*escucha esto mientras lees -> https://www.youtube.com/watch?v=kSS_tDfeLOk *
Otro día más en mi aburrida vida: llegaba de mis clases, hago mis deberes, estudio y si mi madre me dejaba veía la tele, aunque normalmente era muy estricta con eso.
Estaba sentada, escribiendo, cuando oí un ruido ciertamente perturbador fuera de la casa, en la calle, concretamente. Mi madre no estaba en casa, así que supuse que sería ella, que regresaba del trabajo. Ignoré el ruido y continué con mis cosas, al fin y al cabo, tenía que terminar la presentación puntual para no tener un suspenso en la asignatura. Me quedé mirando una foto mía de cuando era pequeña fijamente sin saber por qué. Al cabo de un rato me cansé de escribir, y fui a mirar fuera de la casa, por curiosidad, para saber qué era lo que había producido aquel ruido que me desconcentró previamente. Me puse una chaqueta antes y cogí las llaves por si la puerta se cerraba, no sería la primera vez. Ya era de noche, y no se veía demasiado, además de que mis ojos no estaban acostumbrados a la oscuridad, pues yo era nictofóbica, es decir, tenía miedo a la oscuridad, a pesar de mis años. No me alejé demasiado de la puerta, aún me sentía insegura, cuando algo agarró mi brazo y chillé como una niña pequeña. Sin siquiera pararme a ver qué había sido lo que me había cogido me metí en la casa y cerré con llave. Pero ahí no acabó, porque parecía que ahora llamaban al timbre. Me tranquilicé, miré por la mirilla, y para mi sorpresa, vi que sólo era Kacy, una amiga mía. La abrí, aunque aún me seguían temblando las piernas del susto que me había llevado:
-No me creo que a tus años seas tan miedosa. No me gustaría verte viendo una película de terror... -comentó Kacy-.
-Cada uno tiene lo suyo, y no te esperaba justo a estas horas...
-Por favor, Alice, ¿me estás echando?
-No, no te enfades, es que aún sigo un poco afectada, entra si quieres. Pero no tengo nada de comer, te aviso -me reí-.
-No venía a comer, eso lo habría hecho con un poco de antelación -esta vez nos reímos las dos-. Venía a darte esto -metió la mano en su bolsillo y sacó un papel-.
-¿Qué es?
-A simple vista puede parecerte un simple papel, pero es una invitación para una fiesta. Mañana tú y yo nos vamos a casa de Dylan.
-¿Lo pone en la invitación?
-Bueno, me invita a mí, pero como deja llevar a otro amigo, pues yo te elijo a ti. ¿Trato hecho?
-Debería de hablarlo con mi madre, Kacy, pero ya sabes que por mi parte voy encantada.
-Cuento contigo. Bueno, ahora me voy, nos vemos mañana
-Adiós -me despedí con una sonrisa-.
Estaba feliz, al fin tenía algo que hacer que saliese de mi horario. Mientras pensaba en que ponerme para la fiesta, miré por la ventana. Mi madre debería de estar ya en casa, era muy tarde, al menos demasiado, tenía que haber tenido algún problema en el trabajo. Me apresuré a acercarme al teléfono para marcar su número y saber algo de ella, pero no había respuesta. Lo intenté varias veces, pero tampoco funcionaba. "Estará ocupada y no me podrá responder", pensé para tranquilizarme. Oí los ladridos del perro de la vecina, lo que me provocó un pequeño sobresalto. Aquel día no estaba precisamente como para quedarme sola en casa. Estuve a punto de llamar a Kacy para que se quedase a dormir conmigo y así al menos no estaría sola, pero sería el colmo para que se burlase más de mí y de mis miedos infantiles. Cogí el teléfono y me puse a chatear con algunos amigos, y de paso mandé un mensaje a mi madre preguntándola si todo iba bien. A medida que pasaba el tiempo los ojos se me empezaban a cerrar solos, pero no quería dormirme, quería esperar a que mi madre llegase y poder descansar en paz. Al final acabé cediendo, y me eché en la cama. Pensé que tardaría poco en dormirme, pero me costó más de lo que podía haber imaginado.
