que soy adoptado.

- Pero entiendo que es un tema delicado, y no saberlo por ti directamente, que tienes la capacidad de decidir si quieres contármelo o no, es lo que me hace sentirme mal. Es una cuestión personal, y en lo que a familia respecta, las cosas son más delicadas aún, y...

- De verdad, Katherine, no te preocupes, no estoy enfadado ni molesto ni nada por el estilo , estoy bien de hecho, lo paso bien contigo y, de nuevo, de lo poco que sé de ti, entiendo que no ha habido ningún tipo de malicia tras ello -al escuchar aquello, noté como mis tripas se estremecieron, y le sonreí-.

- Ojalá más gente fuese como tú -dije, sin querer-. O sea, eres una persona comprensiva.

- Un mundo con gente como yo sería muy aburrido -respondió, riéndose, y me sentí aliviada al haberle quitado hierro al comentario-.

- Bueno, entonces vamos a seguir, que todavía nos queda y al final se nos va a pasar el tiempo -dije, intentando cambiar de tema y seguir con la sesión-.

Terminé con las preguntas, revisé las anotaciones que hice y pasé a la siguiente tarea, que era un test de personalidad y emoción. Eran bastantes preguntas, y mientras Tom lo rellenaba estuve leyendo el dossier, por si había algo que se me había pasado, y posteriormente preparé las máquinas para ir más ligeros cuando Tom terminase de completar la segunda tarea. 

Al cabo de diez minutos, había terminado, y le indiqué como proceder para darle el siguiente test, mientras sería monitorizado por las máquinas:

- Vale, ahora te tengo que conectar a un par de máquinas, pero no te asustes, ninguna te va a dar un calambrazo o te va a matar -se rio al escuchar aquello-. ¿Puedes ponerte estas cintas alrededor de las muñecas?

- Claro, sin problema -se empezó a colocar las cintas-. ¿Es como un polígrafo?

- Se podría decir que sí, pero esto solo mide sudoración y latido cardíaco, así que no es tan sofisticado, se podría decir que es el primo no muy lejano -le respondí, mientras configuraba los aparatos-. Vaya, tu latido cardíaco es ligeramente más rápido que el de la media... -dije, sorprendida y ciertamente preocupada-.

- Puede ser por algo de nervios, pero mi ritmo cardíaco es normal de costumbre -añadió-.

- ¿Estás nervioso por algo? Perdona por la pregunta, pero si no estás cómodo puedo omitir la monitorización, aunque es importante.

- No, no, no te preocupes, es que luego tengo que hacer unas cosas y por eso estoy nervioso, nada más. Está todo bien.

- Oh vaya -miré al reloj, dándome cuenta de que habíamos perdido mucho tiempo hablando-. Siento estar alargando esto, vamos más rápido a partir de ahora.

- Eso no es problema para nada, no te preocupes, tómate tu tiempo -respondió, sonriendo-. 

- Vale, pero si te tienes que ir o lo que sea dímelo, que me sabría fatal hacerte atrasar tus compromisos por una chorrada. 

- ¡Oye, pero no es una chorrada! Es trabajo de laboratorio, es algo muy importante para conocer determinados aspectos de la sociedad y entender cómo funcionamos.

- Madre mía, tienes razón, parece mentira encima que yo sea la que lo está tirando por tierra, teniendo en cuenta que es a lo que me quiero dedicar...

- ¿Quieres trabajar en laboratorio? -me preguntó Tom, curioso-.

- A ver, no es eso exactamente, pero quiero dedicarme a la investigación, y quieras o no es laboratorio en una gran parte. No soy una apasionada, pero es necesario para luego poder sacar buenos datos con los que trabajar y ya elaborar artículos de interés sobre el tema.

- ¿De qué tema tienes interés?

- Pues me gustaría estudiar cómo influye el medio en el individuo desde que nace y durante su desarrollo, me gustaría centrarme sobre todo en la infancia y, más concretamente, en la influencia de situaciones de maltrato de diversa índole durante la infancia. Ver qué tipos de maltrato hay, cómo influyen, si interactúan entre sí, tasa en la población, características del individuo, diferencias según el tipo de maltrato... -vi que Tom me estaba mirando, asintiendo-. Perdón, tal vez te he dado una respuesta demasiado amplia -sonrió-.

- Para nada, me parece muy interesante, espero que te puedas dedicar a ello.

- Yo también -le devolví la sonrisa-.

Continuamos con la sesión, y a pesar de haber aligerado el ritmo, casi no da tiempo a completarla. Hablé algo más con Tom, y no fue hasta que terminó la sesión cuando me di cuenta de que se me había pasado el tiempo volando y que, definitivamente, Tom me gustaba. 

Terminé de hacer las últimas anotaciones, revisé que todo estuviese completo, y sentí un considerable malestar al darme cuenta de que me tenía que despedir de Tom:

- Bueno, pues ya está todo -le dije, mientras cerraba la carpeta-.

- Perfecto -sonrió Tom-. ¿He aprobado? -le miré, extrañada-. Era broma -al entender la situación, me reí-.

- Perdón, es que a estas alturas necesito tomar café de manera regular para entender bien la vida.

- Pero no te tienes que disculpar, faltaría más, soy yo el que ha hecho una broma pésima -ambos nos reímos-.

- ¿Nos vemos la semana que viene? -le pregunté, mientras me ponía en pie, apresurándome para que Vincenzo no me echase la bronca-.

