domingo, 21 de diciembre de 2014
Wings of Destiny-Cap.18: The Crucifier
*********Narración en tercera persona***********
Las nuevas noticias se extendían más rápido que la pólvora. Hasta se habían extendido por zonas alejadas del continente, cosas que sólo ocurría si se trataba de algo muy importante y/o concernía a alguno de esos continentes restantes. Simone había sido asesinada, el reino de Inglaterra estaba sin nadie al cargo después de aquella masacre. Parecía que el destino tenía preparada una mala jugada para la dinastía de los Osbourne, ya que sólo quedaban dos que pertenecían a ese linaje: James, que renunció a pertenecer a aquella dinastía por frecuentes peleas con su hermano, Dave; y Joan, a la que parece no importarla nada de lo que ha sucedido, y al parecer no va a continuar el legado de sus antepasados. ¿Qué ocurrirá ahora? Se preguntaban sobre todo los ciudadanos de Inglaterra, que eran los que estaban más expuestos a peligros, tanto internos como externos, ahora eran más vulnerables que nunca. Había rumores de que los italianos habían iniciado una guerrilla en el centro del país, y que cada vez aumentaba más sus dimensiones, pero son rumores.
La gente estaba inquieta, sabían que ya las cosas no volverían a ser como antes. Pensaban que la dinastía Osbourne era el terror de la zona, pero en aquellos momentos lo recordaban como tiempos felices, en los que la gente podía vivir medianamente tranquila y hacer su vida. Ahora era un país caótico, cuyos ciudadanos luchan entre ellos para sobrevivir, pues ya ni el comercio fluía en la zona. El punto fuerte que era para Gran Bretaña el dominio del mar se convertiría en su perdición, pues muchos otros reyes ya se habían decidido por ir a conquistar el territorio y expandirse, aumentando así su poder y prestigio. Era una situación de la que, aparentemente, se había entrado y ya no se saldría. Se podría decir que aquel fue el fin de Inglaterra y de sus habitantes.
******************Narra un nuevo personaje, dos años después *******************
Me miré al espejo. Aún me seguía sorprendiendo lo que veía reflejado en él: una preciosa mujer pelirroja, con un cuerpo escultural y un dominio medio de las espadas. Pero algo interrumpió mis pensamientos. El Maestro Nusop ya estaba refunfuñando de nuevo. Hoy no me libraría de entrenamiento, por supuesto:
-Deberías de haberte levantado antes, ahora ya es tarde para que empieces con tu práctica -me dijo el Nusop con toda la calma del mundo-. Mia, tú y yo hicimos una promesa... ¿Quieres que te la recuerde?
-La recuerdo a la perfección, maestro, fui yo quien la propuso, y pienso cumplir con ello, pero me cuesta mucho acostumbrarme.
-Lo entiendo, joven, pero has de esforzarte, la situación va de mal en peor, y si no te preparas día a día, de manera regular y constante, me temo que nuestra promesa se romperá, y sabes que conlleva eso. Ah, dentro de dos días te vas a la Isla de las Mujeres.
-¿Cómo? -dije, completamente sorprendida-.
-Durante este tiempo que has estado conmigo como alumna has aprendido mucho, pero allí demostrarás que ha sido útil o no lo que te he enseñado, y te ayudarán a mejorarlo. Una isla en la que sólo hay mujeres, y dicen que la reina es la perfección en cualquier sentido, estoy seguro de que ella te ayudará.
-¿Lita Ford? -el maestro asintió-. La verdad, creo que alguna vez en mi infancia oí ese nombre, pero no lo asocio con ningún recuerdo...
-Ya lo hablamos. Los recuerdos de tu infancia, tanto de una como de otra ahora son borrosos, y en un futuro no muy lejano, inexistentes. Y tú aceptaste esas condiciones.
-Y lo sé. Entonces ¿me tengo que llevar esta espada? La odio, prefiero usar ramas de árboles, o incluso troncos...
