sábado, 4 de abril de 2015

Unchain Portal-Cap.3: Skies on Fire





El agudo sonido del despertador hizo que me levantase de golpe, sobresaltada y a punto de experimentar un paro cardíaco. El día anterior me había quedado despierta demasiado tiempo, y había dormido muy poco. Aún estaba preocupada por lo que había pasado el día anterior, me solía el corte y la cabeza de pensar. Al parecer el Jefe tenía razón cuando nos decía que pensar era malo. Me puse el uniforme de "clasificadora de basura" y fui a cruzar el espejo, como todos los días, pero hoy no funcionaba. Algo iba mal. Le había dado varias veces a ver si reaccionaba, pero no había respuesta. Me asusté, ¿y si no podía ir al trabajo porque no funcionaba el portal? Me condenarían a una pena de muerte seguramente. Tenía que pensar algo rápido, antes de que se me agotasen las ideas, si es que no se habían acabado ya. Pulsaba todo el rato el botón, desesperdamente, pero no había respuesta. Me di por vencida y me senté en la cama, a pensar qué podía hacer, no me quedaba más remedio. De repente se encendió el micrófono:

-Bueno, bueno, al parecer lo que te dijimos no te sirvió de nada, ¿no? Te dejamos bien claro que debías de respetar las normas, pero no nos hiciste caso. Ayer te cambiamos de trabajo para reformarte, pero has empeorado, has desobedecido demasiadas veces seguidas a tus superiores, ¿Algo que decir?

-Yo...¿Qué he hecho?

-¡¿Crees que nos chupamos el dedo, eh, niñata?! No tenemos el registro de tú trabajo ayer desde las 6:35 hasta las 7:43. Una hora en la que no figura nada, una hora vacía. Y, casualidades de la vida, tu portal se sale de la ruta. ¿Dónde fuiste? Ten en cuenta que es cuestión de tiempo que sepamos todo a ciencia cierta, así que si nos dices la verdad ahora el castigo no será ta severo, aunque no te vas a librar de él. Ahora dime.

-Me corté ayer, y fui a la referencia de enfermería que figuraba.

-Ya, ya...Enfermería, ¿eh? En ese caso muéstrame el justificante de tu ausencia, y dame un buen razonamiento a por qué el recorrido del portal no figura en el mapa, porque el enfermería no fue transitado por nadie ayer. Y el sistema nunca falla.

-No sé -me debía de quedar pocas palabras, pues me empezaba a doler la cabeza-.

-¿No sabes? Me tomaré eso como que no me has dicho nada. Quedas condenada a la pena de muerte por incumplimiento de las normas, burla al sistema y mentira -se hizo el silencio, y sentí escalofríos-. No quería que esto acabase así, chiquilla, pero no te queda otra, nosotros, como máximos justos pretendíamos que te reformases y fueses una mujer útil y obediente, pero en esta sociedad los inútiles no van a ninguna parte, bueno, sí, al mismo al que tú vas a ir mañana. Tienes un día de vida, y como hagas algo más de lo que te puedas arrepentir, morirás de la manera más dolorosa posible -se cortó la comunicación, y mi auricular particular se apagó-.

Sentí la tentación de llorar, no sentía haber hecho algo malo, lo que el día anterior había hecho no era nada que fuese en contra de la ley. Había dicho la verdad, no entendía por qué iban a matarme. En fin, tampoco es que le tuviese mucho aprecio a la vida. Y en aquel momento mi cabeza empezó a maquinar un plan. Era ahora o nunca. Tenía que salir de aquel sitio, y sabía como intentarlo. No tenía nada que perder, porque iba a morir de todos modos, si lo intentaba al meno tenía alguna posibilidad de salir airosa de la situación. Tenía que hablar con el chico del día anterior, pero me iba a ser difícil, sólo podía ir a través del portal a mi trabajo. Vivía en un mundo en el que las cosas no salían nunca como uno quería, a no ser que las ambiciones de un ser humano se reduzcan a someterse gustosamente al sistema que otros implantan, ofreciéndose como si fuese una marioneta fácil de controlar, sin oponer resistencia alguna. Me metí dentro del portal, al menos pensaría algo fuera de aquel lugar que se me hacía tan angosto, la habitación. Estaba enfadada, no me podía crees que quisiesen imponerme un castigo de semejantes dimensiones por algo tan tonto, ni me podía imaginar qué pasaba si alguien hacía algo más grave de lo que yo había hecho. Tampoco me importaba ya, ¿qué más daba?  Golpeé con resignación el portal, y se empezó a volver loco. Cambiaba todo el rato de lugar, hasta que se estableció en uno. Casualidades de la vida, aquel lugar en el que se había quedado parado era la enfermería que había visitado el día anterior, dónde vi al primer hombre, y comprobé su existencia. Mi corazón empezó a latir a una gran velocidad, no me podía creer lo que acababa de suceder, me sentía agradecida a aquella coincidencia. Quería hablar con aquel hombre para hacer un plan y fugarnos, si era posible, Los dos odiábamos aquel inhóspito lugar, y deseábamos con todas nuestras fuerzas ver qué había más allá del trabajo: la oportunidad de tomar las decisiones propias, de tener derechos. Me metí en la sala, y para mi sorpresa no estaba, había otro "hombre" (aparentemente, aún estaba por confirmar) con piel morena, pelo corto en forma de cresta y cara de aburrimiento extremo. Al verme se sobresaltó y me dijo algo:

-¿Tú no eres la que apareció ayer por error aquí? Mi amigo me lo contó -me quedé anonadada al ver que hablaba y no movía los labios-. Ah, te preguntarás qué es esto que te permite escucharme, y tener infinitas palabras. Pues es un artilugio que cree yo un día que estaba aburrido.

-¿Me puedes dejar papel ? -me pasó un bloc de notas y le puse todo lo que había pasado por la mañana y lo que tenía pensado hacer-.

-Es un plan muy ambicioso, pero tan arriesgado como que puede funcionar -dijo el tipo-.

-Oye, ¿que fue del otro chico que estaba ayer aquí? -le escribí-.

-¿El moreno? -asentí-. Ah, es que en enfermería nos turnamos, por las mañanas estoy yo y por las tardes está él. De forma que, cuando yo estoy aquí el hace otro trabajo, que es el mismo que el mío por las tardes: programador informático. Puede que eso te ayude mucho en tu huida.

-¿Crees que se apuntaría? Quiero decir, necesito ayuda y me vendría muy bien la suya, y bueno, si tú quieres venir, ya sabes.

-No estaría mal, me gustaría volver a usar todo mi vocabulario con total libertad sin tener que llevar permanentemente este chisme. Vale, como supongo que tendrás que volver a tu trabajo o a tu habitación, vamos a aclarar lo que vamos a hacer. Te dijeron que mañana sufrirías la condena, pero hay tiempo...No se me ocurre nada -el tipo sonrió-. Ahora que me doy cuenta, eres como uno de los personajes de un juego que programé hace poco.

-Entendido -puse cara de situación para que aquella nota pareciese más a una conversación que a un simple papel-. Yo ya había pensado algo mientras hablabas: todos seguimos nuestra rutina normal hasta la noche, cuando, al acabar la jornada laboral, nos reunimos todos aquí, y buscamos una salida. Si no me equivoco los camiones de basura salen del edificio, así que, si no me equivoco, será muy fácil.

-No creo que sea tan difícil, tenemos chips que dan nuestra localización exacta, ellos siempre sabrán dónde estamos, y si nos intentamos escapar sin tener en cuenta esto probablemente no salga bien, de hecho, saldremos muy perjudicados.

-Vale, capto la idea. ¿Sabes dónde están esos chips?

-Sí, en la nuca.

-Perfecto. No nos vamos a tener que preocupar por ellos, nos los quitaremos. Dolerá, pero será sólo un poco. Todo perfecto, con algún vidrio de la basura nos vale, así que tenemos que estar allí cuanto antes en cuanto podamos. Nos quedaremos dentro de los camiones de basura hasta que salgan y entren otros con más basura, y libres.

-Me gusta como suena el plan. Bien, se lo diré a mi amigo, pero cuanta con nosotros, no nos vamos a echar atrás. Deseo salir de esta cárcel tanto como tú, porque el simple hecho de vivir en ella es una castigo perpetuo. Lo mejor es que te vayas ya, así lo preparas todo para la huida. Por la noche espéranos en la planta de reciclaje femenina, bueno, en la tuya. Nos vemos.

-Vale, encantada.

-Oye, antes de irte, tenemos que ponernos nombres en clave, y necesitaremos dos máquinas para hablar tanto como queramos todos. Lo de las máquinas lo solucionaré yo esta tarde, tengo tiempo de sobra.

-Me parece bien -ya me dolía la mano de escribir, era demasiado para tan poco tiempo, pero cada segundo era oro-. No sé, nunca me planteé tener un nombre...

-Mi amigo es Starboy, que es un nickname en el juego, y tú serás Dust. ¿Te parece bien?

-Sí, me parece estupendo. ¿Y el tuyo?

-Ah, sí, claro. Yo me llamo Emer en el juego, pero me gusta pensar que ese es mi nombre.

-Muy bien. Pues me voy ya. Luego nos vemos todos.

Dejé el bloc de notas en la mesa, el bolígrafo al lado y crucé el portal para volver a mi trabajo. Estaba muy nerviosa, deseaba iniciar el plan cuanto antes. Aquella emoción que me invadía era indescriptible, nunca había experimentado una sensación semejante. Si salia todo bien no había qué temer, pero no iba a ser tan fácil, lo sabía. De aquel lugar no era tan fácil salir, sino ya muchos lo habrían hecho antes. Pero nunca nadie ha salido de este lugar. Al menos vivo.






Espero que os haya gustado el capítulo, ya dije que serían cortos, pero ojo, que no lo son tanto, porque tienen muy poco diálogo. Gracias por haber leído, saludos a todos, y en especial a mi amigo Emer, que quería salir en la novela y ser malo. Pues no, ea, eres bueno :3

No hay comentarios:

Publicar un comentario