- Claro -se puse en pie-. Nos vemos el miércoles que viene -se despidió, mientras salía de la sala-.

- Hasta el miércoles -me despedí, sentándome nuevamente en la silla-.

Me sentía melancólica, había pasado muy buen rato, y no quería que acabase. No era la primera vez en todo este tiempo que llevaba "desconectada" de la sociedad que intentaba hablar con alguien y ampliar mi círculo social, pero nunca había encontrado a nadie como Tom.

El resto de personas no mostraban respeto, interés ni preocupación mínima por mí, y al principio me dolía porque daba mucho de mí para que la gente me tratase bien, y no entendía qué era lo que hacía mal. Cuando me acostumbre al dolor, simplemente desistí en la tarea de conocer gente ya que, daba igual lo mucho que hiciera, no iban a servir para nada. 

Y, por primera vez en dos años, había encontrado una persona con la que sentía que había conectado, una persona en la que creía poder depositar ese esfuerzo que antes había hecho, para forjar una buena amistad. No estaba segura de si él pensaría lo mismo, probablemente no, ya que era una persona normal, y yo no. Yo era una persona más de las muchas con las que se cruzaba en su vida, y pasaría sin pena ni gloria, a quién pretendía engañar.

Con aquel pensamiento tan pesimista, pero con cierto ánimo por el buen rato que había pasado, salí de sala, y me senté en mi puesto a meter datos en la hora que quedaba. Carlos me miró, con curiosidad, tendríamos una importante conversación al terminar la jornada.

lunes, 5 de octubre de 2020

Navras - Capítulo 14

 


Miércoles

No habíamos recibido ninguna llamada, lo cual era buena señal, al menos para mí. Aquello significaba que no iba a tener que evaluar adicionalmente a nadie, así que podría centrarme más en otros aspectos de mi vida, como la preparación de los exámenes, con la cual ya había empezado.

Mientras preparaba las cosas para clase, vi que mi teléfono sonaba, y sentí como, de pronto, todo se desmoronaba. No esperaba ninguna llamada porque, de ser así, no auguraba esta nada bueno. Si eran del hotel o de la pizzería, sería para ampliar o cambiar mis turnos, y si era del laboratorio, sería para decirme que, al contrario de lo que había pensado, me tocaba un nuevo voluntario.

Pero ninguno de los escenarios que había planteado se correspondía con la realidad. Al ver quién llamaba, pude observar en la pantalla el nombre de "Joseph". Era mi hermano menor.

Pude escuchar la voz de Carlos desde el salón recordándome que tenía que coger el teléfono, pero no lo iba a hacer. Esperé a que cesara el tono, y tras ello, escuché pasos de mi amigo, que venía a mi habitación, probablemente a preguntar:

- ¿No has cogido el teléfono? -me preguntó Carlos, mirándome con recelo-.

- Estaba ocupara preparando la bolsa de clase para hoy -respondí, apurada-.

- ¿Tanto te urge acabar de preparar la mochila? -me cuestionó, con amplias sospechas-. ¿Has visto quién te ha llamado?

- No -respondí, dudando, lo cual alertó más a Carlos-.

- O sea, que si lo has visto pero no lo quieres decir...

- No es eso, es que no lo he visto, ya está.

- Mira, no quiero quedar como una zorra controladora -dijo Carlos, completamente serio-, pero me preocupa el camino que estás tomando. Hace unas pocas semanas estuvimos hablando de que tenías que abrirte un poco al mundo, exponerte, pero cada vez te veo más retrocediendo no a un estado similar del cual partías, sino uno mucho más patológico.

- ¿Y todo eso lo has deducido a partir de qué, exactamente? -le pregunté, molesta-. 

- ¡De tu comportamiento desde la semana pasada! No hay absolutamente nada que me haya mostrado señal de cambio o siquiera de intento, pero corrígeme si no es así.

- No ha sido mi semana, eso es todo -le respondí-.

- ¿Cuánto tiempo hace que no hablas con tu hermano? -me preguntó-.

- Es que no hay nada de lo que tengamos que hablar...

- ¡Tu hermano no tiene la culpa de nada de lo que os ha pasado ni vuestra tu familia ni a ti! Es el único lazo que puedes tener y conservar, y creo que deberías al menos disculparte con tu hermano por esquivarle todas las llamadas.

- Sé que no tiene la culpa, en ningún caso se la he echado -respondí, enfadada-. Simplemente es algo que no quiero revivir, no lo necesito.

- ¡Ya estás de nuevo! -Carlos se acercó más-. ¿No te das cuenta de que estás perdiendo todas las oportunidades que tienes para empezar un nuevo capítulo en tu vida y pasar página? No puedes estar siempre con la idea en mente de que todo el mundo te va a hacer daño, tienes que dejar de lado tus miedos e inseguridades y abrirte, porque es cierto que mucha gente te va a hacer daño, pero a través de ellos descubres gente que verdaderamente merece la pena y que va a querer que formes parte de su mundo, como yo -me senté en la cama, sentí como Carlos, con cada una de sus palabras, me golpeaba  más-. Estoy encantado de ser tu amigo, a pesar de estas situaciones, pero no puedo ser solo yo en tu vida, tienen que entrar más personas...

- No quiero ser la Kat de veinte años otra vez...

- Nadie ha dicho que lo vayas a ser -añadió Carlos, suspirando-. Has experimentado situaciones malas, pero has aprendido de ellas, y aunque no todo va a ser de color rosa, eres una persona lo suficientemente fuerte para salir adelante.

- ¿No has visto que no lo soy? Me siento incapaz de hablar con la gente con normalidad, simplemente no me sale.

- Pues tienes que hacer tu mayor esfuerzo para que así sea, porque no es cuestión de poder, sino de querer. Y si no quieres que tratemos más este tema, ponte a ello, porque está muy bien estudiar y esforzarse en el trabajo, pero necesitas una buena base, y esa es tu cabeza. Tu cerebro tiene que estar equilibrado entre lo académico-profesional y lo personal, porque se complementan entre sí y, cuanto mejor estés tú, mejor te van a ir las cosas en general. Es cuestión de perspectiva y fuerza de voluntad, y sé que al menos una de ellas la tienes -se quedó en silencio, esperando a que dijese algo, pero era incapaz-. Te dejo que reflexiones sobre lo que te he dicho, que tengo que limpiar los platos. 

Carlos salió y se dirigió a la cocina. Con el ruido del fregadero de fondo, pensé en lo que me había dicho, y sabía que tenía razón, pero volvía al mismo estado de siempre: sé que lo que hago no está bien, pero no lo cambio; ¿qué se supone que debería? O mejor dicho, ¿cómo? 

Siempre se ha dicho que el principal elemento para solucionar un problema es detectarlo, pero discrepaba enormemente al respecto en aquel momento. La gran dificultad está en cómo tratar ese problema. 

Suspiré, tendría que encontrar el modo de hacerlo, porque no podía seguir así, era algo absolutamente insostenible. Decidí que, tras las clases y las prácticas, llamaría a mi hermano. No podía salir nada malo de una inocente conversación telefónica, y así al menos practicaba mis habilidades de socialización en un entorno más "cercano".

Cuando Carlos y yo estuvimos listos, nos dirigimos a la parada del autobús para ir a clase, como ya rutinario. Hablamos poco durante el viaje, Carlos estaba leyendo un libro, y yo llevaba un cómic de Iron Man en el que estaba especialmente concentrada leyendo. 

La mañana fue normal, sin nada destacable, solo que los profesores eran especialmente cargantes en lo que a estudios respectaba, pero no me esperaba menos; era ya el final del curso y, no solo eso, sino que también lo era de la carrera. Siempre había tenido muy claro lo que quería hacer al acabar (investigación), y esperaba que se pudiese cumplir, pero salían muchos proyectos de investigación en la facultad, especialmente en la de psicología, y era poco probable que aquello ocurriese, aunque no me quería preocupar demasiado por ello.

Pensándolo bien, lo mejor que podía hacer era darle tiempo y fluir con los eventos que tuviesen lugar, fuesen buenos o malos, como el propio hecho de estudiar psicología. Yo entré a estudiar esta carrera porque no sabía que quería hacer con mi vida, y Carlos estaba muy seguro desde prácticamente el día que nos conocimos, de que era la disciplina que quería estudiar. Era probablemente una de las carreras que más me llamaban la atención, y no por falta de personalidad o por dependencia escogí estudiarla, sino porque tuve la sensación de que es algo que podría aportare mucho, no solo a nivel académico y profesional, sino también a nivel personal.

En aquel momento, prácticamente en las puertas del final de la carrera, estaba segura de que había hecho bien en tomar aquella decisión, y que había encontrado lo que quería hacer y en lo que podría ser útil, y estaba dispuesta a hacer todo lo que estuviese en mi mano para conseguirlo:

- ¿Kat? -dijo Carlos-.

- ¿Qué pasa? -llevábamos un rato sentados en la cafetería y me había puesto a divagar, sin percatarme-.

- ¿Me estabas escuchando? -me preguntó, curioso-.

- No, lo siento, estaba pensando en una tontería y me he abstraído por completo -me disculpé-.

- Ah, vale, es que pensaba que te habías roto, pero me alegra saber que eres la Katherine de siempre.

- Eres idiota -se rio-. Estaba pensando en la carrera y, bueno, que ha pasado muy rápido el tiempo.

- Desde luego, yo lo noto sobre todo en las arrugas, me veo más viejo, siento que he perdido mis mejores años estudiando para exámenes tipo teste extremadamente injustos -comentó, dramatizando la situación-.

- No culpes a la carrera, siempre has tenido la misma cara de mierda -le dije, riéndome, a lo que él me dedicó una mirada fulminante-. Es broma, no me hagas sentirme mal por ello.

- Es el karma, te sientes mal por hacer una acción negativa.

- No, se llaman remordimientos o arrepentimiento -le corregí-.

- Porque eres mi amiga y te quiero, pero si no te tiraba el café encima -me amenazó, en broma-.

- Oye, la agresiva soy yo, no me quites el puesto, que entonces no soy nadie. 

- Es difícil arrebatarle el puesto a la maestra indiscutible - nos reímos-. Voy a ir yendo para el laboratorio, ¿vale?

- No hace falta, me acabo el café y vamos, no tardo nada -le dije, tomándome el café apurada-.

- No te preocupes Kat, es que tengo que hablar con Vincenzo un momento y prefiero ir solo -me sorprendí al escucharle decir aquello-.

- ¿Quieres ligar con él, por algún casual? -le pregunté, picándole-.

- No es mi tipo -respondió al instante Carlos, haciéndome reír-. Es por unos asuntos con mi voluntaria que quiero saber y sobre los datos.

- Yo te puedo ayudar, no hace falta que...

- Que no -insistió, aumentando su tono de voz-. Estaré bien, y si alguien se mete conmigo, te lo diré para que le des una paliza -nos reímos-.

- Está bien -le respondí-. Pues luego nos vemos.

- No llegues tarde -se despidió Carlos, mientras cogía sus cosas y se marchaba-.

Después de que mi amigo se marchase, miré el reloj, aún quedaba una media hora para empezar las prácticas, y aprovecharía cualquier rato libre que tuviera para estudiar y hacer trabajos pendientes, los cuales, por suerte, eran bastante escasos gracias a que había hecho todo lo posible por adelantar la mayoría. 

Me puse una alarma en el móvil que me daba veinte minutos íntegros para estudiar, y saqué el libro de una de las asignaturas para ponerme a ello. Todo estaba perfectamente pensado para tener el suficiente tiempo para mirarme algunas cosas, tomarme el café mientras, y luego ir al laboratorio sin prisas. Gracias a mi capacidad de concentración, era capaz de estudiar en sitios con bullicio, como era el caso de la cafetería, pero tampoco es que tuviese una gran utilidad más allá del propio estudio, era un "talento" más bien de utilidad limitada.

La alarma sonó justo cuando la había programado, recogí mis cosas, tiré el vaso del café a la basura y me fui al laboratorio directamente, con la esperanza de acabar rápido de pasar los datos y poder aprovechar y estudiar más, todo ello sin olvidar que me había comprometido conmigo misma a llamar a mi hermano Joseph.

Cuando entré, me encontré a poca gente, normalmente el día que menos becarios había eran los miércoles, aunque después del tiempo que llevábamos con las prácticas seguía sin comprenderlo. Vi que Carlos estaba ya sentado en su puesto, tecleando torpemente mientras leía el papel que tenía encima de la mesa. Me acerqué a él para saludar, pero Vincenzo apareció en aquel momento y me llamó, lo cual me dio mala espina, y esperaba que no alterase la planificación mental que había hecho previamente sobre mi tiempo:

- Buenas Evans, ¿puedo hablar un momento contigo? -me dijo, con apariencia calmada, al menos podía intuir que no había hecho nada malo-.

- Claro, ¿qué ocurre? -le pregunté directamente, para ahorrar tiempo-.

- Acompáñame -me contestó, y me limité a hacerle caso-.

Le seguí hasta la sala en la que normalmente estaba, su "despacho", y me ofreció sitio. No era mi intención estar allí mucho tiempo, aunque no sabía qué era lo que me deparaba, así que me senté, con el fin de contentarle y que fuese escueto en su mensaje:

- Verás, hemos estado pensando cómo organizarnos con esta situación que hablamos el lunes, ¿recuerdas? -oh mierda, que no sea lo que yo creo que puede ser-.

- ¿Lo de que había un par de voluntarios que se habían quedado sin evaluador? -por favor, por favor, que no sea-.

- Exacto -"¡Mierda!", dije para mis adentros. Bueno, tal vez era otra cuestión, no debería adelantarme a los acontecimientos-. Como os dijimos, al principio hicimos la asignación al azar, pero me han hecho una propuesta muy interesante que he comentado al resto del equipo y les ha parecido buena idea -recordé que Carlos había ido allí antes, pero no podía estar relacionado con ello, mi mejor amigo no buscaría hacerme aquella putada, o al menos eso esperaba-.

- Me parece muy bien pero, ¿en qué parte entro yo, exactamente?

- Lo que vamos a hacer es coger a las personas cuyas evaluaciones sean las mejores en calidad, claridad y precisión, y del grupo que viene los días de la semana impares, tú eres la que cumple con esos requisitos -"Me cago en mis muelas", pensé-. Creemos que el evaluador cuyo rendimiento es el mejor hay que aprovecharlo, y así los resultados serán mejores.

- Entiendo, pero yo no soy la mejor, estoy segura.

- Todo el equipo y yo hemos estado revisando las evaluaciones y te lo podemos asegurar, es una muy buena y profesional -no sabía si sentirme orgullosa al oír aquello o clavarme un bolígrafo en la sien-. Así que, como puedes imaginar, te hemos asignado a el voluntario a ti -intenté sonreír, pero mi gesto fue más de pánico que de alegría-. Sé que de primeras es chocante, pero no te preocupes, no vas a tener que hacer más que lo normal, es decir, las horas de trabajo en el laboratorio van a ser las mismas de siempre -sentí cierto alivio al oír aquello-. Además, el procedimiento ya te lo conoces y cuentas con esa experiencia adicional para realizar los exámenes, así que no te supondrá un gran problema.

- Vale -respondí, sin saber muy bien qué decir a continuación-.

- Puedes dejarle a alguno de tus compañeros la evaluación de tu voluntario del lunes, así se agiliza más el proceso y te liberas de carga que otros pueden asumir sin problema -asentí-. Ya nos hemos encargado de retirar la ficha en la que se incluyen los datos personales, así que puedes coger la carpeta y que alguno de los compañeros se haga cargo.

- ¿No tengo que pasar yo esa información?

- No, aunque cuando termines sí que hay una parte de la que te tienes que hacer tu cargo, porque es específica de tu paciente, y no es algo que queramos analizar en conjunto -al final no iba a ser tan malo como pensaba lo de tener otro voluntario al cargo-.

- Vale, perfecto.

- ¿Todo bien? Si hay cualquier problema sabes que nos lo puedes decir en cualquier momento -dijo Vincenzo, poniéndose en pie-.

- Sí, todo bien -respondí, imitándole y poniéndome en pie-.

- Pues aquí tienes el archivo de la evaluación pasada sin la identidad del paciente, pero con su código correspondiente, y aquí tienes la carpeta con la información del voluntario de hoy -me dio ambos documentos, y los cogí con cuidado de no confundirlos-. Hasta luego, Evans.

- Hasta luego -me despedí, y salí de la sala-.

Todo estaba siendo demasiado raro, y estaba casi segura de que Carlos tenía algo que ver. Nada más salir, vi como mi amigo levantó la mirada ligeramente hacia mí, y de inmediato volvió a su labor. 

¿Quería obligarme a ser más sociable teniendo, no solo 1, si no 2 voluntarios a los que evaluar semanalmente? ¿Era una casualidad? Me sentía muy intrigada de si había alguna relación o no.

Me acerqué a Carlos, le daría la carpeta con la información para que picase más datos, porque no se le veía para nada apurado:

- Toma, te raigo un regalito -le dije, dejando la carpeta sobre la mesa-.

- ¿Y esto? -preguntó, y su reacción me hizo sospechar aún más-.

- No sé, dímelo tú -le respondí, intentando determinar si había tenido algo que ver en lo que había ocurrido o no-.

- Es una carpeta -respondió-. Pero me refiero, ¿qué hay en la carpeta?

- ¿No lo sabes? -le volví a preguntar, intentando ponerle nervioso-.

- ¡¿Puedes dejarte de tanto misterio y decirme qué es?! -exclamó, levantando la voz, lo cual hizo que todas las miradas de la sala fuesen a él-.

- Es la carpeta con la información del primer día de evaluación de mi voluntario, me ha dicho Vincenzo que se la dé a algún compañero para que pase los datos mientras yo me ocupo de otra tarea -la reacción de Carlos me hizo pensar que había sido una coincidencia.

- ¿Por qué? -preguntó, curioso-.

- Porque resulta que, de golpe y porrazo, soy la que tiene que evaluar hoy también, así que esa es la sugerencia de organización que me ha recomendado Vincenzo.

- Ah, vale -suspiró-. Bueno, voy a estar entretenido al menos, estoy batallando con el programa, lo cual significa que ahora lo tengo que multiplicar por dos.

- Yo te cambiaría mi posición, te lo aseguro -le comenté, sintiéndome mal por pensar que él había sido el culpable-. 

- No te preocupes, los dos lo vamos a hacer bien. Yo practico con el programa, y tú practicas con personas, ambos vamos a mejorar en algo, o eso espero -se rio-. 

- Tienes razón -sonreí ligeramente-. Pues voy a espera a que aparezca, digo yo.

- Creo que ya está en la sala, he visto a alguien que no es del laboratorio pasar entrar allí -me dijo, señalando hacia una de las salas de evaluación-.

- Perfecto -dije, con ironía-. Pues allá voy.

- Que te sea leve.

- Igualmente.

Según dejé la carpeta, me fui directa a la sala, quería acabar lo antes posible para poder hacer mis cosas sin problema. Al abrir la puerta, encajé todas las piezas del puzle.

Hijo de...

lunes, 28 de septiembre de 2020

Navras - Capítulo 13

 


Lunes de la siguiente semana

Había dedicado mucho tiempo y esfuerzo para terminar el trabajo que tenía pendiente, y había tenido también algo de tiempo para ir al cine con Carlos a ver "El curioso caso de Benjamin Button", aprovechando que ya había salido en DVD, estaba en el cine más barata, y nos dimos el capricho, ya que ambo adorábamos ir al cine, pero el precio se había elevado más de lo que la gente normal podía permitirse con frecuencia. 

Podía decir que había estado algo feliz, aunque los nervios me podían. Aunque le había dicho a Carlos que intentaría ser amable, me preocupaba no poder dar más de mí de lo habitual. Al menos, si algo tenía claro, es que sería profesional y que ya luego saliese la amabilidad o lo que fuese.

El paciente que me asignaron estaba asociado a un código determinado, y tenía que incluirle en la documentación como tal ya que, aunque nosotros supiésemos a quién estábamos evaluando, para las estadísticas y las comparativas era necesario mantener el anonimato, teniendo bien clasificados los distintos parámetros a través de dichos códigos. 

Tenía curiosidad por saber quién me había tocado, y a quién le había tocado a Carlos, pero en el laboratorio nos contestaron al darnos los códigos que no era pertinente ni relevante para la investigación revelar esa información, que cuando nos reuniésemos con cada persona lo sabríamos, y solo sería necesario para tratar con la misma. 

La mañana pasó rápido, sin novedades, aunque me preocupaban los exámenes, que tendrían lugar en un mes, ya que aún no me había preparado la rutina de estudio, y con las prácticas me sería más complicado gestionarme, aunque lo acabaría consiguiendo, como ya era costumbre.

Carlos y yo estábamos en la cafetería sentados, tomando un pequeño descanso tras las clases y esperando a que llegara la hora para ir al laboratorio. Por mi cabeza estaban pasando muchas cosas, más de lo habitual, y mi amigo se dio cuenta de que estaba algo ausente:

- ¿Qué tal va tu plan malévolo para dominar el mundo? -me preguntó con sorna-.

- Eres estúpido -le respondí-.

- Hala, mira que eres borde... -me contestó, falsamente ofendido-. Estás muy abstraída, y eso no es normal en ti. 

- No lo estoy, simplemente estaba organizando mis ideas -hice una breve pausa para beber un trago del té que me estaba tomando-. ¿Has pensado que en nada vamos a acabar la carrera? -de inmediato, Carlos asintió-.

- Ya, y eso es buena señal, deberías estar contenta, no preocupada.

- Por supuesto, es algo que me alegra, pero hay cosas que estoy considerando. En primer lugar, los exámenes, tengo que buscar en el horario huecos para estudiar, porque tengo que empezar ya o no me va a dar tiempo a prepararme el temario, por no hablar de los trabajos finales...

- Eh, eh, eh, para -respondió, agobiado-. Vas a tener tiempo, y todo va a ir bien -sonrió-. Tómate las cosas con calma, Kat, siempre estás agobiada, y vivir así no es sostenible.

- Ya, bueno, pero es algo que debo tener en cuenta.

- Yo también tengo que organizar el horario de estudio, y tengo que ponerme con los trabajos, recuerda que estamos estudiando lo mismo -tenía razón, la carga de materia era exactamente la misma para ambos-. Pero también hay que sacar tiempo para uno mismo, para salir, divertirse... "No todo es estudiar y trabajar", te lo voy a tatuar en la frente.

- Carlos, en periodo de exámenes no puedo estar luchando con las limitaciones de horario y fomentar mi capacidad de socializar, porque entonces sí que estaría jodida y me hundiría en mi propia mierda sin siquiera pestañear.

- ¡Pero no puedes dejar eso de lado! Sacarte la carrera es importante, pero también lo es que inviertas tiempo en ti y tu salud, así que tendrás que sacar tiempo para todo, porque seguro que luego te arrepentirás de no haberme hecho caso.

- No lo creo, me gusta tener tiempo para estudiar y prepararme bien las materias -Carlos se puso la mano en la cara en señal de decepción-.

- Bueno, allá tú -respondió, molesto-.

- Y no he terminado de decirte en lo que pensaba. Al margen de los exámenes, antes de acabar la carrera quiero hablar con los superiores del laboratorio y con la facultad de psicología para ver si es posible que nuestro proyecto se lleve a cabo.

- Por supuesto, pero eso no lo tienes que hacer sola, es un proyecto común, y como tal prepararemos todo a su tiempo, no te preocupes -se aclaró la garganta-. Bueno, en general nada lo tienes por qué hacer sola, puedo ayudarte a preparar tu horario de estudio incluso.

- Es una buena idea, creo que podría funcionar y así sacar tiempo para ser menos Grinch -le sonreí, agradecida-. 

- Oye, ¿y no estabas pensando tampoco en lo que nos toca ahora? -me preguntó Carlos, curioso-.

- Sí, es algo que también me he planteado, pero bueno, que sea lo que sea -respondí, sin muchas expectativas-. 

- No quieres hablar de ello, ¿no?

- ¿De qué? -le pregunté, teniendo una vaga idea en mente, para cerciorarme si era lo que él referenciaba-.

- A la posibilidad de Tom pudiese haber sido elegido y te tocase a ti -asentí, efectivamente, era lo que yo pensaba-.

- Es algo que barajo y que me gustaría que ocurriese, pero no me obsesiona. Quiero decir, no tengo esperanzas puestas en ello, si ocurre bien, si no, pues lo tomaré como una señal del destino para no volver a pensar en ello.

- Bueno, tienes su número de teléfono y podrías llamarle para quedar un día, que no tiene por qué quedar la cosa en "una vez conocí a un tipo que me cayó bien y pudimos haber sido amigos".

- Tienes razón -suspiré-. Ya veré de todas formas, no es algo que me preocupe.

En realidad no estaba siendo sincera. Era un asunto que me estaba preocupando más de lo deseable. Quería pensar en las bajas posibilidades que había de que Tom hubiese sido elegido, y aún menos de que me hubiesen asignado a él como participante al que evaluar, pero algo en mí fantaseaba constantemente con que, al entrar en el laboratorio, le vería y sería mi voluntario asignado.

Había pensado también en que, si era así, le diría lo que sucedió con su expediente, e intentaría ser menos fría y dar la cara a mis miedos, como ya había hablado anteriormente con Carlos. Había depositado unas expectativas demasiado elevadas en una simple evaluación de laboratorio, no era un cambio vital relevante, pero para mí podría suponer un gran avance personal. 

Temía todo el material con el que había jugado mi mente y la posibilidad tan grande que había de que no ocurriese nada de lo que había pensado. Quería convencerme de lo absurdo que era todo y que tenía que ser más indiferente y fluir con lo que sucediera, pero mi parte más irracional se aferraba a esas ideas. Realmente quería pensar como le había transmitido a Carlos.

Terminamos nuestras bebidas, y abandonamos la cafetería, dirigiéndonos derechos al laboratorio. Estaba nerviosa, y buscaba con la mirada desesperadamente algún rostro familiar, sin éxito alguno. No tardamos en llegar, ya que estábamos a escasos minutos porque estaba en el mismo edificio de la facultad, pero se me había hecho más corto, si cabía esperar: 

- Llevas un rato muy callada, y normalmente a estas alturas ya te has quejado de algo -dijo Carlos, mientras entraba al laboratorio, a lo que yo le seguí-.

- Estoy normal -le contesté, sin demasiada convicción-.