-Mia, siempre has usado esa espada y nunca pareció resultarte incómoda... -mis ojos empezaron a llamear-. Vale, está bien, buscaré algo.
Mi maestro sabía que no debía de intentar razonar conmigo cuando mis ojos llameaban, o sino perdería el control sobre mi cuerpo y empezarían a ocurrir cosas muy malas. Me senté en una silla a contemplar las cuchillas de Nusop. Aquel cuadro tenía algo especial, a parte de las armas, algo que me resultaba inquietante, pero él siempre me dijo que no podía dejármelas, bajo ningún concepto por temas de magia negra. Recuerdo el día que, a escondidas, las cogí, y sentí una sensación muy dolorosa recorrer todo mi cuerpo, como si de un relámpago se tratase. ¿Por qué estaba recordando yo eso en aquellos momentos? Al instante volví a la realidad. El maestro me acababa de decir que me iba a la Isla de las Mujeres a perfeccionar mi técnica de ataque, y la verdad, no me resultaba nada desagradable la idea, siempre había deseado viajar por todo el mundo, y aquel era un pequeño paso para empezar. Pensé en qué podría llevarme como equipaje. No es que tuviese muchas cosas, de hecho, no tenía nada de valor, pero me hacía ilusión pensar que tenía algo en lo que preocuparme en estos dos días. ¿Me echaría de menos Nusop? Había sido un padre para mí desde que tengo memoria, me enseñó a usar las armas tal y como se debía de hacer y me habló sin tapujos de la magia negra, aquello que tanta gente teme y de la que huyen. Mucha gente, la mayoría mujeres, eran condenadas por ser consideradas brujas, es decir, mujeres que se dedicaban a la práctica de magia negra, y lo más gracioso es que nunca acertaban. Habían muchos expertos en la materia sueltos, entre los que destacaba mi propio maestro. Yo no era maga ni nada por el estilo, pero cuando mi segunda personalidad se apoderaba de mí era algo totalmente distinto, tan complicado e imposible de controlar que me ha llegado a causar más de un quebradero de cabeza repentino.
Me levanté y miré por la ventana, tenía la sensación de que dentro de poco las cosas cambiarían mucho. Muchos recuerdos abrumadores asaltaban mi mente, y más de uno me era imposible asociarlo con algún momento anterior de mi vida. Tenía que acostumbrarme a ello, la amnesia eterna es, como su propio nombre indica, eterna, que permanece para siempre. Me reí al pensar que iba a ser lo único que estuviese junto a mí hasta mi muerte. Vi aparecer a Nusop con una preciosa espada:
-Me estropeaste la sorpresa, pero bueno, toma -me dio la espada con delicadeza-.
-¿Es para mí?
-Por supuesto, la forjé yo mismo, y con mis conocimientos de magia -se rió-. Espero que la disfrutes y que con ella vivas grandes aventuras. Ah, y no me olvides.
-No lo haré -sonreí-. Ahora tengo que pensar un nombre para esta pequeña.
-¿Un nombre? Oh, eso me recuerda a una batalla legendaria, pero es algo secreto que no te puedo contar...
-Lo entiendo...pero entonces no digas nada -dije, mientras blandía con delicadeza la espada-. ¿Rufián?
-Es un nombre un tanto extraña para un artefacto así, pero yo no me meto, es tuya, y es tú decisión la que ha de determinar cómo la llamarás.
-Tienes razón. Cuando se escriban historias y canciones sobre mis hazañas no puede haber un nombre entre medias tan vacío. A ver, mi espada es un reflejo de mí misma...¿Espejo? No, eso es peor. Bueno, supongo que no hay prisa por poner nombre a esta pequeña, lo pensaré con tranquilidad, pero se me está ocurriendo uno muy bien... -el maestro aclaró su garganta, pero me pareció demasiado exagerado como para haberlo hecho sin ninguna intención, y pensé lo que dije otra vez-. Vale, ya entiendo, pienso otro....