Abrí los ojos sobresaltada, y miré a mi alrededor frenéticamente, con la esperanza de ver algo alentador, aunque no fue así. Todo estaba en silencio, y además había oscuridad. Miré el reloj, eran las 5 de la mañana. Cogí mi móvil y usé la linterna que incorporaba para guiarme hasta la luz de mi habitación. Cuando todo se iluminó me sentí mucho más aliviada, pero aquella sensación no duró demasiado, pues oí ruidos procedentes de la habitación de mi madre, aunque al entrar no había nada ni nadie. Mi mente cada vez se estaba volviendo más paranoica, así que simplemente me fui al salón a pasar el día. Volví a intentar llamar a mi madre, pero igual que antes, no contestaba, y pasaba lo mismo con mi amiga Kacy. Intenté mirarlo por el lado bueno, al menos podría ir a la fiesta. Me puse la tele, escuché algo de música, intenté leer, pero nada conseguía calmarme, no podía evitar estar inquieta sabiendo que muchas cosas raras estaban pasando. Fui a tomarme una ducha, al menos así ya tendría algo menos que hacer antes de irme. Pensaba marcharme pronto, así al menos estaría acompañada más tiempo, o al menos eso esperaba, porque no sabía que había sido de Kacy. Mientras estaba en la ducha oí la puerta principal abrirse, sería mi madre por fin, así que sin dudarlo me puse el albornoz y salí a recibirla, aunque mi oído me había fallado, era una ventana, que se había abierto por la acción del aire. La cerré e intenté volver a la ducha, pero en ese preciso momento se fue la luz, lo peor que me podía pasar. Me dio un escalofrío, estaba helada, así que procuré ir hasta mi habitación, guiándome por el tacto, aunque me tropecé con más de algún mueble. Cogí mi móvil, me puse algo de ropa para al menos no morir congelada y salí a ver qué había pasado a la electricidad de la casa. Todo parecía estar en buen estado, me extrañaba que se hubiese ido la luz, así que no me quedaba más remedio que entrar en la casa y quedarme con la luz del teléfono, y poner alguna vela para compensar. Algo se cayó en mi habitación, y fui a mirar: la maldita foto. No entraría en pánico, esta vez ya no, otra paranoia mía de niña pequeña. Se habría caído porque la dejé mal colocada, o por otra cosa, aunque tampoco quería indagar en ello, prefería olvidarme y pensar en la fiesta, sí, aquello era lo que necesitaba para desconectar y ser yo misma. Empezó a sonar el teléfono... ¿cómo estaba sonando? No sabía cómo, pero me apresuré a responder. Mi casa no era precisamente un palacio, pero el camino del sillón al pasillo, donde estaba el teléfono se me hizo extremadamente eterno. Por fin lo cogí, al menos iba a poder hablar con alguien:
-¿Quién es? -sólo oía la respiración de la persona había llamado-. ¿Hola?
-Hola... -dijo la otra persona, casi en un suspiro, e inmediatamente colgó-.
Era la voz de una chica. Una voz dulce, cálida, pero a la vez perturbadora, y consiguió que recordarla me erizase el pelo. ¿Habría vuelto la luz? Porque sino no me explicaba lo que había pasado con el teléfono... Probé a encender las luces, pero no funcionó. No tenía nada más que hacer, sólo me quedaba esperar a que pasase algo o podía salir a tomar un poco el aire, me estaba agobiando mucho estar en aquel lugar a oscuras. Intenté abrir la puerta para salir de la casa, pero no podía, ¿qué diantres estaba pasando? Fui a mi habitación corriendo, presa del pánico, no sabía que estaba pasando ni qué hacer. Cerré la puerta a cal y canto, esperando a que nada malo me pasase, que todo estaría bien y no eran nada más que cosas mías. Algo golpeó la ventana que había en mi habitación. Me giré violentamente para ver qué era aquello que había producido el estruendo, pero no había nada que me pudiese asustar más. Me senté en mi cama a esperar, y no tardé en darme cuenta que me había dejado el teléfono en el salón, y las velas también, por lo que estaba totalmente a oscuras. Me metí debajo de las sábanas completamente aterrada, no sabía que estaba pasando, y sí, tenía mucho miedo. Ojalá viniese alguien a ayudarme, aunque se burlase de mí para el resto de mis días. Había atrancado la puerta de mi habitación, aunque de nada me servía, ni siquiera sabía si había alguien allí o sólo eran una cadena de casualidades. Como mi madre decía, "cuando tengas miedo respira hondo y piensa en otra cosa". Me puse la ropa que supuestamente llevaría a la fiesta, no lo sabía muy bien, ya que no la veía. Respiré profundamente varias veces, desatranqué la puerta de mi habitación y, con cautela, asomé la cabeza. No había nada, así que salí. Corrí tanto como pude hasta el salón, cogí mi móvil y puse la linterna, iluminando hasta el último rincón de la casa. Para mi gusto habían demasiados ruidos... Definitivamente me estaba volviendo loca. Empecé a oír susurros que procedían de todas partes, no podía determinar el foco. Lo más siniestro de todo aquello era que la voz me resultaba familiar, ya la había oído antes, pero no le di importancia, ya sólo quería salir de allí. Intenté abrir la puerta de nuevo, pero no había manera, así que opté por llamar a todas las personas que tenía en mi agenda. Pero entonces el móvil no se encendió, se quedó muerto, ofreciéndome sólo la luz breve que emitía la pantalla bloqueada. No sabía que hacer, empezaba a sentirme débil y el miedo me impedía siquiera pensar. Me senté en el sillón mientras la impotencia hacía el resto. Estaba llorando como una idiota, pero no podía hacer nada... Entonce oí algo que salía del baño, que tenía curiosamente las luces encendidas, pero la puerta estaba cerrada, impidiendo ver lo que había dentro. Juraría que no me había dejado la luz encendida antes, además de que no había luz en la casa. Deseaba que aquello fuese una pesadilla y que ya estuviese acabando. De perdidos al río, me encaminé hacia el baño, con pasos cortos, sintiendo el sudor frío correr por mi espalda. Abrí la puerta y no había nada. No había nada perturbador allí, nada más que la luz, que en ese preciso momento en el que yo abrí la puerta se había apagado de nuevo. Lo siguiente que oí fue "Hola", con la misma voz que la persona que me había llamado antes. No me quería dar la vuelta, pero no tuve más remedio que hacerlo. Se trataba de una niña que me resultaba muy familiar. Era la misma niña que aparecía en mi foto, era...yo de pequeña. No entendía nada, ¿me había drogado sin saberlo y estaba viendo aquello, o era real? No podía ser real. En este caso, la niña que era yo de pequeña tenía una cara de lo más perturbadora, tenía que tratarse de una broma. Volví a fijarme en la pequeña, pero en este caso ya no estaba, había desaparecido. Registré mi habitación por si había algo por allí que me pudiese ayudar, pero ni rastro. Entonces empecé a oler a quemado. Fui corriendo hacia el salón, se estaba quemando. Y yo estaba encerrada.
*************Unos días después*********** (narración en tercera persona)
La señora Smith percibió que algo iba mal en la casa de sus vecinos, veía mucho humo desde la ventana de su propia casa. Salió y, contempló con horror que se estaba quemando la casa. Llamó corriendo a la policía y a los bomberos, no era un incendio inofensivo, la casa estaba entera en llamas.
No tardaron en venir, pues se trataba de una emergencia, algo que no podía esperar. Los bomberos abrieron fácilmente la puerta y empezaron su trabajo. Mientras lo hacían notaron que había algo extraño en el suelo, siendo también devorado por las llamas. Carne humana quemada. Un cuerpo. La policía entró de inmediato para identificar el cadáver. Era Alice Harris, aunque no era fácil identificarla después de las quemaduras que tenía su cuerpo, o bueno, cenizas. No había ni rastro de su madre ni de conocidos suyos que pudiesen verificar que era ella, nada más que la señora Smith. Encima de la mesa del salón había la foto de una niña.

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