- No lo estás, ni siquiera tú eres capaz de creerte eso que has dicho... -me miró, entrecerrando los ojos-. ¿Qué tal crees que va a ir nuestra primera sesión? - habíamos llegado a la primera sala del laboratorio, y esperamos a que el resto de personas llegaran, sobre todo Vincenzo, que nos tenía que dar la información, test y barómetros-.

- Pues en tu caso creo que va a ir bien, eres una persona sociable, versátil, resolutiva y profesional -hice una breve pausa-. En lo que a mí respecta, sabes que me cuesta hablar con la gente, pero eso no quita que no vaya a hacer mi trabajo, así que estoy casi segura de que va a ir bien también.

- Me esperaba una respuesta más concreta, pero me vale, al menos te veo con la actitud idónea para ello -me sonrió-. Ojalá el voluntario que me ha tocado se parezca a Brad Pitt... -me reí-. ¿Qué? Soñar es gratis.

- Pero es algo poco probable -me seguí riendo-.

En cuanto vimos entrar a Vincenzo ambos nos callamos y permanecimos en silencio, esperando con cierta ansiedad nuestras instrucciones. Tras él, llegaban el resto de compañeros, y vi algún rostro desconocido, asumiendo que alguno de los voluntarios ya había llegado. 

Vincenzo nos dio las carpetas con toda la información, y nos explicó qué hacer y cómo hacerlo y, en caso de precisar de ayuda, estaba a nuestra completa disposición. 

Cuando se marchó, un murmullo creciente empezó a surgir, y me acerqué a Carlos para poder hablar con él un poco antes de comenzar, y así poder ver quiénes nos habían tocado:

- ¿Nerviosa? -me preguntó Carlos, con una sonrisa pilla-. 

- ¿Por qué lo iba a estar? -mentí, por supuesto que lo estaba, pero no quería reconocerlo-.

- Bueno, no vamos a discutir lo falso que es eso que acabas de decir, porque no quiero que se me note en la cara y perder mi encanto natural -nos reímos-. Yo pensaba que lo iba a manejar muy bien, pero estoy intranquilo.

- Normal, es una experiencia nueva, y eso produce siempre cierto nerviosismo.

- ¡AJA! -exclamó, llamando la atención de toda la sala-. Uy, perdón -se disculpó, sonriendo, y el murmullo continuó-. Por eso mismo que has dicho, tienes que estar al menos un poco nerviosa, ¿no?

- Sí, pero lo normal, por eso no lo he querido destacar, este es mi día a día: sentir ansiedad por el mero hecho de estar cerca de un desconocido...

- O no -me interrumpió-. Recuerda que sí que conoces a alguien más que al resto de gente.

- Si te refieres a Tom, en realidad no le conozco, aunque sí que me sentiría más cómoda si fuese él, pero no me importa si no es.

- Bueno, pues vamos a ver entonces quién nos ha tocado, ¿no?

Carlos abrió su carpeta de inmediato, y a mí me costó algo más. Sentí cómo me latía más fuerte el corazón, y estaba asustada. Realmente quería que fuese Tom, aunque me repetía constantemente que no era para nada probable, pero esa fantasía recurrente, ese escenario, no se me dejaba de figurar en la cabeza, y era imposible ser objetiva cuando hay una emoción y/o sentimiento que lo altera todo.

Mi amigo me miraba, extrañado por mi tardanza, y entonces abrí la carpeta. Sentí una enorme decepción al leer el nombre de mi voluntario, aunque intenté disimularlo para evitar que interfiriese más en mi trabajo de lo que ya lo iba a hacer, y para esquivar comentarios que sabía que Carlos me haría:

- ¿Y bien? -me preguntó, acercándose a mí ligeramente para ver mi papel-.

- Creo que a este hombre ni siquiera le hemos hecho las primeras pruebas tú y yo -comenté, intentando controlar mis emociones y ser lo más neutral posible-. 

- No me suena -respondió Carlos-. Si te sirve de consuelo, me ha tocado esa chica -dijo, señalando de manera discreta a una chica joven que estaba en la sala, esperando-. No es que no se parezca a Brad Pitt, pero no es mi estilo, y creo que tampoco la evaluamos -esbocé una ligera sonrisa ante el comentario de Carlos-.

- Pues supongo que ya está -comenté, suspirando-.

-¿Estás más tranquila?

- Totalmente.

- Bueno, te dejo, que mi chica me espera -se rio-. Nunca me volverás a escuchar esa frase, así que grábatela bien -me reí-.

- Ánimo con ello -le comenté antes de que se fuera-.

- Igualmente bombón, lo vas a hacer genial.

Vi como Carlos se levantó y se dirigió hacia su voluntaria para presentarse. Yo esperé sentada, hasta que vi que el voluntario que me había tocado apareció. Me fijé, por si algún casual Tom era otro de los que habían sido seleccionados, pero desafortunadamente no parecía que así fuese. 

Me levanté de la silla, y traté de ser lo más amable posible con mi paciente, James, aunque era difícil ser algo cercano con alguien que no había visto en mi vida, y mucho menos, siendo la otra parte yo.

La sesión se me hizo eterna, a pesar de que fuimos los primeros en terminar, duró aproximadamente unos 30 minutos. Disponíamos de 30 minutos adicionales, pero dada la agilidad del proceso y mi ausencia de voluntad por comunicarme con aquel hombre, no quise añadir nada más que se saliera del guión que Vincenzo nos había dado. 

Cuando di por finalizada la sesión, James se levantó de la mesa, se despidió de mí y se fue. Me quedé sentada en la silla en la que estaba, no quería que nadie fuese a hablar conmigo en aquel momento. Estaba tan desanimada y desmotivada que podía quedarme allí sin hacer nada por horas. 