Era algo que bajo ningún concepto podía decir, ni mostrar a nadie, pues podía acabar conmigo. Y otra duda asaltó mi mente, que parecía no estar conforme con el desastre que era por aquel momento: ¿Qué haría cuando acabase de poner mis habilidades a prueba? ¿Qué se suponía que tenía que hacer para convertirme en una heroína, o al menos alguien importante? Eran preguntas que mi maestro no me había resuelto, siempre me respondía "Cuando llegue el momento lo verás" lo que me resultaba más molesto. Había hecho muchas promesas, y a duras penas había llegado hasta donde estaba de una pieza, ya iba siendo hora de que se me diese alguna respuesta a alguna pregunta.
Volví a mirar hacia la ventana con la finalidad de dejar de pensar en cosas absurdas y olvidarlo todo, sólo concentrarme en el paisaje, pero estaba claro que aquel día no iba a ser posible. Justo pasaba una familia feliz, compuesta por una madre, un padre que llevaba a caballito a una niña pequeña que parecía ser su hija, y, entre medias del padre y la madre, con una sonrisa de oreja a oreja, un niño, supuestamente el hijo. Bajé la cabeza, sentí cierta envidia al ver aquella idílica escena tan familiar. Yo no tenía familia ni recordaba tenerla, lo más cerca que estaba de un ser querido era mi maestro, que había cuidado de mí durante poco tiempo, pero suficiente. Me habría gustado comprobar qué se siente al tener alguien que te quiera de verdad y que diese si vida por ti. Aún con mis 18 años no me había importado cambiarme el papel por aquel niño que iba tan feliz con sus queridos padres. Ya tenía más que asumido que nunca jamás experimentaría esa sensación, y si he vivido sin ella desde que recuerdo, puedo hacerlo hasta que perezca. Me sobresalté levemente al ver que el maestro estaba a mi lado, esperando para decirme algo:
-¿Ocurre algo? -pregunté con curiosidad?
-Sí, algo que no recuerdas pero que he de contarte ahora para que no te pille por sorpresa. Aún no tienes los 18 años, dentro de unos pocos días los cumplirás, por eso te había hecho la espada, pero los acontecimientos se aceleraron en mi contra y no va a ir todo como tenía planeado. El caso es que a partir del día que tengas 18, empezarás a recordar cosas de tú pasado, y puede que enfermes, pero que no te extrañe.
-Dicho así ya me parece raro, pero no va a acabar conmigo.
-No lo hará, espero. Quiero decir que ahora tienes unos pocos recuerdos, pero una pequeñita parte de ellos, es decir, que el resto asaltarán tu mente cuando tengas 18 años, y ese "exceso" de información te puede causar un trauma o un estado de parálisis limitado. Es difícil determinar cuál va a darse en ti, o siquiera que se vaya a manifestar alguno, pero ahora que te aviso quedas preparada. En estos días usarás tu espada nueva para la práctica de combate, así te irás adaptando a tu nueva compañera de trabajo.
-¿Por qué esos recuerdos vuelven a mi mente cuando tenga 18 años?
-Estoy seguro de que en algún momento alguien te responderá a esa pregunta, porque yo no lo puedo hacer de momento.
-Hay veces que no te entiendo... Cuando tengo alguna duda que considero importante, tú me respondes con alguna ambigüedad, o incluso con esa pregunta. ¿Es que no sabes qué responder, o simplemente lo haces para que yo me responda solita?
-Ninguna de las dos, Mia, tiempo al tiempo.
Era una frase muy frecuente en el Maestro Nusop. Cogí mi espada y la estuve contemplando durante un largo rato. Ya tenía un nombre brillante para ella.
Espero que os haya gustado este mini-capítulo. No he podido dedicar mucho tiempo a escribir porque estoy con gripe, y no es que me sienta especialmente bien como para dedicarme en cuerpo y alma a la escritura, pero dentro de poquillos días estoy segura de que me recuperaré y me pondré con los especiales y capítulos random. Espero que os haya gustado rattleheads, gracias por haber leído y heavy metal bitches!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario