jueves, 16 de abril de 2015
Tornado of Souls-Cap.35: Balance
Me habían dejado coger el coche, al menos lo necesitaba para transportarme. No me costó mucho volver a acostumbrarme al manejo del coche, hacía mucho tiempo que no iba al volante, pero no lo suficiente como para haberme olvidado. Comprobé que llevaba todo lo necesario: armas y un poco de agua. No teníamos nada de comer, así que me tenía que confirmar con los restos que habían quedado después de la explosión del hotel. Miré el mapa varias veces antes de irme para ver dónde ir exactamente. Busqué tan bien como pude, pero no encontré ninguna tienda de armas cerca, al menos a la que no hubiésemos ido ya. Pero vi algo mucho mejor: una base militar. Era algo un poco ambicioso y muy peligroso ir allí, pero si lo lograba no solo tendría amas y munición, sino también comida enlatada e incluso algunos medicamentos. Y, con un poco de suerte, aún no había ido nadie allí y podía hartarme de coger cosas. No lo dudé ni un instante más, y me puse en marcha, de camino a la base militar. Mientras conducía me llamaron por el walkie, y tuve el impulso de no responder, pues estaba conduciendo, y eso no se podía hacer, te podían multar por ello. No tardé en recordar que aquel mundo con reglas y gente medianamente civilizada ya no existía, y respondí:
-Hola chicos, ya he establecido rumbo hacia el alijo de armas.
-Muy bien, me alegro -parecía la voz de Junior-. Pears me dijo que mantuviese la comunicación contigo por si pasaba algo, ahora él está buscando un lugar al que ir decente.
-¿Sabes algo de Dave? Quiero decir, ¿no está contigo? -le pregunté-.
-Está bien, se fue a buscar comida con Doro, y yo estoy con Jeff. Por cierto, tu hija se quedó dormida justo cuando llegábamos aquí, y parece que a Slash le va bien con Kinzie. Todo marcha.
-Me alegro... -que Dave fuese con Doro no me hacía ninguna gracia, sabía un poco por dónde iban los tiros-.
-¿Pasa algo Tacii? Sabes que me lo puedes decir.
-No pasa nada, no te preocupes. Además, hay cosas más importantes a las que debemos hacer frente. Recuerda coger leche en polvo para bebés, y si hay alguna cosa más para niños pequeños, también.
-Cogeremos todo lo que encontremos, pero al parecer alguien ya estuvo aquí antes. Da igual, seguro que hay algo, no creo que esté absolutamente vacío.
-Vale, mucha suerte. Y por cierto, dile a Dave que quiero hablar con él. Nada más, seguiré conduciendo. Adiós.
-Hasta luego. Mucha suerte con lo tuyo, y si ves que no puedes, déjalo, no te echaremos nada en cara. Cambio y corto.
Volví a dejar el walkie en el otro asiento del coche, y tuve el impulso de poner música, pero no había nada para escuchar. En aquel momento necesitaba algo que me distrajese, no me hacía mucha gracia lo que David me había dicho de Dave y Doro. Desde que ella llegó él había cambiado mucho, y no para bien, precisamente, no me daba buena sensación, algo se traían entre manos.
Dejé de comerme la cabeza en aquella estupidez, puede que solo se tratasen de paranoias mías, ahora tenía que centrarme en qué hacer. En cuanto llegase investigaría la zona y buscaría un lugar seguro en el que dejar el coche. Después entraría y buscaría en primer lugar las armas, pero no sin haber limpiado la zona de zombies previamente, aunque si eran muchos pensaba ir con cautela y ya está. Una vez con las armas en mi posesión, investigaría el resto del centro militar y después me marcharía. No parecía complicado, no esperaba dedicarle demasiado tiempo, a no ser que aquel lugar fuese muy grande, que es lo que me temía, o que no pudiese acceder por coches abandonados en la carretera, como ya nos había pasado antes. Procuré seguir fielmente el mapa, porque no era muy buena orientándome, y menos yendo sola, porque podía estar perdida y no saberlo.
