miércoles, 21 de enero de 2015

Unchain Portal- Cap.1: Good Morning






Me levanté a la misma hora de siempre para cumplir con el horario, no podía permitirme retrasarme y tener insuficientes horas de trabajo como para comer. Las normas eran simples: tenías que trabajar un número determinado de horas, siempre el mismo, pero si un día no lo cumplías por cualquiera razón, no te pagan, es decir, que si yo me retraso unos segundos no me pagarán. Aunque que no te paguen, tienes que trabajar igualmente, pues si no la haces tendrás una penalización, siempre la misma: 2 litros de sangre. Sentía escalofríos al pensar en lo duras que eran las normas, pero rápido se me pasó. Por suerte me había levantado bastante pronto, tenía tiempo de sobra para asearme y encender el ordenador. Mi habitación, al igual que todas las demás, era blanca, todo lo que la componía lo era, no había nada que no fuese blanco, salvo mi pelo, que era marrón. Cuando leí las normas, me sentí aliviada de no tenerlo pelirrojo, pues si lo tenías así te obligaban a estar siempre con tinte negro, y si te veían con ese color de pelo, te tocaba una multa. Y sí, al igual que el resto de multas, también tienes que pagar con sangre, pero en este caso con menos, no es un delito tan grave como el anterior que mencioné. Dejé de pensar en tonterías y miré el reloj de nuevo, eran las cuatro de la mañana. Tenía una hora entera para prepararme, así que me lo tomé con calma. Puse algo de música que había en el ordenador, era una gozada tener tiempo para permitirse el lujo de escuchar música.
"¿Cómo se sentirán los cantantes?", me pregunté. Ellos no tenían el control mental, aquel que nos permitía tener una mente vulnerable, fácil de controlar y observar ante los superiores. Ellos podían relacionarse, podían emitir más de veinte palabras...

Suspiré, cabizbaja, me habría gustado tener talento como para trabajar como cantante, y así podría hablar con la gente, e incluso hacer amigos. La Sociedad nos tenía prohibido relacionarnos, por ello que nos pusieron el control mental, aunque por si alguien conseguía liberarse, habían cámaras por todas partes, y que no nos pusiesen nombre. Nos identificábamos por el número de llegada, aunque siempre había querido tener un nombre. Y una amiga que lo usase para llamar mi atención cuando quisiese hablar conmigo...

Sonó un timbre espantoso. Salía de mi cabeza. Odiaba que al intentar usar mi imaginación y ver las cosas de un modo diferente ocurriese aquello. No sabía qué intención tenían los superiores con eso, el desarrollo de la imaginación era algo que, al menos yo, consideraba crucial, sobre todo en los trabajos. En mi caso no era necesario, trabajaba en un laboratorio de biomedicina, tenía que seguir los patrones de investigación y nada más. Cómo me habría gustado que no fuese así...

Me puse la bata encima de mi ropa normal, y me fui directamente al trabajo, si me quedaba más tiempo en mi pequeño espacio me volvería a saltar el timbre por exceso de imaginación. Me puse frente al portal, el espejo, y me metí dentro. No tenía muchas expectativas, ya estaba acostumbra al trabajo, sabía que nada iba a cambiar. Al menos hoy me pagarían algo más por haber llegado antes, y podría comprar algo más de música, ya me estaba empezando a cansar de la que tenía.
El laboratorio en el que trabajaba estaba completamente oscuro hasta que el sensor captó mi movimiento.  Una de las pocas cosas buenas de tener excesiva vigilancia, al menos no me tenía que molestar en buscar el interruptor de la luz.  El campo de la investigación era algo que avanzaba muy lento, demasiado, y si te equivocabas en lo más mínimo, no llegabas ni a avanzar, y recibías una penalización, que puede variar según sea el error. En la Sociedad los errores no están permitidos.
Estuve un largo rato centrada en mi investigación, hasta que sonó la campana del almuerzo. El día anterior no había comido porque había llegado tarde al trabajo, estaba muerta de hambre, así que no dudé ni un segundo en prepararme para comer. Me acerqué al aparato que se usaba para contar las horas que había trabajado, saqué el papel correspondiente, y fui al comedor. Al menos allí no estaba sola, otras chicas que trabajaban en el campo de la ciencia se hallaban es aquella sala, esperando su almuerzo. Teníamos que meter el papel a otras máquinas que, tras analizar lo que habíamos trabajado, nos daban el almuerzo, algo así como una manzana o, como mucho, un trozo de pan normal. Introduje mi papel en una de las máquinas que estaban libres, y para mi sorpresa no salió nada. Me quedé un rato esperando frente a la máquina, como si yo tuviese poderes mentales y pudiese obtener la comida empleándolos sobre ella. Estuve un rato considerablemente largo esperando, hasta que me cansé y me senté, vencida y desanimada en una mesa. Apoyé mi cabeza sobre los brazos, cuando algo así ocurría no había ninguna solución, era como si fuese una penalización, pero en este caso yo no había hecho nada malo, era un error de la máquina. Estaba prohibido mostrar empatía hacia otras personas, pero deseaba que alguien me diese ,aunque fuese, una miga de pan. habría estado muy agradecida...

Volví a mi puesto de trabajo, y estuve todo el rato acompañada por el sonido de mi tripa rugiendo. Llegó un momento en el que aquello intervino en el trabajo, y no podía concentrare, aunque tampoco tenía nada que hacer, pues tenía que esperar varias horas para comprobar algunos datos sobre la investigación. El tiempo pasaba extremadamente lento, no podía aguantar a que llegase la hora de comer, y ojalá que no volviese a haber otro problema con la comida, no me gustaría saber qué pasaría si no puedo rendir adecuadamente.