Me sentí decepcionada, sobre todo conmigo misma por dos razones. La primera de ellas, por la mala jugada que mis sentimientos me habían jugado. Con el tema de Tom, no me esperaba verle, pero aquella pequeña parte que planteaba la posibilidad de que sí le viese y que, adicionalmente, fuese mi voluntario, era tan fuerte que había conseguido invalidar la lógica aplastante de toda esta situación. 

Y, en segundo y último lugar, pero no menos importante, había dado un paso atrás en mi objetivo de ser más sociable. Probablemente horroricé a James, el trato fue frío, y me sentí incómoda, a pesar de que el hombre fue neutral e intentó ser educado. Simplemente no quería vivir aquella situación, no me veía capaz de comunicarme con alguien que no conozco sin dudar hasta la última coma que salía de mí.

Sabía que lo que había pasado estaba mal, que tenía que cambiar, me había comprometido a hacerlo, y en cuestión de unos minutos lo he echado a perder. Carlos se iba a enfadar, y con razón, porque podía haberme hecho bien distraerme más de mis propios pensamientos y mis estupideces comunicándome con mi paciente, siendo algo más cercana. Pero a pesar de saber que lo he hecho todo mal, no he cambiado nada en ningún momento, siempre he pensado que sería tarde para cambiarlo, me daba excesiva vergüenza hablar con James cuando pasaron cinco minutos desde que entró, diez, quince y veinte. Siempre era tarde, no era el momento.

Al cabo de unos diez minutos escuché una puerta abrirse y reconocí una de las voces que se escucharon. Al parecer, Carlos ya había terminado, o al menos había abandonado la sala. Recogí mis cosas, esperando a que se despidiera de su voluntaria y así poder irnos juntos a casa.

Salí de mi sala intentando no hacer mucho ruido a la zona principal, en la que habíamos estado sentados inicialmente, y pude ver que la chica con la que estaba Carlos ya se estaba despidiendo. 

Al contrario que yo, Carlos estaba muy sonriente, se le veía en su salsa completamente, y la chica parecía contenta también, aunque él creaba entornos muy cómodos y es tan cercano que seguramente la chica habrá quedado encantada y le habrá caído fenomenal. 

Cuando mi amigo me vio, inmediatamente se acercó a mí, conservando aún la amplia sonrisa que tenía dibujada antes:

- ¿Qué tal? -le pregunté, adelantándome para evitar que me preguntara a mí-.

- Muy bien, Tiffany ha sido muy maja y se me ha pasado la sesión volando.

- Perfecto, vamos a llevarle esto a Vincenzo -dije rápidamente para evitar lo máximo posible la pregunta-.

- Uy, es verdad, que se me olvidaba -dijo, volviendo rápidamente a la sala en la que había estado, y regresó con la carpeta-. No sé dónde tengo la cabeza, a veces solo pienso que es para portar este rostro de infarto... -se rio, y yo estaba demasiado distraída como para siquiera reaccionar-. Qué sosa, hija.

- No, es que estoy cansada -le respondí con una vaga sonrisa forzada, lo cual no fue creíble en absoluto para Carlos-.¿Vamos?

- Por supuesto -me contestó-. ¿Ha ido todo bien? 

- Sí, sin más -quise contestar, siendo lo más ambigua posible para no mentirle sin tampoco decir la verdad del todo-.

Entramos en la oficina donde estaban nuestro tutor y la mujer que nos dio las instrucciones la semana pasada. Entregamos las carpetas, y Vincenzo parecía satisfecho:

- Buen trabajo chicos, revisaremos estos primeros resultados y los digitalizaremos -dijo Vincenzo-. ¿Qué tal?

- Bien -respondimos Carlos y yo al unísono-.

- Me alegro -contestó-. En estas mismas carpetas iréis guardando los registros y test de las siguientes semanas.

- Sin problema -contestó Carlos-.

- Es bastante probable que me ponga en contacto el miércoles con alguno de vosotros por unas cuestiones, pero no os preocupéis, no es nada malo.

- ¿Es relativo al estudio? -pregunté, curiosa-.

- Sí, es que hay dos miembros de los becarios que han acabado las prácticas y se nos han quedado dos personas descolgadas, así que vamos a cuadrar uno en vuestro grupo, y otro en el de martes y jueves, pero ya avisaremos a la persona que tenga que hacerse cargo en cada grupo, porque no queremos tampoco ir rotando a esos voluntarios, porque podría alterar los resultados, así que van a ser las mismas condiciones, lo único que uno de los que estáis en este horario tendrá a dos voluntarios en vez de a uno, y lo mismo en el otro grupo.

- ¿Vais a elegir? -preguntó Carlos-.

- No, va a ser algo al azar, no queremos alterar los resultados lo más mínimo -respondió Vincenzo-. Os mantendré informados, e iré comentando este asunto al resto de compañeros para que no os pille desprevenidos -se aclaró la garganta-. De todos modos, vamos a ver si encontramos otra alternativa para no cargar más a nadie.

- Perfecto, Vincenzo, muchas gracias -le dije-.

- Nos vemos el miércoles -se despidió Vincenzo-.

Genial, tal vez tendría la oportunidad de pasar nuevamente un mal rato y sentirme como una basura. Carlos parecía indiferente, y tal vez debía tener una actitud más similar a la suya. Aunque sin el "tal vez".