Parece que ya lo veía a lo lejos. la base militar era bastante grande. No tardé en estar al lado, Me iba a tomar tiempo investigarla, era bastante grande, aunque iba a encontrar bastantes cosas interesantes para el grupo. Vi un coche en buenas condiciones al lado de la base aparcado, pensé en quedarme con él a la vuelta, llamaría a los chicos para que viniesen y así tendríamos otro vehículo más. Entre en la base. La puerta, por suerte, estaba abierta, lo que significaba que o bien alguien humano había entrado, algún caminante había entrado o ambos, pero lo más seguro era que fuese lo segundo. Oí quejidos y demás sonidos que los zombies producían. Ni siquiera me estremecí, no lo temía, después de un año ya me había hecho a aquellas criaturas deseosas de carne. Lo primero que encontré nada más entrar fue un largo pasillo, y en un lateral un cartel en el que había un mapa de la base militar representado. Oí golpes metálicos a lo lejos, podía deberse a la antigüedad de aquel lugar, aunque tampoco iba a obsesionarme con los ruidos, debía de darme prisa, y salir de allí antes de que anocheciese. Miré el mapa y lo dibujé (como bien pude) en un papel a parte, señalando las parte a las que yo quería ir, para no entretenerme y perder tiempo. Me sentía emocionada y libre, desde que la pequeña nació no había tenido la oportunidad de estar sola y pensar en mis cosas. Al primer sitio al que me dirigía era a la armería. Esperaba encontrar allí lo que necesitaba de armas, claro, así iría más protegida y me sentiría demás más segura. No tardé en dar con la sala, pues me pillaba bastante cerca, aunque por el camino me topé con algún que otro caminante. Lo que me parecía raro era que hubiesen tan pocos caminantes en aquel lugar, me esperaba grandes grupos, aunque mejor, así gastaba menos munición (dos balas, no se me podía olvidar en caso de necesitarlo). Abrí la puerta, y lo primero en lo que me fijé fue en las armas que había. Ya alguien había entrado en aquella sala, pues faltaban bastantes armas, aunque había suficientes, no quería más. Cogí tres escopetas, dos rifles, varios machetes que metí en mi mochila vacía, pistolas, y algunos cuchillos arrojadizos y varias granadas, además de balas para todas las armas. Era demasiado peso para cargar durante toda mi exploración, por lo que decidí ir al coche a dejar todo lo que había cogido, Al salir me fijé en que los pocos zombies que había en aquel lugar se estaban marchando en una dirección concreta, todos juntos, parecía que seguían a algo. Estarían tan hambrientos que probablemente se tratase de una rata que había acabado en el sitio equivocado. Comprobé mi walkie, me extrañaba que nadie me hubiese llamado. Puede que le importase a menos personas de las que creía. Me senté en el maletero del coche unos pocos minutos, esperando, reflexiva, aunque no sabía a qué estaba esperando exactamente. Puede que estuviese esperando a que alguien me llamase. No podía negar que estaba a gusto sola, yendo a mi aire, sin tener que depender de alguien, pero echaba de menos a los míos, parecía que se habían olvidado de mí. De repente oí unos cuantos disparos dentro de la base. Tenía que haber alguien más allí, y tal vez no era alguien con buenas intenciones precisamente, aunque tenía que volver a entrar e ir a por el resto de las cosas. Me lo pensé bien, pues ya tenía lo que venía buscando, pero ¿por qué marcharme ya si podía superarme y ser útil para el grupo? Después de tanto tiempo, concretamente nueve meses, sin hacer nada, este era mi momento para destacar y salvarnos en caso de que los chicos no encontrasen suficiente comida.
Entré de nuevo en la base militar, esta vez cogería todo de golpe y después me marcharía. No esperaba que me costase demasiado, sólo era buscar en el comedor y en el botiquín. En aquel momento me acodé de Pears, que había estudiado para militar, tal vez se había entrenado en aquel lugar...Quise llamarle, pero oí más disparos a lo lejos, y no me entretuve por si me volvía aquello demasiado vulnerable. Saqué mi esbozo del mapa de aquel lugar y busqué el comedor. Tenía que andar un rato, parecía estar alejado, pero me pillaba mejor que ir directamente a buscar medicina. De camino me topé con una sala llena de trajes de militar. Entré y me probé una camisa, y me la quedé, a modo de recuerdo de aquella "excursión", además de que no venía nunca mal algo de ropa limpia.
Seguí mi camino después de haberme entretenido un poco. Estaba algo insegura, pues tras todo el camino que llevaba recorrido no había visto ni un caminante, al menos antes se veía alguno. Probablemente estuviesen siguiendo al causante de los disparos. No taré demasiado en llegar al comedor. Era muy grande, debían de haber una gran cantidad de solados concentrada en la base. Me colé en el almacén de la cocina, que estaba cerrado, pero ya estaba familiarizada con forzar cerraduras, como ya había hecho en varias ocasiones desde que el apocalipsis zombie comenzó. No había gran cosa en el almacén, la mayoría era carne y pescado, o más bien los restos de lo que antes habían sido. Para mi sorpresa habían algunas latas que metí en mi mochila. Ni siquiera estaban caducadas, estaba feliz por mi descubrimiento. Regresé sobre mis pasos para ir finalmente a la sala de medicinas, pero no podía abrir la puerta. Tiré tan fuerte como pude, pero parecía atrancada. Sólo podía salir por una ventana que había en la parte superior del frigorífico, aunque estaba lejos de mi alcance, pero no me quedaba otra, era o jugármela o quedarme allí encerrada hasta morir. Me subí encima de la encimera que había al lado del frigorífico y miré por la ventana. Estaba bastante sucia, no se veía demasiado bien, pero parecía que daba al patio, así que me volví a asegurar de que la puerta estaba atrancada y volví a subirme. Cogí una silla que había, y manteniendo el equilibrio tan bien como podía golpeé varias veces la ventana, hasta que finalmente cedió y estalló en mil pedazos. Aparté todos los trozos de cristal que quedaban y me colé por el agujero que había quedado. Caí al suelo, golpeándome tan fuerte que se me quedó incrustad un trozo de cristal de tamaño considerable en el brazo. No me molestaba demasiado, pero se me podía infectar, así que me lo quité. Por aquel entonces aún no había visto lo que me esperaba, aún no había mirado para hacia adelante. Cientos de zombies se aproximaban a mí como si de un caramelo se tratase. Reaccioné justo a tiempo para escaparme de ellos, aunque el brazo me sangraba, lo que probablemente les llamase más la atención y les abriese más el apetito. Eran demasiados, y no sabía por donde salir, me tenían acorralada, no tenía otra opción que correr. A lo lejos del patio habían algunos tanques a los que podría subirme y defenderme como bien pudiese, aquel era mi objetivo, aunque tenía que corre mucho y esquivar a todos los caminantes. Al parecer todos los muertos que no había visto estaban allí.
Un caminante me enganchó, y conseguí liberarme de sus garras, pero a costa del walkie, que se cayó, y ya no podía volverme a por él, pues me seguía una cantidad indecente de zombies hambrientos. A lo lejos oí un sonido que me estremeció. Era un gruñido que me resultaba familiar, ya lo había oído antes, pero no lograba recordar exactamente cuándo. Al ver a aquella gran figura lo recordé, era un bot, aquellas bestias inhumanas cuyo objetivo era liquidar cualquier forma de vida, fuese humana o no, aunque parecía tener preferencia por la humana, pues venía corriendo hacia mí con una velocidad que un humano difícilmente podría alcanzar. No tenía ningún arma capaz de hacer frente a aquella bestia, solo un par de granadas que llevaba creía que podrían al menos aturdirle. Mi objetivo seguía siendo el mismo, llegar a un tanque, subirme y tirar las dos granadas. El corazón me latía tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho, al final Pears tenía razón y no debía de haberme arriesgado tanto, iba a acabar muriendo por un berrinche tonto de niña pequeña. Esquivé a los caminantes que se abalanzaban sobre mí, apartaba a los que me intentaban atrapar, pero era demasiado, comencé a fatigarme, y el bot cada instante estaba más cerca de mí, le quedaba poco para poder atraparme. Me fijé en que llevaba un lanzagranadas en el hombro, y que iba a disparar. Apuntaba hacia mí dirección, y lo siguiente que vi fue una luz. Había estado una fracción se segundo aturdida por el golpe que me había dado, me sangraba la cabeza, y mi alrededor daba vueltas, pero seguía viva. Veía los tanques cerca, sabía que iba a poder llegar, o al menos eso pensaba. El bot me agarró, ya había alcanzado mi posición y se disponía a matarme. Me liberé de sus garras y saqué la granada. Más cerca. Un poco más. Ya estaba al lado del tanque, me subí tan rápido como pude considerando que estaba bastante malherida y no veía bien, además de que notaba un pitido persistente en mi oído. Abrí las dos granadas y las tiré tan cerca de la horda de caminantes, incluyendo a la mala bestia del bot, y salté del tanque. La onda expansiva me golpeó, dejándome bastante más malherida de lo que ya estaba. Me levanté, y vi que me sangraba la pierna, tenía un trozo de madera de a saber dónde clavado en la pierna, y tenía el brazo en carne viva a causa de la caída, y lo que me había desplazado. Por suerte había aniquilado a la mayoría de zombies que estaban siguiéndome, y el bot no estaba muerto, pero le costaría ir a por mí, así que aproveché la ocasión para salir de allí. No podía a penas moverme, me dolía hasta el alma, y sentí que cada vez veía más borroso y el suelo estaba más cerca de mí. Abrí una puerta que no sabía a dónde me llevaría, entré, cerré y me desplomé, agotada. Ya no podía más. Cerré los ojos.
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