Seguí con mis cosas hasta que por fin llegó la hora de comer, y por suerte fue como siempre.
El resto del día se desarrolló normal, nada que mereciese la pena destacar, al menos por mi parte. Todos seguíamos aquella rutina tan lineal, tan repetitiva, pero nadie parecía estar cansado de ella. No había nada nuevo, siempre era lo mismo... ¿Sería yo lo única que no quería seguir así?
Al acabar la jornada de trabajo, pasé el papel, recogí la cena (una barrita de carne seca) y el dinero. Al parecer, la confusión que había habido por la mañana, cuando la máquina había ignorado mi tiempo trabajado, había pasado factura, pues me habían pagado mucho menos de lo que debían. Me resigné y me dirigí al porta para volver a mi habitación, no me quedaba otra. No podía quejarme ni contradecir a la Sociedad, yo no era nadie para hacerlo. Crucé el portal, y noté una sensación extraña, como un calambre, a veces no entendía por qué me ocurrían determinadas cosas, pero como decía Director, la persona que nos hablaba por los altavoces, "Si no entiendes algo, déjalo estar, no puedes hacer nada contra ello". Me senté en mi cama y me quedé un rato con la mente en blanco, desconecté totalmente del mundo, sumergiéndome en la calma absoluta. Al menos no me podía quejar, no tenía ninguna responsabilidad ni ninguna cualidad para tener un trabajo superior, lo que significaba menos presión, ya me bastaba con la que yo me metía. Me eché e intenté dormir, pero no podía. Cerraba los ojos y empezaba a pensar en cosas imposibles, como tener un nombre. Sería genial que alguien me llamase de algún modo, o que me llamase... En la Sociedad, válgase la redundancia, socializar era algo imposible, aunque había algunas chicas que en el comedor se juntaban y parecían disfrutar de su presencia, como si un vínculo emocional las uniese. Puede que estuviese pidiendo demasiado.


Esta vez no me desperté con el sonido de la alarma, sino con el del aviso del altavoz. No el general, sino el particular. Al parecer, Director me quería comunicar algo. Me empecé a poner nerviosa, tenía que estar presentable, a lo mejor me decía algo bueno, como que iba a darme un trabajo mejor, o incluso que me podría unir a los suyos para dirigir la Sociedad. Me incorporé, limpiándome la cara y peinándome un poco con las manos a la vez, podía considerarse falta de respeto hacia el superior presentarse en malas condiciones, aunque no es que tuviese mucho arreglo. Cuando cesó el ruido del aviso, miré hacia la cámara que estaba al lado y escuché atentamente, con el corazón en un puño:

-Hola, hemos estado observando tu día a día esta semana para analizar tu progreso, que ya era hora -Director se aclaró la garganta-. Quería decirte que lo que hemos visto nos ha impresionado, es algo que no nos habíamos encontrado antes -sonreí y alcé la cabeza como símbolo de orgullo-. Por favor, habla, ahora puedes.

-¿Puedo hablar todo lo que quiera? -me sorprendí al oír mi voz-.

-No exactamente, pero es un gusto que al menos me parezca que estoy hablando con alguien humano. Pues como nos ha sorprendido tu forma de actuar, vamos a hacerte un cambio de trabajo.

-Algo así como un ascenso, ¿no? -me quedaban 8 palabras-.

-Eso es -al oír aquellas palabras del altavoz, me levanté de la cama de un salto y empecé a dar vueltas alrededor de la habitación, nunca había experimentado una sensación como aquella, al fin hacía algo bien-.

-¿Cuál va a ser mi ascenso?

-Espera, chica. Te vamos a cambiar por cosas como  -miré atentamente la cámara con toda la ilusión del mundo- exceso de imaginación, torpeza, distracción, rebelión mental, desagrado... ¿Quieres que siga?

-No entiendo -dije, tratando de acortar lo máximo posible para ahorrar palabras-.

-Que no es un ascenso, aquí no damos eso a escoria como tú. No se te da bien nada, eres un estorbo para la sociedad, y te lo digo con toda la suavidad del mundo y con buena intención, para que trates de cambiar, No nos gusta que te encierres en tu mundo, sabemos que tienes un gran mundo interior, pero te vamos a pedir que lo cierres antes de que te devore. ¿Me explico? -asentí, roja de vergüenza-. Bien, pues configuraremos tu portal y en muy poco podrás descubrir tu nuevo trabajo. Quiero decirte, antes de terminar el comunicado, que esto es una oportunidad que te damos tus superiores para que cambies y te vuelvas una persona normal. ¿Te has dado cuenta de que has reaccionado de una manera fuera de lo normal? Ha sido ridículo, demasiado. A partir de hoy, además de tener un trabajo nuevo, vas a tener que tomarte estas pastillas que se depositarán en tu mesa de trabajo cada día, y deberás de controlarte. So sigues esos pasos igual vuelves a tu puesto, aunque confórmate con el que ya tienes. Me despido.


Cuando cerró la comunicación, sentí un nudo en la garganta que parecía ahogarme, cada vez más, incluso llegué a pensar que moriría. Me sentía humillada, sola, inútil, era un fracaso de persona. Suspiré, me tiré en la cama y reprimí mis ganas de llorar. Era cierto, me comportaba a de un modo ridículo, por eso nadie quería estar cerca de mí.



Espero que os haya gustado este primer capítulo, que es corto, lo sé, pero es, por así decirlo, la introducción a la historia. Al menos espero que os haya gustado la idea de una distopía, esto no es nada en comparación a lo que va a venir. Gracias por haber leído, metal ftw!

No hay comentarios:

Publicar un comentario